Una niñera para Gray

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Hiro Mashima, yo sólo los tomo prestados para puro entretenimiento.


Capítulo 9:

Al día siguiente Gray llegó de la universidad y se encontró con una nota en la heladera.

"Juvia salió a comprar cosas que faltaban. Vuelvo en un rato, Gray-sama"

Gray sonrió al ver que incluso ella escribía en tercera persona.

Estaba cansado y aburrido, no había nada que hacer y desde que decidió dejar de buscar a su supuesto padre menos. Pensó que bañarse sería una buena idea, no quería comenzar a oler mal, pero su acción se vio interrumpida por el teléfono, el cual comenzó a sonar.

— ¿Hola? —ni bien atendió escuchó un ruido extraño. Posteriormente la voz de un hombre, que desgraciadamente conocía muy bien.

— ¿Mamá? —a Gray le dio un tic en el ojo, él definitivamente era estúpido.

— ¿Eres idiota? ¿Te parece que mi voz sea de mujer? —la persona tras el teléfono suspiró.

—Gray —éste rió imaginándoselo rodar los ojos con fastidio.

—Yo también estoy feliz de escucharte, Lyon —el chico tras el teléfono bufó. — ¿Para qué llamas?

—Eres un maleducado —suspiró y se dedicó a proseguir con la conversación. — ¿Está mamá?

—Salió de viaje ¿no te lo dijo? —Gray pudo escuchar como Lyon se quejaba. —Imagino que no quería molestarte

—Como sea, llamaba para avisar que pronto me darán unas cortas vacaciones, así que estaré por ahí un tiempo —Gray bufó y le cortó. Extraña relación se traían.

Lyon, sabiendo que Gray no volvería a atenderlo, le mandó un mensaje.

"Patalea todo lo que quieras, de todas formas te iré a molestar"

El mensaje venía seguido de una carita haciendo un guiño. No era que Gray no deseara verlo, sino que sabía que si se enteraba que tenía una niñera lo molestaría el resto de su maldita vida. Además, de una interminable charla reflexiva de porqué le traía problemas a Ur.

Sin enrollarse más, subió escaleras arriba y se preparó para bañarse. Ahora lo necesitaba más que antes.

-*/*/*/*-

Juvia caminaba con dos bolsas de supermercado en cada mano. Tenía un destino fijo, el orfanato, pero antes de eso debía encontrarse con Lucy en el parque, debido a que la rubia le había hecho el favor de acompañarla.

Aquella mañana Lucy no había asistido a la universidad y se habían encontrado en el parque cuando Juvia había salido a caminar. Luego de un rato de charla Juvia terminó por contarle lo sucedido con Loke y Aries, y la chica no tardó en ofrecerle su ayuda.

— ¡Aquí estoy Juvia! —al voltearse se encontró con Lucy corriendo hacia ella. Traía su pelo largo atado en una colita.

—Lucy-san… Juvia, no sabe como agradecerle —la rubia negó y la tomó por los hombros.

—No podemos dejar que aquello siga sucediendo, encontraremos la solución —Juvia asintió y ambas emprendieron camino al orfanato.

Después de caminar por unos quince minutos más, se alzó frente a ellas un imponente edificio, poseía rejas negras y su estructura era un tanto antigua. Del lado de adentro de las rejas, un letrero rezaba el nombre "Orfanato Tártaros".

Lucy tomó las bolsas de Juvia, liberando una de sus manos; y un poco nerviosas, ambas ingresaron.

—Señoritas ¿Puedo ayudarlas en algo? —una vez Juvia y Lucy entraron, se toparon con una mujer de baja estatura y cabello corto negro. Luego de emitir aquella pregunta soltó una risa extraña. —Vaya, son lindas… que molestia —la mujer volvió a soltar esa extraña risa y ambas chicas intercambiaron una mirada confusa.

—Lárgate de aquí Lamy, yo las atenderé —de quien sabe donde apareció un joven rubio. Tenía un extraño peinado que hacía parecer que tenía orejas y, para sorpresa de Juvia y Lucy, traía una camisa abierta, mostrando a los cuatro vientos sus abdominales.

—Tsk… los de Natsu son mejores… —susurró Lucy de manera casi inaudible, pero Juvia alcanzó a oír, avergonzándose y temiendo porque alguno de los otros dos haya escuchado.

— ¡Lucy-san! —pero antes de que la rubia pudiera defenderse, la mujer que las había recibido se tiró sobre el rubio.

— ¡Jackal! ¡Estás tan lindo como siempre! —él, molesto, la empujó y la miró mal.

—Lárgate de aquí, estorbo —Juvia y Lucy volvieron a intercambiarse miradas ¿Acaso esas personas cuidaban de los niños? —Ustedes dos ¿Qué quieren? —Lucy levantó una ceja y bajó las bolsas al suelo, para luego apuntarlo con el dedo.

—Primero que nada nos hablas bien, y segundo venimos a ver a los niños —Jackal la miró alzando una ceja para luego comenzar a reír, sosteniéndose el estómago.

— ¿Sin previo aviso? Eso no se podrá, para verlos tiene que venir una pareja casada y realizar los debidos trámites, cuando todo esté listo se procederá a la adopción y justo ahí podrán conocer a los niños —Juvia agachó la mirada, ya se lo venía venir. —Ah y otra cosa… no entregamos niños a parejas homosexuales —Lucy, furiosa, se acercó al rubio y lo empujó. Juvia se cubrió la boca con su mano libre.

— ¡Estoy tan indignada que no sé por dónde empezar! —Jackal la tomó fuertemente por el brazo.

— ¡Pues indígnate afuera, rubia! —Juvia se acercó con la intención de hacer que el chico soltara a Lucy, pero antes de poder acercarse lo suficiente Lamy se le enroscó en la pierna a la par que reía.

—No lo harás… deben irse —y volvió a reír. Su risa ya estaba fastidiando a Juvia.

— ¡Suéltame! ¡Te enseñaré unas cuentas cosas! ¡Mi amiga quiere ver a los niños! —Jackal la tomó más fuertemente y la acercó hacia él, mirándola duramente. — ¡Cobardes! ¡Golpean a los niños y se atreven a decir que no se los entregarían a una pareja homosexual! —él la observó sorprendido, para luego sonreír burlonamente.

—Una de ustedes debe ser aquella que nos mencionaron Kyoka y Sayla, me pregunto cuál de las dos será —Lucy levantó la rodilla y casi logra darle en la entrepierna, pero él fue más rápido y se la sostuvo con la otra mano.

— ¡Ja! ¡La gata sacó las uñas! —volvió a reírse burlonamente y la levantó, colocándola sobre el hombro. —Vaya trasero tienes, rubia —Juvia intentaba sacarse a Lamy de la pierna, a la par que Lucy blasfemaba y pataleaba.

— ¡Déjala ir, tú! —Jackal la miró y soltó a Lucy, haciéndola caer sentada para luego echarse a reír.

— ¡Que conste que tú me lo pediste! Ahora lárguense las dos, están estorbando —Juvia fue liberada por Lamy, y con el ceño fruncido apretó los puños. Lucy, quién observó esa expresión, no pudo quedarse callada.

—Lo que hacen no está en absoluto bien ¡los niños no tienen la culpa de nada! —le gritó mientras se levantaba de un tirón. Jackal se echó a reír a carcajadas mientras la apuntaba con el dedo.

— ¡Oh! ¡Qué miedo! —ella, quien solía ser muy impulsiva, se sacó un zapato y se lo arrojó, con tanta puntería que lo golpeó en la cabeza.

—Eres tan desagradable, nos iremos ¡pero la policía se enterará de todo! —Jackal gruñó y se acercó amenazante a ella, volviéndola a tomar del brazo; esta vez con más fuerza.

— ¡Ya basta! ¡Nos iremos! ¡Deja a Lucy-san en paz! —Lamy rió mientras volvía a aferrarse esta vez más fuerte a la pierna de Juvia. Jackal rió observándolas.

—No dejaré ir a esta rubia sin antes darle una lección —Juvia intentó sacarse de encima a Lamy, pero aunque no lo pareciera, la pequeña mujer tenía fuerza. Era demasiado molesta, y Juvia no quería golpearla pero si se volvía necesario lo haría.

— ¡La lección te la daré yo! ¡Maldito hijo de…! ―Jackal la tomó con fuerza de la cara, apretando sus cachetes.

―Shh, eres muy molesta ―pero antes de poder hacer algo, alguien lo tomó del hombro y lo envió hacia atrás de un golpe en la mejilla.

— ¿¡Qué es lo que pensabas hacer!? ¿Eh, maldito? —Lucy sonrió. Él había llegado justo a tiempo.

— ¡Natsu! —este llevó su mirada hacia ella y la observó con su característica sonrisa.

— ¿Estás bien, Lucy? —ella asintió y Natsu suspiró aliviado. —Te dije que me esperaras, que las acompañaría —Lucy sonrió, alegre de que su amigo haya llegado a tiempo. Mientras, Juvia se acercó a ellos; Lamy la había liberado para ir corriendo hacia Jackal.

―Juvia cree que debemos irnos… aquí son muy groseros ―Jackal se tocó la mandíbula y escupió hacia un costado.

―Mejor que no vuelvan nunca más, porque la próxima no me contendré ―Natsu lo miró duramente y tomó a Lucy del hombro, indicándole salir. Ella antes de salir tomó su zapato que se encontraba tirado en el piso y posteriormente las bolsas que había bajado anteriormente.

Una vez los tres estuvieron fuera Juvia suspiró.

―Lo siento mucho, Juvia ―ella negó y apoyó su mano en el hombro de la chica.

―No es tu culpa Lucy-san, desde el principio Juvia sabía que no la dejarían verlos, ojalá estén bien ―Natsu las observó y apretó los puños. Lucy lo había informado sobre todo el asunto, y aunque al principio no quería creerlo; ahora, después de ver a aquel tipo, no le quedaba ninguna duda.

Aquel orfanato no debía funcionar.

―Juvia ¿Gray sabe que estás haciendo esto? No deberías venir a estos lugares sola ―Juvia observó a Natsu horrorizada. No, bajo ningún punto de vista podía involucrar a Gray en eso.

― ¡No! Gray-sama no sabe nada ¡Y no debe saberlo! Por favor, no le digan nada —ambos la observaron con cierto toque de desconfianza. Aunque ella se los pidiera creían que Gray debería estar informado del asunto si involucraba a su novia, y hasta quizás podría ayudarla. Pero si ella no quería no debían meterse más.

—Si eso es lo que quieres Juvia… no diremos nada —ella le sonrió a Lucy aliviada para luego tomar las bolsas que esta cargaba.

—Juvia debe volver a su casa… gracias Lucy-san, Natsu-san —ambos levantaron la mano en señal de saludo mientras observaban como Juvia cruzaba la calle camino a su casa, que por cierto no sabían dónde era.

—Natsu… —Lucy susurró y agachó la mirada. Él la miró por el rabillo del ojo, sabía lo que estaba pensando.

—Sé que te duele Lucy, a mí me hierve la sangre y no me faltan ganas de volver a entrar y golpear a ese imbécil como deben hacer con los niños —Lucy levantó la mirada y lo observó, pequeñas lágrimas estaban acumuladas en sus ojos; pero no de dolor sino de impotencia por no poder hacer nada.

Por su parte Natsu estaba tenso, y mantenía sus puños apretados. No conocía a los niños, pero no podía permitir que siendo sólo unos pequeños los golpearan por vaya a saber que estupidez.

—Sígueme, Lucy —él la tomó de la mano, haciéndola caminar y produciéndole un leve sonrojo.

— ¿A dónde vamos? —Natsu volteó la cabeza y la miró, esta vez no con su clásica sonrisa, sino con una mirada decidida y llena de coraje.

—A la comisaria, no me quedaré de brazos cruzados —Lucy le sonrió y asintió con una ligera sonrisa de orgullo. Eso le gustaba de él, nunca estaría dispuesto a tolerar las injusticias.

-*/*/*/*-

Gray bajó las escaleras secándose el pelo con una toalla, le habían entrado ganas de tomar un jugo de naranja y al estar solo se permitió bajar simplemente con una toalla cubriendo lo necesario. Su torso desnudo estaba húmedo e iba descalzo; rió pensando que Ur lo habría regañado por abrir la heladera de aquella manera.

Tan absorto iba secándose el pelo que no se dio cuenta cuando alguien entró a la casa. Ese alguien era Juvia, quien tenía que ir a la cocina a dejar las bolsas, pero como ella también se encontraba ligeramente afectada por lo acontecido no notó al pelinegro que caminaba en su dirección con una toalla cubriéndole toda la cabeza.

Ninguno se dio cuenta de la presencia del otro hasta que el delicado cuerpo de Juvia chocó contra el musculoso torso de Gray, produciendo que se cayeran varias cosas: Las bolsas, Juvia, quién cayó sentada al piso, y… la toalla que cubría a Gray de la cintura para abajo.

— ¿Pero qué demo…? —la pregunta de Gray fue interrumpida por el fuerte grito que pegó Juvia, quien se había llevado una vergonzosa vista y ahora se encontraba, aun sentada y con ambas manos sobre su colorado rostro. — ¡J-JUVIA! —Gray, también extremadamente sonrojado, usó la toalla que tenía en la cabeza para amarrarla rápidamente a su cintura y cubrirse.

— ¿¡Por qué Gray-sama está yendo así por la casa!? —él, aún sonrojado, volteó la mirada hacia un costado.

— ¿¡Y por qué Juvia no mira por dónde camina!? Y por cierto… ya puedes mirar—ella se destapó la cara, la cual seguía completamente encendida, y se paró de un tirón.

—G-Gray-sama no debe andar desnudo por la casa, parece que Gray-sama está buscando estas situaciones —él abrió la boca sorprendido y ligeramente ofendido.

— ¿¡QUÉ!? ¡No lo hago apropósito! Es cierto que tengo la manía de a veces quitarme la ropa… ¡pero no busco estas situaciones! —Juvia hizo un mohín y levantó las bolsas del suelo para darse la vuelta y emprender rumbo a la cocina, siendo seguida por Gray.

—Juvia tiene la impresión de que Gray-sama aprovecha que es lindo para incomodarla —la mandíbula de él parecía desencajada. La imaginación de aquella chica parecía no tener límites.

— ¡Que yo no hago eso! ¿¡Me tomas por pervertido!? —Juvia dejó las bolsas en la mesa y lo volteó a ver.

—Pues Gray-sama no es un santo ¿Acaso no recuerda lo que sucedió en su cama? —él chasqueó la lengua, ligeramente sonrojado.

— ¡Lo haces parecer indecente, Juvia! ¡Y estaba dormido! —ella abrió la boca y se llevó ambas manos hacia esta, mordiéndose el labio inferior.

—J-Juvia lo siente… es sólo que… ella no está acostumbrada a tratar con chicos ¡Y Gray-sama es demasiado…! —se interrumpió a sí misma dándose cuenta de lo que estaba a punto de decir.

— ¿Demasiado lindo? —Gray le sonrió con autosuficiencia, haciendo a Juvia sonrojar, quien se dio la vuelta y se dispuso a guardar algunas cosas en la alacena. Él, divirtiéndose con la situación, avanzó hacia ella acercándosele por detrás y respirando cerca de su oído.

Juvia se paralizó al sentirlo tan cerca e inmediatamente se puso nerviosa, si aquello era una broma no le estaba gustando… demasiado.

—Oye Juvia… ¿no crees que es injusto? —él contuvo una risa, imaginándose la expresión de Juvia luego de escuchar lo que estaba por decir.

— ¿Eh…? —Gray apoyó sus manos en la encimera, encerrando a Juvia entre sus brazos. — ¿G-Gray-sama…?

—Tú viste de más hace un momento… ¿no crees que me toca ver a mí? Después de todo tenemos que estar en igualdad de condiciones —ella abrió desmesuradamente sus ojos a la par que todo su rostro e incluso sus orejas se tornaban de color rojo.

Gray, en un ágil movimiento, la volteó dispuesto a continuar con la broma un poco más, pero al observar la expresión en el rostro de su niñera no aguantó más y se partió en risas. Juvia, cayendo en cuenta de que Gray sólo jugaba con ella, suspiró y se llevó la mano al pecho; su corazón casi se le salía del pecho. Él casi la mata pero eso no se quedaría así.

—Gray-sama… —su voz salió acompañada de un tono sombrío que alertó a Gray, quien al levantar la mirada se topó con el rostro resignado de Juvia. —Tiene razón… ―este se enderezó y la miró desconcertado. ― ¡Juvia debe pagar con la misma moneda! ―dicho eso comenzó a desabrocharse el saco, para luego sacárselo y tirarlo al piso, quedando con una simple remera que no tardó en levantarse lentamente dejando ver de a poco su ombligo.

― ¿¡J-JUVIA!? ¿¡Qué demonios haces!? ¡E-Era una broma! ¡No te desnudes! ―Gray se tapó los ojos y se dio la vuelta, completamente avergonzado. ¿Acaso ella de verdad iba a desnudarse?

―No sea tímido Gray-sama, usted empezó… ―ahora el turno de reír fue de Juvia, quien bajándose la remera tuvo que sostenerse el estómago por reír tanto.

Gray se dio la vuelta y la miró frunciendo el ceño. Le había devuelto la broma.

―Eres una descuidada ―ella se enderezó y ladeó la cabeza, en cierta forma la situación era repetitiva. ― ¿Qué pasa si yo decido hacer esto? ―antes de que Juvia pudiera decir algo Gray se tiró sobre ella, acorralándola entre la encimera y su cuerpo.

―Gray-sama… ―Juvia posó sus manos en el torso desnudo de Gray, queriendo apartarlo, pero él la tomó por la cintura, apegándola más y llevando su boca al oído de esta.

― ¿Cómo sabes que no puedo hacerte algo en este momento? ―ella parpadeó para luego tomarlo del rostro y hacer que la mirara.

―Eso es imposible ―Gray frunció el ceño dispuesto a decirle algo pero la sonrisa sincera que Juvia le brindó lo detuvo. ―Gray-sama no es la clase de chico que haría eso, Juvia lo sabe ―él la miró sin expresión.

― ¿Cómo lo sabes? ―Juvia corrió las manos del rostro de Gray para juntarlas en su pecho, dándole a él una vista muy tierna.

―El chico que alivió el corazón de Juvia ayer… es imposible que pueda dañar a alguien intencionalmente, a menos que en verdad ese alguien se lo tenga merecido ―Juvia rió y Gray dio un paso hacia atrás corriendo la mirada.

―Me iré a cambiar… ―y así abandonó la cocina, dejando a Juvia sola.

El día que la conoció nunca se imaginó que ella pudiera ser una persona tan dulce, y que lo hiciera sentir tan a gusto. Juvia se estaba ganando demasiado rápido su cariño y no era algo que le gustara, porque cuando ella tuviera que irse Gray no quería sentir el vacío de su presencia.


¡Hola! ¿Cómo andan?

Mis disculpas por la tardanza, creo que les daré mi dirección para que vengan a apalearme u.u Estuve con un bloqueo creativo, es más todavía lo tengo ya que no puedo plasmar un buen final para el otro fanfic Gruvia que tengo. Les juro que no podía narrar las situaciones, me salían mal.

Espero haya quedado bien el capítulo y disculpen el Ooc en Gray y Juvia, pero creo que será necesario para poder poner esto un poco más intenso :3. Por si no lo notaron subí el Rated a T, sólo por si acaso, debido a que empezaré a tocar temas más delicados como violencia hacia los niños y más adelante ciertas escenas entre Gray y Juvia x).

¡Nos vemos en el próximo capítulo y muchas gracias por los comentarios, fav y follows!

Besos.