Si es cierto que en cada amigo hay un enemigo potencial. ¿Por qué no puede ser que cada enemigo oculte un amigo que espera su hora?
Giovanni Papini.
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Estúpido Naraku, está cayendo en su propia trampa, Pensó Magatsuhí mientras salía de la cueva.
Había estado observando a Naraku todo este tiempo para saber el paradero del hibrido de cabellos plateados, no fue muy difícil tomando en cuenta que Naraku se estaba volviendo descuidado.
El interés de Magatsuhí por Inuyasha era para poseerlo, quería el cuerpo de Inuyasha porque los humanos y el demonio débil no se atreverían a matarlo. Pero su plan cambio al saber todo lo que vivía el hanyou. Ahora el cuerpo de Inuyasha no se le estaba haciendo de buen ver; el hibrido se veía débil y su condición inadecuada. Magatsuhí no aceptaría el cuerpo usado e inferior de un mestizo. Sobre todo, cuando éste podía convertirse en humano.
Sin embargo, aún necesitaba al hibrido de ojos dorados, el hibrido sería un arma no sólo contra su grupo y Sesshomaru, también podría serlo para Naraku. Su plan saldría mejor de lo que creía si hacía las cosas bien; aún tenía que observar a los humanos, a Sesshomaru y a Naraku. Para conocer las actitudes sobre el mestizo y con ello sabría si en verdad valía la pena toda su espera. Y obviamente, también mantener un ojo en su víctima, no quería verla morir antes de utilizarla.
— ¿Qué haces aquí? —cuestionó Byakuya volando en su dirección.
—Te hago la misma pregunta— respondió la entidad, despejándose de sus pensamientos.
Byakuya miró con sospecha a Magatsuhí, había algo en aquel ser que le incomodaba.
—Tomando aire fresco—mintió la extensión. La verdadera razón era porque le había picado la curiosidad sobre Naraku e Inuyasha. Quería saber qué es lo que ocultaba Naraku de él y también porque estar encerrado en la guarida le era absolutamente aburrido.
Magatsuhí no le tomó importancia y se alejó de la extensión.
—Espera, creí que estábamos hablando— reclamó Byakuya.
No obtuvo respuesta de la entidad.
—Te vi salir de aquella pared, es una ilusión ¿verdad? — cuestionó Byakuya.
Magatsuhí se detuvo, miró a la extensión y dijo: —Deberías hablar más despacio si no quieres que los descubran.
Byakuya ignoró el comentario, — ¿Lo mantiene ahí no es así?
— ¿No lo sabes?, eres la extensión de Naraku y no sabes sobre sus asuntos. Creo que aquí hay problemas de confianza—Burló Magatsuhí.
Byakuya se molestó por el comentario. Naraku confía en mí, sólo que a veces a Naraku le gusta guardar cosas para sí mismo… está bien, probablemente Naraku en verdad desconfía de mí. Había motivos con la mayoría de sus hermanos que desertaron, pero Byakuya era diferente y la desconfianza le molestaba un poco.
—Eso no es importante— discutió Byakuya.
—Ahí está tu respuesta.
—Eres detestable, ¿lo sabes? — dijo Byakuya con enojo hacía la entidad.
La entidad dio una media sonrisa y volvió su mirada al frente.
Byakuya decidió ignorarlo y dejar que se fuera a hacer lo que sea que hicieran las entidades malvadas de la perla. Observó al "muro" delante de él, que no era un muro, todo era una ilusión.
Lo extraño era saber que no había ninguna esencia, sonido, olor, o alguna muestra que indicara algo sobre un escondite justo del otro lado, algo que no debería de sorprenderle si tomaba en cuenta que hablaba de Naraku.
Su curiosidad nuevamente le acompañó y se aventuró a atravesar la "pared", un vistazo no le haría daño a nadie.
—Yo no haría eso si fuera tu… no querrás terminar igual que tus "hermanos"—comentó Magatsuhí.
Eso detuvo a Byakuya en seco, ¿Por qué no quería que viera? ¿Estaba insinuando que Naraku lo mataría al entrar? ¿O lo hacía por cuestiones muy diferentes?... ¿Cómo sabía de sus hermanos?
— ¿Por qué? Y ¿Cómo sabes…
—Están en medio de una lección, el hermano del demonio débil está recibiendo lo que se merece— Interrumpió Magatsuhí, alejándose de Byakuya sin responder la segunda pregunta sin terminar.
— ¿Qué lección? — murmuró, pero Magatsuhí había desaparecido.
Eso dejó a Byakuya con más preguntas que respuestas. Observó de nuevo ese extraño muro frente a él.
¿Qué había detrás de ella? ¿Naraku en verdad lo mataría si lo viera entrar?
Tendré que ver, si quiero saber. Con ese pensamiento entró a la cueva, rápidamente se arrepintió de su decisión. La cuerva era oscura –no era problema, su visión se adaptaba a la oscuridad -, olía mal y podía escuchar algunos sonidos leves.
La cueva tiene más profundidad de lo que aparenta, Pensó y caminó hacía los sonidos. Entre más caminaba el olor se volvía más penetrante; sangre, sudor y otros olores desagradables que se entremezclaban entre sí haciéndolo intolerable e incluso estaba ese olor de agua salada, lágrimas.
Los sonidos también se intensificaron y fue suficiente para saber, ya no tenía el deseo de ver; con el simple hecho de unir el olor y los sonidos, se daba una idea de lo que estaba sucediendo.
Estaba conmocionado al saber lo que le sucedía a su joven enemigo, al comprender a que punto de tortura había llegado Naraku.
Sin querer permanecer más tiempo ahí, ya sea por el temor de que Naraku lo encontrará merodeando o por no seguir escuchando los llantos de Inuyasha. Salió del lugar sin dar un vistazo atrás, sin desear volver a entrar.
No sabía que es lo que buscaba Naraku realizando aquel acto, Naraku dijo que quería dominar a su enemigo, pero la manera en que lo hacía parecía ser demasiado excesivo.
Observó a todos lados, esperando no ser visto por nadie. Al ver que nadie estaba cerca soltó un suspiro.
Byakuya no tenía ningún agrado hacía Inuyasha y compañía, pero tampoco los odiaba.
Esto está mal, pensó.
Naraku estaba tomando decisiones estúpidas, hubiera sido mucho más fácil que matara a Inuyasha desde que lo capturó, así ir por la perla sería sencillo sin el hanyou de por medio. Pero lo que Naraku decidió hacer…
¿Tanto lo odia?, se preguntó. Conocía cosas de Naraku –era su extensión, tenía que conocer a su creador-, pero no había nada en el mundo para que un enemigo mereciera algo así.
Tuvo una idea, no era apropiada y Naraku lo mataría si se enteraba.
Ahora entendía lo que Magatsuhí trató de decirle.
Probablemente Magatsuhí se refería a esto…, pensó con amargura.
Suspiró nuevamente, indeciso de hacer su idea. Con ello no buscaría redimirse de algo, porque realmente no se arrepentía de nada sobre lo que estaba haciendo. Ni siquiera sabía porque tenía esa necesidad de ayudar.
Tenía que encontrar una manera de ayudar sin traicionar a Naraku.
Me voy a arrepentir de esto…
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Sesshomaru observó la luna nueva que comenzaba a desaparecer, faltaba tan poco para el amanecer. Hace sólo un par de horas los humanos habían abandonado su búsqueda, no comprendió porque se arriesgaron a buscar a tan altas horas de la noche, pero tampoco demostró importancia.
Ni siquiera entendía el motivo por el cual también buscaba a Inuyasha, su hermano mestizo, el error y la desgracia del gran linaje Inu.
Podría decir que sólo lo buscaba para llegar a Naraku y Magatsuhí o también por el hecho de que si Inuyasha moría tenía que ser por su mano, encargarse de matar al mestizo él mismo. El primero era una gran verdad ya quería deshacerse de Naraku y de ese despreciable ser que lo había insultado, pero la segunda excusa era una mentira; Ya no tenía deseos de matar a su hermano, esos pensamientos los había abandonado desde hace tiempo.
Entonces, ¿Por qué estaba buscándolo y sentía preocupación por él?, Era su estúpido hermano media sangre que no valía la pena y, sin embargo, ahí estaba tratando de recuperarlo y cuidando del grupo humano del mestizo en su ausencia.
No tenía sentido su actuar, Ni siquiera estaba interesado en los humanos y él e Inuyasha nunca se habían tratado como verdaderos hermanos. Sesshomaru nunca tuvo el interés de tratarlo como tal, Inuyasha sólo era el recordatorio de la vergüenza familiar y la pérdida de su padre.
Cada encuentro que se tenían entre ellos los llevaba a los insultos para finalmente terminar en una pelea. A diferencia de cuando Inuyasha era niño; Cuando Inuyasha perdió a su madre a una tierna edad y se enteró que tenía un hermano, no dejo de buscarlo, no dejaba de intentar mantener un contacto con Sesshomaru, su única esperanza de tener una familia.
Algo que Sesshomaru rechazó por varios motivos: Primero, era muy joven en ese tiempo para saber sobre crianza de cachorros. Segundo, no quería tener debilidades, no podía permitírselo cuando tenía que encargarse de las tierras de su padre. Tercero, no quería soportar una carga y mucho menos la de un mestizo. Cuarto, Inuyasha era un error.
La lista podía seguir, pero no quería pensar en ello en estos momentos.
Hubo un tiempo donde se hizo cargo de Inuyasha, fue breve y no lo hizo bien. No lo cuidó como hacía con Rin. Jamás sintió esa protección hacía el hibrido, nunca quiso hacerlo y ni siquiera lo intentó. Hasta que finalmente Inuyasha se cansó del áspero trató, se alejó de él y dejó de buscarlo.
Ambos estaban mejor de esa manera.
Sus pensamientos tuvieron que detenerse al sentir la presencia de alguien más en los alrededores. Ese olor era muy familiar y no era ningún peligro, al contrario, esa presencia podía atraer criaturas no deseadas si seguía con esas torpes acciones.
Sesshomaru lo pasaría por alto, le ignoraría como de costumbre.
Kagome había tomado a Tessaiga con ella junto a su arco y flechas. No había encontrado a ningún enemigo por los alrededores. Algo que podría tomarse como algo bueno, pero no había nada que la mantuviera con buenos ánimos últimamente.
Hace un par de horas antes habían estado buscando a Inuyasha, ajenos a cualquier peligro nocturno, su deseo por recuperar a su amigo era más fuerte que cualquier otra cosa, por desgracia y como ya era costumbre llegaron deprimidos y sin ninguna señal de él.
Miroku, Sango y Kirara habían sucumbido al sueño al poco tiempo de llegar. Los demás también dormían. Ella era la única a la que no la había reclamado el sueño, Kagome ya no podía dormir con tranquilidad incluso hubo días en que ni siquiera podía cerrar los ojos y esta noche con mayor razón no pudo hacerlo.
Kagome inició una rutina paseando por el bosque sin alejarse de la cabaña –o por lo menos no tanto-, eso era lo que le ayudaba a tratar de aclarar sus pensamientos y dejarse llevar por sus emociones de vez en cuando.
Faltaban unas horas para el amanecer, eso quería decir que Inuyasha aún conservaba su forma humana junto al peor enemigo de todos ellos. Y ahí estaba ella rondando por el bosque sin sentido, sin poder hacer nada, sin poder estar ahí para él.
Lo lamento tanto Inuyasha…
Unas cuantas lágrimas escaparon de ella que secó rápidamente y sostuvo con mayor fuerza a Tessaiga.
No había forma de llenar este sentimiento de vacío tan opresivo que sentía en su pecho, el único que podía llenarlo era Inuyasha; aquel torpe, orgulloso, tonto, obstinado y muchos otros desperfectos más que había llegado a amar.
Caminó cerca de donde estaba el pozo. Aun no visitaba su época, no podía hacerlo mientras Inuyasha no estuviera. Ella nunca debió de estar aquí en primer lugar, su hogar era junto a su familia, pero ya no lo sentía de esa manera, sentía que el lugar al que pertenecía era al lado de Inuyasha.
Probablemente su madre, hermano y abuelo estén tan preocupados por ella al igual que ella por Inuyasha. Pero no podía evitarlo, volvería a ellos cuando encontrara a Inuyasha, destruyera a Naraku y obtuviera la perla.
Se alejó del pozo, caminando al azar entre el bosque. Estaba cansada de pensar, cansada de sentir ese sentimiento de vacío y desesperanza. Quería que las cosas fueran como antes cuando Inuyasha estaba presente siempre con su ceño fruncido por cualquier cosa, Shippo jugando con Kirara, Sango y Miroku discutiendo por sus sentimientos no aclarados y ella, bueno ella peleando de la misma manera con Inuyasha.
Escuchó un par de ruidos cerca de un arbusto, rápidamente Kagome se preparó para atacar; no tenía sus poderes eso era verdad, pero aun podía causar daño.
Se sintió como una tonta al ver salir a una pequeña liebre. Bajó su arco y guardó su flecha, tomando a Tessaiga nuevamente entre sus manos.
Estaba amaneciendo, los rayos del sol comenzando a salir tan vivos y bellos. La vista podía ser hermosa, pero Kagome no le prestó atención, sintiendo algo de alivio al saber que donde sea que este Inuyasha estaba en su forma hibrida.
El cuerpo de Kagome y sus ojos exigían descansar y ella estaba decidida a hacerlo sin replicar, se sentía terriblemente cansada. Con un bostezó regresó a la choza, dispuesta a descansar un poco, porque en su estado de insomnio no ayudaría a nadie y ella debía permanecer fuerte para Inuyasha.
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Después de lo que pareció una eternidad con sus debates mentales, Byakuya decidió. Por lo menos aconsejaría un poco en la forma en la que deberían buscar a Inuyasha, darles una pequeña y vaga pista de su ubicación.
Quería ayudar, pero tampoco pensaba traicionar a Naraku.
Byakuya aún estaba conmocionado por lo que se había enterado, no cuestionaría a Naraku por sus acciones, pero eso no quería decir que estuviera de acuerdo.
El problema era que no podía ir con sus enemigos y "ayudar", porque Magatsuhí lo había visto y caería toda la responsabilidad en Byakuya si se rescataba a Inuyasha. Tenía que esperar unos días, mientras las cosas se tranquilizaban o si no Naraku lo mataría y Byakuya no tenía deseos de morir pronto.
—Vas a hacer algo estúpido—anunció Magatsuhí entrando a la guarida.
¿Cómo lo sabía?, se cuestionó Byakuya a sí mismo y le respondió a la peligrosa entidad: —Eso no es de tu incumbencia.
—Veo que no me equivoco… posiblemente no me importe, pero si algo le sucede a ese hibrido Naraku sabrá que fuiste tú.
— ¿Yo?... tú también estabas ahí, y yo no tengo ningún interés en ese antipático de Inuyasha, ¿por qué habría de traicionar las ordenes de Naraku?
—Porque eres tan estúpido como tus hermanos para hacerlo— respondió la entidad, con simpleza.
Byakuya se enojó por la mención de sus "hermanos", Magatsuhí no tenía ningún derecho de mencionarlos.
—Aunque no es que me interese, obtendré la perla, la vida de esos híbridos poco me interesa.
Eso era verdad, Magatsuhí no tenía ningún interés en nadie más que en sí mismo, en su libertad y su deseo de tener de nuevo su propio cuerpo. Naraku sólo era un medio para lograrlo y si ese hibrido no estaba dispuesto a ayudarlo a conseguir su cometido, tenía al grupo humano que era presa fácil.
Si la extensión de Naraku tenía deseos de hacer algo estúpido, le haría las cosas más fáciles. Magatsuhí ya estaba molesto por esperar, necesitaba apresurar las cosas, necesitaba sentir el poder de su propio cuerpo.
Sólo tengo que esperar un poco más, pensó la entidad con amargura sintiendo la pesada mirada de odio de la extensión de ese hibrido arácnido.
Sólo un poco más.
