"Tus fuertes brazos me rodean,
Mi cabello se enamora de tus hombros;
Lentas palabras de consuelo caen sobre mi,
Sin embargo mi corazón no tiene descanso."
Extracto de "Agotada" por Eleanor Siddal
- "Libérame".-Un solitario petirrojo se posó sobre el sicomoro cuyas ramas danzaban pacíficamente sobre su cabeza, proyectando su enmarañada sombra sobre el menudo cuerpo y el suelo repleto de hojas doradas y castañas, muertas debajo de ella. Hermione lo miró unos segundos, distraída de su lectura por el incesante canto del ave. No era un ruido molesto en realidad, pero no dejaba de despistarla su canción intermitente.
Toda la noche la había pasado prácticamente en vela, en parte por la incertidumbre de aquello que discutiría con Dumbledore en la mañana y en parte porque el acostumbrado sopor que ya era una desagradable costumbre noctívaga en su ser, no le dejaba un momento de respiro ni mucho menos de sano descanso. Cuando despertó el reloj del pasillo anunciaba estruendosamente la llegada del mediodía, pero ni siquiera tuvo tiempo de sentirse apenada por transgredir de una manera tan brusca las buenas maneras que habría tenido básicamente cualquier huésped que se preciara de tener un mínimo de decencia y compostura. Sonrió sin poder evitarlo.
- Compostura.- balbuceó en tono amargo, casi malvado y rápidamente se cubrió los labios con la mano, cubierta hasta la mitad con la sencilla manga del vestido. La despegó lentamente y cerró los dedos uno a uno, con fuerza bajándola de nuevo y mirando al petirrojo con algo de envidia. Se reclinó en el fuerte tronco algo mareada, no sabía cuánta sangre había perdido en manos de Severus, pero calculaba en su mente la suficiente como para resucitar a un muerto y se estremecía pensando que aquello era exactamente lo que había hecho. Contempló el cementerio y las ventanas de la vicaría atentamente. Dumbledore no la había recibido al mediodía, simplemente porque había partido antes del alba, como le hizo entender el ama de llaves y seguidamente un esquivo Remus que luego de compartir sólo tres frases con ella de la forma más fría posible se ensimismó de nuevo arrebujándose en el sillón.
-Ha dejado un mensaje.- murmuró cuando Hermione empezaba a girar sobre sus talones.- Aunque francamente no lo entendí.- ella arqueó una ceja y lo contempló expectante.- "Si se despierta, Hécate puede ser más veloz que las tijeras de Átropos."- los dos fruncieron el entrecejo.
- Evidentemente se le hace un tanto complicado ir al grano.- comentó ella.
- ¿Y bien?
- ¿Perdón?
- ¿Qué significa?- cuestionó con sospecha.
- ¿Y por qué asumes que si no lo has comprendido tú yo sí tendría que hacerlo?- se cruzó de brazos.
- Porque los acertijos de Albus son mensajes muy directos para las personas a las que van dirigidos.- explicó y acto seguido se aclaró la garganta.- Perdona si os parezco entrometido, simplemente me encuentro un poco inquieto por vuestra seguridad últimamente.
- Pues no lo estés Remus.- dijo con tono cansino.
- Le han dejado algo más milady.- ella se estremeció tratando de calmar su respiración cuando el apelativo que manó de los labios del hombre acarició sus oídos. Él levantó la mano derecha y Hermione observó el sobre y el lacre rojo como la sangre.- Con el estricto precepto de que sólo vuestros ojos sean testigos de su contenido.
- Un precepto que ha sido desdeñado absolutamente.- balbuceó apreciando la mancha de lacre dividida por la mitad.
- Me temo que bajo estos muros cualquier vislumbre de privacidad es inadmisible.- dijo tendiéndole el papel con amabilidad, un gesto que sólo logró ponerla de peor humor. Se lo arrebató de mala gana y él sonrió indulgente.- Es una medida imprescindible para vuestro bienestar y el de nuestra vicaría…milady.
- No me llames así.- dijo guardando la carta en el bolsillo de su falda.
- Lo siento, no sabía que era algo tan íntimo y personal.- replicó él.
- Remus… la ironía no concuerda contigo.- dijo más cansada que molesta por su tono lacónico y cortante.
- No, si no empleo recursos sarcásticos para expresarme, es sólo que Severus os llama de esa manera y tonto de mi pensé que sólo era un adjetivo afable, no creí que hicierais distinciones entre vuestros amigos. No tardéis en leerlo, el propio autor ha traído la esquela, lo que la dota de una trascendencia ineludible.
- Severus no es un amigo Remus.- aquello probablemente podría interpretarse desde un contexto positivo, si la inferencia del otro lado de esas palabras no hubiese acuchillado el aire entre los dos impregnándolo todo de una rabia contenida y una incomodidad abisal. Él desvió su mirada y cerró los ojos sintiendo como ardían sus párpados debido al agotamiento.
- Es sumamente inteligente.- explicó al aire, como si Hermione se hubiese transformado repentinamente en parte del mobiliario.- No sólo inteligente, sino astuto y muy listo, se anticipa a los movimientos de todos, con habilidades que el ilusionista más consumado envidiaría profundamente; se podría contar con una mano el reducido número de personas que no confían en él ciegamente y lógicamente aún sobrarían dedos, parece que guardase algo… algo que concierta una cierta certidumbre, armónica con todo, mimetizada hasta los fundamentos con algo más. Con los años he aprendido que ninguno de sus movimientos es llevado a cabo sin una premeditación impalpable de por medio y es curioso…- sonrió distante mirándola de nuevo.- Siempre lo supe y sólo hasta ahora he empezado a preocuparme por ello, es muy curioso sí, pero supongo que sólo estoy diciendo incoherencias, es por el cansancio. No debéis reparar en el detrimento que ha sufrido vuestra intimidad, puesto que no he sido capaz de comprender la lógica de ese mensaje tampoco.- advirtió apuntando con la mano distraídamente la falda de la joven.- Cada zapato tiene su horma sin duda y nuestro guardián principal parece ser la de vuestro… ¿Cómo lo clasificaríais? ¿Conocido?
- "¿Amante?"- cantó una vocecilla en su cabeza incordiándola.- Conocido está bien. Y ya puedes parar de tratarme de esa forma tan propia, protocolar y ridícula, con tanta pompa como si fuera la Duquesa de Devonshire, tú y yo sí somos amigos ¿O es que acaso eso ha cambiado para ti?
- No, por supuesto que no.- sonó un poco triste.- Eso no ha cambiado para ninguno de los dos.- ella permaneció unos segundos inmóvil, apenada por el dolor que encerraba esa frase de ridícula simpleza, se retiró cerrando la puerta con delicadeza y recargándose en ella con la culpabilidad aplastándola ligeramente, apretando el papel en su bolsillo con una calidez licenciosa, resquebrajando así la poca sensatez que le quedaba.
- ¿Qué quieres de mi Severus? ¿Por qué me escribes?- sonrió brevemente y se amonestó por aquel sentimiento de frivolidad naciendo en sus reflexiones.
-"Libérame"- no sabía si aquello era un ruego de su propia psique o era algo más, pero la escuchaba, la escuchaba atentamente.
Ahora, después de varias horas, con los ojos perdidos en el horizonte y su mano apretando la carta se preguntaba lo mismo. El petirrojo continuaba obstinadamente con su cantar mientras ella releía la letra elegante y entrecruzada como una rama repleta de espinas.
Hay un lugar, al sur de una gran isla antes Romana, desde el cual los hombres pueden apreciar las tierras de un mundo antiguo. Se dice que incluso los más incautos, con esa naturaleza tan mundanamente letárgica encuentran la plena satisfacción al toparse en su eje con el reino que les ha sido prometido y del que una vez fueron expulsados. Otros más grotescos, sólo moran en el exterior, vigilantes y sin miedo, pues no les atrae tal acontecimiento, así que esperan como jueces silentes, a la expectativa de una nueva oportunidad para apreciar los destellos plateados de la tierra de Pandia ¿Y vos Milady? ¿Dónde os posicionáis? ¿Adentro con los incautos de berhtEthel o afuera con los jueces de las Maitines?
S.S.
- ¿Y vos milord?-colocó el papel sobre sus labios ignorando completamente ese sentimiento delictivo que volvía a humedecer su piel.- ¿Por qué mostráis tanto interés en conocer mi respuesta?
- "Libérame"
Desde luego que a diferencia de Remus, para ella no representaba una incógnita muy compleja aquella misiva. La de Dumbledore por otra parte, se había esclarecido completamente luego de desentrañar el mensaje de Severus. Tal vez era momento de despertar a Hécate, aunque sólo fuera por unos breves momentos.
El sonido del piano aquella noche era siniestro, oscuro y hermoso al mismo tiempo, como cada noche, como si estuviera supeditado a la esencia de su intérprete y una parte de su nostálgica alma penetrara a través de las teclas en él y lo obligara a interpretar con infinita pasión las melodías más tristes del repertorio.
Ella se acercó y posó su mano en los bordes de la tapa, observándolo fijamente y deleitándose con el perfecto eco que producía la música en la habitación. Vislumbró sus dedos, finos pero fuertes, pálidos sobre las teclas de marfil amarillento; los dorsos de sus manos cubiertos por la casaca añil oscura. Hermione se permitió entretenerse en cada detalle, en el brocado con forma de laurel dorado que ornaba las mangas, en el cuello altivo recortándose en contra de la tela nívea e impecable de su camisa, el cabello suelto y oscuro desparramándose sobre los hombros y cayendo como una cascada sobre el inicio de su ancha espalda. Dos orbes grises la contemplaban altivamente y sobre uno de ellos, el arco de una ceja fosca arqueada.
- ¿Ves algo que te interese?- No, Sirius no era como Remus. Sirius no se escondía detrás de formalismos para comunicarle al mundo su disgusto. Sirius no sufría en silencio ni mucho menos. Era directo y punzante como la flecha de una ballesta, perfectamente cínico, atrevido y pletóricamente insolente, como si tanto exceso no pudiese ser contenido en su interior a pesar de su condición de vampiro y brotara escandalosamente por cada uno de sus poros paralizando a todo el que estuviera cerca de su persona.
Hermione a pesar del tenue rubor en sus mejillas, continuó mirándole fijamente con su boca formando una pequeña sonrisa, plasmó en su mente los labios y la desnudez de su garganta, los botones de la camisa abiertos dejado entrever sus clavículas, una rebeldía en el ropaje que ningún caballero respetable se permitiría, sencillamente, demasiado atractivo y hermoso para ser un hombre común.
- "Sois muy hermoso vampiro"- pensó haciéndose un lugar en el banquillo y arqueando una ceja ella también, sólo que a diferencia del gesto incrédulo de Black ella lo hacía con sincera expectación. Remus los observaba taciturno, aunque más tranquilo que en la tarde, fingiendo leer unos pergaminos desgastados y polvorientos. Sólo el piano y el crepitar de la madera al arder provocaban algún sonido en la habitación. Sirius parecía concentrado, pero sus ojos abiertos como platos denotaban lo contrario.- "¿Cuándo vais a perdonarme Sirius? ¿Dejaréis que sufra tu indiferencia? ¿Te he ofendido tanto que me condenarás al olvido? Entonces, me sentencias a vivir sin tu belleza".-el también la detalló con ojos complicados, sin parar aquella sonata terrible y sombría.
- "Mujer indecente, impúdica y libertina"- replicó incrédulo y divertido en su mente.
- "Entonces si escucháis todo lo que pienso hermoso vampiro"- lo provocó levantándose y caminando hasta la puerta y abandonando la habitación.
- "Y tenuemente percibo lo que sentís, pero es fuerte y salvaje."- dijo preocupado.- "Es extraño".
- "Necesito ayuda para pararlo… acompáñame a medianoche al lugar en el que nos conocimos."
- "Licenciosa y perversa"- la provocó.- "Esta nueva faceta me hechiza."
- "Remus no tiene que saberlo"
- "En mis planes no estaba participárselo."
- Debí escoger otro lugar para vernos, de eso no cabe la más miserable duda.- se quejó sentada en un banquillo arrebujada en la capa oscura, sufriendo con algo de mal talante los embates del frío y la brisa nocturna y lidiando con el nerviosismo que le producía la horrible visión de las lápidas y criptas grises y álgidas.
- "Libérame"- de nuevo aquella maldita voz, apretó sus manos en los bordes del banco hasta que sus nudillos se tornaron blancos ¿A qué hora se dignaría Sirius a aparecer? Al parecer estar condenado a una existencia eterna brindaba el privilegio de hacer a un lado la puntualidad con un puntapié. Mientras las nubes bailaban lentamente jugueteando con la luz que bañaba en plata las espléndidas y crueles piedras del cementerio, ella alejaba sus pensamientos que remontaban las colinas y la arrastraban hacia su antigua y pequeña casa. Se fustigaba y apretaba los dientes, una conducta que denotaba poca educación y falta de delicadeza femenina… falta de compostura. La luna aún brillante, pero no llena, porque aún restaba una semana para completar ese ciclo la empapaba a ella también con su luz. Se tocó el cuello expectante y deseosa, pero ahí ya no había herida, ni siquiera una cicatriz vistosa… él después de todo parecía que siempre terminaba saliéndose con la suya como le hizo entender Remus. Lo sentía lejano, como si no se hubiesen visto en siglos, como si la Hermione del día anterior fuera una desconocida y ella sólo estuviera viviendo los retazos de una historia que pertenecía a otra mujer.
Estaba ensimismada, con el miedo ya circulando por su cuerpo, acostumbrándose a su inexorable compañía, como un carcelero, una sombra, o la capa que llevaba, siempre sobre ella, inseparable y vigoroso como el más animoso amante.
- Cosecha de mil setecientos setenta y nueve, de los campos de Wiltshire.- susurró una voz dulzona en su oído, acariciándolo sensualmente con los labios.- El buqué es exquisito.- murmuró olfateando cerca de su mejilla primitivamente. Hermione lo apartó algo molesta, y se cruzó de brazos tratando de aparentar calma, cuando en realidad su corazón estaba latiendo a una peligrosa velocidad.
- Desearía que reforzaras el dominio de tus instintos bestiales y pusieras en práctica entradas menos melodramáticas.- dijo temblando ligeramente.
- Pero madmoiselle, si soy tan dócil como un cachorro.- dijo apretando sus hombros entretenido y tomándola por sorpresa al sentarse muy cerca de ella con una pierna a cada lado del banco, apretándola contra su pecho.- Hueles delicioso.
- Tú en cambio, despides una fragancia polvorienta, como de cachivaches viejos y desgastados.- señaló tratando de herir levemente su orgullo, pero Sirius Black no era presa fácil del bochorno.
- Me disculpo hondamente por ello, una damisela como tú debería estar rodeada por el aroma de las rosas y el incienso más costoso; casualmente, el lecho en el que descanso está impregnado con dichas fragancias, si te apetece probarlo, estoy seguro de que colmaría tus más altos estándares olfativos, más que un perfume francés o la fresca brisa de esos trigales que aún conservas en la piel.- ella lo miró entre aterrada y extasiada ¿A cuántas mujeres habría arrastrado a la cama o a un destino peor con la mitad de todas esas palabras?
- Yo no bebo de mujeres que sólo me interesan para apagar mi deseo.- le respondió luego de que una sonora carcajada le naciera en el pecho.- Es cosa peligrosa hacerlo sin medida, de una sola puede ser un peligro, pero de muchas una reverenda estupidez. Ustedes son… complicadas.
- Veo que se han agotado tus elaborados calificativos, muy elegante de tu parte emplear ese último.- estaba nerviosa, acababa de reparar en la posición que se encontraba, con todo su cuerpo pegado a su pecho y la cortina de sus cabellos largos y oscuros mezclándose con sus rizos castaños. Su cuerpo no era helado, pero si un poco más frío que el de ella, aún así y a pesar de lo impropio que pudiera resultar aquello, se sentía segura en sus brazos, experimentaba algo parecido con Severus, pero Sirius resultaba más cálido, Sirius era dulce.- Necesito tu ayuda hermoso vampiro.
- Ya lo sé.- confesó él cambiando ese tono burlón tan específico de sí mismo por uno más grave y absorto.- Trato de dilucidar el por qué y no me es posible, lo que comprenderás, para un ser superior a un humano en todos los sentidos, resulta un tanto frustrante.- no lo dijo con una inflexión presuntuosa ni tampoco ella lo sintió de esa forma.
- ¿Ya me has perdonado?- levantó su rostro límpido y sus mejillas sonrojadas se le antojaron deseables y encantadoras. Hermione no lamentó haber dejado el rosario sobre la cómoda de su habitación y él le acarició los pómulos escuchando aun sus pensamientos y sus deseos más recónditos.
- No ha sido adrede, yo no deseaba verte nunca más, ni deseaba escuchar razones, como tú tampoco querías dármelas, porque no es de mi incumbencia y está en mi naturaleza ser posesivo con lo que deseo, aunque no me pertenezca, tal como en la tuya está ser noble, pero ridículamente inocente… aún así, aquí estoy, algo me arrastra hasta ti, quizás lo mismo que te empuja lejos de mí hacia él, pero me tiene sin cuidado, porque siento una parte de ti más mía que de él y eso jamás cambiará y si es lo que tú anhelas, me transformaré en un caballero fruslero de cuento de hadas barato.
- Te equivocas en algo.- balbuceó.- Yo no soy tan inocente Sirius… y tú no eres un caballero.
- Merde… c'est vrai.- masculló levantándole el mentón con su mano y abriendo sus labios con los suyos bruscamente, saboreando su lengua con la suya, bebiendo la miel de su boca y estrujándola contra su cuerpo con deseo. La invadía de una forma sensual y fuerte, con dulzura y lujuria al mismo tiempo y para Hermione empezaron a derrumbarse ciertos castillos y descubrió que el placer, esa ansiedad tan brutal no estaba supeditada sólo a una persona… muchos menos a un sólo vampiro. Entonces ¿Por qué? ¿Por qué sentía que estaba a punto de despertar de un sueño pero no le era posible? ¿Por qué el deseo aunque le calaba el cuerpo ahora que él se lo acariciaba de esa manera tan placentera no era suficiente para despertar? ¿Por qué a pesar de todo el calor quemándole por dentro las venas, no lograba olvidar esa otra sensación no más ni menos poderosa sino nivelada?
- "Sirius"- lo llamó mientras él continuaba embriagándose en su aliento y dejando pequeños moretones en las partes de su cuerpo que más le apetecía tocar.- "Hay algo dentro de mí, algo que me hostiga, me habla, me aterra"
- "Libérame"- los dos lo escucharon y aunque él abrió los ojos no se separó ni por un momento del espléndido contacto. Apretó su cuello con las yemas de sus dedos, pero sin causarle demasiado dolor y la descendió hasta sus pechos turgentes que subían y bajaban rápidamente.
- "Aprende a cerrarte, tu mente, tu cuerpo y tu alma".- Hermione se separó y él descendió su boca hasta su cuello rozándolo con sus colmillos filosos como cuchillas.
- Sirius…cada hechizo tiene su detonante y el sacrificio es imprescindible, no tengo suficiente poder para alejar esta maldición, no tengo suficiente poder para apartarme de ella, pero conozco bien los catalizadores. No soy una bruja consumada, ni se manejar la magia negra, pero ese conocimiento de mis limitaciones es lo que me ha permitido comprobar que un simple círculo protector o una oración no serán suficientes. Sé que el pacto fue hecho con sangre, pero no sé cómo romperlo.
- Eres de la clase de Albus.- sonrió él dulcemente.
- Me temo que no poseo ni la sabiduría ni el poder que Dumbledore. Mis hechizos son sumamente inocuos y sólo consisten en conjuros ridículos para una buena salud, para un buen parto o para la protección de un ser querido, algo que fue de muy poca ayuda el día que mataron a mis padres.
- Yo tal vez no pueda ayudar mucho con eso, pero puedo enseñarte a cerrarte, para mí o para cualquiera y puedo ayudarte a romper ese pacto de sangre. Yo también soy un vampiro poderoso Hermione.- le recordó y ella se quedó sin habla al ser testigo de ese brillo cruel de ultratumba que se apodero de sus ojos cuando habló.- Y aunque ignoro por completo esos maravillosos conjuros que tu consideras inútiles, sé lo suficiente acerca de pactos de sangre y si fue hecho así con sangre, entonces yo puedo romperlo.
- ¿Cómo?- preguntó esperanzada.
- ¿Confías en mí?
- Por supuesto que no, ni un ápice.- respondió honestamente y él le contestó con una media sonrisa.
- "Libérame"- de nuevo, bajo como un susurro pero altisonante y atronador como el ruido de paredes y muros entrechocando y colapsando. Unos segundos de silencio y al fin lo comprendía con obscena claridad y él asentía como un catedrático complacido en presencia de su alumna más brillante. Ella se separaba reflexionando en aquello con extrema rapidez, moviendo los ojos nerviosamente hacia todos los rincones de aquel camposanto como el aletear nervioso de una mariposa.
- He sido yo misma.- comprendió en voz alta.- He sido yo la que ha puesto el catalizador sobre la mesa.- Y recordó sus palabras y cuantas veces las había repetido; "Bebe de mí", se había ofrecido en numerosas ocasiones, fiel como una abnegada esposa, como una especie de consorte oscura… "si necesitas beber" le había dicho. Apretó los puños con fuerza mientras paradójicamente una sonrisa cubría su rostro.- Maldito.- era la primera vez que una blasfemia escapaba de su boca con tanta naturalidad, no la hacía sentir culpabilidad ni condenación, todo lo contrario…- Me temo que no soy tan estúpida Milord.- viró sobre sus talones y miró a Sirius arrogante, con una sonrisa inteligente, liberando el listón que aprisionaba su cabello y apartando la mata de rizos castaños que ya tocaban su cintura lentamente. La calina se hacía espesa y difuminaba lentamente los rayos le luz, las piedras, las lápidas, los árboles y la vicaría hasta que sólo quedaron ellos dos.- Un magnífico truco.
- En verdad lo es.- dijo levantando su mano e invitándola a guarecerse en sus brazos con el simple gesto. Ella refugió la palma sobre la suya y él la cubrió con su otra mano, peligrosa como la zarpa de un halcón o las garras de un lobo, pero gentil al tacto, acariciándola y siguiendo el camino de las venas en su muñeca, como un mapa aprendido de memoria, como si pudiera verlas todas con claridad a través de la piel cremosa.- Tu pulso es más rápido cuando te toco.
- Es porque me asustas.- explicó sumergiéndose en la lubricidad del momento.
- ¿Es eso cierto?- preguntó como si ignorara por completo la respuesta.
- ¿Estás jugando conmigo como la primera vez? ¿Esto que me haces sentir es una quimera?- él negó ligeramente con la cabeza.
- Esta noche serás dueña de todo lo que sientes.- dijo.- Aunque quisiera no puedo romper la barrera a menos que tú misa la derribes, no puedo traspasar esa cerradura si no me dejas verla. Levantó la mano y depositó un beso húmedo en la muñeca que se prolongó lo suficiente como para embriagarla.- Debes pedirlo…
- Lo deseo… quiero que bebas de mí Sirius.- él sonrió con los labios aún adheridos a su piel, maligno y salvaje, triunfante. Encajó los colmillos en el valle que formaban los pliegues suaves y latentes de las venas en su muñeca. Hermione dejó escapar un gemido corto y echó la cabeza hacia atrás sintiendo como el lazo dentro de sí se soltaba y la marca sobre su pecho izquierdo ardía como si la estuvieran quemando en carne viva. Sirius lamió suavemente la herida casi imperceptible a pesar del ligero sangrado. Acarició la tela sencilla del peto que cubría sus pechos y la bajó con fuerza asiéndola por la cintura y rasgando la piel del seno derecho con sus colmillos. Hermione asió su cabello oscuro y suave como la seda y empezó a gimotear abstraída por el mortal y al mismo tiempo dulce beso. Sirius bebía su sangre no con desesperación como lo había hecho Snape, sino con la convicción de que no debía forzarla o lastimarla en demasía. Ella sólo podía equiparar esa sensación al éxtasis que había sentido en ese claro, con Severus sobre ella besándola de esa forma tan impropia entre las piernas y cuando no pudo soportarlo más y apoyó todo su peso en sus brazos, los dos jadeando y adorándose de forma repentina e incomprensible, él fundió sus labios húmedos de su sangre con los de ella y se reclinó en el tronco de un árbol aproximándola y acariciando sus heridas en un abrazo perfecto.
- Eres poderosa Hermione.- concedió acomodando el peto sobre su piel, ella lo contemplaba cada vez más adormilada, pero el comentario la hizo reír débilmente.
- ¿Tú crees?- inquirió de forma incrédula.
- ¿Lo sigues escuchando?- los dos esperaron en silencio y ella negó con la cabeza.- Es porque lo has roto… eres una bruja poderosa.- anunció de nuevo esta vez para él.- Deberé tener cuidado contigo.- la joven lo entornó sus ojos complacida, complacida de que la besara y la tocara sin nada de "compostura", no tenía tiempo para malgastar en tales nimiedades, de nuevo era libre, para amar, desear, para odiar… libre de ese extraño hechizo.
- Ahora enséñame lo demás.- solicitó delineando débilmente sus ojos con temblorosos dedos.
- Cuidado con lo que me pides querida niña.
- Enséñame a guardar mis pensamientos de vampiros hermosos y peligrosos como tú…
Severus observaba la pintura sin parpadear con las luces de los candelabros bailando lánguidamente sobre sus columnas de cera. Admiraba la belleza dormida sobre el lienzo como una broma de mal gusto o un castigo divino e irónico, desagradable como el destino más sombrío.
Cabellos de fuego y mirada esmeralda… aquella era su maldición, no la única pero sí la más poderosa, encadenada a su ennegrecida alma como un fantasma que se negaba a desaparecer, perdurable y hondo como el tiempo dentro de una tumba.
Las luces se apagaron y él se giró con un profundo desagrado y una rabia incontrolables burbujeando en su estómago. Un gruñido como el de una bestia nació de su garganta y sus pupilas oscuras se enrojecieron mientras caminaba con decisión hacia el ventanal y respiraba como una fiera herida, alguien había tocado lo que le pertenecía, alguien había puesto los dedos sobre la sangre que él había marcado como suya. Resoplando, dispuesto a matar con sus propias manos al bastardo que se había atrevido a tocar algo de su propiedad se giró apartando una silla de un zarpazo y estrellándola con fuerza en la pared hasta romperla y entonces la vio de pie, aún más furiosa que él exudando llamas violáceas a través de su etéreo cadáver, con el cabello oscuro azotando sus brazos y su boca en una mueca tenebrosa y horrible, con los colmillos expuestos.
- ¡Así que lo habéis sentido!- espetó sosteniendo sus brazos incorpóreos con una violencia ciega, brazos de cadáver que temblaban repletos de odio mal contenido.- ¡Ha roto el sello! ¡Esa mujer estúpida ha roto el sello con ayuda de ese rastrero amigo suyo! ¡Esa mujer no es ninguna campesina insignificante y tú lo sabíais! ¡Tú lo sabíais y no me lo dijisteis!
Severus sonrió a pesar de la cólera que lo estaba invadiendo como el veneno de una cobra, como si esa marca en forma de víbora en su brazo izquierdo de repente se hubiese vuelto en su contra y hubiese liberado su ponzoña alcanzando lentamente cada parte de su anatomía.
- Yo nunca dije que se tratara de una simple campesina… además si mal recuerdo jamás me preguntasteis nada acerca de ella, naturalmente yo asumí que ya habíais realizado las averiguaciones pertinentes antes de transformarla en la protagonista de tus planes señora.
- Si la hubieseis tomado cuando te pedí que lo hicierais…- masculló tiritando.
- No os preocupéis en demasía mi adorable y cadavérica señora.- dijo burlonamente.- Aún no habéis perdido toda esperanza ¿Oh sí?
- Ya no puedo atormentarla ni entrar a su mente.- Severus no pudo evitar sentirse ligeramente aliviado, lo que se tradujo en una considerable sonrisa más sincera y un pequeño lenitivo para su rabia.
- Es una verdadera pena… aún así dejadlo todo en mis manos y por piedad, dejad de inmiscuiros de una vez por todas o lo arruinaréis todo irreversiblemente.
- Bien, como deseéis Severus.- dijo desapareciendo de su visión a la velocidad de un suspiro.- Una última pregunta…- la fantasmal voz hizo eco en cada rincón de la mansión.- ¿Qué haréis si él la posee primero que vos?- el pelinegro se apoyó en un muro y hundió sus dedos en él resquebrajando sus bordes de caoba… aquello estaba total y definitivamente fuera de la discusión, pensó mientras leves gruñidos animales acompañaban su respiración.
- Sin duda alguna, está fuera de cualquier posible conato de discusión que ese ridículo bastardo pueda poseerte primero que yo milady.- pronunció la amenaza con una oscura sonrisa y volvió a mirar la pintura, esta vez no con dolor sino con determinación.
Am... yo sé que no había publicado nada en más de un año ^^' no es algo para estar orgulloso, simplemente digamos que había perdido un tanto las ganas o inspiración por este fic por toda la fiebre de vampiros además de todas las obligaciones de la U que tampoco dejaban mucho tiempo libre, pero esas son excusas un poco tontas, pero en fin, espero que me disculpen si alguien va a seguir leyendo y doy garcias a aquellas personas que me instaron a seguir la historia.
Gracias por leer y por sus respuestas.
