The contract
(El contrato)
Escrito por: Lady Miya
Traducido por: Mi.
Esta es una traducción autorizada del fanfiction "The contract" Escrito por "Lady Miya"Todos los derechos a ella y a JK.
Nota de autora: Habrá bastante sexo y torturas. Este es un Hermione/Voldemort, pero habrá interacción de algunas otras parejas, aunque no será muy relevante (SS/OC, RL/?, HP/GW). Este es un fic oscuro. Siempre habrá alguien que no estará contento. Sí te gustan las historias felices, esta no es para ti.
Nota mía:Muchas gracias por comentar, espero les guste este nuevo capítulo. ¡No, no están alucinando! Me demoré poco en actualizar. ¡Dios me quiero morir! detesto estar enferma.
Capítulo 10
La jovencita saltó al escuchar su nombre. Hermione se arrodilló a su lado y le tomó la mano.
- Ginny – Le dijo nuevamente – Soy yo, Hermione.
La pelirroja se veía asustada. Ahogó un gritillo e intentó sacar su mano de la de su amiga. Hermione no la soltó, sabía que Voldemort la estaba mirando, pero no le importó. Ella era su amiga.
- ¿Qué le hiciste? – Le preguntó a su esposo horrorizada.
- Es una prisionera de guerra, ¿Qué crees que le hice? – Le contestó Voldemort – Deberías estar agradecida. No la maté.
Hermione no dijo nada. Sus ojos no abandonaban a su mejor amiga. Aparte de estar sucia y de no tener cabello, no tenía ningún otro tipo de heridas. Aunque sabía que habían usado la maldición Cruciatus en ella… y probablemente la habían… no lo quería pensar, pero probablemente la habían violado.
- ¿Qué le sucedió a su cabello? – Le preguntó Hermione mientras intentaba acercase más a su amiga.
- Me sorprende que preguntes.
Hermione al escucharlo volteó a mirarlo con el ceño fruncido, el solo sonrió burlescamente – Pensé que habías leído todos los libros de tortura que hay en mi biblioteca.
La castaña recordó rápidamente – Querían eliminar todo rastro de identidad en ella.
Él asintió – Es algo común.
Los ojos de Hermione se endurecieron y volvieron a Ginny. Podía ver como los ojos marrones de su amiga brillaban con un poco de esperanza, pero la fuerza en ellos ya no estaba.
- Así que – Comenzó Voldemort -¿Quieres quedártela, o la…?
- ¡No! – Respondió rápidamente – Es decir… sí. Quiero quedármela. ¿Puede quedarse en la habitación de Remus?
- Siempre y cuando no esté en nuestra habitación.
- ¡Claro!
- E investigarás más.
Hermione asintió con la cabeza y volvió a prestarle atención a Ginny. Por lo visto había entendido lo que estaban hablando, porque su antes bella y prolija cara estaba cubierta en lágrimas que Hermione solo pudo traducir como de alivio. La castaña le sonrió y le secó las lágrimas. Le dolía ver a su amiga de esa manera. Cuando Ron murió su relación se había distanciado un poco, ya que ella pasaba la mayor parte de su tiempo con Harry.
- Y – Continuó su esposo. Hermione notó que sonaba feliz – Me ayudarás a interrogar a los prisioneros.
Her head snapped back in response. "What?"
El se encogió los hombros – Creo que servirás en eso.
Hermione sonrió – Solo si puedo llevarla de vuelta a su hogar.
Él arqueó una ceja - ¿A su hogar? ¿De verdad crees que dejaré que vayas a la casa de la chiquilla? Aparte, ella es tu mascota, tu regalo de cumpleaños. Uno no desecha sus regalos.
- Es mi regalo… mi amiga, puedo hacer lo que quiera con ella – Se corrigió a si misma.
Hermione levantó sus ojos y los posó en Voldemort, se veía pensativo – Veremos. Saca a la niña de la celda. Quiero ir a acostarme.
Hermione ayudó a Ginny a ponerse de pie. La pelirroja apenas podía caminar, así que se afirmó de Hermione. Los ojos de la castaña se entristecieron al notar que apenas la habían alimentado. Minutos más tarde, llegaron a la habitación que Remus usó cuando la ayudó con su depresión. Se conectaba con la de ellos por un pequeño baño que nadie usaba. Hermione la guió a ese lugar, imaginaba que Ginny desearía un baño.
Cuando estaban solas en el baño, Ginny finalmente habló, su voz estaba ronca – No te pareces a la que era mi amiga.
Hermione sonrió tristemente – Podría decir lo mismo de ti.
- Al principio pensé que eras uno de ellos usando poción multijugos. ¿Eres tú?
- Desafortunadamente, sí - Le respondió Hermione – Tengo un nuevo corte de pelo, uso ropa costosa… todo porque él quiere que parezca una dama. ¿Te espero afuera mientras te bañas?
El labio de Ginny comenzó a temblar.
- Me puedo quedar si tu quieres - Le aseguró rápidamente, Hermione.
Ginny asintió y se sacó la ropa. Hermione no se sorprendió al verla refregarse la piel. No era agradable vivir con Voldemort, pero ni en sus más grandes pesadillas podría imaginar lo que los mortífagos le hicieron a Ginny.
Media hora más tarde, Ginny cortó el agua y salió de la bañera, al mirarla Hermione recordó que siempre había envidiado las curvas de la pelirroja, ahora sin embargo, no sentía nada más que lástima al verla así. Sus costillas se veían y lo que antes eran curvas ahora esa solo piel.
Hermione le pasó una toalla y la llevó a la cama.
- ¿Te… te hicieron…? – Temió preguntar Hermione - Te puedo dar una poción que prevenga cosas inesperadas – Le dijo mientras se acariciaba el vientre.
Ginny negó con la cabeza – Dijeron que ellos no podían hacer eso.
- Bien – Hermione se mordió el labio, ¿Qué le podía decir a alguien que fu recién rescatado, que probablemente paso semanas torturada? - ¿Crees que puedas dormir?
- Eh… sí… gracias.
Hermione le acarició la cabeza - Deseo haber podido ayudarte antes.
Ginny cerró los ojos. Hermione la quedo mirando unos minutos antes de volver a su habitación. Al entrar vio a su esposo acostado, esperando por ella.
- Son unos monstruos – Le dijo mientras se sacaba la ropa y entraba a la cama - ¿Cómo pudieron hacerle eso a una niña?
Sabía que no sacaba nada enojándose con Voldemort, sabía que él había pensado en ella al entregarle a Ginny en vez de algún otro mortífago. Sin embargo no podía agradecerle por eso. ¡Lo que le hicieron no tenía nombre!
- Estamos en guerra, esposa. Hacemos lo que hay que hacer por información. Los de la orden hacen lo mismo.
- Ellos no torturarían a una niña.
- Eso es lo que quieren que tú creas - Se acercó a ella y comenzó a acariciarle el estomago – Tú y esa niña son muy afortunadas…
- ¿No te cansas de torturar a gente? – Le preguntó Hermione mientras se acercaba a él.
- No. Y no creo que lo haga – Le respondió y cerró los ojos.
- Hay algo malo en ti – Murmuró.
- Si tú lo dices, querida – Bromeó.
Ya que su esposa pasaba la mayor cantidad de tiempo con la chica Weasley, Voldemort se dedicó a disfrutar la soledad de la habitación. Por fin podia relajarse y leer un buen libro. Ya no estaba esa voz hablándole constantemente. Cuando hablaban, notó que ella estaba más feliz que de costumbre. No que le importase la felicidad de su esposa, pero cuando estaba feliz, se portaba mejor con él. Y eso era bueno, porque siempre que ella estaba enojada, recibía horribles dolores de cabeza.
El mes de Octubre paso sin novedad alguna y la fiesta en casa de los Malfoy se acercaba más y más. Voldemort no era muy fan de las fiestas, pero como el Señor Oscuro, tenía que hacer acto de presencia, eso significaba que tenía que llevar a su esposa, tenía que demostrarle a ellos lo perfecta que ella era y lo bien que se llevaban. No que fuese verdad, pero las apariencias importaban.
La mañana de la gran fiesta, Voldemort despertó temprano. Su esposa seguía dormida a su lado. Probablemente había llegado tarde esa noche, puesto que, no la había sentido llegar. La miró dormir por unos segundos, si cabello estaba esparcido en la almohada, su estomago estaba redondo, ya iba por el cuarto mes de embarazo. Aún no lo comprendía. Siempre había querido saber que era ser padre, o en su caso tener uno. Algunas personas pensaban que él quería tener un heredero a algo así, pero cuando uno es inmortal no necesita uno.
Eso ya no importaba, ya venía un heredero en camino. De todas maneras, si él era inservible, solo tenía que acabar con su vida.
Su esposa se movió a su lado y el dejo de pensar.
- Buen día - Murmuró le murmuró.
Ella se estiro, al hacer eso la mitad de sus pechos quedaron a la vista – Buen día.
- Es un gras día – Le respondió él.
Ella frunció el ceño, luego lo recordó – Oh, verdad. La fiesta de los Malfoy, ¿Tengo que ir?
- Sí, tienes que ir – Levantó un poco la cabeza – Esta noche es muy importante. Tendrás que actuar como la esposa perfecta. Así que, no hablar de más, no pelear y no demostrar tus ganas de pelear o hablar de más. Trata de estar en silencio, de hablar de cosas sin importancia. Habla de ropa, niños, cosas así. Cuando estén hablando de otras personas, escucha pero no digas nada. Todo puede ser usado en nuestra contra. Si te digo que hagas algo, lo haces. Y lo más importante, actúa como si te encantase estar casada conmigo.
Ella lo estaba mirando con la boca media abierta – En otras palabras, quieres que actúe como la típica estúpida y perfecta esposa de mortífago.
- No tanto. Eres mi esposa, y eso te da un nivel más alto que el de las demás.
- ¿Y los hombres?
- Algunos de ellos, no de los que son mis más leales hombres.
- ¿Cómo sé cuáles son esos?
- Los que no se reverencian tanto.
- Esta bien… ¿Algo más?
- Sí, si fallas esto, mataré a tu amiga – No era como si él le hubiese obsequiado a la chiquilla Weasley porque era un buen esposo. El sabía que esto sucedería, su esposa era inteligente, pero a veces necesitaba una motivación extra. Esa era una de las razones por las que quería que su hijo naciese, era la ocasión perfecta para tenerla bajo control.
Ella lo miró horrorizada – No lo harías…
- Mírame.
Apretó los labios – Si triunfo, me dejarás llevarla a su casa.
- Te has convertido en una buena negociante – Le dijo - ¿No te importa que asesine a tu amiga?
- Pues, ya decidiste así que lo único que me queda ahora es negociar.
Él sonrió – Está bien, podrás llevarla a su hogar. Pero bajo mis condiciones.
- Siempre y cuando la dejes segura en su casa.
- Por supuesto – Ambos se pusieron de pie, él se puso unos pantaloncillos y comenzó a ejercitarse, mientras tanto, Hermione se dirigía al baño.
- Te estás volviendo bastante buena en este juego - Tuvo el impulso de decirle.
- ¿En qué juego? - Le preguntó Hermione confundida.
- En el mío.
Ella paró y lo quedo mirando – Malas influencias, creo.
El sonrió, su esposa estaba sirviendo más de lo que él había pensado.
Ginny ayudó a Hermione a arreglarse para la fiesta de los Malfoy. Durante el mes que había estado en la habitación de al lado de ella, había cambiado bastante. Claramente no era la chica alegre que era antes, pero al menos ya no tenía pesadillas. Su cabello estaba volviendo a crecer e incluso se reía a veces.
- ¿Qué usarás? Le preguntó Ginny mientras la peinaba.
- Un largo vestido de color verde – Susurró Hermione – Él quiere mostrarme como una especie de trofeo. Deberías escuchar lo que me dice: Solo habla de niños y ropa, obedéceme. Quiere que actúe como si no tuviese cerebro.
- Al menos te verás linda – Respondió Ginny mientras veía el reflejo de Hermione en el espejo, en realidad se veía bella.
- Pues, tienes que verte linda si eres la señora Riddle – Resopló Hermione.
- Al menos tienes algo que hacer – Ginny nunca se quejaba, pero ahora que ya se estaba sintiendo mejor y no sufría de pesadillas, se estaba aburriendo. Hermione intentaba pasar la mayoría del tiempo con ella, pero a veces ni eso era suficiente.
- Trataré de traer algún libro – Prometió Hermione.
- Muchas gracias – Sonrió Ginny.
Se quedaron en silencio por unos minutos, un golpe en la puerta avisó a Hermione que ya tenía que partir, esta solo suspiró y abandonó la habitación Voldemort mantuvo su boca cerrada cuando la vio llegar, solo apuntó con su varita el vestido y entró al baño. Rápidamente, se acercó a la biblioteca y agarró dos libros, el primero era una historia romántica (No sabía que estaba haciendo en la biblioteca de su esposo, pero bueno) y el otro era de los magos y el imperio Romano. No sabía si a Ginny le gustarían, pero eso era mejor que hacer nada.
Volvió a la habitación de Ginny y escondió los libros debajo de la cama. Voldemort nunca había entrado a la habitación, pero ese hombre era impredecible. Ginny sonrió y comenzó a ayudarla a ponerse el vestido. Este era modesto, llegaba a sus tobillos y lucía su barriga de embarazada, mostraba la cantidad exacta de escote, sin verse vulgar, ni sexy. Un diamante adornba su cuello, su esposo había intentado persuadirla a perforarse los oídos, pero ella no quería. Dejó de insistir cuando Hermione le recordó que no podía hacerle daño, y si el intentaba perforar sus oídos a la fuerza le dolería.
A las seis con treinta minutos, Voldemort golpeó nuevamente la puerta de la habitación de la Weasley menor, Hermione abrazó a su amiga y le prometió ir a su habitación cuando llegase. Cuando salió de la habitación, vio a su esposo de pie esperándola. Estaba usando una túnica negra con una camisa verde. Era el mismo color que el de su vestido. Se veía atractivo. Incluso se había arreglado su cabello.
Sus ojos rojizos brillaron cuando la vieron – Bien, te ver encantadora.
Ella arqueó una ceja - ¿Acaso creías que me vería mal?
El sonrió burlescamente – Bueno, la gente nunca ha pensado que eres una dama.
- Nunca he sido una – Le respondió Hermione un poco molesta.
El sonrió y le acercó a ella, con su mano derecha le acarició el cabello. Lo tenía tomado en un simple pero elegante moño.
- Te queda de maravilla – Le dijo y soltó su cabello.
- Gracias – Susurró de vuelta, Hermione.
- Ahora, tenemos cosas de las que hablar – Le dijo mientras la tomaba del brazo, tenían que caminar hasta llegar al lugar en el que podían aparecerse. Hermione no sabía en donde era, así que solo siguió a su esposo – Asegúrate de no beber nada con alcohol, podría estar envenenado. Siempre huele los tragos antes de probarlos, si algo sabe raro, escúpelo y no bebas nada más. Un elfo domestico probará tu comida antes que tú, así que no nos preocuparemos si envenenan tu comida.
- No dejaré que un elfo muera porque tiene que comer la comida que alguien enveneno.
Él se detuvo y la miró serio – Lo hará hoy – Volvieron a caminar – No tienes que dejar que nadie note que te importa lo que le suceda al elfo.
Hermione apretó los labios.
- Solo puedes bailar una vez con cada hombre, excepto conmigo. Supongo que sabes bailar.
- Sí – Murmuró ella como respuesta.
- No harás reverencias prolongadas. No puedes hacer contacto visual con Lucius o ningún otro hombre a menos que estos te hablen.
- Apuesto que agradeces que sea más inteligente de lo que quieres que ellos crean – Murmuró Hermione - Si no lo fuese, no podría recordar lo que me estás pidiendo.
-Ah, sí… Eso me recuerda. No actúes como una sabelotodo. Si ellos piensas que eres idiota te dirán más cosas. Actúa como si no entendieses lo que te están contando, especialmente si es política o economía.
Voldemort abrió la puerta – Oh, también te referirás a mí como 'tu esposo' o 'Mi Señor'
Hermione frunció el ceño - ¿Por qué?
- Porque lo soy.
- No eres mi señor.
- Sí, lo soy.
- No, no lo eres.
- Mataré a tu amiga si sigues discutiendo.
- Te odio.
- Yo también.
Voldemort la acercó más a él y Hermione pudo sentir como se aparecían. Cuando abrió sus ojos, se encontró en un pasillo extravagante.
- Mi Señor – Dijo Lucius mientras él y su esposa hacían una reverencia.
Voldemort hizo una seña con su cabeza.
- Señora Riddle – Lucius tomó la mano de Hermione y la besó. Hermione hizo una pequeña reverencia.
- Por favor acompáñennos a la sala de estar – Dijo el Malfoy.
Narcissa, que había estado mirando el estomago de Hermione solo sonrió.
- Ya están casi todos acá, señor – Dijo Narcissa mientras tomaba el hombro de su esposo. Hermione nunca había escuchado la voz de la mujer, y no se sorprendió para nada cuando notó que era bastante agradable a escuchar.
- Bien – Fue la única respuesta que su esposo dio.
Narcissa los guió hasta una sala muy elegante. Había alrededor de veinte mesas y cada una estaba llena de gente. Todos se pusieron de pie al verlos llegar, Voldemort levantó su mano y todos hicieron una prolongada reverencia. Hermione no pudo evitar sentirse incomoda, lo único que quería era esconderse tras de su esposo. Nunca le había gustado ser el centro de atención, se sentía ridícula. Sin embargo, intentó mostrarse relajada y poderosa. Si algo aprendió de lo que su abuela le enseñó era 'si quieres dar una buena impresión, muéstrate poderosa y agraciada.'
Con su mano firme en su brazo derecho, Voldemort la guió por las escaleras.
- No sonrías – Le murmuró – Demuestra que nada te impresiona.
Hermione lo intentó, de verdad que sí. Pero nunca había visto una casa como la de los Malfoy antes. El techo estaba a más de treinta metros de altura y estaba pintado como una catedral. En el centro del techo había una lámpara de oro. El piso era de mármol y había una montaña de plata en medio de la sala. La habitación era como un paraíso de blanco y plata.
Voldemort la llevó hasta la mesa más extravagante y la ayudó a sentarse, Draco Malfoy estaba a su derecha y una muchacha de cabello negro a su izquierda.
Al lado de Voldemort estaban Lucius y Narcissa, las otras personas de la mesa eran desconocidas para Hermione. Les sirvieron tres platos, Hermione no tenía la mínima idea de lo que eran… todo era tan… blanco. No habló con nadie, solo escuchaba. Draco no le dirigió ni una mirada, solo hablaba con la chica de cabello negro a su lado.
Dos horas más tarde, la cena terminó, ya estaba aburrida. Quería volver a la casa, pensó en fingir una enfermedad, pero descartó la idea al recordar a Ginny.
Justo en ese momento, Lucius se puso de pie y anunció que era hora del baile. Una banda invisible comenzó a tocar. Lucius invitó a Narcissa a bailar, Voldemort hizo lo mismo con Hermione.
- La gente comenzará a hablarte – Le dijo mientras bailaban.
- ¿Hmm?
- ¿Recuerdas lo que te dije?
- Sí, simular estupidez. Hablar de ropa y bebes… ¿Qué es lo que pensamos de este bebé? ¿Estamos felices?
- Muy felices, no fue un accidente.
- Muy bien – La primera canción acabó, Voldemort la llevó de vuelta a la mesa y pidió un baile a Narcissa.
Justo cuando Hermione estaba acomodándose en la silla, Lucius la tomó del brazo y la llevó a la pista de baile.
Cuando el segundo baile terminó, Hermione logró sentarse. Sus ojos viajaron a su esposo, él estaba bailando con una mujer, ella sonreía con coquetería. La castaña suspiró y comenzó a escanear la sala, mucha gente la estaba mirando, cuando ella los miraba, ellos corrían la mirada.
Unas mujeres se acercaron a hablarle. Hermione les contestó lo que Voldemort le dijo y ellas se fueron, por lo visto no estaba dando demasiada información.
Hermione siguió mirando a los bailarines. Voldemort no estaba bailando. Estaba en una mesa, hablando con unos magos, por lo visto no era agradable la conversación, puesto que ellos se veían asustados. ¿Qué estarán haciendo?
- ¿Me concede el honor de bailar con usted? – Levantó la mirada y se sorprendió al ver a Severus Snape frente a ella.
- Por supuesto – Contestó y se puso de pie. La banda comenzó a tocar un vals, Snape puso su mano en la cintura de Hermione y comenzó a moverse.
- Todos se preguntan como estas – Murmuró – No he podido decirles sobre tu… condición.
- Dígales que estoy bien – Murmuró Hermione – Estoy cuidando de Ginny, ella está bien.
Quería decirle tantas cosas, pero Voldemort no la dejaba.
- Sus padres estarán aliviados.
- Sí, si es que logro comportarme hoy, podré llevarla de vuelta a su casa. Pero no les digas eso. Por si mi esposo cambia de parecer…
- Es entendible. ¿Algo más?
- Me encantaría decir un millón de cosas – Murmuró tristemente – No puedo hablar de eso.
Severus estaba pensativo – Has el intento, por favor.
- Oh, claro – Respondió finalmente Hermione – Estaba tan feliz al ver que mi esposo tenía Hogwarts, una historia. Él lo encuentra tan interesante como yo. Es tan divertido leer cosas de los fundadores – Hermione miró a las mujeres, hasta que encontró una con un horrible vestido amarillo – Ese vestido amarillo es… interesante – La canción terminó – Muchas gracias por el baile. Creo que beberé una copa de agua – Hizo énfasis en cada palabra importante. Ahora solo esperaba que Snape entendiese.
Él sonrió y se retiró, antes que pudiese sentarse a descansar, Narcissa se acercó a ella.
- Oh, Señora Riddle, venga, debería ver el jardín. Es algo tan bello en esta época del año – Dijo y tomó a Hermione del brazo.
Narcissa la sacó de la sala mientras le hablaba alegremente de flores y árboles. Habían varias personas en el jardín, la rubia los ignoró y se llevó a Hermione más lejos.
- Los árboles fueron plantados por el abuelo de Lucius, a él le encantaban… - Narcissa miró a todos lados y Hermione notó que estaban totalmente solas. La expresión de la rubia se endureció, la empujó contra un árbol y puso su varita entre las costillas de la chica.
- Escúchame muy bien, perra – Siseó Narcissa.
Hermione estaba sorprendida, pero mantuvo su boca cerrada. La mujer era pequeña, pero en ese momento se veía peligrosa.
- Si es que tocas un pelo de la cabeza de mi pequeño nuevamente, te arrancaré la cabeza con mis manos – Escupió Narcissa – Esos asquerosos Muggles lo tuvieron toda la noche en esa asquerosa prisión. Todo por tu culpa ¡Perra sangra sucia inmunda! Le rompiste la mandíbula, mi bebé no pudo comer por una semana.
Hermione estaba enojada, ella no había querido romperle la mandíbula, pero una ola de felicidad la llenó al escuchar eso.
- Tu querido hijo comenzó todo – Respondió Hermione intentando contener su ira, no podía hacer nada que molestase a su esposo después de todo – El fue desagradable y mal educado.
Narcissa la soltó pero la miró con asco – Él solo dijo la verdad. Pero no te preocupes. Nos aseguraremos que el Señor Oscuro se deshaga de ti lo antes posible.
La rubia se fue y dejó sola a Hermione. Emocionalmente cansada, Hermione se sentó bajó el árbol y soltó una maldición. Estaba llorando y eso arruinaría su maquillaje. Su esposo le había dicho que tenía que verse bien, no quería demostrar que estaba asustada. Intentó respirar y calmarse. Deseaba tener un espejo para poder arreglarse. ¿Y si se veía horrible? ¿Voldemort se desquitaría con Ginny? No, no podia permitir eso.
Comenzó a llorar nuevamente y soltó otra maldición.
- Eso no es propio de una dama.
Hermione se volteó y vio a un joven de largos cabellos negros apoyado en un árbol. El chico le estaba sonriendo.
- ¿Perdón? – Le dijo Hermione, irritada.
- La maldición – Le contestó el joven mientras se acercaba a ella – Nunca he escuchado dicha palabra salir de los labios de una dama.
- Nunca he sido una dama.
Él rió, su risa era agradable – En ese caso, son Maximiliano Lestrange.
- Oh, soy Hermione… Riddle, creo.
- Lo sé, todos hemos escuchado hablar de la esposa sangre sucia del Señor Oscuro.
Hermione cerró los ojos molesta, el al ver eso intentó arreglar el lio que se había hecho – No lo digo juzgándote, se lo que se siente. El año pasado todos decían cosas de mí. Soy el hijo bastarde de Rabastán Lestrange… y una Muggle.
- ¿De verdad? – Le preguntó sorprendida Hermione - ¿Por qué me estás hablando?
Él encogió los hombros – Pensé que necesitabas hablar con alguien y… pues, eres hermosa.
Ella resopló como respuesta – No soy ni la mitad de bella que las otras mujeres que hay en esta fiesta. Aparte mi esposo es bastante celoso.
El solo sonrió – Esas mujeres no son naturales como tú. Son frías y no reconocerían una broma aunque les bailase desnuda. Y me gusta el peligro.
Hermione solo negó con la cabeza.
- ¿Qué? – Le preguntó Max divertido - ¿No soy lo suficientemente atractivo para ti?
Hermione sonrió y lo escaneó con la mirada. El chico no era alto, un poco más que ella, por lo que se veía tras su túnica, tenía sus brazos y pecho marcado por músculos. Sus ojos eran de un rico color azul y su sonrisa era simplemente encantadora. Si no lo hubiese conocido en una fiesta mortífaga, le hubiese gustado.
- ¿Atractivo? – Le preguntó con una sonrisa la castaña - ¿Debería encontrarte atractivo?
Él rodó los ojos – Al menos no soy yo quien tiene su cara cubierta de maquillaje.
Ella gruñó frustrada - ¿De verdad? ¿Podrías ayudarme? No puedo hacerlo…
- Claro – Se acercó a ella, con su mano derecha tomó su varita y con la izquierda la cara de Hermione, murmuró un hechizo – Sí, ahí… mucho mejor.
- ¿Estás seguro? Porque podrías haber arruinado más mi maquillaje y yo no lo hubiese notado.
- Tan linda como antes - Le aseguró.
- Tendré que confiar en usted, Señor Lestrange.
Él hizo una mueca – Por favor, llámame Max. Señor Lestrange me recuerda a los mortífagos.
- Muy bien, Max – Se arregló el vestido y se dispuso a partir de vuelta a la fiesta – Creo que volveré a la fiesta.
El asintió – Yo volveré en unos minutos más, estoy escapando de mi padre – Le guiñó un ojo y desapareció entre los jardines de la Malfoy Manor.
Hermione sonrió y volvió a la fiesta, al llegar notó que la mayoría de las personas no estaban, antes que pudiese averiguar dónde estaban, Voldemort se acercó a ella.
- Hola, esposa – Le dijo mientras la capturaba en sus brazos y la llevaba a la pista de baile - ¿En dónde estabas?
- Narcissa quería mostrarme los jardines – Le respondió – Cuando llegamos ahí me dejo sola y quise… recorrer el lugar. Todos me estaban mirando. No sé si lo notaste.
- Hm – Le contestó con el ceño fruncido - ¿Por qué bailaste con Severus?
- ¿Snape? Pues, el me lo pidió, tu dijiste que tenía que bailar con todos los que me lo pidiesen.
- ¿El te lo pidió? – Le preguntó sorprendido – Severus detesta bailar.
- Si quieres saberlo, solo quería saber cómo estaba. Después de todo fue mi profesor durante siete años.
- Eso fue increíblemente agradable de su parte – Comenzó a sonar una tonada más rápida, los pies de Hermione ya dolían de tanto que había bailado.
- Pensé lo mismo – Respondió Hermione - ¿Nos podemos sentar? Ya me cansé.
Voldemort la guió a las escaleras, segundos más tarde, estaban nuevamente en la plataforma.
- ¿Qué estamos haciendo?
Él no le respondió. Miró a todos lados y la puso contra la pared.
- Es hora del entretenimiento – Susurró contra sus labios – Es como los gladiadores en Roma. Puede que te parezca un poco crudo. Pero recuerda que tanto Muggles como Magos se divierten viendo esto y no podrás cambiarlo. Siéntate, relájate y no muestres emoción.
Volvieron al pasillo, mientras caminaban, los ojos de Hermione viajaban entre las pinturas y fotografías de poderosos magos y brujas sangre pura.
- Damas y caballeros – Comenzó Lucius mientras todos se acomodaban, por supuesto, Lord Voldemort tenía los mejores asientos – Hoy presenciarán grandes peleas entre animales Muggles y mágicos. Primero una letal tigresa se enfrentará a una hambrienta Acromántula.
La gente comenzó a aplaudir alegremente. Hermione estaba asqueada, nunca había disfrutado las peleas, menos las de animales.
Cada enfrentamiento era más brutal y sangriento que el otro. Hermione intentaba no sentir simpatía hacia los animales, luego de unas diez peleas, Voldemort tomó su mano y se acercó a ella.
- Te ves horrorizada – Le susurró – Esto terminará pronto, si no puedes mostrarte feliz, no estaré feliz.
Hermione cerró sus ojos y empezó a recordar las lecciones de Oclumancia. Vacía la mente. Remus le había enseñado como hacerlo. Cuando abrió los ojos nuevamente, Lucius estaba a punto de anunciar el ganador. Mucha gente aplaudió y otras personas gruñeron decepcionados. Por lo visto perdieron mucho dinero. Voldemort se puso de pie, ella lo imitó. Narcissa y Lucius los estaban esperando.
- Fue una maravillosa velada, Lucius. Estoy agradecido – Dijo Voldemort mientras ponía su mano en el hombro de Hermione.
- Muchas gracias, Mi Señor – Respondió Lucius con una reverencia – Usted y su esposa serán siempre bienvenidos en mi morada.
Voldemort apretó el hombro de Hermione.
- Muchas gracias por su hospitalidad, Señor y Señora Malfoy – Respondió Hermione e hizo un gesto cortés con la cabeza.
- Cuando lo desea, Señora Riddle - Respondió Narcissa.
Voldemort asintió y desapareció con Hermione. Cuando llegaron a la habitación, Hermione se permitió sentir nuevamente.
- Lo hiciste muy bien – Dijo Voldemort mientras ella rompía en lágrimas – Puedes llevar a la niña a su casa en Diciembre.
Lloró hasta quedarse dormida.
Esa noche tuvo sueños bastante especiales. Estaba nuevamente en el campo de batalla, sin embargo no era en la casa de Lucius. Era el coliseo Romano. Sus ojos vagaban ente los peleadores y los emperadores. Alguno de los gladiadores estaban demasiado heridos, no podían mantenerse en pie. Un anciano se acercaba a ellos y les daba de beber de una copa. Segundos más tarde ellos caían muertos.
Hermione se sentó en la cama y susurró - ¡La copa de la muerte está en Roma!
PrincessPanchali: Hola, Iria, pues muchas gracias por leer y comentar. Circe, es un Dios, es algo como Merlín, pero un poco mas malito… en un Merlín Slytherin. Saludos.
Athena: jaja, sí. Muchas gracias a ti por leer y comentar. Espero te guste este capítulo saludos.
Yuuki Kuchiki: Muchas gracias a ti por leer y comentar. Claro, yo te aviso, lo más probable es que esta semana suba el primer capítulo. Es una historia muy buena en Ingles. Espero lo sea en Español también ahahha. Saludos.
Sakura Tachi: Muchas gracias por leer y comentar. Saludos. Espero te haya gustado el capítulo.
Amia Snape: ajajaja sí. Exacto a mi tampoco me agrada mucho Ginny, pero eso es crueldad. Ajajaj pues, yo nunca había leído algo de ellos antes y pensé que nunca lo haría… es como leer algo de Ron con Ginny… no lo sé, pero una amiga me lo pidió como regalo de cumpleaños y lo hice. Saludos y muchas gracias por leer y comentar. ¡La noche es joven! Hay que disfrutarla… no importa dormir poco ahahha… siempre le digo eso a mi madre cuando llego tarde.
Ainums: Muchas gracias a ti por leer y comentar. Espero que te guste la traducción. Saludos.
