El mundo y los personajes de Digimon no me pertenecen. Esta historia nació para fines de entretenimiento y no busco lucrar con ella.


El fantasma del Apocalipsis
Capítulo 10:
"Cuando los enemigos se revelan"


Gennai sonrió, satisfecho, cuando escuchó las voces de los Guerreros Legendarios. Provenían desde el otro cuarto pero auguraban buenas noticias, o eso deseaba creer. Sonaban amortiguadas por las paredes de la habitación. Seguramente, los chicos se sentían más cómodos para hablar en su ausencia, lo cual no le sorprendía, si era sincero. El camino de la confianza no siempre es sencillo de recorrer y con todo lo sucedido, parecía ir cuesta arriba... En ese caso más que en ningún otro.

Por otra parte, sabía que el Digimundo estaba tranquilo. Eso le daba un poco de calma. Podía sentirlo. Era alguna especie de beneficio por ser parte importante de ese mundo. No se respiraba ese ambiente tenso al que se había acostumbrado en tiempos díficiles, aunque tampoco podía dejar de pensar que aquello antecedía a una tempestad furiosa.

Al parecer, los Elegidos estarían de regreso pronto. Tal y como él suponía. Pero eso sólo indicaba que las cosas apenas daban inicio.

Todo estaba a punto de comenzar. Recién comenzaba esa guerra impredecible.

Sus ojos viajaron hacia la puerta de la pequeña habitación en la que se hallaba y luego regresó a su tarea, como si no hubiese nada de que preocuparse. Una cosa a la vez, solía decir, eso haría todo más fácil de llevar.

Un problema a la vez, una solución a la vez. Incluso ante lo inevitable, avanzar paso a paso era la mejor solución. Después de todo, en cada destino siempre se involucran las decisiones personales.

—¿Qué es lo que pretendes hacer, exactamente? —inquirió Lopmon, mientras miraba con curiosidad su labor. Había estado en silencio unos cuantos minutos, conteniendo su curiosidad— ¿Cómo puedes sincronizar dos dispositivos digitales de procedencia distinta? ¿Qué puedo hacer yo, para ayudar?

—Es muy sencillo, mi pequeño amigo —sonrió el aludido— La verdad es que los D3 y los Digivices de los Elegidos de mi mundo fueron creados gracias a mí y a mis compañeros. Sé perfectamente como funcionan… Estos dispositivos, por otra parte, han venido de tu mundo —levantó el D-tector de color lavanda, para aclarar su comentario— Tú puedes ayudarme más que los niños a conocerlos y entender cual es su funcionamiento específico.

Lopmon hizo un asentimiento, en acuerdo con las palabras de Gennai. Ophanimon los había creado, en realidad, pero no podía decir que los desconocía. Era el poder de su Mundo Digital, después de todo —Su tarea principal es almacenar los Spirits de los Guerreros. Aunque también puede escanear información y resguardar los códigos del Mundo Digital… De mí mundo —aclaró, finalmente, aunque no era estricatamente necesario.

—Ya veo —musitó el otro, considerando la información con los dedos en su barbilla— Se parecen a los D3. No será difícil modificarlos… Sólo ligeramente, quiero decir. Su programación original quedará intacta. Agregaré algunos programas a su configuración.

—¿Quieres hablar conmigo de algo más? —cuestionó el pequeño digimon color marrón, intrigado.

—Siento curiosidad por algunos aspectos de la Digievolución Espiritual, sí —confesó Gennai, sonriendo. Nunca había pensado en engañar a Lopmon. Estaba tratando con un digimon y nunca había que subestimarlos— ¿Los Guerreros Legendarios y esos niños comparten el poder ahora?

—Sí, eso supongo. Antes era diferente porque los Spirits tenían un poder independiente de los chicos. Los he escuchado hablar y además se siente…

—Como si ellos fueran digimon —completó Gennai, las palabras que quedaron a medias. Era exactamente lo que Tentomon le había comentado y lo que había podido deducir— Aunque, por otro lado, no como digimon completos.

—Así es. Creo que se han combinado sus esencias. No sé como eso puede ser posible —suspiró Lopmon, con aire apesadumbrado— Me apena que tengan que volver a que sacrificar tanto por salvar al mundo.

Gennai compartió un suspiro con el pequeño ser digital.

—Los sacrificios son necesarios y siempre las personas que deben entregarlos son quienes menos merecen perder cosas —reflexionó el mentor de los Niños Elegidos, con tristeza. Sabía de eso, por experiencia— A todos ellos les espera un camino difícil, para entenderse y para luchar juntos. Pero lo superaran, no tienes que preocuparte por eso. No por nada han sido convocados para salvar tantos mundos… Son más fuertes de lo que parecen.

—Hay muchas cosas que me preocupan —confesó el digimon— Como el hecho de no sentir la presencia de las Bestias Sagradas

Gennai lo miró con ligera sorpresa— Entonces, lo sabes.

Lopmon movió la cabeza afirmativamente —Esta madrugada he sentido una fuerte energía… Supuse que las Bestias Sagradas estuvieron luchando pero… Algo ocurrió, ¿verdad? Algo salió mal.

—Eso fue por causa del desequilibrio —musitó Gennai— Como sucede en tu mundo, la luz y la oscuridad son la base que controla y regula este universo. Hace dos años, antes de que los Elegidos derrotasen a nuestros enemigos, la oscuridad había alcanzado su apogeo y la luz quedo subsumida. Huanlongmon, la Bestia Sagrada que rige el ciclo del resplandor y la sombra fue debilitada por todo lo ocurrido. Sin hablar de la destrucción de las Piedras Sagradas. Qinglongmon fue el único de los cuatro milenarios en salir a la superficie. Las otras tres se encargaron de brindarle poder a Huanlongmon, para que pudiese sostenerse pese a la distribución del poder. Cuando se deshicieron de MaloMyotismon, la luz recobró su esplendor. Ahora está ocurriendo lo mismo, salvo que es la oscuridad quien vuelve a amenazar con obtener su energía. Esa luz que dominó es la que ha debilitado a las Bestias Sagradas… Ellas tenían que dividir sus poderes entre los emblemas, la lucha y Huanlongmon. Si no lo hubiesen hecho…

—¿Por qué no se los has dicho? —cuestionó en voz baja Lopmon

—Lo haré. Quería esperar por noticias, pero parece que nada resultará, nada llegará. Mis compañeros se han dedicado a ello —volvió a suspirar— Las Bestias Sagradas van a liberarse, en algún momento. Todo esto lo he pensado por platicar con Koushiro Izumi anoche. Hasta entonces, había olvidado algunos detalles.

—¿Olvidado?

—Lo he pasado por alto —confesó, enseguida. Como si no los hubiese visto hasta que Koushiro lo puso en evidencia delante de sus ojos… Como si hubiese estado ciego ante la evidencia.

Lopmon bajó la cabeza, con viejos recuerdos agolpándose en su mente —Lo comprendo. Nos sucedió lo mismo… Me sucedió lo mismo.

Gennai le acarició la cabeza, con una sonrisa paternal —No te angusties por tu pasado, pequeño. Las cosas no cambiarán porque te arrepientas de ello… Lo que queda ahora es resolver los problemas para que nadie tenga que sufrir sus consecuencias.

—O ahorrar el mayor dolor posible —confirmó el digimon. Sus ojos negros se mostraron tristes— Aunque no sé cómo ahorrar el dolor de un mundo devastado.

(***)

Junpei Shibayama se acomodó en el sofá. Llevaba dando vueltas unos incontables minutos. Cruzó los brazos detrás de su cabeza y paseó los ojos en el techo como si se tratase de un objeto de sumo interés. Se giró ligeramente y volvió a acomodarse en su lugar. Miró a sus amigos, uno a uno, antes de considerar que ese ambiente estaba muy tenso.

Necesitaba que todos se relajasen, pero no tenía una forma sencilla para…

—¿Puedes quedarte quieto, Junpei? —cuestionó Izumi, un segundo después— Estás logrando ponerme nerviosa…

Él se volvió hacia ella, sorprendido.

Estaba parada junto al sillón, con los brazos cruzados en su pecho. El cabello rubio, brillante y sedoso, le caía libremente por los hombros. Un marco dorado para su rostro pálido. Y los mares verde azulados de sus pupilas brillaban.

—¿Te pongo nerviosa, eh? —repitió, enarcando las cejas al mismo tiempo, sugerente.

Consiguió lo que quería, por supuesto. Izumi lo miró perpleja durante un minuto, antes de que las comisuras de sus labios la traicionasen, elevándose hacia arriba, convirtiendo la mueca en una sonrisa. Le había tomado un poco tiempo comprender las palabras de su amigo.

Divertida, le dio una palmada en el hombro al mayor del grupo. La respuesta fue instantánea —Sueña con ello, Junpei

El joven aludido hizo un puchero inmediato, con esa misma expresión que había adoptado muchas veces en el pasado. Era más un juego que cualquier cosa, pero seguía siendo algo en lo que entretenerse. La rubia lo comprendía. A veces, como en ese instante, lo seguía.

Ella era una de sus más grandes amigas, la apreciaba muchísimo debido a todo lo que habían pasado y aunque había mantenido sus esperanzas, Izumi Orimoto no podía corresponder a sus sentimientos de la forma que él deseaba.

Le había dicho, alguna vez, que lo apreciaba como un buen amigo.

La muchacha lo había contemplado con cariño mientras se sinceraba con él, tras una pelea que habían tenido y le decía que le agradaba pasar tiempo con él cuando no estaba lanzándose sobre ella. Junpei había estado perplejo cuando Izumi mencionó que él era parte de su equilibrio, que su presencia le daba un poco de tranquilidad. Se había ruborizado un poco, lo admitía, pero la sonrisa de la joven era brillante. Luego le pidió que dejase de hacerse daño comparándose con otros (léase Takuya, que había sido el motivo de la pelea, en primer lugar), que no debía impresionarla para que ella estuviese contenta con él y que bastaba con que sólo fuese Junpei.

También pensó que era a la inversa, que ellos cinco formaban parte de su equilibrio, del balance de su vida.

Toda esa comparación nació cuando enfrentaron a Duskmon por primera vez, aunque tanto Shibayama como Orimoto habían archivado la conversación en sus memorias. Ninguno de los otros sabía sobre ella. No porque fuese esencial sino que había nacido al hablar de las relaciones entre ellos y la mención sería inapropiada en otro contexto. Sólo una charla más perdida entre las demás, que no eran pocas en esos años juntos.

Sin embargo, esa conversación fue una de las cosas que jamás olvidaría. Y había archivado todo eso en lo más profundo de su corazón. Nunca dejaría de apreciar a Izumi, por más que nada tuviese que suceder entre ellos. Pese a todo, ella sería una persona muy valiosa para él.

No era amor, supuso Junpei Shibayama, pero era amor.

Una palabra como esa tiene múltiples dimensiones, si uno lo piensa bien.

—Lo haré —prometió, siguiéndole el juego un poco más.

Al menos, su amiga se veía menos tensa. La sonrisa ya no estaba pero las huellas de preocupación habían desaparecido de su expresión.

Fue conciente de que los ojos café de Takuya estaban fijos en ella, al mirar por el rabillo del ojo. Era la quinta vez en el día que descubría al castaño mirando a Izumi.

No sabía si eso le molestaba, pero sabía que Kanbara necesitaba espabilar alguna vez —¿Saldrás conmigo alguna vez, Izumi-chan? —cuestionó dramáticamente, con los brazos sacudiéndose para llamarle la atención a la aludida.

Sorprendida por ese arrebato, la muchacha simplemente parpadeó.

—Pensé que a Junpei le gustaba la chica de cabello castaño, Mimi —musitó Tomoki, uniéndose a la conversación, como si hubiese sido invitado desde el principio. Tenía una sonrisa divertida en sus labios.

—No puedes meterte en asuntos del corazón, niño —bromeó el mayor, mientras se volvía hacia el más pequeño. Sus ojos adoptaron un cariz soñador— Izumi sigue siendo el amor de mi vida

Orimoto negó con la cabeza, confundida, pero se sonrió.

—¡Ya no soy un niño! Tengo diez años, Junpei —replicó el aludido, inflando las mejillas. Izumi pensó que se veía adorable, pese a que ya no era el más pequeño de los niños— He crecido nueve centímetros más alto

Junpei hizo un esfuerzo por no estallar en carcajadas.

—Los necesitabas. Madurarás más cuando dejes de contar cuanto creces —se mofó Takuya, aprovechándose para vengarse del menor de los hermanos Himi. Se había burlado de él toda la noche por incendiar la habitación de Gennai. Tenía que corregir eso.

—¡Izumi! —llamó Tomoki, al ver que se encontraba en desventaja. Dos contra uno, definitivamente injusto. Siempre podía recurrir a su hermana mayor.

—¿No son los mayores ustedes dos? —protestó ella, con las manos en la cintura mientras regañaba a sus amigos. Había hablado casi ante el llamado de Tomoki— Debería darles vergüenza… Molestar así al pequeño.

—¡No soy pequeño, nee-chan! —volvió a quejarse el guerrero del hielo

Kouji resopló una pequeña risa desde su posición, más cerca de la ventana y alejada del sofá.

¿Algún día iban a cambiar esos cuatro? No podían mantenerse serios en una ninguna situación. Una parte de él, más grande de lo que admitiría nunca, deseaba que no. Después de todo, esos chicos eran los que habían llegado a su vida para darle un poco de alegría. Y lo hicieron siendo como eran. No podía imaginarlos de otra forma.

Y para ver el lado serio de las cosas, estaba él.

La verdad estaba en ese sitio específico para ver cuando regresasen los Elegidos —no es que estuviese preocupado— y saber si pronto tendrían noticias. Kouichi estaba allí, también, pero sus ojos miraban a sus amigos en lugar del paisaje. Aunque era obvio para él, que el mayor también estaba preocupado por los que se habían marchado.

Negó con la cabeza al reparar en ese detalle. Era parte de la naturaleza de su hermano mayor, el preocuparse por todos.

Lo siguiente que pensó fue que le gustaría más que nada era cambiar la expresión inquieta, escondida detrás de la sonrisa, en el rostro de Kouichi. Si pudiera cambiar algo de su hermano, decidió de pronto, elegiría una sola cosa. Y era la forma en la que el mayor de los gemelos escondía sus problemas. Los resguardaba bajo una coraza hasta que se volvían más y más grandes, imposibles de contener.

Sabía que era a causa de que, desde niño, había procurado no agobiar a su madre ni a su abuela con esas preocupaciones suyas pero Kouji le había dicho, cuando llegó a su vida, que no debería hacer eso nunca más. Después de todo, él estaba allí para cuando Kouichi lo necesitase.

—No tienes que preocuparte —murmuró, al pasar, en voz baja. Tampoco hacia falta demasiado, porque los otros chicos estaban discutiendo entre ellos y llenaban la habitación con sus gritos— Encontraremos la forma de solucionar todo esto. Haremos que todo funcione, otra vez… Como siempre.

Kouichi Kimura parpadeó en su dirección, con esa expresión de sorpresa que a Kouji siempre le divertía. Era una señal que la máscara "todo está bien" desaparecía.

Con él, su hermano mayor nunca podía mantener la aparente serenidad, aunque se esforzaba bastante por hacerlo. A veces, Kouji tenía el deseo de pedirle —exigirle— que dejase de preocuparse tanto por el mundo que lo rodeaba y que se fijase más en sí mismo. Pero, incluso así, pensaba que no sería capaz de desear su cambio.

Como sabía que a su hermano le molestaban cosas suyas, también tenía detalles que le molestaban. Pero que formaban parte de lo que él era. Y no podía cambiarlo, ni desear cambiarlo, aunque quisiera. Tal vez, si lo hacia, dejaría de ser Kouichi.

Tal vez se aceptaban porque no se habían criado juntos, o porque se complementaban, o porque entre los dos sabían que esos defectos se suavizaban cuando podían ayudarse.

O porque era hermanos, simplemente, sin importar el tiempo que llevasen conociéndose el uno al otro.

Kouichi suspiró, mirando a los ojos de su hermano. La pelea de sus amigos ya no parecía serle de interés.

—Takaishi —Kouji enarcó una ceja ante la mención del rubio pero esperó. Al menos, podrían discutir sobre las preocupaciones que tenían—… tiene razón. Hay un problema en toda esta teoría, Kouji. Sé que lo has notado, también. No podré usar el poder de Löwemon si no hay forma de que algo alimente su energía… Sino hay algo que lo potencie, entonces yo podría…

—No lo pienses —replicó el menor de los gemelos, evitando un estremecimiento. Ni él ni Kouichi habían intentado transformarse la noche anterior pero, por lo ocurrido con sus amigos, no era prometedor intentarlo siquiera— Tiene que haber una forma. Ellos tienen nueve emblemas, son doce personas… Alguno tiene que poder darte su poder, Kouichi.

Vaya, esas palabras no sonaban nada bien.

La sonrisa amarga de su hermano le molestó —¿Crees que alguno de ellos me ayudará por voluntad propia? Todos ellos odian a la oscuridad, Kouji.

—Sabíamos que iba a ser difícil —musitó Minamoto, sin poder contener su amargura. Miró a su hermano con suspicacia— ¿Dónde quedó eso de que no podíamos juzgarlos?

Kimura frunció el ceño, en respuesta automática —No los estoy juzgando. Ellos tendrán sus motivos para despreciar a las tinieblas… No es eso a lo que me refiero. Yo —pausó, paseando sus ojos por el lugar, antes de fijarse en el suelo—… me siento incómodo aquí, cuando ellos están cerca —Kouji lo miró con simpatía, suspirando como su gemelo— Son los hechos, lo sabes. Sólo Mimi-san se ha acercado a nosotros. Los demás los evitan también a ustedes... Es por mí…

Lo trataban como si tuviese alguna enfermedad contagiosa. Bueno, eso sentía. Las miradas llenas de sospecha, los ojos acusadores… El temor. Se sentía como si hubiese regresado en el tiempo. Como cuando descubrió que había sido Duskmon, como cuando…

Tenía que soportarlo, lo sabía. Nunca era bueno quejarse de las cosas. Sus intenciones seguían siendo firmes y sabía que esos chicos tenían sus motivos para sospechar de él…

Por eso había pedido una segunda oportunidad pero, aun así, no se sentía bien.

Kouji frunció el ceño. Esta vez no estaba molesto o irritado. En realidad, su preocupación era lo que predominaba. La angustia de su hermano siempre había sido palpable para él, como si fuese suya… Y con todas las cosas que habían sucedido entre ellos, siempre había buscado la forma de aligerar la carga de ambos. Los dos hacian eso, en realidad.

—Si las cosas siguen así, nos marcharemos por nuestra cuenta, Kouichi —dictaminó, interrumpiendo su línea de pensamientos.

No quería que siguiese atormentándose.

El mayor negó con la cabeza, lentamente —No podríamos hacerles eso a nuestros amigos, tú sabes eso también. Además, no podríamos irnos sin haber ayudado a nuestro Digimundo o a este —Kouji odiaba que él tuviese razón, lo detestaba—Estaríamos indefensos si vamos a correr por ahí…

—No tienes que probarles nada —insistió Minamoto lo dicho en la noche anterior. Colocó una de sus manos sobre el hombro de su gemelo, tranquilizador— No tienes que esperar su aprobación.

Pero Kimura no estaba tan seguro de eso.

—¿Por qué ustedes dos se la pasan cuchicheando? —protestó Takuya, apareciéndose entre ellos de forma inmediata— ¿Hay algo que debamos saber?

Kouichi dio un ligero respingo pero Kouji se limitó a rodar los ojos ante la cercanía del rostro de su mejor amigo.

Izumi, Junpei y Tomoki parecían haber dejado de discutir y los miraban también. Minamoto sonrió internamente. Tenía muy buenos amigos, sin duda, excelentes amigos.

Se preocupaban por ellos a su propia alocada manera.

Los ojos de Takuya escrudiñaron a los gemelos con interés. Entrecerró la mirada al fijarse en el joven Kimura —Estás preocupado por algo, Kouichi ¿verdad?

Kouji contempló el rostro de su hermano por el rabillo del ojo y vio la sonrisa de su gemelo, esa con la que negaba sus problemas.

—No es nada. Sólo me siento un poco incómodo aquí —confesó, ante la insistente mirada de su líder, que no iba a aceptar una negativa. No se sentía muy bien ocultárselo a sus amigos cuando ya lo había hablado con Kouji, pero aun así era difícil admitirlo— Estoy bien, Takuya.

—Sabes que nosotros estamos contigo, ¿cierto? —susurró Kanbara, en voz baja. No se le daba muy bien eso de hablar en charlas sentimentales, era cierto, pero podía ser muy motivador si se lo proponía. O eso, le habían comentado.

Kouichi esbozó una sonrisa más sincera. Parecía tranquilo, en realidad, y más que antes. Para Kouji, eso era un alivio.

Sonrió, también, casi inconcientemente.

Tenía mucha más suerte de la que pensaba. Sus amigos no sólo eran excelentes, eran los mejores.

(***)

Taichi Yagami suspiró cuando divisó la casa de Gennai en la lejanía.

Era un lugar bastante agradable, si se sinceraba. La brisa jugaba con su cabello castaño, sin cambios desde hacia dos años. Extrañaba no llevar las googles a veces pero se convencía de que Daisuke tenía que tenerlas y de que, además, tenía dieciseis años. Aun así, a veces, le hacian falta. Tal vez debería pedirle al joven Motomiya… Negó. No, su decisión había sido legarselas a Daisuke. La señal de que debía cuidar a sus amigos, símbolo secreto de ser valiente y leal. Inhaló profundo el aire del campo silvestre. Las praderas verdes, algunos árboles, el cielo azul. Todo parecía ser parte del sitio. Incluso, los dos Trailmon que tenían horas en ese lugar. Parecía que conformaban parte del paisaje, como si siempre hubiesen estado allí.

Era gracioso todo lo que había sucedido en tan poco tiempo. Siempre que lo pensaba, se divertía.

Habían descubierto la existencia de mundos paralelos, de niños elegidos que preservaban uno de esos tantos mundos (bien, unos guerreros legendarios, que era más o menos lo mismo que ser un niño elegido) y que un enemigo poderoso amenazaba la existencia de todo el universo.

Un poco lo de siempre con muchos elementos nuevos.

Estaba en la espalda de Greymon y eso le permitía ver a mayor distancia, lo que indicaba que aun estaban lejos de llegar hasta la morada de su viejo mentor. No había sido un viaje tan arduo como pensaba. Aunque los resultados eran cuestionables, en realidad.

Sin duda, la posición de la casa de Gennai era estratégica.

Garurumon —con Yamato— corría velozmente no muy lejos de él. Mimi estaba un poco más distante, en los puños de Togemon. Tachikawa solía viajar así cuando su digimon evolucionaba, aunque la había escuchado quejarse de sus zapatos la vez anterior cuando tuvo que subirse a los brazos de su compañero. Iori era de los últimos de esa comitiva terrestre, junto con su Ankylamon.

La mayoría viajaba por aire y no es que eso fuese molesto pero al mirar hacia el cielo, sintió una punzada de nostalgia. Especialmente, cuando vio a Birdramon y Kabuterimon.

Le recordaba demasiado a sus primeras aventuras. A un pequeño niño pelirrojo de camisa naranja y a una niña con jeans y sombrero. Los dos habían cambiado tanto que no podía dejar de estar orgulloso. No, todos habían cambiado. De todos estaba orgulloso.

Desde su mejor amiga hasta su adorada hermana pequeña, que también se elevaba en los cielos.

Había vivido muchas cosas emocionantes a lo largo del tiempo pero las cosas que había aprendido en esa primera oportunidad, en sus primeras aventuras, perdurarían para siempre.

Mientras su compañero digital avanzaba, se permitió reflexionar un poco.

Le hubiese gustado tener una pelota de futbol delante y ser él quien corriese, porque ese deporte siempre le había aclarado las ideas, pero estar con su amigo virtual debería bastar.

Había algo de todo eso que no le gustaba, para nada.

Debería haber un motivo más detrás de ese ataque frustrado a una de las Piedras Sagradas. Había algo que no estaba claro. Tal vez debería hablarlo con Gennai… O Koushiro. El pelirrojo era la mejor opción, sin duda, porque siempre tenía la sensación que Gennai ocultaba más cosas de las que les decía.

Podía ser que tuviese secretos para protegerlos, pero no dejaba de sentirse molesto cuando descubría más cosas que antes estaban ocultas. No obstante, su mentor actuaba de la forma que creía correcta y no era culpa suya que Taichi fuese incapaz de guardar secretos cuando estaban en riesgo cosas importantes. Respetaba los silencios, por supuesto, pero no aceptaba los engaños y las omisiones podían ser incluso discutibles.

Suspiró.

—¿Crees que Takuya es el chico que me ayudará a digievolucionar a MetalGreymon o WarGreymon, Taichi?

Yagami sonrió, divertido. Al menos, eso serviría para distraerse. Se lo había preguntado varias veces en las últimas horas. Había perdido la cuenta.

—Me recuerda a mí, cuando era más joven. Puede que sea, sí.

—Me parece más impulsivo que tú, sin embargo —suspiró su compañero virtual—. Pero creo que tiene sentido.

—¿Sientes algo cuando él está cerca? —dudó Yagami, con curiosidad.

¿Podría ser que Agumon, al ser de elemento fuego, se sintiese cómodo con Takuya estando alrededor? Tailmon había demostrado que sentía la energía de la oscuridad en Kouichi pero ninguno de los demás digimon había agregado algo a esa información. Tampoco es como si les hubiesen permitido hacer alguna acotación. Todos habían estado a la defensiva con el muchacho y…

Se sintió repentinamente culpable. La expresión de Kimura y su hermano, tensos, le dieron la idea de que algo había oculto detrás de ellos. Que era doloroso. Se hizo la nota mental de hacer las cosas más llevaderas, para todos.

—Sí. Bueno, cuando ellos seis están presentes… Se siente la energía, el poder. Con Takuya —Greymon vaciló y Taichi esperó, interesado. El digimon se tomó su tiempo para contestar. Unos largos minutos de vacilación— Se siente como… estar cerca de… ti.

Sonrió y le dio una palmada a su digimon sobre su cabeza, o lo más cercano a él.

Greymon era inmenso y se sentía pequeño en su espalda, aunque nunca como cuando tenía once años. Su compañero avergonzado era algo que no veía todos los días y algo que no se perdería por nada del mundo. Ojala pudiese tener un recordatorio permanente de ello.

Un sector de su mente le dijo que archivase las palabras de Greymon.

Sin duda, serían de utilidad para ver si Takuya era o no a quien le podrían dar poder en el futuro. No lo descartaría, sin duda. De hecho, su intuición le decía que ese chico, Kanbara, coincidía bastante con él.

—No me molesta eso, tonto —rió. No pensaba ponerse celoso después de cinco años con su protector digital, su mejor amigo virtual— Tú eres quien me ayuda a soportarlo todo, compañero… ¿Lo sabes, no? Juntos somos invencibles

Repetir las mismas palabras que había dicho Agumon cuando enfrentaron a Apocalymon se había convertido en una especie de código entre los dos, una promesa sencilla que juntos podrían afrontarlo todo, que no importaban los obstáculos, ni el temor que generasen.

Al final, podrían salir adelante.

Greymon quiso reír. Por supuesto, Taichi no podía saberlo. El resoplido ahogado, entremezclado con una pequeña risilla le dio una idea.

Esa promesa también resumía lo que era el valor, o no, sólo su Valor.

En el pecho de Taichi, un destello naranja centelló.

La luz anaranjada se perdió en la claridad del día pero eso no impidió que los únicos dos seres que captaron su brillo, sonriesen. Después de todo, aunque nadie más lo notase, los elegidos del Valor sabían que su emblema resplandecía con fuerza.

(***)

Ken Ichijouji se encontró reflexionando sobre todo lo sucedido con una expresión indescifrable para quienes no lo conocían. Stigmon habría jurado que era de preocupación absoluta.

Claro, para el muchacho era difícil quedarse tranquilo cuando tantas cosas parecían estar fuera de su lugar.

Esperaba equivocarse pero algo le decía que estaban ante la calma que antecedía a la tormenta. El ataque inconcluso a uno de los Puntos Sagrados de Mundo Digital era más bien una especie de provocación… Pero él no podía entender cual era el objetivo de ese accionar. Como el gato y el ratón había dicho Yamato Ishida, momentos antes. Temía darle la razón porque de ser así, ellos estaban en serias desventajas. No sabían quienes eran sus oponentes y aun no estaban en las mejores condiciones para la batalla.

Las digievoluciones DNA estaban descontinuadas, por así decirlo, ya que tras la derrota de Diaboromon, las cosas parecían ser más tranquilas. Hacia mucho tiempo que Imperialdramon no hacia acto de presencia, Ken pensaba que iba a ser necesario pronto. Podría ser más difícil que la primera vez pero no debería ser imposible.

Y, tal vez, eso era lo más conveniente.

Sabía sin embargo, que ese tipo de Digievolución no era esencialmente natural.

Indirectamente, posó la mirada en el emblema que estaba alrededor de su cuello. Gennai se lo había pedido hacia tiempo y él pensó que no iba a tenerlo de regreso. Aun así, al verlo brillando en su etiqueta, pensaba que nunca le había estado realmente lejos.

Se preguntó cual sería la digievolución de su compañero con el emblema de la Bondad, sin ayuda de un digiegg.

—¿Hay algo que te preocupa, Ken? —su compañero preguntó, con curiosidad.

Incluso sin mirarlo a la cara, podía percibir su tensión.

La voz de Stigmon era más tranquila, más profunda que la de Wormmon. Le hacia pensar que la evolución digital era un suceso bastante curioso, como si muchas personalidades conviviesen en un solo ser. Aunque los digimon parecían no tener conciencia de ello.

Supuso que era natural para ellos.

—No, no es nada... Stigmon.

Volar con su compañero era relajante, pese a la situación en la que estaban inmersos. Pudo ver a Hikari y a Nefertimon a su izquierda, seguida por Takeru y Pegasusmon. Los dos estaban muy cerca. Daisuke tampoco estaba demasiado lejos y Miyako volaba sobre Aquilamon por encima de todos ellos, como una especie de guardián.

Koushiro, Sora y Jou no estaban muy alejados tampoco.

En ese cielo azul, Ken podía asegurar que no había ningún problema. No había nada malo bajo esas nubes blancas o ese sol radiante en la mañana. Todo estaba en su lugar, aparentemente.

Y, sin embargo, tenía la sensación de que alguien los observaba. Desde hacia tiempo.

Su espalda se puso rígida ante una sacudida de reconocimiento y miró por encima de su hombro, con interés. Escrudiñó el paisaje con cuidado, barriendo el firmamento con la mirada.

No había nadie más.

(***)

Gennai les dio a los Guerreros Legendarios una pequeña sonrisa mientras les entregaba sus Digivices. Parecían aliviados de tenerlos de regreso tan pronto y él se sintió complacido de no haber provocado más tensiones que las ya existentes.

Después de todo, esos chicos iban a ayudarlo a cumplir su misión, iban a ayudarlo a cuidar de los Niños Elegidos y de los emblemas. Tenía que lograr que todo fuese lo más natural posible, lo más tranquilo que se podía.

Los seis miraban los dispositivos con interés, aguardando hallar alguna diferencia en su aspecto o en su forma. No había cambiado nada de su apariencia externa pero le divertía ver sus expresiones curiosas, inquisitivas.

Aguardó, sonriendo.

—Hizo usted muy rápido —comentó Izumi, cuando su mente le dijo que nada había cambiado. El D-tector lavanda se sentía exactamente igual que antes, como un peso cálido en su mano. Enviaba ondas de calidez desde la punta de sus dedos.

—No hay gran diferencia con los D3 de Daisuke y los demás —comentó Gennai, distraídamente— Ahora pueden comunicarse con ellos y viceversa. Son muy fáciles de configurar, sin duda, y como antes eran teléfonos celulares, la comunicación parece primordial en su funcionamiento.

Esa información se la había dado Lopmon y todo había sido muy útil. Los chicos lo contemplaron sorprendidos por notar que él conocía la procedencia de los dispositivos digitales, aunque la mayoría reparó en que debía ser necesario.

—Aun así… Sólo fueron unos minutos —se asombró Junpei, poniendo en palabras sus pensamientos, y delineó el objeto con sus ojos, concentrándose innecesariamente en los detalles del D-tector, como si desease encontrar algún error.

—Su amigo, Lopmon, ha sido de gran ayuda.

El digimon se movió nervioso e incómodo, esperando recibir algún tipo de acusación, pero Gennai notó que el pequeño se relajó ante una sonrisa de parte de Kouichi.

Sin duda, esos dos tenían una historia interesante a sus espaldas.

Parecía que ese pequeño escondía muchas más cosas de las que pensaba y esa aura de tristeza que emanaba de él era permanente. Se preguntó porque sería. Había muchos motivos pausibles porque era un digimon ángel.

Recordaba claramente que los digimon tipo ángel tenían una sensibilidad especial y era así en sus etapas más tempranas, también. Como Cherubimon, uno de los máximos ángeles del Mundo Digital, tenía que poseer un poder de esa naturaleza.

Sin embargo, parecía tranquilizarse cuando el guerrero de la oscuridad estaba cerca. Algo, por lo menos, curioso…

—Bueno —Takuya se rascó la mejilla, interesado, antes de decidirse a hablar sobre lo que le inquietaba—… Yo aun sigo preguntándome como es que los emblemas o los poderes de esos chicos se sincronizaran con los nuestros. Quiero decir, hasta ahora, hemos coincido en algunas cosas pero… Todos somos diferentes y…

—Lo sé —confirmó Gennai, al ver que el joven Kanbara no podía continuar— Ustedes tienen poderes de naturaleza diferente. Sé que la Digievolución natural no es similar, en apariencia, a la Digievolución espiritual. Sin embargo, ustedes deben saber que es la digievolución. Es un cambio, un cambio total que puede ser permanente o temporal. Los emblemas, los digiegg o, incluso, los Spirits proveen la energía y el poder necesario para ese cambio. Como sus metas son las mismas, pueden combinarse.

Eso tenía sentido.

—Pero, ¿cómo? Suena bastante inverosímil decir que por elementos naturales o personalidades afines van a hacer el trabajo… ¿Tendremos que conocernos unos a otros para darnos cuenta que nos conviene más?

Gennai esbozó una sonrisa divertida. —Eso no será necesario. Los emblemas pueden reconocerlos, si llegan a elegirlos como pareja.

Los seis lo miraron con vacilación y expresiones dispares. Habría reído de no ser porque la situación no lo ameritaba.

—¿Qué quiere decir? —Junpei dudó antes de comentar— Gennai-san, usted habla como si los emblemas tuviesen pensamientos.

En otras palabras, pensaban que él estaba loco.

—Los emblemas no son solamente objetos físicos, créanme. Pueden ser mucho más que eso y están en sintonía con los corazones de los Elegidos. Una vez que se crea un vínculo de esa magnitud, las cosas pueden cambiar… Los emblemas tienen vida, de alguna forma, ya que son manifestaciones de seres vivos.

El emblema de la Bondad era un buen ejemplo de ello. Había ayudado mucho en el pasado, siempre protegiendo como pudo a Ken Ichijouji. Había sido ese emblema quien mantuvo a Wormmon junto al muchacho, incluso cuando las sombras amenazaban con consumir al joven. El emblema de la amistad había curado las heridas de sus amigos en una oportunidad y el emblema de la luz había ayudado mucho más de lo que parecía a Hikari cuando era apenas una niña y estaba enferma.

Gennai no podía definir que eran los emblemas realmente, aunque él había formado parte de su creación. En algún punto, habían pasado a ser más que objetos.

—Tal vez sean como los Spirits, ¿no creen? —susurró Tomoki, mirando la pantalla de su D-tector— Cuando nosotros encontramos a nuestros Spirits, no podíamos comunicarnos con ellos ni sabíamos que eran en realidad. Pero en la batalla final, ellos cobraron vida… Bueno, en realidad, siempre supimos que estaban allí… Pero…

Los otros cinco chicos contemplaron sus Digivices con expresión nostálgica.

—Sí —afirmó Takuya— Lo entiendo. Siempre pude percibir que Agnimon era algo más que un simple objeto que me daba poder. Es un compañero —sonrió— un amigo.

La presencia de Agnimon, constante y segura, aumentó su sonrisa cuando reparó en ella. Lo podía sentir en alguna parte de su mente, con mayor fuerza que en el pasado porque habían fundido sus esencias. Le daba mayor seguridad, por supuesto. Era su otra mitad, sin duda, como había declarado muchas veces en su aventura digital. Siempre lo había sentido así, aunque al principio no supo definirlo en realidad.

Una parte de él que era humana y la otra parte que era un digimon. Antes estaba delimitado, como una línea que separaba ambos aspectos de su ser… Divididos, pero todavía juntos.

En ese instante, se confundían.

Era humano y digimon. En ese momento, esa verdad era más fuerte de lo que había sido nunca en el pasado.

(***)

Allí estaban, sonrió el pequeño digimon murciélago.

Sus ojos se deslizaron hacia sus acompañantes y sonrió, satisfecho. Estaba orgulloso de que le hubiesen hecho caso, de que su misión haya sido un éxito. Al menos, todos estarían allí pronto. Había encontrado a los elegidos y, aunque los había perdido de vista para ir en busca de sus compañeros, volvían a estar en carrera para hallarlos.

Tendrían que actuar rápido, para no perder el elemento sorpresa. Los niños Elegidos no tardarían demasiado en llegar a su escondite y era el momento perfecto de atacar.

DemiDevimon, que estaba más cerca que los otros, contempló con atención a los dos seres que estaban asentados junto a la casa pequeña que se ubicaba en esa extensa pradera. Desconocía que eran, a ciencia cierta, pero le recordaban ligeramente a trenes.

Eran digimon que no había visto nunca.

—Puedo olerlos… Hay niños humanos cerca, muy cerca —susurró el digimon que estaba en la tierra, como si no hubiese creído, hasta entonces, las palabras de DemiDevimon—. Su rastro es muy fácil de seguir...

—Se confían demasiado —acotó otro de los digimon que estaban allí, divertido y le lanzó una mirada al digimon que se mantenía en el aire.

No es que el murciélago desconfiase de esos dos pero sabía que, a diferencia de los DarkTyrannomon, esos seres virtuales tenían cerebro. No demasiado, claro, pero eran lo suficientemente listos como para intentar atacarlo o comerlo o algo por ese estilo si se descuidaba.

Tenía que mantener su distancia prudencial.

—¿Por qué no haces algo útil y vas a buscarlos a ellos, nuestros señores? —dudó el más grande— Nosotros podemos divertirnos un rato con esos niños antes de que lleguen. Después de todo… Lo único que debemos hacer es mantener vivos a los niños del resplandor…

DemiDevimon quiso rodar los ojos pero, enseguida, levantó vuelo en la dirección contraria. Lo mejor era dejar que esos dos hiciesen lo que quisiesen, aunque los elegidos no estaban demasiado lejos. A él no le importaba si vencían a esos dos digimon o, si por el contrario, vencían. Lo único que siempre importaba era quedarse en el bando ganador, porque eso le garantizaba salir con vida. Lo había aprendido en el pasado cuando su lealtad fue puesta a prueba.

Avanzó lo más rápido que pudo, sabiendo que sus señores no estaban muy lejos de allí. Todo iba a ser mejor de lo que habían creído en un principio.

(***)

Izumi Orimoto desvió los ojos hacia afuera y distinguió las figuras familiares.

Eran conocidas de apenas el día anterior, pero no dejaban de ser tranquilizantes en contraste con enemigos desconocidos y secretos a medio revelar. Al menos, parecía que las cosas volverían a encausarse y comenzarían a resolverse.

O eso deseaba.

Eran los digimon que había visto marchar una hora antes los que se acercaban a casa de Gennai, con sus respectivos compañeros. ¿O habían sido dos horas? Nunca estaba segura del tiempo que pasaba, solía perder la noción de su transcurso a medida que permanecía en ese lugar atemporal. Sonrió, sin darse cuenta, cuando una punzada de alivio la recorrió.

Todos estaban de regreso.

—Han vuelto —anunció.

Sus amigos se giraron en dirección a ella con rapidez y la muchacha no esperó demasiado antes de salir a recibir a los Elegidos.

Parecía que todos estaban bien y sanos. Era un alivio, sin duda alguna.

Sin embargo, en cuanto dio algunos pasos fuera de la casa de Gennai, se dio cuenta de su error. Se había alejado apenas de la entrada, sí, pero sus amigos no la habían seguido de inmediato por lo que estaban más lejos de lo esperado.

Estaba en problemas. No sólo porque descubrió dos figuras que no debían estar allí, que no eran familiares y que se acercaban hacia ella a velocidad impensable sino porque, además, había quedado a merced de ambos.

Las garras filosas brillaron bajo la luz del sol y el cuerpo negro parecía incluso más oscuro bajo esa luz clara. Los ojos amarillos se fijaron en ella y pudo saber que sonreía, divertido por notarla una presa fácil.

Lo único que pudo pensar era que no deseaba que nadie la siguiera y que preferiría poder realizar la digievolución.

Un Cerberumon. El otro digimon era desconocido, pero debían ser de la misma especie y los dos la miraban fijamente.

Sus pies se movieron pero era demasiado tarde.

Fuego infernal. Una llamara de fuego iba directo hacia ella, incontrolable.

Sus ojos se abrieron como platos ante la realización y ni siquiera notó que había quedado inmóvil cuando se perdió en la mirada de aquella criatura.

Entonces, fue derribada.

Le dolió la forma en la que había caído, pero consideró que era mejor que haber sido pulverizada. Luego lamentó haberse quedado quieta tanto tiempo. Debería haber sido más precavida, debería haber sido más fuerte y…

—¿Estás bien, Izumi? —dudó una voz, encima de ella.

Sus ojos esmeraldas se encontraron con la mirada color café y parpadeó, aturdida. No sabía que había sucedido en ese pequeño lapso de tiempo. Le costó reconocer el rostro, confundida por aquel golpe que se había dado, y frunció el ceño, sin entender lo ocurrido.

—¿Takuya? —cuestionó, en respuesta.

Por suerte, había logrado empujar a Izumi hasta esquivar ese fuego molesto que la amenazaba. Quiso regañarla por haber salido de la casa pero se dio cuenta de que ella no había tenido culpa alguna.

Kanbara medio sonrió, mientras que levantaba la mirada y trataba de enfocar a los digimon que habían llegado hasta el lugar.

Cerberumon lo miraba sonriente y su compañero, que parecía un perro negro con un collar de puntas, también parecía disfrutar del panorama.

Takuya Kanbara maldijo su imposibilidad de digievolucionar. Estaba indefenso. Y era incapaz de proteger a sus amigos, a Izumi.

No sabía si alguna vez iba a poder soportar esa sensación.

(***)

Hielo ardiente. Lopmon sabía que su ataque no iba a causar gran daño.

De hecho, el aire congelado apenas y logró alcanzar su objetivo. Dobermon le lanzó una mirada llena de diversión y la promesa de que haría un nuevo ataque. Que él, Lopmon, sería el objetivo. El digimon color marrón se estremeció en los brazos protectores de Kimura.

Ojala pudiese ser Cherubimon, deseó el pequeño, pero carecía la energía para digievolucionar. Carecía de poder y…

No podía hacer nada ante aquella situación.

Takuya e Izumi estaban siendo acorralados por Cerberumon mientras que Dobermon se había vuelto hacia ellos, hacia Junpei y los que quedaron delante de la puerta de la casa. Sólo eran dos digimon, que no serían problemas para los digimon legendarios pero que para niños humanos…

No podían defenderse con nada porque habían salido desprevenidos, cosa tonta para hacer. Era la segunda vez que se confiaba, se reprochó Lopmon. Tendría que ver que no existiese una tercera.

¡Y él ni siquiera podía ayudar!

—¡Eh, Kouji! —llamó Tomoki y el joven Minamoto ladeó el rostro para ver al pequeño.

El menor de los niños le lanzó una especie de sable de madera. ¿Qué era eso? ¿Cuándo lo había conseguido el pequeño Himi? El guerrero de la Luz esbozó una sonrisa divertida y encaró al digimon que parecía un perro mientras que los otros tres chicos también se tensaban a su alrededor. Lopmon los contempló confundido y orgulloso al mismo tiempo.

Eran valientes. Los seis de ellos eran muy valientes.

(***)

Taichi le pidió a Greymon que se adelantase, cuando divisó lo que sucedía en el patio de la casa de Gennai.

Podía saber que ese fuego que había visto no era algo bueno y estaban a pocos metros de llegar, lo que lo hacia todo más frustrante. Ellos eran más que los enemigos, según su perspectiva, y podrían resolverlo fácilmente… Aunque no quería confiarse. Tal vez se trataba de una trampa o algo similar.

—Un Cerberumon y un Dobermon —reconoció su amigo, corriendo a gran velocidad. Pero no hizo ningún movimiento ofensivo, declarándose incapaz— Si ataco desde aquí, podría herir a los Trailmon o a los chicos.

Taichi ladeó el rostro y sus ojos se encontraron con los de Yamato, quien asintió como si le hubiese leído la mente. Tal vez se llevasen mal en muchas cosas, fuesen dispares en un sin número de actitudes pero eran hermanos de lucha y siempre podían entenderse en las peleas, como si ese fuese su idioma.

Entonces, rápidamente, Garurumon se adelantó para llegar donde estaban los dos digimon oscuros. Podía ser más ágil que un dinosaurio gigante, por supuesto. Taichi contaba con ello.

Notó que todos sus amigos comenzaban a correr más y más rápido, a desplazarse con mayor velocidad o volar aceleradamente hacia el destino trazado.

Las batallas estaban a punto de comenzar.

El destello color naranja en su emblema lo desconcertó.

(***)

Mimi notó que ella y el pequeño Iori eran quienes se habían rezagado en el último tramo del camino. No es como si pudiese decir demasiado sobre eso… Estaba viajando en los guantes de boxeo de un cactus gigante, así que poco importaba la velocidad de su compañera. Lo imprescindible era quedar ilesa y que sus zapatos estuviesen bien. Bueno, eso era lo segundo más importante en la lista.

Paseó la mirada por sus compañeros y sonrió para si misma. Era lindo verlos juntos, aunque la situación era bastante terrible si lo consideraba bien. Lo mejor era que sus vacaciones estaban aseguradas y su madre no se pondría histerica porque Mimi nunca le diría que volvió a vivir cosas en el Mundo Digital. Tal vez debería llamar a Michael para ver como estaban todos fuera de las fronteras digitales.

Ojala pudiese platicar con alguien. Ella no solía quedarse mucho tiempo en silencio. Era contra su naturaleza. Pero no había nadie allí con quien compartir su plática. No quería aburrir a Togemon. Iori Hida iba sumido en sus pensamientos pero, de todas formas, no era muy hablador. Tampoco intentaría entablar una conversación con el menor del grupo.

—Casi llegamos, Mimi —aclaró su compañera cuando ella soltó un suspiro.

Tachikawa sonrió —No te presiones, Togemon, está bien. No te exijas demasiado.

Vio la sonrisa de su amiga y luego ladeó el rostro. Había escuchado algo. Algo que no supo definir, pero que sonó demasiado cercano para su gusto.

Fue una suerte el haber quedado rezagada, se dijo, cuando varias figuras se abrieron paso de forma inmediata. Algunas conocía, como a esos horrendos digimon insectos pero otras no y eso le llamó la atención.

Si no hubiese quedado rezagada no hubiese podido dar un grito de advertencia. —¡Iori, cuidado!

(***)

Miyako Inoue se inclinó hacia Aquilamon para esquivar uno de los ataques que lanzaron contra ella. Tenía que evitar ser herida por los digimon voladores que habían aparecido repentinamente en el horizonte. Ella y sus compañeros estaban lidiando con esos mismos seres digitales que se desplazaban por las alturas.

Conocía a esos digimon pero no podía recordar sus nombres en esos momentos de angustia, sólo que eran insectos verdes con grandes cuchillas en sus patas y esos ojos rojos que podían atormentarla si lo desease. Sus alas rompían el aire con su sonido estruendoso debido a que era un grupo numeroso.

Estaba tratando de ver si sus amigos estaban bien pero sólo podía ver las plumas color vino de su compañero.

Aros explosivos, cuando Aquilamon atacó con sus ondas de energía, Miyako divisó a los enemigos.

Eran un grupo de Snimon, se dijo de pronto. Como los que había atacado con Sora alguna vez en Moscu, junto a los Niños elegidos de esa zona. ¡Yuri, sí! Laura, Yuri y…

¡Concéntrate, Miyako!

—Sujétate —escuchó que decía Aquilamon y sus dedos se aferraron a él con desesperación cuando lo sintió girar en el aire. Estaban dando piruetas que terminarían con marearla.

Ataque de aguijón. Aliviada, escuchó que Stigmon se les unía a la lucha y junto a Ken, enfrentaban a uno de sus perseguidores. Daisuke y ExV-mon no estaban muy lejos de allí, tampoco. Podía ver una figura azul que estaba custodiándola desde una posición lateral, más lejana.

También pudo divisar a Hikari y a Takeru. Nefertimon y Pegasusmon estaban realizando su ataque combinado, ese que siempre les convenía utilizar en conjunto. Lazo de Santuario, si mal no recordaba.

Miyako sacudió la cabeza, molesta consigo misma, mientras consideraba que necesitaban hacer la Digievolución DNA, que les daba más poder. Pero la última vez que la habían hecho ella e Hikari fue en el año 2002, contra MaloMyostismon…

—¡Koushiro! —escuchó que gritaba Sora.

El pelirrojo no estaba sobre Kabuterimon. Estaba cayendo en picada.

—Tenemos que ayudarlo —chilló Inoue, viendo al pelirrojo en el aire, luchando por aferrarse a la nada— Aquilamon, ayudemos a Koushiro.

—Como tú digas, Miyako.

Su compañero no vaciló en sus movimientos y se deslizó en el aire hacia el sitio señalado.

(***)

Garurumon tenía la apariencia de un lobo gigante, blanco con rayas azules. Siempre le habían gustado los lobos, aunque no podía definir porque su preferencia a ese animal en particular. Tal vez, mero azar. Además, en esa forma su compañero corría rápidamente. Y a él le gustaba la velocidad.

Yamato se aferró a él, dejando atrás a Ankylamon, Greymon y Togemon cuando pudo distinguir que pronto habría problemas.

Su destino era llegar a casa de Gennai. Ni siquiera se percató que algunos digimon aparecían en el horizonte, con rumbo a sus compañeros.

—Vamos —habló, dandole una palmada en el lomo al lobo enorme que era su protector digital.

—Me apresuraré, Yamato —musitó su compañero, moviendo con mayor intensidad, sus patas. En algún momento, podrían volar y alcanzar el cielo, pensó. La idea de llegar hasta la luna se le antojó graciosa mientras avanzaban en el suelo.

—Tenemos que proteger a los muchachos, Garurumon —susurró, en respuesta.

Pensó en dirigirse hacia Takuya e Izumi, en primer lugar, pero cuando el Dobermon saltó hacia Kouji, ni siquiera lo dudo. Le dijo a su compañero que envistiese en contra de ese digimon que parecía un perro negro y malvado. Y que sólo tenía una cabeza.

Aullido explosivo, la ráfaga de fuego azul le dio de lleno al digimon oscuro.

Pero Garurumon no iba a esperar que lo atacase ni a que se levantase luego de ese ataque así que, también, lo embistió con su cuerpo.

Después de todo, era imperioso asegurarse de mantener a todos a salvo.

Junpei estaba ayudando a Kouji a levantarse del suelo cuando volvió su mirada hacia ellos. Ishida supuso que, en algun momento de la pelea entre Dobermon y Garurumon, había caído al suelo.

No le sorprendió que Gennai estuviese delante de ellos en ese momento, con gesto protector.

—¡Ayuda a Takuya e Izumi, por favor, Yamato-san! —Tomoki imploró.

Yamato le dio un asentimiento pero la mirada angustiada del pequeño caló hondo en su interior. Era cierto que él tenía dieciseis años y que su hermano ya superaba la altura de sus rodillas, pero no le fue difícil ver unos ojos azules en los verdes de Tomoki… Ni permutar el sobrero naranja por uno verde.

Por mucho que se negase a pensarlo, ese pequeño le recordaba a su hermano. Mucho más de lo que pensaba.

(***)

Taichi Yagami sujetó su emblema con fuerza.

Brillaba intensamente contra su pecho mientras que Greymon esquivaba los ataques de Lynixmon, un extraño digimon cubierto totalmente de fuego. No sabía de donde había salido, sólo sabía que cuando estuvo a punto de alcanzar a Yamato —que estaba luchando contra Dobermon— y a los Guerreros Legendarios.

Garras salvajes, chilló Lynixmon, y se lanzó hacia ellos. Greymon aulló de dolor cuando los rasguños profundos le cortaron la piel. Luchó, moviéndose con violencia, para deshacerse de ese digimon.

—¡Digievoluciona, Greymon! —murmuró Taichi, aferrándose a su compañero, para no caer.

La luz naranja iba a terminar cegándolo y le recordó vagamente la oportunidad en la que lo vio brillando por primera vez, cuando estuvo desafiando su miedo a la muerte para recuperar a su mejor amiga. Ardía contra su piel, como fuego ardiente, y lo sentía cálido pese a que jamás lo había sentido de esa forma.

Se sentía extrañamente poderoso con el emblema del Valor resplandeciendo junto a su corazón.

Entonces, el emblema del Valor brilló con más intensidad aun y los rodeó por completo a los tres.

Lo que supo Taichi un segundo después era que MetalGreymon se elevaba en los cielos, llevándose consigo a Lyximon, para continuar la batalla en otra parte. Y que muchos más enemigos se habían aparecido en el campo de batalla, disputando una pelea con todos los niños elegidos.

Aparentemente, había sido una trampa. ¿De dónde habían salido todos esos digimon? ¿Por que parecían haber estado esperando el momento oportuno para atacar? Una emboscada… Los habían estado provocando, por eso los hicieron deliberadamente ir hacia la Piedra Sagrada.

Se enfureció. El fuego lo recorrió por completo. Y más. Un fuego que nunca antes había sentido se arremolinó en sus venas, furioso. Sabía que MetalGreymon también lo sentía.

Todos sus oponentes los esperaban y ellos, ellos estaban desprevenidos.

Su deber era protegerlos. En sus manos, tenía el poder para defenderlos.

(***)

—Volvemos a encontrarnos, guerrero del fuego —saludó Cerberumon, medio inclinándose delante de Takuya.

Quiso empujar a Izumi detrás de él cuando se puso de pie pero su amiga parecía renuente a dejarlo. Por supuesto, ella era una de las personas más tercas que había conocido. Claramente, no dejaría que él la protegiese. Izumi había demostrado que podía cuidarse sola pero no quería dejarla desprotegida frente a ese digimon maligno.

No cuando deliberadamente había tratado de alcanzarla con su fuego enfebrecido.

—Pensé que habías sido purificado —renegó Takuya, mientras daba un paso tentativo hacia la izquierda pero Cerberumon le lanzó una llamarada de fuego verde hacia ese sitio.

Los estaba cercando.

—Fui enviado a nacer en otro tiempo, en otro lugar. Pero siempre he de regresar al área oscura y allí —Cerberumon gruñó, escrudiñando al niño humano— Me informaron que había sido derrotado por un niño humano que se había convertido en uno de los Antiguos Diez.

Takuya esbozó una sonrisa irónica —Deberías sentirte afortunado

Izumi quiso golpear a Kanbara. Le agradecía que la hubiese protegido cuando ese inesperado fuego arrasó con el aire limpio y amenazó con llegar hasta ella pero no lograría nada provocar al digimon que los enfrentaban. Miró hacia todas partes, a ningún sitio particular, buscando a los elegidos…

¿Dónde estaban? Los había visto a lo lejos… No deberían tardar tanto en llegar.

¡Fairymon, por favor!, gritó en su fuero interno. No podía dejar las cosas así. Tenía que luchar, ¡tenía que defenderse! La silenciosa negativa no le sorprendió. La guerrera del viento sabía que digievolucionar sería inútil si no podía mantener la energía necesaria para luchar.

Pero… Pero…

—Insolente, no tienes miedo de morir —replicó Cerberumon, el perro del infierno y sus ojos amarillos se fijaron en Izumi, burlón— Aunque veo que te importa mucho esa chica…

Takuya se tensó en su sitio, sorprendido por su propio accionar y levantó la barbilla, frunciendo el ceño, irritado —¡No te atrevas a hacerle algo a Izumi!

Cerberumon soltó una carcajada y todo lo demás sucedió muy rápido.

En un impulso, de esos que siempre le regañaban, Takuya sujetó su D-tector con fuerza y pensó en Agnimon, lamentándose nuevamente de su suerte. Luchó contra Agnimon, que punzaba por quedarse en el fondo de su mente y evitar la Digievolución.

Pero era tarde. Porque era el líder, aunque no sabía si merecía serlo. Era quien impulsaba a sus amigos cuando se abatían, aunque a veces no sabía si lo hacia bien, porque era quien tenía que tomar sus propias decisiones.

Tenía que proteger, tenía que defender… Necesitaba el poder.

El poder para proteger.

En la pantalla negra de su Digivice, aunque él no pudo apreciarlo, se dibujó un sol naranja.

Lo demás, fue imprevisible.

Algo rodeó su mano, ¿fuego? No importaba. Izumi Orimoto gritó algo detrás de él, pero tampoco importaba. Ni las voces ajenas ni tampoco los ataques que comenzaban a percibirse a mayor distancia de la que pensaba.

Todo era irrelevante. Absolutamente, todo.

Porque un incendio se había desatado y nada tenía que ver con el ataque de Cerberumon. Porque cuando las columnas de fuego ardieron a su alrededor, supo que no lo quemaba. Porque le pertenecía, porque era suyo.

Era su fuego interior, era Agnimon pulsando por salir a la superficie y tomar el control… No, compartir el control. Porque era Takuya y era Agnimon también.

Era el guerrero de fuego, nuevamente. Había regresado a casa, de alguna manera. Era el mismo que había combatido y era totalmente diferente, al mismo tiempo. Todo su cuerpo se sentía nuevo, extraño, familiar. Como si nada hubiese cambiado, aunque todos sus sentidos evidenciaban lo contrario.

—¿A-Agnimon del Fuego? —dudó una voz, dirigiendose al recién aparecido guerrero de la llama. Y él sonrió.

(***)


N/A: ¡Hola a todos!

Well, este capítulo me costó mucho por… ¡Las peleas! Sí, lo que más odio escribir son las peleas. Ya había escrito escenas de batallas pero siento que no lucen como lo hacen en mi mente xD Aún así, espero que hayan sido bastante entretenidas e interesantes. En el siguiente, la continuación. De verdad, ahora comienza la acción. Lenta pero segura...

Creo que está "unión" entre los líderes era la más obvia.

Los digimon tienen algún tipo de "sensación" cuando están cerca de los guerreros legendarios, ¿Suena familiar? A Agumon le daba miedo que Taichi se pusiera celoso… Es tan lindo *-* Pero aún faltan más cosas por descubrir. ¿Quiénes son los dos ángeles caídos? ¿Por qué buscan especialmente a los niños de la luz? ¿Quién es el "temido" enemigo?

¡Gracias a los que se interesaron en esta historia! ¡Hasta la próxima!


Editado.