† Virtus sanguinis †
Antes del amanecer, ya se había corrido la voz por todo Moscú, de la muerte de la hermana de Jatziri. Para el medio día, cada no-vivo en el mundo sabía que estaba delante de una guerra inminente, que haría ver la primera y segunda guerra mundial, como un juego de niños.
Jatziri no se había despegado de la cama de Katherine. Aún dormía, por los fuertes sedantes, pero al menos las marcas de la pelea, iban desapareciendo ante los ojos de la hija del diablo. Todos habían intentado sacarla de allí, recordándole sus ocupaciones.
Por primera vez, el Consejo le importaba poco.
-Si la hubiera perdido...
Susurró a Fortis, quién tampoco se había apartado de allí. Aún tenía la culpa impresa en las facciones de su humano. Él también suspiró, mirando a su protegida.
-Lo lamento.
La gárgola sentía que había fallado a su deber. La rabia corría su espíritu.
-No fue vuestra culpa, amigo mío.
Jatziri desvió la vista del rostro apacible de Katherine, para mirarle. Tocaron a la puerta y Jatziri se levantó a ver quién les interrumpía. Con Fortis, había sido imposible casi para todos, estar cerca de Katherine. Su instinto estaba a flor de piel, y la hija del diablo lo entendía.
Ella estaba igual.
Al abrir la puerta, estaba Adham, con los análisis de sangre hechos a su hija.
-Tienes que ver esto.
Jatziri cerró la puerta tras de sí...
† † † † †
Markov Fedyenka sentía que estaba viviendo el peor día de su vida. Había llamado al número que lo comunicaba directamente al Consejo. Aún cuando no conocía a Jatziri Burkhalter, sí que conocía hasta donde llegaba su poder. Se decía que trabajaba para el gobierno, aunque nadie sabía para cual. Tenía los aliados mas poderosos.
Tanto así, que la "escena del crimen" en aquella mansión en ruinas, fue limpiada tan rápido como un tornado arrasa con una ciudad.
Temblaba llenando el informe. ¿Quién había sido tan estúpido para provocarla? Aquellos muertos no habían sido no-vivos al azar. Tenían que ser gente importante para Burkhalter, sino, no habrían sido tan rápidos para buscar aquellos restos. Su cabeza casi le dolía intentando entender. Él no era tan antiguo, pero no recordaba siquiera haber visto expedientes de algo así, jamás.
-Y esto apenas comienza.
Fedyenka levantó la cabeza al escuchar a su compañero. Sintió un escalofrío que le recorrió la columna.
-¿Perdón?
-¡La noche amigo! ¡La noche apenas comienza!
Resopló el hombre, dejándose caer sobre el escritorio.
Ah si. También les habían borrado la memoria a los civiles que estuvieron allí.
Asintió a su compañero sin decir nada más.
Apenas comenzaba, de eso no habían dudas.
Y algo le decía, que nada acabaría bien...
† † † † †
Alexei Leblanc se había empeñado en salir a luz del día bajo uno de los cuerpos que había tomado, optando por el mas apropiado a donde se dirigía. Emprendió rumbo a aquel bar de no-vivos del que tanto había escuchado.
Después de todo, nada escapaba a sus oídos de gárgola.
Una vez llegó allí, notó como todas las miradas parecían clavarse en su pecho como lanzas. Le veían como un humano, pero sentían algo diferente, algo extraño.
No un vampiro, no un humano.
Las horas pasaron. Alexei estaba muy atento al momento en que oscurecería, y ya había cruzado más de un par de palabras, con los habitantes de la noche que se le acercaban mientras su trago alcanzaba su garganta.
Su esfuerzo por controlar sus impulsos era grande, ya que captaba a la perfección cada silaba con los nombres Jatziri o Katherine incluidas en ella.
Al final, en un encuentro sorpresivo pero desagradable terminó dando con un buscaproblemas. Se sentía el aroma a lujuria y sangre al más mínimo movimiento de su cuerpo. Se proclamaba dueño del mundo, y sus ojos rojizos ya habían tomado como objetivo a Alexei, desde el momento en que entró.
Mantenía de un lado al otro a algunas chicas mortales, invadidas por la lujuria. Siendo entregadas a otros como posesiones con objeto de diversión. Pero más allá de eso, aquel sujeto pálido y alto, tenía la lengua afilada. Sus palabras respecto a la guerra que se avecinaba, y como aquellos a los que la noble gárgola servía, estaban perdidos.
Fue más de lo que pudo tolerar.
Tal vez la gárgola se hubiese controlado, pero su cuerpo actual fue el mejor detonante para no tolerar una palabra más.
Con la tranquilidad necesaria y una pelea interna entre la cabeza de él guardián y él humano, Fortis se acercó al grupo de siniestros chupasangre. Hubiese articulado una palabra, algo que les provocara, pero su falta de tacto se reflejó en un fuerte empujón a uno de ellos, que terminó del otro lado de la barra, y salió del lugar tan pronto como pudo. Fortis había logrado atraer la atención del bar entero.
Justo en el momento en que Alexei salió, los iracundos no-vivos le siguieron.
En el momento exacto en que en sol se puso.
La silueta del joven Alexei ahora distorsionada entre el humano y la criatura de piedra, calcinó los ojos de casi todos como si fuese el rayo del sol el que hubiera llevado a cabo su juicio. Su hablador líder arremetió con fuerza contra el guardián.
Un golpe tras otro mientras la gárgola no se movía.
El ahora temeroso tipo, llegó a confundirle con un Stulti y quiso disculparse. Pero sus palabras fueron calladas mientras veía su lengua desprenderse de su boca a manos del ser pétreo. Sin mucho mas que decir, Fortis quemó los cuerpos hasta ser nada.
Aquel encuentro solo le hacía sentir una ansiedad incontrolable. Ansiedad de eliminar a quienes no valían ni una mirada de su ama.
Sin embargo, ya luego se enfocaría en eso, puesto que ahora, sabía que era tiempo de regresar con ella.
Su protegida estaba preocupada, deprimida, débil.
Y Alisson Burkhalter, siempre sería su prioridad...
† † † † †
Jatziri salió de su estudio, luego de hablar con Adham. Estaba aturdida. Demasiadas cosas, en muy poco tiempo.
Iba con Katherine cuando se encontró con Karoline, su hija de alma.
-Necesito que hagáis algo por mi, mi niña.
A simple vista parecía que Jatziri pediría un favor a su Cibum.
Pero su tono, era el de una orden.
-Lo que ordene, milady.
-Haced las maletas de Scarlett, las de Daphne y las vuestras. Iréis las tres al Eternal Phoenix. He de llamar a Noa, para que recoja a mi nieta. Mi hija y tu, permaneceréis allí, hasta que os indique lo contrario.
Karoline la miró confundida pero no preguntó nada.
-Como ordene, milady.
Asintió antes de retirarse.
Jatziri no expondría a nadie mas. Era obvio que Lancelot no se detendría.
Y ahora, ella tampoco.
Subió las escaleras pero, antes de llegar a la habitación de su hija, detuvo sus pasos frente a otra puerta. Tocó dos veces, antes de abrir y entrar.
-Escuché lo ocurrido, Jatziri. Realmente lo siento.
Susurró la joven desde su cama. Estaba tejiendo. Jatziri sonrió con tristeza, acercándose a la cama, donde se sentó.
-Siento que mi alma se ha roto, mi niña.
La joven pasó sus dedos por el cabello de la hija del diablo. Jatziri recostó su cabeza sobre el regazo de la mujer y cerró los ojos.
-Estarás bien. Eres mas fuerte que esto.
La seguridad de la chica, le dió fuerzas.
-¿Como habéis estado? Disculpad mi ausencia. Lo siento.
La chica negó suavemente con su cabeza.
-Estoy bien. Todo estará mejor ahora. Tu, descansa.
Jatziri levantó la vista a sus ojos café y se volvió a sentar.
-Nada justifica mi ausencia.
Extendió una de sus uñas y cortó su propia muñeca. La chica quiso negarse, pero sabía que no podría, al ver la sangre de la hija del diablo correr.
Sus colmillos se extendieron, y acercó su boca a la muñeca ajena, enterrándolos para tomar su sangre.
Jatziri siseó, pasando los dedos de su mano libre por el corto cabello de la joven.
-Tomad todo lo necesario. Yo estoy bien.
Aseguró mirándola. Ella estaba bien, y estaría mejor, una vez el responsable de aquel dolor, fuera parte de sus trofeos...
† † † † †
Sakura había decido salir a tomar un poco de aire al bosque que estaba cerca de su nuevo hogar. Era pasada la media noche. Adrik, que se encontraba resolviendo unos asuntos de la compañía, le indicó que no se fuera muy lejos ya que temía por su seguridad, porque él no estaba cerca de ella.
Ella insistió que estaría bien. Que no pasaría nada.
Total, era solo un paseo nocturno.
Lo que no se imaginaba, era que alguien la seguía desde que salió de la mansión Volkov.
Se detuvo cerca de un riachuelo que se encontraba en el bosque. Escuchó unas pisadas. Pensó que debía ser de un animal y no le prestó atención alguna, hasta que sintió la presencia de alguien cerca de ella y no era Adrik.
Ni siquiera era un no-vivo.
Si no un Venator.
¿Qué demonios hacia uno allí? ¿Que buscaba con ella?
Dió la vuelta para ver a la persona a la que se enfrentaba.
Un hombre de no más de 28. Alto, buen cuerpo. Cabello negro.
Además de sostener algo en mano.
- ¿Que tenemos aquí? ¡Pero si es la enfermera asiática! ¿Que te trae por aquí a estas horas de la noche? ¿Sabes? Es mi noche de suerte. Básicamente estaba buscado un no-vivo con tus mismas características.
Dijo el Venator, arrastrando las erres. Definitivamente, era extranjero.
- ¡No me digas! Yo no estaba buscando a un tonto como tú. Veo que no coincidimos esta noche. ¿Paraqué me buscabas? Que yo sepa, no te conozco.
Contestó Sakura, tomando posición de ataque.
- Bueno eres un premio interesante. Cada no-vivo que le lleve a Lancelot, es una victoria y; ¿porque no empezar con la enfermerita? Luego iré buscando a los demás. Pero quiero llevarte a ti primero. ¿Quién los va a curar cuando los lastimemos si tú no estás? Ponte a pensar eso.
Oh no. Ya ella no sentiría miedo, nunca más.
- Primero, no te daré el gusto de llevarme con ese maldito y segundo la que te va a llevar como trofeo soy yo. Pero a mi señora. Voy a disfrutar matándote.
El Venator miró a la chica con una sonrisa de oreja a oreja, mientras ella se preparaba para el combate. En su mano, él tenía un daga. Sakura lo miró con una sonrisa. Mala idea, pensó. Aunque ella amaba la paz, podía manejar cualquier arma.
Era tiempo de divertirse un poco.
Sakura levantó uno de los troncos que había a un lado, y golpeó uno de sus costados, logrando que el Venator perdiera el equilibrio. Cuando se recuperó, fue directo hacia ella. Logró pegarle en un brazo, haciéndole un corte que al tiempo sanaría.
Ya no era tiempo de juegos.
Debía terminar aquello.
La chica hizo un anillo de energía, que se fue cerrando alrededor de su presa.
Lo comprimió, haciéndolo pedazos.
Sonrió victoriosa, al ver que solo quedó su cabeza. La tomó y la observó.
- Te dije que tú serías mi premio. Te llevaré con mi señora. Quizás le enviemos por correo a Lancelot tu cabeza. Esto es la Guerra…
La chica se llevó la cabeza del Venator, directo a la Mansión Burkhalter. Le llevaría un premio a su señora.
Una advertencia a Lancelot, que cuidara con quien se metía.
No por ser una enfermera, cualquiera podía enfrentarse con ella.
Al contrario debía cuidarse de quiénes menos se imaginara...
El mausoleo Burkhalter estaba lleno a capacidad. Dos días después de la muerte de la viuda negra, se haría un sepelio simbólico, ya que no creían en el eterno descanso y esas cosas. Pero Jatziri quería a su hermana cerca de ella.
Habían rosas negras por todas partes, las favoritas de las hermanas. En dos días, los no-vivos más poderosos del mundo, habían viajado a Moscú, para darle apoyo a la familia. Burkhalter lo agradecía, aunque apenas había hablado con ninguno.
Lancelot también había ido al mausoleo, pero por otras causas. No atacaría allí. No era estúpido ni suicida. Por eso solo había llevado a uno de sus Venatores con él. Era arriesgado pero necesario. Quería verla sufrir. Quería verla llorar.
Quería ver que ella sintiera la mitad, solo la mitad del vacío que él sentía.
Por eso estaba oculto en sus sombras, admirando su obra con siniestra satisfacción.
Entonces, en medio de aquella enferma multitud, la vió aparecer. Su cabello estaba corto. Muy corto. Vestía de negro, como todos. Pero era imposible no reconocerla. Si bien había sufrido cambios, incluso en su olor, aquel vientre abultado de aproximadamente 5 meses, era más que suficiente.
Jatziri estaba en medio de la multitud. Exactamente frente al féretro color vino donde estaban los restos de su hermana. Conseguirlos no fue sencillo, pero para ella no habían límites. Su hermana no desaparecería como si nadie la hubiera amado.
-Jatziri, debieras descansar.
La dulce voz de Ayelet, sacó a Jatziri de sus pensamientos. La chica le acarició el hombro y ella puso su mano sobre la ajena. Luego sobre su vientre.
-Descansaré, cuando esto termine, mi niña.
Le susurró y suspiró, regresando su mirada al féretro. Ayelet se sentó a su lado, junto a Arya y Svetlana.
Lancelot se sentía mareado. Aquella era la peor de sus pesadillas. Había estado seguro de que la hija del diablo, había matado a su mujer y a su hijo. ¡Pero allí estaba! Sentada al lado de la mujer que le había destruido la vida a ambos.
Y la maldita acariciaba el vientre donde crecía su hijo.
Le sacaría los ojos allí mismo.
Dió un paso al frente y su Venator lo detuvo.
-No seas estúpido, Leon. ¿Crees que podrás llegar vivo donde ella? ¡Debes esperar!
Lancelot gruñó y apretó los dientes. Quería matarlos a todos, tomar a Ayelet con su hijo y salir de allí.
Luego le haría el amor hasta que ella recordara a quién pertenecía.
Pero su asesino tenía razón. No habían posibilidades.
Retrocedió el paso que había dado. Solo mirándola de lejos.
Ayelet se sobresaltó cuando su bebé comenzó a moverse, de forma casi histérica. Generalmente era al revés. Al contacto de la hija del diablo, su bebé se quedaba tranquilo.
-¿Estáis inquieto, pequeño? Mamá irá a descansar pronto.
Murmuró Burkhalter al feto y Ayelet sonrió, acariciándose lentamente. Luego levantó la vista a la oscuridad de la noche.
Algo andaba mal.
Lancelot dejó de respirar cuando la mirada ahora casi lavanda de su mujer, se quedó plasmada justo donde él se escondía.
Como si lo hubiera sentido.
¿Que carajos había pasado en realidad?
-Debemos irnos. Ya hemos visto suficiente.
Le susurró su Venator. Lancelot quiso negarse.
Pero estaba confundido. No sabía qué pensar.
Sus sombras desmaterializaron a ambos Venatores.
Ya vendría el tiempo de buscar respuestas...
† † † † †
Krystal O'Connor se encontraba como la mayoría de los días desde que su abuelo volvió a irse de viaje: en el Eternal Phoenix, su "hogar" adoptivo. Donde cantaba para los más pequeños, a veces para los adultos mayores y ayudaba en todo lo que le fuese posible como paciente recurrente.
Hacía poco mas de una semana, había descubierto algo en una de sus tantas transfusiones.
Tenía una habilidad y no era cualquier habilidad.
Podía crear fuego con sus manos.
No sabía cómo lo había hecho, pero lo hizo.
Al principio la asustó, pues casi incendia su cama. Luego un montón de hojas que estaban en el patio de Eternal. Por lo que tomó la costumbre de andar con una botella de agua en su bolso y de tocar las cosas con mucho cuidado por miedo a incendiarlo. Algo que causo bastante rareza en los enfermeros que la atendían y que en poco tiempo llegó a oídos de la doctora Molyneux quién se acercó los mas sigilosamente posible a ayudarla un poco con el proceso en el que Krystal estaba pasando.
Total, ambas eran Indulgeo.
Malditas por un antepasado, de quién heredaron genes de los no-vivos.
Todos allí tenían ya conocimiento acerca de lo que se aproximaba con la venganza de Lancelot y de Jatziri:
Una guerra sangrienta, con todas sus letras.
La pelirroja no sabia mucho de aquello ni de lo que le había sucedido a su amiga, que habían encontrado muerta en un parque, semanas atrás. Pero supo que algo realmente grande pasaba, cuando vió a las dos pequeñas Burkhalter jugando en los pasillos del hospital.
- ¿Que hacen aquí?
Dijo con un tono dulce esperando las respuestas de ambas.
-Mi abuelita nos dijo que tendríamos que estar aquí hasta que mami despierte y hasta que todo pase.
Había contestado Daphne, con inocencia.
-Papi dice que todo acabará pronto.
Había sonreído levemente mientras comenzaba a dar pequeños saltos en dirección a la sala de niños de su edad en el hospital, con la pequeña Scarlett a rastras.
Krystal en cambio, tomó el rumbo contrario en busca de sus amigas, pues no las había visto. Ni a Sakura, ni a Sophia o Katherine, con quién había entablado una amistad, luego de aquella vez que ella se había desmayado en plena calle y mágicamente apareció en el hospital.
Cuando supo de su anemia crónica.
Aunque sabía que pasaban más cosas en el mundo, de lo que su mente podía entender; solo le quedaba estar alerta, y dispuesta a ayudar en lo que fuera necesario.
Pero eso sería luego, pensó cuando comenzó a sentir sed y el dolor en sus huesos se hizo presente.
Era hora de su próxima dosis...
† † † † †
Luego del sepelio, todos partieron a la mansión Burkhalter. Querían apoyar a Jatziri en lo que fuera necesario. Conocían a la hija del Diablo y sabían que ella no dejaría las cosas así.
Cada Cibum, menos Karoline, estaba en la espera para atender a los invitados. Cerca de la media noche, todos se reunieron en la sala de estar, hablando entre sí.
Muchos no se conocían hasta aquel día.
Pero hablaban como amigos.
Jatziri se detuvo al pie de la escalera y se hizo el silencio en toda la habitación.
Los miraba, reconociendo cada uno de los rostros allí presentes. Y sabía que no solo estaban allí por preocuparse por su frágil estado emocional.
Aquellos eran guerreros y civiles, dispuestos a darlo todo, para que la matanza parara y el Consejo prevaleciera.
Corinne, Sakura junto a Adrik, su pareja. Svetlana, Maddie, Luke, Alexandre, JJ, Calypso, Varvara, Arya, Paul. Aquellos que eran sus amigos, sus hijas, su Consejo.
También estaban sus guerreros.
Sextus Bucco, Servius Dives, Galeo Napos, Caesar Santonini, Bas maur.
Gente fiel a ella. Jatziri estaba agradecida.
En el fondo estaba el matrimonio Wayne-Molyneux y sus hijos. Krystal, Sophia.
Y afuera, las gárgolas cuidaban el perímetro. Pero escuchaban todo.
Quiso llorar. Quiso echarse a morir por solo un minuto.
Pero no había tiempo para eso.
-Mi corazón ha sido roto. Lancelot ha ido demasiado lejos. Quiere guerra y he de dársela.
Su voz era firme, melodiosa. Aún en medio de su dolor.
-No voy a pediros que luchen a mi lado. Jamás os expondría a un enfermo como él. Solo he de pediros, llena de humildad, que cuiden a mi pueblo, si algo me ocurre.
Les sonrió haciendo un asentimiento de cabeza. Era lo único que le preocupaba. En otro momento habría estado segura de que Katherine no la dejaría sola. Pero ella no podría pelear.
Aún no se había recuperado.
-Yo pelearé a su lado, mi señora.
Paul fue el primero en levantarse e ir a la hija del Diablo.
-Nosotros iremos con nuestra reina hasta el final.
Bas Maur habló como portavoz de los guerreros.
-Hasta el final contigo, madre.
Svetlana, la neófita, también se puso en pie.
-Y nosotros.
Sentenció Adrik, de la mano de Sakura.
Y así cada no-vivo y guerrero allí presente, fue dando un paso al frente. Jatziri los miraba sin poder creer o dar crédito a lo que había ante ella.
-Nosotros también iremos, Jatziri.
Adham habló, pero Jatziri negó.
-No, amigo mío. Os necesito en vuestro hospital. Enviaré a los niños y a los Cibum allí. Estaréis seguros y bien cuidados. Y si algo me pasa, Adham...
El doctor Wayne asintió a la petición muda de la madre de los no-vivos. Si algo pasaba, él tomaría su lugar. Odiaba toda aquella batalla de poder, pero no preocuparía mas a Jatziri, ante un futuro incierto.
-Pero habrá que buscar algún terreno sin civiles. No podremos andar preocupándonos por muertos humanos, o porque nos vean.
Habló JJ y todos asintieron.
-Ustedes busquen el sitio. Las armas serán cortesía de la casa.
La sonrisa diabólica de Calypso, hizo reír a todos, en medio de la seriedad del asunto.
-Conozco el lugar perfecto. Y me aseguraré de que nuestro invitado de honor, sepa donde encontrarnos.
Habló Jatziri, sombría. Nadie preguntó nada mas.
Sería una guerra sin cuartel y una vez mas, el Consejo prevalecería.
Era tiempo de que los reyes del ajedrez, se enfrentaran por última vez.
Pero antes, aún le quedaba a la hija del Diablo, una movida más...
† † † † †
-¿Entonces necesito inmovilizarlo?
Preguntó Gael. Turner asintió.
-Ven.
Dijo Turner. Tomó a Gael de espaldas y lo sujetó con poca fuerza. Sólo hasta que sintió que ya no podría moverse.
-¿Sabes Turner? Se supone que tenía que encontrarte y darle información a Lancelot. Mas de nuevo lo he traicionado y para colmo ahora me encuentro contigo practicando para una batalla en la que ninguno de los dos tiene bando. Y que en ambos lados quieren nuestras cabezas.
Turner dejó salir una carcajada y le tiró un puñetazo con el propósito de golpearlo en la cara. Gael hizo un movimiento y tomó la mano de Turner hasta aprisionarla y hacer presión.
Más no tanto como para quebrarla.
-Lancelot seguramente quiere más tu cabeza. Los traidores somos los primero en caer.
Respondió Turner en cuanto se liberó del agarre de Gael. Golpeó su abdomen al punto de sacarle el aire. Gael cayó al suelo y Turner subió sobre él.
-¿Crees que no lo sé? Me ha mandado a buscarte como distracción. Porque me quiere lejos y después no sé que hará conmigo. Sólo que no tiene idea de que te he encontrado y que estamos congeniando. Me debes una Turner.
Dió un giro hasta dejar a su oponente bajo él. Sus manos fueron al cuello del No-vivo. Comenzó a presionarlo con una fuerza descomunal hasta que el No-vivo lo empujo lejos de él. Gael chocó contra la pared y se golpeó la espalda de una manera impresionante.
-Aun no. ¿Qué le dirás cuando te pregunté por mi? Tienes que tener una buena mentira y ser convincente. Hasta que eso suceda yo no te deberé un favor.
Respondió el hombre mientras se levantaba. En sólo segundos estaba caminando hasta llegar a Gael. Lo tomó por el cuello y comenzó a golpear la cabeza de Gael contra la pared en un par de ocasiones. El Venator sentía que el aire se le iba hasta que en un impulso, con una de sus manos hecha puño golpeó el pecho del damnati, quien se alejó apretando sus manos contra el lugar donde había sido golpeado.
-No te preocupes por ello Turner. Sólo preocúpate porque no mande a alguien más a buscarte. Creo que debes esconderte mejor.
Dijo Gael con una sonrisa burlona en su rostro. Tomó a su compañero desprevenido y lo puso nuevamente contra el suelo. Tomó uno de sus cuchillos y lo encajo justo a un lado de su cabeza.
-Cuidado Gael. No queremos que falles. ¿Además ya somos amigos o no?
Gael se levantó y tomó la mano de Turner para ayudarlo a levantarse.
-Quizá. ¡Ah! y no eres tan malo para los golpes después de todo Edward.
Gael palmeó la espalda ajena y sin poder contener su duda preguntó.
-¿De qué lado estarás?
Turner sonrió con amargura y le devolvió la pregunta.
-¿De qué lado estarás tú?...
Sin decir una sola palabra más, Turner se dió la vuelta y se fue. Gael se quedó en silencio solamente mirando al No-vivo alejarse.
8:15 P.M.
-¿Qué pasa?
Del otro lado de la línea tardaron un poco en contestar hasta que por fin un hombre con un tono de relajación comenzó a hablar.
-Lancelot desea saber cómo va la búsqueda de Turner… Esperamos que a ti te esté yendo tan bien como a nosotros.
Añadió el hombre con cierto toque de emoción. Gael frunció el ceño. "Esperamos que a ti te este yendo tan bien como a nosotros." Aquellas palabras retumbaron en la mente de Gael. ¿Qué carajos estaba pasando?
-Había olvidado eso. ¿Tan bien les fue?
Comentó tratando de ocultar su angustia y sus dudas al respecto. León no le mencionó nada de eso cuando casi lo echó de Moscú.
-El ataque salió a la perfección. Solamente sobrevivió un No-vivo aunque la dejamos muy herida porque no tuvimos tiempo de matarla. Probablemente murió fuera de allí.
Dijo el Venatore con mucho orgullo.
-¿Sabes cómo se llama?
Gael comenzaba a alarmarse. No se perdonaría que aquella mujer fuera Katherine. No podría perdonarse el haberla dejado sola. ¿Y si la habían matado?
Parecía que el Venatore al otro lado de la línea estaba dudoso y no tenía una idea exacta del nombre de la no-vivo. Solamente se escuchaba su respiración hasta que después de aquellos segundos que parecieron una eternidad, su voz se escuchó nuevamente.
-No sé su nombre realmente, sólo sé que ha sido la hija de Burkhalter.
Gael dejó soltó el móvil, que se hizo añicos al caer.
Segundos después Gael también cayó al suelo.
Sus ojos comenzaron a ponerse rojos hasta que un par de lágrimas rodaron por sus mejillas. Comenzó a mecerse como un niño asustado que necesitaba protección. Había perdido a su esposa y su hijo, a manos de los monstruos que había jurado matar. Se había sentido vacío y sin vida hasta que Katherine había llegado y le había dado todo lo que necesitaba. Le había hecho sentir que en todos esos años de soledad jamás habían existido. Lo había devuelto a la vida.
Y ahora en tan sólo segundos se la estaban arrebatando de nuevo.
Sentía que su mundo se estaba derrumbando. Las lágrimas comenzaron a caer una tras otra de una manera incesante. Si él hubiera estado ahí podía haberle advertido, podía haberla protegido.
Todo era su culpa.
-Katherine, no me dejes...
Susurraba aquello como si fueran las únicas palabras que pudiera pronunciar. Tomó sus piernas y las colocó contra su torso. Apretaba con fuerza como si con ello no abrazara su soledad. Como si con ello Katherine estuviera entre sus brazos, diciendo que estaba con él y que todo estaría absolutamente bien.
El cazador, se había roto. Había sido herido y aquellas heridas, iban más allá de la muerte...
† † † † †
Paul estaba ansioso mientras conducía la limosina rumbo a la dirección que él mismo se había encargado de conseguir, luego de lograr hackear un par de servidores. También había vigilado las horas que rondaban y cada movimiento. Cuantos vivían dentro. Sabía hasta cuantas veces al día los humanos iban al baño y cuantas se alimentaban los no-vivos. Estaba seguro de esto. Sería pan comido. Pero lo que le ponía los cabellos de punta era que su señora había decidido ir con él.
De hecho ella le exigió ir, una vez la japonesa llegó con la cabeza de aquel Venator.
Paul no quería que ella corriera nada de peligro, pero jamás discutiría una decisión suya.
Ignis iba volando sobre el auto, tan cerca cómo podía. Y cuando el movimiento cesó, bajó pesadamente a la tierra, esperando siempre los movimientos de su protegida.
Al llegar estacionaron justo en frente. Dentro se pudo escuchar la agitación de las personas que no esperaban una visita. Él le abrió la puerta a su señora y le vió salir, con la cabeza del Venator, ofrenda de la japonesa.
La guarida del león.
-Mi señora, déjeme matarles a mí y a Ignis. Se lo ruego.
Paul suplicaba mientras ella avanzaba implacable como la fuerza de la naturaleza. Imparable. Se quitó el pesado abrigo de sus hombros, sin detener sus pasos.
Cuando entraron ella se lo dió y Paul lo tomó entre sus brazos.
Un comité de bienvenida de diez Venatores, los esperaban totalmente listos para una pelea.
-No los dejes correr, Paul.
Fue lo primero que abandonó los labios de la hija del diablo. Y Paul se clonó inmediatamente, creando un amplio círculo en la sala de recepción.
Todas las salidas bloqueadas.
Ignis voló rompiendo una ventana al pasar y se situó en silencio en una esquina tras los clones de Paul.
Jatziri miró a todos, reconociendo sus rostros, por encima del negro de sus ropas y sus armas. Gente del gobierno, millonarios, inversionistas, inventores. Gente que se movían en su círculo social e incluso habían ido a fiestas, en la mansión Burkhalter.
Muchos de ellos se habían jactado más de una vez, de estar a favor de la paz entre las razas.
La hija del diablo ladeó su rostro con una sonrisa cínica.
- Señoras, señores: ¡Buenas noches! Hoy, es vuestro día de suerte. Dicen que para ver a Dios, primero debéis ver al diablo. ¡Os felicito! De cierto os digo, que mañana estaréis con él, en el paraíso...
† † † † †
Estaba siendo una semana de mierda.
Tras el encuentro con aquel no-vivo, Lancelot había obligado a Alexia a entrenarse todos los días para así tener bien agudizados los sentidos y aprender nuevas técnicas además de las que ya sabía.
Y justo en aquel momento, iba hacia el sitio donde solía practicar con su nuevo entrenador.
El ir al gimnasio ya no le ayudaba, era todo dar golpes contra sacos colgados del techo o golpear demasiado fuerte a alguien que no se lo merecía, todo porque a veces no medía su fuerza y con John (el nuevo entrenador) sí podía.
—¡Llegas tarde!
Gruñó él, cuando Alexia llegó a un descampado que había a las afueras de la ciudad. Ella se limitó a rodar los ojos; sabía que llegaba tarde, pero se había entretenido.
Comenzó con los mismos movimientos de siempre para calentar. John además sabía los puntos débiles de Alexia, ya que ella misma se los había dicho para así mejorar y que esos puntos fueran desapareciendo.
Siguieron "luchando" alrededor de quince minutos. Él era rápido, no tanto como ella. Pero al ser luchador profesional, no se cansaba tan rápido. Así que podían estar horas entrenando. Sin embargo, algo hizo que Alexia detuviera su entrenamiento.
¿Qué mierda hacía ahí un no-vivo?
Se paró rápidamente del suelo y se puso en posición de ataque, mirando a aquella chica que se acercaba, mirando a John y luego a ella. John sabía toda la historia de la muchacha, pero no sabía distinguir entre vivos y no-vivos, por lo que no entendió el por qué de aquellas miradas entre ambas chicas.
—¿Qué haces aquí?
Susurró Alexia sin apartar la vista, lista para lanzarse a por ella en cualquier momento. La no-viva sonrió de lado y se acercó a John.
Pero Alexia fue más rápida, por lo que echó a un lado a aquel hombre y quedó cara a cara con la no-viva.
¿De dónde había salido? No era normal que aquellos seres estuviesen ahí. Gruñó para sus adentros y con un pequeño grito se lanzó contra aquel ser. La no-viva rió y golpeó a Alexia, haciendo que esta cayese al suelo, lo que aprovechó la Venator, ya que con sus piernas hizo caer a la muchacha.
Sacó de su bolsillo trasero un arma y la clavó en ambos ojos, dejando que se desvaneciera.
—¿Qué..qué ha sido eso?
Preguntó asustado el hombre. Alexia solo se limitó a encogerse de hombros, limpiar la pequeña herida de su mejilla y tomar su celular, marcando el número de Lancelot. Esto había ido muy lejos, ¿dos ataques en tan poco tiempo?
Evidentemente, Burkhalter no estaba dispuesta a perder el tiempo
Y su maldito jefe, no contestaba el teléfono...
† † † † †
Al parecer Lancelot había movido hasta sus últimos aliados. No importaba. Ni ellos eran competencia para ella. De hecho, le agradecería eternamente, que le mostrara quienes eran los traidores.
Aquellos Venatores no tenían miedo.
Aún cercados y superados en número no titubeaban.
Los hermanos Stormrage fueron los primeros en lanzarse. Jatziri se limitó a extender sus uñas mientras esperaba que recorrieran corriendo el espacio. Eran idénticos. Salvo que Ilidiana tenía su blanco cabello largo y Killian lo tenía corto a la altura de la nuca.
Con un grito de guerra ambos desfundaron cada uno su arma. Ella una espada y él una bretta. No lograron darle. Ella era diez veces más rápida. Era un hecho que si no lograbas darle al primer intento, ya no podrías darle en absoluto.
Jatziri con un movimiento levantó su mano izquierda y barrió el aire con ésta. Las uñas se alargaron y llegaron a sus cuellos haciéndolos caer.
Se acercó a los gorgoteantes cadáveres y termino de sacarle los ojos.
Algunos de los Venatores empezaron a correr, pero chocaban contra Paul y este los tiraba de nuevo al centro de la habitación.
Aquella guarida comenzó a temblar y un rugido provenía de todas partes. La habitación se llenó de una niebla negra.
Dos pasos y un bufido aterrador en medio de la oscuridad.
Segundos después no había mas niebla.
Una bestia gigante, muy parecida al Wyrm, estaba a los pies de la hija del diablo con el hocico chorreando sangre.
Los cuerpos de los gemelos ya no estaban.
La hija del diablo había cobrado las almas de aquellos rumanos dueños de una de las más grandes fortunas petroleras de su país.
Pero no eran ni por cerca, los peces gordos.
Zero Kikuchi estaba solo y el brillo azul de su cabello le hacía sobresalir. Se miraba demasiado joven para ser lo que era: Dueño y líder de una de las compañías de tecnología más importantes de Japón. Cazador hacía varios siglos, el primer no-vivo que mató, fue a su padre. Sus ojos blancos delataban su procedencia. El demonio se relamió al verlo y giró su enorme cabeza que parecía de dragón, a su dirección. Kikuchi no corrió. Él saltó en silencio con las armas ya apuntando. Su fría mirada se encontró contra la de Jatziri. Sin esfuerzo alguno, ella se levantó en el aire en un salto y tenía sus manos en los cañones de sus armas, antes de que Zero pudiera disparar los gatillos. Las armas salieron de sus palmas y Jatziri atrapó su puño con la mano izquierda.
Zero no pudo ver, en qué momento la mano de ella atravesó su pecho a la altura de su corazón.
Latió una última vez contra la palma de la hija del diablo antes de que cayeran al piso donde los demás esperaban.
Mientras ella tiraba a su bestia el corazón del asiático, antes de sacarle los ojos descuidadamente.
Eustace Harker no esperó a que ellos cayeran al piso. Disparó en dirección a ella sin avance alguno, pero no le importaba al ver a su amante muriendo. Alguien le gritó que esperara, pero ya no entendía de razones. Él sabía que ir allí era una mala idea. Todo lo que ellos habían pasado, tirado a la basura.
Su casi muerte, su conversión, su sed, el odio inicial de Zero, entre otras cosas superadas para que acabara allí.
Él sabía que debió presionar más a Zero para escoger el bando correcto.
Su odio por los no-vivos era estúpido e irracional, así como el suyo ahora, mientras llegaba a ella descargando su último cartucho. Sacó un cuchillo arrojadizo para incrustarlo en su cabeza. Ella se deshacía de otro cadáver que cayó doblado sobre el de Zero, y lo enfrentó con la mirada purpura brillante.
El chuchillo ya volaba por el aire y ella con una sonrisa que lucía hasta dulce, cortó el cuchillo en el aire con sus garras.
Algo empujó su espalda al piso y lo presionó tan fuerte que aún siendo no-vivo, tuvo problemas para respirar. Una caricia pasó por su cabello y aquello le hizo estremecer porque de la caricia a su cuerpo se desplazó una gélida ráfaga.
Él supo que era la muerte antes de que algo a travesara sus ojos.
Arielle Tessla, una de las mentes más brillantes de este siglo. jJamás había visto muertes así o esos poderes que manaban de Jatziri Burkhalter, de quien había leído en periódicos o noticias populares en internet. ¿No era una de las funcionarias altas de la unión Europea? ¿O la había visto en su puesto de la NASA?
Tenía miedo. Mucho miedo.
Como le día que su madre fue matada por un no-vivo cuando ella apenas tenía cinco años. Tuvo más miedo del que tuvo ese día cuando luego de matar a su madre aquel demonio la tomaba.
Frenética miraba por donde huir como muchos. Pero aquellos clones eran implacables. El hombre de cabello negro y ojos rojos, tenía la misma sonrisa sádica del demonio que la hizo lo que era.
Estaba profundamente agradecida y en deuda con Lancelot. Pero aquella era una pelea perdida y ella era demasiado lista para quedarse en medio de eso. Tiró uno par de cuchillos a uno de los clones y cuando este cayó al piso ella sintió un pinchazo de esperanza. Corióa como si se la llevara el diablo, por irónico que fuera. Del miedo, un par de lágrimas se resbalaban por sus mejillas, haciendo su cabello castaño pegarse a su piel.
Logró pasar el perímetro.
Su corazón se salía de su pecho de la emoción.
Y entonces algo tomó su pierna y la arrastró atrás, sacándole un grito de terror. Le ardían los ojos por el penetrante olor a azufre. Un gruñido se escuchó y su pierna fue liberada. Rodó y cuando logró levantarse, vió aquellas armas. O más bien, ¿garras? aparecer frente a ella.
La poderosa presencia femenina se situó tras de ella erizándole los cabellos de la nuca.
Jatziri sabía que ninguno de ellos tenía salvación. Estaban perdidos. Luchando contra las paredes, contra su demonio y Paul. Casi sintió pena mientras atravesaba el rebosante corazón de la joven.
Sus manos y uñas chorreaban sangre pero su ropa estaba impecable. Aquella sucia sangre no merecía si quiera tocar sus prendas. Aquellos estúpidos cazadores escogieron un mal día para estar en su camino.
Arielle miró con pesar aquellas pobres almas que seguían peleando. No tenían escapatoria. Este era el fin para todos. Lo supo cuando cayó al suelo boqueando sangre. Los vió muertos tan claramente, como si ella los hubiera asesinado y estaba segura de que así moriíaán. Antes de dejarse ir elevó una plegaria por sus almas.
Los rusos se miraron entre sí. La mujer tomaba a su guardaespaldas como escudo. Quizá si lo usaba para derribar aquellos clones, podría huir aún. El clon más cercano a ella rió y se duplicó. Uno salió del círculo de contención y la empujó de la orilla. El Venator humano, ahora su guardaespaldas; sacó un arpón. Con seguridad, apuntó a la cabeza de Jatziri.
Ella pasaba sus uñas por el lomo del demonio en una caricia.
Esto apenas comenzaba. Su demonio ahora cuidaba lo que ella se había encargado de llevar a la fiesta, como un detalle:
La cabeza del maldito que amenazo a una de las suyas.
Estos muertos eran apenas el comienzo. Solo un aviso.
El inútil guardaespaldas humano disparó su arma a ella. Antes de que llegara al objetivo, la hija del diablo extendió su mano, tomándola a centímetros de su cabeza. Giró la punta de la flecha y la mandó directo al cráneo de éste.
Se giró hacía la rusa. Helene Polanski, representante de la KGB puesta ahí por la misma Jatziri.
Le daban asco los traidores y haría de esa muerte en específico un ejemplo.
Otro de los venatores cayó pesadamente contra el suelo cuando intento salir del círculo e Ignis lo devolvió. Pero Jatziri apenas lo miraba. Su mirada estaba concentrada en su querida amiga, Helene.
-Mi señora, yo… lo siento. Juro que lo puedo explicar, solo..
Jatziri odiaba las mentiras, las adulaciones y a los miedosos.
¿De veras eran tan prepotentes de creerse capaces de vencerla?
Sacó su uñas, atravesando la tráquea ajena. Así con las cuerdas vocales cortadas, no molestaría con su parloteo. La levantó con una mano, mientras la otra mano sostenía una estaca, parte de algún mueble que se destrozó en la pelea.
Y reviviendo las muertes de Rumania de 1400, en las que ella claro había tenido una vista en primera fila; empaló a la no-viva al suelo, sacándole el corazón Intellexit de su pecho de paso. No había sangre que devolviera a uno de su raza.
Se pudriría lentamente hasta que alguien tuviera la misericordia de matarla.
Un no-vivo se levantaba dejando su huella en el mármol por la fuerza con la que Ingis le había tirada. El no-vivo maldecía y se lanzó a ella. Este sin armas. Valiente, solo por eso le mataría rápido.
No le importaban los cortes ocasionados por sus uñas mientras intentaba lanzarle puños. Jatziri se movía solo lo justo para esquivarlos y cuando se movía era un golpe certero, como en la entrepierna del tipo con la rodilla.
Ella no iba a gastar energía en este. Le quebró las costillas con dos puñetazos y luego lo aprisionó contra la pared con una mano.
-El único que muere sin miedo.
Dijo ella en un tono bajo y Alejandro del Potro levantó el mentón antes que sus ojos fueran explotados dentro de las orbitas.
La hija del diablo estaba contenta por casi terminar su labor.
Lydia Skriver, una de las principales socias de la bolsa de Wall Street conocía la paranoia. Por lo que se sintió a gusto cuando las muertes, gritos, ruegos y demás empearonó. También supo luego de intentar escapar, que era su fin. No sé arrepentía. Aquellos malditos chupasangre habían muerto de la manera correcta. Y lo volvería a hacer. Enfrentó la muerte cuando llegó, con una sonrisa y los ojos cerrados.
Jatziri caminó tranquila al centro de la habitación. Los clones de Paul se replegaron en un segundo. Ella tomó la cabeza que su demonio le tendió, y la dejó en medio de la habitación en una área pulcra. Ese era su pago. Era la respuesta afirmativa al mensaje que Lancelot le había enviado.
Pronto estarían frente a frente.
Se giró para salir y Paul le acercó su abrigo. Ignis salió volando.
Paul sentía un orgullo desolador en su pecho mientras le abría la puerta trasera de la limosina. No porque no creyera que era capaz. Si no por ver una vez más su poder desencadenado. Ella les llevó, no solo infierno, si no sus tumbas. En ese momento volvió a darse cuenta cuan perdido estaba por ella. Era enfermo tener esos profundos sentimientos en medio de eta carnicería y violencia.
Pero no podía hacer nada al respecto.
Amaba el lado vengativo de su señora...
† † † † †
Desde hace semanas todo era un caos en el Eternal. Ése fue el primer pensamiento que Anika Vanek tuvo al llegar al lugar.
Al ver que los Sire´s tanto entraban como salían de la institución y algunos más se habían quedado haciendo guardia en la entrada para asegurarse de que no ocurriera ningún ataque.
Sí. Todo estaba patas para arriba como decía su señora Arya. Anika extrañaba a su señora. Ella había sido muy amable y amigable con ella. Pero entendía que ella pusiera tanto a la bebe como a ella misma a salvo y fuera de esta guerra.
Vió como Sakura le saludaba al final de pasillo y devolvió el saludo con una sonrisa. Ella era una persona muy amable. De hecho, ella era quien le había enseñado a limpiar las heridas, dar algunos puntos, a hacer los vendajes.
Anika recordó la primera vez que le ayudó.
Fue con uno de los Sire´s que era un guerrero. Él había sido lastimado y a pesar de que su recuperación era rápida, en esa ocasión fue más grave y necesitaba algunos puntos.
Ahí solo pudo vendar y limpiar ya que aún no se sentía preparada para dar esos puntos.
Pero ahora estaba segura de que podría ayudar.
Además por encima de los programas que pasaban en la televisión, (los cuales era entretenidos, aunque a ella le gustaban más los de historia) había aprendido con ellos que no solo los guerreros ganaban batallas. Sino que ellos recibían apoyo de todo su equipo, así que ese sería su papel.
Apoyar a todos.
Como era ya una rutina, fue directo a una de las salas la cual estaba destina a guardar todo lo necesario para el conflicto que tenían encima. A pesar de que había atendido algunas heridas, lavado y vendado, otras veces también hacía la lista de los medicamentos e instrumental que se ocupaban y si alguno se terminaba tenía que ir con Sire Adham o Sire Brigitte para que ellos encargaran más y tuvieran la cantidad requerida. Así no se verían en problemas.
Después de terminar el inventario, la Cibum se quedó pensando en otra opción de cómo ayudar. Estaba claro que su papel de Cibum podría ayudar bastante.
Podría proveer de sangre a los Sire`s que no tuvieran un Cibum propio, pero esto era aún más complicado ya que ella tenía a su señora Arya y si alguien más quisiera que le alimentara tendría que obtener primero el permiso de ella.
De no ser así, se ocasionarían más problemas.
Tendría que llamar a su señora para hablar con ella sobre su nueva idea.
Tal vez no le gustara, pero tenía que intentarlo.
No podía dejar a los demás Sire´s sin su ayuda.
Y con esa renovada convicción, fue a buscar un teléfono...
† † † † †
Lancelot se sentía enfermo, molesto y hasta decepcionado. Pero más aún, confundido. ¿Qué hacía allí Ayelet? ¿Cómo seguía viva y al lado de esa maldita?
Su sangre se transformaba en fuego de odio, haciéndose mas espesa y agitándose dentro de su cárcel de piel.
Quería derribar con sus manos aquella mansión. Destrozar las bases. No pudo materializarse a su mansión en su primer intento.
Estaba demasiado inestable.
Y aún metros lejos de los muros de piedra que cubrían aquella propiedad gigante, la podía sentir. Juraba que la sentía a ella y ese vínculo con la hija del diablo.
¡Como se atrevía a tocar a su mujer y a su hijo!
Esto no podía ser nada mas que otra de sus jugarretas. Otro de sus juegos mentales contra él. No iba a permitirse ser engañado. Debió haberlo sentido y puesto eso en su corteza cerebral. O debió de alguna manera lavarle el cerebro a Ayelet.
Quizá era un espejismo por su sed. Porque de otra manera ella no le haría esto. No se quedaría con el origen de todos sus males.
No mientras él la seguía buscando con la esperanza de que la hija del diablo no la hubiera matado.
Noches había pasado delirando de como sería si la encontrara.
Pensaba que había sido encadenada en un pozo, siendo torturada. Jamás se imaginó encontrarla entre esas malditas manos dando consuelo.
Noches pasaba en vela investigando y trazando planes. Y noches pasaba matando por su memoria. ¡Cómo en esas noches su cabeza empezaba a doler haciendo sus oídos zumbar!
No iba a alimentarse. La sola idea le daba ahora aún mas asco que hacía algunas horas atrás.
Pero Jatziri Burkhalter se pudriría con él en el infierno, una vez recuperará a Ayelet. Ella no podía quererla. Era imposible que su alma pura fuera capaz de sentir apego a esa demonio.
Aunque claro, había sido capaz de sentir algo por él.
-Lancelot va a amanecer y estoy seguro que hiciste un surco en el pavimento. Vamos ya a casa. Ahí te ayudaremos.
Necesitaba volver a su casa. Tenía esa reunión que atender y necesitaba pensar. Iba a pensar en como demonios arrancarla de aquel lugar sin importar el costo. No iba a perder más tiempo. Ignorando su mente, los materializó a su casa de vuelta.
Sin tener ni idea, de lo que los esperaba allí.
† † † † †
Ayelet llegó a la mansión completamente exhausta. Así que se disculpó y subió a su habitación. Mientras se desnudaba, se miraba en el espejo. ¡Que muchos cambios había tenido! Su vida había cambiado totalmente desde el día que Jatziri, le abrió los ojos.
-Tranquila mi niña. Pronto dejará de doler.
Había dicho aquella mujer, extendiendo sus uñas. Ayelet pensó que al fin el dolor pasaría. Que la muerte la abrazaría, llevándose su pena. Cerró los ojos, murmurando un "gracias" que fue opacado por el sonido de sus cadenas rompiéndose.
La hija del diablo, la dejaba libre.
Sentada aún en la misma esquina, sin entender lo que pasaba, la vió salir de su celda y regresar con uno de sus guardias humanos, para que ella se alimentara.
Desafortunadamente, estaba tan débil, que ni sus colmillos se extendían.
Jatziri misma había abierto el cuello del guardia, manchando su hermoso vestido con su sangre, para que ella se alimentara.
-No os dejaré morir.
Había dicho, y Ayelet le creyó.
El primer síntoma de aborto apareció justo después de que dejara a aquel guardia seco. El dolor era como si la partieran en dos. A pesar de todo, ella amaba a su hijo. Gritó retorciéndose cuando el bebé rechazó la sangre humana.
Aquel era un Stulti.
Y Jatziri no dudó en darle su sangre, para salvar al hijo de su enemigo.
Luego la ocultó, para que ningún traidor, quisiera jugar al héroe y la matara.
Los primeros días fueron los peores. Pero Jatziri no se apartó de su lado. Cuando recuperó sus fuerzas, Jatziri quiso dejarla ir.
Pero ella se había negado.
Y se ofreció como su Cibum.
Jamás olvidaría, como su ofrecimiento, había ofendido a la despiadada Jatziri Burkhalter.
-Jamás os trataría como una Cibum, Ayelet Roth.
Había dicho, con sus ojos llameantes de furia.
-Si queréis permanecer a mi lado, será como una de mis hijas. Sois mi igual, mi niña.
Y lo había cumplido.
Luego vinieron las pesadillas, la depresión.
Jatziri le había dicho la verdad. Que Sebastien la buscaba.
Pero que lo de las fotos, ni ella misma lo entendía.
Ayelet, tampoco.
Y por eso se negó a regresar.
Cortó su cabello. El orgullo de Sebastien. Lo sacó de su vida, aunque jamás pudiera sacarlo de su alma.
El solo utilizaba su recuerdo como una excusa mas para vengarse.
Y esta vez, había llegado demasiado lejos.
Lo había perdido. De Sebastien no quedaba nada. Ahora era Lancelot, quién le daba rienda suelta a su odio.
-No quería matarlo, mi niña. Os lo juro. Pero casi ha matado a mi hija, y le dió muerte a mi hermana. Exijo venganza.
Había susurrado Jatziri en medio de su dolor. ¿Como pedirle clemencia? ¿Como abogar por él?
Su "muerte" debió servir para que él honrara su vida.
No para provocar mas muertes.
Ella había escuchado el otro lado de la historia. Jatziri no era mala. Tampoco era buena. Solo fue una víctima, así como ella, de Edward Turner.
Así como Sebastien, de la hija del diablo.
Sebastien y Jatziri fueron víctimas de una jugada cruel del destino, que se empeñó en ponerlos frente a frente en el momento equivocado.
Y Sebastien llevaba siglos, tras una venganza vacía, contra alguien que su único error, fue no poder calmar su hambre.
¿Eran Sebastien y Jatziri, tan diferentes en realidad?
Se preguntó, acostándose en su cama. Acariciando su vientre.
-Tu padre y Jatziri ya no pueden ser salvados, bebé. Ni siquiera nuestro amor, sería suficiente.
Le susurró a su hijo, mirando al vacío.
¿Qué pensaría Sebastien, si supiera que ella vivía? ¿La odiaría igual que a Jatziri? ¿Y si supiera que su hijo vive, gracias a la sangre de la mujer que él mas odia?
Ayelet cerró los ojos. Lo mejor era dormir.
Dormir, para no pensar...
† † † † †
Lancelot se materializó con su Venator, frente a su propiedad. Tan pronto piso tierra se tensó. El olor.
Olía a la hija del diablo.
Con un gruñido se movió con sus sombras a la casa. ¿Tendría tanta suerte de encontrarla allí? La puerta y ventanas estaban destrozadas. Respiró hondo y supo que se había ido.
Su gárgola que lo seguía, aterrizó en el techo e hizo un sonido lastimero. Había fallado al no proteger el hogar de Lancelot. En medio de la habitación encontró la cabeza de uno de los suyos que estaba de ronda esa noche.
Alrededor, pilas de huesos y restos de no-vivos.
Once muertes. El lugar apestaba.
Apartó los restos de sus aliados con sus pies mientras entraba. La rabia lo consumía como el fuego a una línea de pólvora. Estaba molesto porque ella no lo enfrentaba a él.
¿Cómo habían encontrado su casa?
Jatziri había matado personas con demasiado peso sobre la sociedad actual. Y él usaría eso a su favor. Hora de moverse.
Dejó a su Venator terminar de matar a la única que parecía estar pendiendo de la vida. Miró los cuerpos enteros y algunos despedazados en sus pozos de sangre.
Encerraba la pena que sentía. Aquellos habían sido sus amigos, luchado con él.
Salvado su vida mutuamente a través del tiempo.
Pero sí le dió pesar la castaña Arielle. Aquella era una joven pura e inocente y no merecía esa muerte.
Tendría tiempo luego para darles una sepultura digna y hacer ofrendas por sus muertes. Esta guerra ya no distinguía entre buenos y malos. Solo del lado de quien estaban. Quien se metiera en el camino saldría muerto. Hasta que por fin alguien en los extremos del tablero de ajedrez que jugaban, cayera.
Mientras tanto todo peón, arfil, caballo y torre, sufriría, sangraría.
-Lancelot.
Miró a todos lados por aquella voz. Pero estaba en su cabeza desquiciándolo como siempre. Al punto de la demencia.
-¿Qué demonios quieres hija del diablo?
-Veo que ya recibistéis mi regalo. Este es solo el comienzo.
Una imagen de un desierto de nieve apareció en su mente. El gruñía por salir de aquel truco. No había nada que odiara más que tenerla en su cerebro. Pero hasta que el lugar completo fue revelado, no le liberó. Con un grito salió de vuelta a la realidad.
-Os veré pronto, hijo del diablo.
Su vínculo se rompió y su Venator le miró preocupado.
-La guerra será en el maldito polo norte.
Dejó salir el aliento frio. Sentía que había estado en aquel campo. Debían moverse rápido. Ya no había tiempo.
Para esto necesitaba una cubierta.
Cuando terminó de sacar todos los cuerpos dió la orden a los demás Venatores que llegaban, de que explotaran el lugar. Esa sería la cubierta para el mundo de como un trágico ataque terrorista acabó con diez de las vidas más importantes de nuestros tiempos y como él, milagrosamente sobrevivió.
Aunque habían muchos, y se esperaban un ataque y muchas muertes, todos guardaban respeto en silencio mientras se movilizaban hacia su otra guarida.
Algunos lloraban a sus amigos y queridos.
Al llegar y preparar las tumbas de los Venatores, alguien encendió una vela voladora. Tradición japonesa; y la soltó en el bosque en memoria de Zero.
Lancelot se quedó viendo con aprobación mientras todos hacían sus ofrendas y se daban apoyo entre sí. Cuando ya solo quedaba una él la tomo. Encendió la vela y soltó el pequeño globo que voló. Eso era por sus muertos vivos. Y hasta por sí mismo.
El cielo se llenó de esas luces amarillas que se mantenían metros arriba de los pinos, moviéndose a la deriva del viento. Vindex volaba alrededor de las velas. Él quería darle rienda suelta a su rabia. Ir con todos los allí presentes a por ella y no parar hasta matarla.
Pero lo que había visto hoy lo detuvo. Caminó en la guarida y se hizo silencio.
-No les voy a pedir luego de esto que se queden conmigo. Saben que corren peligro. No les voy a mentir para retenerlos, puede que muramos. O nuestros seres amados. Y quien quiera retirarse ahora, puede. No les guardare rencor, solo les pediré que se refugien porque ya no podemos parar esto.
Camille Miller salió de entre los cuerpos. Sus ojos verdes tenían destellos violetas. Se miraba mejor que cuando la conoció.
-Yo me quedo. No tengo nada que perder, ustedes son mi familia.
Su voz fue firme. Sonidos de aprobación la siguieron y él asintió. Nadie sabía porque él estaba tan molesto por lo que todos creían fue una simple Cibum.
-Me quitaron mi familia. Dos veces. Y esta vez les han tornado contra mí. No quiero ya la paz, no voy a quedarme tranquilo y a pensar que solo con acabar con quien me convirtió encontraré paz. Todos los que tengan ese mal en sus venas deben morir. Sangrar por el sufrimiento causado.
Mas aprobación y él se retiró. Debía terminar de llamar sus aliados. Esos que conoció desde el inicio. Todos los que estaban de acuerdo con su ideal se moverían ahora. Todos tenían orden de ir...
† † † † †
"El tablero ha sido preparado. Las piezas acomodadas. Los reyes a la cabeza, se preparan para matar o morir. Y habrán otros mirando, esperando al vencedor y al vencido. Esto solo es el inicio, hija de luz. Solo el principio..."
Jatziri recordaba las palabras del mensajero en Brenda, antes de que partieran al Eternal. Luego sus guerreros, sus amigos, también partieron al lugar que ella, por estrategia; consideraba el mas adecuado.
El frío casi calaba sus huesos, pero no se había abrigado. En ella no era necesario. Los demás estaban preparando las armas, alrededor de una fogata. Mas que todo, para los pocos humanos que los acompañaban.
-¿Porque el polo norte, mujer?
Preguntó JJ a Arya en un susurro. Arya comenzó a reír.
-¿Te agrada la idea de que los Damnatis aquí presentes, terminemos como barbacoa en pleno medio día? Porque a mí, no.
Contestó la damnati y luego de pensarlo, JJ entendió que aquella había sido una movida maestra de parte de Burkhalter.
Los Venatores en su mayoría, eran humanos.
Tendrían que abrigarse y eso los haría mas lentos.
Y ellos no tendrían que prescindir de los Damnatis cuando hubiera sol.
Allí el sol no saldría en 4 meses.
-Es brillante, ¿no lo creen?
Comentó Svetlana, sentándose sobre la nieve y mirando a todos. Todos asintieron, mirando la espalda de Jatziri, quién parecía estar en meditación.
-Todo saldrá bien, mi señora.
Ignis estaba feliz, aunque odiaba los climas fríos. Poder estar en movimiento, sin que el alba le amenazara; le hacía sentir útil en todo tiempo.
Jatziri levantó la vista, para ver el monstruoso ente frente a ella. Asintió recordando como se había despedido de sus hijas, y como sentía terror de no volverlas a ver.
-Él tiene una ventaja sobre mí, Ignis.
La gárgola bajó su enorme cabeza al suelo, prestando su atención total a su protegida.
-¿Ventaja?
Preguntó dudosa.
-Él no tiene nada que perder...
Hacía un condenado frío, cuando salió camino al lugar citado. En sus audífonos sonaba una canción del grupo francés "Daft Punk". El grupo jamás le había gustado, mucho menos el género. No estaba escuchando la música en realidad. Lo cual era muy extraño en Noa.
Aunque sí se dió cuenta que la música era el fondo ideal para aquel lugar cuando llegó. Un imponente edificio con el nombre y un gran fénix en rojo y negro en medio del vidrio. Alrededor todo era de cemento, cercado y parecía una fortaleza militar moderna.
Caminó a la posta y asomó la cabeza por la ventana. Dos policías adentro se voltearon inmediatamente a él.
-Eh, buenas. Soy Noa Torner. Me citaron aquí. Soy amigo de los dueños, creo.
-¿Tiene pase de visitante o empleado?
-No. La cita fue por teléfono. Hace unas horas. ¿No puede llamar a alguien? Realmente se me congela el culo aquí afuera.
Aquello no era una broma. Ya estaba medio congelado por el hielo. Parecía como si fuera a nevar.
-De un paso atrás por favor.
Con un bufido se alejó. Varios sonidos electrónicos salieron de dentro. Uno de los policías salió y con una maquina le apunto en el ojo derecho. La luz le hizo parpadear varias veces y cuando volvió a fijarse el policía no estaba.
La puerta de barrotes se abrió con un chirrido acompañado de un sonido hidráulico. Con inseguridad dió un paso dentro.
-Noa Torner va en camino.
Anunció el policía en la posta. Noa caminó rápido al edificio.
Quería ver a Daphne.
Al abrir la puerta de vidrio, casi queda ciego por la iluminación. Todo de blanco y el penetrante olor de desinfectante hizo que arrugara la nariz.
Fue interceptado por un tipo raro que le recordó a los robots de "Daft Punk" o a los guardias de "Juegos del hambre". Vestía blanco. Y cuando habló su voz sonaba como a través de un respirador.
-Deje sus cosas en el suelo un momento, por favor.
Otro tipo de escáner recorrió su cuerpo y las maletas. Noa maldijo cuando el guardia le inyectó sin avisar. El líquido recorría su bíceps, luego de que el guardia alejara la pistola.
-Pase adelante. Lo esperan en el piso cinco. Recepción de enfermería.
Con el ceño fruncido avanzó con sus cosas. Se sentía invadido. No le gustaba como iba aquello. En el ascensor que gracias a Dios no era de vidrio; tamborileaba impaciente sus dedos.
Arriba, más gente de blanco caminando de extremo a extremo apareció. ¡Parecía una película futurista! Sus vestimentas no eran las de una enfermera o un médico normal. Excepto por las gabachas, esas se mantenían. Se acercó a la recepción de enfermería al localizarla.
- Hola soy Noa.
Saludó al enfermo de enfrente que le miró y luego desvió sus ojos a una tableta transparente.
-Mucho gusto señor Torner. Venga, lo están esperando.
Fueron tras un largo pasillo, demasiado iluminado para Noa.
Llegaron a una puerta azul que daba acceso a una alta habitación llena solo de personas. Luchaban a mano o con armas, entrenando. En grupos o contra objetos. Unos incluso tenían cascos que les cubrían la cabeza y parecían estar en una simulación.
-¡Papi!
El agudo grito sonó antes de que algo golpeara en sus piernas. Soltó todo lo que tenia al agacharse riendo para tomar en brazos a su hija. Giraron en el aire y besó sus mejillas. Ella andaba con una caja de jugo de manzana y un vestido precioso en ella. En las gradas de lo que parecía un gimnasio jugaron y platicaron por varias horas mientras los demás entrenaban.
¿Qué era aquello?
Según Noa sabía, los papás de Katherine eran pacíficos. Los últimos a los que podía imaginar en una guerra.
A la hora de dormir les dieron a todos habitaciones separadas. Daphne se quedó dormida luego de un cuento. Era temprano y él estaba ansioso, por lo que salió fuera de la habitación y comenzó a caminar por los pasillos hasta llegar a una sala de espera. Sacó su móvil y mientras pensaba, lo hacía girar en sus manos.
Tenía miedo por Daphne. Pavor. Ella no podía luchar. Ella no había hecho nada. Y no era justo que estuviera rodeada de tanta violencia. Por eso jamás se sintió tan decidido en la vida, como en ese instante. Marcó el número y se desplomó contra la silla. Suspiró pesadamente ante los primeros tonos de la llamada.
-Tenemos que hablar. Me quiero llevar lejos a Daphne.
Katherine se quedó en silencio al otro lado de la línea. Pero lucharía por su hija. La quería segura. La quería viviendo una niñez normal.
Aunque su hija no lo fuera.
-¿Katherine? ¡Katherine! ¿Me haz escuchado?
Gritó irritado. Al no obtener respuesta, colgó el teléfono de mala manera.
¿Que le pasaba a su rojita?
Se levantó dispuesto a tomar a su hija y desaparecer de allí en aquel instante.
Estaba llegando a la habitación, cuando se encontró a la madre adoptiva de Katherine.
Brigitte parecía nerviosa. Aunque no era para menos, cuando el hospital parecía cuartel general de los G.I Joe.
-¿Que haces aquí? ¿Por que no estás con Katherine?
Preguntó Brigitte, al estar frente a él. Noa la miró, como si tuviera 3 cabezas.
La doctora Molyneux se llevó las manos a sus labios y respiró hondo.
-Por amor al cielo. No sabes lo que ha pasado.
Susurró mirándolo con tristeza.
Todas las alarmas internas de Noa se encendieron.
-¿Que... Que le pasó a Katherine?
Sintió que su voz se desvanecía y quiso golpearse.
Pensaba que Katherine había dejado a Daphne porque había ido a pelear.
Pero definitivamente, se había equivocado...
† † † † †
-Están aquí.
Susurró la hija del diablo. Vestía de negro desde el cuello hasta los pies. Su cabello estaba recogido en una coleta alta, para que sus risos no afectaran su visión.
Eran las 3:00 pm, cuando ambos ejércitos estuvieron frente a frente.
Era el momento de saldar viejas cuentas.
Ambos líderes iban al frente y se alejaron de sus ejércitos, hasta encontrarse a pocos centímetros el uno del otro.
Lancelot dirigía su mirada a cada uno de ellos, buscando a su mujer. Pero no la veía.
En su interior agradeció, que no estuviera allí.
-Es mejor que os rindáis, atormentado. Prometo una muerte rápida.
Le dijo la hija del diablo, mirándolo retante.
Lancelot bufó.
-Espero hicieras las pases con todos tus muertos, Burkhalter. Personalmente he hecho tu propia tumba.
La risa de Jatziri se escuchó, haciendo estremecer las montañas cubiertas de hielo.
No había que decir nada mas.
Las gárgolas zurcaban el cielo.
El sonido de los fierros se agregaron en una melodía tétrica.
La danza de la muerte.
Las sombras de Lancelot se esparcieron como pólvora.
Y la sangre de Burkhalter, abrió el infierno.
Ambos ejércitos corrieron al encuentro del otro.
La guerra había comenzado...
† † † † †
