Disclaimer: Los personajes, la escenografía y todos los hechizos y/o nombres, lugares y demás que podáis encontrar no me pertenecen. Pertenecen a J.K. Rowling y a su maravillosa imaginación. Aunque sí lo hacen las ideas y situaciones en las que los personajes se ven involucrados.
Capítulo X
Los días se sucedieron rápidamente y antes de quererse dar cuenta la última semana del verano ya había llegado.
La misma tarde que Scorpius le contó a su abuela sus sentimientos, Lily le expresó los suyos a su hermano. Éste, tras escuchar detenidamente a su hermana, se quedó en silencio por varios minutos hasta que, dibujando una sonrisa en los labios, dijo:
—Espero que seas feliz.
Lily no pudo evitar regalarle un sonoro beso en la mejilla y abrazarle con todas sus fuerzas. Desde entonces, la pareja se encontraba por las noches, cuando toda la casa dormía, en el jardín en el que se habían confesado sus sentimientos. Ambos eran felices; más felices de lo que podrían haber llegado a pensar jamás.
Aquel día la muchacha se despertó más tarde de lo acontecido a causa de las horas que había pasado con su novio la noche anterior. Se duchó rápidamente, se vistió más deprisa aún y bajó a buscar a su hermano. Cuando pasó por la cocina cogió una manzana del frutero y salió al jardín trasero donde había visto desde su ventana a Albus y Scorpius hablando. Pero no logró salir al jardín, si no que permaneció estática en el umbral de la puerta al escuchar la conversación que los chicos estaban teniendo:
—¿Qué vas a hacer cuando llegue septiembre y ella tenga que volver a Hogwarts?
—No lo sé. Todo esto es muy reciente y lo que no quiero es atarla a algo cuando aún le quedan dos años para experimentar.
—Mi hermana ya ha experimentado bastante, Scor.
—No tengo ni idea de lo que voy a hacer, Albus. Pero…
La chica decidió no oír más. Ya había escuchado lo suficiente como para saber lo que el chico iba a decir a continuación. De repente se sintió como una tonta. Tiró de malas maneras la manzana a la basura y subió sin hacer el menor ruido de vuelta a su habitación. Cerró la puerta con fuerza y se echó sobre la cama aún deshecha.
Se sentía como una tonta por haber confiado en alguien como Scorpius. Sabía su historial con las mujeres, era la comidilla de todo el mundo en Hogwarts —cosa que a él no parecía importarle —, y aún así se había permitido el lujo de caer en sus redes y enamorarse de él. Parecía una completa estupidez pensar que alguien como él se hubiera enamorado verdaderamente de alguien como ella, teniendo en cuenta que meses antes no se podían ni ver. Y lo peor era que no se arrepentía del tiempo que había pasado con él, ni de los besos que se habían robado mutuamente. Había sido feliz estando a su lado; cosa que no conseguía desde hacía demasiado tiempo a pesar de haber solucionado la situación con su hermano. Las lágrimas no tardaron en aparecer y nublar su vista y sintió la rabia crecer en su interior al pensarse sufriendo por él mientras él no mostraba ninguna aflicción al confesar que pretendía romper su relación —o lo que se suponía que tuvieran—.
Alguien tocó a su puerta y la chica no hice mención alguna de permitir el paso a quien quiera que estuviera tocando. Más la voz de su madre le hizo saber que no podía evitarle la entrada. Así que se secó los ojos y fingiendo que estaba haciendo la cama, dijo intentando controlar su voz:
—Pasa.
Ginny entró y sonrió a su hija, quien tuvo que corresponder a aquel gesto.
—Tu hermano, tu padre y yo vamos a visitar a tío Ron. ¿Quieres venirte?
—Preferiría que no, me duele un poco la cabeza.
Quería muchísimo a sus tíos y sus primos pero en aquellas circunstancias no estaba para soportar a su familia.
—¿Te encuentras bien? —su madre avanzó y le colocó una mano en la frente, midiendo su temperatura.
—Sí, no te preocupes. Simplemente es que me duele la cabeza.
—De acuerdo. Descansa, entonces.
Ginny abandonó la habitación y Lily, ya que había comenzado, terminó de hacer la cama antes de volver a tumbarse en ella. Minutos después bajó a despedir a su familia y allí se encontró con Scorpius, quien cínico como sólo él podía ser sonreía como si nada hubiera ocurrido.
Una vez que sus padres y su hermano desaparecieron, la muchacha se dejó caer cansada en el sofá del comedor. No quería —ni tenía por qué— recluirse en su habitación cuando aquella era su casa. Pero tampoco quería ver a Scorpius sabiendo lo que éste tenía intención de hacer. Más tampoco sabía cómo abordar el tema. Porque, y esto se lo había prometido a sí misma cuando comenzó a cambiar y apenas unos minutos antes en su habitación, lo que sí tenía claro era que no iba a permitir que la situación pasara. Si él quería cortar con ella, debería decirlo claramente y, para ello, tendrían que hablar del tema.
La oportunidad se le presentó cuando Scorpius se sentó a su lado en el sofá y preguntó:
—¿Qué sucede?
Armándose de valor, miró fijamente al chico que tenía al lado después de coger aire y dijo:
—Te he oído hablando con mi hermano.
El semblante de Scorpius cambió rápidamente al comprender lo que eso significaba. Pero aún así, tampoco entendía el semblante serio de la chica. Él no había dicho nada malo. Al contrario, le había terminado confesando a Albus que a pesar de saber que era lo mejor para ella, no podía dejarla marchar. Una simple intuición le hizo saber que ella no había llegado a escuchar la conversación completa.
—Lils…
—Si pretendías jugar conmigo, enhorabuena, lo has conseguido. Si pretendías que me enamorara de ti para poder evidenciar que no era tan dura de pelar, también lo has conseguido. Así que…
—Lily, no entiendes nada —el muchacho se apresuró a cortarle sabiendo que si la chica estallaba no habría nada que pudiera convencerla —. Sí, le he dicho a Albus que no me podría perdonar el hecho de que por estar conmigo te pierdas algo de lo que estos dos últimos años en Hogwarts puedan ofrecerte.
—Sí, y por eso vas a cortar conmigo. He oído perfectamente, Malfoy.
—No, definitivamente no. Si te hubieras quedado tan solo unos minutos más habrías oído también cómo le decía que aunque quisiera no podría separarme de ti.
Lily se enderezó en el sofá y se acercó a Scorpius. Su corazón había saltado desbocado ante las palabras del rubio pero no quería precipitarse porque no quería salir dañada de toda aquella situación; por lo menos, más de lo que ya estaba.
—¿Me estás diciendo la verdad? ¿No me mientes?
Scorpius rió y negando con la cabeza mientras se moría el labio inferior agarró con ambas manos el rostro de la chica y se acercó a ella.
—Escúchame bien, Lily. Te amo, ¿de acuerdo? Y aunque sé que debería hacer las cosas bien no puedo por el simple hecho de que no puedo perderte.
La chica sonrió y no pudo hacer otra cosa más que asentir —aún con el rostro entre las manos de Scorpius—, colocar sus manos sobre las del chico e inclinarse para besar sus labios. Scorpius sonrió contra los labios de la pelirroja y descendió una de sus manos hasta la nuca de la muchacha para poder atraerla hacia sí. Finalmente, Lily terminó sentada sobre las rodillas del chico y continuaron besándose.
Poco a poco, conforme las dudas se fueron disipando, los besos se hicieron más profundos y apasionados. Y cuando Lily permitió que la lengua de Scorpius accediera al interior de su boca, él descendió una mano hasta posarla sobre la cadera de la chica haciendo que, al inclinarse poco a poco, ambos acabaran tumbados en el sofá. Scorpius, como bien humanamente pudo, intento apoyar el peso en sus codos para no dejarlo caer sobre la chica pero era bastante complicado. Abandonó entonces su boca para comenzar un camino de besos por su cuello y hasta donde el escote de la camiseta se lo permitía. Sabiendo lo que iba a suceder, Lily abrió los ojos —los cuales había cerrado para disfrutar de la sensación— y le apartó con cuidado para que no malinterpretara nada.
—Aquí no.
Sin decir nada más se incorporó, haciendo que Scorpius también lo hiciera con ella, le agarró de la mano y subió las escaleras con él siguiéndola tras ella. Nada más llegar al interior de la habitación de la chica, y aún sabiendo que los padres de ésta no regresarían hasta al cabo de varias horas, el chico cerró la puerta y acorraló a la chica entre su cuerpo y ésta. Siguió con el camino de besos que había sido interrumpido en el comedor y pronto dictaminó que la camiseta de la chica solamente molestaba tapando su cuerpo. Así que cogiendo el dobladillo de la cintura, tiró de ella hacia arriba haciendo que Lily subiera los brazos y los apartara momentáneamente del cuello de su novio. Una vez la chica se hubo quedado sin camiseta, la cual fue a parar a algún rincón de la habitación, Scorpius volvió a asaltar sus labios —los cuales ya estaban rojos e hinchados— a la vez que acariciaba la zona baja de la espalda de la muchacha. Ésta, por su parte, no pudo contenerse más y dejándose llevar también le quitó la camiseta al chico.
Estando ambos en igualdad de condiciones, Scorpius aprovechó un momento en el que se separaron para respirar para agarrar a la chica por la cadera, haciendo que ella entrelazara los pies tras su espalda. Para poder soportar mejor el peso de la chica, cambió su agarre hasta las nalgas de la chica y ésta no pudo hacer más que sonreír sobre los labios de su novio.
Avanzando con dificultad, ambos terminaron cayendo en la cama de la chica. Esta vez Scorpius tuvo más libertad de movimiento para no dejar caer todo el peso sobre ella y terminó apoyando las manos a ambos lados del cuerpo de la muchacha. Mas sus fuerzas parecieron tambalearse cuando Lily comenzó a recorrer con suaves caricias su pecho hasta llegar a la hebilla de su cinturón. Sin ningún miramiento lo desabrochó y, a continuación, fueron sus pantalones los que quedaron abandonados por la habitación. Él hizo lo propio con los de ella y ambos se quedaron expuestos ante el otro.
Se miraron a los ojos y sonrieron para volver a besarse. Lily siguió acariciando la espalda y el pecho del chico, provocando que su piel se estremeciera ante su tacto. Entonces ella fue consciente de las reacciones que había provocado en él al sentir su excitación contra su entrepierna. Se mordió el labio inconscientemente provocando que Scorpius terminara por volverse loco. Sin soportarlo más, hizo desaparecer el resto de ropa que les cubría a ambos y se deleitó con lo que veía. Sus senos eran pequeños pero turgentes lo que, a su ver, los hacía perfectos. Sin poder evitarlo por más tiempo, comenzó a acariciar uno de ellos mientras se deleitaba con el sabor del otro y los gemidos que comenzaba a arrancar de la pelirroja. Poco a poco, mientras la piel de la chica se iba hipersensibilizando por momentos y los gemidos de ella eran el único sonido que invadía la habitación, Scorpius dejó de lado por unos instantes sus pechos y descendió sus caricias hasta llegar al bajo vientre de ésta. La sintió temblar contra él y supo que era el momento. Así que volvió a ascender para atrapar sus labios y le separó las piernas para colocarse entre ellas. Scorpius se separó por un momento de sus labios y la miró a los ojos para decirle:
—Te quiero.
A continuación se introdujo en ella con cuidado pues, aunque sabía que no era su primera vez, no quería causarle ningún daño. No obstante, ella no era partidaria de la misma opinión, así que alzó las caderas pegándose todavía más a él y provocando que riera antes de besarla y penetrarla por completo. Entonces, ambos comenzaron un vaivén sosegado que fueron aumentando a medida que sus cuerpos demandaban más y más de aquella placentera sensación que les estaba invadiendo. Lily fue la primera en alcanzar el orgasmo y le fue inevitable no arañar la espalda del chico ante la brutal explosión de sensaciones que experimentó en aquel momento. Una vez repuesta de la sensación se empleó en hacer sentir también aquella sensación a Scorpius y minutos después lo consiguió. Salió de ella una vez hubo recuperado un poco del ritmo cardíaco correcto y se tumbó a su lado. Lily le rodeó la cintura con un brazo y se apoyó en el pecho de él. Levantó el rostro para mirarle a los ojos y sonreírle mientras decía:
—Te amo, Scorpius.
El aludido sonrió y besó la coronilla de ella —quien ya había vuelto a colocarse correctamente—. Se quedaron allí durante unos minutos, saboreando la felicidad que les rodeaba, y luego se vistieron de nuevo.
La sonrisa era un tatuaje permanente en el rostro de ambos. Por fin las cosas iban a salir bien.
¡Hola!
Aquí se termina esta historia. En realidad, aún queda el epílogo, que será colgado la semana que viene. Pero me adelanto diciendo que estoy muy agradecida a LainaM por haberme convencido para escribir esta historia; ya que ha sido un reto personal hacer a una Lily distinta a la que solía hacer y este ha sido, además, mi primer longfic (a pesar de que no tenga más de 10 capítulos).
En el epílogo ya daré las gracias a las personas a las que se las tenga que dar.
Por ahora no decir nada más. Sólo espero que os haya gustado este capítulo, ya que me costó bastante de escribir dado que soy inexperta en relaciones sexuales.
Saludos,
Arualle.
