A lo lejos ya divisaban Omashu. Appa realmente estaba tan contento que su vuelo, a pesar de ser algo más bajo, fue acelerado. El agotado animal necesitaba comer y beber cuanto antes. El pobrecito no se había quejado en todo el viaje porque sabía que era de vital importancia para Aang llegar a Omashu cuanto antes. El avatar y él estaban muy unidos, a penas con una mirada o una caricia en su frondoso pelaje podían comunicarse y saber la necesidad de uno y del otro. El joven había aprendido mucho de su amigo.

De Momo no sabían tanto. Estuvo mucho tiempo sin separarse de ellos, pero éstos últimos meses, había decidido quedarse junto a Sokka y Suki. Parecía algo cansado de ir dando vueltas por ahí con Aang y de tener que conocer los alrededores de donde estaba por su cuenta, evidentemente, a partir de historias insólitas que sólo a Momo le podían pasar. Ahora quería algo de paz, pero el Avatar lo echaba de menos.


Una vez en Omashu, Bumi recibió cálidamente a todo el grupo y de detrás de él apareció Toph con una sonrisita.

- Vaya, pies inquietos, vemos que se os han complicado mucho las cosas...

- Sí, Toph... la verdad es que no nos esperábamos este ataque por parte de los governantes.

- Ya ves, para fiarse. - Soltó Toph con un soplido.

Todos rieron, no con mucha energía, pero rieron. El comentario de Toph los había destensado un poco, pero su cansancio era tal que no podían soltar una carcajada mayor para relajarse más todavía.

- Veo que estáis cansados, amigos. - Observó Bumi. - Vayamos a mi palacio y os ofreceré un lugar para descansar y comer.

- Gracias Bumi. - Agradecieron Katara, Iroh y Zuko.

- Gracias, loco amigo. Espero que esta vez la sala amueblada sea un poco diferente a la última vez que estuvimos allí. - Comentó Aang intentando evadir por un momento un problema mayor.

- ¿Qué? ¿No te gustó como la decoramos? Vaya, ya decía yo que la veía muy recargada...

Ante el comentario, Katara y Aang no pudieron aguantar una carcajada algo más suelta.

- Me alegro que estéis vivos. Anda, seguidme.


Bumi había preparado tres habitaciones. Aunque era viejo, no era tonto ni estaba senil. Sabía que Aang y Katara preferirían estar juntos, y nadie opondría tampoco resistencia a que lo estuvieran. A pesar de su vieja edad, estaba lúcido e igual de loco que de joven. Verdaderamente era un hombre sano y resistente. Es por ello que podía entrenar a menudo con Toph y ambos intentaban dominar mejor la tierra y el metal.

La tres habitaciones no eran nada pequeñas pero sí algo austeras y de forma circular.

Aunque se habían esforzado en decorarla más de lo común, para Zuko seguía siendo "no haber nada". La habitación del Señor del Fuego estaba decorada de rojo y algunos detalles en negro y dorado. Las telas colgadas que había en la pared no llevaban el símbolo de la Nación del Fuego pero sí los de la Tierra, y aunque no fueran de su patria, Zuko podía ver que no era con mala intención, sino lo contrario: ellos habían establecido un pacto de no violencia y amistad. Era una cortesía más que una ofensa. Los colores aplicados lo decían. Los muebles que complementaban la habitación eran una cama, un armario, una pequeña mesa y silla y una mesita de noche con sus cajones, todos de un mármol rojizo con brechas menos la silla. Ya que Zuko no dominaba el metal ni había el deseo de que tuviera que hacer esfuerzos excesivos para acceder a los muebles, la puerta al exterior, las puertas del armario y las cajoneras y la silla estaban hechas de un metal muy ligero y fino que combinaba perfectamente con el mármol rojo. Era muy apropiado para un maestro del ía detalles como los pomos y la lámparas arrimadas a la pared que también eran de mármol.

Iroh era bastante conformista en el aspecto formal y decorativo, además de por sí, él era una persona sencilla. Su cuarto era similar al de Zuko sólo que en el espacio central había una mesa de Pai Sho con todas sus fichas y el mármol de los muebles era blanco roto con leves brechas grisáceas. En cuanto vio su juego favorito, su cara se iluminó.

En cambio, la habitación de Aang y Katara era muy distinta en colores. Habían conseguido ambientarla en las Tribus del Agua pero también en los Nómadas del Aire. El color general de la habitación era el azul y un naranja claro casi amarillo. En la pared había dos telas colagas, una azul y otra de ese color amarillo anaranjado con el símbolo de la Tierra, en blanco y en marrón, respectivamente. Las sábanas de la cama eran azules y los detalles como el filo de la tela y los cojines eran del otro. Al principio podía ser una combinación bizarra, pero después no quedaba nada mal e incluso era relajante y divertida. El mármol de los muebles era de un blanco puro que hacía recordar a la nieva de los polos. Katara se emocionó con eso.

Bumi se había tomado muchas molestias en pensar la decoración de las habitaciones. Además había decidido que serían sus habitaciones por si alguna otra vez querían visitarlo e él o a su sucesor o sucesora, ya que sabía que a pesar de su buena forma física y su tirada de años, tarde o temprano se iría. En la puerta metálica había grabado el nombre de cada propietario de la habitación. Los cuatro estuvieron gratamente agradecidos.


Durante la cena, la tensión ya no era la misma de la llegada, pero el tema central de la conversación estaba claro. No tenían muchos ánimos, pero era vital hablar de ello.

- Bumi, ¿sabes si alguien más está con los nuevo Dai Li? - preguntó Zuko.

- Ya sabía que se estaba cociendo algo en Ba Sing Se. Hace unos meses, vinieron unos generales a pedirme que me uniera y me negué. Por ahora no me han hecho nada porque somos fuertes, pero dudo que se queden quietos. Lo más seguro es que me consideren también enemigo y no sólo a mí, sino también aquellos que te apoyan o que tienen un tratado de paz contigo como los polos.

- ¿Los polos? - Katara se sobresaltó.

- Sí. Por ahora, como bien sabéis, las tribus del agua se han mantenido al margen de una nueva lucha. Su filosofía es diferente y no quieren otra guerra. Por ahora están a salvo porque allí los maestros de la tierra no tienen posibilidades de ganar, pero son capaces de crear algún ejército traidor dentro o crear algún método de destrucción que les haga daño.

- Eso es horroroso. - Inquirió Iroh. - Se volverán como era antes la Nación del Fuego.

- Sí. Y agradeced que Ozai y Azula ya no tengan sus poderes i estén medio locos, sino los llamarían para tu destrucción, Zuko. - miró al nombrado seriamente. - Vigila a Mai, piensa que ahora está sola en tu palacio. No tardarán a atacaros.

- Menudo panorama. - soltó Aang con un suspiro.

- No creas que todo va en contra de la Nación del Fuego. - ahora Bumi miró a Aang. - Lo más seguro es que entre todo este follón vayana a por ti. Para ellos no has sido justo, deberías haber castigado a la Nación del Fuego y matarlos, en lugar de haber quitado los poderes a su rey y su loca princesita.

Se creó un silencio. Ahora había dos problemas: proteger a los ciudadanos de la Nación del Fuego y proteger al Avatar.

- No os preocupéis por nosotros. - Dijo Toph. - Estaremos de vuestra parte, pase lo que pase. E iré con vosotros en la lucha.

- ¿Estás segura, Toph?

- Sí. ¡Tenía ganas ya de moverme!

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Comentarios de la autora:


Bueno, cada vez escribo más y este capítulo lo partí en dos porque así lo preferí.

Gracias por los comentarios :)

Saludos.