Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.

Silencioso

BPOV

Después de que Edward se fuera para visitar a su familia, me dedique a repartir el resto de las entregas, mi mente se enfocaba apenas en dar las apropiadas respuestas a los vecinos. Mis pensamientos estaban fijos en Edward y el hecho de que estuviera de vuelta, aunque fuera por un breve lapso de tiempo.

Me encontré conversando con los vecinos en un estado medio consiente, con la mirada perdida en el marco de la puerta en lugar de escuchar a quien había abierto la puerta. Los últimos frascos parecían no acabarse nunca, cada minuto se alargaba como una semana pero finalmente termine.

Recorrí lentamente el camino hacia mi casa, caminando pensativamente por las familiares calles de Forks con la cesta colgada del brazo. Volver a ver a Edward me había sacudido y agitado de una manera que nunca antes había sentido.

Era casi como un extraño en su uniforme, con su rostro arañado y lleno de cicatrices, totalmente diferente a como era antes de que nos dejara. Tengo que confesar que la mirada le sentaba, lucia mucho más maduro de que lo había sido hace unos meses y su comportamiento rebozaba de seguridad en sí mismo.

Hablar con él mientras caminábamos juntos me demostró que no fue solo su apariencia la que cambio durante sus meses en la línea de frente. Se ha convertido en un hombre más tranquilo y reservado y su sonrisa llega a sus ojos con menos frecuencia. Me sentí aliviada al ver que el Edward que había conocido todavía estaba allí, sin embargo, parecía endurecido por la guerra, pero no cambiado de manera irrevocable. En este nuevo Edward estaba todo lo que yo había amado de mi amigo de la infancia, su amabilidad, su sentido de la justicia y sentido del humor, pero también algo desconocido; cierta madurez y fuerza que no habían estado presentes antes.

Llegue a mi puerta de entrada y me acerque a destrabarla, empujándola y dejándome entrar. Oí un grito detrás de mí y me volví al dueño de la voz que reconocería en cualquier lugar. Edward camino hacia mí desde su casa al otro lado de la calle.

-Bella,- llamó de nuevo, cada vez más cerca, y me sujete a la puerta con mi corazón saltando en mi pecho ante su visita.

-Hola de nuevo, Edward,- lo salude con una sonrisa y él me respondió con una deslumbrante de pie del otro lado de la puerta.

-¿Viste a tu familia?- pregunté y el asintió en confirmación. Alejando mi mirada de su rostro, note que se había cambiado a su ropa de calle.

Fue reconfortante para mí verlo en su normal apariencia, con su uniforme parecía más lejano, menos incomprensible para mí. Sin embargo, él lucia un poco incomodo en ellas, de vez en cuando tirando del dobladillo de su camisa torpemente. Afuera estaba heladísimo y me llamo la atención que no llevara un abrigo, mirando más de cerca, me percate de que temblaba de frio.

-¿Quieres entrar?- Le ofrecí y el asintió, siguiéndome hasta la puerta y luego a la cocina, la habitación más cálida de la casa. Hice un gesto para que tomara asiento y el acepto, mirándome quitarme mi chaqueta y guardarla en el armario del pasillo.

Regresé a la cocina y me acerque a una silla junto a él y nos quedamos sentados allí, en silencio, por un minuto o dos. Finalmente, Edward rompió el silencio y se volvió hacia mí, preguntando ansiosamente, -¿Cómo has estado, mientras yo estaba fuera? ¿Ha estado todo bien?-

Un rápido vistazo a su rostro me demostró que estaba realmente preocupado por lo que me apresura a tranquilizarlo. –Estoy bien, Edward. Todos nosotros hemos estado muy bien desde que te fuiste.-

-¿Tu padre?- preguntó en voz baja, retorciendo sus dedos en los míos, mientras esperaba una respuesta.

Sus palabras enviaron una corriente de pánico a través de mi cuerpo, mis ojos se humedecieron y parpadee rápidamente, negándome a permitir que las lagrimas cayeran. Tome una respiración profunda antes de responder, y cuando lo hice me complací al escuchar mi voz estable. –Ha estado bien. Todavía no come tanto como quisiera y me preocupa que no se halla recuperado del todo. El invierno no le ha hecho ningún favor.

Lo sentí apretar suavemente mi mano que tenía en sus grandes dedos y lo mire para verlo sonriéndome cómodamente.

-Va a estar bien, Bella,- dijo, frotando mi espalda suavemente en círculos.

-No sé,- dije, incapaz de levantar la voz o mirarlo a los ojos. –Ha sido muy duro verlo deteriorarse, aunque parece un poco mejor, me preocupa que pueda enfermarse de nuevo. Tú no puedes saber si va a estar bien, nadie puede.-

-Bella, mírame,- ordeno y levante la mirada para encontrarme con la suya, mordiéndome el labio para evitar temblar. Me miro profundamente, sosteniendo mi mirada, manteniendo los ojos entrenados con firmeza. –Yo sé,- continuo con firmeza, -En algunas cosas, solo tienes que creer y esta es una de ellas. Tu padre va a estar bien.-

Atrapada en su mirada, no pude desconfiar en lo que decía, a pesar de que mis dudas siguieran flotando en el fondo de mi mente. Asentí lentamente, sin romper el contacto visual y él me sonrió, satisfecho.

Recostado en su silla, pero manteniendo mi mano firmemente entre las suyas, demando, -cuéntame todo lo que paso cuando no estuve aquí. No excluyas nada.-

Cuando no conteste, me miro expectante y me encogí de hombros de manera divertida, -¿Qué quieres saber?-

-Todo,- respondió simplemente. –Dime lo que has hecho, lo que has visto, donde has estado. Quiero sentir que si hubiera estado aquí también.-

Divague por un momento pero él seguía mirándome con anticipación, toma una profunda respiración y me sumergí en una conversación sobre los acontecimientos de los últimos siete meses, contándole todo lo que se había perdido y detallando las cosas que creía importante.

Cada tanto, me interrumpía y hacia una pregunta o un comentario, una vez incluso se echo a reír, algo que no lo había visto hacer desde que regreso. Parecía ser difícil para él, pero después llego más fácil, iluminando su rostro y trayendo ese peculiar brillo de vuelta a sus ojos.

Después de un rato, estaba describiéndole el bazar de caridad para la guerra, y con el ceño fruncido me corto, levantando su mano.

-Espera un minuto, eso me recuerda algo. ¿Quién es Jasper?-

-¿Jasper?- pregunté sorprendida, me miro sospechosamente y me esforcé para encontrar un explicación, -es el nuevo maestro de la escuela,- dije, luego de saber que no quedo satisfecho, añadí a regañadientes, -Alice está un poco apegada a él.-

-¿Apegada?- Exclamo, su rostro cubierto de preocupación.

-Espero que no sea nada grave,- añadí rápidamente, con la esperanza de calmarlo. –Ella aun es muy joven. Estoy segura de que lo superara.-

Por desgracia siguió con el ceño fruncido, así que cambie de tema rápidamente, con la esperanza de distraerlo.

-Ya basta de Forks, háblame de la guerra. ¿Cómo fue?- Pregunte ansiosamente, con curiosidad en mi voz.

Contrariamente a mis esperanzas, su ceño no desapareció sino que se profundizo, arrugando aun más su frente y frunciendo las cejas amenazadoramente. Los conocía por demasiado tiempo, sin dejar que me disuadiera, insistí nuevamente. –Por favor Edward, descríbemelo. Lo más cercano que he estado a la línea de frente es Seattle.-

-Que bien,- gruñó y me eche para atrás, sorprendida por el tono de sus palabras.

-Edward,- pregunté con cautela, -¿Me hablaras acerca de ello, por favor? ¿Acerca de la guerra, los combates, lo que es ser un soldado?-

-No,- grito una y otra vez, y me quede asombrada por el tono amargo y el enojo en su voz.

-Pero lo prometiste,- grité, consciente de que soné como una cría pero estaba demasiado herida como para que me importara.

Solo me miro, una mirada que partió mi alma y dolió más de lo que creí que una mirada podría hacer. De pronto mi enojo estallo. ¿Se creía que se podía ir por siete meses y luego volver y tratarme como se le dé la gana?

Me puse de pie, sintiendo mis mejillas arder por mi orgullo herido. -¿Qué te pasa?- pregunté, mi voz se elevo cuando no respondió. -¿Por qué no me hablas? ¿Qué te da derecho de volver aquí y comportante como si de repente fueras mejor que yo?-

A este punto, mis ojos estaban llenos de lágrimas, una vez más, pero mi orgullo me impidió quebrarme ahí en la cocina. En cambio, Salí al pasillo y abrí la puerta para él, señalando que debía irse.

-Creo que es hora de que te vayas,- dije con firmeza, mirando mis pies mientras él caminaba lentamente hacia la puerta, pasando junto a mí desprendiendo su olor a jabón y almizcle. Se detuvo brevemente y me asome para verlo mirándome fijamente, tristeza inundando sus ojos.

Se fue sin decir una palabra y cerré la puerta tras él, apoyando mi cabeza contra la madera fría. Sin previo aviso, me di cuenta de que no podía contener mas las lagrimas y las dejen caer, con los ojos cerrados y los dedos en la manija, me deje llorar.

EPOV

Esa noche

Estaba desparramado en mi cama, mirando el yeso calcáreo de mi techo. Mi cerebro estaba entumecido mientras trataba de perderme en el intrincado paisaje de picos y crestas que componen la superficie turbulenta. Respirando profundamente, relaje cada parte de mi cuerpo, y me obligue a no pensar, no sentir, estar vacio y en silencio.

Seguí con indiferencia una grieta que corría a lo largo del techo, trate desesperadamente pensar en otra cosa que no sea la sensación de opresión en mi pecho. Se sentía como si una gran fuerza me estuviera aplastando, aplanando y pulverizando el corazón.

Otra ola de desanimo de apodero de mi y con apatía mis parpados se cerraron, bloqueando el lugar que me rodeaban, reduciendo el resplandor de las paredes blancas que estaban dañando mis ojos después de meses de marrones y verdes apagados. Mi cabeza me daba vueltas y renuncie el último vestigio de cordura en el caos, dejándome caer en el tumulto.

Le di la bienvenida, ya que significaba el alivio al dolor que me había consumido desde que había regresado de la casa de Bella esta tarde. Las preguntas giraban en torno a mi cerebro y me trago, me deje ir, sin preocuparme de cómo quemaban mientras corrían en círculos por mi mente.

¿Cómo podía ella quiere saber acerca de las trincheras? ¿No sabía lo que estaba preguntando? ¿Lo que me estaba pidiendo?

¿Cómo podría decirle? ¿Cómo podía ella esperar que le contara? La imagen de su rostro cuando grito "¡Lo prometiste!" Tan infantil y con una inocente indignación, me dieron ganas de llorar. Todavía era un capullo protegida por la infancia que habíamos vivido juntos y por un momento me invadió la envidia. Yo deseaba fervientemente volver a casa como si nada hubiera cambiado y vivir mi vida como lo hubiera hecho antes, como si nunca me hubiese ido.

Ahora, sin embargo, yo estaba en el exterior y pude ver con claridad lo que nunca tuve antes. Con asombro me di cuenta de que realmente no deseaba ser protegido. Había recorrido el mundo con los ojos cerrados casi por toda mi vida, y no volvería a eso para nada. Yo más que nada quería borrar las atrocidades que había presenciado, pero no cambiaría la nueva conciencia que había traído. Yo había cambiado, lo sabía, pero por primera vez, pensé que tal vez no sea tan malo.

De pronto me invadió un nuevo fervor y propósito. Bella estaba en lo cierto, ¿qué me pasaba? Tengo que contarle lo que he visto y hecho. Me daría el gusto de sacudir su ingenuidad y hacerla ver los horrores del mundo real. Su burbuja debía estallar y me daría el gusto de hacerlo yo mismo.

Lleno de ira, casi locura, me levante de mi cama y abrí la puerta del dormitorio, acechando las escaleras y el pasillo. Un rápido vistazo a mi reloj me dijo que era pasado medianoche y que había estado mirando el techo durante más tiempo del que me había dado cuenta. Sin inmutarme, me deslice a través de la puerta principal y al aire gélido de febrero me golpeo.

Discerní muy tarde en mi falta de un abrigo de nuevo, me estremecí y me esforcé en mantener el calor. Dentro de un minuto me encontraba de pie frente a la casa de Bella, mirando hacía la ventana que sabia correspondía a su dormitorio.

Rápidamente evalué la casa para ver mis opciones, llegando a la conclusión de que tendría que subir por árbol fuera de su ventana. No sería la primera vez, cuando éramos niños, en varias ocasiones habíamos logrado colarnos en la habitación del otro por la noche en ataques de rebelión o alegría y la ruta al de Bella no era desconocida.

Escale el árbol rápidamente, consiguiendo solo unos pocos arañazos, y me detuve en la rama que daba al alfeizar de su ventana, contemplando mi próximo movimiento. En el pasado, mis visitas eran esperadas por lo que la ventana había estado abierta, pero esta vez estaba cerrada contra el viento helado. Le di un codazo experimental y, para mi alivio, se movió un poco avisándome que no estaba cerrada con llave, solo a presión. Empuje la ventana con mi dedo cuidadosamente para abrirla, esperando que no sonara y alertara al padre de Bella.

Con la ventana abierta de par en par, entre tranquilamente a su habitación y mire a mi alrededor, desorientado en la oscuridad sin el haz de luz de la luna. Me aparte de la ventana y poco a poco mis ojos se acostumbraron a la oscuridad.

Un vistazo rápido me mostro que la habitación no había cambiado desde que había estado aquí de niño, hace muchos años. La cama estaba, tal como recordaba, a un lado de la habitación junto a la ventana y me acerque silenciosamente a ella, con la intención de despertar a Bella y contarle exactamente lo que había pedido, pero que estaba seguro no quería oír.

Mi vehemencia me empujo a pesar de la tensión de mis ojos por la escasa luz, pero a medida que me acerque pude distinguir una figura acostada en la cama mirando hacia la ventana. La poca luz de la luna que se colaba por ella ilumino las facciones de Bella mientras dormía, proyectando sombras artificiales en su rostro y el cojín en la que se recostaba. Su cabello estaba desplegado sobre la funda de la almohada crema a su espalda. Una de sus manos estaba extendida cerca de su cara mientras la otra estaba cerrada a su lado, en un gesto totalmente infantil.

El sonido de su constante respiración lleno la habitación y me tranquilice, mientras la veía dormir, mi propia respiración se ralentizo hasta coincidir con la suya. Incluso en la penumbra parecía extraordinariamente bella para mí y la débil luz de la luna le daba la hacía lucir más cálida e inalcanzable.

La observe en silencio, fascinado por su consumo de aliento y cautivado por la forma de sus labios entreabiertos, me relaje, la ira y el propósito desaparecieron. Se veía tan tranquila, tan inocente mientras dormía y todas las cualidades que quería purgar hace unos pocos minutos y ahora deseaba preservar desesperadamente. Yo sabía que no podía hablarle de las trincheras y las batallas, no podía tomar esa inocencia y pureza que yo amaba tanto. Yo quería protegerla, cuidar de ella, y de pronto era todo lo que importaba.

Una parte de mi quería quedarse, mirarla dormir y cuidar de ella hasta que se despertara, pero mi mente racional me dijo que no podía hacer eso. Estaría invadiendo su intimidad si me quedaba, sobre todo porque estaba enfadada conmigo, mi corazón se hundió ante el pensamiento. ¿Cómo podía explicarle que no podía hablarle de lo que había visto? ¿Qué la amaba y necesitaba protegerla por encima de todo? Ella me odiaba, y no había nada que yo pudiera hacer al respecto.

Me voltee para salir, un desolado suspiro salió de mis labios, me detuve cuando Bella comenzó a retorcerse en su cama. Ansioso de haberla despertado, mire a mi alrededor a tiempo para verla rodar sobre su espalda y gire la cabeza había otro lado, casi nerviosamente.

-Edward,- murmuró, consternación evidente en su voz, que luego se volvió temerosa y se lleno de angustia mientras gemía en silencio en la oscuridad. Una punzada de dolor atravesó mi pecho al saber que yo era el causante de su dolor y estaba paralizado, mirando con horror la figura de Bella mientras se movía inquieta en su cama.

Volvió la cabeza hacia atrás de modo que estaba frente a mí una vez más y sus labios se abrieron un poco, una pequeña sonrisa se extendió por su seductor rostro. –Edward,- respiró y parpadeo un poco, esta vez sonó tranquila, casi contenta.

Mi corazón salto en mi pecho, como si hubiera recibido un rayo estático, y empezó a latir furiosamente, golpeado furiosamente que temí que se despertara y los escuchara. Bella suspiro una vez más y se quedo en silencio, su respiración volviendo al patrón regular de modo que me tranquilizo.

Obligando a mi cuerpo moverse, abrí la ventana y, cerrándola con cuidado detrás de mí, me deslicé por el tronco y salte al suelo, limpiándome las manos en los pantalones. Con una última mirada a la ventana detrás de la cual mi ángel dormía, corrí a mi casa a través de la fría noche, con el sonido de mi nombre en los labios de Bella zumbando en mis oídos.

Feliz dia de San Valentin atrasado :) Bella tiene agallas, algo me dice que adoraran el siguiente capítulo hahah. Gracias a todas las personas que dejan review, y para lo que no lo hacen, se que estan ahi, un click y me hacen feliz :D contiis

PD: Para marimaritabananamari. Eres solo tu, debi llevarte con un medico cuando aun habia tiempo...