Disclaimer: Ninguno de los personajes de Fullmetal Alchemist me pertenece.
10/26 (Epílogo incluido)
¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, como siempre, he aquí el capítulo 10 (aunque un poquito más tarde debido a la gran tormenta de anoche que arruinó el internet en mi casa). Y, como siempre, quisiera agradecerles a todos los lectores por seguir mi historia. Gracias. Más aún, quisiera agradecerles a todas esas personas que me hicieron y me hacen saber su opinión. Mil, mil gracias. De verdad.
A: Rukia Kurosaki-Chan (si, es cierto. Pero de todas formas se lo merecía =D Roy está mal acostumbrado a depender de Riza =P), Sangito (qué bueno que te haya gustado tanto y si, Roy celoso es bastante idiota =). En cuanto a Roy y Rebecca, son demasiado parecidos como para no llevarse así. Me alegra que te haya causado gracia), Inma, HoneyHawkeye (jaja, no, serían dos palabras y un signo de puntuación. ¡Gracias! tu review no solo me gustó mucho sino que me hizo reír), Andyhaikufma (eres de lo más amable, ¡gracias! Y no te preocupes, espero que te haya ido bien en tu examen. Y me alegro que ahora estés en vacaciones también =)), laura-eli89 (jaja, lo se. Roy celoso es entretenido. Me alegra que que lo hayas disfrutado. En cuanto a actos inapropiados conducidos por los celos, no te preocupes, habrá más =D), fandita-eromena (si, por lo menos debería haberse callado una vez había decidido meter la pata =P), mariana garcia (jaja, creo que en realidad esa es su forma de asumir que lo están, discutiendo de esa forma. No te preocupes, todo irá tomando forma), Lucia991 (al estilo discurso de la academia: Le agradezco a mi hermana por haber hecho esto posible, prestándome su computadora y el internet de su trabajo. Si pude subir este capítulo, es por ella. ¡Gracias hermanita! -sosteniendo botella de coca, que me vas a invitar, a modo de premio), inowe (me alegro que te haya gustado tanto. Y no, evidentemente Riza no lo perdonará tan rápido =) En cuanto a la tensión, siempre me pareció algo característico de ellos), Akamaruwolf323 (Si, a Roy se le va un poquito la mano. Yo que Riza también estaría enojada. Qué bueno que te haya gustado), Arrimitiluki y Darkrukia4 (no hay nada de qué agradecer, como dije, prometo actualizarlo hasta el final. Me alegra mucho que disfrutes la historia).
¡Gracias a todos! Espero que disfruten este capítulo también. Y, si no es mucha molestia, me gustaría mucho saber lo que piensan. ¡Nos vemos y besitos!
Cosas que dejamos atrás
X
"No abandones mi lado"
Lo primero que notó Havoc al arribar esa mañana a la oficina, aunque sin sorpresa realmente, era que Hawkeye permanecía sentada en su escritorio, trabajando diligentemente como era esperable de su posición y persona (y como era habitual en ella) e ignorando olímpica y deliberadamente a su superior. El cual noestaba haciendo su trabajo, como sería esperable de su posición y persona, y parecía más bien concentrado en lograr que su teniente primera volviera a dirigirle la palabra. O al menos establecer contacto visual con él. No estaba funcionando, y el que no estuviera trabajando claramente no ayudaría tampoco. Pero Havoc no era quien para intermediar entre esos dos –y a favor de su superior, quien sólo se había metido en aquella situación- y tampoco lo consideraría tampoco. Todos ellos habían aprendido mucho, mucho tiempo atrás, que intervenir era posiblemente peor que el problema en sí. Por ende, se mantenían apartados del camino de ambos. Y por ende, Havoc se dirigió directo a su escritorio, cuidando de no chocar las muletas contra algo, sin más que un breve y lánguido gesto de mano a modo de saludo y un "buenos días" arrojado en ninguna dirección particular. Breda lo siguió, percatándose también de lo mismo que él, sin lugar a dudas.
Riza asintió, sin alzar la mirada del documento que estaba leyendo detenidamente en aquel preciso instante —Buenos días, teniente segundo Havoc. Breda.
Roy frunció el entrecejo y asintió a modo de reconocimiento, hundiéndose en su silla y clavando sus ojos negros en las carpetas apiladas en una esquina de su escritorio. Eran demasiadas, como siempre, y de prolongarse aquella situación sabía –a ciencia cierta- que terminaría considerando incinerarlas todas con un chasquido de sus dedos y verlas arder con sumo placer. Pero entonces Hawkeye estaría aún menos complacida con él y su persona y no podía darse el lujo de incinerar el cuartel general y pagar luego las reparaciones. Concedido, estaba siendo algo melodramático y extremista y tampoco era la primera vez que Hawkeye se molestaba con él y pasaba de él deliberadamente. De hecho, no quería establecer un patrón, pero cuando la situación concernía a su teniente primera, Roy Mustang podía admitir abiertamente que carecía del tacto que solía sobrarle cuando lidiaba con otras mujeres. Podía admitir abiertamente que tendía a actuar como el idiota que ella le había dicho que era en más de una ocasión y no negaría que en algunas situaciones lo era. Concedido, no lo admitiría abiertamente, no realmente, pero al menos podía admitírselo a sí mismo.
Tomando la primera carpeta y examinándola, decidió tirar un anzuelo y ver si pescaba algo —Teniente, ¿puede revisar este documento? Creo que se traspapeló.
Ella, por supuesto, no alzó la mirada de su trabajo —Me temo que en este momento tengo trabajo propio, coronel. Tendrá que lidiar con la situación por sí solo.
Roy torció el gesto —El papeleo es su campo, teniente.
Aún sin decidirse a mirarlo, negó con la cabeza —No, coronel. Mi especialidad son las armas de fuego, tal y como aseguré cuando me entrevistó por primera vez.
—Cuando aseguré que te recomendaría como mi asistente —señaló, aún sosteniendo la carpeta. Entrecejo fruncido.
Riza asintió —Así es, coronel. Su asistente, no secretaria. Así que apreciaría que revise su concepción terminológica. Allí hay un diccionario, si lo necesita, en la biblioteca junto a su escritorio —acidez patente en su comentario.
—¿Entonces no lo revisará, teniente? ¿Está desobedeciendo una orden directa? —presionó. Aún intentando que al menos lo mirara, aún cuando no estaba seguro de querer recibir la mirada severa de parte de ella. Por otro lado, debía comenzar por algún lado y lograr que lo mirara parecía un buen punto de inicio.
—No, coronel. Como dije, en este momento tengo trabajo propio. Si le resulta tan urgente, puedo revisarlo cuando termine. Además, y permítame recordarlo, no me ordenó que lo hiciera —voz tajante, seca.
Roy depositó la carpeta sobre su escritorio, derrotado. Hawkeye lo había desafiado sutilmente y entre líneas a que le ordenara que lo hiciera, pero sabía perfectamente que eso sólo lograría ponerlo en una posición aún más desfavorable con ella. Seguro, acataría la orden al instante, como la buena soldado disciplinada que era (aunque había excepciones a la regla y no sería la primera vez que ella rechazara una orden suya, como la orden de dejarlo atrás, abandonarlo y huir) pero se aseguraría de intensificar aún más (si algo así era remotamente posible) el trato de hielo que tenía aquel día para con él. Y eso iba en contra de todas sus aspiraciones y todos sus objetivos al momento.
—No está bien, teniente. Puedo esperar —aseguró, depositando la carpeta nuevamente y comenzando a leer los informes archivados en su interior. Para su desgracia, ella ni siquiera dignificó eso con una respuesta. Suspiró. Aquel definitivamente sería un día largo si las cosas continuaban de esa forma. Realmente podría venirle bien una buena noticia o algún punto a su favor.
Y por supuesto, cuando Hawkeye se puso de pie y abandonó la oficina para entregar unos papeles, ya cerca de la hora del almuerzo, todas las miradas del resto de sus subordinados se clavaron en él. Havoc fue el primero en formular lo que el resto claramente estaba pensando —¿Qué hiciste ahora, jefe? La oficina está tan fría que las trincheras del Norte palidecen en comparación al trato que Hawkeye te está dando.
Roy torció el gesto —Nada que sea asunto tuyo, teniente Havoc.
Breda negó con la cabeza —La teniente no llegó a su cita, ¿verdad coronel? —Fuery, junto a él, observó a su superior en silencio. Claramente habiendo asumido lo mismo que el regordete teniente segundo.
Roy suspiró y tomó su pluma, fingiendo retomar su trabajo —No por responsabilidad mía. Si la teniente primera hubiera estado deseosa de irse, bien podría haber declinado mi solicitud de revisión de los documentos de Lior.
Havoc soltó una carcajada nasal —Si, claro, coronel. Seguro.
Molesto, se dispuso a replicar algo a su completamente fuera de lugar subordinado y su ridícula afirmación cuando la puerta de la oficina volvió a abrirse, revelando a Hawkeye de pie, derecha y de postura impecable, cargando con más papeles bajo el brazo. Sin mirar siquiera en la dirección general del escritorio del coronel, tomó asiento en el suyo propio, comenzando a examinar los documentos recién entregados. Tras dividirlos apropiadamente, le otorgó un monto a cada uno –Havoc, Breda y Fuery- y uno extra al pelirrojo teniente segundo —Teniente segundo Breda, por favor entregue éstos al coronel.
Dubitativo, el hombre los tomó. Que lo colocaran a él en medio era una clara mala señal. Una situación que sin lugar a dudas no terminaría bien para Breda —Ah... Está bien, teniente —se giró, extendiendo su brazo hacia su superior—. Coronel...
Mustang frunció el entrecejo, aceptando los papeles —Estoy seguro que es capaz de entregármelos por su cuenta, teniente Hawkeye.
Riza asintió —Lo soy, coronel. Pero el teniente segundo Breda se encuentra ubicado estratégicamente más cerca de su escritorio.
—Están a la misma distancia, teniente —objetó. Lo estaban. Después de todo, Hawkeye estaba sentada enfrentada a Breda y viceversa. Ambos siendo los más próximos a su escritorio en la oficina compartida.
Hawkeye suspiró —No me había percatado, coronel. La próxima, si es requisito, se los entregaré yo por mi cuenta.
No supo por qué pero la parte final de su afirmación sonó a "la próxima vez... bla, bla, bla... se los tiraré por la cabeza". Quizá fue el tono árido. O quizá ya estaba examinando demasiado las cosas, pensando mucho, leyendo excesivamente entre líneas porque estaba seguro de que Hawkeye no haría algo así, no llevaría a cabo la acción al menos, no considerando que él era su superior y ella era demasiado disciplinada para hacerlo. O eso suponía.
Riza se puso de pie —Permiso para retirarme a almorzar.
Roy enarcó una ceja, notando a Havoc y Breda intercambiar una mirada, y suspiró —Concedido —sabiendo perfectamente que retenerla no era una opción y no ayudaría en lo más mínimo a mejorar la opinión que en aquel momento tenía Riza de él.
Cuando se marchó, tras asentir secamente y cerrar la puerta tras de sí, Havoc se volvió a él una vez más —Si Hawkeye fue antes a almorzar que Breda quiere decir que realmente lo arruinaste, coronel.
Breda torció el gesto —¡Cierra la boca!
Roy suspiró por segunda vez, pellizcándose el puente de la nariz. Sus subordinados, todos ellos, le estaban dando dolor de cabeza —Quedan todos autorizados a ir a almorzar. Pueden retirarse.
Los tres inmediatamente asintieron y se llevaron la mano a la frente —Si, señor —para luego marcharse rápidamente (en caso de Havoc tan rápidamente como el uso de muletas y la debilidad de sus piernas le permitían) y cerrar la puerta una vez más al salir. Unánime y tácitamente, los tres acordaron comer en la mesa geográficamente más alejada de sus superiores.
Él, tras examinar una vez más la oficina, tomó la pluma, un papel de notas, garabateó unas escasas palabras y se puso de pie; tomando la llave de la oficina y cerrando tras de sí al salir. Era una costumbre, realmente. Y parecía lógico dado que el lugar estaba atestado de documentos militares clasificados a los que sólo ellos, como perros del ejército, debían tener acceso. Más aún, no podía confiarse demasiado tampoco. Había en toda la milicia e incluso en el cuartel del Este demasiadas personas que preferirían verlo despojado de su rango y denigrado o juzgado en la corte marcial y expulsado de la milicia. Por esa razón, no resultaba seguro dejar la puerta abierta cuando no había nadie allí cuidando el interior de la misma. Generalmente esa persona era su leal teniente primera.
Arribando a la cafetería, escaneó con la mirada el lugar y ubicó a Hawkeye, comiendo calmamente y en soledad en uno de los extremos de las mesas alargadas. La silla delante suyo, al otro lado de la misma, libre. Sonriendo arrogantemente, llenó su bandeja de la primera comida a la que tuvo acceso y se dirigió en la dirección en que ella se encontraba. Colocando una mano calmamente sobre el respaldar de la silla —¿Está este asiento ocupado?
Riza cerró los ojos con calma —No, adelante —tomando su cuchara e introduciéndola en el estofado que había pedido para luego llevarla a su boca una vez más. Todo el proceso, sin decir nada, o alzar la mirada.
Roy continuaba observándola desde el otro lado de la mesa —¿La ley de hielo? Parece algo infantil, teniente, ¿no crees? Especialmente para ti.
Volvió a hundir la cuchara en el estofado —¿Eso cree, coronel? Pareció apropiada, considerando que debo lidiar con alguien igualmente infantil —y la llevó a su boca.
Mustang torció el gesto —¿Eso cree, teniente? ¿Que mis acciones fueron motivadas por mera infantilidad?
—Preferiría no verbalizar qué creo, coronel —aseguró, firme y seca.
—¿Entonces no me hablará más, teniente? ¿O dirigirá su mirada en mi dirección? —presionó. Lo admitía, había sido un terrible razonamiento y más aún una mala idea el llevar a cabo el absurdo plan que había ideado para retenerla, la noche anterior. Y aún así, ella había aceptado resignada que él necesitaba ayuda y había decidido renunciar a su cita por asistirlo con su papeleo. Desinteresadamente. Quizá, lo que había sido mala idea, era revelar que todo lo había hecho deliberadamente.
—Sólo lo estrictamente necesario, coronel —aseguró, inalterable—. ¿Algo más?
—Si, ¿por qué no almorzamos mañana? —aguardó, resignándose de todas maneras a una respuesta negativa. Aún así, había debido intentarlo.
—¿Se refiere a como estamos haciendo hoy, coronel? —inquirió, sin mostrar la menor turbación.
—De hecho, estaba pensando más bien fuera del cuartel, teniente —aguardó. No tenía muchas esperanzas, pero había debido esclarecerse de todas maneras—. Hay un restauran de comida Xingnense que el teniente segundo Breda asegura es muy bueno.
Riza dio un sorbo a su humeante té —Aunque no dudo del gusto culinario del teniente segundo, coronel. Me temo que me veo obligada a declinar. Sin mencionar que es inapropiado.
Roy bufó —Es solo un almuerzo, teniente.
Por primera vez en el día, alzó sus ojos caobas –severos- a él —Me temo que no tengo demasiados deseos de comer con usted, coronel. Y espero que sea capaz de entender mi punto de vista. Además, como dije, no creo que sea apropiado.
—¿Eso es un no, entonces? —no se sorprendía. No obstante, el no hacerlo no evitaba que se sintiera ligeramente decepcionado al respecto.
—Lamento confirmarle que lo es, coronel.
Roy separó los labios, listo para decir algo, cuando la voz próxima de alguien familiar lo detuvo de hacerlo —¡Yuju, Riza! —volteándose, no se sorprendió de ver a la teniente segunda Catalina dirigirse hacia ellos. Tomando su bandeja, se puso de pie y observó a Riza por un segundo—. Nos vemos en la oficina, teniente.
Ella alzó sus ojos a él —Así es, coronel. Que tenga buen provecho.
—Igualmente —y, sin decir más, dio media vuelta y se marchó en la dirección opuesta por la que se aproximaba Rebecca. Ésta, al ver esto, enarcó una ceja y luego observó a Riza.
—¿Y ahora que se atoró en el trasero del coronel?
Riza suspiró. No sabía qué era peor, si lidiar con su superior o tener que oír a Rebecca expresarse de esa forma. En ocasiones, ocasiones como estas, realmente se cuestionaba sus motivos para haberse relacionado con una persona como la morena en primer lugar —Imagino que el coronel tendría algo que hacer. ¿Qué haces aquí, Rebecca? —claramente, su amiga tenía segundas intenciones. De lo contrario no se habría aproximado a ella de esa forma.
Bruscamente, arrojó la bandeja sobre la mesa y tomó asiento en la silla que Mustang había dejado vacía segundos atrás. Expresión sonriente e inquisitiva —¿Y? ¿Dime como te fue en tu cita anoche?
Riza cerró los ojos calmamente y dio un sorbo a su té —No fui.
—¡¿Eeehhh? ¡¿Por qué demonios no fuiste? —exclamó, golpeando la palma sobre la mesa para enfatizar su punto—. ¿Acaso lo plantaste? Eso parece cruel, Riza... incluso para ti.
La rubia enarcó una ceja, depositando la taza contra la mesa pero lejos del rango de alcance de Rebecca —Apreciaría que no insinúes que haría algo tan descortés, Rebecca.
—¿Entonces cancelaste? Ahh... ¿Por qué demonios hiciste eso? —bufó, indignada. Ella misma había "sugerido" a Isaac que aprovechara su breve estadía en el Este e invitara a Riza a cenar, siendo perfectamente conciente del interés de éste por Hawkeye. Y luego había convencido a su amiga de aceptar el cortés ofrecimiento de su antiguo compañero de academia y actual teniente primero y tras mucho esfuerzo lo había logrado. Y ahora... ahora Riza le salía con que había cancelado. ¿Para qué demonios desperdiciaba su valioso tiempo intentando conseguirle un hombre a Riza cuando aún ni siquiera había conseguido uno para ella?
—El coronel necesitaba que lo asistiera con unos documentos —replicó, fácticamente.
Rebecca la miró con incredulidad —¿Cancelaste una cita porque tu idiota superior no puede lidiar por sí mismo con su trabajo burocrático? ¿Y ese hombre es el que quiere liderar el país?
Riza observó a ambos lados y le dedicó una mirada de reprobación a la morena. Una cosa era que comentaran en privado cosas delicadas como aquellas, como la ambición de su superior, y otra muy distinta era que lo hiciera en el comedor atestado de militares. Más aún cuando había decidido confiarle aquello porque había creído que sería capaz de mantener el secreto para sí misma. ¿Por qué? En ese preciso no tenía la menor idea —Agradecería que te reservaras esos comentarios para ti misma, Rebecca —la amonestó—. Deberías ser más cuidadosa.
—Si. Si, lo siento —se apresuró a decir, restándole importancia—. ¿Entonces no fuiste...?
—No, no lo hice—replicó, calmamente.
Entrecerrando los ojos, se inclinó sobre la mesa, clavando sus ojos en los de Riza y bajando la voz —¿Solo por eso? ¿No estás dejando información por fuera, teniente Hawkeye? ¿Cómo clandestino sexo de oficina con el coronel?
Si hubiera estado bebiendo algo, posiblemente se habría ahogado. Afortunadamente, no tenía nada que pudiera cortarle las vías respiratorias en ese momento y ella no era delicada o inocente como para ruborizarse por un comentario así. A veces, sólo a veces, debía recordarse a sí misma cuan indiscreta podía ser Rebecca. Más aún, cuán vívida podía ser su imaginación. Dedicándole una clara mirada de reprobación, expresión severa, replicó —Apreciaría también que reservaras tus ridículas fantasías para ti misma, teniente Catalina —sus ojos igual de cortantes cuando devolvieron la mirada. No era la primera vez que insinuaba algo así, pero aquello estaba completamente en un nuevo nivel de ridiculez. Incluso para Rebecca.
La morena volvió a sentarse correctamente en la silla, cruzando sus brazos bajo sus pechos —¿De verdad? ¡Qué decepcionante! ¿Nada de nada? ¿Ni siquiera hicieron piecitos bajo el escritorio?
Riza enarcó una ceja. La idea era vasto ridícula y ciertamente no podía imaginarse a sí misma, especialmente a sí misma (dado que imaginaba que él tendría experiencia con tantas citas y cenas que solía tener), y su superior entablar ese tipo de actividad de flirteo. Menos aún en la oficina —Lamento decepcionarte, Rebecca. Mi escritorio se encuentra a un metro y medio de distancia de el del coronel, y permanecí allí todo la noche.
—¿O sea que nada de diversión y todo trabajo? ¡Cielos! Necesitas relajarte Riza. ¿Cuándo fue la última vez que saliste con un hombre, besaste a alguien, tuviste-
—Abstente de continuar —le advirtió, estricta—. Y preferiría no discutir mi vida personal aquí, Rebecca —por supuesto, no era que llevara en abstinencia o sin salir con un hombre toda su vida. De hecho, y como toda persona normal y sana, disfrutaba hacerlo en ocasiones esporádicas. Sin embargo, todo plano de su vida personal era siempre relegado en segundo plano a su vida en la milicia. Y a su deber de vigilar la espalda de su superior. Era inevitable, suponía, él había afirmado que estaría en la milicia de por vida y ella lo estaría también, siempre que él permaneciera allí. Y simplemente no podía darse el lujo de partir su vida de esa forma con otra persona. No cuando no podría garantizar nada, ni su dedicación plena en una relación así como no podría garantizar continuar viva el día de mañana. Por ende, optaba por no involucrarse realmente con nadie. No más allá de un breve período de tiempo y pasado ese tiempo daba un paso al costado para evitar que la otra persona se involucrara demasiado también. No era conveniente.
Además, estaba la cuestión de su espalda. Seguro, no había riesgo de que alguien pudiera jamás usar la investigación de su padre y descifrarla. Ellos se habían asegurado de que nadie pudiera volver a leerla, cuando ella le había pedido que quemara su espalda y él había accedido a regañadientes. Aún así, prefería tener que evitar la ronda de preguntas que generalmente venían con el descubrimiento de las marcas de su espalda. Y la serie de explicaciones que no tenía intenciones de dar a nadie tampoco. Menos aún a un hombre que conocía por mucho menos tiempo del que tenía el tatuaje allí. Por esa razón, tomaba absoluta caución a la hora de mostrar su cuerpo, y sólo lo hacía cuando estaba segura de su decisión. Y aún entonces, prefería la luz apagada, y no removerse las prendas de arriba o permanecer acostada sobre su espalda, pero la preocupación siempre permanecía. Siempre allí. Siempre constante. En definitiva, había concluido que el esfuerzo no valía la pena, no del todo. Las citas eran, en su caso, una pérdida de tiempo. Ella no estaba buscando nada.
—Además, soy perfectamente capaz de relajarme —aseguró.
Rebecca torció el gesto —Pasear a Black Hayate tras un día de trabajo y beber un té en tu vacío apartamento difícilmente cuenta como relajarse, teniente Hawkeye.
Hawkeye cerró los ojos con calma, dando un último sorbo a su humeante bebida y poniéndose de pie, bandeja en manos —En eso disentimos, teniente Catalina.
—No lo dudo —replicó Rebecca, también tomando su bandeja y siguiéndola. Tras observar a Riza dejar la suya junto al resto, hizo lo mismo— Ahora tengo que volver a trabajar. Te iré a visitar luego.
Riza exhaló —Por supuesto —con cierto sarcasmo en la voz que pasó desapercibo a la morena. Cuando arribó a la oficina, por otro lado, no se sorprendió de ver que era la primera en regresar, exceptuando a su superior que ya se encontraba allí. Lo cual, y si debía admitir, no era del todo usual pero considerando las circunstancias no le sorprendía. No realmente. Ignorándolo, y la mirada de él sobre ella, caminó hasta su escritorio y tomó asiento.
—Por favor revise esos, teniente. Acabo de redactarlos pero preferiría su confiable opinión.
Asintió, tomando los papeles en mano y examinándolos. No obstante, sus ojos se clavaron en la punta superior izquierda de los documentos, donde permanecían todos asegurados con un broche, notando que junto al resto de hojas había un pequeño papel de notas color celeste con algo brevemente garabateado. Enarcó una ceja, soltándolo del broche —¿Qué es esto, coronel?
—¿Qué parece, teniente? Un papel, se usa para dejar notas.
Riza negó para sí pacientemente —Eso puedo ver, coronel. Lo que quiero saber es qué significa esto —leyó la nota una vez más: Lo lamento y gracias.
Roy se encogió de hombros —Pensé que quedaba bastante claro, teniente. Lo primero es mi humilde disculpa por retenerla después de horas y forzarla a perder su cita. Y lo segundo es mi más sentido agradecimiento por su tiempo y esfuerzo.
Una tenue y casi invisible sonrisa apareció en los labios de ella, para complacencia de él —Una redacción de diez páginas habría sido posiblemente lo más apropiado, coronel, considerando las circunstancias. Pero aprecio el gesto.
Él sonrió arrogantemente —¿Entonces estamos bien, teniente?
—No arriesgaría a decir tanto, coronel—aseguró, aunque no había expresión severa en su rostro, sino las mismas facciones suaves que habían dejado atrás la sonrisa.
Roy cerró los ojos sin dejar de sonreír y asintió —Por supuesto, teniente —tomando su pluma y retomando su trabajo. Minutos después, regresaron Havoc y Breda. El primero, con sumo cuidado, caminó hasta su escritorio y se dejó caer, dejando calmamente el par de muletas junto al borde de su escritorio. Segundos después, ingresó el sargento Fuery anunciando que su retraso se debía a que le habían solicitad que revisara la razón por la que una de las líneas telefónicas de la milicia no estaba funcionando correctamente. Tras haber solucionado el problema, había regresado rápidamente. Y todos habían retomado su trabajo con prontitud.
Sin embargo, al cabo de aproximadamente media hora, la puerta se volvió a abrir, revelando la presencia del mayor general Hakuro. Roy, enarcando una ceja, observó al hombre ingresar a la oficina con el mentón en alto y las manos tras la espalda. Expresión severa. Por alguna u otra razón, no parecía del todo complacido y ciertamente desearía no estar allí —Coronel Mustang.
El moreno se puso de pie, llevándose la mano a la frente —Mayor general, ¿qué lo trae por aquí?
—Los altos cargos me enviaron —Roy lo observó perplejo. Y todos los demás presentes en la oficina se mostraron atentos a las palabras del hombre. Que Hakuro estuviera allí sólo podía significar una cosa, que la deliberación sobre el proyecto Ishbalita había terminado. Sin embargo, le habían dicho que tomaría un par de días y sólo había tomado uno. Las posibilidades no parecían particularmente buenas—. Preferiría discutir esto en privado —dijo, observando de reojo al resto de los subordinados del joven coronel, los cuales estaban atentos escuchando.
Asintió —Por supuesto, mayor general Hakuro. Por aquí —indicó con la mano y tras aguardar a que el hombre ingresara a su oficina privada, cerró la puerta tras de ambos. Una vez lo hizo caminó hasta su escritorio y tomó asiento, esperando a que el hombre prosiguiera.
Hakuro frunció el entrecejo —No sé que hilos habrás movido, Mustang —soltó finalmente, en tono disimuladamente hostil—. O qué contactos tendrás.
Roy le dedicó otra expresión perpleja —No sé de que habla, mayor general —una que claramente causó aún mayor fastidio al hombre. No había sido deliberado, pero estaba complacido con el resultado. Se abstuvo de sonreír arrogantemente.
—Tu proyecto fue aprobado. Como dije, no sé que contactos habrás movido...
Lo interrumpió, cerrando los ojos con calma y sonriendo —No, creo que sólo se trata de mi gran capacidad —el hombre torció el gesto aún más—. Pero aprecio que se haya tomado la molestia de venir hasta aquí para informármelo, mayor general.
Hakuro gruñó algo ininteligible por lo bajo y dio media vuelta, caminando a paso apresurado hasta la salida —Estaré vigilándote, Mustang —y, sin decir más, abrió la puerta y la cerró de un portazo. Roy parpadeó y la sonrisa arrogante finalmente alcanzó sus labios. Supongo que estos son los enemigos de los que hablabas Hughes...
Recorriendo el mismo camino que el mayor general acababa de recorrer, abandonó su oficina privada para marcharse de regreso a dónde se encontraban el resto de sus subordinados. No obstante, la presencia de alguien extra en la oficina lo detuvo en seco. Todos, incluidos la recién llegada, estaban observándolo a él.
Rebecca fue la primera en hablar, sonrisa en los labios —Veo que tus habilidades para fastidiar también se extienden a tus superiores, Mustang. Ya veo por qué el viejo de Grumman te tomó bajo su ala.
El moreno torció el gesto y se dirigió a Riza, aguardando explicaciones. La rubia cerró los ojos con calma y sonrió ligeramente —Me temo que no tengo control sobre la lengua de la teniente Catalina, coronel. Y lamento decirle que no está tan alejada de la realidad.
Havoc sonrió de lado —Rebecca tiene razón, jefe. ¿Qué hiciste ahora para que Hakuro huyera como alma llevada por el diablo y echando humo por todos los orificios de su rostro?
Roy se cruzó de brazos —Aparentemente al mayor general Hakuro no le complace que el proyecto Ishbalita fuera aprobado tan repentinamente. Me acusó de tener contactos entre los altos cargos —sonriendo arrogantemente. Breda sonrió.
Fuery se acomodó los lentes sobre el puente de la nariz —¿Entonces lo aprobaron coronel?
Se encogió de hombros, descruzando los brazos y caminando hasta su propio escritorio —Eso parece. ¿No es una buena noticia, teniente?
Riza asintió secamente —Lo es, coronel. ¿Y ahora que hará?
Roy apoyó ambos codos sobre el escritorio y entrelazó los dedos de sus manos, descansando el mentón sobre el dorso de éstas —Supongo que el siguiente paso es Central, teniente. ¿Están conmigo?
Todos asintieron, Breda, Fuery, Havoc y Hawkeye —Si, señor —Rebecca, que aún permanecía de pie frente al escritorio de su amiga, en cambio, entrecerró los ojos y lo observó con curiosidad.
—Artero como una comadreja, ¿no es así, Mustang?
Roy devolvió una sonrisa arrogante y forzada —Veo que todavía está aquí, teniente Catalina. ¿No tiene trabajo que hacer?
La morena se cruzó de brazos —Lo siento, coronel. Mi superior realiza su trabajo apropiadamente y por ende no se acumula.
Riza exhaló ligeramente irritada —Apreciaría por favor, coronel, Rebecca, que se comportaran civilizadamente. Esto es un ambiente de trabajo, después de todo.
—No sé de qué me acusa, teniente. Estoy siendo completamente civilizado —replicó, calmo. Sin apartar sus ojos negros de la joven teniente segunda. Rebecca devolviéndole igualmente la mirada, sin parpadear.
—Lo mismo que dijo el coronel, Riza —replicó.
Por segunda vez, Riza suspiró pacientemente —Eso puedo ver —sarcasmo obvio en sus palabras. El coronel y la teniente segunda eran en ciertos aspectos demasiado... similares. No sólo lo eran con ella, siendo las únicas dos personas capaces de presionar sus botones e irritarla, sino que también solían ser ambos considerablemente obstinados a la hora de retroceder. Aún así, su conducta en la oficina era inaceptable. Similitudes o no—. Coronel, estoy segura de que tiene trabajo que hacer. Lo mismo para ti, Rebecca.
Havoc y Breda, que habían estado manteniendo una conversación paralela hasta el momento, decidieron involucrarse en la situación general, aunque decidiendo pasar por alto la silenciosa discusión a modo de guerra fría no declarada entre su superior y la amiga de la teniente primera Hawkeye —Oy, jefe. ¿Qué tal un trago cuando salgamos de aquí?
Roy se acomodó la chaqueta calmamente, finalmente apartando la mirada de la teniente segunda para dirigirla a su subordinado. No era una mala idea realmente, sólo... no tenía la motivación para hacerlo —No. Yo creo que paso, Havoc.
El rubio frunció el entrecejo —¿Hawkeye?
La joven teniente primera negó lentamente con la cabeza, expresión neutral —Me temo que preferiría volver a mi casa temprano, teniente Havoc —Rebecca torció el gesto.
—¿A alimentar a Black Hayate?
Riza enarcó una ceja, expresión severa —¿Algún inconveniente, teniente Catalina?
La morena se cruzó de brazos —Cielos, realmente necesitas relajarte, teniente Hawkeye. Un trago no te matará, ¿sabes? —y luego añadió—. ¿Sólo uno? ¿Cómo en los viejos tiempos?
Espiró pacientemente, lista para negarse una vez más, cuando Breda habló —¿Coronel?
Roy sonrió arrogantemente —Supongo que uno no puede dañar, ¿qué dice teniente? ¿Un trago para celebrar la aprobación del proyecto?
Riza le dedicó una mirada reprobatoria —Coronel, si mal no recuerda mañana tenemos trabajo también.
Él enarcó una ceja —¿Y está insinuando que un trago afectará sus capacidades y profesionalismo, teniente? No la hacía alguien de escasa capacidad para retener su bebida.
—No lo soy, coronel. Sin embargo, estoy segura que resulta más que inapropiado beber entre semana. Y dudo seriamente que se limiten a un trago.
—No sin un ojo crítico vigilándonos, teniente —concedió, complacido. Había ganado.
—Bien, pero sólo uno, coronel —aseguró firme, estricta y volteándose con expresión severa a su amiga—. Lo mismo se aplica a ti, Rebecca —advirtió. Asegurándole a ambos que ese sería su tope establecido para sí misma y que no lo sobrepasaría sin importar las insistencias de ninguno de ellos. Ni siquiera la de uno de sus subordinados o su superior—. Ahora por favor regresen a trabajar.
Rebecca asintió, se excusó y se marchó, anunciando que regresaría al final del día. El resto de ellos retomó inmediatamente a trabajar, para ligera sorpresa –aunque no del todo- de Riza. Suponía que no debería sorprenderse realmente, el coronel y sus hombres podían ser holgazanes pero siempre trabajaban más que eficientemente con una motivación extra. Y al parecer un trago al final del día era ese extra que todos ellos necesitaban para motivarse y realizar su trabajo en tiempo y forma. Por ende, cuando llegó la hora, no se sorprendió de verlos a todos dispersarse para finalmente salir del uniforme y ponerse algo más cómodo. Ella, última en la oficina, decidió dejar todo prolijamente acomodado y organizado antes de salir y cerrar con llave, para luego marcharse también a los vestidores reservados para las oficiales femeninas. Allí ya se encontraba Rebecca, rebuscando en el interior de su casillero a medio vestir. Riza abrió el suyo.
—Hoy me conseguiré un hombre, ¡ya verás! —exclamó, pasándose una remera por la cabeza. Por supuesto, su amiga estaba abismalmente más entusiasmada con ella. Su idea de relajarse distaba demasiado de la que tenía la teniente segunda Rebecca Catalina. Aunque, por supuesto, la morena no escucharía razones ni objeciones, tal y como en la academia, cuando prácticamente la había arrastrado (en contra de su declarada voluntad de que no tenía el menor deseo de ir) a algún que otro bar en los escasos días que la milicia les otorgaba permiso para salir.
Suspiró y asintió —Si... esfuérzate.
Rebecca frunció el entrecejo —Mostrar un poco más de entusiasmo no te mataría, teniente Hawkeye —voz sarcástica.
Riza tomó una muda limpia de ropa que siempre guardaba allí y cerró su casillero, cerrando los ojos con calma —Déjame recordarte, teniente Catalina, que no tengo la menor motivación para hacer esto.
La morena cerró su casillero también, entrecerrando los ojos —¿Ni siquiera el coronel?
—Apreciaría que cesaras de hacer comentarios inapropiados —retrucó, severa. Dando media vuelta y marchándose a un cambiador recluido para reemplazar su uniforme por ropas de civil. En escasos minutos, emergió con una simple camisa blanca y una falda tubo negra hasta las rodillas. Botas igualmente negras de escaso taco y cabello recogido como lo había llevado todo el día.
Rebecca que ya llevaba vestida unos minutos y acababa de aplicarse labial dedicadamente, enarcó una ceja al verla, caminó hasta ella y le quitó el broche del cabello examinando su trabajo con una sonrisa —Mucho mejor. A los hombres les gustará más.
Riza exhaló pacientemente absteniéndose de decir que ciertamente eso era algo que la tenía sin cuidado. Aún así, su cuero cabelludo apreciaba la libertad dado que su cabello había estado firmemente tirante a lo largo de todo el día y desde la mañana temprano, y por ende decidió conservarlo de esa manera. Cuando Rebecca le ofreció el labial, no obstante, declinó calmamente. Su amiga tenía la costumbre de usarlo estando de civil. Ella, en cambio, prefería y siempre había preferido llevar el rostro al natural. Rebecca, por otro lado, llevaba el cabello ondeado recogido tirante y en una cola baja como habitualmente lo hacía, en contra de su propio consejo. Pero la morena era así, constantemente contradictoria. Una vez alistadas ambas, Riza tomó su bolso, Rebecca hizo lo mismo y ambas se dirigieron a la entrada del cuartel, donde se encontraban ya aguardando Havoc, Breda, Fuery y el coronel vestidos de civil.
Caminando un par de pasos, arribaron a dónde Roy había aparcado su auto, a la entrada del cuartel. Havoc examinó el vehículo, muletas en mano —Ah... Jefe, no es por ser aguafiestas o algo así pero no creo que entremos todos allí...
Roy enarcó una ceja a su subordinado —No digas idioteces, Havoc. Si tú y Alphonse Elric entraron, estoy seguro que amontonándose cabrán —caía de maduro para todos ellos, por supuesto, que la copiloto designada (como siempre) sería Hawkeye. Aún cuando fuera más práctico y lógico que Breda ocupara ese lugar (por su contextura física) y de esa forma poder entrar todos mejor en el asiento trasero.
—Coronel, creo que el teniente segundo Breda debería ir adelante —dijo finalmente Riza, con sensatez y seriedad. Por supuesto, todos asintieron secundándola. Hawkeye era el sentido común de su superior, especialmente en esos momento cuando a éste le fallaba.
De todas formas, el coronel negó con la cabeza y abrió la puerta para su subordinada —No diga tonterías, teniente. Havoc y el resto son perfectamente capaces de acomodarse en el asiento trasero. Incluso el mayor Armstrong no tuvo inconvenientes, y el mayor mide dos metros diez.
Resignada, Riza asintió e ingresó al auto. Y lo mismo hizo el resto en el asiento de atrás, acomodándose como la situación y el espacio físico se lo permitiera. Roy se subió al asiento de conductor y arrancó. Havoc, desde el asiento trasero, bufó, aprisionado entre Breda y Rebecca —Parecemos un auto de payasos en vez de militares. Y la cara de Breda hace que lo parezcamos aún más.
El teniente segundo torció el gesto —Cierra la boca.
Rebecca intentó moverse también, en vano —Más te vale retirar esa mano, teniente segundo Havoc, o te la volaré de un disparo.
El teniente rubio se contuvo de mascar su cigarrillo apagado —¡Pff! Como si quisiera...
Fuery suspiró —Ah... Creo que mis gafas se cayeron y no las veo... Coronel...
La expresión de Mustang se tornó una de fastidio, y su ceja derecha comenzó a moverse a modo de tic. Riza exhaló pacientemente —Por favor, mantenga la calma, coronel. Recuerde que está conduciendo.
—La próxima recuérdeme comprar un auto más grande, teniente, o deshacerme de unos cuantos subordinados —añadió la última parte, haciendo particular énfasis.
—Usted fue el que accedió a esto, coronel, si mal no recuerda —le señaló Hawkeye, seria.
—La próxima vez caminaremos, teniente—anunció su decisión, solemne. Roy Mustang no era pobre, y poseía algo más que su modesto apartamento de soltero cerca del cuartel general y todo lo que había adentro de éste. Y el auto negro que conducía era una de esas cosas. No obstante, era un auto de tamaño moderado. Uno que había servido en muchas operaciones, si, pero uno que ciertamente no estaba preparado para llevar a cuatro personas atrás. Y eso sin contar el hecho de que el teniente segundo Breda ocupaba el lugar de casi dos.
Riza asintió con calma —Parece una buena idea, señor, para tener en cuenta la próxima vez.
Roy la observó de reojo —¿Usted se encuentra cómoda, teniente?
—¿Por qué no lo haría, coronel? —replicó, fácticamente. Havoc, en el asiento trasero, bufó.
—Eso, jefe, ¿por qué no lo haría? Hawkeye tiene un asiento para sí sola.
Mustang dobló en la esquina, haciendo la estadía para aquellos que viajaban en el asiento trasero un poco más incómoda. Especialmente para el pobre sargento mayor Fuery, que en ese momento debió tolerar el peso de Breda, Havoc y la teniente segunda Catalina presionándolo contra la puerta —Cuando tengas el mayor rango de entre mis subordinados, Havoc, podrás viajar adelante.
El rubio bufó por segunda vez —No es una cuestión de rangos sino de piernas.
Riza, severa, soltó un suspiro de indignación —Apreciaría que no insinuara cosas que no son, teniente segundo Havoc—su voz tajante y ácida.
Roy sonrió arrogantemente y volvió a doblar, finalmente aparcando el auto junto a la acera en una calle no demasiado alejada del cuartel general. No realmente. Pero Havoc aún estaba en rehabilitación, y aún debía usar las muletas, por lo que arribar allí les habría tomado demasiado más tiempo del que de hecho les había tomado en auto. Por ende, y en definitiva, conducir hasta allí había sido una decisión fructífera de su parte. Aún cuando todos sus subordinados, exceptuando a su teniente primera, fallaran en ver su lógica. Descendiendo, le abrió la puerta a Hawkeye. Y luego caminó hasta abrirles la puerta al resto. El primero en descender, fue el pobre sargento Fuery, quien carecía de sus lentes y parecía incapaz de ver correctamente. Sin mencionar que parecía haber recibido la peor parte, cada vez que Roy había doblado.
La teniente Catalina, en cambio, parecía algo mejor. Sin embargo, continuaba mascullando algo por lo bajo que sonaba terriblemente similar a "menos mal que decidí no usar falda" mientras intentaba deshacerse de las arrugas de su negro pantalón. Eso, cuando no dedicaba una mirada de fastidio al teniente segundo Havoc, que intentaba con todas sus fuerzas salir del auto junto con sus muletas. Breda, sin demasiadas más quejas, abandonó último el vehículo, acomodándose también el pantalón al salir.
—Coronel, realmente creo que necesito mis gafas —dijo Fuery tras unos instantes. Hawkeye, que había bajado primero, inspeccionó el vehículo con rapidez y ojo crítico y encontró el objeto bajo el asiento de acompañante. Retrayéndolo con cuidado, se los otorgó al joven sargento mayor, el cual los limpió con su camisa y se los colocó cuidadosamente—. Muchas gracias, teniente primera.
Roy, sacando su reloj de plata y examinándolo, suspiró —Ahora sí necesito realmente un trago —dirigiéndose finalmente al interior del establecimiento, seguido del resto de su equipo. Si, definitivamente le vendría bien un buen Whisky y eso estaba dispuesto a tomar, aún cuando no estuviera acompañado de Hughes, como había sido su costumbre. Suspiró. Suponía que algunas cosas no habían resultado bien, incluso después de que recuperara su vista. Incluso después del día prometido. Y ese era un pensamiento particularmente deprimente. Pero uno con el que tendría que vivir el resto de su vida, durara lo que esta durara.
Al menos, pensó, Hawkeye seguía viva. Al menos no había perdido a su más leal subordinada. Aquella que lo había apoyado desde el inicio. Al menos no había perdido a la persona que continuaba manteniéndolo en pie. La persona que continuaba empujándolo hacia arriba y hacia adelante.
La observó de reojo. No abandones mi lado.
