Libre
Habían pasado unos días, los suficientes para que Milo decidiera llevar a Camus a su casa a cenar con su familia. Al principio, el nerviosismo le ganó, pero cuando vio al pelirrojo salir de su casa, acompañado por Dégel quien le miraba desde la entrada con su afilada mirada, el miedo se intensificó. Sabía que el peliverde era por demás protector de sus hijos pero no esperaba tanto. Camus se abrochó el cinturón de seguridad y miró al frente, dispuesto a marcharse y una vez que encendió el auto partió hasta la lujosa casa en la ciudad.
Cuando pasaron por el gigantesco jardín, Camus pudo reconocer a su vecino Afrodita junto a otro hombre a su lado, estaban los dos plantando flores en el parque y ahora comprendió porque el terreno del muchacho era el más bello de todos, sin duda era un arquitecto de jardines.
Sonrió pensando que probablemente si algún día se casaba con Milo, contrataría a Afrodita para que hiciera el jardín.
Los pensamientos fueron alejados cuando el auto se detuvo. Milo nuevamente bajó y abrió con apuro la puerta del acompañante, siempre lo hacía, le tomó la mano y ayudó a bajarlo.
—Bienvenido a la casa Gemini —susurró Milo mostrando la elegancia del lugar, el pelirrojo quedó boquiabierto ante tanta belleza—. Sígueme.
Se acercaron hasta una pareja de mayordomos, los dos tenían una fisonomía muy parecida pero claramente uno era el hermano mayor y el otro el menos. Cuando se dieron vuelta, casi al mismo tiempo abrieron la puerta. Camus se adelantó para ver la enorme entrada, una escalera de blanca con placas de mármol y una barra enchapada en oro. Sin esperar más, Milo lo condujo hacia el living donde ya estaban Aspros y Deuteros, el menor de los hermanos se acercó y abrazó a Camus como a un hijo.
—Bienvenido Camus Antares, mi hijo me explicó que eres el hijo de Dégel Verseau —comentó, el pelirrojo quedó sorprendido pero logró asentir.
—Sin duda tienes la belleza de los Verseau, acompáñanos a tomar una taza de té. —esta vez habló Aspros y lo guio hacia un sillón, Milo se le sentó al lado como un perro custodio. —. Cuéntanos, Camus ¿cómo está Dégel?
—¿Eh? Ah, él está muy bien, trabajando muy duro.
—¿Y tú hermanito? —preguntó Deuteros cruzando las piernas y tomando la taza de té, Camus miró a Milo que negaba, dándole a entender que no comentó a sus padres la situación de su hermano menor.
—No, él está internado —los gemelos intercambiaron miradas.
—¿Acaso está enfermo? —preguntó Aspros.
—No, no….él….está en una clínica psiquiátrica….intentó suicidarse —tiró, impactando a los adultos—. Pero ahora se encuentra bien, dentro de lo que es posible.
—Por dios, ¿cómo un niño tan pequeño opta por eso? —Deuteros parecía angustiado ante ello y Aspros también, pues cuando conocieron a los niños, los pequeños parecían felices.
—Cosas que pasan —Camus tomó la taza de té y se la llevó a la boca.
—Como es la vida, doce años después se encuentran y son mejores amigos —comentó el mayor de los gemelos, algo sorprendido—. Realmente es algo de no creer.
—Sí, es verdad tío Aspros.
—Y dime ¿ya conoció a tu esposa? —esta vez fue Deuteros quien preguntó e hizo a Camus atragantarse con el té.
—Papá, no es mi esposa —intentó remediar la situación.
—Pero pronto lo será, ¡no puedo aguantar más! Quiero que mi pequeño se case y me de muchos nietos….—suspiró—. Como verás, yo no pude tener muchos hijos, Camus….así que aprovecharé a tener muchos nietos.
—Yo que tú no cuento con los nietos aun —criticó el rubio, Deuteros bufó algo molesto y Aspros lo calmó tocándole la mano.
—Ya pronto voy a cumplir sesenta años, hijo, no puedes negarme un niño al menos, ¡te casarás! Serás muy feliz con tu esposa, Ivonne es una muchacha muy atractiva ¿la has conocido, Camus? —preguntó nuevamente, el pelirrojo no sabía cómo salir del tema y simplemente asintió.
—Dejemos de hablar de Ivonne ¿quieren? Comienzo a sentirme mal del estómago.
—Toma más té entonces —inquirió el menor de los gemelos y miró a Camus—. Y cuéntame más de ti, Camus ¿aun sigues yendo al colegio o ya te graduaste?
—Voy al colegio.
—¿Y tienes pensado estudiar algo luego de terminar? Milo será un abogado, no hay muchos abogados en la familia —cruzó los brazos Deuteros—. ¿Y tú, que seguirás?
—Aun no sé, estaba pensando entrar al profesorado…..me gusta enseñar.
—Oh, eso también es agradable —sonrió y miró a su hijo—. ¿Y cómo se volvieron a encontrar?
—En un bar nos encontramos, es todo…..—Milo ya estaba poniéndose incomodo con tantas preguntas, sobre todo, pensando en Camus y en lo que pensaría de él si el cuestionario seguía.
—Espero que no sea ese bar de mala muerte —el mayor estaba algo consternado, su sobrino siempre iba a un mismo lugar a bailar con sus amigos, Milo negó, mintiendo.
—No papá, ¿tú crees que alguien como Camus iría a un lugar así? —le protegió, tanto Aspros como Deuteros sonrieron ante este comentario.
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Luego de la cena, Camus y Milo partieron al departamento de este último, se podía notar al pelirrojo bastante nervioso y tenía toda la razón, sabía lo que vendría después y no se encontraba preparado para afrontar eso, pero temía pasar el ridículo frente a un hombre de ya veintitrés años por sus temores infantiles.
Al llegar, le abrió la puerta del copiloto con elegancia, lo acompañó hasta el tercer piso donde abrieron una puerta, la número treinta y dos. Dejó pasar como todo un caballero y Camus se sintió impactado de tanta belleza. Al cerrar la puerta, Milo se abalanzó sobre él besándolo, mientras se quitaba el chaleco y lo guiaba al cuarto, Camus en ese momento se dejó hacer sin importar nada, pero apenas su espalda se estrelló contra el suave colchón, le puso las manos en el pecho para separarlo.
—¿Qué sucede? —preguntó sorprendido, Camus se veía bastante confuso.
—Milo, no sé si estoy preparado para esto —comentó sentándose, Milo le siguió, levantándose por completo de la cama.
—¿No me quieres? —pestañó, el menor negó con la cabeza.
—No es eso, es otra cosa Milo….yo nunca….nunca he estado con otro hombre, no he tenido pareja y….lo poco que sé sobre el sexo es lo que vi en mi madre y mi hermano, los cuales fueron abusados por quienes deberían cuidarlos…
—Camus….—murmuró bajito—. Yo no soy así ¡te cuidaré!
—Lo sé, en serio lo sé….—musitó, intentando calmar a su pareja, pero este parecía tan o más angustiado que él—. En realidad, me gustaría darte una noche de amor….pero….todo es confuso, tu padre aun cree que te casarás con ella y más encima me preguntaban si quería ser algo así como el padrino —se colocó una mano en la cara, Milo se sentó a su lado y le acarició la pierna.
—Ok, Camus, sino quieres hacerlo, te respeto….
—¿De verdad?
—¿Qué clase de novio sería sino respetara a la persona que más quiero? Además, tienes razón, no tuve agallas para decirle a mi papá que no quiero casarme…..no me siento preparado para eso, pero él quiere que tenga hijos….
—¿No quieres tener hijos? —le miró, confundido. Milo le tomó del rostro y con sus dedos pulgares frotó la mejilla de Camus.
—No me siento preparado aun, por eso, yo….iba a cuidarme contigo….porque sé que no entiendes mucho sobre los anticonceptivos….—sonrió—. Quiero que estemos juntos la mayor cantidad de tiempo posible, yo fui una especie de carga para mis padres en su momento y no quiero que le pase lo mismo a mi hijo.
—No sería una carga para mi tener un hijo contigo en un futuro —masculló, Milo sonrió al notar esa expresión.
—Eso lo sé, amor….pero en un futuro estará bien….ahora, yo….no me siento preparado y espero que me respetes eso….
—¡Por supuesto que sí, Milo! Jamás haría algo sin tu consentimiento…—comentó el pelirrojo, inmediatamente Milo le besa los labios en un acto casto.
—¿Quieres que te lleve a casa? —preguntó mientras se levanta de la cama.
—No…..quiero quedarme aquí, contigo —le tomó la mano.
—¿Cambiaste de parecer y tendremos sexo?
—No….—frunció el ceño.
—Jajajajajaja es broma, no pongas esa cara….—se agachó solamente para tomarle el rostro—. Pero sabes que si sigues aquí no podré contenerme ¿verdad?
—Ya lo sé….—masculló bajito y miró hacia otro lado, pero Milo le giró nuevamente el rostro—. Yo también deseo hacerlo, Milo…..sólo que, me siento inseguro.
—¿De qué?
—De mi cuerpo, de mi mismo…..de esta relación…
—¿De la relación? —cuestionó sorprendido—. ¿Acaso…?
—No, no quiero que me malentiendas, no es que dude de mis sentimientos o los tuyos, es solo que… aaaah —suspiró—. Ni siquiera sé si realmente dejarás a Ivonne, tu padre ya está planeando la boda para ti y ella.
—Mi padre puede cocer tapioca, amor….yo sólo seré tuyo…—deslizó sus manos en las de su novio y las besa—. Te amo sólo a ti.
—¿De verdad?
—Claro que si, por eso quiero presentarte a mis amigos….—Camus sonrió—. Exacto, quiero presentarte formalmente ante ellos.
—¿En serio?
—¡Claro! —el pelirrojo se abalanzó a su amado, quien le tomó en brazos y lo giró.
—¿Realmente esto está pasando?
—Tal vez no pueda presentarte aun a mis padres, pero si a mis amigos, te amarán….—lo aferró fuerte y ambos cayeron a la cama—. Te amo….Camus.
—Yo también te amo….—le tomó el rostro y le beso.
Los besos, siempre daban como pie a más y más caricias y roces. Probablemente Camus estaba tan feliz en ese momento que no le importó demasiado lo que Milo estaba a punto de hacer. Las ropas fueron desapareciendo lentamente y el cuerpo del heleno se frotó contra su piel pálida haciéndole gemir suavemente. Dado al caluroso día de verano, la ropa era escasa y fue mucho más fácil desprenderse de la misma.
Al principio Camus continuó con la hilera de besos y muchas veces intentó morder el cuello de su amado, dejando una marca de sus dientes en ello, pero cuando comenzó a sentir esa corriente eléctrica en el toque de su novio por sus caderas, se alertó, ¿estaban a punto de hacerlo? Le distanció de nuevo, esta vez con las mejillas coloradas y los labios hinchados.
—Lo siento Milo, yo,… —pero no continuó, bajó la mirada y observó el miembro altivo y palpitante de su amado encima de él, justo entre sus piernas frotándose contra el suyo.
—Ya me excité…..—sonrió de costado, Camus se mordió los labios ¿eso podría entrarle?
—Milo, no creo poder hacerlo, es demasiado para mi….—intentó distanciarlo, pero Milo se le puso encima más fuerte.
—Escucha, no temas, para algo existen los lubricantes, ni siquiera lo sentirás si te preparo adecuadamente.
—Pero….es grande….—señaló, Milo le miró con una sonrisa y acarició los cabellos rojos entre sus dedos.
—Yo te cuidaré, Camus….—Milo estaba haciendo un esfuerzo abismal para que Camus aceptara y lo había logrado.
Se recostó nuevamente y lo atrajo a su cuerpo para besarse, la noche era larga y tendrían toda una vida para acostumbrarse al otro. Las caricias fueron intensas, eran fuego en su pie, los besos acallaban los suspiros que salían de los labios franceses, las miradas calientes e intensas comenzaban a arder el cuerpo ajeno.
Milo le preparó con mucho cuidado, sentía muy fuerte las tensiones del cuerpo ajeno y no quería que fuera lo mismo que le pasó al más pequeño de los pelirrojos, que la primera experiencia sexual fuera traumático, por lo que sería debut y despedida. Aun así, Camus toleraba más el dolor y solamente se tensaba y mordía sus dientes, el líquido comenzó a surtir efecto, dilatando aquella zona que creció en tamaño y una vez realizada la acción, Milo puso la punta de su miembro en la entrada del muchacho, flexionando las piernas a los costados. Entró muy lento hasta llegar al fondo, causando en Camus un dolor inexplicable mezclado con placer, pero cuando las caderas del menor se acostumbraron, las embestidas se apoderaron de sí.
—Aaaah….aaaah….Mi-Milo….—gimoteó abrazándose al muchacho que arremetía contra él.
La cama comenzó un fuerte vaivén, el sudor se mezclaba con el placer y la saliva, los besos se entonaban cada vez más fuerte, al ser las paredes del departamento muy finas, Milo creyó que hasta los vecinos del último piso escuchaban los gemidos de Camus y no eran para menos, estaba arrebatándole la virginidad de una forma muy placentera. El miembro ajeno recibía la fricción de ambos cuerpos hasta que comenzó a eyacular el líquido pre-seminal, Milo al sentir el propio sacó su virilidad afuera y se masturbo frente a la entrada de Camus, dejando la esencia solamente allí, en una forma de profiláctico para no embarazarle. El menor descargó la suya en su vientre, comenzando a ver las luces más brillantes.
Durmieron abrazados el uno contra el otro, hasta la mañana siguiente donde el menor despertó adolorido. Se estiró un poco y observó las marcas de su cuerpo, pero sobre todo el semen que estaba en su trasero y no había entrado en él.
Levantó a Milo con un beso y ambos se asearon en el baño para luego desayunar. Camus buscó entre las cosas de la cocina pero no había nada allí.
—Mejor bajemos a desayunar, al lado hay una cafetería —comenzó el rubio colocándose una camiseta nueva.
Al bajar por las escaleras, los vecinos le miraban, Camus podía sentir esos ojos clavados en su cuerpo, cosa que alertó a Milo que lanzó una mirada criminal. En uno de esos momentos cuando estaban cerca de la entrada, una viejecilla sale de su departamento con una bolsa de basura.
—¡Oh, hijito! —Comentó la anciana al ver a Milo—. ¿Ya desayunaste?
—No señora, Camus, quiero presentarte a Maria, ella es la madre de Aioria y vive en planta baja, fue la que me consiguió el departamento del tercer piso compartido con su hijo.
—Mucho gusto señora —hizo una reverencia, la mujer sonríe.
—El gusto es mío. Por cierto cariño, hoy hay reunión de consorcio en el departamento tres, creo que hay un matrimonio que no paró de gritar anoche mientras tenían sexo —Camus se sonrojó y miró a Milo—. Son muy ruidosos, vamos a tener que modificar algunas reglas.
—Ehm sí, claro….debemos irnos….—Milo toma el brazos de Camus y lo alejó.
—Adiós corazón, chau niño pelirrojo —saludó la anciana.
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—¿Sabes? Sería más feliz si no me siguieras todo el tiempo—. Comentó girando su cabeza mientras caminaba por la noche de Athenas—. Estoy intentando reunirme con un chico que conocí por computadora y presentarme con mi ex esposo no es algo que levante la libido.
—Justamente estoy aquí para que no hagas idioteces —comentó—. Dégel, hicimos el amor hace unos meses…
—No me lo repitas, caí bajo, es todo —gruñó y continuó, esta vez con pasos más acelerados, pero Kardia era muy veloz—. ¡Deja de seguirme!
—Claro que no, ¿sabes lo difícil que es encontrarte mientras corres? Yo iré contigo.
—No eres mi padre, ¡largo! —señala la calle por donde se encontraron.
—Lo haré si me das un beso…—sentenció, Dégel se quedó mirándolo.
—Debes estar bromeando.
—No, no lo estoy….
—¡No te daré un beso! —Ingresó al restaurante—. Disculpe, he apartado una mesa a nombre de Verseau.
—Oh, claro….—murmuró el muchacho de la recepción, tomó un menú—. Adelante.
—Gracias —a pesar que Dégel se apuró, Kardia había entrado velozmente y se dispuso a sentarse en la mesa apartada para Dégel y su cita—. ¡Kardia!
—¿Me podría traer el menú de los vinos? —Comentó con una sonrisa, el muchacho que pensaba que Kardia era la pareja de Dégel, simplemente asintió y fue a buscar lo pedido—. Siéntate cariño.
—No hasta que desaparezcas de aquí, él podría llegar y verte….y te mataré…—no le quedó otra opción que sentarse y mirar la puerta.
—¿Tanto miedo tienes que llegue el fulano ese? —Gruñó Kardia, gracias al cielo había una silla extra en la mesa—. El tipo puede sentarse ahí —señaló el lugar vacío.
—¿Y cómo le explico quién diablos eres tú? —cuestionó.
—Puedes decirle que soy el indigente al que cuidas —comentó con una sonrisa, Dégel bufó. En ese momento alguien se acerca.
Era un muchacho de al menos cuarenta años, vestido de traje, cabello oscuro y ojos de igual tono, parecía enojado pero era su mirada natural. Inmediatamente sus ojos se fijaron en el hombre de cabellos azulados quien sonrió, y luego en Dégel que se levantó para saludarlo. El hombre tomó la mano del peliverde y la besó con dulzura, cosa que hizo sonrojar al muchacho y hervir de furia a su ex esposo.
—Permíteme presentarme, me llamo Elcid Capri ¿puedo sentarme? —preguntó con elegancia, Dégel salió de su ensoñación para asentir.
—Y dime ¿Capri? De qué trabajas ¡aaay! —Kardia recibió un puntapié en su pierna anteriormente herida por parte del menor, quien le miró con ojos filosos.
—Disculpa a Kardia, Elcid, realmente no tiene modales….—sonrió gustoso—. Soy Dégel Verseau, de los Verseau de Francia…..
—Capri, España….mucho gusto…
—¿Y me dicen que en España hacen buena paella, verdad? —Tanto Capri como Dégel le miraron de costado—. ¿Qué?
—¿Quién es él? —preguntó el hombre.
—Es mi…..—Dégel no sabía cómo presentarlo—. ¡Primo! Mi primo….lejano, muuuuy lejano.
—¡Oye! —gruñó Kardia.
—Pasa que estaba en casa haciendo nada como siempre y tuve que traerlo, no le confió la seguridad de mi casa.
—¡Deja de hacerme quedar mal!
—Hmm, ya veo, bueno, no me molesta en lo absoluto —se acomodó su traje.
—Así que eres español, ¿puedes decirme algo en tu idioma? —Kardia comenzaba a irritarse, dado que el mismo Dégel parecía fascinado por el don nadie.
—Tienes los ojos más bonitos de este mundo —susurró en español, Dégel se queda mirándole—. Dije que tienes los ojos más bonitos de este mundo.
—¡Oh, eres muy tierno! —se sonrojó y puso su mano en la boca, Kardia frunció más el entrecejo.
—Bueno, bueno, basta de cursilerías….
—Tu primo se ve bastante celoso —comentó Elcid, Dégel bufó y observó al hombre.
—Es que no entiende que su tren ya pasó hace horas —gruñó y luego volvió a mirar a Elcid—. Bueno, y dime ¿de qué trabajas?
—Soy mayordomo.
—Jajajajajajajajaja…..—rio Kardia—. Un mayordomo, ¿realmente? ¡Un mayordomo!
—Cierra el pico, Kardia —le golpeó nuevamente el pie, lo cual hizo que Kardia tuviera que morderse el labio para evitar gritar—. ¿Un mayordomo? Que interesante.
—Sí, aunque en realidad estuve estudiando leyes hasta hace poco, tuve que tomar este trabajo para pagar mis estudios universitarios, luego me casé, tuve un hijo y debí cuidar de él, ya sabe…—suspiró—. Pero no soy importante, cuéntame de ti.
—Jajajaja, ¿viste Kardia? Al menos él si me escucha —criticó, Kardia bufó molesto—. Bueno, soy psicólogo, tengo dos hijos de diecisiete y quince años, estoy separado…—miró a Kardia—. MUY separado…..—volvió su vista a Elcid—. Y espero encontrar a alguien en mi vida.
—Yo también, ¿quieres ver fotos de mi hijo? —preguntó buscando su celular, Kardia miró de reojo un poco—. Aquí está Shura, tiene dieciocho años….es un chico muy aplicado.
—¿Eres entonces separado?
—Viudo en realidad….mi mujer falleció cuando Shura tenía tres años, de una enfermedad….—Dégel se sintió mal al traerlo a colación—. ¿Y tus hijos?
—Ah, sí, son ellos —sacó su celular y muestró la imagen de los dos pelirrojos—. Camus tiene diecisiete y Brendan quince.
—…..S-son…..li-lindos….—Kardia podría jurar, que de existir el sangrado nasal por excitación, Elcid lo tenía, y frunció el ceño—. ¿Tienen novios?
—El mayor si, el menor no….—se guardó el celular—. Pero creo que ya es demasiado conmigo para aguantar a alguien más jajaja….bien…. ¿qué te parece si ordenamos?
—Claro, quiero un bisteck con dos huevos fritos encima —habló Kardia, ambos tortolos le miraron.
—No hablaba contigo Kardia y quédate callado comiendo pan —le encaja la panera en el estómago—. ¿Tú que ordenarás?
—Hmm, dicen que las pastas en este restaurante son deliciosas.
—Hmm, pasta….que sofisticado…
—Kardia, basta…..
—Lo siento, lamento no ser TAN refinado como tú y tu don juan —gruñó mientras dejaba la panera en su lugar, Dégel frunció el ceño.
—Si no quieres estar aquí, lárgate.
—¿Y dejarte con un imbécil que acabas de conocer? ¡Claro que no! —masculló violento golpeando la mesa.
—Ehm….. ¿Quieren que me vaya? —preguntó Elcid al ver que ambos peleaban.
—¡Si/No! —gritaron al unísono cosas diferentes.
—El que debe irse eres tú, estas de más aquí —se levantó el peliverde, furioso, dirigiendo la mirada a su ex.
—¡Claro que no, él está demás aquí! ¿Qué tiene él que no tenga yo? —cuestionó.
—No lo sé, tal vez, inteligencia, buenos modales, buen olor, se viste bien, se baña, es sofisticado, se peina el cabello, no parece haber tomado nunca en la vida, está estudiando… ¿quieres que siga o con eso te basta, Kardia?
—¡Claro, porque todos en este puto mundo son mejores que yo! ¿Verdad? —se levantó y comenzó a retirarse.
—¡Vuelve aquí, no he terminado contigo! —le siguió. El mozo se acerca a Elcid una vez que la pareja se fue corriendo del local.
—¿Quiere seguir cenando solo?
Mientras tanto, fuera, se escuchaban los gritos de ambos, principalmente de Dégel quien estaba histérico. No podía creer que Kardia resultaba ser una sombra o una mancha en su vida, y más después de haberse acostado con él nuevamente después de tantos años. Dégel bufaba como toro embravecido, mientras que Kardia continuaba su caminata hasta su casa que quedaba a muy pocas cuadras de allí. Una vez que llegaron, el peliazul subió las escaleras, aun escuchando los gritos de su ex esposo.
—¿PUEDES CALLARTE, POR AMOR A DIOS? —Gruñó y abrió la puerta de la casa—. ¡Me tienes harto! No paraste un minuto ¿cuál es el puto problema?
—¿Por qué te emperras en arruinar mi vida? —cuestionó Dégel—. ¿Por qué te metes en mi intimidad?
—Porque somos una pareja.
—¡No, no lo somos!
—¡TUVIMOS SEXO! —gritó y entró a su casa, Dégel lo siguió y cerró la puerta.
—¡No lo grites! Pueden escucharte los vecinos…
—¿Y qué pensarían? Que tienes la vida sexual de la edad que tienes…uuuy que horror —tiró los zapatos al suelo y se sienta en el sillón—. Dégel, realmente no te entiendo…..
—Yo tampoco a ti….
—Estás enojado conmigo doce años, está bien, me mandé una grande, pero aun así vienes aquí, ves que he cambiado y tenemos sexo…. ¿para qué? ¿Para qué me trates como una lacra? Tú conoces la historia, conoces la historia de mi madre y conoces la de mi padre, eso fue sufrir durante años la tortura de vivir con un tipo que no solamente te golpea, te viola, sino que te humilla, y mamá aún seguía con nosotros y nos amaba a los cuatro….
—Te abandonó, a ti y a tus hermanos….—miró hacia otro lado.
—Pero me amó muchísimo, me cuidó que la bestia de mi padre no me hiciera daño —se estiró para tomarle la mano y hacerlo acercarse a su cuerpo, sentándolo en sus piernas—. Dégel, déjame por favor, déjame quererte como lo mereces, no quiero que pases el resto de tu vida con un hombre solo para intentar olvidar lo que no se puede olvidar.
—Lo sé….
—Hagamos el amor….—le tomó del rostro y lo besó.
Para sorpresa de Kardia, Dégel respondió intensamente ante cada caricia del muchacho, como si lo hubiera estado esperando todo ese tiempo.
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Camus había ido a la fiesta que organizaba Aioria y desde ahí comenzó a tener una relación muy buena con los amigos de Milo, sobre todo con Shaka y Mu, con quien congenió inmediatamente por la forma de ser de ambos. Aunque todos eran mayores, el rubio budista intentó integrarlo al grupo, siendo más amplio de mente y ayudándolo a interactuar con el resto, porque a decir verdad, el pelirrojo era malísimo para lo social.
De eso había pasado al menos una semana en la cual la vida de Camus como adolescente cuasi adulto había cambiado, particularmente porque mantenía relaciones sexuales al menos con un día intermedio, Milo lo cuidaba mucho y le hacía sentir muy bien, pero siempre estaba la llamada de Deuteros comunicándole más cosas sobre la boda, como que salón elegiría, las flores, el vestido de ella y el traje de él, estaba agobiándolos a ambos tortolos.
Esa tarde, Camus estaba sentado en la vereda junto a Shaka, ambos hablaban sobre la inminente celebración del casamiento entre Milo e Ivonne y por qué Milo no había comunicado a su padre el romance que tenía con Camus.
—Me gustaría que al menos tuviera una idea para retener a Milo —cerca de allí, estaba Afrodita cuidando sus plantas, que al oír esa frase paró la oreja.
—No lo sé, Camus, creo que deberías hablar seriamente con Milo y decir cómo te sientes, que él elija…. ¡ah! Vino Aioria y Mu, debo irme —se levantó sacudiéndose la ropa—. Este finde iremos a la playa con los chicos, ¿quieres venir?
—Le prometí a Milo que estaría cuando salga de su examen el sábado, además debo ir a visitar a mi hermano menor al psiquiátrico, así que….lo siento…
—Está bien, espero que se resuelva tu problema —comenzó el rubio y subió en el auto de Aioria, los tres saludaron al pelirrojo antes de partir.
Camus suspiró y estaba a punto de pararse cuando una mano lo detuvo, giró su cabeza y vio al vecino sonreír al lado de él y sentarse, dejando sus guantes de jardinería y gorro a un costado para poder interactuar con Camus. A pesar que Afrodita había vivido al lado desde hace más de cinco años, casi nunca habían mantenido una conversación.
—Tengo una idea para que ese hombre quede prendado a ti —comentó el muchacho—. Pero debes guardar el secreto.
—¿De qué se trata? —preguntó interesado.
—¡Un hijo! Un hijo siempre es la piedra que evita que se alejen demasiado —sonrió con malicia, Camus le observó sorprendido.
—¿Qué?
—Embarázate, tesoro, un embarazo es suficiente….eres bonito, deben tener buen sexo porque te he oído gritar….—Camus se puso tan rojo como su cabello—. Además, parecen una linda pareja, un bebé los terminaría uniendo.
—No lo sé, Milo no quiere tener un bebé, sería defraudarlo si lo hiciera sin consultarle…
—Ay querido, todos los hombres dicen eso, si yo no hubiera hecho esto, seguramente Valentino no se hubiera casado conmigo.
—¿Tienes un hijo?
—Dos….—se detuvo—. Oh, perdón, tres —se acarició el vientre—. Ya cuando le dije del tercero, no vio conveniente huir de mí, pero….
—¿Y si las cosas salen mal? —preguntó.
—Nunca pueden salir mal, tesoro, eres un chico muy apuesto…..quedará encantado y te verás tan bonito embarazado…..—Camus sonrió de costado.
No estaba convencido de todo pero aun así, ese mismo día a la noche, invitó a Milo a comer y terminaron enredándose en la cama, donde Milo sin pensarlo y confiando en Camus, eyaculó dentro de él. Probablemente se arrepentiría días más tarde cuando los síntomas comenzaran a aparecer, pero de algo era seguro, su amor por Milo y ganas de aferrarse a él eran más intensos que cualquier culpa.
Continuará.
