+Personajes propiedad de las CLAMP
Justo cuando creía que era su fin, que de verdad esas muertes violentas si pasaban en la vida real vio una flecha pasar a centímetros de su rostro y enterrarse en la mano del hombre que la soltó en el acto.
-¡Déjala!- Ruby Moon le había disparado certeramente y lo veía con odio puro ¿cómo se había atrevido a tocar a su amiga?
-No interfieras.- el hombre hizo unas poses con sus manos y unas enormes cadenas se extendieron por los brazos y piernas de la guardiana.
El ser se giró para proseguir con Tomoyo, quien se arrastraba tratando de huir. La tomó de una pierna y forcejeó con ella.
-Te dije que te marcharas y no me escuchaste.
-¡No lo haré!.- gritó tratando de mantener el control- No eres quién para darme ordenes ¡Spinel!-gritó con todas sus fuerzas mientras lograba propinarle una patada al ser intentando escapar.
Lo siguiente ocurrió a una velocidad sobre humana, primero el hombre había alzado su daga lista para caer sobre el cuello de Tomoyo, luego una enorme bola de fuego había invadido al hombre que apenas había tenido tiempo para protegerse, al instante siguiente Spinel estaba frente a Tomoyo cubriéndola con ambas alas y Ruby Moon se había liberado del agarre.
Sin que Tomoyo pudiera ver donde iniciaba una intensa luz invadió la habitación y en un vaivén de flashazos el hombre desapareció dejándolos aun sin acostumbrarse a la intensidad; Eriol apareció con báculo en mano.
-¿Están bien?- preguntó mirándolos uno a uno lentamente.
-Ese ser hirió a Tomoyo.- respondió Spinel al verla sangrar y temblar de forma compulsiva.
Eriol se acercó rápidamente a ella. Apenas había rozado su piel cuando una descarga sacudió su cuerpo, cayó hacia atrás sorprendido mientras la amatista lo miraba desconcertada ¿qué había pasado?
-¿Estás bien Eriol?- Spinel lo miraba preocupado mientras Nakuru volvía a su verdadera forma.
-S-si, sólo… ¿cómo te hizo eso? Sólo sentí una presencia muy extraña pero no pude ver al ser, lo lamento.
-Una daga… me dijo que desapareciera.- trataba de mantenerse consiente pero la adrenalina estaba desapareciendo además que ver sangre no le era del todo agradable.
-De acuerdo, curemos esto primero.- volvió a acercarse a ella y sin tocarla comenzó a emanar de ellas una luz plateada que la invadió de calidez, poco a poco la herida fue desapareciendo hasta dejar una ligera marca roja.- ahora bien ¿qué hacías aquí abajo?
-Tuve una pesadilla y bajé por un poco de leche. Pero hay algo que me desconcierta Eriol, sé que conozco a ese hombre, pero no sé de donde.- dijo aferrándose a Spinel que se mantenía cerca de ella.
-¿Lo conoces?
-Si y no, estoy segura pero a la vez…
-Que personita tan peculiar me he topado aquí.- la levantó del mentón y la miró de forma profunda- Si tú también comienzas a percatarte entonces debo tomarme las cosas en serio.- sonrió mientras la ayudaba a ponerse de pie.
-¿A qué te refieres?
-Haré una llamada a Hong Kong, creo que les interesará escuchar lo que ocurre aquí, además ¿no extrañas a Sakura?
-Si, pero me dijeron que ni ella ni Li se encuentran allí por el momento.
-Es momento de usar los privilegios que tiene el mago Clow.- le lanzó una mirada cómplice y se dispuso a marcar el teléfono; Tomoyo lo miró sin comprender, aunque después de todo ese tiempo comenzaba a acostumbrarse a ese tipo de cosas.
Eriol habló en un chino perfecto por largo rato ante la mirada seria de los guardianes y la adolescente, esta última se había negado a volver a la cama y había preferido permanecer despierta lo más que pudiera.
-Parece ser que mi descendiente va enserio con Sakura.- dijo nomás colgando el teléfono- Eso me alegra, aunque lo considero una persona muy divertida, y es muy entretenido ver hasta dónde puedo llegar a molestarlos no tengo ánimos de ayudarlo con su timidez.
-Descuida ya me he encargado yo de ello.- le dijo esbozando una sonrisa de sólo recordarlo.
Permanecieron reunidos en la cocina hasta que amaneció. Tomoyo comenzó a preparar unos panquesitos con la ayuda de Eriol mientras los guardianes permanecían atentos ante cualquier cambio de humor de su amo, a veces era un misterio incluso para ellos.
Tomoyo y Eriol caminaron juntos hasta la escuela donde se separaron al ver a Dylan aproximarse, no sin antes intercambiar unas miradas cómplices al señalar la mochila de Tomoyo, donde el guardián pantera se escondía.
-Si no te estimara tanto Tomoyo, créeme que haría rabiar al pelirrojo.- le dijo al alejarse mientras el deportista se acercaba con cara de pocos amigos.
-¿Qué te dijo de mí?- preguntó Dylan mirándolo con enojo.
-Nada que merezca tu atención ¿me acompañas a dejar un libro a la biblioteca?
Tomoyo había aceptado la invitación de su novio para comer en su casa, y aunque estaba segura de que Spinel le gritaría cuando volvieran, para ella era lo más sano estar alejada de esa casa que, si debía aceptar, cada vez le daba más miedo debido a los múltiples intentos de homicidio en los que se había visto envuelta.
-No puedo creer que seas tan buena en la edición de videos.- dijo Diane al ver la rapidez y precisión de Tomoyo al ayudarla con su tarea; sus dedos se movían magistralmente por todo el teclado y el mouse.
-Es un pasatiempo, lo hago desde niña.- dijo con una voz cantarina feliz del halago.
-Eres una chica sorprendente Tomoyo.- le sonrió de forma amistosa mientras la miraba desde el otro lado de la mesa. Dylan había tenido que salir por un encargo de su padre y Diana aceptó gustosa quedarse haciéndole compañía a la japonesa.- pero hay algo que me gustaría preguntarte.
-Adelante, si tengo la respuesta te la daré.- dijo sin separar su mirada del computador.
-Te noto rara últimamente.
-Es que estoy enamorada.- dijo poniéndose alerta ¿acaso Dylan le había contado?
-Lo sé y se les nota.- la miró de forma cómplice- pero me refiero a otra cosa… no sé cómo explicarlo.- miró de forma acusadora la mochila de la amatista mientras ella ponía su cara más inocente.
-No sé a lo que te refieres ¿rara de qué forma?
-No sabría explicarlo.- entrecerró los ojos de forma felina- ¿Y qué es esa línea roja que tienes en el brazo?- señaló el vestigio de la curación de Eriol.
-Me enredé con un alambre en el parque.- dijo tapándose rápidamente sintiéndose algo incomoda, ¿Diane poseía los mismos poderes que su hermano? O tal vez…
-¿Tienes algo que deba saber Tomoyo?- preguntó mirándola como si la estudiara, tal y como solía hacerlo Eriol, sólo que con más descaro.
-No… no sé a qué te refieres.
-Ya sabes, algo que debas decirme. No sé… tal vez la verdad sobre esa marca o sobre ti.- su voz no denotaba broma, la amatista se quedó callada meditando la pregunta.
-No tengo nada que decirte, y tampoco sé a qué te refieres.- dijo con incomodidad.
-Eso espero.- el ruido de la llave al abrir las alertó de la llegada de Dylan.
Aunque Tomoyo se había sentido un poco incomoda pronto olvidó ese sentimiento, pues tras la llegada del pelirrojo las cosas volvieron a ser como antes.
Tomoyo se dejó caer en la sala de la mansión agotada, si bien Diane no había vuelto a insistir en el tema, ahora se sentía preocupada ¿qué tanto sabía?
-¿Sucede algo pequeña Tomoyo?- Eriol se le acercó para ofrecerle un poco de té y galletas que el mismo había horneado.
-No lo sé.- contestó distante.
-Tengo una noticia que seguramente te alegrará… más bien dicho son dos.
-¿Qué es?- dijo prestándole más atención.
-Sakura está en una prueba, por así decirlo, pero en cuanto las cosas salgan bien vendrá a visitarnos. Y la siguiente tiene que ver con tus padres.
-¿Mis padres?
-No están divorciados, y aunque sé que no es precisamente legal lo que hice averigüé que aunque tu madre ha presentado la demanda varias veces después de unos días siempre la retira.
-¿Por qué haría eso?
-Porque duda de si debería hacerlo, por alguna clase de sentimiento que aún tiene por el señor Taro.- sonrió con la mirada de Clow, había encontrado otra forma de divertirse.
-¿Y si sólo lo duda por mí? Mamá casi nunca habla de sus sentimientos…
-No puedo hacer nada con una mujer que está tan lejos… pero lo intentaré si es lo que te preocupa… ahora bien tu padre…
-¿Si?
-Creo que necesitamos hacerle una visita de "compromiso".- le dijo con una risita burlona mientras la japonesa abría mucho los ojos.
-Conociéndote como lo hago sé que no recalcaste esa palabra por puro gusto.
-¡Oh vamos Tomoyo! Eres mi única amiga si no me divierto contigo de esta forma ¿con quién lo haré?- le dijo de forma juguetona sentándose con ella- sé bien que estás con el "cabello de fuego" y te aseguro que no pretendo separarlos, pero es que esto se está poniendo tan emocionante que apenas y logro controlarme, dame ese gusto ¿si?- le dijo implorante, casi como si fuera un niño pidiéndole a su madre 5 minutos más para ir a los columpios.
-No entiendo del todo que es lo que quieres, pero si te hace feliz acepto.- dijo sin poder negarse ante tal mirada, él era una monada de chico.
-Como solías decir, hay que saber estar vestidos para la ocasión, así que necesitamos ir de compras antes de partir.
-Si me explicaras el porqué de varias cosas sería más divertido.-Tomoyo caminaba junto a él con un sencillo vestido blanco y un chal en los hombros, llevaba una pulsera con perlas a juego con los aretes que el inglés le había regalado para Navidad.
-Espero que seas buena actriz porque necesitaré de todo tu talento para lo que está por ocurrir; te apuesto a que las cosas saldrán como me lo espero si me sigues la corriente.- le dedicó una sonrisa galante, traía puesta una camisa azul cielo y un pantalón oscuro, llevaba cargando un pastel.
-Me gustaría saber un poco del personaje que debo interpretar.
-Sólo ten en mente que eres hija única, la consentida de tu padre ¿qué haría si pensara que está a punto de perderte?
-¿Perderme? Bueno supongo que como acaba de encontrarme sería algo que no toleraría…
-Los padres son celosos guardianes.- sonrió mientras se aproximaban a la puerta, de forma rápida la tomó de la mano y le dedicó una sonrisa ante su cara de asombro y ligero sonrojo.- hagamos que tu padre crea que estamos saliendo.
Tomoyo apenas asimilaba la idea cuando Eriol ya había tocado el timbre. Fue incapaz de externar alguna idea pues su boca se movía pero su voz se había esfumado ¿de qué se trataba eso? ¿se estaba burlando de ella?
Los pensamientos de la joven se vieron interrumpidos cuando su padre abrió la puerta, les dedicó una flamante sonrisa y luego miró suspicaz sus manos, la japonesa se sintió un tanto incomoda.
-Perdón por molestar señor Daidouji.- el encanto inglés destilaba por los poros- sé que no es cortés de nuestra parte presentarnos de esta manera pero quisimos traerle este pastel y hablar con usted antes que cualquier cosa.
-¿Hablar conmigo?- miro de nuevo la mano entrelazada de la pareja y a su hija esquivando su mirada ¿acaso…
-¿Somos inoportunos?
-No en absoluto, adelante, adelante, prepararé te.
La pareja lo siguió hasta el comedor donde descansaron el pastel mientras él se apresuraba a la cocina.
-No comprendo tus razones.- Tomoyo se deshizo de su mano tímidamente- Tu y yo no somos pareja…
-Lo sé, pero si les presentas a Dylan las cosas se verán peor pues vives en mi casa.
-¿Y eso no suena por sí sólo bastante mal?
-Tranquila, tenemos a Nakuru y a Spinel.- le guiño un ojo divertido de hacerla exasperar- Ya hablando en serio, sólo estamos fingiendo, intento hacer que tu padre busque a tu madre.
-¿Y por qué lo haría?
-Porque su niñita está creciendo.- observó la cara de Tomoyo, hilaba cada idea para poder comprenderla- No te preocupes va a funcionar, he estado investigando a tu padre y te puedo decir que en estos momentos lo conozco mejor que él mismo. Una vez que busque a tu madre les tenderemos una trampa.
-¿Funcionará?
-¿Confías en Clow?
-En lo absoluto.- su tono serio alarmo a Eriol, quien la miró sorprendido- Yo no conozco a ese mago, pero sí confío en ti.- volvió a posar su mano en las del joven al escuchas los pasos de su padre.
-Perdonen la tardanza.
La tarde pasó veloz, Tomoyo le contaba a su padre sobre la salud de algunos parientes mientras Eriol no apartaba la mirada de Tomoyo, o por lo menos eso parecía, pues miraba de reojo al señor Tarou.
-Señor Daidouji.- el inglés se puso de pie e hizo una gran reverencia sobresaltando a los presentes, quienes no lo habían visto venir- el motivo de nuestra visita es para informarle que estamos saliendo.
La atmosfera se tensó en el acto, el hombre se puso rígido y fijó sus ojos en los de su hija, quien sintió su cara arder y luego un vacío en el estómago al reconocer en su padre aquella mirada que se le daba tan bien: la sospecha.
-Papá…
-¿Saliendo? Supongo que es por algún sentimiento de por medio ¿no?
-Por supuesto.- Eriol se veía sorprendido ¿no era esa una pregunta obvia?
-Conociendo a Sonomi no sería de extrañar algún tipo de acuerdo monetario.
-Ese no es el caso.- sacó el aire aliviado, esa familia sin duda siempre lo divertía.
-Tomoyo ¿cómo te fijaste en él? Tómenlo como la más sincera curiosidad.- El hombre miró a su hija directamente a los ojos no dándole tiempo ni de parpadear.
-Bueno… nosotros… es algo vergonzoso de expresar.- dijo tratando de escapar de tal bochorno.
-No te juzgaré hija, sólo quiero saber cómo nació el amor, la última vez dijeron que sólo eran amigos.
-Pues… en mi caso… nació cuando éramos niños.- se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y clavó su mirada en la mesa- creo que pasó por varias etapas, Eriol me gustó desde el momento en que lo vi, como a muchas otras. Aunque no puedo decir que hayamos sido precisamente amigos esa atracción se volvió algo más fuerte, en el fondo sentía que era como yo.
-¿A qué te refieres?- miró a su hija con incomodidad.
-Ambos estábamos solos… de alguna manera nos escudábamos en nuestra personalidad para mantener a la gente apartada de nuestra verdadero ser, de nuestro pasado, nuestro secreto.-miró al inglés, quien no le quitaba la vista de encima; sin embargo su expresión era indescifrable- Esos sentimientos permanecieron ocultos hasta que nos volvimos a encontrar.- Tomoyo levantó la mirada para encontrarse con los de su progenitor, quien la miraba serio.
Eriol miró esa pequeña guerra de miradas, si bien para cualquiera habría sido un momento incómodo para él había sido entretenido, jamás le había preguntado a Tomoyo cómo se había enamorado de él, no porque no quisiera saberlo sino porque la consideraba una persona valiosa como para lastimarla injustamente.
-De acuerdo ¿y tú Eriol?- clavó sus ojos en el inglés- ¿cómo te enamoraste de mi hija?
Eriol lo supo entonces, intercambió una rápida mirada con su supuesta novia para confirmarlo; ella había obtenido su don de leer a través de las personas de su padre. Sentía la misma presión que cuando ella lo miraba, podía verlo esperando su respuesta. Si mentía más le valía hacerlo bien.
-Bueno… yo recuerdo que desde la primera vez que la vi se me hizo una chica bellísima.- eso le daría tiempo de calmar los latidos de su corazón, no había previsto que su padre hiciera esa pregunta- Si he de confesarlo no noté a su hija hasta el final del día de clases a pesar de sentarse justo enfrente de mí. Ese día salí tarde de la escuela y fue cuando escuché su voz- sonrió de forma amable- estaba practicando con el coro y me acerqué para escuchar, había estado oyéndola escondido hasta que abrió la ventana en busca de un poco de aire. Recuerdo que nuestras miradas se cruzaron y sólo pude pensar "¡que ojos!".- terminó el comentario con una sonrisa, ese había sido su pequeño secreto por mucho tiempo.
-Eriol…
-Si le soy sincero en esa época yo salía con alguien más y no éramos más que dos niños, fue hasta que nos reencontramos que comencé a verla de otra forma.- sonrió a modo de disculpa ¿lo había convencido?
-¿Puedes ser más específico? –el hombre lo miraba con los brazos cruzados.
Eriol suspiró, no era tan sencillo engañarlo. Tomó unos sorbos de té para ganar tiempo y luego tomó la mano de Tomoyo entre las suyas.
-Siempre estuvo a mi lado, es decir a pesar de que soy un idiota sigue aquí. Me ha visto en mis peores momentos, cuando no puedo evitar ser como soy, y también me ha apoyado aun cuando eso le causa dolor. Al principio era una persona más, pero es como si fuera la única que calma mi soledad, que me entiende… que me prefiere antes que a mi otro yo.- miró de frente al hombre- Sé que no soy ni mucho menos el mejor hombre para Tomoyo, pero ella siempre ha sido más de lo que yo merezco, no hay nadie en este mundo que me comprenda así… es como si pudiera leer a través de mí. Sólo sé que en algún momento se hizo una necesidad tenerla cerca.- repitió de forma atropellada.
Tomoyo miró a su padre en busca de disgusto o sorpresa, lo que Eriol acababa de decir no decía mucho en sí. Pero tampoco era la típica mentira, más bien eran los deseos desesperados de alguien que no sabe cómo poner los sentimientos en palabras, justo como era el inglés.
-Ya veo.- comenzó a jugar con sus dedos mientras la reencarnación de Clow clavaba su mirada en la mesa ¿tan mal había salido?- Supongo que son muy jovenes para conocer el verdadero significado, aun así veo a mi hija feliz y tu me pareces un buen muchacho que sabe cuánto vale; pero no crean que por eso se los pondré fácil y más si están viviendo en esa casa juntos, no es correcto.- su rostro se había puesto serio y parecía estar pensando a mil por hora para encontrar la manera de alejarlos.
-No vivimos los dos solos, mi prima Nakuru habita con nosotros, además tenemos un gato llamado Spinel- sonrió mentalmente al pensar que pasaría si su guardián lo escuchara- él duerme con ella y aunque yo sea su amo puedo asegurarle que le ha tomado tanto cariño que me morderá si llego a acercarme.
-Aun así no creo que sea correcto… Tomoyo puede vivir aquí si así lo desea.
-No lo deseo.- la pelinegra tomó nuevamente la mano de Eriol- Eres mi padre y te quiero pero no estamos acostumbrados a vivir juntos, en cambio con Eriol hemos llegado a buenos acuerdos, él sería incapaz de faltarme al respeto, así como yo tampoco lo permitiría.
-Pero Tomoyo tu madre…no estaría de acuerdo, estoy seguro.
-No ha dicho nada en estos meses ¿por qué lo haría ahora?
Las miradas se tensaron, ni padre ni hija darían su brazo a torcer, eran bastante tercos cuando se lo proponían.
-Hablaré con Sonomi, ella tendrá que escucharme.
-Hazlo, pero se necesitará de más para sacarme de casa de Eriol.- se lecantó con una sonrisa retadora- si me disculpas papá debemos irnos.- jaló de la camisa al inglés para que se incorporara.
-¡Tu madre sabrá de esto! Seguramente es su culpa que pienses así.
-Yo nunca estuve de acuerdo en que se separaran y no me tomaron en cuenta ¿yo por qué lo haría?- preguntó dolida sin soltar a Eriol, a quien llevaba arrastrando.
La pareja de chicos salieron de la casa sin decir más, caminando en silencio hacia la parada de autobús, ella aun aferrándose al brazo de él mientras la observaba.
-¿Salió como lo esperabas?- dijo en un susurro.
-No del todo, ya debería haber aprendido que por lo general mis planes nunca terminan como lo espero. Lamento que hayan discutido así, no era esa mi intención.
-¿Y entonces cuál era? ¿Acaso pensabas que en verdad simplemente correría a llamar a mamá después de vernos juntos? ¿Qué no trataría de evitarlo? ¿Qué yo lo expondría a ese ser de forma tan torpe?- preguntó dolida sintiéndose un simple títere en algún juego del peli azul.
-No creí que pensara que eres como tu madre ¿ella es en verdad tan ambiciosa?
-No. Sé que hizo cosas mal, como tratar de separar a los padres de Sakura, o fijarse en la posición de mi padre antes de enamorarse… o aferrarse a lo que nos había dejado para volverse exitosa por si misma aun cuando dejara a una niñita sin mamá la mayor parte del tiempo; pero sé que es una buena persona.
-Piensa que haces las cosas por ambición ¿no?
-¿En serio tienes tanto dinero?
-Un poco.- sonrió quitándole importancia- Pero jamás creería que sientes algo por mi dinero, sobre todo teniendo en primera instancia mi magia, cosa que no veo que desees tampoco.
Cuando abordaron el autobús ambos guardaron silencio, tenían sus propios asuntos en mente como para seguir hablando sobre la ambición. Cuando llegaron a casa ambos se excusaron con los guardianes para ir a su habitación.
Eriol se lanzó a la cama aun con la ropa puesta ¿Qué había hecho ese día? Le había parecido una buena idea, su padre se pondría celoso y llamaría a Sonomi, después se verían para hablar de Tomoyo y el amor volvería pero, en vez de eso había ocasionado una pelea entre padre e hija, y más importante ¿qué había sido todo eso de sus sentimientos por la japonesa?
Se tapó la cara con el brazo ¿de dónde habían salido esas cosas? Algunas habían estado allí siempre, como lo de sus ojos en el primer día de clases, algo que el avergonzaba, pues no había actuado como un mago, sino como un niño maravillado. Recordaba vagamente la curiosidad que le despertaba la amiga de Sakura, siempre tan bien vestida, tan educada, tan perfecta… como él, y como se esperaba se parecían más que en eso, el tiempo quitaría el velo de lo que deseaban cubrir con su amistoso comportamiento.
¿Pero y lo demás? Era cierto que Tomoyo lo hacía sentir bien, no podía negarse la alegría que lo invadía al saber que para ella no era la reencarnación de nadie, sino un amigo y nadamás, y que se sentía de algún modo feliz por eso, agradecido de tenerla allí y molesto con Dylan por…
Abrió los ojos de golpe ¿qué estaba por decir? Se incorporó tembloroso y entró al baño a mojarse la cara, las cosas pintaban mal hasta para un observador como él.
Tomoyo cepilló mecánicamente su cabello, las últimas semanas habían sido lo peor; despertaba gritando en la madrugada y tardaba horas en dormir de nuevo, a veces simplemente despertaba antes del amanecer.
-Aún es muy temprano Tomoyo.- la pantera la miraba sentada en el tocador moviendo su cosa al compás del cepillo.
-Mejor así, tengo ensayo con el coro.
-¿Tu madre sigue sin llamar?
La japonesa esperaba que su mamá llamara en cualquier momento para saber la historia del deshonor a la familia. Sonomi no estaba enterada de con quién vivía su hija.
-Lo prefiero así, no sé qué decirle si lo hace.- unos golpes a la puerta la sacaron de su movimiento mecánico.- A-adelante.
Eriol entró ante la sorpresa de todos con una caja de madera oscura, parecía vieja y rota, pero aun podía notarse cierta clase de lujo que poseyera en algún tiempo.
-Si tienes problemas para dormir puedo usar un poco de mi magia, esas ojeras no son de mi agrado en un rostro tan bonito como el tuyo.- dijo Eriol, provocando un sonrojo en el rostro de la amatista.
-Si duermo y él aparece… moriré, prefiero estar alerta aunque lo único que pueda hacer es gritar.
El inglés lo pensó mejor y decidió no replicar, lo angustiaba saber que estaba en peligro y él no era de ayuda.
-Quiero que mires lo que hay aquí dentro.- le puso la caja en las manos y la animo a abrirla.
Tomoyo sacó una daga que parecía de plata, tenía el símbolo del ying y el yang en el mango y unas inscripciones en chino que no podía leer.
-Esta es…
-¿La reconoces?
-Sí, es la daga del ser que me persigue, con la cual me hirió el hombro.
-¿Estas segura?
-Sí, es la misma.- la sostuvo en sus manos con miedo ¿cómo la había obtenido?
-Regresó…- Eriol mostró por primera vez cansancio en su rostro ¿estaba preocupado?
-¿Quién?
-Todo a su tiempo Darling, todo a su tiempo.- le acarició cariñosamente la cabeza- Ya que ninguno podrá volver a dormir ¿me ayudas a preparar el desayuno?
Tomoyo asintió tratando de descifrarlo.
-¿Me la puedo quedar?
-¿Te gusta?.- la amatista se encogió de hombros.
-Es una pieza exquisita; sin embargo me recuerda algo. Sé que la había visto antes.
Eriol sonrió.
-Consérvala si eso te hace feliz ¿te parece bien hot cakes para desayunar?
-Si, hagámoslos con forma de la cara de Spinel.- se levantó sonriendo mientras el gato protestaba.
Tomoyo olió con vehemencia el aroma proveniente del cuerpo de Dylan, este la tenía abrazada y había hundido su cabeza en el hombro de la japonesa. Estaban en casa del pelirrojo y aunque sabían que Diane estaba en algún lugar de la casa un impulso adolescente los había hecho buscarse el uno al otro.
-Eres la chica más impresionante que conozco.- le dijo en un susurro- No vuelvas a Japón nunca.
-Debo hacerlo, pero puedes visitarme las veces que gustes.
-Si por mi fuera me iría para siempre.
Una tosecita los hizo mirar a la puerta. Diane estaba allí de pie un poco sonrojada al ver la escenita.
-Tomoyo me dijiste que te avisara cuando fueran las tres.- dijo señalando el reloj.
-Debo irme, me toca hacer la comida.
-Eso no es justo, no quiero que te vayas.
-Vamos, nos veremos mañana en la escuela.- le dedicó una sonrisa.
-Lo pensaré si me das un besito.- sonrió de forma coqueta.
-Pero… Diane.
-A mí no me pongas de pretexto.- fingió estar ofendida- Si van a hacerlo háganlo rápido.- les dio la espalda y centró su mirada en una esquina.
Dylan acarició cariñosamente el cuello de Tomoyo con la nariz y fue subiendo hasta encontrar sus labios, los apresó de forma juguetona hasta que se fundieron en un tierno beso.
Tomoyo salió un poco colorada tomando su mochila.
-Gracias por todo, debo apresurarme o me dejará el bus, nos vemos.- salió presurosa ante las miradas de los mellizos.
-¿Es hermosa no?- dijo sonriendo.
-Si, pero sigo creyendo que oculta algo, en esa mochila pasa empezar.
-Déjala, a su tiempo lo sabremos.
Diane suspiró harta, la curiosidad la estaba matando. Se acostó en el sillón junto a su hermano dispuesta a perder el día viendo películas cuando su mirada recayó en una bolsa rosa.
-Tomoyo olvidó sus moldes para postres.- dijo entre un bostezo.
La japonesa caminaba de prisa hacia la casa de Eriol.
-No me gusta ir a esa casa, es la cosa más aburrida estar aquí metido como si fuera una cosa.- el guardián la reprendía por una abertura del cierre.
-Perdón Spinel, pero no puedo mostrarte ante ellos.
Había llegado frente a la mansión y justo entonces recordó la bolsa, se dio un ligero golpe en la frente mientras analizaba la situación y veía la hora.
-Golpearse a sí mismo ¿no es un signo claro de locura?- Eriol apareció tras ella susurrándole al oído.
-Probablemente ¿acaso estaré demente?- dijo con una sonrisa.
-Seguramente, pero te diré un secreto. Las mejores personas lo están.*
Se sonrieron de forma cómplice.
-¿Y de qué se queja tanto Spinel-sun?
-Ha estado en mi bolsa demasiado tiempo.
-Ah tienes una pestaña.- se acercó para quitársela con cuidado cuando sintió esa explosión de ira tras él.
-¡Eriol!-gritó alguien tras ellos haciéndolos girar.
Diane los veía hecha una furia, había soltado la bolsa de Tomoyo y hecho a un lado la bicicleta.
-Diane…¿se conocen?- la japonesa se mostraba confusa ante el intercambio de miradas.
-Vives con él ¿no es cierto?- su voz se mostraba gélida.
-Si… es que…
-No me importan tus explicaciones, así que eres una más de su séquito…
-No deberías hablar así de Tomoyo.- Eriol la miraba serio, aparentemente incomodo por su visita.
-Tu cállate, eres el menos indicado para hablar. Y tu ¿cuándo pensabas comentárselo a mi hermano?
-Bueno es … no era…
-Por eso notaba algo raro en ti, es la esencia de él ¿ella también es un juguete? ¿Qué clase de poder tiene?
-Tomoyo es mi amiga, sólo eso Diane. Tu eres la que piensa en ti como un juguete, para mí nunca fuiste…
-Para ti no era más que un entretenimiento. No tengo por qué seguir aquí. Allí están tus moldes y te agradecería no pisar nunca mi casa, ah y aléjate de mi hermano, seguramente cuando sepa esto no querrá saber nada de ti.
-Pero… Diane yo…- hizo ademán de seguir a la pelirroja, pero ella ya se había montado en la bicicleta y pedaleaba con furia por la calle.
-Lo lamento.- la tomó de la mano para evitar que se fuera.- debí estar más alerta no sabía que te estaba siguiendo, no debí haberte hablado.
-No hiciste nada malo, es decir no…
-Tomoyo entremos, es momento de explicarte algo.
La pelinegra lo miró sin entender ¿Qué había pasado? Es decir, no estaban haciendo nada malo ¿por qué la reacción de Diane?¿Cómo es que conocía a Eriol? Su mente comenzaba a atar cabos sueltos, el odio de Dylan por el ojiazul, poderes mágicos… algo iba mal.
Caminaron directo al despacho del mago donde le hizo una seña para que se sentase, Spinel pasó volando cargando la bolsa que contenía los moldes y cerró la puerta tras él, les daría privacidad.
-¿Tienes alguna teoría?-preguntó el inglés con las manos en el escritorio, expectante.
-Bastantes, pero no tengo ganas de jugar a los acertijos, quisiera saber la verdad,
-Es una pena, pero es justo.- suspiró el inglés.- Veamos… supongo que ya sabes que tanto Dylan como Diane poseen poderes mágicos, no tan potentes como a los que estás acostumbrada, pero los tienen.- la japonesa asintió- Bien… Diane estudiaba en nuestro colegio el año pasado y como te imaginarás me interesó demasiado su don.
-Es la chica con la que engañaste a Kaho.- soltó entre lágrimas, ahora todo tenía sentido, el odio de Dylan, la reacción de su hermana…
-Así es, sus poderes son increíbles. Nos volvimos amigos a pesar de sus sentimientos hacia mi, no pude detenerme aun sabiendo el daño que le provocaba; mi mórbida curiosidad es terrible.
-Por eso Dylan te odia y ella se cambió de escuela ¡Por eso jamás haz replicado nada en contra de él a pesar de sus ofensas!
-Su odio hacia mi es bien justificado, en cuanto a ella… jamás terminaré de pagar por lo que le hice, quisiera que me escuchara, pero como te has dado cuenta cree que sólo me burlé y la utilice.
-¿Y no fue así? ¿La quisiste?
-Si, la quise. Es una mujer hermosa y con un poder tremendo, además es dulce y buena persona pero no era el momento indicado para nosotros.
-¿Por qué no le explicas?- un atisbo de celos invadió su corazón.
-No quiere verme o escucharme y con justa razón. Sin embargo, a pesar de que yo merezco todos sus insultos tu no, no voy a permitir que tu relación con Dylan se vea afectada por mi causa.
-No pasará…él seguramente me va a creer y…
-Lamento sólo ser un estorbo en tu vida.- dijo apesadumbrado- creí que las tonterías que cometía no lastimarían a otra persona que no fuera a mi, pero ahora me doy cuenta que tengo demasiadas personas a mi alrededor.
-Eriol, sé que estás acostumbrado a hacer todo solo, y no está del todo mal, pero no porque cometas errores me voy a alejar de ti, eres mi mejor amigo y sabes cuánto te aprecio y aunque Diane me simpática ahora el que me importa eres tu. Sé que la comunicación no es precisamente tu fuerte y que no encuentras una manera de pedirle disculpas, piensas que mereces su odio y eso sanará cualquier herida que le hayas producido pero no es cierto, deben arreglar sus diferencias si tanto la quieres, ahora que ya no está Kaho…
-Eres un alma sabia Tomoyo, pero te ves opacada con tu inocencia. Las personas no son remplazadas por otras ni los sentimientos se conservan estáticos. No tengo intención de salir con ella, sobre todo porque para los ojos de tu padre estoy saliendo contigo.
-Eriol…
-No me estoy escudando contigo, y tampoco estoy jugando. Ya te lo he dicho jamás te lastimaría y no por Sakura.- dijo al ver como hacía pucheros- sino porque te estimo y no creo poder salir bien librado de algo así.- dijo sonriendo más para si- sólo es divertido estar así contigo… sin compromisos o cosas raras…
Ambos guardaron silencio viendo el escritorio hasta que Nakuru los llamó a comer. Sin mediar palabra salieron de la habitación, una con más preguntas que respuestas, el otro sintiéndose raro de pronto.
Para Tomoyo las cosas se venían difíciles, esa noche después de cenar, mientras reposaba en su cama leyendo un libro vio a Spinel tensarse de pronto.
-¿Ocurre algo?
El ser creció y salió corriendo con ella pisándole los talones, algo le decía que mantenerse cerca de él era más seguro que quedarse en el cuarto.
Al bajar vio a Ruby a lado de Eriol en la puerta de la casa, se apresuró a unírseles y ver lo que pasaba, pero antes de llegar vio a Eriol girarse y lanzarse sobre ella para cubrirla de algo invisible. Sintió el peso del inglés sobre su cuerpo y un ruido ensordecedor a su alrededor, se llevó las manos a los oídos mientras cerraba los ojos.
Ruby Moon salió de la casa dispuesta a detener a los atacantes, pero la voz de Eriol en su cabeza la hizo frenarse; su amo se negaba a defenderse.
Tomoyo se puso de pie con ayuda de Eriol, este la tomó de la mano y la encaminó hacia la entrada, pero antes de que pudiera llegar a ella una de las ventanas se hizo añicos y, aunque ella logró protegerse con las manos y Eriol la quito justo a tiempo de la ruta de los cristales algunos lograron rozarle los hombros, que estaban descubiertos por el top del pijama.
Eriol miró furioso como ella gritaba de dolor alertando a Spinel que fue a rodearla con sus alas. En un abrir y cerrar de ojos estaba atrás de la pelirroja desarmándola de un ligero golpe en la nuca que la hizo perder el equilibrio. Dylan trató de atacar al mago pero Ruby Moon le bloqueo el camino dándole un puñetazo en el estómago.
-Es suficiente.- la voz de Eriol se mostraba enérgica y sin atisbo de simpatía, su mirada se había transformado en la del mago que todos temían y sin esperar respuesta les dio la orden a sus guardianes de que metieran a los mellizos a la casa mientras él se acercaba a revisar a Tomoyo.
-Estoy bien.- le dijo al mago cuando se acercó, pero no le prestó atención y miró sus heridas con preocupación.
Paso sus manos por las heridas haciendo que su magia los curara poco a poco dejando solamente la irritación en la piel.
-Si las heridas son más profundas mi magia es nula, creo que debo comprarte un armadura o un día de estos me darás un susto de muerte.
-Gra-gracias.- dijo apenada al sentirse el centro de atención de su amigo.
-Y ustedes ¿qué se supone que hacían?
-Quiero una explicación.- Dylan se adelantó a hablar- Primero mi hermana y ahora Tomoyo ¿nunca te cansas? No permitiré que te rías de ella, no dejaré que la dañes.
-No te das cuenta que fueron ustedes los que la lastimaron, y eso no lo pienso permitir.- miró de forma dura a Diane que no se atrevía a moverse al ver a la pantera que no dejaba de verla lo más atemorizante que podía.
-Pudo haberse defendido, seguramente es muy poderosa, por eso te gusta.- logró articular.
-Tomoyo no posee poderes.
- No me vengas con ese cuento ¡¿qué otra cosa te pudo haber interesado de ella?!
Eriol y Spinel la miraron con furia contenida, incluso su hermano reconoció que se había pasado, pero no hizo falta que ninguno actuara; Tomoyo se adelantó y la abofeteó frente a todos sin mediar ninguna palabra, La japonesa se veía molesta y decepcionada, con lágrimas en los ojos, mezcla de rabia y dolor.
-Diane, puedo aceptar que me odies, sé que lo merezco, pero Tomoyo no es la clase de persona a la que puedes insultar y menos en mi casa. Ella es mi amiga independientemente de si tiene magia o no, discúlpate.
-Yo sentí poder a tu alrededor, no puedes engañarme.- se había puesto de pie y la miraba igual de enojada y al borde del llanto.
-Era Spinel.- dijo señalando al guardián- siempre me acompaña.
-No es posible, Eriol sólo busca poderes, debes de tener aunque sea un poco de magia en tu interior…
-No lo tengo, soy una humana cualquiera.
-Entonces tu eres la que buscas su magia.- una nueva bofetada se estrelló en su rostro haciéndola derramar más lágrimas.
-¡No vuelvas a decir eso! Eriol es una persona increíble más allá de sus poderes. Magia, magia, magia, es lo único que escucho todo el tiempo ¡A mí no me interesan esas cosas! La gente vale por quién es y lo que hace.
-Tomoyo.- Dylan se acercó a ella- explícame que pasa.
-Nada, vivo con Eriol ¿eso es tan problemático? Te he dicho que somos amigos de la infancia.
-¿Por qué no me lo dijiste? Sabes que él no me simpatiza.
-Precisamente por eso. Ya veo que tu reacción fue peor a lo que me esperaba.
-Es normal, estoy celoso.
-¿De qué? Vivo con él, eso es todo. Y el que seas mi novio no te da derecho a venir por la noche a atacar esta casa.
-Entiéndeme estaba celoso.
-¿Y era muy difícil llamarme en vez de hacer esto?
-Bueno… yo creí que tu y él…
-¿Yo y él que?.- dijo lo más serena que pudo.
-Tenían algo, como en la escuela siempre están juntos y…
-Ni siquiera tengo ganas de seguir hablando de esto, Dylan terminamos.- dijo dando media vuelta.
-Tomoyo espera… tienes que entenderme yo creí que tu y él… sé que es una tontería, digo quien podría querer a un dandy como él, sólo mi hermana pero…
-Dylan no quiero hacerte daño, sólo dejemos las cosas como están ¿ok?- se soltó de forma lenta del agarre del pelirrojo y le sonrió- no quiero que nos lastimemos.
-Tomoyo… acaso tu…
-Fue lindo Dylan, pero tengo una vida demasiado complicada por ahora.- le sonrió de forma dulce e hizo una gran reverencia antes de marcharse, seguida por Spinel.
-Diane ¿quieres ir a mi despacho a charlar?- le dedicó una sonrisa a la llorosa chica, esta asintió al ver lo que acababa de provocar.
Entraron al despacho dejando a Dylan en el sillón con una curiosa Nakuru, quien al no comprender por completo la situación se ofreció a traerle algo de beber.
Tomoyo meneaba por octava vez su chocolate con menta mientras su padre les hablaba sobre el honor y deber de una buena pareja.
Habían quedado de verse en el centro comercial después de la escuela y como siempre su padre trataba de atraparlos en la mentira de su relación.
Eriol miraba con sumo interés los gestos de aquel hombre, sabía que era una buena persona y amaba a su hija, pero al parecer el resentimiento con su esposa y el temor de que Tomoyo fuera igual a ella lo trastornaban.
-Señor, con todo respeto jamás lastimaría a su hija y si le soy franco por la cabeza de ninguno ha cruzado la palabra boda.- dijo aguantándose la risa.
-Si se aman ¿cuál es el problema?
-Que tenemos 16 años papá.- dijo la japonesa un poco desesperada.
-La prima de tu madre a esa edad…
-Papá… con todo respeto, no soy la tía Nadeshico ni él es un caza fortunas, somos dos adolescentes y ya, si tienes tanto problema con esto llama a mi madre y coméntaselo.
-¡Hablar con Sonomi! No seré yo quien le provoque un infarto jovencita, como tu padre estoy en mi derecho de buscar tu bienestar.
-Este tiempo te has olvidado un poco de eso ¿no crees?- contestó sin podérselo callar.
Un silencio incomodo se formó en la mesa.
-Debo ir a trabajar, pero esta charla no ha terminado.- el hombre se puso de pie y se despidió de forma rápida de la pareja antes de salir corriendo mientras maldecía el reloj.
-Su nivel de resistencia es alto ¿por qué no querrá llamar a tu mamá?
-No sé porque se separaron, si te soy sincera no recuerdo mucho de sus peleas.
-Está bien, lo averiguaremos.
-¿Ibas a comprar algo?
-¿Perdona?- dijo mirándola sorprendido.
-Escogiste vernos aquí porque necesitabas hacer algo.
-Ah es cierto.- bebió su último trago de café- en realidad no es hacer precisamente algo, sólo quería estar aquí.
-¿Algo va a suceder?
-Más bien algo sucedió.- miró hacia debajo de la terraza donde se encontraban y suspiró sin querer.
-¿Puedo saber que fue?- a veces se sentía una intrusa en su vida, pero no podía controlar esa curiosidad insana que su amigo le provocaba.
-Hace varios años, en un día como hoy me le confesé a Kaho.- una pausa se apoderó del ambiente- y por lo tanto quise venir aquí y enfrentar ese recuerdo, y nada mejor que hacerlo contigo.- le sonrió dulcemente- ¿te apetece pasear conmigo?
-Claro.- su tono era alegre pues empezaba a ver una mejoría en su amigo.
Caminaron largo rato mirando aparadores. Tomoyo se detenía a tomar notas constantemente, ansiaba poner sus manos sobre telas y crear atuendos extraordinarios para su amiga cuando ambas volvieran a Japón. Eriol la seguía de cerca sonriendo, debía confesar que le divertía de sobremanera verla correr y gritar como una niña, a pesar de ser el alma más madura que conocía a veces le inspiraba una ternura infinita.
-Eriol, cuando regrese a Japón ¿me visitaras?- Tomoyo se detuvo en uno de los barandales para observar a la gente que pasaba a su alrededor.
-Por supuesto.- sin pensarlo dos veces la acorraló contra el barandal poniendo sus manos a los lados y acercándose mucho.- Eres mi mejor amiga y atravesaría gustoso medio planeta para verte,
-M-me alegra es-escucharlo.- dijo un poco nerviosa al tenerlo tan cerca, trató de desviar la mirada de los zafiros que adoraba.
-Mírame, por favor.- dijo con voz ronca.
Las miradas se cruzaron y Eriol se acercó a la chica mirando sus labios y luego sus ojos como si se trataran de un manjar. Ella comenzó a temblar al percatarse de la situación ¿pasaría lo que creía?
Eriol juntó sus labios con los de Tomoyo y posó una de sus manos en la cintura de la chica, comenzó a besarla, despacio, sin prisas. Poco a poco el beso se hizo más frenético, las manos de Tomoyo se aferraban a la camisa del chico como si pensara que al soltarlo todo se desvanecería ¿Cuánto había esperado por ese momento? ¿Cuánto lo había soñado?
Cuando los dos se quedaron sin aire el beso terminó, Eriol junto su frente con la de su pareja y sonrió.
-Creo que me gustas señorita Daidouji.- le dijo en medio de una carcajada a la sonrojada japonesa.
-Yo estoy segura que me gusta señor Hiraguizawa.- dijo amoldándose en un abrazo que cerraría el momento, pero en vez de eso, al mirar hacia el pasillo que daba las escaleras todo el mundo se le vino abajo. Kaho los miraba sin una señal de emoción en el rostro.
Eriol sintió a la niña tensarse, preocupado volteó hacia atrás creyendo que algo iba mal, su rostro mostró sorpresa al cruzar miradas con su ex.
-Kaho…
hola!1 He vuelto y soy libre :3 Ya terminé mi servicio y ahora tendré mas tiempo de actualizar. Tambien les cumpli su deseo, ya hubo un beso XD es que soy mala.
Me habían pedido un fic de san valentin tomoyo y eriol, lamentablemente no me dio tiempo. A cambio prometo hacer uno del dia de blanco (14 de marzo) como continuacion de El problema del mago, así que esten atentas XD
Gracias por todos los buenos deseos, animos, preguntas e interes en mi historia.
Por cierto ¿vieron esto? - *
Es una referencia a Alice in Wonderland, mas que nada a la pelicula de Tim Burton, se me hizo lindo que lo dijeran puesto que a Eriol le gustaba ese libro, para prueba cuando manda a Sakura a ese mundo, y Tomoyo también tiene un ejemplar; se me hizo una broma privada bastante tierna considerando el caracter de ambos. Tal vez fue solo a mi XD
Espero sus comentarios de este capi :9 las quiero
