Muy apenada, muy muy apenada. Lamento haber tardado tanto en publicar, pero véanlo de este modo, jeje, al menos quedaron restituidos los domingos *risilla nerviosa. Sonido de grillos al fondo* a quien quiero engañar, no merezco vivir.

Espero que cuando menos les guste el capitulo y no me castiguen por mi irresponsabilidad

Resumen: En un reino aparentemente pacífico, vive Zoro, un príncipe. Aparece en escena Robin, una misteriosa mujer de quien nadie sabe nada. Mi mundo y el tuyo. Diferentes. Incompatibles. ¿Podemos cambiarlo?

Advertencias: Como es universo alternativo es un poco difícil manejar algunas cosas. Estoy tratando de evitar por completo el OoC, pero no garantizo nada. Espero que en este sentido sean buenos conmigo, hago mi mejor esfuerzo para tratar a mis queridos Zoro y Robin.

Disclaimer: One Piece y sus personajes son del gran mangaka Eichiro Oda (*^* Oda sama!). Yo escribo esto únicamente por diversión y sin fines de lucro.

Dos mundos

Capítulo 10: No llores

Robin se internó en la vieja biblioteca y caminó hasta encontrar el estante donde poco a poco había ido acomodando, al paso de los años, los libros que iba leyendo, y sobretodo aquellos que se convertían en sus favoritos. Todo se encontraba lleno de polvo y telarañas; larga había sido su ausencia.

Mientras pasaba su mano por encima de su mesa y sus dedos quedaban cubiertos por una pequeña capa de polvo, rememoró lo que un rato antes había sucedido al ver a Mr. 0

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Cuando había entrado a ver a Mr.0, lo encontró sentado frente a una mesa leyendo unos papeles, probablemente reportes de otros agentes, o de los unluckies, cualquiera parecía una opción factible. Tenía una mueca seria en su rostro y una copa de vino frente a él, puesta sobre la mesa junto a una fina y exclusiva botella que solamente él tenía el poder de degustar.

El sonido de los pasos de Ro…Miss All Sunday, llamaron su atención, de modo que levantó la vista hacia ella, apareciendo en su rostro una sonrisa que era todo menos sincera. Ella sabía que no podía fiarse de eso, bajo ninguna circunstancia, para suponer que él podía estar de buen humor.

-Miss All Sunday, qué gusto verla- saludó él en un tono engañosamente cordial- Hacía mucho que no recibía noticias de usted. ¿Cómo está todo?

Ella no contestó, pues sabía bien lo que había detrás de ese amable saludo. Al notar la seriedad de la mujer, él dejó la fachada.

-Así que…princesita, ¿quién te llevó esta vez?

-Un hombre...extranjero.

-¿Con dinero?

Ella asintió.

-Pero nada que realmente valiera la pena- se apresuró a acotar. En este punto, Mr. 0 levantó una ceja.

-¿Algún poder político?

Ella negó con la cabeza, con la mayor tranquilidad aparente, pero sintiendo un fuerte nudo en el estómago. Después de todo, le estaba mintiendo deliberadamente alguien que podía matarla sin problemas en el momento en que quisiera.

Mr. 0 miró la copa que tenía frente a el. La tomó con su mano izquierda y le dio un par de vueltas, viendo el líquido formar pequeñas ondas en su interior. Luego la acerco a su rostro y aspiró el aroma del vino. Le dio un pequeño trago y su vista se levantó hacia Miss All Sunday, probablemente tratando de encontrarla distraída o temerosa. Sin embargo, la expresión en el rostro de la morena no había mostrado la más mínima variación; parecía simplemente estar esperando a que él agregara algo, cualquier cosa.

-En todo caso, debo preguntarte, ¿Por qué desapareciste por tanto tiempo? Si no valía la pena que te ausentaras, no veo porqué lo hiciste.

Ella le sostuvo la mirada y su boca se endureció. No pudo evitar que el tono de su voz fuera altanero al contestar:

-Era lejos de aquí. Estaba atada con kairoseki. Ambos sabemos que aunque tengamos métodos para hacer que funcione hay cosas que simplemente no van a resultar como quisiéramos.

Mr. 0 se puso de pie y la miró con el enojo tatuado en su rostro. Robin comprendió en seguida lo que había hecho, pero no cambió su postura ni disminuyó su convicción. Él rodeó la mesa y caminó hacia ella. Se paró frente a Robin y la tomó de la barbilla mientras ella le sostenía la mirada aún, sin dudar un segundo.

-Espero que estés conciente del error que acabas de cometer.

Errores había cometido muchos últimamente. No era como si lo lamentara de todos modos. Asintió.

-Bien. Te lo pasaré por esta vez- dijo, soltándola- pero nunca vuelvas a ponerte a mi nivel, hermosa. Recuerda que ya no eres quien fuiste en el pasado aunque en el fondo quieras pensar que así es.

Ella volvió a asentir, ocultando que estas últimas palabras realmente le afectaban mucho más de lo que iba a admitir, al menos frente a él. Mr.0 la miró de arriba abajo en un examen de lo más incómodo en innecesario, pero en seguida terminó y se dio la vuelta.

-Si no tienes ninguna cosa pendiente, puedes descansar un par de días- indicó, caminando de regreso a su asiento.

-Sí, gracias.

-Y antes de que te vayas- dijo el, cuando vio que ella iba a darse la vuelta para retirarse- algo muy importante: escuché que unas personas nos están cazando. Atenta. Ya sabes qué hacer si te das cuenta de algo. No tengas piedad con nadie.

-Sí. Como ordene.

Volvió a darse la vuelta, pero esa voz la volvió a detener. Ella volvió a voltear, inquieta, pero sin demostrarlo.

-Y una cosa más: si me entero de que… me has mentido…-susurró, levantando de nuevo la copa frente a su rostro, mirándola, para después volver a mirarla a ella- no dudes que lo buscaré, y podrás olvidarte de él para siempre, ¿me has entendido, Nico Robin?

Robin sintió de nuevo ese hueco en el estómago, pero no permitió que se mostrara en su cara. En seguida pensó en él y en seguida todo su interior pareció hacerse añicos mientras su exterior se mantenía firme. Asintió una vez más.

-Ahora retírate.

Miss All Sunday se dio la vuelta y salió de la habitación.

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Trató de alejar el recuerdo, y para ello decidió en ese momento enfocarse únicamente en sus amados libros. Buscó con la mirada una tela que solía usar en estos casos; era frecuente que ocurriera que su lugar especial estuviera así, sucio, y lleno de polvo cuando regresaba luego de varios días. Se puso cómoda y miró una pila de libros que había dejado la última vez allí, sobre su mesa. Iba a empezar a leer cuando escuchó cerca de ella un par de notas tocadas a violín, y luego, como ese violín era afinado un poco.

Una sonrisa ladeada salio de sus labios mientras casi sin querer comenzaba a tararear la primera canción que le había venido a la mente.

-Oh… Robin san ya se encuentra aquí- pronunció la melodiosa voz que se acercó a ella- extrañaba tener un publico a quien tocarle mis canciones.

-Y yo extrañé oír tus bellas melodías, Brook san- le contestó mientras él se sentaba a su lado. A pesar de que se trataba de un esqueleto parlante, no tenía motivos para temerle y eso lo sabía más que bien. Es más… estaba deseosa de escucharle tocar alguna canción y se lo pidió en seguida.

-Si toco lo que usted me pida, ¿me dejará ver sus bragas?

Robin sonrió.

-Sabes que no.

-De todos modos tenía que intentarlo- rió él- …será un gran placer, Robin san. ¿Alguna canción en especial?

-Sólo algo tranquilo para leer un rato.

-Muy bien.

Y con esto, Brook comenzó a tocar una melodía suave y deliciosa. Robin le sonrió, para luego tomar uno de sus libros y ponerse a leer.

Sin embargo, su concentración y sus buenas intenciones se vinieron abajo cuando se percató de lo que estaba leyendo:

para hacer la fortuna de mí la más miserable de las mujeres, me hizo primero la más feliz, de manera que al pensar lo mucho que había perdido fuera presa de tantos y tan graves lamentos cuanto mayores eran mis daños…

Robin cerró el libro abruptamente, sobresaltando un poco a Brook, quien a pesar de la sorpresa no dejó de tocar. Continuó hasta que terminó la canción, y en todo ese tiempo Robin no dejó de escucharle, sin dejar de ver frente a ella las tapas gruesas y rojas del libro que contenía la historia que alguna vez, a pedazos, ella le había contado a Zoro.

Recordó su mirada fija en el techo mientras ella no le quitaba la vista de encima, fingiendo leer cuando en realidad solo estaba recitándole versos que se sabía de memoria, aprovechando la distracción para verlo, para preguntarse cosas acerca de él, tratando de descifrar su vida solo con verlo respirar. Revivió el momento en que él cerró sus ojos al terminar ella una frase, y su respiración tornándose tranquila mientras se quedaba dormido profundamente. Recordó el tacto de su piel cálida cuando le arropó, y su propia preocupación porque él tuviera una buena noche, sin complicaciones, sin dolor, sin pesadillas. Rememoró sus ganas de quedarse, de acostarse a su lado, en una orilla, de tomar su mano y no soltarle, solo para que el agarre de él, siempre poderoso y firme, le confirmara que seguía con vida y estaba bien.

Recordó entonces cada centímetro de su piel morena, cada gota de sudor y de lluvia que ella se había llevado de allí con sus labios, cada gruñido salvaje que había llegado a sus oídos, cada caricia que la había hecho estremecer, cada beso que poco a poco había conseguido apagar el frío que había en su interior…

-No puedo…- susurró, en voz tan baja que Brook sólo escucho una especie de zumbido. Ella apoyó los codos en la mesa y sujetó su cabeza entre sus manos. Luego se cubrió la cara.

-¿Ocurre algo, Robin san?- preguntó el músico sinceramente alarmado por el comportamiento de la morena. Ella negó con la cabeza y trató de sonreír, aunque le estaba costando muchísimo trabajo hacerlo. Para calmar un poco los ánimos, Brook siguió tocando, una tras otra, las canciones más tranquilas que tenía en su repertorio, e incluso improvisó un par de melodías que sirvieran para calmar un poco a la morena, fuera lo que fuera que estuviera pasando con ella en esos momentos. No le iba a preguntar, como nunca lo hacía.

Ella se quedó allí, escuchando las canciones y tratando de relajarse un poco…de calmarse, de evitar sentirse como lo estaba haciendo. Porque ella ya había decidido dejarlo ir y olvidar todo lo que había pasado, ¿porqué ahora?

Hablar con Crocodile había sido inquietante, recordándole lo frágil que era su posición en ese lugar e incluso su vida misma, en relación con lo que él podía hacer para lastimarla o simplemente ponerle fin.

Se levantó cuando decidió que no debía hacer entristecer a Brook. El pobre ya tenía bastante con la soledad en la que vivía como para que además ella solo fuera a él para ahuyentar su tristeza. Le puso una mano en el hombro y le sonrió en agradecimiento por sus canciones.

-Vendré después- prometió.

-Tu compañía siempre es grata, Robin san.

Ella asintió y camino a paso lento a través de la biblioteca. Salió y caminó por los pasillos de vuelta a su habitación.

Cuando llegó allí, el mismo million de antes seguía sentado junto a su puerta. Ella frunció el ceño, aquello no le daba confianza. Caminó hasta él y se quedó parada, escuchando atentamente pues le dio la impresión de que estaba dormido.

Esperó un momento de pie junto a el, y al parecer se percató de su presencia porque en seguida se incorporó y se quedó frente a ella, como esperando que dijera algo. Robin encontró un poco inquietante el hecho de que no podía distinguir su rostro, pero lo dejó tranquilo pues entendía perfectamente ese afán por esconderse y mantenerse así, oculto.

-Creí haberle dicho que se fuera a otro lado- le dijo con cierta dureza- así que haga el favor de retirarse. Entiendo que es nuevo en esto así que se lo voy a poner claro; no me gusta que me sigan ni que me busquen si no hay necesidad de ello.

Al terminar de decir esto, ella se quedó de pie, esperando a que él se retirara. El silencioso million inclinó la cabeza en acatamiento, se dio la vuelta y se perdió por el pasillo. Miss All Sunday se quedó allí hasta que lo perdió de vista y posteriormente entró a su habitación.

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Pero el million no se alejó del todo. Cuando se percató de que Robin estaba ya dentro de su habitación, volvió a acercarse a la puerta y a partir de ese momento y durante un par de horas más, ejerció una vigilancia implacable.

Sin embargo lo único que logró dilucidar fue que ella salió un rato después por aproximadamente media hora, y luego regresó. Probablemente había ido a comer. Pronto se dio cuenta de que no había ningún punto para estar así, escondido entre las sombras, espiándola. Después de todo ya sabía casi todo lo que necesitaba saber; ella estaba allí y el líder de la organización estaba en ese cuarto helado al que habían ido antes. De modo que lo único que estaba haciendo era, básicamente, esperar el anochecer.

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Llegado el momento se puso de pie y comenzó a hacer su camino de regreso. Recorrió pasillos y escaleras, y llegó un momento en el que creyó estar caminando en círculos. Finalmente se encontró cerca de un gran pasillo y al final de éste vio una gran puerta que daba al exterior. Cerca de la puerta, estaban parados un conjunto de millions. Igual que él, tenían sus rostros cubiertos.

Uno de ellos fumaba. Entre los otros había una mujer, un hombre bastante grande y un tercero que llevaba encima a otro de apariencia delgada, que se portaba bastante hiperactivo, por cierto. Los reconoció en seguida.

Se acercó y mostró la empuñadura de sus espadas que todo este tiempo había mantenido escondidas detrás de él –de todos modos nadie le había prestado atención más que Robin y ese hombre que estaba con ella.

Entonces, el million que fumaba les hizo una seña para que lo siguieran. Caminaron un par de minutos hasta una habitación, oscura y algo sucia pero perfectamente alejada. Nadie les diría nada estando allí, para empezar, parecía que nadie los había visto entrar.

Finalmente los millions se descubrieron las caras y se reconocieron unos a otros con alivio. No se habían cruzado en todo el día y era bastante inquietante pasar tanto tiempo separados, encontrándose en territorio enemigo.

Se sentaron en el piso formando un círculo.

-Bueno, ¿Y qué encontraron?

-No hay mucha gente aquí- comenzó Ussop- Luffy y yo estuvimos recorriendo casi todo el castillo. Hay unos pocos guardias además de los que emboscamos, y creo que un par de sirvientes que se encargan del mantenimiento del castillo, pero nada más.

-Hay tres puertas más aparte de la principal- continuó Nami- y bueno, en los pisos superiores hay varias habitaciones a medio destruir. Creo que nadie va para allá, el lugar se ve bastante desierto, en caso de ser necesario movernos por algún motivo podemos ir hacia allá.

-Sí, y un piso arriba de este hay una enfermería con muchas cosas útiles, de hecho…- Chopper volteó a ver a Zoro- te tengo que revisar. No creo que hayas mejorado nada considerando la manera en que te has mal pasado los últimos dos días.

-Bien. Yo…- habló Sanji- al parecer hay un hombre muy fuerte como encargado por aquí. Un tal Mr. 1 y su compañera. Hay que cuidarnos mucho de él. Bueno, ¿y que hay de ti, marimo?- le preguntó a Zoro, quien lucia algo distraído- ¿encontraste algo interesante?

Zoro lo miró y asintió. Frunció el ceño.

-Encontré a Robin y al líder de la organización- les soltó de la nada, sin preocuparse por explicar ni por tener un poco de tacto. Fue tan sorprendente su declaración como la patada que Sanji le soltó a continuación.

-¿Cómo puedes decir algo así con semejante tranquilidad?- le preguntó, aún sin intenciones de recibir su respuesta.

-¡No agredas a Zoro, recuerda que está grave!- le recriminó Chopper, que seguía en su heavy point, de modo que le fue muy fácil darle un golpe en la cabeza a Sanji.

-¿Quién dijo que estoy grave, tanuki?

-¡Hey Zoro, no llames tanuki a Chopper, él solo te defendió!

Nami comenzó a masajearse las sienes mientras ellos comenzaban a discutir.

-Zoro…- la voz de Luffy los hizo detenerse. El pequeño no había dicho nada en todo ese rato y su actitud comenzó a ser sombría desde el momento en que Zoro habló- dices que sabes donde está su líder….

-Así es…- contestó el peliverde un poco dudoso, sentándose un poco más tranquilo en su lugar.

-Dime donde es.

Todos guardaron silencio. ¿De verdad iban a enfrentarlo así nada más?

-Luffy, no hay que precipitarnos- dijo Sanji, encendiendo un cigarrillo más- no sabemos nada sobre él, qué está haciendo, qué tan fuerte es…

-No necesito nada de eso para enfrentarme a él.

-Sanji tiene razón, Luffy- concedió Ussop-tú eres muy fuerte pero ten en cuenta todo lo que ha pasado aquí. Piensa también en Robin y el hombre que estaba con ella, y en ese tal Mr.1. Creo que lo mejor sería asegurar algunas cosas antes de comenzar a pelear con el líder.

Luffy se quedó sentado viendo hacia el piso. No podía dejarse llevar por sus impulsos, esta vez no era solo su bienestar lo que estaba en riesgo sino también el de todos sus amigos. Infló las mejillas en un curioso gesto que ocasionó en ellos varias sonrisas cariñosas.

-Apuesto a que tienes hambre- dijo Sanji, poniéndose de nuevo la tela con la que cubría la mitad de su rostro, y un gorro- iré a la cocina a ver que puedo traer.

-Trae algo de alcohol, ¿quieres, cejillas?

Sanji le hizo una seña bastante ofensiva y Zoro le lanzó lo primero que tuvo a la mano (una silla), justo en el momento en que el rubio desaparecía tras la puerta.

La perspectiva de comer no pareció animar mucho al Luffy, pero decidieron dejarlo así por el momento. Dormirían allí, no había camas pero por lo menos era mejor de dormir casi al aire libre como la última vez.

Chopper se dispuso a revisar a Zoro. Se sentó a lado de él y sacó algunas cosas de su mochila, entre ellas una libreta donde había estado anotando todo lo que había observado en él los últimos días.

Primero le tomó la presión.

-¿Cuánto tienes sin dormir?

Zoro se encogió de hombros.

-No mucho. No sé. No recuerdo.

Chopper negó con la cabeza. Puso su pezuña en el estómago de Zoro e hizo presión.

-Dime si te duele- Zoro lo miró con un gesto aburrido. Chopper volvió a mover la cabeza mientras lanzaba un suspiro-¿Has comido algo desde ayer?- y el peliverde siguió en esa misma actitud.

-Tampoco recuerdo- Chopper frunció el ceño y se vio tentado a pellizcarlo o darle un buen puñetazo, pero se dijo a si mismo que eso no era apropiado.

-Estás consciente de que tu estado de salud no es el mejor. ¿Sabes que si hubieras obedecido lo que te dijo el medico desde un principio ya estarías completamente sano? Pero no, siempre tienes que hacer las cosas a tu modo- suspiró mientras le daba una pastilla que había fabricado él mismo, metiéndosela en la boca por sorpresa, y a continuación Zoro la tragó con mucho esfuerzo- cuando vuelva Sanji comerás bien, nada de alcohol, y dormirás por lo menos hasta que amanezca. Nada de guardias nocturnas y por supuesto olvídate de tus espadas hasta que salgamos de esta habitación, ¿comprendes?

-Tsk- Zoro frunció el ceño, verdaderamente fastidiado- sí, sí, lo que digas. ¿Quieres por favor dejar de tratarme como si fuera un idiota?

-¡Pues así será hasta que me demuestres que no lo eres!- contestó el reno ya bastante cerca de la desesperación. Chopper nunca había tenido un paciente más terco y cabeza dura que Zoro. Luffy tenía sus cosas, pero si le daba algo que comer mientras tanto conseguía distraerlo un poco. Ussop solía ser bastante miedoso pero al final cooperaba por su salud. Sanji era enojón y cabeza dura como Zoro pero cuando menos era más responsable de sí mismo. En cambio el peliverde a veces simplemente le parecía caso perdido.

Al cabo de varios minutos consiguió que cuando menos se desatara las espadas de la cintura y se recostara por un rato. Pasaron varios minutos más y fue entonces que Sanji apareció en la puerta, bastante cargado con comida.

-La cena está lista- anunció en un tono animado, y no pudo evitar sonreír abiertamente cuando vio brillar los ojos de Luffy ante la vista de todas esas exquisiteces. –No había mucho en la cocina pero hice lo que pude.

Cenaron tranquilamente, claro, hasta donde Luffy en sus robos habituales de comida les permitió hacerlo. Finalmente durmieron, asegurándose que Zoro se quedara dormido primero para que no fuera a hacerles trampa. A pesar de lo que hubieran pensado en un principio, Zoro no protestó. Se recargó contra una pared y cruzó los brazos, quedándose dormido casi en seguida.

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No podía haber estado más feliz aun si hubiera tenido la oportunidad. Caminar por los pasillos llenos de luz del sol en la mañana la hacía sentir muy contenta, pero si había algo que siempre podía subir su ánimo, eso era ir de la mano con ella.

Ella era hermosa. Ella era bellísima; tenía unos ojos puros, una sonrisa sincera y unos brazos tibios. Tenía un cabello muy sedoso y una piel suave. Ella tenía una voz dulce y pacificadora, lo mismo para calmarla en una noche de pesadillas como para contener y ordenar a los más grandes ejércitos.

No siempre tenía tiempo para Robin, pero la pequeña princesa atesoraba cada momento que podía pasar a su lado.

-¿Cómo vas con tus lecciones, mi pequeña?

-Bien- contestaba ella tratando de seguirle el paso, tomada de su mano intentando levantarse un poco el vestido para que no le estorbara al caminar- me gusta mucho estudiar historia y lenguas. Dicen que he avanzado mucho para alguien de mi edad.

-Me alegro- y su dulce sonrisa iluminaba aún más que el mismo sol- ¿Y qué me dices de tus lecciones de etiqueta y protocolo?

-También me va muy bien- contestaba ella, contenta de poder reportar sus avances- dicen que ya podría ser anfitriona de mi propio baile.

Y ella soltaba una pequeña risa, mirándola con ternura.

-Eres ya toda una damita, mi cielo. Tu presentación será dentro de muy poco, ¿ya elegiste la tiara que usarás?

-No.

-Mejor todavía, porque te la regalaré yo. Estoy segura de que te encantará el diseño que escogí.

Y ella sonreía mientras llegaban a un gran salón, igualmente iluminado. Los sirvientes se desvivían por atenderlas mientras se sentaban a tomar el té, pero ella era el tipo de monarca que les hacia una seña para que se fueran mientras ella misma servía las tazas y el azúcar, para ella y para su hija.

Y eso solía ser el comienzo de un buen día.

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Robin cerró los ojos. Los apretó con fuerza y los abrió un par de segundos después únicamente para volver su vista al cielo, a las estrellas. Estaba acostada en el piso, cerca del agujero que antes era pared. ¿Porqué no había tomado otra habitación habiendo tantas allí? Simplemente porque esa era su habitación, siempre lo había sido y eso no tenía porqué cambiar.

Volvió a cerrar los ojos. Los apretó con fuerza.

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-Olvia sama- dijo de pronto un sirviente entrando allí, amenazando con romper la atmósfera entre madre e hija- Olvia sama, ha habido un problema…

Ella bajó la taza de té a la mesa. Miró al hombre.

-¿Sucede algo?

-Alguien atacó las aldeas del sur- contestó el hombre, terriblemente angustiado- necesitamos de su presencia.

Olvia guardó silencio un momento. Por segundos, pareció descomponerse de la impresión. Posteriormente, miró a su hija y le extendió la mano. El tiempo que pasaban juntas era sagrado, así que decidió que la pequeña la acompañaría a la habitación a donde tenía que ir.

La sala era donde se reunía el consejo de Ohara, a lo largo de una extensa mesa de madera. Madre e hija entraron y tomaron sus lugares. Los adultos hablaron de cosas que Robin apenas podía comprender en esos momentos. Habían atacado un par de aldeas. Se hablaba de rehenes. Y necesitaban la presencia de su madre. El consejo se negaba a dejarla ir, podía ser peligroso. Pero ella dijo que iría.

-Yo voy contigo- se apresuró a decir la pequeña princesa, sujetando el suave brazo de su madre, temerosa de dejarla ir.

-No, Robin- declaro la reina, acariciándole la mejilla- podría ser peligroso. Tú te quedarás y me esperarás aquí.

-Pero…

-Volveré pronto, te lo prometo amor.

Y luego le dio un beso suave en la frente, para calmarla.

Fueron juntas a dar un nuevo paseo por el castillo mientras los sirvientes alistaban todo para el viaje de Olvia.

Más tarde en su vida Robin comprendería que esa última media hora antes de su partida, su madre le había tratado de distraer platicándole cosas, sonriéndole y preguntándole más acerca de sus lecciones, con tal de que no se angustiara sin necesidad. Quien sabe, quizás la reina presentía lo que ese viaje podía significar.

Finalmente, ella tuvo que partir, no sin antes tomarla por última vez en brazos y llenarle el rostro de besos.

-Te quiero, mi pequeña Robin- le dijo- prométeme que te cuidarás mucho. Podría tardar en volver, un par de días. No vayas a llorar y has todos tus deberes. Cuando vuelva, quiero ver tus avances.

-Sí mamá…yo también te quiero- contestó la pequeña, para luego soltar a su madre, y verla subir al elegante carruaje por cuya ventanilla la miró hasta que salió por completo de los límites del palacio y de la visión de la pequeña.

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Robin trató de retener una lágrima, mas no lo consiguió. Rodó por su rostro y se quedó allí, colgando mientras el camino dejado a través de la mejilla se secaba.

Si hubiera sabido que era la última vez que la vería, le hubiera dicho algo más, no sabía qué, pero algo mucho más significativo que un simple "te quiero".

No sabía qué, pero…lo que fuera, algo.

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Habían pasado un par de días desde que Olvia se había tenido que ir, pero esto no preocupó a la pequeña princesa. No era la primera vez que sucedía, ella sabía que su madre era una mujer ocupada y que no siempre le iba a prestar toda la atención que ella quisiera. Lo que podía hacer era poner todo su empeño en hacer avances en sus estudios a cargo del profesor Clover, consejero del reino y su más entusiasta tutor.

Una mañana, encontró a su tutor algo nervioso, pero éste se limitó a comentarle que su madre se iba a tardar un par de días más de los calculados en volver.

Sin embargo este cuento se extendió durante más de una semana, y la pequeña pasaba mucho tiempo parada en las ventanas del salón del trono, esperando ver el carruaje de su madre entrando a las áreas cercanas al palacio.

Pero esto no sucedió.

Un buen día, hubo problemas en el consejo. Ella escuchó por equivocación.

-¿Cómo se lo diremos a la gente del reino?- preguntaba un Clover que de pronto le pareció veinte años más viejo de lo que era, al menos por el tono de su voz… parecía cansado.

-Es algo realmente lamentable pero tenemos que hacérselos saber. Lo importante será…estabilizar al reino después. ¿Qué haremos…?

-La princesa es muy pequeña, no puede tomar su lugar.

Robin, en este punto, dio un respingo. Hizo ruido y fue entonces que se dieron cuenta de que la princesa lo estaba escuchando todo, escondida tras una cortina. Clover fue quien localizó sus pies por debajo de la tela, se acercó a ella y la abrazó fuertemente.

Las siguientes escenas de todo aquello pasaban ahora por los recuerdos de Robin como una serie de sucesos difícilmente entrelazados entre sí. Entre ellos, la noticia de la muerte de su madre en boca de Clover.

Las palabras emboscada, accidente, problemas, repentino...

-Robin sama…usted…usted debería…

Y Robin se soltó de los brazos de su tutor y salió corriendo de allí.

Huyó y se perdió entre los bosques.

Viéndolo en retrospectiva, esa fue quizás la primera muestra de las inmejorables habilidades que desarrollaría tiempo después. De otro modo, ¿cómo una chiquilla conseguiría evadir tantos guardias y sirvientes, y correr por las calles, pasando inadvertida a pesar de ser la amada princesa de ese lugar?

Pasó varios días escondida…robando… asustada, desorientada. Recordaba haber llorado su pérdida días y noches, negándose sin embargo a ser encontrada y consolada.

Por que de hecho nadie la encontró y nunca supo muy bien cómo fue que eso sucedió.

Los sucesos de ese entonces eran ya tan borrosos.

Recordaba el Día del Fuego. El día en que Ohara fue borrada del todo de la memoria de los hombres, de los libros de historia, de los cuadros, de los mapas, siendo sustituida entonces por una mancha gris, polvorienta y despedazada, conocida ahora como Las Ruinas, considerado un lugar de terror, un sitio maldito.

Al salir de su autoimpuesto exilio, Robin estuvo días vagando por las ruinas que habían quedado, sin comprender por completo que eso, un par de días antes, había sido su hogar.

Una nota mental más en el repaso de sus recuerdos; tardaría meses en caer en cuenta de lo que había pasado. En comprenderlo. En entender que estaba completamente sola y que lo que lo que había sido nunca volvería a ser. Sin un reino, ya no podía llamarse a si misma una princesa.

Pero antes de que esto pudiese pasar, que tomara consciencia de la verdadera magnitud de su pérdida, el mundo finalmente se terminó para ella.

Fue cuestión de pocas semanas. Alguien la encontró. La atraparon, la maltrataron y sin que ella supiera exactamente qué rayos sucedía, la arrojaron a los pies de un hombre que le causó un profundo temor desde el primer momento en que lo vio.

Él la miró con desdén desde el primer segundo, a pesar de estar sonriendo. Desde ese momento, Robin supo en alguna parte profunda de su alma, que todo había terminado.

Reconoció la habitación como el salón del consejo, pero todo estaba tan destruido ya que le pareció estar viendo un edificio fantasma. Era su castillo, el que había sido su hogar.

-La princesa Robin de Ohara…qué interesante.

¿Quién era ese hombre? ¿Cómo la conocía?

Había tantas cosas fluyendo en su mente que no recordaba bien esa parte. Pero la imagen que había quedado grabada con más fuerza en su mente fue la del brillo en ese enorme garfio dorado acercándose a ella, amenazando con acabar con su inocente y frágil vida. Recordó haberse cubierto con las manos… semejante recuerdo de aquella situación la seguiría despertando por las noches aún con el paso de los años.

-¡No!- una voz intercedió por ella- ¡No puede matarla, es solo una niña!

Él volteó a ver a quien se había tomado el atrevimiento. El hombre de la voz rasposa no retrocedió ni se hizo pequeño.

-¿Rey del bajo mundo? Vaya sorpresa. ¿Porqué te interesa lo que pase con esta chiquilla?

Tardó un poco en contestar. Apretó los puños, y Robin supo que la miraba a través de esos lentes oscuros.

-Es sólo una niña. Y no es cualquier niña- se apresuró en agregar- es la princesa. Podría sernos útil.

A continuación, él lo miró con detenimiento.

Su salvador se quedó en silencio, sosteniéndole la mirada sin demasiados problemas. Luego la miró a ella. La tomó del brazo, la observó de pies a cabeza.

-Se ve fuerte- comentó. Su cuerpo era enorme comparado con el de ella- no creo que sea cobarde. Además sobrevivió. Piénselo… bien entrenada y aleccionada…eso sin mencionar que seguro será heredera de la gran belleza de la reina. Podría ser un arma letal en todos los sentidos. Además….tiene una habilidad.

-¿Es eso cierto?- preguntó ahora el hombre del garfio, aparentemente interesado y esperando que ella le demostrara. Robin, confundida, pero sabiendo perfectamente que de eso podía depender su vida, hizo emerger un brazo desde su espalda. El hombre hizo una sonrisa siniestra, sin duda, calculando qué tipo de ganancia le iba a redituar dejar a la niña con vida. Robin no sabría nunca qué pensó Mr. 0 en esos momentos, sólo podía conjeturar que algo habría visto en ella a largo plazo pues accedió de una manera rápida y sin demasiadas complicaciones a perdonarle la vida.

-Bien. La pondremos a prueba, y veremos qué sucede. Tú la entrenarás, y de ahora en adelante también serás su unlucky- sobra decir que en este punto, la pequeña Robin no comprendía nada de lo que estaba sucediendo. Lo único que supo después fue que el hombre que había hablado por ella era el antiguo líder de los bajos mundos de su reino (de ahí su ahora obvio apodo); había vivido bajo la ley por años pero no por eso era malo.

Robin entonces empezó desde abajo, por lo más difícil, pero su inteligencia y sus cada vez más grandes poderes eran su mejor respaldo. Franky, el rey del bajo mundo era severo y distante, pero la trataba bien habitualmente. Nunca le levantó la voz y podría creer que le tenía algo de aprecio. Con el paso de los años se hizo entre ellos un puente de complicidad y cariño hasta cierto punto.

Más tarde, luego de instalarse en lo que había sido su hogar y que ahora no sabía qué era, Robin descubrió que su biblioteca había sobrevivido, y ese era para ella el más grande tesoro. Brook también había sobrevivido, escondido entre los estantes, pero dispuesto a luchar si era necesario para conservar su… ¿Vida?

Robin aprendió a convertir ese mundo en su realidad.

El hecho era que, ya fuera por la última imagen de su madre grabada para siempre en su memoria, por Franky y su ruda amistad, por Brook y la biblioteca, o por el recuerdo que le suscitaba la mayoría de sus pertenencias casi intactas y recuperadas por una nefasta jugarreta del destino, Robin creció, resignada a su suerte en parte pero también completamente consciente de que por lo menos había sido una princesa, que no era igual a los vulgares agentes especiales que poco a poco fueron llegando y muchísimo menos a los aún más vulgares millions que no valían lo mismo que tan siquiera uno de sus cabellos. Se ocupó en seguir mejorando sus habilidades, en seguirse cultivando intelectualmente y en aprender hasta las más sucias artimañas para aprovechar cada punto fuerte de su persona, desde su inteligencia hasta su belleza. Fue ascendiendo hasta convertirse en la mano derecha de aquel hombre que siempre le había dado tanta desconfianza… de Mr. 0, de Crocodile.

Franky siguió siendo su unluky, pero ahora estaba por encima de él, quien se limitaba a buscarla y recogerla cuando fuera necesario, a advertirle cuando se tardaba demasiado o cuando parecía descuidar algún aspecto de alguna misión. A pesar de que a veces rompía las reglas, él nunca la había denunciado con el jefe, solo le preguntaba si estaba segura de lo que hacía y negociaba el silencio con otros agentes.

La hermosa asesina, porque había aprendido a asesinar también, como una profesional, se hizo de enemigos, pero nada que pudiera lamentar pues hasta ese momento no había conocido a nadie que pudiera superarla.

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Robin volvió a forzar sus ojos a abrirse y a observar las estrellas afuera, sobre el bosque. El viento helado entraba pero ella, acostada sobre el piso y envuelta en una sábana (su favorita) no lo notaba casi.

¿Qué la obligaba a permanecer allí, en esa organización?

Una esperanza. Una desgarradora esperanza.

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-Tu último intento de escapar fue bastante notorio para que yo no me diera cuenta, ¿crees que soy tonto?

-No.

El tiempo también la había convertido en un ser frío y altanero cuando era necesario. De ahí que Crocodile le recordara algunas veces que ya no era una princesa.

-Sé que el día en que de verdad te decidas yo no te voy a poder detener. Tengo un gran golpe que hacer y podría tardar mucho en realizarlo. Hasta entonces te quiero aquí.

Ella no contestó. Él continuó.

-Dime, Miss All Sunday… ¿Te gustaría saber de tu madre?

-Mi madre murió- contestó ella tratando de deshacer el nudo que sintió en su estómago.

-¿Viste su cuerpo? ¿Fuiste a su entierro? ¿Sabes al menos cómo fue que murió, sus últimas palabras?

-No.

-No puedes estar segura de que está muerta. Piénsalo.

Ella no contestó al momento, pero la palabra trampa en seguida cruzó por su mente.

-Señor…

-Tengo respuestas a cualquier pregunta que tengas acerca de la reina. Pero no te daré ninguna si no me ayudas a conseguir lo que deseo.

Robin no era muy mayor en ese entonces. 14 o 15 años tendría en aquellos momentos y a pesar de que ya era inquietantemente experta en todo lo que hacía, sus sentimientos seguían siendo suaves e influenciables. Se arriesgó, y aceptó.

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Errores… en su vida, Robin encontró tres.

El primero, huir. Huir cuando quizás algo podría haber hecho por su reino, por su gente.

El segundo, creer en Crocodile. Aunque llegó el momento en que dudó profundamente en sus palabras, había un ligero, delgado y frágil hilo de esperanza que lo ligaba a él, y el trato que habían hecho.

El tercer error de su vida fue Zoro. Mostrarse vulnerable, entregarse, tratar de romper el vínculo con la organización para quedarse con él…enamorarse.

Al final, el deseo de saber la verdad sobre su madre había podido más contra su deseo de quedarse con Zoro.

Había dolido, pero necesitaba cerrar ese capítulo de su vida para abrir otro…otro, que de hecho había acabado por su propia voluntad. Ahora no podía echarse para atrás.

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La mañana llegó y con ella, Zoro salió casi en seguida de la habitación vestido con las ropas del million. Sus espadas las llevaba ahora envueltas en una tela y amarradas a su pantalón, sujetas lo suficiente para, al menos en las sombras, aparentar ser una sola gran espada en lugar de tres. El día anterior Robin y el hombre de pelo azul no lo habían descubierto por puro milagro.

De modo que después de haber avisado a Ussop de que se iría, pues era quien se había levantado primero, salió de la habitación y se puso a recorrer los pasillos de la construcción a su acostumbrada manera errante.

Tardó un buen rato pero finalmente llegó a lo que reconoció como la habitación de Robin, y de hecho no tuvo que esperar mucho tiempo porque casi en ese mismo momento ella salía. Lo miró, y entonces pareció molestarse bastante.

-Creí haberle aclarado que no me gusta que me persigan ni que me espíen- le dijo, acercándose peligrosamente. Tanto, que Zoro pudo ver unas manchas en sus mejillas, ¿Había estado llorando?

No dijo nada. Se inclinó como si pidiera perdón y se dio la vuelta, improvisando una huída. Pero la tela amarrada a su cintura se aflojó y las espadas chocaron unas contras otras, generando un ruido que a Robin le pareció terriblemente familiar.

-Detente- ordenó. Él obedeció- vuelve aquí.

Él, contrario a sus costumbres, obedeció de nuevo. Se acercó. Se paró frente a ella y esperó.

Robin lo miró y al ver en sus ojos al fin creyó reconocer quién era ese million acosador.

Frunció el ceño mientras su mano le arrancaba de la cara la tela con la que se cubría así como la capucha sobre su cabeza.

-¿Qué demonios haces aquí?- preguntó, sintiendo que estaba al borde de la histeria- ¡Te advertí que detuvieras esto! ¡Tenías que volver a tu reino, a tu castillo, con tu padre, con tu princesa!

Zoro la tomo de los hombros para detenerla, para contener su desesperación. Robin le dio golpes con los puños cerrados, pero él los recibió sin problemas. La aferró a él sin pensarlo, la abrazó tratando de contenerla, mientras ella no dejaba de golpear. Ella finalmente se detuvo. Robin respiraba agitadamente, el aire se había escapado de sus pulmones sin que ella fuera capaz de contenerlo.

Dios, lo amaba, lo amaba tanto que no podía ocultarlo aunque quisiera. Verlo allí era un golpe, un golpe cruel que no podría soportar por mucho.

Ahí él se encontraba en peligro y ella misma no podía hacer nada por ayudarlo, llegado el momento de verdadero riesgo. Pero eso a él no le importaba y eso era lo que a Robin hacía enfurecer más.

Zoro la estrechó con tanta fuerza que ella no pudo continuar forzándose.

-No me iba a ir nada más así. Tu y yo tenemos mucho que resolver- le dijo cerca del oído mientras le acariciaba el cabello a esa incontenible amazona que pesar de todo no estaba indefensa en sus brazos- no me importa ni siquiera si piensas matarme. Tampoco me importa si al final tengo que matarte yo. Pero si esto sigue así ninguno de los dos va a estar en paz, nunca.

Ella seguía retorciéndose. Las palabras de Zoro las reconoció como la réplica tardía a las que ella le había dicho en la base 3. No sabía qué decir.

-¡Robin!- se soltaron antes de que Franky los viera. Venía caminando a paso veloz. Se veía realmente preocupado.

Zoro se ocultó de su vista y Robin hizo lo mejor que pudo por recomponerse.

-¿Ocurre algo?-preguntó fingiendo tranquilidad.

-Te busca. Quiere que vayas a verlo.

-Pero creí que…

-No sé explicártelo, ¿De acuerdo? Creo que tiene que ver con Mr. 3, llegó hace rato y se fue directo a hablar con Mr. 0.

Robin volteó al pasillo, a sabiendas de que oculto en las sombras, Zoro la observaba. Se mordió los labios, deseando no haber salido de su habitación en esos momentos.

Luego, sin decir nada más, siguió a Franky.

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-Maldición, ese imbécil nos delató-pensaba Zoro mientras corría por los pasillos, esperando que sus amigos siguieran en la habitación – tengo que advertirles a los demás.

Y apretó el paso para que su habitual tendencia a perderse no resultara fatal en esa situación.

Continuará…

Como habrán notado, este capitulo se centra algo en explicar la historia de Robin, qué tiene que ver Franky con ella, etc.

Ha sido muy difícil darle forma a este capítulo, decidir qué parte de la historia iba aquí y qué parte debía poner en el siguiente, entre otras cosas.

Me siento muy feliz, esto esta avanzando de maravilla, más de lo que esperaba. Estoy muy satisfecha con este fic.

Aclaración; no sé si recuerdan lo que es un unlucky. Según yo, en la saga de Arabastra, es una especie de soplón, que sigue a los agentes de Baroque Works y los delatan si hacen algo mal. También les toman fotos a ellos y a los posibles nuevos enemigos. En este caso, Franky es el unlucky de Robin en el sentido de que tiene que seguirla y regular sus actividades, mas no es un agente como ella o Mr.3.

Muchas gracias a todos por sus reviews :D sus palabras me animan a seguir escribiendo, me alegra que este fic tenga tan buena aceptación. Espero que lo sigan leyendo y que siga siendo de su gusto. Cualquier cosa que quieran comentar, no duden en decirlo.

Bueno, nos leemos pronto.

Besos

Aoshika October