Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo sólo juego con sus personajes.
Advertencias: Rated M, historia para mayores de edad. Si eres menor y lees, es bajo tu responsabilidad. Si no te gustan los Lemmons, no lo leas por favor.
Me desperté sintiendo unos suaves besos por mi mejilla, los de Edward. Comenzaron a bajar por mi cuello, haciéndome cosquillas al sentir su cabello, revoltoso como siempre. Me revolví un poco y empecé a reírme, me hacían cosquillas. Me encontraba todavía con los ojos cerrados, pero pude oír perfectamente a Edward riéndose al ver como me revolvía. Aunque eso no le hizo parar, continuó dándome besos húmedos por el cuello y riéndose en el, haciendo que por culpa de su aliento las cosquillas aumentaran.
Jadeé riéndome, no lo podía aguantar más. Así que me obligué a abrir los ojos.
"Buenos días, dormilona," agaché un poco la cabeza para verlo, pero me lo impedía su mata de pelo cobrizo. Pasé mis dedos por él. Increíblemente suave y indomable. ¿Cómo sabía que había abierto los ojos? Siguió con sus besos impidiéndome pensar.
"Buenos días... pa-para, por favor," ahí es cuando levantó la mirada. Sus profundos ojos verdes me miraron, brillando alegremente. Seguí acariciando su pelo y ronroneó como un gato. Me reí.
"¿Tantas cosquillas te da?" asentí tímidamente con la cabeza. Se rió y volvió a dejar un beso en mi sensible cuello. Entre su cabello y el aliento, me revolví mucho más.
"Mucho, por favor..." rogué con la respiración entrecortada, algo que parecía divertirle más.
Suspiró en deseacuerdo pero se puso a la altura de mi cara, apartando con sus dedos los mechones que la tapaban. Le sonreí tímida.
"De acuerdo..." aceptó derrotado, pero con la sonrisa aún bailando en sus labios, "qué quejica." se quejó él, sacándome la lengua.
Me reí al ver su actitud infantil.
"Es que me hace muchas cosquillas," me quejé de nuevo, haciendo un puchero. Rió divertido y acarició suavemente con su pulgar mi labio inferior que era el que estaba sobresaliendo.
"Otras veces no te hace tantas..." recordó, subiendo y bajando las cejas. Le pegué flojo en el hombro intentando no reír.
"Pero es que esas veces tu pelo no esta tan despeinado y no me roza tanto," recalqué la palabra tan porque es que el siempre estaba despeinado. Eso a no ser que se echara tres kilos de gomina y el pelo se le quedara tieso. Me reí de la imagen mental.
"¿De que te ríes tu, eh?" murmuró cerca de mi oído. Empezó a hacerme cosquillas por las costillas, por lo que me reía el doble.
"Pa-pa-para y te lo di-digo.. por favor," intenté pedir, pero él me hizo sufrir unos minutos más. Después, alcé las manos en señal de rendimiento.
"Es una tontería," me siguió mirando desafiante, acercando su mano a mis costillas, "te he imaginado todo repeinado, y la verdad... es que... no te pega," exploté en risas mientras él me miraba mal.
Esperó unos segundos a que me calmara.
"Es el," señaló a su cabeza, "que no coopera," hizo una mueca de desagrado, y yo exploté en risas de nuevo. Esta vez él me siguió.
"Me encanta cuando te ríes así, tan despreocupada," musitó bajito cerca de mis labios, sus ojos sonriéndome. Acerqué mis labios a los suyos, dejando un casto beso pero que duró varios segundos. Abrí los ojos y él seguía con la misma mirada, dejando un tierno beso en mi mejilla.
"Y a mi me encanta tu pelo, tan despreocupado también," me reí al oírlo gruñir.
"Ahora vuelvo y cuando lo haga, vamos a desayunar," ordenó levantándose y rascándose la cabeza.
Salió, dejándome sola en la tienda. No me había fijado en lo grande que era. Claro, de eso la culpa la tiene Edward, que me atacó justo en el momento en el que entré. Tenía la grande cama hinchable de color azul oscuro en una esquina, donde yo me encontraba tapada con las sábanas.
En la otra esquina, estaba una nevera. Supongo que con parte de la comida que habíamos traído. Justo al lado, mi mochila y la suya, con nuestras cosas personales. Y de todas maneras sobraba un poco de espacio. No sé de que me extrañaba, si a ellos todo le gustaba a lo grande. Era la suficiente alta para mí, pero Edward se tenía que encoger un poco. Eso le pasa por medir lo que mide.
"¿Vamos?" preguntó, asomando la cabeza por la entrada de ésta.
Intentando parecer lo más seria que pude, asentí y me levanté para salir con él.
El día, después de eso, pasó muy rápido. Desayunamos, mis amigos con unas ojeras increíbles y unas caras de resaca que no podían con ella. Yo me encontraba estupendamente, me di cuenta extrañada. Yo casi siempre era a la que más le afectaba el alcohol.
Pero claro, ellos deberían de haber bebido y haber hecho más ejercicio que yo. Yo ayer no escuché nada -por suerte- pero tampoco estaba como para escuchar algo más que fuera Edward. Me sonrojé profundamente como cuando aparecí para desayunar. Mis amigos me miraron con las cejas alzadas, pero no comentaron nada. Podría ser porque el dolor de su cabeza no les dejaba estar para bromas.
Después, nos cambiamos de trajes de baños y fuimos todos juntos a refrescarnos un rato en el agua. Esta vez si que estaba más fría. Bueno, la temperatura normal del agua de Port Ángeles. Jugamos un rato con la pelota en ella, y yo sin querer una vez le aticé en la cabeza a Emmett. Suerte que era grande y no sentía nada, porque el tío ni se inmutó. Seguro que ese balón hubiera ido a la mía y me hubiera hasta desmayado.
Nos dirigimos cada uno para el coche correspondiente para así volver de nuevo a Forks. La enana quería salir de nuevo esta noche, y estaba segura de que todos necesitaban una gran siesta para hacerlo, sino no iban a ser capaz de mantenerse de pie. Edward tampoco parecía estar muy mal.
Las siguientes semanas pasaron también de forma rápida y borrosa. Salimos, estuvimos todo el tiempo juntos y nos divertimos. Era el mejor verano de mi vida, o eso por ahora. Estaba disfrutando como una niña pequeña. Me sentía más despreocupada, más libre, más feliz. Hasta Charlie me lo decía a veces.
Las cosas con Edward seguían... igual. Varias veces nos quedábamos solos y hacíamos cosas, pero nada que no hubiéramos hecho antes. Como si estuviéramos estancados. No es que me quejara, me encantaba todo con él. Pero no sabía cuando él quería que pasáramos al siguiente paso. Es decir, parecía él el virgen en vez de yo. No tenía ninguna prisa en que pasara, pero me extrañaba que no quisiera avanzar y terminar de ayudarme.
Aunque en realidad, no sé cuando iba a terminar de ayudarme. ¿Sería sólo mi primera vez, o lo haríamos unas cuantas más para que yo cogiera práctica? Eran cosas que antes o temprano tenía que preguntarle, porque después de esa vez no sabía con claridad que terreno estábamos pisando. Y algo tenía claro, no quería fastidiar por nada la amistad que tenía con Edward por cuestiones de sexo. Todo tendría que seguir tal y como estaba, ¿no?
Sí, cosas así me pasaban por la cabeza últimamente por mi cabeza. Eso y que en 11 días sería mi cumpleaños, y no quería que llegara. Sobretodo ahora, que era tan feliz. Quería que el tiempo se parara tal y como estaba y que el verano no terminara nunca. Pero también quería que mis amigos no prepararan nada, no me gustaban tampoco las sorpresas ni los regalos. Era demasiado rara, pero era así. Y ellos lo sabían, pero no lo respetaban. Me acababan sorprendiendo y regalando cosas igualmente, incluso me amenazaban si los rechazaba o algo.
Suspiré en mi cama. El sueño parecía que hoy no quería venir a mí, y tampoco me sentía cansada. Hoy se ve que sería una noche larga, sólo para pensar. Pero no tenía más ganas de darle vueltas a las cosas. De manera que me di la vuelta, enterré la cabeza en mi almohada y cerré los ojos con fuerza como si de ese modo pudiera llegar a la tierra de Morfeo más rápido. Era imposible.
De repente, escuché unos ruidos en mi ventana. Me sobresalté extrañada, y me giré de nuevo a ver que pasaba. Era un poco miedosa. Bastante, pensé para mí, cuando vi que me tapé más. ¡Si Charlie estaba en el cuarto de al lado! En nada que diera un grito se podría despertar y quién sea la persona que estuviera ahí detrás saldría corriendo a escuchar la escopeta. Estos eran los momentos en los que me alegraba enormemente de tener un padre policía.
Pero todas las preocupaciones se fueron de momento justo cuando mis ojos hicieron contacto con la ventana. El culpable de los ruidos era Edward, quien se veía al otro lado esperando sonriente a que le abriera para que pudiera entrar en mi cuarto.
Aún confundida, me levanté de la cama con pasos algos torpes y me acerqué hasta la ventana, y la abrí.
"Por fin, creía que no me ibas a abrir," exclamó, entrando por la ventana como si nada, como si estuviera acostumbrado. Bueno, cuando estábamos en el instituto si que lo estaba. Se pasaba la mayoría de las noches trepando hasta mi cuarto para hacerme compañía, y muchas veces dormía o estudiaba conmigo. Llevaba una camiseta gris de manga corta pegada al cuerpo y unos vaqueros desteñidos. Le sentaba increíblemente bien.
Bueno, ¿qué no le sentaba bien a este hombre? Sacudí la cabeza.
"¿Qué haces aquí?" pregunté bajito para no despertar a Charlie, cerrando de nuevo la ventana una vez que él estuvo dentro.
Sonrió de forma despreocupada y me abrazó a él. Inhalé su atractivo aroma que desprendía su camiseta y me agarré en él, relajándome por completo en el que nuestros cuerpos se juntaron.
"Me aburría en mi casa, y no cogías el teléfono," se apartó para mirarme reprobatoriamente , "así que decidí venir a tu cuarto, como hacía antes."
Me aparté riéndome para sentarme en la cama. Él imitó mis movimientos sólo que se quitó los zapatos y se tumbó en ella, con las piernas cruzadas. Me acerqué para tumbarme también, colocando mi cabeza en su pecho. Al instante sentí sus brazos rodeándome.
"No estás hecho un niño, seguro que te habrá costado mucho subir," dije para picarle. Gruñó.
"Sigo igual, incluso mejor. He tardado lo mismo, o menos," murmuró ofendido, en mi mismo tono que el mío porque mi padre estaba durmiendo al lado y se despertaba con mucha facilidad. No le podíamos dar motivos, no creo que le hiciera mucha gracia la estampa.
"Claro, Edward, claro..."
"¿No me crees?" gruñó, mordiéndome la oreja. Un escalofrío recorrió mi piel.
Negué con la cabeza, enterrándome más en su pecho para que no viera mi sonrisa.
"Pues soy mucho más fuerte y rápido, cuando quieras te lo demuestro," susurró ronco en mi oído, de manera seductora. Mi centro empezó a hormiguear, el deseo empezó a llegar a mi cuerpo como normalmente hacia con mi mejor amigo cerca.
"¿Seguro?" desafié, alzando una ceja. Levanté la cabeza para que me viera, sus ojos puro fuego. Tragué ruidosamente al ver su cara.
"Completamente," rugió, colocándose en un rápido momento encima de mí, de manera que estaba atrapada debajo de su cuerpo. Lo miré sorprendida, y él puso una sonrisa burlona.
"¿Ves como soy más rápido?" dijo lentamente, marcando un camino de fuego por mi hombro, donde se estaba dedicando a dejar besos y lametazos. Gemí bajito en su oído, aferrándome a su espalda. Suspiró en mi hombro, haciéndome cosquillas.
"Sin duda," jadeé. Sus manos se colaron por mi vieja camiseta que utilizaba para dormir, y alcé los brazos. En un segundo me encontraba desnuda de cintura para arriba, para dormir no solía llevar sujetador. Se quedó mirando absorto mis pechos, como si fuera la primera vez que lo hacía.
"Pero eso de que más fuerte..." conseguí decir, y volvió a dirigir la mirada a mi cara. Sus pupilas tapaban casi todo su iris, y un estremecimiento de placer me azotó el cuerpo.
"Ya verás que también," gruñó contra mis labios. Me besó, de una manera que pocas veces o ninguna había hecho. Era un beso necesitado, fiero, contenido, profundo... una mezcla de muchas sensaciones, pero tan bueno como siempre. Sus labios eran así. Nuestras lenguas empezaron a luchar de manera furiosa, ninguna ganaba, pero si se tocaban, rozaban, mojaban... el aire era denso a nuestro alrededor.
Sentí las yemas de sus dedos en mis pezones, poniéndolos duros al instante. Gemí contra sus labios, y tuve oportunidad de respirar. Él bajó sus excitantes besos a mi cuello a la vez que atacaba mis pechos con sus manos, volviéndome loca de placer. Arqueé mi espalda cuando el apriete fue un poco más fuerte, y lo escuché jadear cuando mi muslo hizo contacto con su dureza que se podía apreciar igualmente aunque hubiera tela de por medio. Gemí de nuevo, del placer de ver que lo ponía duro siempre, parecía nunca saciarse de mí.
Eso era algo que me gustaba, mucho. Desde que habíamos empezado nuestras "clases" sólo había recurrido a mí. Vamos, llevaba un verano como yo sin hacer nada, y él lo había hecho anteriormente... tendría tener tantas ganas de que lo nuestro pasara a un nivel mayor como el que lo tenía yo. Porque sí, estaba necesitada -y mucho- de él. Cada vez era más difícil contenerse, y cuando lo hacíamos era porque él marcaba cuando parar, no yo. Una vez que nuestros cuerpos chocaban yo no tenía ninguna racionalidad para pensar.
"Me vuelves loco," murmuró, a centímetros de mis labios. Lo agarré de la cabeza, tirando de su pelo para acercarlo a mí. Volvimos a fundirnos en un beso furioso, a la vez que sus manos jugaban con mis senos, aturdiéndome.
"Tu a mí también," bajé mis manos a la orilla de su camiseta, colando mis manos a través de ella. Sentí los músculos de su espalda sobre mis dedos, y como él se estremeció ante mi tacto, volviendo a atacar mi cuello. Deslicé mis manos por ella, sintiendo cada músculo, como se tensaban al hacer algún movimiento.
No podía más, necesitaba ver ese pecho y no tener ninguna tela estorbosa entre nuestros cuerpos. Quería el calor que transmitía su cuerpo sobre el mío, que me quemara como siempre. Él alzó la mirada, sonriendo de lado pero haciendo caso a mis peticiones, porque se quitó la camiseta.
Como siempre, me quedé maravillada con su pecho. ¿Cómo podía ser tan perfecto? Tracé mis dedos por su pecho, por sus marcados -aunque no en exceso- abdominales, esa V que se perdía en la cinturilla de sus pantalones... Jadeó y yo me mordí el labio, tentada a bajar más la mano aún.
"Todavía no," gruñó, atrapando con sus labios el mío que estaba siendo maltratado por mis dientes. Lo chupó, y yo inconscientemente arqueé la espalda, haciendo que su pecho y los míos se rozaran. Gemí y él levantó mi pierna, frotando mi muslo de arriba a abajo, prendiéndole más combustible a mi fuego.
"¿Sigues pensando que soy más lento?" asentí con la cabeza, él me miró de forma maliciosa. Bajó su boca y pasó su lengua varias veces por mi pezón derecho. Me tapé la boca con la mano, intentando retener el gemido que quería soltar. Su húmeda lengua torturaba por el mismo tiempo a cada pezón, incluso a veces mordía un poco, haciéndome apretar los puños en las sábanas.
"Eres malo," murmuré como pude con la voz sorprendentemente ronca. Edward levantó la cabeza para mirarme, pero ni eso le hizo sacar su boca de mis pechos. Un gesto muy, pero que muy erótico. Me mordí con mayor fuerza el labio.
"Tú te lo ganas," susurró en respuesta, bajando sus dedos por mi tripa. Me arqueé para buscar más contacto, y nuestros sexos chocaron. Gemí fuerte sin poder evitarlo y él me mordió el hombro. Ni un poco de daño, sólo placer corrió por mis venas cuando lo hizo. Seguramente dejaría marca, pero no me importaba lo más mínimo.
Estaba muy mojada, lo podía sentir. Pobre ropa interior mía, últimamente me duraba muy poca. Desabroché su pantalón, porque su erección era muy visible y debería de estar muy apretada. De paso, rocé con mis dedos su miembro. Gruñó en mi oído.
Iba a quitar la mano, pero sorprendentemente él me la agarró y la apretó más a su polla.
"¿Ves lo que provocas, Bella?" lo miré, deseosa como él. Quería que no hubiera ropa de por medio.
"Sí," logré contestar, aunque apenas se oyó nada. Él sonrió de nuevo y me volvió a besar. Le correspondí el beso, mi mano aún en su polla dura. La apreté, haciendo que con ese gesto rompiera el beso para jadear. Estábamos igual de excitados los dos.
"Tienes mucha ropa encima," susurró cerca de mis labios. Parecía no ser la única con los mismos pensamientos. Asentí tímidamente, a la vez que me mordía el labio. Había aprendido que eso le gustaba mucho.
De manera rápida, tiró de mi pantalón de pijama para abajo para quitármelo del todo. Yo, para ayudarle con la tarea, alcé un poco mis caderas para que fueran más fácil de deslizar. Él me miró intensamente mientras lo hacía y aproveché para morder ese tentador labio inferior que tenía.
Edward sonrió maliciosamente cuando por fin quitó del todo el pantalón de mi cuerpo, y sólo me cubrían unas pequeñas bragas de color negro. Estuvo varios segundos mirándome, como si fuera la primera vez que lo hacía. Pero no, esa mirada me la había dado las demás veces también y me hacia sentir deseada, especial.
"Dime la próxima vez que vea a Alice que le agradezca por cada vez que te obliga a ir de compras," murmuró en mi oído, a la vez que dejaba pequeños besos húmedos por mi oreja. Me estremecí, tirando un poco del cabello de su nuca. Él siseó, pegándome más a él si eso podía ser posible.
"Si tanto te gusta la próxima vez no iré obligada, hasta lo disfrutaré," contesté, mirándole -o haciendo el intento- pícara. Él sonrió más y atacó mis labios, como si llevara varios días sin beber y ellos fueran su agua. Le correspondí el beso, moviendo mis manos por su ancha espalda, llegando hasta la parte baja de ésta, a la orilla de sus pantalones.
"¿Planeas hacerme sufrir entonces?" asentí con la cabeza, agarrando ese culo respingón que tanto me gustaba y apretándolo a mí. Él jadeó sorprendido, entrecerrando los ojos cuando nuestros sexos hicieron contacto. Yo no pude evitar cerrar los ojos.
"Sólo un poco," susurré, bajándole los pantalones. Esta vez no me lo impidió, y me ayudó a terminar de quitárselos y que desaparecieran por el suelo de mi cuarto. Por fin estábamos en igualdad de condiciones. Sólo una estorbosa prenda nos separaba, por lo demás estábamos piel con piel. Amaba la fricción de su piel con la mía.
"Disfrutaré mucho de la tortura," rió ronco, dando besos por mi cuello. Gemí vergonzosamente en su oído y me escondí en la unión entre su cuello y su hombro. No podía evitar los ruidos que salían de mi cuerpo al tener a este hombre encima de mí las cosas que estaba haciendo.
Apenas sin darme cuenta, abrí mis piernas para dejarle a él más espacio, de manera que su dureza quedo justo encima de la parte que más ardía y se mojaba por él. Lo sentí gruñir, y mis caderas, sin mandar la orden yo a mi cerebro, se movieron para embestir contra el miembro de Edward.
Mordí su cuello para callarme. Él bajó sus manos, dejándolas encima de mi trasero, por debajo de mis braguitas. Eso me puso aún más. Estaba tan cerca de mi coño que casi podía sentir sus caricias en el.
"Edward..." susurré, tirando de nuevo de su cabello. Me encantaba hacer eso, y al parecer a él también que se lo hiciera.
Él alzó su mirada para mirarme de nuevo, y nos volvimos a fundir en un beso. Nuestras caderas empezaron a moverse solas, creando una maravillosa fricción que nos estaba volviendo locos a ambos. Cada vez que hacían contacto intentaba no gemir, y sabía que él también se estaba conteniendo porque tenía la mandíbula fuertemente apretada.
Cerré los ojos por el placer al ver que apretó sus manos en mi culo, y los volví a abrir encontrándome con su mirada verde quemándome. ¿Cómo podía ser tan guapo? Su cabello más despeinado que de costumbre, ahora cobrizo oscuro al no haber ninguna luz encendida. Sus mejillas levemente sonrojadas, sus labios rojos e hinchados... era una invitación al pecado.
Dejé de pensar cuando sentí sus manos muy cerca de mis pliegues. Y, por todos los sentimientos que me estaban atormentando ahora mismo, no podía evitarlo más, así que dejé la vergüenza a un lado.
Embistió un poco más fuerte, la tela que nos separaba era tan leve que podía sentir su polla completamente contra mí.
"¿Ves como también soy más fuerte?" gemí, y él aprovechó para succionar mi cuello.
Tenía que decirlo ya.
"Edward, ¿tienes preservativos?" esa pregunta, por arte de magia, rompió el hechizo. Por lo menos por su parte, porque se quedó rígido. Sus manos se quedaron quietas en mi trasero y sus caderas cesaron su movimiento.
Lo miré confundida, y él poco a poco subió su rostro hacia el mío. Sus manos se quitaron de mis braguitas y se apoyaron a cada lado de mi cuerpo, sosteniendo su peso para no aplastarme.
"No vamos a hacerlo hoy, Bella," dijo lenta y pausadamente, con los dientes apretados.
"¿Por qué no?" Se supone qu-"
"No he dicho que no vayamos a hacerlo, he dicho que hoy no vamos a hacerlo," me cortó, no haciendo contacto visual con mis ojos.
Se quitó de encima de mí, colocándose a un lado. Pero sus brazos me acercaron y me abrazaron a él. Seguía confundida, así que suspiré y solté el aire de mis pulmones lentamente. Me escondí en su pecho, que aunque seguía distrayendo era un buen escondite para mi vergüenza.
"¿Me puedes explicar porque este día no es tan bueno como cualquier otro?" pregunté, intentando que no se oyera la frustración en mi voz. Lo sentí suspirar, su aliento chocó en mi nuca.
"Porque no." dijo con simpleza.
"Esa no es respuesta, Edward," reproché.
Sus largas y suaves manos agarraron mi barbilla para alzarme la cara. Le dejé, encontrándome a centímetros de su rostro. Intenté no aturdirme, aunque era algo imposible.
"¿Quieres un polvo sin más, Bella?" el enfado era notable en su voz, y también su mirada, que era inescrutable, " ¿eso es lo que quieres?, ¿que lo hagamos sin más, un polvo rápido?"
Sus palabras eran hirientes, al menos como él las estaba pronunciando.
"Eso es lo que va pasar, ¿no?" dije confundida, arrugando el entrecejo, "¿no me ibas a ayudar?"
Su mirada era puro hielo, y respiró profundamente varias veces antes de contestar.
"Si eso es lo que quieres, sí," dijo, tocándose el puente de la nariz. Se separó un poco de mí, "personalmente, yo no quiero que sea así, Bella. Sé que yo te iba a ayudar, que yo me comprometí a hacerlo. Pero eso no significa que no quiera que sea especial, Bella," alzó más mi rostro cuando desvié mi mirada, la suya parecía algo más dulce ahora, "tu te mereces una primera vez especial. Sé que no es con él tío especial que cada chica sueña," se pasó la mano por el pelo, visiblemente nervioso, "por eso mismo, quiero que al menos lo demás si que lo sea. Que cuando lo recuerdes, tu también la consideres especial. Quiero prepararlo bien, para que te encante. Claro que pararíamos si no quisieras. Sólo espera un poco, por favor, ¿o acaso hay prisa?"
Negué con la cabeza tímidamente, procesando todo lo que me había dicho hace unos segundos. Sus ojos me estudiaban, con algo de miedo, como si no sabía si era bueno lo que había dicho. Pero era muy bueno, incluso estaba luchando contener las ganas de llorar, porque su breve discurso me había puesto algo más sensible y sí, me había hecho sentir más especial.
"Pero Edward, da igual que seas mi mejor amigo, para mí hacerlo contigo va a ser muy especial," contesté, con el corazón en la mano, abrazándome lo más que pude a él. Edward también me apretó con sus brazos, haciendo que me relajara al instante. "No necesito al novio especial. En un futuro, cuando lo recuerde, puede que no hubiera sido con un novio, pero si con alguien muy especial, Edward. No eres cualquiera, y para mí contigo va a ser especial pase en el sitio que pase."
Sentí su sonrisa en el hueco de mi hombro, su abrazó se hizo más apretado. No me molestaba, ni mucho menos. Pasó sus manos por mi espalda, como un acto para conseguir relajarme. Pero sabía que también se estaba relajando él en el camino, lo conocía demasiado bien.
"Bueno, esperemos igualmente, por favor. Yo quiero hacer tu primera vez más especial entonces," dijo muy bajito. Se incorporó, sentándose en mi cama y apoyó su espalda en mi pared. Sus brazos me acercaron, y abrió sus piernas, sentándome en medio de ellas en el espacio que había dejado de manera que estaba sentada también en frente de él.
Me miraba dudoso, como esperando mi reacción. Yo sonreí abiertamente, para quitar su preocupación.
"Esperemos entonces hasta que tu lo digas," susurré, y su sonrisa se hizo más grande, enseñando sus relucientes dientes. Me pegó más a él, rozando levemente sus labios con los míos.
"Gracias Bella," contestó, y sonaba verdaderamente agradecido.
"No seas tonto," le golpeé en el pecho, haciendo que riera entre dientes.
Aproveché el momento para quitarme algunas dudas.
"Y Edward, cuando lo hagamos... ¿será sólo esa vez, o alguna más en plan para conseguir más práctica?" cuestioné, con la curiosidad a flor de piel. Él seguía sonriendo, y eso me encantaba.
"¿Qué es lo que tu quieres?" preguntó, acariciando suavemente mi mejilla, con su vista fija en mis ojos. Le dí un beso en la palma de la mano, él suspiró.
"Conseguir más práctica," respondí sinceramente, acurrucándome en su hombro.
"Pues entonces así será," prometió, dándome un beso en la cabeza. "¿Ponemos un límite de veces, o de tiempo?"
"Mmm... ¿ponemos un mes desde que lo hagamos, y ahí ya vemos?" sugerí, la primera idea que cruzó en mi cabeza. Por su mirada pasaron varios sentimientos, aunque no pude ver con claridad ninguno. Seguramente serían paranoias mías.
"Me parece bien," estuvo de acuerdo, "hagámoslo así entonces."
Estuvimos hablando de un par de cosas más a lo largo de la noche, nada tan importante. Parece que la tensión sexual por el momento después de la charla había disminuido, volviendo a ser los de siempre. Edward era tan bueno conmigo que no me lo merecía. Siempre preocupándose por mí. ¿Quién no iba a querer un amigo así?
Después de hablar por un rato y poner un par de películas a las que apenas hicimos caso, sentí la respiración de Edward más pausada en mi hombro. Me giré un poco de lado para mirarlo, y efectivamente, se encontraba profundamente dormido, pareciendo un ángel.
Un par de hebras cobrizas caían por su frente, tapándole un poco los ojos ahora cerrados. Sus labios un poco entreabiertos para respirar, y su rostro relajado, transmitiendo una paz absoluta. No me había fijado antes de sus ojeras, que parecían algo más pronunciadas de lo normal, como si los últimos días hubiera dormido nada y menos por algo.
La verdad es que las últimas personas parecía un poco inquieto por algo. No le preguntaba porque él siempre acababa terminando contándomelo todo cuando se veía capaz. Pasé mis dedos de manera suave por ellas, y sonrió dormido, más relajado aún. Me reí bajito, esperando que fuera lo que fuera lo que le perturbaba no durara mucho.
A lo mejor eran paranoias mías, y tan sólo era el insomnio. Últimamente no me había quedado a dormir con él, supongo porque él quería mantener su autocontrol firme y conseguir que mi primera vez fuera "especial", como él quería. Me parecía un gesto tan dulce que me entraban ganas de apretujarlo y no soltarlo.
Me dediqué a seguir acariciando su cara, y sus manos de forma posesiva se pusieron en mis caderas, acercándome más a él. Ocultó su rostro en mi cuello, haciéndome cosquillas con su respiración. Cerré los ojos, y relajada en el posesivo abrazo de Edward, me quedé profundamente dormida.
¡Hola! y aquí está el capitulo :)
Muchas gracias por todo el apoyo, en serio. Lo diga las veces que lo diga no me parecen las suficientes. Apoyáis mucho.
Pensaba subir este capitulo antes al ver todo el apoyo, pero he tenido un par de problemas (o tengo) y no he podido estar mucho. Lo siento. Espero como ahora nunca tardar más de una semana. Si consigo escribir mucho hasta al par de días.
Una cosa: el siguiente capitulo os va a gustar... mucho. Sólo voy a decir que es muy esperado jajajaja. Lo pronto que esté depende de vosotras, porque es que no lo tengo entero, me falta un poco. Pero seguro que con el apoyo que dáis está en nada y menos. ¡Ya veréis! Y también habrá algún que otro Edward POV en los próximos, ya veréis.
Por cierto... ¿queréis que Bella y Edward cumplan alguna -o todas- de las fantasías que cumplieron? Por mí si, tengo pensado escribir alguna... ¿y vosotras, queréis?
A las chicas sin cuenta:
Careylmh: muchas gracias guapa :) a mí también me gustan las fantasías, si Edward existiera por mí... se cumplirían todas jajajaja. Esperemos que se de cuenta pronto, está tan ciega... jajajajaja. Con personas como tu para no tener inspiración, sois increíbles. Un beso desde Córdoba guapa para ti también aunque esté lejos jajaja cuídate también :)
Naty: y yo, tiene que ser de caliente él con la bata... jajajaja. Sí, yo definitivamente no querría otro hombre... besos! :)
Nicole K: me alegro... es justo la mezcla que quiero conseguir. Muchas gracias por dejar el review entonces :) Besos!
Muchas gracias a todos, nos vemos pronto.
¡Por cierto! -Son Hyo Wook ha adaptado Hysteria, un one-shot que escribí, con Sasuke&Sakura. Lo pondré en mi perfil :)
¡Besos!
