CAPÍTULO 10
UNA TORMENTA JUNTO A ELLA
La había visto algunas veces y decir que no sentía celos, era mentir... Si por él fuera, correría hasta ella y la abrazaría, ansiaba tanto sentirla cerca, sentirla en sus brazos, sentir su perfume, y extrañaba su sonrisa... Ahhh su sonrisa, muchas veces la había visto sonreír, en el pueblo, para su hijo, para sus amigos, y si bien ninguna de ellas fue para él... Esa sonrisa aparecía en su mente una y otra vez robándole el sueño.
Pasar todos los días frente al departamento de Regina, para ir al trabajo, se había vuelto una tortura, el Hola y Adiós que se dirigían no era lo bastante. Él sabía que la había perdido, lo supo desde que vio el anillo, pero lo confirmó cuando vio a Alex salir de su departamento muy temprano en la mañana hace dos semanas.
Desde la esquina la vio, Hermosa, cada día más hermosa, cómo solo ella podía serlo, su cabello era levemente movido por el viento y su perfecta anatomía se contorneaba con naturalidad hasta los brazos de quién ahora era su pareja.
- Buenas Tardes, Regina, Alex - saludó el príncipe con una fingida sonrisa.
- Hola. - contestó la morena.
- Buenas Tardes - dijo Alex, mientras abrazaba a Regina por la cintura y la pegaba hacía él.
- ¿Nos vamos, amor?
- Sí, vamos.
- Adiós David.
- Adiós.
David vio a la pareja alejarse, suspiró y se giró siguiendo su camino a su centro de trabajo, Vermont's Pets.
- ¿Y entonces Bella?, ¿a dónde te gustaría ir esta noche?
- Alex aun no terminé con los documentos que me encargaste ayer... aún me falta mucho, pensé llevarme un poco de trabajo a casa... Lo más probable es que no lo termine hoy... y…
- Bella, soy tu jefe y tu novio, no te preocupes mucho por ello, ¿sí? Todavía los necesito para...
- No me gusta estar con pendientes, Alex, "no dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy", ¿cierto? - sonrió - sino termino con ese pendiente, voy a estar toda la noche preocupada por ello, me conozco, mejor lo termino hoy mismo, sea la hora que sea... - él sonrió.
- Te amo - la besó y ella sonrió entre el beso - entonces vengo para llevarte a tu departamento a las 8, ok?
- Ok. ¿Es necesario que vayas a Boston hoy? el clima está muy raro y en las noticias dijeron que hoy llovería...
- Tengo que ir Regina... me están esperando... No puedo quedar mal con esos empresarios... No te preocupes, ¿sí? Estaré aquí a las 8 - nuevamente la besó - Nos vemos - el moreno subió a su auto y se fue.
Regina entró al estudio contable, hoy le esperaba una tarde llena de documentos y trabajo por realizar.
Entre documento y documentos la tarde había pasado volando para la morena, los ojos le ardían, había estado frente a la computadora toda la tarde, se levantó, fue hasta una ventana que daba hacia la calle y observó el paisaje... El cielo de Burlington estaba completamente gris y corría mucho viento, el hombre del clima no se había equivocado, hoy llovería y por el color de las nubes, sería algo más que una simple lluvia. Sólo esperaba que Alex estuviera de regreso antes que el cielo se rompiera en dos. Miró su teléfono... Ningún mensaje del moreno, eran las 6:30 de la tarde y él ni siquiera se había comunicado con ella para decirle que había llegado bien a Boston, ella lo llamaría, buscó el número entre sus contactos y presionó el botón verde, pero de inmediato fue a parar a la "casilla de voz". Quizás estaba ocupado pensó. Guardó su teléfono y fue a servirse una taza de café, cuando estuvo por acercar el contenido a sus labios, el sonido de un fuerte trueno la hizo sobresaltar, giró a ver por la ventana y una terrible tormenta empezaba a desatarse afuera.
¿Alex dónde estás? - se preguntó la morena.
La lluvia no era uno de los fenómenos climatológicos que la morena amase, al contrario, èsta la llenaba de tristeza y angustia… ciertos recuerdos de su soledad en el castillo, aparecían cada vez que llovía. Tenía que distraerse, no podía ponerse más nerviosa de lo que ya estaba, nuevamente se sentó en su escritorio y continuó trabajando con su taza de café al lado.
Uno a uno los funcionarios y trabajadores empezaron a salir... algunos porque sus jornadas de trabajo terminaban y otros porque vivían lejos y debían cubrirse de la lluvia antes que esta se hiciera más fuerte.
- Regina, se está poniendo feo allá afuera... - Lucía se ofreció a llevarnos a casa, ¿vamos…?
- Azul, Alex vendrá por mí en unos minutos - dijo mirando la pantalla de su teléfono - voy a esperarlo mientras avanzo un poco más con estos pendientes - sonrió nerviosa.
- Bueno, pero cualquier cosa, avísame.
- Lo haré, no te preocupes.
Los minutos, seguían transcurriendo, y ella no paraba de mirar su teléfono...
8:45 pm
Ya no podía concentrase con nada, los nervios la mataban y ninguna señal de Alex. Nuevamente se acercó a la ventana, parecía que el cielo no se cansaba, la lluvia era intensa, y ni un alma podía verse fuera. Trato de comunicarse con el moreno por enésima vez y nada, nuevamente a la casilla de voz.
La temperatura debía estar bajo cero, sólo la calefacción del recinto la mantenía caliente... Se maldijo por haber olvidado su abrigo, ese corto vestido, más el frío de allá fuera, le haría pescar una pulmonía, si se atrevía salir.
9:00 pm
Caminaba intranquila, de aquí para allá, sus cosas estaban en su bolsa... ¿Qué debía hacer? ¿Dónde estaba Alex? Él había prometido venir a recogerla... ¿le habría pasado algo? Su cabeza empezó a imaginar cosas horribles. ¡Tranquilízate, Regina!... Nuevamente intentó llamarlo, sin ningún resultado...
9:20 pm
Tenía que salir de la oficina, no podía pasar la noche ahí... llamó a Azul pero tampoco atendía.
- ¡Maldita sea Azul, ¿por qué no contestas?
Intentó comunicarse con ella unas cuantas veces más... pero tampoco contestó, guardó su teléfono en su bolsa, nuevamente se acercó a la ventana la lluvia caía sin cesar, miró su reloj, 9:50, tenía que irse, sólo llevaría consigo su bolsa y ya no los documentos.
El frío era insoportable, se abrazó para darse calor, mientras esperaba algún taxi... los minutos pasaban pero ningún taxi pasó, tendría que caminar, sentía sus dedos entumecer de frío y estaba completamente mojada, la delgada tela del vestido se pegaba a su cuerpo, mientras las grandes gotas de lluvia resbalaban por su rostro, hombros y brazos. La mala suerte de la morena quiso, que la energía del alumbrado público se cortara, ahora tenía que caminar sola, mojada y a oscuras hasta su departamento, el cuál no era tan cercano. Lo único que escuchaba, era el sonido de los tacones en el agua del piso, el tronar de sus dientes por el frío y de vez en cuando uno que otro trueno a lo lejos.
Había caminado casi 20 minutos, sentía que ya no podía más, estaba congelada, había perdido uno de sus zapatos en algún acantilado y no le quedó más remedio que dejar el otro en alguna parte. En lo único que podía pensar era en llegar a su casa, se sentía fatal, el pecho le ardía y su cuerpo le pedía descanso...
- ¡Hey! - alguien la tomó por la cintura - ¿estás bien?
La morena saltó ante el contacto.
- ¡Tranquila! - Esa voz... Pensó la morena.
- ¿Da-David ? - dijo temblando, el dueño de la voz levantó un poco el paraguas, que venía sosteniendo.
- ¡Oh Regina! ¿Qué te pasó, donde está Alex?
- No-no- lo-lo sé - respondió en un susurro.
- ¿Puedes sostener esto? - Preguntó el rubio, ella asintió mientras recibía el paraguas para cubrirlos a ambos, de inmediato él se quitó el abrigo y se lo puso, tomó uno de sus pañuelos que tenía en el bolsillo y le secó el rostro.
- ¡Hermosa, estás ardiendo en fiebre! - besó su frente.
- Estamos a dos minutos de mi casa, ¿puedes caminar? - ella asintió.
Abotonó el abrigo y la abrazó a su cuerpo... Podía sentirla temblar.
- Vamos, estamos cerquísima.
En ese momento, lo único que quería, era que él la abrazara más y le compartiera su calor...Apenas entraron al departamento del rubio, él encendió la calefacción y la guió a sentarse al comedor.
- Espera un momento, Bonita - David corrió hasta su recámara y trajo un par de pantuflas.
- Regina, tenemos que hacer que baje esta fiebre - tocó sus mejillas - y para eso, primero debes deshacerte de esa ropa mojada - ella asintió, la ayudó a ponerse de pie y la guió hasta su recámara. Buscó entre sus pertenencias algo que pudiera prestarle.
- Puedes usar esto - le entregó una remera de algodón blanca y un bóxer - cámbiate, mientras voy por algunos medicamentos.
- Gra - cías - dijo sonrojada al recibir las prendas.
- De nada - date prisa que esa ropa mojada te hará daño - acarició su mejilla y salió de la habitación.
La morena así lo hizo, rápidamente se quitó el abrigo de David, el vestido, las medias panties y la ropa interior y de inmediato se puso la ropa que él le había entregado. Colocó toda la ropa húmeda en un canto. Se sentía fatal, quería acostarse en la gran cama de David pero moría de vergüenza, con una toalla comenzó a secarse el cabello, mientras se dirigía a mirar a través de una ventana, afuera la fuerte lluvia no paraba y parecía que llovería toda la noche, suspiró resignada.
Nuevamente se giró y observó la cama, el malestar que sentía era demasiado y su debilitado cuerpo le pedía a gritos que se acueste y se abrigue. No pudo aguantar más, se sentó en el borde y luego se recostó encogida para darse calor.
No supo cuánto tiempo pasó, pero apenas se acostó se había quedado dormida y sólo despertó cuando sintió el roce de unas tibias manos queriendo cubrirla con una manta calientita. Ella se sobresaltó.
- ¡Hey, hey, tranquila, soy Yo! - dijo el rubio, ella se tranquilizó - te traje algunos antigripales - le alcanzó un vaso con agua y comprimidos rosas.
Cuando había entrado a su habitación se había encontrado con el pequeño cuerpo de Regina en su cama, encogida como una niña pequeña, la remera que le había prestado era grande para su contextura, sino fuera por el ancho pareciera que estuvo usando un camisón propio, le llegaba a la mitad de los muslos, si otras fueran las circunstancias, no hubiera dudado en burlarse, pero sólo sonrió, para luego sentir su corazón doler al verla temblar de frío.
- Gracias - entregó el vaso.
- No debes abrigarte mucho, la fiebre aumentará.
- Te-tengo-mu-mucho frío David - dijo temblando y encogiéndose en la cama, sus ojos se cerraban - el rubio colocó su mano sobre la frente de la morena y al parecer la fiebre había aumentado, tenía que bajársela de una vez, de lo contrario Regina podría convulsionar.
De inmediato empezó a colocar las compresas de agua fresca que había traído, en su frente, cuello y brazos.
- Henry - susurró la morena - Perdón
- Shh, tranquila - dijo el rubio al escucharla desvariar
- Perdóname-por-por-fa-favor...
- Hey, Bonita... Todo está bien... Descansa, Shhh Shhh.
Los cuidados del príncipe con el transcurrir de los minutos habían dado resultados, la fiebre había cedido y ahora la morena dormía tranquila. Acomodó su cabello y la observó unos instantes, aún tenía las mejillas algo rojizas debido a la fiebre de minutos atrás pero se veía linda, recordó los desvaríos de la morena y se sintió mal por ello, por su culpa había dejado a Henry, por su culpa ella seguía creyendo que su hijo le guardaba rencor. Viéndola dormir, se cubrió con el cobertor y lo compartió con Regina, el sueño lo vencía también y se quedó dormido.
El príncipe despertó cuando el teléfono de Regina sonó, corrió a contestar de inmediato para evitar que la morena despertara. Eran 5 am.
- Aló Bella.
- ¿Alex?, dónde diablos estás, Regina estuvo mal gran parte de la noche...
- ¿Quién habla? - preguntó el moreno enojado
- Soy David.
- Ah Tú, ¿está Regina contigo? ¿Cómo está?
- Sí está aquí, la encontré anoche, sola, en plena lluvia, cómo pudiste dejarla, ¿estás demente? Pudo haberle dado una pulmonía con esa tormenta. ¿No pudiste llamar para por lo menos decirle que no ibas a venir por ella?
- Primero, no fue mi intención dejarla sola y segundo no voy a discutir contigo. Gracias por haberla ayudado, dame tu dirección que iré por ella.
El príncipe no pidió más explicaciones a Alex, le dio su dirección y colgó.
Era un jardín hermoso, diversas flores de colores y especies adornaban cada canto, el sol brillaba en lo alto tan imponente, que ella llevaba un sombrero mientras recogía las manzanas de su hermoso árbol que yacía en el centro del jardín. Estaba concentrada, observando cada una de las manzanas, las maduras y las que no lo estaban. De pronto algo extraño pasó...
- ¿Mami? - ella giró al escuchar esa vocecita angelical.
Un pequeño de aproximadamente cuatro años, venía caminando entre las flores, con un osito de felpa en brazos.
- ¿Mami?
Regina no supo que hacer, a pesar de que nunca lo había conocido, su corazón lo reconoció y lágrimas incontrolables cayeron por sus mejillas. Era un niño lindo, de cabello rubio y ojos azules como el cielo, era su hijo; soltó la canasta que tenía sujeta y las manzanas rodaron en diferentes direcciones.
Se agachó y abrió sus brazos, el pequeño rubiecito sonrió y corrió hasta ella abrazándola y llenándola de besos.
- Eres muy linda, mami - dijo el pequeño mientras acariciaba el rostro de su madre, con sus pequeñas manitas.
- Eres tú bebé! Eres tú! - decía entre lágrimas - pero no entiendo, cómo si yo...
- Shhh mami - dijo el pequeño con su dedito índice sobre los labios de su madre.
- Estoy bien mami, papá Henry me cuida allá - dijo señalando un lugar atrás suyo, Regina miró hacia donde apuntaba el niño, pero sólo veía flores y árboles - Él dice que eres una reina y las reinas trabajan mucho, pero que un día vas a venir a jugar conmigo.
La reina escuchaba atenta al pequeño, mientras lo mantenía en sus brazos sin parar de llorar.
- No llores mami - dijo secando las lágrimas que corrían por las mejillas - ¿Te digo un secreto? - sonrió el pequeño. Ella sonrió también, era tan parecido a Él.
- Papi te quiere mucho y muy pronto estarán juntos - se acercó hasta el oído de Regina - Para siempre - dijo en voz baja, la morena se sorprendió.
- ¿Papi Henry?
- No mami, papi David - susurró mirando hacia atrás - Pero shh shh es secreto - dijo con su pequeño dedito sobre sus labios
Ella no sabía que decir, y sólo atinó a abrazar al pequeño. Esto debería ser un sueño, ella estaba segura, pero se sentía tan real y no quería dejar de abrazar a su pequeño, ni despertar.
- Mami
- Dime, bebé...
- Tengo que ir, me están llamando - dijo el pequeño, volteándose y señalando - allá mami...
- ¿Quién te llama? - preguntó extrañada...
- Ángeles - susurró - tengo que ir...
- No bebé, no te vayas, quédate conmigo...- dijo alzándolo en sus brazos.
- Yo quiero estar contigo - dijo con los ojitos azules llenos de lágrimas - Pero no puedo, debes ir con papi, ellos dicen que un día vamos jugar todos...
- Oh, hijito mío... Por favor quédate...
- Soy Tu bebé, mami, siempre seré tu bebé, y estoy aquí - puso su manito sobre el corazón de Regina...- para siempre - No quiero que llores cuando pienses en mí, eso me pone triste. Debes ser fuerte mami, aún pasarán cosas... Pero papi estará contigo y yo también. Te amo mucho mami... Ahora tengo que ir... Es tarde - dijo el pequeño mientras se movía, para que su madre lo pusiera en el suelo, Regina así lo hizo.
- Esto es para ti - dijo entregándole el osito de felpa.
- Te amo bebé
- Y yo te amo más... De aquí hasta la luna - dijo estirando sus bracitos lo más alto que podía - ella sonrió entre lágrimas.
- Adiós mami - abrazó las piernas de su madre, ella lo abrazó también hasta que el pequeño se despegó de ella, y caminó por el mismo lugar por donde había venido hasta que desapareció entre las flores y árboles del jardín.
- ¡Regina! - ella se giró para ver quién la llamaba.
- Hey, Regina, Bonita, despierta - la morena se incorporó de inmediato triste porque el sueño había acabado, pero feliz porque lo había conocido.
- ¿Qué pasó Regina?, ¿un mal sueño?
Ella se cubrió el rostro con ambas manos y lloró, todo lo que le había dicho su bebé aún estaba presente y con los ojos cerrados podía volver a ver su carita, y escuchar su vocecita llamándola ¡mami!
- No David, al contrario – susurró, levantó el rostro y abrazó al príncipe - soñé con él.
- ¿Con quién, bonita, con quién?
Regina se separó de él y lo miró a los ojos, esos ojos tan similares a los de su pequeño.
- Con mi... Con nuestro bebé.
Era la primera vez que utilizaba la palabra "Nuestro"para hablar del bebé que se sintió lindo y extraño a la vez, el príncipe sonrió y la abrazó, mientras aún algunas lágrimas eran derramadas por ella. Estuvieron así unos segundos hasta que David interrumpió el abrazo.
- ¿Quisieras contarme? - ella lo dudó unos segundos, pero luego asintió, se acomodó en la cama y David se sentó junto a ella, esperando escucharla...
- Estaba yo en un jardín, era hermoso... había muchas flores... - Ella le contó su sueño, excluyendo las palabras de su pequeño sobre ellos dos, le describió las características físicas del bebé y David no cabía en la felicidad, parecían una pareja de esposos hablando de sus sueños mientras compartían la cama aún por la mañana, hablaron de muchas cosas más mientras, amanecía.
- ¿Cómo te sientes, Regina?
- Mejor, pero me arde un poco la garganta.
- La lluvia te hizo daño...
- Pero no pasó a mayores gracias a ti David, gracias por haber cuidado de mí.
- No tienes nada que agradecer, somos amigos, no? - ella asintió con una sonrisa.
Ver a Regina con el cabello alborotado de recién levantada, su rostro sin una gota de maquillaje y esa hermosa sonrisa en su rostro dirigida sólo a él, era lo mejor que le había pasado desde que llegó a esta ciudad.
- ¿Has visto mi teléfono?, sabes si Alex me llamó - preguntó preocupada...
- Bueno, él... Él llamó mientras dormías -
- ¿Qué? ¿Y cómo está? ¿Dónde está? -
- Regresando de Boston, viene a verte...
- ¿Recién, hoy?, pero que le paso ayer...
- No lo sé Bonita... Ya te lo dirá él... - no le gustaba que la conversación sea sobre ese tipo y los celos lo mataban cuando ella se preocupaba por él; entonces recordó los desvaríos de la reina y decidió preguntarle lo que había pensado anoche.
- Regina, ¿te gustaría hablar con Henry? - a la morena se le iluminaron los ojos, pero luego agachó la mirada.
- No creo que él, quiera hablar conmigo.
- Estás equivocada - le levantó el mentón - él también te extraña - sin esperar una respuesta de la reina, el príncipe tomó su teléfono y llamó a su nieto.
- ¿Henry?
- ¿David?, aún es de madrugada en esta parte del mundo - dijo entre un bostezo. ¿Qué pasó?
- Alguien quiere hablar contigo... - entregó el teléfono a Regina.
- ¿Henry? - dijo la reina con cierto temor. Al escuchar la voz de su madre al adolescente se le quitó el sueño y se sentó en la cama.
- Mamaaaa - gritó feliz, a Regina se les escaparon algunas lágrimas - Te extraño, tanto.
- También te extraño hijo…
- Mamá, regresa a Storybrook por favor... Quiero verte... Decirte que... Que lo siento.
- Henry tranquilo...
- Es que mamá... yo fui tan malo contigo.
- No te sientas mal... Entiendo tu reacción... Yo te defraude.
- No mamá, Yo me comporté mal contigo, soy un mal hijo... Debí creer en ti, en tu promesa de cambio por mí... Pero en vez de ello dudé de tu palabra... Y no sabes cuánto me pesa haberlo hecho, estoy muy arrepentido de lo que te dije ese día... Ahora sólo quiero verte, abrazarte... Cuándo regresas?, vas a regresar verdad?
La morena miró al príncipe.
- No lo sé, Henry...
- Mamá, aqui las cosas han cambiado, ya todo ha sido olvidado, las personas saben que lo ocurrido entre tú y el abuelo no fue una traición a la abuela... - a Regina se le encendieron las mejillas, no quería hablar de esas cosas con su hijo.
- Henry, escucha... Ehh tengo que ver la forma de que alguien prepare una poción para poder regresar y no es tan fácil.
- Pero lo vas a intentar, dime que vas a intentar ver la forma que alguien prepare una poción.
- Lo haré Henry, lo haré.
- Te amo mamá.
- Yo también te amo Henry.
- Me gustaría seguir hablando contigo, pero tengo que alistarme para la escuela.
- Los estudios son lo primero, ve Henry ve... Otro día hablamos.
- ¿David está contigo?
- Si
- ¿Te está cuidando?
- Sí - dijo la morena sonriendo.
- Más le vale, está advertido, tiene que cuidarte sino se las verá conmigo. Adiós mamá
- Adiós hijo.
La morena colgó el teléfono y se lo entregó a David.
- Lo de regresar a Storybrook fue mentira, ¿cierto? - preguntó el príncipe
- Tengo miedo David. No quiero regresar - dijo la morena preocupada.
- Entiendo.
Permanecieron en silencio unos minutos, cada uno perdido en sus pensamientos, hasta que la morena se levantó de la cama.
- ¿A dónde vas?
- Al baño...
La morena se puso de pie, y escuchó la risa del príncipe.
- ¿De qué te ríes?
- De nada, de nada - dijo él, aun riendo.
- ¿De qué te ríes David Nolan? ¿Te estás burlando de mí? Habla! - dijo seria y cruzando los brazos fingiendo molestia.
- Es que te ves graciosa - dijo señalando su ropa, la morena se observó y se dio cuenta que aún llevaba puesta la ropa de David, la remera le llegaba hasta los muslos, la jaló hacia abajo pero esta no estiraba más, con la mejillas rojas debido a las burlas de David entró al baño sonriendo también mientras el príncipe no paraba de reír ante la reacción de la morena.
Momentos como estos eran maravillosos y aunque él sabía que sólo eran efímeros, quería disfrutarlos, disfrutarlos antes de perderla otra vez. ¡Tan cerca y tan lejos!, así la sentía, así la tenía. Alex no demoraba en llegar y ella se iría.
Snow se había levantado temprano a preparar el desayuno para Henry. Emma aún dormía. Cuando fue a despertar a su nieto, lo escuchó hablando por teléfono, pegó su oído a la puerta de la habitación y escuchó toda la conversación. Se llenó de rabia al saber que David se encontraba con Regina y la cuidaba. Furiosa, tomó su teléfono y digitó un número.
- Me dijiste que ella salía con alguien más y que ese alguien no era David. ¿me estás mintiendo?
- Claro que no... Ella sale con un tal Alex, de dónde sacaste esa idea.
- Acabo de escuchar a mi nieto hablar con ella y al parecer están juntos. Escúchame bien... Me prometiste lealtad y estar al tanto de todo lo que pase fuera con ella y mi esposo. Así que ponte las pilas - colgó.
La morena salió del baño y no encontró a David, abrió las cortinas y miró por la ventana, las pistas estaban aún mojadas, pero ya no llovía, ella estaba feliz, había soñado con su bebé y había hablado con Henry.
- Regina, Alex está aquí - dijo David, al abrir la puerta.
El moreno entró en la habitación y Regina corrió a abrazarlo, Alex hizo una mueca de dolor.
- ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿Por qué no viniste a verme?
- Bella, discúlpame - dijo juntando su frente a la de ella, para luego besarla en los labios. David apartó la vista.
- ¿Pero dime que te pasó? Te estuve llamando pero no contestabas.
- También intenté llamarte, pero las líneas telefónicas habían colapsado... La tormenta malogró algunas carreras y fue difícil conducir de madrugada, así que decidí esperar a que pasara.
- ¿Pero estás bien?
- Sí, estoy bien - sonrió él, Regina lo abrazó, y nuevamente Alex hizo una mueca de dolor.
- ¿Qué pasa?
- Nada Bella, solo que dormir en el auto, no es nada cómodo - ella sonrió
- ¿Y tú, cómo estás? - dijo alejándose un poco para observarla - ¿Y esa ropa?
- Es de David - dijo sonriendo - cómo anoche no llegaste por mí, tuve que salir de la oficina en plena lluvia...
- ¿Y Azul?
- No lo sé, nunca me contestó, supongo que debe ser por lo de las líneas telefónicas colapsadas - frunció el ceño - David me encontró y me trajo a su apartamento, ayer estaba realmente mal, sino hubiera sido por David, creo que hubiera muerto de hipotermia - ella sonrió al príncipe, que miraba desde la puerta. Alex se giró para mirarlo también
- Gracias por haber cuidado de ella - el príncipe asintió.
- ¿Nos vamos, amor?
- Sí, vamos, quiero cambiarme - dijo ella mirando la ropa que llevaba puesta y luego a David, el rubio sonrió y ella también. Alex se percató, se sacó el abrigo que llevaba puesto y se lo puso, la tomó de la mano y se dirigió hacia la puerta del apartamento de David.
- Gracias por todo David - dijo la morena abrazando al rubio. El correspondió el abrazo.
- Gracias David - Alex estrechó su mano con la de David y luego salió con Regina del apartamento.
Los celos invadían a Alex, David había estado para calmar su fiebre y no él. Estaba furioso consigo mismo por haberla dejado sola, pero no había podido hacer nada, ese asunto en Boston no podía esperar.
Al llegar a su departamento, Alex abrazó a Regina y la besó.
- Estoy muy contento de que no te haya pasado nada, pero nunca me voy a perdonar haberte dejado sola anoche.
- Estoy bien Alex, un poco agripada pero bien.
- Si te sientes mal, no vayas a la oficina los días que creas necesarios, tomate tu tiempo para que te recuperes - acarició su mejilla - ¿lo harás?
- Pero aún no he terminado con...
- ¿Regina? - interrumpió
- Está bien, está bien.
- ¿segura? - la morena rodó los ojos
- Sí Alex, lo prometo - sonrió
- Te amo, Bella. - le dio un último beso y la morena entró a su departamento
- Esta vez no voy a gritar, me comportaré como una buena amiga y dejaré que me cuentes que pasó, o mejor dicho que NO pasó - dijo Azul, levantando una ceja, desde donde estaba sentada con su taza de café en la mano, mientras examinaba a Regina de pies a cabeza
- Ay Azul - rodó los ojos - mejor dime, ¿Por qué no me contestaste ayer? Te estuve llamando... - dijo desabotonando el abrigo, mientras se dirigía a su habitación.
- No sé qué pasó, intenté también llamarte, para saber cómo estabas, pero las llamadas no entraban...Y buenooo al parecer estabas muy bien - dijo mirando la ropa que llevaba puesta la morena. - Cuéntame Regina, ¿Qué tal Alex?, su ropa te queda muy bien - dijo mientras reía.
- Esta ropa no es de Alex, es de David.
- ¿Qué? ¿Cómo de David?
El hada siguió a Regina hasta su habitación, le insistió tanto que acabó contándole contó todo...
Recostado en el mueble principal de su sala David pensaba en la noche de Tormenta junto a ella, él no lo vio venir y el que fuera algo no previsto le había encantado, obviamente no le gustó verla vulnerable, pero amó cuidarla y sobre todo verla sonreír hoy temprano en la mañana, los ojos color chocolate habían brillado de emoción cuando habló de su bebé, él había cerrado sus ojos y lo había imaginado tal y conforme ella lo describió. El amor por esa criaturita que ninguno conoció estaría en sus corazones siempre.
¿Alguna opinión?
