Akatsuki no Yona
Hak / Yona
Advertencia: este capítulo cuenta con escenas descriptivas de encuentros sexuales.
Capítulo X
Estaba siendo testigo de las lágrimas que tanto había detestado ver y lo peor era saber que era él quien lo había causado. La misma persona que había jurado jamás hacer algo para provocar esa amarga expresión en ella. Había odiado a Soo-won por haberla hecho sufrir, sin embargo no era diferente a él. Había hecho lo mismo que Soo-won, sin embargo, de hecho, temía que fuera muchísimo peor.
—Siempre haces lo mismo –expuso ella.
No tuvo que preguntarle a qué se refería, porque resultó evidente. No tuvo como defenderse, sólo le quedaba escuchar lo que ella tenía que decir.
—Te he permitido conocerme como nunca había dejado que lo hicieran, te he dejado saber mis anhelos, lo que me asusta, me disgusta y me pone de mal humor. Me he sentido avergonzada de algunas cosas que te he confiado, pero aun así lo hice, porque quería darte el acceso a mi mundo –declaró -. Porque cuando te dije que te amaba lo dije porque lo sentía y porque de verdad creía en el proyecto que pensé nos involucraba a ambos en un futuro en común.
Le dolía el pecho con cada palabra que ella decía, porque todo había partido con la premisa de haber estado buscando a su lado justamente lo que ella le estaba reclamando. Había tenido la suerte de haberlo obtenido, pero él por el contrario, no se creía merecedor de aquello.
—Cuando dije que nosotros tres podíamos ser una familia no fue algo que no pensara con cuidado –reveló -. Lo hice de manera consciente, y deseando que pudiera concretarse.
Su tono se resquebrajaba con cada palabra que le dirigía y a él le aumentaba de manera proporcional la angustia.
—¿Y tú…? ¿Puedes decir asegurar que de verdad creíste en este proyecto como yo si lo hice? –inquirió.
Era tan fácil a veces olvidar el por qué toda esa situación se estaba dando a lugar. Sus sentimientos hacia ella eran legítimos y dejarse llevar cuando ella le sonreía era tan natural como respirar, y aquella bella expresión le adormecía el cerebro tal como operaba un barbitúrico.
—Me haces sentir casi todo el tiempo deseada cuando me miras y piensas que no me doy cuenta de que me estás viendo–habló bajando la voz, con notaria vergüenza -, sin embargo, hay otras pocas ocasiones en las que siento que no puedes soportar verme…
Los sentimientos de culpabilidad lo abordaban a ratos, justo cuando era demasiado feliz y el subconsciente le recordara que en realidad sólo era un usurpador, y aunque no dudaba de los sentimientos de ella hacia él, no podía simplemente aceptar autoengañarse. Tenían fecha de caducidad y sería justo cuando ella se enterara de la verdad…
—¿Por qué no me respondes, Hak? –quiso saber -. Necesito creer si he sido la única tonta pensando que había un futuro que construiríamos juntos.
Desde que ese sujeto había aparecido y la había buscado que estaba temiendo ese momento. Vivir con temor era un auténtico infierno, y sin embargo no podía arrepentirse de lo que había hecho. Había sido como vivir en el mejor de sus sueños.
—Pienso en lo nuestro todo el tiempo –reveló él finalmente.
Era cierto. Estaba tan ocupado adelantándose para el momento en el que todo terminase que por intervalos de tiempo –cada vez más recurrentes -, no vivía el presente, sino en un futuro en el que ella ya no estaba, y ella se había terminado percatando, cuando él creía que era un buen actor.
—Jamás imaginé que sería de esta manera y me estoy exponiendo como una mujer poco digna al exigirte hacer algo que tus acciones me hicieron creer que era lo mismo que yo quería, pero… ya no te creo, Hak… -se explayó con una expresión de tristeza que lo acompañaba un tono de voz lastimoso.
Una vez lo habían apuñalado cuando trató de impedir un asalto, y el dolor había sido tal que era comparable con lo que sintió en su pecho al oírla reclamar por su atención. Al escucharle decir que creía que no la amaba.
—Te amo… -rebatió con seguridad.
Sin embargo ella sólo mostró una sonrisa que no transmitía alegría alguna.
—Ya no te creo –reiteró.
De todas las cosas, esa era la más grande de las verdades, y ella no le creía.
—¿Cómo voy a creer que me quieres si hace más de dos semanas que no me tocas? –expuso con voz baja -. Si cuando estamos solos siempre buscas la forma en que dejemos de estarlo...
No era porque no la deseara, sino por todo lo contrario. El temor de perderla había hecho que tratara de prologar de manera burda algo que era insostenible en el tiempo.
—A no ser que sea cierto que me amas y todo esto sea porque… ¿Es por lo que le pediste a Soo-won que hiciera? –encaró finalmente.
Ella lo miró fijamente y entendió que eludir el tema no era una opción viable. Su temor más grande se había convertido en una muy vívida pesadilla: Yona sabía la verdad.
—¿Te sientes tan culpable por eso que ya no puedes mirarme directamente? –habló con enojo –espetó.
¿Hablarían de lo mismo? No parecía ser otra cosa, pero sólo por si acaso había una mínima posibilidad, lo intentaría. Al menos debería cerciorarse de que hablaban de lo mismo.
—¿De qué estás hablando? –quiso saber.
—¿Por cuánto tiempo pretendes verme la cara? –preguntó molesta -. ¿Cuánto tiempo pretendes mantenerme en el desconocimiento?
No lo dijo, pero era seguro: ella lo sabía…
—¿Te lo dijo él? –consultó evidentemente celoso -. ¿Cuándo fue?
No podía evitarlo, el saber que se había encontrado sin él saberlo evocaba su furia. Temía que volviera a su lado más de lo que le temía a la muerte.
—¿Quién más? –contestó -. ¿O acaso alguien más sabe que me ocuparon como una moneda de cambio?
Había dejado de llorar, hacía un rato pero una lágrima silenciosa volvió a humedecer donde todavía se le marcaban los surcos del llanto anterior, no obstante ella se la secó con tal rudeza que dejó su rostro enrojecido por la brusquedad de aquel movimiento.
—¿Y de verdad todo lo que puedes preguntarme es "cuándo fue"? –sostuvo incrédula
¿Qué podía decirle? Odiaba a Soo-won por haberle dicho la verdad, pero él mismo había estado esperando a que ésta se descubriera, de cierto modo. Creía en eso de que "la verdad siempre sale a la luz". Al final todo se sabía y se sorprendía más rápido a un mentiroso que a un ladrón, como decía su abuelo…
—Por esa beca… -dijo ella.
Él miró hacia otro lado, pero siguió escuchando atento a lo que ella decía.
—Le pediste que se fuera, y para convencerlo le ofreciste la beca que tú habías ganado –aseguró con completa certeza.
Temblaba, aunque no hacía frío. Esas palabras eran escalofriantes, así como su rostro en ese momento inexpresivo.
—¿Por qué hiciste eso? –demandó saber.
Era tan obvio que le costaba trabajo que ella no concluyera por si misma lo que era evidente.
—¡Dímelo! –exigió.
Aunque se había estado preparando para ese instante, las palabras no salían. Había pensado en la situación, más no como explicarla y salir airoso. No era un buen mentiroso de cualquier modo, y no sabía cuánta información ella manejaba en realidad, así que sólo pudo pensar en decirle la verdad, pensar en una alternativa sería ofensivo.
—¡Porque odiaba que lo esperaras por horas para sólo estar unos minutos con él! –reveló finalmente -. ¡Porque no podía tolerar que no te diera la atención que merecías!
Desde que la discusión había tenido lugar, que la expresión de ella no había cambiado, sin embargo podía observar en ese instante un rostro que expresaba una de una de incredulidad a una de completa sorpresa.
—¡Porque él no te daba el lugar que yo consideraba debías tener! –continuó con sus descargos -. ¡Porque deseaba tomar su lugar en tu vida y no me importaba el costo! Y aunque me arrepiento porque te hice sufrir con mi egoísmo, con ello comprobé que tenía razón sobre lo que creía de él y lo que sentía por ti.
Ella lo miró y preguntó con suavidad:
—¿Qué habías estado pensando? –quiso averiguar.
No pensó que la vería tan entera al decirle que siempre creyó que él no la quería, por lo que se armó de valor y continuó:
—Que él no te quería del mismo modo que tú a él… -dijo en un susurro -. Que si yo estuviera en su lugar, una beca no me apartaría de tu lado. Que si yo fuera él, no te haría sentir sola jamás…
Escucharse a sí mismo verbalizando lo que nunca se había atrevido, se sentía como si se quitara una gran roca sobre sus hombros.
—Si alguien me hubiese propuesto ese tipo de trueque ni siquiera lo hubiese considerado, y antes de que hubiese terminado de decirlo le hubiese partido la mandíbula–explicó -. Le ofrecí que se fuera él en mi lugar, y él simplemente aceptó, aunque creo que comprendió el motivo sin que se lo dijera.
Hubo una pausa que él deseó que hubiese sido más larga, porque ser así de honesto era difícil.
—¿Qué es lo que entendió? –profundizó.
—Lo que tú ya debes haber concluido –se fue por las ramas.
La mirada que le otorgó le hizo saber que ella no estaba para esa clase de respuestas evasivas.
—Que estaba enamorado de ti –confesó -. Y que no estaba dispuesto a alejarme aun si tu querías a alguien más...
Ella parecía como si estuviera pensando, aunque no lograba darse una idea sobre qué era lo que pasaba por su cabeza en esos momentos.
—Pero esa beca hubiese cambiado tu vida… -susurró ella -. Aplicaron cientos de personas y de entre todas ellas tú fuiste el ganador, ¿cómo serían las cosas si hubieses seguido con ello…? ¿Dónde estarías ahora…?
Él negó con la cabeza. Ella no era la única que le había preguntado lo mismo, sus profesores le habían preguntado si acaso se habían equivocado al escogerlo a él por sobre los demás al negarse a ir a donde todos aspiraban que fuera…
—Enamorarme de quien se supone no debía fue lo que cambió mi vida–reconoció avergonzado -. Jamás me he preguntado qué hubiese pasado, o sobre cómo sería ahora todo…
Era la verdad. Además no sólo estaba ella, sino también su hermano que lo tenía sólo a él, y aunque podía confiar en otras personas para que cuidaran de él, no se sentía capaz de irse a otro país sabiendo lo frágil de su salud.
—Si hay algo de lo que me arrepiento de todo esto es haberme aprovechado de tu vulnerabilidad… –admitió.
Esa noche que la había besado por primera vez, había jurado no volver a asaltarla de esa manera, sin embargo no había podido detenerse al día siguiente, y así avanzó hasta que un día terminó haciendo lo impensado, metiéndose a su cama e iniciando una extraña relación en la que aunque tenían sexo y se besaban, seguían siendo amigos luego, que no hablaban de lo acontecido durante la noche.
Una relación de amigos con derecho, estando casados en realidad.
—Que me ofrecieras que nos casáramos fue algo completamente inesperado–expuso con una pequeña sonrisa -. Estaba feliz de que acudieras a mí, sin importarme mayormente las circunstancias que te llevaron a eso, lo único que consideré fue que me lo había pedido a mí y no a otro…
Notó un leve sonrojo, aunque no estaba seguro del motivo. Quizá la iluminación era mala, sus palabras habrían surtido alguna clase de efecto o tal vez era la furia. No podía saberlo, no sabía a ciencia cierta qué era lo que ella decidiría, estaba siendo completamente hermética.
—Entonces, Hak… ¿sabes lo que tienes que hacer ahora? –preguntó ella.
Creía saberlo porque tendía a pensar siempre en las peores opciones, e iba a ser difícil hacerle entender a su hermano, que se había encariñado con ella de una manera casi absurda, que tendrían que alejarse, sin embargo estaba dispuesto a pagar el precio de sus acciones, aunque lamentaba arrastrar a quien ninguna clase de culpa tenía.
—Sólo dame algo de tiempo… -solicitó -. Llamaré a Jae-Ha y le preguntaré si…
No alcanzó a terminar, porque Yona lo sujetó violentamente de la ropa, terminando agachado a su altura, muy cerca de su rostro.
—¿Qué es lo que estás pensando hacer? –quiso saber ella -. La verdad…
—En llevarme a mi hermano y nuestras cosas a su bodega –respondió nervioso.
Creyó que lo soltaría, pero ella no disminuyó su agarre en lo más mínimo.
—¿Hasta cuándo estarás con eso de irte cuando hay problemas? –inquirió ella molesta-. ¡Si ibas a huir, debiste haber tomado esa beca de mierda desde el comienzo!
Ella no solía expresarse así, por lo que no estaba seguro sobre qué esperar.
—Si ibas a irte así de fácil, no debiste haberte acercado a mí en primer lugar –manifestó.
Con toda razón ella le reclamaba, y es que él no se sentía a su altura. Ella era hermosa y de una renombrada familia, mientras que él no tenía la más mínima idea de quienes eran sus progenitores. A él literalmente lo habían recogido de la calle y tuvo la fortuna de que lo educaran y lo amaran sin que les importase su origen.
—No me interesa más –musitó ella con apreciable agotamiento -. Siempre optas por escapar en vez de resolver, pero ya no puedes…hazte cargo de esto que siento por ti ahora. ¡Hazte responsable de estos sentimientos que surgieron por ti!
No lo dijo literal, pero ella le estaba diciendo que no se fuera. No era un mal entendido, ella lo había dicho, pero él no era muy bueno con eso de captar los mensajes subliminales. Él había llegado a tener siempre los primeros lugares a punta de mucho esfuerzo y estudio, por lo que prefería las instrucciones claras y precisas.
—Iba a preguntarle, pero ella se le adelantó y aclaró sus dudas.
No irás a ningún lado –sentenció -. Olvídate de que te dejaré ir con Jae-Ha. Te quedarás, prepararás la comida, me irás a buscar cada día después del trabajo, veremos luego lo que sea que tu hermano o yo queramos ver y dormirás conmigo cada noche…
Así era la vida que llevaban hasta hacía poco. Él trabajaba media jornada en una oficina y pasaba por Tae-Yeon, que había terminado yendo a ese instituto privado que Yona insistió que debía ir. Finalmente en la institución habían procurado todas las precauciones para que él pudiera asistir, y para cuando supo que ella lo había estado planeado, ya estaban todos los trámites necesarios y sólo faltaba su autorización como su tutor legal. Terminó aceptando que fuera a esa escuela cuyo costo era el equivalente a tres tercios de su sueldo, y adoptando ese nuevo horario en el que trabajaba desde el apartamento nuevamente una vez que lo recogía y llegaban a casa luego de la jornada escolar.
—Decidiste por tu cuenta que Soo-Won no era bueno para mí –indicó ella -. Y probablemente si no lo hubieses hecho, yo todavía estaría corriendo detrás de él, encandilada y luciendo como una boba a tus ojos y los de los demás…
Él no había sido el único que había notado que su amor no era correspondido como lo merecía, no obstante en ningún momento creyó que fuese una tonta, simplemente que él no merecía a alguien como ella.
—Jamás he considerado que seas boba –clarificó -. Nunca…
La miró directamente al decir eso, y es que sus intervenciones desde que todo había comenzado habían sido pocas. Le costaba hablar y pensar en las palabras adecuadas, sin embargo al escucharla tratarse de esa manera, él simplemente no pudo sino esclarecer que no había modo ninguno que pensara eso de ella.
—Tal vez seguiría sin querer reconocer que ya sabía él no me quería... –admitió.
Ella lo dijo con tal naturalidad que le sorprendió escucharlo, aunque era la primera vez que la oía admitir que sabía que no era correspondida.
—Tú veías todo eso, ¿verdad? –preguntó evidentemente sabiendo que así era -. Comenzaste a acompañarme en esas largas esperas y siempre estuviste para llevarme a casa cuando él finalmente no llegaba a nuestras citas…
Había sido testigo de cómo ella emocionada preparaba las que ella pensaba eran "las citas perfectas" y estas no concluían como ella esperaba. De hecho, ni siquiera comenzaban porque simplemente él olvidaba a llegar, dando como excusa cosas como: "la lectura se había tornado demasiado interesante que no había sentido el paso del tiempo y no pude llegar…"
—No me interesa más cómo empezamos tú y yo –reiteró ella -. Sólo me importa esto que tenemos ahora… porque es real para ti también, ¿verdad…?
Sus palabras disiparon todos los miedos y el fuerte sentimiento de culpa que arrastraba desde entonces.
—No –respondió secamente.
La expresión de Yona cambió de manera radical, y repasando la respuesta se dio cuenta de que no se había explicado bien y se apresuró a aclararlo.
—No se siente real estar escuchándote decir estas cosas –explicó.
Ella lo besó apremiantemente, de la forma en la que había estado evitando durante todos esos días, y él le respondió tan necesitado como parecía estarlo ella a su vez, y sin esperar se sentó y ella tomó una posición sugerente sobre él, que le permitió aproximarse lo suficiente como para no poder mirar hacia ningún otro lugar que no fueran sus ojos.
—Me sentí sola y rechazada durante este tiempo –reconoció -. Pero igual sentía que lo merecía por haber hecho lo que hice contigo…
No era que él no quisiera, era que la culpa lo carcomía y el miedo a perderla lo superaba. Intentó mantener distancia con la absurda creencia que si no estaban lo suficientemente cerca, podría prolongarlo un poco más, aunque en realidad había sido agónico el estar tan cerca y a la vez lejos. La primera semana se había estado masturbando como un bonobo adolescente, y la segunda ya no le encontraba sentido y ni siquiera se le paraba, sin embargo ahí estaba de nuevo, con la sangre ardiendo. Se había excitado desde el momento que comenzó a entender que su suerte iba a ser muy distinta de lo que había imaginado que sería.
—Estás excitado, Hak… -susurró ella al notarlo.
Era ridículo lo rápido que ella conseguía ponerlo duro, no obstante no lo podía controlar, y en realidad Yona no había hecho algo en particular para provocarlo. Temió por un momento que ella se asqueara, y a decir verdad no había mucho que explicar, lo avergonzaba, pero era una manifestación honesta de su deseo por ella y su proximidad.
—Voy a tocarte –le advirtió.
Apenas fue capaz de asentir, cuando ella ya había comenzado a hacerlo. La estimulación no era demasiada con la ropa de por medio, no obstante aun así lo disfrutó, aunque se había vuelto muchísimo mejor cuando ella rodeó su erección con su mano tibia y suave de manera directa. Pensó que no podría esperar más por evitar lo que parecía ser insostenible por más tiempo, y su justificación era que hacía más de una semana que no tenía acción de ningún tipo, y perdido en su alza de entusiasmo, estaba decidido a no contenerse más y aunque aquello parecía inminente porque estaba física y psicológicamente preparado para alcanzarlo, pero no llegó a suceder porque ella se había detenido justo en ese segundo crucial en el que si se detenía, tardaría un poco en volver a llegar ahí...
—¿Qué es lo que esperas de mí? –consultó con frustración apenas contenida -. Dilo de una forma en la que no me queden dudas.
Estaba en una postura vergonzosa, excitado y desnudo, aun así reunió el coraje para preguntarle antes de perder su oportunidad de saberlo. El que se detuviera en ese momento debía ser una clase de mensaje, por lo que quería saber cuál era.
—Comprendo… no hay que dejar más espacio para malos entendidos –replicó ella -. En ese caso… lo que trato de decir es que… ¡quiero ser la única que pueda tocarte y verte de esta forma!
Fue ciertamente chocante su petición, porque ella le estaba pidiendo exclusividad, mandato contra el que él no tenía ningún reparo. No significaba ningún esfuerzo serle fiel, aunque si surgió una pregunta.
—¿Es un acuerdo bidireccional? –inquirió.
—Sí –contestó.
No sabía algo acerca de que ella fuera alguien posesiva o celosa, porque jamás lo había demostrado, aunque aquello le hizo sentir satisfecho de algún modo. No estaba seguro de poder ocultar la gran sonrisa que le causó ser motivos de celos por parte de ella.
Su erección seguía apuntando hacia el norte, sin embargo había crecido en él la necesidad imperiosa de tocarla más que de la de satisfacerse a sí mismo, y para comprobar si tenía él el mismo efecto en ella, se acercó lo suficiente como para aspirar su aroma, y aprovechándose de la proximidad se atrevió a besar su cuello, para no tardar en descender hasta sus pechos. Él sabía que ella disfrutaba cuando jugaba con sus pezones y no queriendo privarla de ello por más tiempo y tardando menos de lo esperado, se encontró a si mismo succionando con suave avidez uno de ellos.
—Tú sabes que yo no uso anticonceptivos, ¿verdad? –averiguó ella.
No estaba seguro, pero el saberlo me pone contento –explicó en voz baja.
—¿Por qué? –indagó ella.
Le sorprendió que lo escuchara, porque él casi lo había susurrado, pero debía hacerse cargo de sus respuestas, y fue honesto:
—Porque eso podría hacer que conozca antes a nuestro hijo –respondió.
Ella se calló un momento, y luego de meditar volvió a hablar.
—¿Cómo puedes haber pensado en un hijo si tu solución cuando tenemos dificultades es irte? –interpeló molesta.
Al parecer la estimulación física, a diferencia de otras veces, no iba a ser suficiente y le parecía bien, en cualquier caso, era su responsabilidad el hacerla sentir tan insegura por no pensar en otras opciones. No había imaginado que aquello le provocara inseguridad, sino más bien consideraba que yéndose le haría un favor, aunque luego de pensarlo, el favor se lo hacía el mismo, evitando hacerse cargo de sus errores...
—Si tú estuvieses embarazada, o si fueras la madre de mi hijo no habría forma alguna en la que hubiese considerado dejarte… dejarlos –explicó.
—Pero ambos decidimos darle una familia a tu hermano… -sacó a relucir -. Y aun tienes tu ropa en las maletas con las que regresaste la última vez...
No se había percatado de eso. Compartían habitación y ella había desocupado sus cosas para darle cabida a las de él, aunque en realidad era cierto que no había hecho mayor esfuerzo por apoderarse de ese espacio cedido.
—No es lo mismo –refutó.
—Si lo es, bien puede que no sea nuestro hijo, pero es un niño que como cualquier otro necesita personas en las cuales confiar y por sobretodo también estabilidad…
—Estabilidad era lo que menos había sido capaz de proveerle, pero escucharla hablar con esa preocupación de su hermano hizo que se sintiera culpable al pensar primero en él mismo y sus problemas.
—Tienes razón… -aceptó.
Estar hablando de un tema tan serio en esa situación en la que estaban ambos pobremente vestidos, estaba seguro de que no era el mejor momento para tratarlo.
—Estaba equivocado –explicó.
—Está bien si ya te diste cuenta… –sonrió Yona -. Además…
Las cosas que ella de verdad quería, no las podía pedir con honestidad. Rehuía de mirar directamente y sonreía intentando ocultar pobremente su nerviosismo, por lo que esperó sin apresurarla a que dijera lo que quisiera decir.
—Si las cosas entre nosotros no van bien en el futuro no quiero que eso signifique el fin de mi relación con él… He llegado a quererlo, espero llegar a casa para verlo y que me cuente como fue su día, que me hable de las cosas que hizo o lo que le gusta… –manifestó avergonzada -. Hak… ¿podrías permitirme adoptarlo de manera legal?
No estaba seguro de si podía precisamente adoptarlo dado que de momento ellos estaban divorciados, pero sabía que habían otras opciones que podían sopesar, aunque esa era materia de Jae-Ha, quien parecía no tomarse las cosas en serio, no obstante, era increíblemente competente y seguro iba a encontrar el mejor método de hacer eso efectivo.
—Podemos averiguarlo luego con Jae-Ha… –ofreció -. Justo ahora hay otra cosa que quiero saber…
Ella estuvo de acuerdo y le sonrió, y él no pudo sino responderle, porque estaba de verdad agradecido con ella. Si a él le pasara algo, Yona era la persona a la que podría confiar algo tan importante como la custodia de su hermano…
—¿Qué es lo que quieres saber? –interrogó.
—¿Por qué es sólo cuando tenemos sexo que podemos comunicarnos? –preguntó algo atormentado.
Ella sonreía levemente, pero esa sonrisa desapareció momentáneamente para contestarle
—Intentémoslo mañana, con ropa –negoció -. Ahora quisiera que continuaras con lo que empezaste.
Se tocó el pezón donde él había estado lamiendo antes y captó el mensaje, se abalanzó sobre ella y retomó donde lo había dejado, mientras tanteaba sobre su ropa interior y encontrandola húmeda. Tuvo el impulso primitivo de penetrarla en ese instante, pero prefirió cerciorarse de que estuviese lista e ignoró la barrera inútil que significó la existencia de su ropa interior y comprobó ella estaba lista, porque sus labios menores estaban palpablemente hinchados y la humedad hizo que sus dedos se deslizaran con facilidad, por lo que aprovechando esa ventaja continuó, notando al observarla que su respiración variaba cuando sus dedos la exploraban y pequeños espasmos se presentaban cada cierto tiempo, por lo que continuó estimulándola, hasta que los espasmos se hicieron más regulares y su respiración se apreció notablemente agitada.
No lo hizo a propósito, sino que sus ganas de reemplazar esos dedos por su pene lo llevaron a detenerse justo cuando ella parecía estar acabando. Ella no lo dijo, pero pareció algo ofuscada sin embargo consiguió distraerla cuando consiguió su objetivo, momento en el que dejó de ocuparse de sus senos para dirigirse a su boca. La diferencia de tamaño no conseguía ser un impedimento real, porque evidentemente ellos se la habían arreglado para que no fuera un obstáculo, pero admitía que había cosas que no podía hacer después de mucho rato, si no quería arriesgar un dolor de espalda y cuello —que le había sucedido ya— para más tarde.
Quiso disfrutar de esa sensación húmeda y cálida, y de su rostro que no podía esconder la incomodidad que le provocó el tenerlo dentro, aunque sólo fue por unos segundos, porque ella tenía la costumbre de rodear con sus piernas sus caderas cuando se encontraba preparada para continuar, permitiéndole hacer la cercanía tanto como era posible, y lo había hecho ya.
Se comunicaban bien en lo sexual, era como si adquiriera alguna clase de telepatía en esos momentos, y de verdad deseó poder entablar la misma clase de comunicación cuando no sólo estaban satisfaciéndose de manera física.
—Hak… -lo llamó.
Había comenzado a moverse, pero se detuvo para prestarle atención, podía hacer eso, sin embargo no estaba seguro de poder salirse en caso de que eso fuera lo que ella quisiera…
Le indicó con un gesto que la estaba escuchando, mientras luchaba con la sensación de sentirla contraerse con él dentro.
—No hay nadie además de ti con quien quisiera estar de esta forma –reveló.
Agradeció que no mencionara su nombre, pero que aclarara en ese instante que estaba satisfecha con él como su pareja y que no esperaba que ningún otro ocupara su lugar, hizo que su ego se enalteciera y se excitara más. No fue capaz de responder otra cosa que lo único que podía pensar.
—Te amo –confirmó.
Ella buscó besarlo mientras sonreía y apegaba más su cuerpo al de él, sabiendo que no iba a durar mucho más, por lo que rogaba por el bienestar de su ego masculino resistir hasta que ella alcanzara el orgasmo primero…
.
Miró hacia el lado contrario de su cama y la encontró durmiendo, con la boca ligeramente abierta, despeinada, y con el maquillaje manchando la almohada, y aun de ese modo a sus ojos era simplemente perfecta.
Se levantó a preparar el desayuno y se encontró con que hacía más frío de lo que se podía esperar para esa época del año y se dirigió a la habitación de Tae-Yeon, quien no estaba ahí, para su sorpresa, pero no tuvo que buscarlo mucho, porque estaba sentado viendo televisión.
—¿Despertaste hace mucho rato? –quiso saber.
Su hermano se sobresaltó, y escondió algo que él alcanzó a notar era un chocolate que él no lo dejaba comer a esas horas. Ignoró el hecho, porque tenía derecho también a cometer alguna clase de travesura de vez en cuando.
—Eh, no… -contestó con rapidez -. Sólo un rato…
Podía apreciar que había ganado peso desde que habían comenzado a vivir ahí. Su piel lucía menos pálida y notablemente estaba de mejor ánimo. Él definitivamente estaba mejor, y se percibía en su semblante.
—¿Están bien tus calificaciones? –averiguó.
Por su situación en particular, sus reuniones con los profesores y encargados eran periódicas. Él iba dos cursos por debajo a lo que le correspondía por edad, sin embargo reconocía que había sido algo descuidado en los asuntos concernientes a lo académico, ya que no lo estimuló intelectualmente lo suficiente porque le preocupaba más que guardara sus fuerzas para luchar contra su enfermedad a que aprendiera a leer de manera de corrida, por lo que acordaron que una forma de ayudarlo era bajarlo de grado.
—Sí… bueno, no están mal –admitió.
No era particularmente bueno en los estudios y además estaba eximido de educación física, pero podía ver que se estaba esforzando.
—Así me gusta –lo elogió -. De a poco y sin complicarte demasiado...
—Yona me felicitó porque ya no he obtenido más insuficientes –sonrió.
Ella era muy efusiva con él y le celebraba hasta los suspiros. Lo estaba mal acostumbrando, pero sentía que no podía meterse en la relación de ellos.
—¿Ya tienes algún amigo? –curioseó.
—Tengo una amiga –le contó -. Ella tampoco hace educación física y hacemos los trabajos que nos asignan juntos.
Se alegraba de escuchar eso. Estar acompañado siempre hacía más fáciles las cosas.
—¿Me ayudas a preparar el desayuno antes de que Yona despierte? –le propuso.
Yo me encargo de tener todo preparado y tú preparas algo bueno para nos… ella –negoció sonriendo.
Suspiró. No había tenido intención inicialmente de hacer algo muy elaborado, pero era débil a la mirada implorante de su hermano y a el pensamiento de ad anticipar la felicidad de ella por desayunar algo inesperado, ganaron la batalla a los pocos ánimos que tenía de hacerlo.
—De acuerdo –concordó.
Le estaba comenzando a preocupar lo manipulable que podía llegar a ser y se preguntó si esa era información era manejada por esas dos personas…
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Yona no volvió a mencionar el tema de la adopción, pero a él le pareció algo que debía ser resuelto cuanto antes, por lo que acordó una cita con Jae-Ha.
—¿A qué se debe semejante honor? –lo molestó.
Entró luego de hacerle un gesto a modo de saludo, miró con desconfianza si podía sentarse —experiencias desagradables previas con fluidos de cuestionable procedencia lo llevaron a ello— y luego de confirmarlo, acomodarse y ordenar sus pensamientos, habló:
—Siempre he tenido la sospecha, pero necesito que lo confirmes –pidió nada más al entrar -. ¿Presentaste o no los papeles del divorcio?
—¡Claro! Todo el tiempo lo hago –confirmó -. ¿De cuál divorcio en particular…?
—Del mío… -respondió con evidente molestia.
—Ah… -respondió -. Ese…
Jae-Ha se quedó quieto y era casi imperceptible para los demás, pero no para él. Algo estaba escondiendo.
Lo miró con enojo porque había pensado inicialmente que él no hablaba de ello por consideración, pero recién entonces sopesó la posibilidad que lo evitaba por algún motivo oculto.
—Dejé ese asunto en tus manos, Ojos Caídos – le recordó.
Sintió enormes deseos de golpearlo al verlo hacer toda una actuación sobre estar recordando de qué hablaba, como si todos los días fuera a solicitarle ayuda con un divorcio…
—Ah, ¡sí! Cierto… verás… yo no trabajo gratis y ninguna de las partes interesadas costeó mis servicios –explicó encogiéndose de hombros -. Desestimé la causa…
Justo cuando había comenzado a respetarlo como profesional le daba una respuesta digna de una sanguijuela.
—¿No tomas en serio tu trabajo? –cuestionó enojado.
—Por el contrario, porque me importa no fui a hacer el ridículo –refutó -. No es la única razón, supe de una fuente altamente creíble que, primero, no había pasado el tiempo suficiente para pedir un divorcio, segundo; incluso habiéndolo solicitado, hubo encuentros sexuales posteriores, lo que es una falta a los requisitos y tercero, para qué perder el tiempo con ustedes dos, que son los únicos que no se dan cuenta de que se desvisten con los ojos… ¡me hacen sentir tan incómodo!
Le gustaba oír eso, y luchó por no evidenciar la felicidad que le causaba saberlo. El enojo generado poco antes desapareció.
—No sé desde cuándo… –soltó de pronto -. Pero ella ya lo sabía todo…
—Eso quiere decir que viviste un infierno pudiendo tener el paraíso en casa por culparte de robársela a quien no la merecía –respondió su amigo -. Ya viste que lo supo y el mundo no dejó de girar.
Él siempre le había dicho que debía decírselo, y había resultado que tuvo razón todo el tiempo.
—Tú tienes el lugar que mereces en su vida, no estás usurpando el lugar de nadie, sólo entiéndelo, mierda –dijo con molestia evidente -. Eres tan estúpido que de algún modo te las arreglaste para ser tu propio rival.
¿Su propio rival? Ese imbécil de Jae-Ha en momentos críticos siempre resultaba ser muy elocuente.
—Cometí un error al no escucharte –murmuró.
—¿Qué dijiste? –preguntó.
—¿Me harás decirlo hasta quedar satisfecho? –quiso saber.
No –negó -. Sólo quiero oírlo de manera clara…
—Debí escucharte –repitió -. Tenías razón…
Él sonrió de manera burlona, pero cumplió y no se mofó. Miró como inspiró profundamente y se dirigió hacia donde tenía un montón de carpetas y papeles.
—¿No dirás nada? –consultó Hak sorprendido -. ¿No te burlarás más?
—Ya lo hiciste lo suficientemente bien tu solo, y ya sabes, la próxima vez cuando estés colocando nuevamente tu cabeza bajo una guillotina y yo te lo esté advirtiendo, considéralo –manifestó -. Ten…
Le extendió un sobre que reconoció de inmediato.
—Acá está todo –aseguró.
Agradeció a Jae-Ha que le dio buenas noticias sobre lo de Tae-Yeon, y luego de asegurarse de dejarle una parte del pago para que iniciara los trámites burocráticos que significaba convertir a una persona en un tutor legal de un menor, se marchó a casa.
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Había llegado a casa habiendo tardado más de lo que había imaginado, pero no fue un problema porque Yona había llamado a un servicio de entrega y esperó a que Tae-Yeon se quedara dormido como siempre para dejar sobre la mesa los papeles que había terminado llevando consigo.
—Jae-Ha me entregó esto –explicó.
Ella supo al instante de que se trataban, porque no preguntó algo al respecto.
—Entonces, seguimos casados –concluyó.
—Sí… -confirmó.
Yona suspiró.
—No parece sorprenderte –dijo él tratando de cambiar el clima que se había tornado extraño.
—Pues, ya lo sabía –admitió ella.
Él tenía la idea de que así era, porque hasta que tuviera la resolución todo eran especulaciones, por lo que le extrañó la seguridad con la que lo dijo.
—¿Sí? ¿Y cómo? –quiso saber Hak.
Yo se lo pedí a Jae-Ha–reconoció -. Además de obligarte a vivir conmigo y chantajearte para que siguieras aquí por la salud de tu hermano, manipulé también a tu mejor amigo para que no disolviera nuestra unión.
Lo relató sin dramatismos, y él se sorprendió de que lo dijera con tanto relajo.
—¿Manipulaste? –rescató de todo lo que había dicho ella -. ¿Y de qué forma? Si es que puedo saber.
No sentía celos, pero siempre le advirtió a Yona que el sólo tocar a Jae-Ha podía significar luego contraer una enfermedad venérea, no ni siquiera el tocarlo, el sólo compartir el mismo techo.
Ella sonrió.
—¿Te importa más el cómo lo conseguí que la razón del por qué lo hice? –indagó curiosa.
—Puedo darme una idea de por qué, sin embargo creo que prefiero saber el cómo –discutió.
Se acercó a él, y el la rodeó con un brazo mientras disimuladamente –esperaba- ahogaba sus pulmones del aire que se mezclaba con su aroma.
—No es porque me importe en realidad –reveló -. Es que el guardar silencio nos ha traído problemas y ya hemos tenido suficiente de ellos.
Yona se recargó en él, momento que aprovechó para acomodarse y acercarse más a ella.
—Le dije la verdad –soltó sin más ella -. Que tenía miedo de terminar ese vínculo, porque pensé por mucho tiempo que eso era todo lo que nos unía.
No era lo único, por supuesto, pero él también lo pensó por un periodo prolongado.
—¿Y qué te dijo él? –insistió.
—Que debía confiar más en ti –explicó -. Y en mi…
Sintió que hubo algo que no le dijo, pero fue suficiente para quedar conforme con su explicación.
—¿Y estás bien con eso? –inquirió -. ¿Con confiar más en mí?
—Sí –afirmó.
Yo no soy una buena persona –indicó.
—En eso coincidimos –afirmó ella -. Porque yo tampoco lo soy.
Sonrió, porque entendió a qué se refería. Ambos habían actuado mal por un fin meramente personal: egoísmo puro.
Ella se movió y alcanzó el control remoto, que para su sorpresa, se lo extendió.
—¿Quieres ver algo? –ofreció.
Desde siempre había cedido la televisión y miraba lo que sea que escogiera la persona con la que compartiera ese momento. No le gustaba particularmente algún programa o película, por lo que no era un problema que Yona o Tae-Yeon escogieran.
—¿No era esa una condición? El permitirte ver lo que quisieras tú o quien fuera –sonrió.
—Es que… - se justificó -. Estamos juntos hace mucho tiempo y no sé cosas tan simples como qué películas te gustan o si prefieres el género de comedia o suspenso…
Ella se sonrojó y él se conmovió. Ella quería conocerlo más.
—A mí me gusta verte a ti mientras miras televisión –admitió.
Le dijo la verdad, poca atención le prestaba a la pantalla.
—Ahora ya no podré concentrarme sabiendo que me estás viendo –se lamentó.
Hak sonrió y asintió.
—Está bien eso, porque a veces me siento algo ignorado –la molestó.
Ella se aproximó y buscó besarlo, y lo consiguió aunque no por mucho tiempo porque ella retomó la distancia.
—¿Y eso? –quiso saber él.
—Quiero que sigamos conversando –explicó -. Y si continuamos…
Si era honesto desde hacía rato que estaba tratando de pensar en otra cosa, y aunque no se cansaría nunca del aspecto sexual de su relación, éste no lo era todo, quería eso, por supuesto, y más.
—Vayamos a nuestro propio ritmo –aconsejó él.
Ella estuvo de acuerdo, sin embargo no redujo la distancia.
—Iré al baño –le avisó.
Estaban dando las noticias, cuyo alto nivel de violencia en el contenido hizo que reafirmara su posición de mantenerse poco atento respecto a la televisión, y prefirió estar pendiente de su regreso, que tardó, y para su sorpresa se sentó a su lado.
—Creí que querías mantener tus manos alejadas de mi irresistible cuerpo – se burló.
—Bueno, sí… - reconoció -. Pero ya no necesito preocuparme de conservar la distancia entre nosotros.
—Ah, ¿sí? –preguntó curioso -. ¿Y por qué?
—Porque ha comenzado mi ciclo –respondió sin dudar.
No entendió a qué se refería en primera instancia y solo luego de unir los puntos comprendió.
—¿Te sientes protegida por un poco de sangre? –se sorprendió él.
Ella lo miró sorprendida por la respuesta.
—¿Sabes? No es como si por estos días que te dure la menstruación te conviertas en hombre o sea un impedimento real… -le explicó -. No es ninguna clase de barrera, si me entiendes…
Su rostro enrojeció al entender a qué se refería.
—¡No! –gritó de inmediato
Hak se largó a reír, y aun con algo de reticencia por parte de ella, logró abrazarla.
—¿Te duele? –quiso saber -. ¿No sabías que llegaría hoy?
—Me dolían los pechos, pero lo atribuí a otra causa –explicó secamente.
Su mente viajó unos segundos a una peligrosa escena que lo involucraba a él succionando sus pezones con poca amabilidad. Disipó ese recuerdo peligroso.
—¿Te avergüenza hablar de la menstruación? –adivinó.
—Un poco… -admitió -. Siempre ha sido un tema más bien solitario…
—Ya no más –aseguró -. Además es algo natural, me preocuparía más si no ocurriera…
Ella reflexionó unos segundos antes de responder.
—¿Por lo de la procreación? –adivinó.
—Sí, por eso y porque si no fuera así temo que algo podría no andar bien en tu cuerpo –explicó.
Pareció conforme con su razonamiento.
—Me voy a acostar –anunció él.
—¿Eh? ¿Tan pronto? –reclamó ella.
—Ha sido un largo día –justificó -. Y como hoy sólo dormiremos…
No quiso que sonara a reclamo, pero sintió que de algún modo así se había entendido, iba a hablar para arreglarlo, no obstante ella se adelantó.
—Entonces me iré a bañar –dijo ella -. Luego iré a dormir también.
Sintió como pasó por su lado y él alcanzó a sujetarla.
—Te estaré esperando –anunció.
—Sólo duerme –respondió molesta.
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Llegó a la habitación, se colocó el pijama, y se quedó mirando el techo, pensando en cómo arreglar las palabras dichas con anterioridad.
Escuchó que ella se acercaba y el aroma de su jabón invadió la habitación confirmando su presencia en el lugar, y ella luego de unos instantes se acostó a su lado y él se aproximó hacia ella.
—Creí que estarías durmiendo –recalcó ella.
Hubo un pequeño silencio.
—¿Estás molesta? –quiso saber él.
En realidad, no… -reconoció -. Me agrada saber que te gusto hasta en estos días, y no puedo asegurar que en el futuro no me den ganas y quiera hacerlo aun si estoy en estas condiciones… pero es incómodo, a veces como hoy me duelen los pechos, el útero reclama atención y te aseguro por sobretodo que no sería un asunto muy limpio.
Había escuchado relatos de Jae-Ha sobre cómo era tener sexo durante esos días y aunque nunca fue algo que estuviera en su lista de cosas por hacer, con ella no le importaba ese factor...
—No tienes que darme explicaciones… lo entiendo –argumentó -. Además… siempre podemos hacerlo en la ducha si es la limpieza lo que te preocupa…
Ella sonrió por su broma y se acurrucó hacia donde estaba él.
—Tae-Yeon subió de peso –le contó ella.
—Por supuesto –reafirmó él -. Lo consientes demasiado con chocolates y postres.
Escuchó una risita traviesa.
—No me arrepiento, lo volvería a hacer –dijo ella -. Si eso significa que ambos estén bien, lo haría de nuevo todo de la misma manera.
De algún modo a él le pareció a que se refería a todo lo que había pasado.
—Yo también –contestó.
Si podía terminar su día así, pensó que haría lo mismo de nuevo, aunque trataría de hacer las cosas mejor, como pensar en una mejor alternativa a la extorsión a la que sometió a Hak para que no se fuera. Yona lo besó y se alejó hacia el lado que le correspondía en la cama, mientras a él el cansancio que no había sentido hasta entonces, lo venció.
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—Hola, Soo-won –saludó.
Era inevitable estar ligado a su existencia, pero había una última cosa de la que necesitaba asegurarse.
—Vaya… pensé que no vería tu rostro de nuevo –sonrió.
—Ni yo –estuvo de acuerdo.
—¿Por qué ahora? –quiso saber -. Creí que no volverías…
Él se encogió de hombros de una manera irritante que no lo tenía claro. Quiso golpearlo, porque si él no sabía entonces, ¿quién?
—Quizás sólo tenía algo de añoranza–explicó -. Aunque no consideré que quizás no sería algo reciproco…
Soo-won le mostró una sonrisa que lucía genuina, que le hizo recordar esos tiempos cuando ambos eran amigos, no obstante, su explicación era extraña.
—Las decisiones que se toman y las consecuencias de estas nos hacen ser quienes somos –continuó.
Siempre hablaba de esa forma figurada, y con la mirada en el horizonte, haciéndole sentir como que su mente no estaba en ese lugar, sino sólo su presencia.
—¿Te arrepentiste? –fue directo al grano.
Era todo lo que le interesaba saber, aunque no pretendía de ninguna manera ceder algo de lo obtenido durante ese tiempo.
—A veces pienso en cómo hubiese sido todo, pero realmente no tengo la convicción de que lo que hice no lo haría nuevamente –se sinceró.
Hak se encogió de hombros y luego se sintió más relajado.
—Aunque no entiendo por qué le contaste sobre el trato después de tanto tiempo –manifestó -. Las cosas entre nosotros marchan bien…
Quería hacérselo saber, aunque no le incumbiera de cualquier modo.
—¿No te sientes mejor ahora que ya no hay nada que ocultar? –espetó él.
Sí, la verdad era que desde que a ella poco y nada de importancia le había dado al final a todo ese asunto de la beca.
—En fin… mis días acá están contados, sólo venía por una petición de un profesor —reveló —. No tengo ninguna intención oculta.
Aunque estaba seguro de su relación y de los sentimientos de ella, no pudo evitar creer que de verdad estarían mejor sin él rondando. Se despidió de manera educada, odiándolo un poco menos pero con las mismas ganas de enterrar su puño en esa sonrisa que no podía estar seguro de que escondía en realidad.
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El asunto de la tuición compartida de su hermano se resolvió más rápido de lo que imaginó, y cuando finalmente se concretó, Yona se emocionó.
Pensé que lo habías olvidado –susurró.
No hubiese podido olvidar algo como aquello, porque el que desinteresadamente quisiera a su hermano al punto de hacerse responsable de manera de legal de él era un asunto importante, después de todo nadie tenía el futuro comprado.
—Oficialmente tienes las mismas facultades que yo para velar por él –confirmó.
Ella lo abrazó.
—Somos finalmente tres —dijo ella sonriendo.
—¿Y qué opinas de ser cuatro, cinco o más? –se atrevió a preguntar.
No pareció comprenderlo de inmediato, pero tampoco tardó demasiado en entender a qué se refería.
Me acomoda el número cinco —sonrió.
Habían hablado de expandir la familia, pero sólo habían sido especulaciones, sin embargo el tener un número en mente se prestaba para asumirlo como un acuerdo.
Pongámonos a ello entonces –sugirió él.
—Será un gusto empezar esta travesía… —aceptó ella.
—Puedes estar segura de ello… —concertó él.
Ya no existían temores ni remordimientos, si bien ambos habían hecho las cosas de algún modo cuestionable, el resultado era todo lo que importaba. Estaban juntos y de algún modo se las arreglarían para seguirlo estando en el futuro.
Fin
Lamento la enorme espera de este final, el que sea tan largo y un montón de disculpas que no sé cómo pedir. Estoy trabajando para terminar las historias que comencé, aunque con vergüenza observé que ya ha sido más de un año…
