CAPÍTULO 10
FESTIVAL
Querido diario:
Han pasado ya cinco meses desde aquel viaje a Estados Unidos, me he sorprendido casi cada noche soñando con estar allí, viendo sus ojos cada mañana, escuchando el sonido de su voz… Si, lo sé, sueno como una loca obsesiva, pero sinceramente, lo extraño mucho. Claro que seguimos hablando, aunque ya no tanto tiempo como antes, está presionado tratando de terminar sus estudios y cumplir la meta de ingresar a la universidad este mismo año, las diferencias de horarios y mis propias responsabilidades; sin duda alguna, cada día es más difícil, espero que llegue pronto el momento de verlo de nuevo.
- Señorita Kinomoto, sus notas no son precisamente brillantes como para darse el lujo de distraerse. ¿Podría por favor prestar atención? Esto es importante.
Toda la clase la observaba mientras ella enrojecía y agachaba su cabeza ante el reciente regaño de su profesor. Decir que iba mal en matemáticas era poco para el desastre que estaba atravesando, pero simplemente no podía concentrarse, esos días particularmente estaba deprimida, se sentía sola… Las hormonas, benditas hormonas.
Era como en los dibujos animados cuando una pequeña nube gris te persigue por doquier, así se sentía Sakura Kinomoto en esos días.
Tomoyo estaba en un concurso con el coro en otra ciudad, se ausentarían toda la semana y apenas era martes, sería una semana de maldición. Se fue a la azotea en la hora del descanso y revisó su celular con la pequeña esperanza de tener un mensaje, una llamada, algo de Shaoran. No habían hablado en todo el fin de semana y eso sí que la ponía de mal humor.
Y bueno… ¿Quién dice que siempre ellos tienen que ser los de la iniciativa?
- Hola tontín – escribió como un mensaje a su querido amigo… Quizá tendría suerte si recibía alguna respuesta.
Tomó su almuerzo desganadamente… Ni siquiera la tristeza le quitaba el apetito, observaba su celular, pero nada, ni una mísera respuesta.
- Hola – una voz la sobresaltó.
- Ah, hola Einishi – respondió con una sonrisa tímida
- Bueno… No es el saludo más efusivo que me han dado, pero está bien
La castaña rio – Discúlpame, no ha sido uno de mis mejores días.
- Lo sé, precisamente por eso vine, pareces solitaria. ¿Algo en lo que te pueda ayudar?
- No es nada, tonterías solamente.
- Sakura, eres una persona ridículamente alegre, creo que eso hace que brilles siempre, el verte así no es algo normal, creo que le estoy haciendo un bien a la humanidad al querer ayudarte
- Eres un exagerado.
- Bueno, hagamos algo, si no quieres hablar sobre lo que sucede… Podemos hablar de cualquier otra cosa ¿qué tal la escuela?
- jajaja ¡lindo tema elegiste! Las matemáticas me están matando, a veces pienso que el señor Tareda tiene una venganza personal contra mí.
- No digas eso, a mí me va bien, si quieres puedo ayudarte a estudiar.
- Einishi… Yo… - Sakura se revolvía en su sitio un poco incómoda.
- Sakura, no te preocupes, ofrezco mi ayuda sin dobles intenciones, mi triste intento por conquistarte fue ya hace mucho y fuiste muy clara conmigo.
- Pero no quiero malos entendidos o… No lo sé, crear falsas expectativas – continuó ella – disculpa, suena muy presumido lo que te estoy diciendo, y ¿sabes algo? me serviría mucho tu ayuda.
- Entonces está hecho, solo dime cuándo te queda bien y yo veré si es posible.
- ¿Esta tarde es muy prematuro?
- Mmmmmm no, en realidad me parece bien.
- Perfecto – sonrió ella sincera y alegremente, por primera vez en el día sonreía de verdad
Continuaron almorzando y conversando de asuntos sin sentido, las cosas quizá no serían tan malas después de todo.
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- Hey, pequeña, disculpa responderte hasta ahora, cuando me escribiste había saldo de casa temprano, sabes que empecé otra terapia que no puedo hacer en casa por ahora y dejé mi teléfono en casa. Perdóname por tenerte tan abandonada, no te llamo porque sé que son un poco más de las 3 am en Japón. Te quiero Saku. Un abrazo.
Despertó a primera hora con ese mensaje en su teléfono, le habría gustado haber despertado y hablar con él, de verdad lo extrañaba pero era como si sus caminos siguieran separándose cada vez más, cada uno tomaba un rumbo diferente y aunque quisieran quizá nunca más volverían a encontrarse.
- ¡Sakura! El desayuno está listo – la voz de su padre la sobresaltó. Se le había hecho tarde ¡de nuevo! Y para colmo tendría matemática a primera hora, solo esperaba recordar lo que había estudiado días anteriores con Einishi.
Llegó corriendo a la escuela como era su costumbre, ya tenía el saludo listo para su querida amiga cuando recordó que no estaría; al encontrar su puesto vacío, suspiró con resignación antes que una voz tras ella llamara su atención.
- Señorita Kinomoto, apresúrese a tomar su lugar, pronto daremos inicio al examen.
- Sí señor.
Se ubicó en su puesto nerviosa, no quería que su mente fuera invadida por otros pensamientos que no fueran la prueba que debía presentar.
- Esto será simple, solo cinco ejercicios que revisaré inmediatamente terminen, así que no tendrán que esperar mucho por la nota.
Ok. Si antes se sentía nerviosa ahora estaba mucho peor, respiraba agitadamente, esa evaluación salvaría su año o terminaría por hundirla.
- Hey… Cálmate, sea lo que sea que pongan lo sabes ya, solo no dejes que los nervios te dominen ¿está bien? – era la cálida mano de Einishi que se posaba sobre la suya y esas palabras le dieron el ánimo que necesitaba.
Una hora después y siendo una de las últimas, repasaba los ejercicios, los leía una y otra vez para convencerse de que eran correctos.
- Jóvenes, el tiempo terminó, por favor traigan sus exámenes – Solo había tres estudiantes contando a Sakura, quien se acercó trémula al escritorio de su maestro. – si quieren pueden esperar un momento en sus puestos y les entregaré sus exámenes revisados.
Así fue, regresó a su puesto invocando a cuanta deidad pudiera recordar para que todo saliera bien. No se fijó en el tiempo hasta que escuchó su voz.
- Señorita Kinomoto, acérquese por favor.
Tragó saliva y caminó hacia el escritorio del maestro.
- Si… Sí señor.
- Debo decirle que estoy gratamente sorprendido, solo se equivocó en uno, por lo cual su nota es muy buena. Lo que quiera que sea que está haciendo, siga así, estamos próximos a terminar el año y merece terminarlo de la mejor manera.
El rostro de la muchacha se iluminó con una enorme sonrisa, tomó la hoja de las manos de su maestro y salió feliz del salón, durante el resto de la mañana no tendrían clase porque estarían en la organización del festival de fin de año.
Quería gritar de felicidad, saltar por todos los pasillos cuando una mano en su hombro llamó su atención.
- ¿Cómo te fue? – Era Einishi quien con rostro preocupado se había acercado, pero al verla radiante de felicidad solo sonrió – Lo sabía, sabía que te iría bien, sabes bien cómo hacerlo solo eres demasiado distraída.
- ¡Gracias, gracias, gracias! Todo fue por ti, de verdad no tengo cómo pagarte.
- Mmmmm podría pensar en algo – dijo él en tono relajado – qué te parece si celebramos con un helado hoy en la tarde.
- ¡Me parece perfecto!
Aquella semana sin Tomoyo, fue en realidad mucho mejor de lo que hubiera pensado, los preparativos para el festival y sus salidas y jornadas de estudio con Einishi le habían sido de mucha ayuda, y era aún mejor porque el muchacho no mostraba evidencia de tener ningún tipo de inclinación de tipo romántica hacia ella, eso le quitaba un gran peso de encima.
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- Sak, no he sabido de ti en unos días, perdóname por tenerte tan abandonada, sé que por esta época están con los preparativos del festival y debes estar muy feliz, se lo mucho que te gusta ese evento. ¡Escríbeme cuando puedas!
- Hey tontín, tienes razón, me tienes muy muy abandonada, pero como bien supones estamos con los preparativos del festival y me quedo todo el día en la escuela, tendremos dos puestos de comidas, uno con menú occidental y el otro de comida China, ¿puedes creerlo?
- Espera, ¿puedo llamarte, Estás libre?
- Claro, espero.
No mucho después su teléfono sonaba, se sentía tan feliz de escucharlo de nuevo que no dudó en contestar.
- Tontín, que bueno escucharte
- ¡Hey Kinomoto! ¿Cómo estás?
- Bien, un poco cansada, pero todo está quedando tan bonito
- ¿Cuándo es el festival?
- Empieza el lunes y es toda la semana.
- Seguramente será muy divertido, sería genial poder ir
- A quién tratas de engañar Li, nunca te gustó, decías que había demasiado ruido y gente para tu gusto.
- Jajajajaja me atrapaste, pero extraño Japón.
- Y Japón te extraña.
El silencio se apoderó de la comunicación por un momento – Sak, de verdad te extraño, hemos estado ambos tan ocupados en nuestras cosas que ya casi no nos queda tiempo de hablar, pero por favor, no olvides que aquí estaré para ti.
- No te preocupes Shaoran, sé que las cosas no son fáciles ahora y cada uno tenemos nuestras propias responsabilidades pero… Algo se nos ocurrirá ¿no es así?
- Si, así es, óyeme y cuéntame, cómo es eso de que tendrán comida china.
- Ah sí, tendremos dos puestos y nos turnaremos entre ellos, hay un uniforme para el de comida occidental pero para el de comida China… Las chicas usaremos Qipaos pero aún no consigo el mío.
- Mmmmmm es una lástima, pero seguramente lo harás pronto. Tengo que dejarte Saku, cuídate mucho por favor. Te quiero
- Y yo a ti, salúdame a tus padres.
El fin de semana había llegado, Tomoyo se había reunido con Sakura después de su viaje, la verdad es que la amatista se sentía tranquila al ver a su amiga de tan buen ánimo contándole sobre todos los preparativos para el festival, sus buenos resultados en matemáticas y por su puesto… Su amistad con Einishi
Y no es que le desagradara la idea, o que tuviera algo contra Einishi que encendiera las alarmas, era solo el tema de Shaoran que siempre venía a su mente, muy dentro de su imaginario, ellos debían estar juntos, pero no era un secreto los rumbos diferentes que tomaban sus vidas y lo inevitable de esos sucesos.
El primer día de festival Shaoran realizó una videollamada a Sakura para que le enseñara todo el lugar y lo que habían hecho
- Vaya, te queda muy bien ese atuendo.
- ¿Tú lo crees? Mira, todos estamos uniformados –
- Si, si, eso veo… Y dónde están los demás.
Sakura empezó a recorrer el lugar con su teléfono para mostrarlos a todos, hasta que se escuchó una voz de fondo que llamaba insistentemente a la castaña.
Ella solo apartó el teléfono un poco pero Shaoran seguía viendo su imagen a través del teléfono
- ¡Einishi, Hola! – saludó con entusiasmo Sakura.
- Te ves hermosa Sakura, de seguro vas a atraer muchos clientes, muchos chicos de la escuela están esperando para venir.
- Que tonterías dices…
La chica se olvidó que tenía a su amigo en la línea, que por cierto, no estaba muy contento con esa conversación y mucho más al ver a ese fastidioso que estuviera un tiempo tras Sakura, de nuevo, ahí, haciéndole cumplidos y diciendo ese tipo de babosadas como él las consideraba. Así que simplemente decidió cortar la comunicación, después le escribió diciéndole que la había visto muy ocupada y prefería no interrumpir.
La semana pasaba y Sakura agradecía que los primeros días la asignaran a los puestos de comida occidental, no había conseguido su Qipao y Tomoyo la reprendió por eso, aduciendo que de haberle avisado le habría hecho el más espectacular que pudiera imaginar, pero el problema es que era justo lo que no tenían. Tiempo.
- Vamos chicos, hay mucha gente y siguen llegando, debemos apresurarnos con esas órdenes – decía Rika al grupo ya que era la responsable de esa sección.
Todos los chicos se apresuraban a servir y entregar a las mesas con una sonrisa amable, aunque estuvieran exhaustos. Sakura se movía con gracia por el lugar, ignorando por completo que había muchos comensales del género masculino que permanecían allí más tiempo del necesario y pedían cualquier cosa con tal de no abandonar el recinto.
- Sakura es muy popular ¿no es así?
- Y ¿cómo no? Es físicamente hermosa, pero además es dulce y amable, eso las personas pueden notarlo con facilidad – decían en su conversación Rika, y Chiharu
- Y lo más gracioso es que ella ni se da cuenta, por esa parte le beneficia ser tan despistada, de lo contrario estaría cohibida por simple vergüenza.
La castaña ingresaba alegremente con su bandeja vacía y una sonrisa en su rostro.
- Sakura, ya tu turno terminó, si quieres puedes cambiarte ya y salir a disfrutar del festival.
- ¡Gracias Rika!
- Ehhhh no lo creo – intervino Tomoyo – Hay un cliente más que necesita atención.
- Claro, pero Chiharu pue…
- No, tiene que ser Sakura – respondió con apremio la amatista esperando que su amiga comprendiera que tenía sus motivos para pedirle eso justo a la castaña.
- Ahhhh ya veo, ¿puedes ayudarnos con este último Sakura?
- Claro que sí no hay ningún problema, ¿quién es?
- Mira, es el joven que está de espalda con un una gorra
- En un momento voy
Sakura se acercó presurosa, aunque le pareció extraño el atuendo de aquel personaje no le prestó mayor atención.
- Buenas tardes, bienvenido, ¿qué desea pedir?
El joven cuyo rostro no alcanzaba a apreciar carraspeó un poco su garganta.
- Un refresco por favor… Ahhh y un abrazo, si no es mucha molestia
Sakura se extrañó con ese pedido hasta que él quitó de su cabeza el molesto elemento que lo cubría dejándole ver a Sakura una enorme sonrisa.
Se levantó de la silla con un poco de esfuerzo y Sakura, que estaba como piedra se arrojó a sus brazos estrechándole en un abrazo que deseó se hiciera infinito.
- No puedo creer que estés aquí, ¿cuándo llegaste? Cómo es que…
- Quería sorprenderte, no mentía cuando dije que extrañaba estar aquí, contigo…
- Shaoran, me has dado el mejor regalo que pudiera imaginar.
Sus amigas observaban felices al otro lado del salón y sí que había valido la pena presenciar ese reencuentro.
- ¡Rika! – Llamaba Sakura a lo lejos – Crees que…
- ¡Siiii puedes irte! Más tarde te llamo para que nos encontremos, también queremos saludarte como se debe, Shaoran.
La chica se adentró en la cocina despidiéndose con la mano y dejando solos a sus amigos.
- Shaoran te ves muy bien, mira que solo necesitar apoyo de un bastón.
- Si, parece que nada hubiese sucedido.
- ¿No tienes inconveniente de caminar por el lugar? Me preocupa que te duela o te canses demasiado.
- No te preocupes tontita, a eso vine, a pasar tiempo contigo. Vamos a dar una vuelta por el lugar, seguramente hay cosas muy divertidas.
El resto de la tarde fueron solo risas entre ellos dos, estaban sentados en un lugar cerca a la cancha comiendo algodones de azúcar gigantes y conversando sobre la vida.
- Shaoran, y ¿dónde piensas quedarte?
- Ehmmmm no lo sé, vine del aeropuerto directamente, supongo que debo buscar un hotel
- ¿Un hotel? ¿Acaso estás loco? Te quedas en mi casa y no aceptaré un no por respuesta.
- ¿Estás segura?
- ¡Por supuesto! Papá estará feliz de verte, es más, déjame llamarle.
Sakura se apartó un poco para hablar con su padre, Shaoran mientras tanto la miraba, se veía más grande, con un cuerpo mucho más femenino de lo que recordaba, se había convencido a sí mismo de que lo mejor sería continuar siendo amigos, una relación a distancia era un disparate, pero simplemente no podía dejar de mirarla y observar lo hermosa que estaba, además que toda la tarde se había dado cuenta de las miradas que le lanzaban sus congéneres y que claro, ella no se daba por enterada. Sí, definitivamente una relación a distancia sería una tortura en esas condiciones, sin saber quién se le acercaba, cómo la miraban y no poder estar a su lado y como buen macho alfa marcar su territorio.
Aghhhh eso había sonado ridículamente machista, pero ¿qué podía hacer? Era precisamente lo que sentía, lo que ella despertaba en él, pero si algo iba a seguir siendo, era su amigo, eso sí.
- Listo, está muy contento de que hayas venido, preparará algo especial para cenar.
- Gracias Sakura, la verdad es que no quería molestar.
- No molestas tontín, no tendría paz sabiéndote en un lugar diferente.
- ¡Sakura! – a lo lejos alguien se acercaba llamándola.
- ¿Quién es?
- Ahhhh es Einishi.
El chico llegó y se posicionó frente a ellos – Einishi, ¿recuerdas a Shaoran?
- ¿Li? Claro que sí, hace mucho tiempo no te veía, bienvenido.
- Gracias – respondió Shaoran fríamente.
- Bueno, pensé que habías olvidado que íbamos a salir un rato hoy – siguió hablando esta vez dirigiéndose a Sakura-
- Disculpa, si, lo olvidé, pero como puedes ver Shaoran vino de visita y…
- No te preocupes por mí Sakura, si quieres ve, yo me iré para tu casa
- De ninguna manera, Einishi, disculpa, será en otra oportunidad.
El chico salió algo contrariado pero no dijo más, mientras que el rostro de Shaoran era adornado con una sonrisa de satisfacción.
- Lo siento… No quería arruinar tus planes.
- No arruinas nada, es cuestión de prioridades – dijo la castaña levantando sus hombros – primero fue lunes que martes.
- Tú y tu sabiduría popular.
Pasaron el resto de tarde riendo y compartiendo con sus demás compañeros, regresaron a casa y efectivamente Fujitaka tenía una cena especial, después conversaron relajadamente en la sala hasta que los bostezos de Sakura les advirtieron de la hora, además que la castaña debía madrugar y con toda seguridad estaría exhausta.
- Tú te quedarás en la habitación que era de mi hermano, por favor si necesitas algo, no dudes en llamarme
- ¿Y crees que quiero morir? ¡Si te despierto me matas!
- No digas eso Shaoran, ya no soy así – respondió ella visiblemente avergonzada.
- Que descanses Sakura y gracias por todo.
- Que descanses Shaoran, me siento muy feliz de tenerte en casa
Cada uno se dirigió a su habitación, Sakura estaba muy emocionada de saber que su querido amigo… ¡Bah! Shaoran, su Shaoran, estaba a tan solo una pared de distancia… Se recostó en su cama con una enorme sonrisa, hasta que sintió el sonido de la puerta.
- Pase.
- Perdón… Pero traje algo para ti y quería que lo vieras antes de dormir.
Extendió una caja color rosa pálido, ella, miró el objeto con curiosidad y entusiasmo.
- ¿Puedo abrirlo?
- Claro que sí. Espero te guste y… Bueno…
Con el mismo entusiasmo saltó sobre la cama, paquete en mano y lo abrió, era precisamente lo que necesitaba, un hermoso Qipao… o no, ¡eran dos! Uno, fabricado con una hermosa seda color rosa y bordados plateados, el diseño era bellísimo y estaba exquisitamente confeccionado, el segundo, color verde esmeralda con bordados y apliques dorados. Ella sabía a la perfección que era el color favorito de Shaoran.
Se acercó a él y lo abrazó, era algo realmente hermoso.
- Espero que sean de tu talla, mamá me ayudó a elegirlos y el Señor Fujitaka nos ayudó con el tema de las medidas.
- Están preciosos, pero no puedo usarlos en la escuela… Digo es un desperdicio.
- No digas eso, de lo que si estoy seguro es que serás la más hermosa de todas, te lo aseguro.
- Shaoran, gracias.
Se acercó a él y lo abrazó, ahora sí que se notaba la diferencia de estatura, porque podía descansar perfectamente la cabeza sobre su pecho, escuchar el golpeteo de su corazón y sentir su aroma. Él por su parte, acariciaba el corto cabello castaño; cada uno, era ajeno a los pensamientos del otro, lo que si era seguro era que se habían extrañado y mucho.
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Muy temprano en la mañana había despertado, tenía la costumbre de hacerlo y mucho más al escuchar el ruido proveniente de la habitación de Sakura
La imaginaba tropezando con todo porque se le había hecho tarde, definitivamente había cosas que nunca cambiaban. Se levantó y escuchó que Fujitaka llamaba para servir el desayuno, quería aprovechar para compartir con ellos.
- Buenos días Shaoran, ¿qué tal pasaste la noche?
- Buenos días señor Fujitaka, dormí excelente, muchas gracias. ¿Y Sakura?
El amable señor sonrió y sacudió su cabeza de un lado a otro con una sonrisa que Shaoran respondió.
- Lo sabía, hay cosas que simplemente no cambian.
- Más vale que no estés hablando mal de mí eh Li – entró la castaña señalándolo con su pequeño bolso mientras entraba a la cocina.
- Wow…
- ¿Qué? ¿Me veo mal?... ¿papá?
- Te ves hermosa hija, ese atuendo te queda maravilloso.
- Es cierto Sakura… Hasta pareces persona decente
- Por lo que veo estás suplicando por una muerte lenta y dolorosa – respondió Sakura con sorna.
- De verdad te ves muy linda Sakura, definitivamente valió la pena.
- ¿Ehhh?
- Chicos, buen provecho.
Agradecieron por la comida y tomaron su desayuno en un cómodo silencio, el ambiente era tranquilo.
- Bueno, me tengo que ir o llegaré tarde.
- Yo te alcanzo en un rato
- ¿No es mejor que descanses?
- No vine hasta aquí a quedarme encerrado, tú solo ve, allá te alcanzo
- Bueno señor terco
Y como un impulso, producto de la costumbre quizá, ella solo se acercó y besó su mejilla acariciando su rostro.
- Cuídate por favor, no te esfuerces mucho, allá te espero.
Se despidió de ambos hombres sonriendo y tomó su camino hacia la escuela.
- Es una chica muy dulce ¿no es cierto? – interrumpió Fujitaka los pensamientos de su invitado que se había quedado lelo mirando hacia donde había desaparecido Sakura.
- Ahhh siiii, ella es una chica única.
- Lo sé, está creciendo y pronto su vida tomará otro rumbo, solo espero que sea feliz.
- ¿Le ha comentado sobre lo que piensa hacer cuando se gradúe?
- No… La verdad es que no ha mostrado interés por algo en particular, la verdad no me importa cuál sea su elección siempre que sea feliz.
- Es usted un magnífico padre ¿y la señora Nadeshiko?
- Ya sabes, siempre tan ocupada viajando de un lado a otro… Trata de estar pendiente de Sakura, pero no es fácil.
- ¿Y usted, No extraña sus excavaciones?
- Claro que sí hijo, pero hay prioridades… Quizá, algún día, cuando Sakura ya sea independiente pueda volver a retomarlo, por ahora no es una opción.
Continuaron su conversación, Fujitaka salió rumbo a la universidad mientras Shaoran se dirigía a la escuela, moría por ver a Sakura en acción, además… Alguien debía cuidarla de esa partida de mocosos que andaban tras ella.
Oops… ¿Había sonado como Touya o era su impresión? Pero ahora sí lo comprendía, afortunadamente no estaba cerca, pero para eso estaba él.
Llegó a la escuela y claro, ya habían empezado los eventos, seguramente Sakura y sus compañeros estarían corriendo de un lado a otro sirviendo los entremeses. La imaginaba con esa sonrisa etérea y su amabilidad de siempre atendiendo a los presentes.
Llegó al salón y se encontró con Tomoyo como una de las anfitrionas, también vestía el tradicional qipao, todas llevaban zapatos bajos para facilitar las labores.
- No sabes el gusto que me da verte – decía Tomoyo mientras abrazaba a su amigo
- Igual a ti, estás hermosa Tomoyo, deberíamos reunirnos uno de estos días con los demás chicos.
- Claro que sí, el viernes habrá una fiesta en casa de Yamazaki con seguridad le gustará que vayas.
- ¿Y van a estar todos?
- Si, es algo por el fin de curso
- ¿Y Sakura piensa ir? Es muy pequeña aún
- Lo sé, ella es la menor del grupo pero tampoco podemos aislarla por eso, además queremos que sea algo un tanto reservado, ya sabes, solo los del grupo.
- Ahora sí, con mayor razón tengo que estar ahí, ¿el señor Fujitaka sabe que ella irá?
- El comportamiento de Sakura siempre ha sido impecable, no tiene motivos para dudar de ella, pues a pesar de ser la más pequeña del grupo, siempre ha sido muy correcta… Demasiado – dijo Tomoyo rodando los ojos
- Mas te vale que la cuides Daidouji – dijo Shaoran señalándola con el dedo
- Sí, sí, papá Shaoran… Pero tienen que entender que está creciendo y no será la misma por siempre.
- Lo sé, siento como si hubiese dejado de verla por años, está muy cambiada y cómo la miran
- Ven, vamos a tomar algo, pediré que alguien me reemplace.
Se adentraron en el salón que tenía bastantes personas degustando los diferentes platillos y tomaron asiento en una mesa apartada, desde ahí podía observar mucho mejor la labor de la castaña pero por un momento le hubiese gustado no hacerlo ¡Cómo era posible que no se diera cuenta! Y además estaba ese Einishi.
Por Dios, ¡era tan obvio! Se acercaba demasiado a ella, a veces la tomaba sutilmente por la cintura o le decía cosas al oído, sentía que su corazón latía como loco pero no por las mejores razones, Sakura tenía que darse cuenta y seguramente le gustaba eso porque no lo rechazaba. Que equivocado estaba.
Era lógico que estando tanto tiempo sola, caerían como buitres y ese muchacho siempre había estado detrás de ella.
- Disimula Shaoran.
- ¿De qué hablas? – respondió Shaoran aun sin mirarla.
- Estás por caerle a golpes y por si te lo preguntas, no, ella no se da cuenta, cree que él no tiene ninguna intención de algo serio – respondía Daidouji tranquilamente mientras bebía su te.
- ¿Cómo puede ser que no se dé cuenta? Es tan obvio.
- Parece que no la conocieras, ella juzga al mundo como ella lo ve, y como ella no hace eso y se acerca a los demás con sinceridad piensa que los demás son iguales. Además… Shaoran, mírala, es hermosa y agradable en todos los sentidos, ya no es la misma niña que dejaste aquí y tarde o temprano va a pasar, no pretenderás que se quede sola.
- Lo sé Tomoyo, creo que debería soltarla ya, es lo más lógico, nuestras vidas nunca serán las mismas y el corazón cambia.
La amatista solo guardó silencio, como en el pasado, consideró que no era prudente intervenir en algo tan complejo pues un consejo inadecuado quizá podría hacerles más daño.
- Creo que lo mejor será que salgamos de aquí.
- No te preocupes, no quiero que te regañen, yo iré a dar una vuelta y regresaré más tarde ¿te parece?
- Claro que sí, seguro Sakura estará lista para entonces.
Shaoran aprovechó el tiempo para ir a aquel lugar donde solía pasar horas con Sakura, allí estaba el árbol de Sakura que increíblemente aún conservaba alguna de sus flores, anhelaba volver a esos momentos tan felices, donde el futuro dejaba de importar y solo se encargaba de disfrutar de su compañía.
Hola!
Bueno, terminó mi fin de semana de muerte y sí, fue de muerte jejeje demasiadas cosas por hacer pero gracias a Dios todo salió bien, espero que ustedes hayan pasado muy lindo fin de semana, que hayan aprovechado muy bien el tiempo en sus actividades.
Les dejo este capitulillo... El que sigue es un poco más... Eejemmmm ya lo verá jejejeje como deben saber ya está listo y de ustedes dependerá qué tan pronto lo publico muajajajaja (la maldá)
Como siempre, mis más sinceros agradecimientos por sus reviews, por leer la historia y agregarla a sus favoritos.
Abrazos y besos queridos lectores
Ale-San
