Ni ouat ni sus personajes me pertenecen.
Llegamos ya al penúltimo capítulo de este fic, espero que os esté gustando tanto como a mí escribirlo.
Como siempre va dedicado a mis chicas del grupo swanqueen, a mi petita que aunque es targaryen ama a los stark y a bela que sigue sin aparecer.
Muchas gracias por vuestros comentarios, me gusta ver que esta historia está teniendo tanta acogida. Sin más os dejo leer. Advertencia: este capítulo contiene situaciones violentas y desagradables.
CAPITULO 10: MI SENTENCIA DE MUERTE
(REGINA)
Amanecí cansada, muy cansada, el parto fue largo y doloroso, me dejó sin fuerzas pero completamente llena de amor. Poder ver a mi hijo después de tanto tiempo fue el momento más feliz de toda mi vida, un momento que compartí con Emma y eso me hacía aún más dichosa. Desde que supe su historia rondaba en mi cabeza la idea de llamar a mi hijo como su padre, era el nombre que ella tenía pensado para el hijo que perdió, decidí llamarlo así porque quería que ella estuviera en su vida, quería una familia con ella, los tres juntos…Abrí los ojos y vi que Emma no estaba conmigo en la cama, me sorprendí y la busqué inquieta, no tardé en encontrarla con la mirada, estaba de pie, ya vestida con su máscara y llevaba al pequeño Henry en sus brazos, desde la cama pude escuchar como le tarareaba una suave melodía, pude ver su mirada cargada de amor, su delicadeza, y supe que no me había equivocado, Henry era nuestro hijo, era el hijo que ella jamás podría tener. Me miró, sonriendo se acercó a mí con nuestro hijo en sus brazos, lo puso sobre mí y me dijo:
-Es magnífico Regina, tu hijo es realmente magnífico.
-Es nuestro, Emma, es tan hijo tuyo como lo es mío.
Si no hubiese estado tan maravillada con mi pequeño en mis brazos habría podido ver como su mirada se teñía de tristeza, si lo hubiera visto, si lo hubiera entendido a tiempo quizá todo habría sido diferente. Me dijo que debía marcharse, tenía trabajo, seguía siendo lo mismo de cada mañana, se acercó a despedirse con un beso, como siempre hacía, un beso que alargó mucho más de lo normal, creí que era porque estaba emocionada con el nacimiento del bebé. Jamás pensé que se estaba despidiendo. Cuando salió por la puerta no pensé que sería la última vez que la vería.
No sé cuántas horas pasaron desde que Emma salió por última vez de la bodega, cuando entro Ruby a toda prisa.
-(Ruby) Vamos Regina, tenemos que irnos ahora.
-¿Dónde vamos?
-Lejos de aquí, vas a ir a Suiza, aquí cerca está esperándote la resistencia, os llevaran a ti y al niño lejos, con identidades falsas.
-No puedo irme Ruby, no sin Emma, ¿Dónde está?
-Ella se reunirá contigo más tarde, ahora tiene que distraer a los oficiales para que pueda sacarte, ya no es seguro que estés aquí, en cuanto oigan llorar al niño se acabó todo, para ti y para ella, Regina debes venir conmigo.
De pronto se escuchó el sonido de una explosión, miré a Ruby aterrada, ella estaba sonriendo, al parecer esa era la distracción, era la señal de que debíamos irnos. Seguí a Ruby hacia el bosque, era la primera vez que veía el sol en mucho tiempo y apenas pude disfrutarlo pues corríamos demasiado peligro, llevaba a Henry en mis brazos profundamente dormido. Pude ver como el campo estaba prácticamente desierto, a lo lejos mucho humo, fuese lo que fuese lo que Emma había hecho, seguro que era una locura y había funcionado. Llegamos al bosque y ahí había muchísimos presos, me pregunté cuanto tiempo llevaba Emma sacándolos del campo pues, al ver como estaba todo bien organizado y estudiado, era imposible que fuera la primera vez que lo hacía. Los hombres de la resistencia insistían en que nos marcháramos pero yo no podía irme, no sin Emma, regué que esperásemos cuando Ruby me tendió una carta, entonces supe que Emma no iba a venir, que estaba renunciando a mí para salvarme la vida. Ruby me explicó que tuvo que mentirme porque sabía que no me iría sin ella, el deseo de Emma era que yo me pusiera a salvo y leyera su carta, su adiós, el mismo adiós que no se atrevió a darme por miedo a no ser capaz de renunciar a mí. Y así fue como me marché, me marché dejando mi corazón y mi alma en ese campo donde estaba ella, me marché sabiendo que no volvería a verla y en mi alma pesaba un solo pensamiento, me marché sin decirle ni una sola vez que la amaba.
(EMMA)
Salí de mi bodega con un nudo en mi pecho, sabía que era el final y no había sido capaz de despedirme, la noche anterior lo había decidido, ella tenía que marcharse, se iba a marchar hoy mismo, no podía arriesgarme a que la descubrieran y la mataran, iba a ser mi gran golpe, iba a sacar a todas las personas que pudiera y entre ellas a Regina, me conformaba con saber que viviría y sería feliz, aunque para ello tuviera que renunciar a ella para siempre, era lo correcto. Regina me había devuelto la vida, yo iba a salvar la suya aunque las consecuencias fuesen mi muerte. Tenía un plan, realmente una locura, debía crear una distracción, una gran distracción para poder sacar a tanta gente del campo, Ruby me ayudaría, mientras yo mantenía ocupados a los oficiales ella se reuniría con la resistencia y se marcharían. Con Ruby cuidando de Regina podía estar tranquila, lo sabía, así que me dirigí a mi destino, el horno crematorio. No me fue difícil conseguir dinamita, unos cuantos cartuchos bien colocados y el horno volaría por los aires provocando confusión, la confusión necesaria para que todo saliera bien. Para que ella pudiera vivir una buena vida junto a su pequeño yo estaba dispuesta a entregar la mía.
Mi plan salió perfecto, la explosión resonó por todo el campo y pronto empezaron a llegar oficiales y presos, los oficiales daban órdenes, los presos estaban confusos y yo solo podía rezar para que Regina estuviera a salvo.
Cuando todo se calmó, los oficiales empezaron una investigación que no tardó en llevarlos a mí, no era difícil adivinar que había sido yo, al fin y al cabo era de las únicas que tenía acceso a la dinamita, acabé detenida y revisaron mi casa, no tardaron en dar con la bodega, en comprender que había estado escondiendo presos, revisaron los archivos y vieron las falsificaciones, más de 4.000 presos liberados por mí. Al volar el crematorio firmé mi sentencia de muerte.
Mentiría si dijese que no tenía miedo, estaba aterrada, conocía bien esas celdas donde me metieron, celdas para presos a los que iban a interrogar, eran inhumanamente pequeñas, apenas había sitio para tumbarse, especialmente diseñadas para minar la moral de los presos y que hablaran rápido para luego ejecutarlos.
Querían saber quién era mi contacto en la resistencia, querían saber a quién había estado escondiendo, a cuantos presos había liberado y dónde estaban. Yo no iba a decirles nada, absolutamente nada, pensaba aguantar cualquier tipo de tortura, por sádica que fuera, jamás traicionaría el recuerdo de Regina, por una vez estaba haciendo lo correcto, por una vez estaba siendo digna de ella, aunque ella jamás lo supiera.
No sé cuánto tiempo pasé encerrada, no lo recuerdo, era confuso, solo recuerdo el dolor, el dolor al sentir el fuego sobre mi espalda, durante horas solo se me podía oír gritar, gritar de dolor pero ni una sola palabra salió de mis labios, en mi mente una letanía eterna para no perder el juicio, Regina, Regina Regina… siempre su nombre en mi mente, debía aguantar por ella, aguantar para ser digna del amor que ella sentía.
Otro día más cautiva, otro día más de tortura sin decir una palabra, la falta de oxígeno en mis pulmones al pasar tanto tiempo bajo el agua, me ahogaba con el nombre de Regina en mis labios, podía terminar con todo, decirles lo que sabía, dejarme matar, pero no lo haría, no claudicaría, antes me dejaría torturar hasta la muerta que traicionar el recuerdo de Regina.
Recibía por las noches visitas de mis superiores, me humillaban y se burlaban, me golpeaban hasta rozar la inconsciencia, siempre me habían deseado, yo sabía que era hermosa y me gustaba alardear de ello, en esos momentos no era nadie, no era nada más que el amor que sentía por Regina, por su hijo, por esas personas que en un breve espacio de tiempo fueron mi familia, golpes, más golpes, más fuego, las torturas fueron haciéndose cada vez más insoportables, llegaron incluso a violarme, tantas veces que perdí la cuenta. Lo único que mantenía mi cordura era el recuerdo de los ojos de Regina, tenía sus facciones en mi mente memorizadas, en mis labios guardaba el recuerdo de cada uno de sus besos, cerraba los ojos rozando la locura y evocaba su recuerdo, sus hermosos ojos negros, sus preciosos labios coronados por una hermosa cicatriz producto de alguna travesura que realizó en su infancia, su piel, suave y dulce, su pelo casi tan negro como sus ojos, su dulce voz, sus manos, la pasión que sentía por la música, era tan dulce, ella me mantenía sujeta a la cordura y no me dejaba claudicar.
Puede que pasaran días, meses, años nunca lo supe, mi cuerpo estaba marcado por cada una de las torturas recibidas, me había convertido en nada, pero mi tozudez me hacía ser inquebrantable.
Ese era el precio a pagar por mi redención, lo supe desde la primera vez que contacté con la resistencia, yo sabía que sería degradada y torturada hasta la muerte y decidí pagar el precio.
Mi alma estaba en paz, estaba serena, por fin estaba haciendo lo que realmente era correcto.
El sol me deslumbró cuando me sacaron de las celdas, habían perdido la paciencia, yo no iba a hablar, no valía la pena seguir intentándolo, entre dos soldados me llevaron hacia esa pared, hacia ese pelotón.
No tenía miedo, ya no lo tenía, tenía las manos limpias, tenía el corazón en paz, tenía mi amor por Regina y solo por eso todo había valido la pena, sé que haría lo mismo una y mil veces si tuviera la oportunidad. Me daba igual morir pues durante 5 meses mi corazón latía y sus latidos tenían sentido, tenían nombre, el nombre de Regina.
Y con los recuerdos de cada segundo a su lado, los recuerdos más felices de mi vida me dirigí hacia aquel lugar donde se cumpliría mi sentencia de muerte.
