"…Capítulo 9…"

Syaoran POV.

No quería aceptar que Sakura se había convertido en algo así y que esa nueva chica a la que yo no conocía se había llevado a mi camarada y a la chica que quería.

-¡No pienso dejar que huyas! –grité a todo pulmón y decidí seguirla. Las hojas del bosque me dificultaban mirarla pues tenía una velocidad inhumana, y más que la vampírica. Principalmente me guiaba del aroma de Zero, que era el más cercano.

-¡Syaoran, no! –me llamaba Meiling desde atrás y en uno de sus intentos, me tomó por el brazo y me hizo caer.

Estaba tan encolerizado con el nuevo carácter de la castaña que no me importó que era Meiling la que había hecho eso y por ente, tampoco me importó el tomarla del brazo cuando reaccioné de la caída y tirarla lejos.

Ella cayó de pie e inmediatamente se encorvó ante mí y me rugio, con los ojos rojos escarlatas por el odio y coraje me dijo:

-¡Syaoran no seas idiota! ¡No me importa si eres de la realeza pero debes entender que ella ahora no es Sakura! ¡No puedes atacarla así como así!

Una leve risa se escuchó a lejos, pero no le prestamos atención.

-¡¿Cómo es eso posible? ¡Una persona no puede cambiar así como así! ¡Y lo siento Meiling, pero no estoy de ánimos, la encontraré ahora mismo!

La rubí se puso justo en frente mío, encarándome. Me tomó del cuello de la camisa y con el tono más convincente que pudo me comenzó a hablar.

-…Te lo estoy diciendo en serio. Yo no te estoy deteniendo por capricho, sino porque es en serio…Syaoran, lamento decepcionarte pero ella no es literalmente la que era antes.

-¿Qué…?

-Oh. Aquí estaban –se escuchó de pronto de Eriol, cual esposa Tomoyo, llegó tiempo después.

Mierda.

-No tenemos tiempo para esto-mascullé, intentando irme. Tomé a Meiling e intenté llevármela lejos conmigo.

Justo cuando sentí un cuchillo clavándose en mi hombro.

-¡Syaoran! –gritó la rubí.

-Tú, hijo de la gran puta…-mascullé. Le tomé el brazo a Eriol, se lo estrujé y lo mandé a volar pero el maldito calló parado y sin daño…además del de su sangrante brazo.

Sangrante…

El olor en el ambiente se me tornó pesado. Y sí, había estado en plena masacre, rodeado de sangre y muerte pero en el momento que Sakura puso sangre en mi mejilla recordé que no había tomado hace mucho tiempo sangre –realmente- humana…y ahora la quería.

La quería, pero no debía.

-Vete Hiraguizawa, no quieres que me descontrole –susurré y no es que me importara pero Meiling también podría salir herida hasta por mí mismo.

-Vete al carajo-y él me tomó del cuello de la camisa y por poco me clava el cuchillo de nuevo. Oí un ruido abrupto y supe que Meiling me estaba defendiendo las espaldas. Miré fijamente los ojos del cazador y él a mí. Le mostré mis colmillos del enfado pero supe que si en realidad me querría ir, debía hacer algo más que fuerza bruta.

-Déjame libre. No ganas realmente nada con matarme.

-¿Fue un chiste no? Me lo dice el que ha masacrado a todo el pueblo.

-Yo no fui –le susurré con desprecio- Los míos se han revelado…nunca les dije que atacaran.

-¿Ah sí? –exclamó escéptica su esposa- ¡No me digas! ¡La muerte del gobernador y su esposa también no es culpa tuya!

-¡No me crean!-grité- ¡Captúrenlos a todos! Inténtelo. Yo te podría ayudar…pero ¡No importa! Mátame, adelante.

-Syaoran….-me advirtió Meiling desde atrás-No juegues con esto.

-Exacto. Nada de juegos –Eriol rozó más su arma a mi cuello. Entonces entendí que tampoco accedería así que decidí ya no seguir intentando porque ¿Cómo esperar? Mi camarada está capturado, un pueblo consumido vivo y ¿Quién lo diría? La media hermana de mi mejor amiga es la hija de una aristócrata y ahora está completamente loca.

Sonreí.

-De acuerdo-escapé de su agarre sin que pudiera evitarlo y le tiré una patada, haciéndolo caer. Mientras él estaba en el suelo coloqué mi pie sobre su pecho como si de un trofeo se trata y pues sí, siempre había querido golpearlo como se me daba la oportunidad ahora.

-Maldito vampiro eso fue en falso-masculló.

-Todo se vale en la guerra-volví a sonreír. Le tomé la garganta y extendí mis colmillos. Antes de poder morderlo extendí también mis garras y le desgarré el brazo. El cazador se movía debajo de mí, se esforzaba en que lo suelte pero yo era –obviamente- más fuerte que él. Ser cazador sólo se vale de técnicas y estrategia, nadie supera nuestra fuerza.

Y exactamente digo que fue, antes de poder morderlo.

-¡Aléjate de él, bastardo! –oh sí, la voz de una mujer enfadada. Me dolió mucho cuando la muy maldita hija de su madre me disparó en la pierna que estaba sobre Hiraguizawa. Meiling se había descuidado y no le dejó hacer el segundo y funesto disparo que tenía para mí, pues se le lanzó encima como una fiera.

-Ni si te ocurra convertirme en un monstruo como tú –casi me escupía las palabras, poniéndose ya de pie, viéndome satisfecho por la acción de Daidouji, en como yo me quejaba del dolor por esa bala en mi muslo.

Eriol me pateó dos veces en el estómago, mientras se burlaba de mi estado. Me habría parado y atacado…pero simplemente no podía, literalmente. No era orgullo ni debilidad, era incapacidad. Esa arma de la paliducha me había dado en un buen punto, ahora no podía pararme y su esposo me trataba como un perro.

-¡Ja! Sin una pierna sí que son inútiles –se reía. Idiota. No sabía las ganas que tenía de golpearlo. Estiré mi brazo y lo jalé al suelo, le tiré un puñete en la cara y finalmente le hice un buen corte en las venas de la muñeca.

Maldecía por debajo su dolor.

-¡Eriol! –sonreí satisfecho al oír el grito desesperado de su esposa cuando Hiraguizawa cayó inconsciente y más aún cuando Meiling, en el descuido de la otra mujer, le tiró un golpe en la nuca y la dejó igual que a su marido.

-Bien…hecho-susurré. El dolor aún me molestaba demasiado, se curaba demasiado lento, pues era una gran herida – Hay… que irnos a buscar…la.

-Estás muy mal, no puedes –me reprochó Meiling.

-Qué va. Estoy bien –me puse en pie, sacudí algo de polvo, inspiré hondo y finalmente le dije – Ahora sí hay que ir.

Estábamos a punto de saltar a correr, en serio, pero una flecha casi me da en la nuca. Volteé y pude ver con claridad, detrás de un árbol, una pequeña y delgada figura, parecía un niño.

¿Sería…?

-¡Ah, otra vez! –Se quejó la rubí pero frunció el ceño cuando me vio volver - ¿Qué haces?

Me aovillé ante la personita en frente mío, la cual por cierto me miraba con temor e inseguridad. Se le veía tan frágil e inocente…en verdad me cuestionaba si era hijo de Eriol y Tomoyo.

-V-Vete sucio vampiro…-susurraba el pequeño, con mucho temor, apuesto a que un poco más y lloraría. No sabía qué hacer… ¿Valía la pena matarlo?

-Un bocadillo –la otra se puso detrás del niño y lo miraba con hambre –Pequeño, pero no importa.

Sí, el niño empezó a llorar.

Lo miré bien ya que antes solo había sido un espectador del que casi me maten y no lo había analizado. Tenía su cabello negro azulado con los ojos grises violáceos y de una contextura pequeña. En su mano izquierda, una pequeña estaca. Y si lo pienso bien, es un hijo de cazador, podría saber algo de técnicas, pero aún es muy joven, sin embargo, nos puede ser útil como carnada.

-No-dije de pronto.

-¿Ah? –mi amiga paró en seco.

-No lo mates-le guiñé un ojo- No quieres que nada le pase a tus papis ¿no? –susurraba quitando algunos mechones de su cara y viendo su sonrojada carita.

-Mamá…., papá…-sollozaba el pequeño.

-Dime… ¿Cómo te llamas pequeño?

-…Me llamo Matt.

-Bien Matt, ven con nosotros y no hagas nada malo para que tus papás estén bien.

-Escuchaste niño, no tienes opción.

-Meiling-mascullé, tomando al niño que aún tenía algo de miedo y lo puse en mi espalda.

-Oh, no me digas que lo llevarás cargado. Qué paternal, Syaoran –hice caso omiso de su comentario y comencé a correr. Sentí su enfado entonces.

-Mis papás…-susurraba Matt, cogiéndose más a mí.

-¿Qué dije?- le resondré- No digas nada, estarás bien en silencio.

-¡Ja! Niñato…-Meiling desde lejos, sonaba con aburrimiento-Y tú ¿Qué piensas hacer con él, eh?

-Meiling, cállate de una vez por favor-le contesté con el mismo tono. Sentí una pequeña risa en mi espalda. Bien, si me ganaba algo de confianza podría tal vez, resultar algo más fácil tenerlo de nuestro lado, como una buena carnada.

-Ves, sólo dices tonterías –no oí respuesta. Sé que me estaba maldiciendo por lo bajo.

Corrimos por las ramas del bosque, cada vez se oía menos el escándalo del pueblo y hacía más claro el rastro de aroma de Zero y del nuevo aroma de Sakura, por lo que deduce que no estaríamos muy lejos. Tomé más fuerte a Matt, sabiendo que en cualquier momento nos podrían atacar. Meiling era buena en la retaguardia, sabía que podía confiar en ella.

Lástima que nadie me defendía por el frente.

Un navajazo me tiró al suelo. Meiling logró coger al pequeño y yo caí de espaldas. Me dolió, oh sí, me dolió mucho.

No podía esperar nada más de Zero.

-Buen golpe, pero no deberías dármelo a mí –le dije con sarcasmo. El amatista sonrió tristemente y se puso en pie, aún con sus garras extendidas.

-Bien, Zero- reconocí rápidamente la nueva y hermosa voz de Sakura. Ella salía de los arbustos. Aún tenía el vestido que usaba cuando nos besamos pero era irónico: sucio, gastado y desgarrado. Todo de la nueva ella.

-Sakura…-Zero quería tragarse sus palabras-…s-sama.

No me sorprende ya que Sakura le haya obligado a llamarla así.

Meiling tenía a Matt en brazos un espacio más atrás que yo. A él lo oía sollozar otra vez, ni en su peor pesadilla, se imaginaría en plena batalla de vampiros, su peor miedo.

-¿Qué tal si lo dejas por otro lugar? Estorba –dijo fríamente Sakura a la rubí, quien a pesar de no caerle tan bien los niños, no sería capaz de dejarlo por ahí en plena guerra.

-Oblígame –le escupió las palabras a su hermana como una víbora.

Sakura se carcajeó. En un abrir y cerrar de ojos ella estaba delante de Meiling –la cual empujó lejos al niño para que pueda huir- y la golpeó en la cara, haciéndola caer.

-Idiota-masculló. Se puso de pie y se limpió el labio sangrante –No eres nadie para mandarme.

-¿En serio? –la castaña sonrió y le dio otro golpe en el estómago a Meiling, ahora sí haciéndola caer.

Meiling no era débil, era una vampiro muy fuerte. No era que Meiling no resistiera, era que Sakura tenía una fuerza muy grande, una fuerza de neófita.

Pero al parecer aún no había detectado hacia donde había ido Matt, así que supuse que si actuaba con cuidado, podría tomarlo –porque yo sí lo había visto- y llevarlo hacia sus padres, sería una oportunidad perfecta y única para usar al niño.

Intenté moverme pero Sakura se puso en frente mío, volteé y se puso también detrás, sin mencionar que Zero también estaba ahí.

Entonces ésta era la situación: Meiling estaba inconciente, un niño oculto que era muy importante y yo, completamente solo a punto de enfrentarme a una aristócrata y a mi más hábil camarada. La primera con unas grandes ganas de pelear conmigo.

No vale, son dos contra uno.

Mierda.


LAMENTO MILES POR LA DEMORA YA DESPUÉS EXLICARÉ POR QUÉ DEMORÉ PERO AHORA DEBO IRME PRONTO PORQUE MIS PADRES ME SACARÁN DE AQUÍ A PATADAS (EXAMENES) ASI QUE GRACIAS A TODOS POR SU CONSTANTE LECTURA Y POR TENERME PACIENCIA EN SERIO SON MUY ESPECIALES.

BeZoZ xOxO
BieH BieH...!*


***/*Za-firE-aniLu*/***
=)