Gracias por los comentarios y follows. Para aquellos que preguntaron sobre el fic desaparecido os queremos informar de que hemos tenido que retirarlo, pero si queréis seguirnos nos podéis encontrar en un grupo de facebook llamado "Swan Queen (español)" y ahí os daremos la solución ;) Hemos podido avisar a todos los que tenéis cuenta y nos seguís pero a los guest ha sido imposible. Sin más preámbulo os dejamos el siguiente cap de esta historia. Disfrutad :D
Capítulo 10
Regina se quedó mirando la foto que la otra mujer sujetaba, sintió una punzada de dolor en el pecho y agachó la cabeza –Es Henry, mi hijo- el simple acto de pronunciar su nombre era como si mil cuchillos le atravesaran el alma. A pesar de que cada noche antes de irse a dormir observaba por un largo rato esa foto, era difícil hablar del tema con alguien más. Eran contadas las personas que sabían lo que había sucedido.
Emma se sorprendió al escuchar aquello –Es muy lindo, pero pensaba que no tenías hijos…- se dio cuenta de la cara que había puesto la otra mujer y volvió a dejar la foto en su lugar. Se acercó a ella acariciando su rostro, estaba segura de que Regina le daría la respuesta que le daba miedo escuchar -¿Dónde está él?- intentando ir con cautela.
-Ya no está…- hizo una pausa mirándola –No me gusta hablar de ello- [Por favor, no me hagas revivir eso]
El corazón de la rubia se paró por unos instantes al escuchar tal confesión –Lo siento… no quería que te pusieras así- tomó su mano –Ven aquí…- la acercó a su cuerpo abrazándola y comprendiendo por primera vez muchas cosas. Se dio cuenta que a fin de cuentas, la morena era una mujer muy fuerte que había podido seguir con su vida, a pesar de su forma de ser, había podido continuar. [Dios, no puedo imaginar el dolor que se debe sentir cuando pierdes un hijo]
Regina se acercó a ella hundiendo su cara en el cuello de Emma sintiéndose protegida así.
La rubia acarició su espalda suavemente y besó su frente –Ahora creo que lo entiendo todo, o casi todo… pero las personas que te quieren, aunque ya no estén, quieren que seas feliz… así que debes seguir con tu vida-
La morena se quedó pensando en que Emma no sabía ni de lejos toda la historia de su vida. Pero no estaba preparada para hablar de eso, se separó un poco mirándola. Era demasiado y no podía contarle eso a alguien con quien no tenía nada estable –Eres muy dulce… pero la cuestión es que llevo demasiado tiempo siendo como soy, no sé si sería capaz de cambiar-
-¿Cómo que no? Hace una semana no me hubieras dejado ni tocar tu cama- rio levemente –Y mira dónde estoy ahora…-
Regina no pudo evitar sonreír un poco. Emma tenía un don para eso.
-Tú lo ves todo muy fácil ¿no?-
-No lo veo fácil… ufff fuiste un poco difícil. Pero no lo veo imposible- se acercó besándola suavemente. [Tú no sabes que nada es imposible para Emma Swan]
La morena puso su mano en el cuello de la otra mujer correspondiendo al beso mientras sus labios disfrutaban de esas caricias.
-No sabes cómo me gusta tener dominadas a las rebeldes como tú- dijo Emma entre besos.
-¿Qué te hace pensar que me tienes mínimamente domada, Swan?- levantó una ceja.
-Ayer en la oficina lo parecía… o ¿me vas a decir que se te borró de la cabeza?- la rubia sonreía rememorándolo. [Es imposible olvidar ese orgasmo que te di]
Regina negó con su cabeza sintiendo un poco de vergüenza –Es difícil de olvidar, no deberías ir haciendo esas cosas en el trabajo…-
-Me gusta hacer esas cosas… bueno, yo vine a dormir un poco, si me disculpa Mills…- volvió a acomodarse de lado y se acercó al pecho de la otra mujer
-Duerme un rato… quizás hasta consiga dormir también- la pegó contra su cuerpo y vio cómo cerraba los ojos. Se quedó un largo rato mirándola mientras dormía. No podía evitar sonreír al verse en esa situación con la rubia, pero los miles de inconvenientes que tenían se le pasaron por la cabeza estropeándole el momento. Suspiró intentando no pensar en aquello, ya se preocuparían más tarde. Acarició el brazo de Emma, sabía lo mucho que le gustaba aquello desde que se lo dijo en el hotel, y sin darse cuenta se quedó dormida.
Apenas un rato después el teléfono de la forense empezó a sonar despertándolas. Emma se incorporó emitiendo un ruido a modo de queja y alargó la mano cogiéndolo. Era Milah preguntando dónde estaba.
-Estoy trabajando, pero ahora voy, hasta ahora- suspiró colgando.
Regina la miró medio dormida viendo la cara de la otra mujer –Tienes que irte ¿no?-
-Sí, lo siento… tenía ganas de quedarme contigo- se levantó vistiéndose.
-No importa- miró hacia el techo todavía tumbada en la cama. [No sé si voy a poder soportar esto]
Emma terminó de arreglarse y se acercó a la cama sentándose en el borde –Llámame para cualquier cosa, ¿vale?- se agachó besándola.
La morena asintió.
–Que vaya bien-
Vio cómo salía del cuarto y se quedó ahí un rato más pensativa. Luego decidió que no era de las que se quedaban lamentándose en la cama y decidió volver al trabajo para mantener la mente ocupada. Además, no quería que empezaran a sospechar algo por la repentina desaparición de ambas. Pasó la tarde haciendo papeleo, intentando avanzar en cualquiera de los casos, pero no podía concentrarse, estaba pensando en lo que pasaría si la situación con Milah no cambiaba. Cuando quiso darse cuenta había anochecido, guardó sus cosas y volví a casa.
Mientras tanto, Emma había estado en la sala de espera junto a Milah esperando a que los médicos operasen a su madre de urgencia. La señora estaba muy débil, tuvo un paro en quirófano y no pudieron revivirla. Milah estaba destrozada y la rubia no podía despegarse de ella. Casi había amanecido cuando consiguió llevarla a casa y acostarla en la cama. Emma se tumbó a su lado y escribió a la morena.
-Murió la madre de Milah… hoy no podré ir a trabajar-
Regina leyó el mensaje justo antes de coger el coche y se quedó unos instantes sin poder reaccionar. Su cerebro intentaba asimilar que aquello cambiaba mucho las cosas. Tomó aire y respondió.
-No hay problema, si necesitas algo aquí estoy-
-Gracias… me muero de ganas de verte-
A pesar de las circunstancias, la detective no pudo evitar sonreír un poco. Dedicó el día a ir a varios lugares para investigar, echaba de menos la compañía de Emma, por mucho que dijera que era molesta le encantaba trabajar con ella. [Parece mentira que extrañe sus miles de preguntas tontas]
Al día siguiente, y después de un horrible entierro, la rubia decidió que tenía que volver a trabajar. Milah estaba muy mal y ella odiaba verla así, pero se había tomado un calmante para poder dormir y le había dicho a Emma que fuera a trabajar sin problemas, que lo comprendía. Le prometió que volvería pronto y un rato después llegó a la oficina.
-Ey- Regina la miró fijamente al verla llegar -¿Qué tal?-
Emma le sonrió un poco y se sentó frente a ella –No muy bien… está todo un poco complicado, pero necesitaba salir de mi casa ¿y tú?-
-No tenías que venir si no podías, sabes que me las puedo arreglar sola-
-No puedes hacerlo sin mí, admítelo- tratando de bromear un poco.
-Cierto, necesito alguien que tome las fotos, no soy buena fotógrafa- siguiendo la broma con una media sonrisa.
-Claro, claro…- se quedaron en silencio y la miró fijamente a los ojos –¿Me extrañaste ayer?-
Regina suspiró agachando un poco la cabeza y luego volvió a mirarla –Mucho…- [Demasiado]
Emma alargó el brazo tomando la mano de la otra mujer por encima del escritorio –Yo también te extrañé-
La morena sonrió tristemente –Pero… lo que ha pasado cambia todo, ¿verdad?-
La cara de la rubia cambió –Sí… Milah se quedará un tiempo en mi casa. No puedo terminar con ella ahora, aunque realmente quiero hacerlo porque quiero estar contigo-
Regina apartó un poco su mano al escuchar esas duras palabras
–Ya… no tienes que darme explicaciones-
-Regina… realmente quiero estar contigo… pero necesito que me entiendas. Necesito un tiempo para dejarla- [No lo hagas más duro por favor]
-¿Sabes? Hace tiempo que dejé de creer en las promesas de la gente- dijo la detective pensando que a Emma le gustaba coleccionar amantes. Y no era para menos, la había visto dejar a Belle, había estado con Milah al mismo tiempo que con ella… realmente no sabía si podía confiar.
-Yo cumplo lo que prometo… y me has gustado desde que entré a trabajar aquí. Comencé algo con Milah porque creía que nunca querrías algo conmigo-
-Yo no sé si puedo darte lo que buscas y tú no sabes si puedes dármelo a mí, así que no hagas nada para fastidiar lo que tienes con Milah- [Al fin y al cabo nunca voy a poder ser feliz, lo acepté hace tiempo]
-Pero ella no es tú, tú me gustas mucho más, y créeme que sería más fácil si Milah me gustara más, porque no complicaría nada, no comprometería nuestro trabajo. Pero la que me gusta eres tú- la rubia hablaba sincera intentando hacerle comprender lo que sentía.
-Esto está destinado al fracaso Emma y lo sabes, sólo te atraigo porque es algo difícil, casi prohibido-
-No es así… pero dime, ¿qué es lo que buscas tú en mí?-
-No lo sé- Regina suspiró –No sé qué espero de esto-
-Entonces no puedes reclamarme nada, si no fuera por Milah yo sí tendría muy claro lo que querría contigo…- Emma habló clara y contundente.
-Somos compañeras de trabajo, ni siquiera me gustan las mujeres, no tiene sentido todo esto- la morena intentaba convencerse a sí misma.
-¿Ahora estás diciendo que no te gusto?- [No puedes volver a esta actitud idiota Regina…]
-No estoy diciendo eso…- suspiró sin saber muy bien qué decir –Creo que lo mejor es que haya pasado esto y que no estemos juntas-
-¿Por qué dices eso? Ha muerto su madre, no puedo dejarla para irme con otra. ¡Sino lo hubiera hecho!- [¿Te cuesta tanto entenderlo?]
-Ya sí…- Regina seguía pensando que hablaba por hablar y dudaba que alguien quisiera estar con alguien tan amargada como ella, sin mencionar todos sus problemas para relacionarse –No quiero hablar más del tema, ni me gustaría que lo volvieras a sacar-
-Está bien, como quieras Regina- la rubia suspiró, ya no sabía que decirle para hacerla entrar en razón.
Regina agachó su cabeza sintiéndose mal por la charla que habían tenido. Por un lado le dolía estar enamorándose de alguien con Emma, creía que luego de tanto ya no merecía sufrir
-Centrémonos en el caso, tú tienes tarea atrasada en la morgue por si no lo recuerdas-
-¿No tenemos que ir a ningún sitio?-
-No… hay que hacer papeleo. Así que lo mejor será que te vayas y yo me ocupo de esto-
-Bueno…-
Así fue. Regina se quedó en la oficina, haciendo papeleo e intentando sacar algo en claro del caso que estaban investigando. No dejaba de amargarse por haber terminado una relación que ni siquiera existía. Parecía mentira que hacía nada habían estado juntas en su cama hablando del tema más importante de su vida.
Emma por su parte, se había pasado el resto del día en la morgue, tenía que extraer muchas muestras de varios cuerpos. Odiaba trabajar sola, ni siquiera su ayudante estaba ahí. El sólo hecho de pensar en volver a casa y no poder estar con la persona que realmente deseaba le hacía sentir un agujero en el estómago, porque Milah era la mujer perfecta a simple vista, pero no era la que ella quería.
Regina regresó a su casa y se tiró en el sillón tomándose la cabeza. No quería llorar, tenía que ser fuerte, lo que le estaba pasando era insignificante con respecto a su pasado. No podía negarse a sí misma que se sentía muy sola, a pesar de que el día anterior también lo estaba, por lo menos había sentido como que tenía a alguien que se preocupaba por ella y que no le importaba como era en verdad. Todos esos años en los que había estado tratando de converse de que el trabajo era suficiente para llenar sus días se estaban desmoronando por culpa de Emma, por necesitarla a ella.
Algo en ella la hizo levantarse y salir de su casa. Tenía que despejarse de alguna manera, ya que ese día era -por así decirlo-, más soltera que el anterior.
Condujo hacia un bar que frecuentaba cada vez que sentía que su vida no podía ser más deprimente y aburrida, y ahí lo vio. Robin estaba en la barra, como cada miércoles luego de un largo día de trabajo. Se habían acostado unas cuántas veces, él siempre quería más, pero Regina lo echaba antes de que amaneciera, no le interesaba para nada más que sexo casual.
Esa noche lo invitó a su casa como solía hacer, y en vez de echarlo a la hora de siempre, le dijo que podía quedarse a dormir. Al día siguiente cuando abrió sus ojos se asustó al verlo a su lado, definitivamente no estaba acostumbrada a despertar con alguien en su propia casa.
Desayunaron juntos, y cuando cada uno se estaba por ir a sus respectivos trabajos, el hombre se ofreció para ir a buscarla en la noche a la comisaría. La morena dudó por unos segundos en su respuesta, por supuesto que lo primero que pasó por su cabeza era decirle que no pero… eso quizás serviría para que Emma la viera con él y así ambas pudieran avanzar en cuanto a sus vidas amorosas se refería; y por supuesto, también podrían concentrarse más en el ámbito laboral. Así que en eso quedaron, en verse al final del día.
Emma invirtió gran cantidad de su tiempo en ayudar a su actual novia a superar el tema de su madre. Era muy difícil, pero parecía que de a poco Milah podía comprender que su madre ya era una persona grande y que lo que había pasado podía sucederle en cualquier momento de una forma u otra. La rubia la alegraba con sus charlas y chistes, era la mejor compañía que Milah podía pedir en esos momentos.
Emma llegó apenas unos minutos después que Regina a la oficina. Las dos estaban muy serias, pues después de lo que había pasado el día anterior ninguna tenía idea de cómo debía tratar a la otra.
-Buenos días… ¿algo nuevo?-
-Sí, vamos a tener que hablar con dos testigos- la morena se levantó de su asiento. Su tono era firme y serio –Vamos-
En teoría Regina debería estar animada esa mañana porque había dormido con alguien, pero eso no le había servido más que para probar que con la única persona que podía relajarse y pasar la noche en paz –aún sin sexo- era con Emma. Le molestaba que así fuera. Robin era un hombre apuesto, bueno y trabajador, del tipo con el que cualquier mujer querría estar. Pero para ella simplemente era uno más, y muchas veces hasta la irritaba con su extremo positivismo, cosa que tampoco le sucedía con la rubia.
Ambas se subieron al auto de la morena, pero aún Emma no estaba segura de adónde iban.
-¿No se suponía que ya habías interrogado a estos testigos?-
-No, no querían hablar por miedo, pero se ve que ahora se sienten culpables o qué sé yo-
-Okey… intenta no presionarlos demasiado. Lo mejor es que intentemos que hablen por las buenas-
Regina no quitaba la vista del frente, traía sus gafas oscuras, estaba luchando por no dirigirle siquiera la mirada a su compañera.
-Sé hacer mi trabajo Swan-
-Lo sé,- intentó sonar pacífica –pero ya sabes que a veces eres un poco… bueno, ¡ya sabes! A veces intimidas a la gente-
-En serio… ¿vas a seguir metiéndote conmigo?-
-No me estoy metiendo contigo… no sé si recuerdas a la chica que me pediste que interrogara yo por tus actitudes…-
Ya estaban llegando al lugar.
-Estas personas no han sido violadas, es distinto-
Aunque a Emma le encantara pasar tiempo con Regina, en ese momento las cosas estaban demasiado tensas, por lo que creyó que lo mejor sería que respiraran diferente aire.
-Está bien… ¿interrogamos a uno cada una para ganar tiempo?-
-Sí, mejor-
Regina también prefería que se separaran, pero en cuánto estaba interrogando a su testigo recordó que la rubia estaba desarmada [¡Maldita Swan
!]. Recordó el día en el que recibió a que balazo por ella y se dio cuenta de que podía dejar que se arriesgara, además de que se sentiría terrible si algo le pasara por dejarla sola.
Apenas terminó fue a buscarla con su auto, comenzó a llamarla a su teléfono pero no atendía. Por lógica, ya debería haber terminado, ella misma había tenido tiempo de interrogar e ir a buscarla por lo que era raro. Comenzó a desesperarse, no dejaba de tocar su bocina, y en cuanto estuvo por bajar del coche para ir a buscarla, vio salir a una Emma muy relajada con sus manos en los bolsillos, totalmente despreocupada.
Regina apoyó su mano en su pecho, no quería que la rubia se diera cuenta de que había estado preocupada, era una estupidez y ella se estaba amargando más de la cuenta.
-¿Y bien?-
Emma se subió al auto.
-Bueno, me dijo un par de lugares dónde podía estar su primo… hoy no nos daría tiempo para ir a todos. A no ser que quieras que volvamos a separarnos para ir…-
Regina se cruzó de brazos, ni loca la volvería a dejar sola y menos para buscar a un delincuente.
-Podría ser peligroso, tú no tienes arma aún, deberías sacarte la licencia ya-
-No deberías preocuparte por eso… es mi problema después de todo-
-Si te matan por dejarte sola sería mi problema, ¿no crees?-
Emma tomó aire y luego miró a Regina, de ninguna manera quería seguir dependiendo de su compañera. Estaba mal mezclar la vida personal con la laboral, pero la rubia no podía evitarlo. Que Regina hubiera terminado con lo que tenían la lastimaba demasiado.
-Tú no tienes que hacerte cargo de mi... ¿quieres que firmemos alguna cláusula en donde diga eso? No tengo problema en hacerlo, tú no tienes responsabilidad sobre mí, y sinceramente, tampoco quiero que la tengas-
Regina la miró de costado quitándose sus gafas, esas palabras la habían herido. Pensaba hacerse la desentendida, cuando sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo.
-¿Tienes algún problema Swan? Estás como… alterada-
-No, estoy bien- Sólo quiero que entiendas que puedo hacerlo sola-
-El jefe no va a dejarte ir a ver lugares sospechosos sola y sin arma, así que iremos mañana. Además hoy tengo que salir antes del trabajo-
-Bueno, como quieras-
Regina condujo hasta la comisaría, ni una palabra salió de sus bocas. La morena extrañaba a la Emma divertida con la que trabajaba antes, pero tenía que entender que estaba enfadada, y quizás cuando se le pasara y pudieran ser simplemente compañeras, volvería a ser la de antes.
Cuando llegaron, Robin estaba en la puerta. Saludó a Regina desde lo lejos con la mano y ambas se acercaron. La cara de Emma no era nada feliz, no entendía qué quería ese desconocido que las saludaba. La morena se acercó más al hombre.
-Ey… no te esperaba hasta más tarde…-
Sin que ella pudiera detenerlo, Robin se acercó a besarla.
-Espera que vaya adentro por mis cosas y vengo-
Todo había pasado justo en frente de la cara de Emma. Se había quedado en shock, hasta que cuando al fin pudo reaccionar, entró a la comisaría dando un portazo, haciendo que Regina se diera cuenta de lo que estaba pasando, y de que Robin, se quedara confundido con la situación.
