Cuentos de la Casa de La Luna

Por

Resmiranda

Capítulo Nueve: Intermedio

Cuentos de la Casa de La Luna:

La Hime y el Inu-ouji

La Biblioteca de la Universidad de Tokio era ridículamente polvorienta, y no por primera vez Kagome deseaba haber traído una mascara para protegerse de las flotantes partículas de polvo que parecían gravitar hacia su nariz, pero el daño ya estaba hecho. Resueltamente, ella extendió su brazo hacia otro manuscrito, soltando otra nube de polvo. Kagome estornudó.

Habían sido ya dos semanas desde que regresó, y ella finalmente se había puesto al día con su trabajo. Dado que sus enfermedades en la escuela secundaria casi fueron un factor para no dejarla ingresar a la universidad, no había sido difícil para su madre el convencer a la administración de que Kagome estaba postrada con un horrible caso de neumonía, y que ella podría tomar sus exámenes cuando regresara, aunque todo lo que ella realmente quería era arrastrarse dentro de un agujero.

Ella no se estaba sintiendo mucho mejor hoy mientras hojeaba entre siglos de mitos y fabulas, buscando una que podría posiblemente ser acerca de ella. Kagome no podía contar el número de veces que ella se había recostado en la cama y había mirado fijamente fuera de la ventana, dándose una paliza a si misma. Ella debió haberse quedado, debió haber buscado a Sango y Miroku, debió haber encontrado a Shippou. Ella se había dejado cegar por Inuyasha – otra vez. Y ahora que el pozo estaba cerrado nuevamente, la realidad de cuanto los extrañaba la golpeó de nuevo.

Kagome se sintió egoísta.

Ella suspiró pesadamente y agarró otro manuscrito. Ella había hojeado tantos que empezaban a mezclarse; las fabulas eran tan similares que era casi imposible decir si había leído ésta o aquella. Los títulos se pasaban, cada uno de ellos tan anodinos y opacos como el anterior – El Espejo de Matsuyama, Los Dos Sapos, El Señor de la Tierra, y El Descenso desde el Cielo. Algunos de ellos eran conocidos, mientras que otros ella nunca los había escuchado; no importaba realmente, ya que después de un rato todos ellos empezaban a desdibujarse en su mente. Kagome sintió un dolor de cabeza venir.

Lentamente ella desenrolló el manuscrito frente a ella y lo alisó con la parte trasera de sus manos – Tenaeda-sensei, sonriendo como un querubín, le había recomendado no tocar manuscritos de gran valor con sus dedos o palmas porque los aceites y sudor liberados podrían dañar el papel y la tinta – y empezó a leer.

Era lento – el idioma no era exactamente arcaico ya que el pergamino había sido hecho en el cambio de siglo, solo un poco difícil de leer – pero mientras practicaba Kagome se encontró introduciéndose en el flujo de palabras. Historias acerca de kitsunes y cortadores de piedra y Reyes de Mar rodaban bajo sus ojos, y Kagome bien pudo haberse saltado eso hasta que algo llamó su atención.

Inu.

Solo una pequeña palabra, y sin embargo se estrelló contra ella como un saco de ladrillos. Kagome se inclinó más y leyó rápidamente el texto de la extremadamente corta fabula, leyendo el título en un suave susurro.

"La Hime y el Inu-Ouji..." ella respiró. Con rapidez dio un vistazo a la fecha aproximada de la supuesta génesis del cuento: 1590-1620.

El Perro Príncipe. Sesshoumaru.

Irracionalmente, Kagome se sintió molesta, y un poco traicionada. Era el fantasma de una emoción, leve y ligera, solo una brillante sombra de cómo se sentía el saber que Inuyasha y Kiykou habían continuado con sus vidas – juntos – mientras ella había sido abandonada para entretenerse con un amor que no estaba destinado a ser.

Pero era ridículo. Ella casi quería cerrar el pergamino y continuar, pero la curiosidad la capturó, la hizo poner atención.

Apretando sus dientes, Kagome empujó el sentimiento a un lado, y empezó a leer.

'Una vez hubo una hermosa princesa de nombre Machiko. Ella era conocida por todas partes por su belleza, y su amabilidad y compasión la hacían aún más hermosa en los ojos de sus pretendientes. Pero los rechazó a todos ellos, prefiriendo estar con su padre y madre en su castillo junto al mar del Oeste. Ella era solamente una niña, y adorada con mucho cuidado y amor.

'Un día mientras Machiko estaba fuera en las tierras de su padre, ella se extravió de su grupo y se encontró perdida en el bosque. En un principio ella estaba calmada y pidió ayuda, pero como todo a su alrededor los sonidos del bosque gradualmente la oprimieron, ella estaba llena de pavor. Temiendo por su vida, ella empezó a correr.

"Ella era hermosa y ligera, como una gacela, pero su miedo la cegó del peligro, y Machiko encontró sus tobillos atrapados entre raíces de árboles y ella cayó en la tierra, llorando patéticamente.

'Resulto ser que el príncipe de los perros estaba caminando por el bosque y la oyó llorar. Conmovido por sus tristes lágrimas el corrió rápidamente para socorrerla, pero cuando la alcanzó el quedó sorprendido por su belleza, y la levantó y secó sus ojos. El la besó en la oscuridad del bosque y la hizo suya, y ella estaba tan agradecida de que él había venido hacia ella y tan alucinada por su presencia que ella con gusto se entregó a él."

Kagome detuvo su lectura y sacudió su cabeza, tratando de reprimir el rubor que se arrastraba sobre su rostro. Ella se preguntaba como se sentiría ella si miles de años en el futuro la gente estuviese leyendo acerca de sus indiscreciones sexuales con demonios en el bosque. Sin mencionar que Sesshoumaru no era tan malo para mirar, pero era tan idiota la mayoría del tiempo que ella no podía imaginar a cualquier princesa mimada queriendo ser... eh... "suya." O talvez el no era un idiota con muchachas bonitas en el bosque.

Kagome se encontró molesta cada vez más con la historia, e inexplicablemente más y más miserable con su vida. Ella apretó sus labios en una delgada línea y continuó leyendo.

'Cuando Machiko fue finalmente encontrada, no le dijo a nadie de su aventura, pero pronto se hizo evidente que ella estaba con un niño, y fue forzada a admitir sus indecencias.

'Su padre y madre estuvieron horrorizados, e insistieron que se deshiciera del niño, pero Machiko fue firme. Ella no dejaría su bebé a los elementos. Ella lloró y rogó a sus padres pero ellos permanecieron implacables. Su hijo sería un hanyou e incapaz de tomar la sucesión. Por el honor de la familia, ella tendría que matar al niño.

'Machiko lloró amargamente y no durmió varias noches, buscando una solución.

'Y resultó ser que una miko que deambulaba estaba pasando por el norte - '

Kagome se detuvo, sintiéndose ridícula y triste al mismo tiempo.

...una miko que deambulaba...

Ella quiso estrellar su cabeza contra algo muy duro e inmovible. Una miko, de nuevo. Y era probablemente ella. Ella era como un irritante satélite, que daba vueltas alrededor de la estúpida vida de Sesshoumaru, arreglando sus errores y luego siendo relegada a un pie de página de una historia. Ella quería gritar.

'Y resultó ser que una miko que deambulaba estaba pasando por el norte, y una noche Machiko, pesada con un hijo, hizo un viaje para visitarla y buscar su concejo.

'La miko escuchó, silenciosa y con compasión, la trágica historia de Machiko. Cuando la hime hubo terminado, la miko puso una mano sobre su barriga y le dijo que el bebé sería fuerte, y saludable, y que sería una alegría.

'"Buscaré al padre de tu niño," la miko le aseguró, "y él conocerá a su hijo. Estate en paz."

'Cuando la hime oyó sus palabras, ella estuvo calmada. Ella se levantó y regresó a su hogar junto al mar, y en tres días ella dio a luz a un bebé niño con la cabeza llena de cabellos y el llanto poderoso y la cola de un perro.

'El príncipe de los perros, sabiendo que su hijo había nacido, regresó a su lado junto al mar y tomó a su hijo y lo trajo de vuelta hacia el norte, donde fue criado para ser fuerte y poderoso.

'Machiko, por otro lado, privada de su niño, se negó a amar a otro, y persistió en la orilla de su hogar, llorando por su bebé, y por el hombre que la abandonó, por el resto de sus días.'

Ahí la historia terminó.

Kagome frunció y se sentó, apenas absteniéndose de rascar su cabeza. El silencio en los viejos, polvorientos cuartos era opresivo.

"¿Eso es todo?" ella finalmente dijo en voz alta. "¿Eso es todo lo que yo he estado buscando?" Inmediatamente ella se sintió tonta por hablar consigo misma aún si la biblioteca estaba vacía, pero ella no podía quitarse ese sentimiento de incredulidad. Era como estar en busca de un tesoro y cuando el cofre estuviese finalmente abierto, todo lo que hubiese dentro fuese solo ropa. Bonito, y probablemente de valor, pero no era lo ella estaba buscando.

Y Kagome no pudo evitar tener un sentimiento de que algo andaba mal con la historia, también, algo no tan bien. Ella sintió como si alguien la había recordado incorrectamente, o ella la estaba recordando de diferente manera de cómo la habían grabado, pero era imposible.

Pero no importaba, ¿o si? Ella había encontrado lo que quería – otro cuento del cual ella formaba parte, otro camino hacia el pasado, hacia los amigos que podrían aun estar vivos. La presencia del Perro Príncipe y la miko casi le garantizaron que ella estaba destinada a saltar a través del pozo nuevamente.

Era casi un deber, entonces, ¿cierto? El pensamiento la hizo sentirse mejor.

Kagome sacó su cuaderno y cuidadosamente copió la historia en el y así ella sabría que hacer antes de recoger el desastre que ella había hecho y bajar por las escaleras hacia el suelo y fuera de la puerta frontal.

Por primera vez en semanas, su corazón se sintió ligero otra vez, y en el ojo de su mente ella creó un mundo, después de que su deber fuera cumplido, en donde ella encuentra a Sango y Miroku y Shippou y ellos reirían y se abrazarían y donde ella no estaría sola nunca más.