Había sido expulsada de aquella sala por su propia hermana, ¿tan poco confiaba en ella? En serio, necesitaba saber qué estaba ocurriendo, qué le pasaba a su hermana, verdaderamente lo necesitaba, por lo que no dudó en correr hasta Hank cuando le vio aparecer, buscando desesperadamente una respuestas a todas sus cuestiones.
- Alex, tienes que entrar- comunicó.
- ¿Qué está pasando?- preguntó sin comprender la razón por la que ella no podía pasar.
- Nada, sólo quiere que pase Alex- la respondió.
- Pero yo soy su hermana...- se quejó.
Observó como Alex se acercaba a ella, situándose enfrente, poniendo sus manos sobre sus hombros antes de abrazarla, consiguiendo que soltase las lágrimas contenidas sobre su hombro, abrazándose con fuerza, aún con la esperanza de recibir respuesta a todas sus preguntas, pero sobre todo a por qué su hermana no confiaba en ella para explicarle lo que sucedía.
- Todo va a estar bien, ¿vale?- la susurró separándola de ella- Kara, estoy segura de que ahora mismo está asustada y que no quiere ponerte nerviosa a ti, que por eso prefiere que estés fuera- la dijo intentando que se tranquilizara.
Asintió levemente sin convicción ninguna ante lo que acaba de escucharla decir, sin embargo, no quería retenerla durante más tiempo, por lo que permitió que se separase de ella y que se marchase con Hank hacia aquella sala.
Suspiró queriendo calmarse, sin conseguirlo, poniéndose cada vez más nerviosa, deseando poder estar en esa habitación también.
- Kara, cielo- susurró Eliza abrazándola- ¿Estás bien?
- No- respondió con voz temblorosa- Me siento desplazada- afirmó antes de continuar hablando- Es mi hermana, me duele que no sea capaz de confiar en mí, que se lo cuente a Hank o a Alex cómo si la conociesen de siempre, yo..., yo lo hago- sollozó- Desde pequeña la he observado, imitado en cada uno de sus pasos, quería ser como ella..., la conozco, porque si soy la persona que soy ahora mismo es, en parte, gracias a ella, por todo lo que me enseñó- explicó entre lágrimas- A mi también me está costando todo esto, pero mucho más si ella no me permite ayudarla. No lo entiendo, no entiendo por qué no es capaz de decirme lo que la pasa, de explicarme lo que ha sucedido hoy- suspiró- Hay momentos en los que creo que no existo para ella, que Alex es más su hermana de lo que lo soy yo- terminó de desahogarse.
- Confía más en ti de lo que crees- la aseguró- Quiere mantenerte a salvo, para ella eres su hermana pequeña, Kara- explicó haciendo que la mirase tratando de comprender a dónde quería llegar a parar- Te quiere y lo único que ahora mismo está haciendo es protegerte, no puedes culparla por ello-dijo volviendo a abrazarla.
Agachó la cabeza evitando volver a ponerse a llorar. No, no podía culparla por querer protegerla, pero en estos momentos era ella misma quien quería mantenerla a salvo, quien deseaba protegerla, pero sobretodo comprenderla y ayudarla.
Cerró los ojos nerviosa sin querer hacerlo, sin querer romper la confianza que su hermana pudiese tener en ella, pero, la verdad, es que no la dejaba otra opción.
- Lo siento, Kaelah- susurró antes de centrarse en escuchar todo lo que se estaba hablando en la otra sala.
- ¡¿Puedes leer la mente?!- gritó completamente fascinada ante lo que acababa de escuchar- Pensaba que tus poderes eran como los de Kara..., ¿eso era lo que hacías en Krypton?¿Leías la mente de los prisioneros?¿Les obligabas a decir la verdad?- cuestionó con cierto nerviosismo aún asombrada.
Asentí poco orgullosa de afirmarlo, deseando que dejase de hacer preguntas, pero sobre todo de pensar, pues el dolor de cabeza se estaba incrementando desde que había pedido que ella entrara.
- No lo entiendo, ¿cómo es posible?- preguntó.
- Alex, por favor, deja de hacer preguntas- la pedí agarrándome la cabeza.- Piensas demasiado- comenté mirándola.
- Lo siento- sonrió tímidamente- Pero, ¿escuchas todo lo que pienso?
- Todo- respondí- Y la verdad es que me estás empezando a poner muy nerviosa- comenté intentando que se calmase, que dejase de pensar, incluso de hablar.
- Sólo una cosa más, ¿hasta cuando va a durar?- cuestionó mucho más tranquila que antes.
- No lo sé, ojalá lo hiciese- Suspiré cerrando los ojos
Sentí que una nueva voz se introducía en mi cabeza, la cual se entremezclaba con los pensamientos de Alex, por lo que, sinceramente, no era fácil entender lo que estaba pensando la otra persona, sin embargo, en el momento que lo hice mi corazón se paró, no podía ser cierto, Kara.
- Lo está escuchando- susurré ante desconcierto de los dos- Kara ha escuchado todo- expliqué empezando a llorar.
Esto era la última forma de la que pensaba que se iba a enterar de todo, por lo que no podía evitar pensar que iba a odiarme por habérselo ocultado, pero, ¿qué quería que hiciese? No podría habérselo dicho a la cara, era completamente consciente de ello, tal vez que se hubiese enterado de esta forma no era tan mala idea, sin embargo, ¿quién podía quitarme la sensación que tenía en estos momentos?, nadie, absolutamente nadie podía decirme que había hecho lo adecuado, pues no era cierto por mucho que quisiese autoconvencerme de que sí.
Sequé mis lágrimas tratando de bloquear mi mente, de no permitirme continuar escuchando sus pensamientos, pero no era sencillo, pues no podía ignorar el hecho de saber lo que pensaba, aunque doliese conocer la verdad, como se sentía.
Mi hermana estaba dolida conmigo, en cierto modo enfadada, por que no la hubiese tenido en cuenta, pero sin duda, se sentía absolutamente desplazada.
Tenía que hablar con ella, terminar de explicarme, de contarla toda la verdad.
- Podéis llamarla- pedí ente lágrimas.
Alex se marchó en su busca, volviendo con ella, quien me miró con lágrimas en los ojos antes de negar con la cabeza, manteniendo las distancias conmigo.
Traté de hablar, de llamarla, pero esta situación era mucho más difícil de lo que me esperaba, pues el nerviosismo que tenía, no me permitía comunicarme.
- Kara...- la llamé con voz temblorosa- Por favor..., lo siento- sollocé- Sólo quería protegerte, tienes..., tienes que entenderme- la miré entre lágrimas.- Por favor...
- Kaelah..., te entiendo, pero ¿por qué no me lo contaste?- preguntó- Sólo son poderes, ¿qué miedo tenías en decirlo?. Además, los podías usar en Krypton, lo que es alucinante- comentó sonriendo- Espera, es por eso por lo que la kryptonita no te afecta, eres inmune- afirmó asombrada.
Sonreí ante su emoción, confundida porque no se comentase nada acerca de lo de los juicios, de lo que se me obligaba a hacer en ellos, hecho que hacía que me replantease cuánto había escuchado.
- ¿Por qué no los tienes permanentemente?- preguntó acercándose.
- Porque si los llevas al límite, se acaban- respondí en apenas un susurro, consiguiendo que ella arqueara una ceja- Kara..., me obligaban a usarlos en los juicios, me explotaron y para cuando terminaron..., no se quedó ahí, continuaron usándome sin tener en cuenta las consecuencias- expliqué ante su asombro- Siento no habértelo dicho antes, pero... tenía miedo de romper tu infancia, todo lo que recordabas de ellos- dije volviendo a llorar.
- Deja de llorar- pidió secándome las lágrimas- Creo que voy a necesitar tiempo para poder comprender por qué te hicieron todo esto- comentó antes de volver a preguntar- Entonces, es por eso por lo que no te enviaron a la Tierra, ¿no?, porque no podrías protegernos.
- En parte- respondí agachando la cabeza.
" Observé como la nave de mi hermana salía de la estación, convirtiéndose en la última vez que iba a verla, el último recuerdo que tendría de ella antes de que Kypton desapareciese y con él, nosotros.
Sollocé, tal vez esto era lo mejor, pero tenía miedo, demasiado, pues seguía sin entender a qué nos enfrentábamos, que iba a suceder cuando llegase el fin, qué se sentiría, si sería capaz de recordar a alguien por última vez.
Mi madre me agarró del brazo tirando de mí hasta la última nave que había en la estación parada, frenándome delante de esta, agarrando mi cara con sus manos, observándome.
- No puedo permitir que pases por esto, Kaelah- negó con la cabeza- Te quiero y espero que seas capaz de recordar eso- suspiró abrazándome contra ella- Cuida de ellos, sé que puedes hacerlo, no permitas que les hagan daño, pero sobre todo, recuérdales quienes son, quien es su familia- sollozó aumentando la fuerza del abrazo.
Enterré mi cara en su hombro, queriendo evitar sollozar, deseando poder recordar esto siempre, tratando de creerme sus palabras, todas y cada una de las que había dicho, pues la verdad que no creía que pudiese cuidar de ellos, de ninguno de los dos, de protegerles de cualquier peligro al que nos enfrentásemos en aquel planeta.
Me abracé con una mayor fuerza a ella en el momento que los temblores se hacían presentes, haciendo que mi madre me separara de ella, volviendo a agarrarme la cara.
- Tienes que subirte- susurró- Te quiero, cielo- besó mi frente antes de obligarme a subirme a esa nave.
Acarició mi cara una última vez antes de separarse de nuevo y disponerse a cerrar la nave, pero la detuve.
- Mamá, lo siento- dije soltando las lágrimas que había contenido hasta ahora.
- Shh, no lo estés, cielo- secó mis lágrimas- Te mereces una vida, Kaelah, recuerda que eso no te hace diferente, sino especial, aunque no puedas utilizarlo, siempre va a ser una parte de ti- explicó- Es hora de que te vayas, te quiero, no lo olvides, por favor.
- Yo también te quiero- respondí a la vez que la cerraba.
Suspiré cerrando los ojos, sintiendo como la nave empezaba a moverse, haciendo que los abriese para mirarla una última vez, que me tragara los sollozos que amenazaban con salir de mi garganta.
No pude evitar llevarme las manos a la boca al ver lo que sucedió segundos después de que yo me alejase de Krypton, empezando a llorar con fuerza, pues en estos momentos todo, absolutamente todo lo que conocía había desaparecido.
No estaba preparada para nada de lo que iba a suceder, para enfrentarme a todo lo que ese planeta nos tuviese preparado, sin embargo, no me dio tiempo a pensarlo durante mucho más tiempo, pues cuando la onda expansiva agitó la nave, supe que estaba perdida"
- ¿Has volado alguna vez?- preguntó curiosa.
- Sí, varias veces, en mi habitación, hasta que mamá consideró que era un peligro, pero la verdad es que era una buena forma de calmarte cuando eras un bebé- expliqué causando su risa- No te rías, es la verdad, te gustaba verme volar.
- ¿Por qué nunca he tenido constancia de tus poderes?- continuó haciendo preguntas.
- Porque decidieron que podrían ser peligrosos para ti- respondí antes de añadir- Quemé varios muebles.
Acompañé la risa de mi hermana, abrazándola, haciendo que ella apoyara mi cabeza en su hombro a la vez que acariciaba mi pelo.
- ¿Qué sucede cuando se terminan tus poderes?- preguntó apartando el pelo de mi cara.
- Me debilito- respondí sin querer dar más explicaciones.
Asintió abrazándome con fuerza, como si tu viese miedo de que pudiese desaparecer de su lado.
Aún podía escuchar las diferentes voces en mi cabeza, sin embargo, la visión había desaparecido y los pitidos iban a menor, por lo que estaba verdaderamente agradecida en que esto estuviese acabando.
Sentí que me debilitaba en los brazos de mi hermana, quien me agarró con fuerza para evitar que cayera al suelo.
- Kaelah, no, tienes que ser fuerte- susurró en mi oído, pero ya era tarde, demasiado.
Lo último que escuché antes de terminar por desmayarme fue su grito, volviendo a suplicar que no me marchase.
Gracias por leer,
Ayrin
