- Así que ese es nuestro plan. – Audrey sonrió al decir aquello. Acababan de anunciar que la primera salida a Hogsmeade sería en dos semanas y los Ravenclaw habían empezado a planear cómo librarse de las amigas de Lucy para que Cyrill y ella pudieran pasar el día a solas.
- No, ese es su plan. – La corrigió Ethan. – El resto dudamos de su legalidad.
- No entiendo por qué decís eso.
- Porque no vamos a drogar a nadie para que no pueda ir. – Contestó Thomas, negando con la cabeza.
- Sería solo poner un poco de poción en sus bebidas para que se duerman, no es para tanto. – La chica puso los ojos en blanco y sus amigos negaron con la cabeza. – Sois unos melodramáticos.
- No vamos a hacerlo, Dri, se siente. – Ethan la agarró por la cintura y la abrazó mientras ella protestaba levemente. – De todas formas, yo no voy a ir así que tendréis que apañárosla solo los tres.
- Espera, ¿no vienes? – Audrey giró la cabeza y lo miró con el ceño fruncido. El moreno negó con la cabeza y ella frunció el ceño aún más. – ¿Por qué?
- Porque tengo otros planes. – El chico apartó la mirada y se puso completamente rojo. Todavía no estaba seguro de que aquello fuera buena idea, pero aquella chica era muy simpática y le había insistido tanto que no había podido decirle que no. Además, era más que evidente que Audrey jamás lo vería como algo más que un amigo así que lo mejor sería conocer a otras chicas y despejarse un poco.
- ¿Has quedado con una chica y no nos lo has contado? – Le preguntó Natalie, enarcando ambas cejas.
- Claro que no. – Respondió Audrey por él.
- Pues yo por su cara no lo tendría tan seguro. – Comentó Cyrill. – Venga, cuenta.
- No hay nada que contar. – Insistió la morena. – ¿Verdad, Ethan?
- Es una Gryffindor de sexto. – Confesó finalmente, levantando de nuevo la vista. – Llevaba un tiempo mandándome indirectas y he pensado que por qué no. Puede estar bien.
- ¡Esa es, tío! – Thomas levantó un puño y lanzó una carcajada.
- No puedo creérmelo. – Audrey se separó del chico y lo miró ofendida. – ¿Vas con otra y no me lo dices?
- Venga, Dri, pensaba contártelo luego. – Dijo, estirando el brazo hacia ella, aunque lo dejó caer al ver que negaba con la cabeza. – Me lo ha dicho hace un rato, no he tenido tiempo.
- Pero ni siquiera la conocemos.
- Claro que la conocéis. Al menos de vista.
- No me parece bien, Ethan. – Dijo, cruzándose de brazos.
- Pero, ¿por qué? – Arrugó la frente. – Creí que te alegrarías por mí, Dri. Es una chica muy maja y creo que se merece una oportunidad.
- No lo niego, es solo que no me gusta que salgas con una desconocida. Podría ser peligrosa.
- Oh, sí, podría obligarme a beber cerveza de mantequilla o, peor aún, a comer ranas de chocolate.
- Seguro que solo quiere salir contigo porque te ha visto en los partidos de quidditch.
- Claro que me ha visto, ¡es una de las cazadoras de Gryffindor!
- ¿Cuál de ellas? – Preguntó Cyrill, que era el actual capitán del equipo de Ravenclaw.
- Anderson.
- Merlín, esa chica es muy buena, lleva ganando el trofeo de máxima goleadora desde que entró al equipo.
- Lo sé, es genial.
- ¿Ahora es genial solo porque sabe meter una bola en un arco? – Intervino Audrey, todavía cruzada de brazos y con expresión molesta. – ¿En serio? ¿Eso es lo único que valoráis en una chica? Eso puede hacerlo cualquiera.
- No. – Replicó, mirándola y negando con la cabeza. – También es simpática, la he visto trabajar como voluntaria ayudando a los de primero a pesar de no ser prefecta, tiene unas notas perfectas, creo que ha sacado todo Extraordinario en todos sus TIMOS, y es guapa.
- Vaya, parece que ahora es la chica perfecta, ¿no?
- ¿Pero qué te pasa? ¡Creí que te alegrarías por mí!
- Es que no conoces a esa chica de nada y ahora parece que es lo mejor que te ha pasado en la vida, Ethan.
- ¡Es una cita, Dri! Se supone que sirve justamente para eso, para conocernos mejor y, de todas formas, creo que ya ha quedado más que claro que es genial.
- Es que no te enteras de nada…
Audrey negó con la cabeza y se marchó con paso apresurado y él, aunque quiso seguirla, consiguió quedarse quieto en su sitio, con los puños apretados. Natalie suspiró y, tras dedicarles una pequeña sonrisa a sus amigos, la siguió por los pasillos.
- Audrey, espera. – La llamó cuando llegaron a un corredor desierto. La otra se detuvo y ella terminó de acercarse. Apoyó una mano en su hombro y la miró de forma preocupada. – ¿Estás bien?
- Claro, ¿por qué no iba a estarlo? – Murmuró, con la mirada fija en sus pies y retorciéndose las manos con nerviosismo.
- Te ha sentado un poco mal lo de Ethan, ¿no crees?
- Es que me parece increíble que de repente vaya con una chica de la que jamás había oído hablar y que, según sus propias palabras, es la perfección hecha bruja.
- ¿Estás celosa?
- ¡Claro que no!
- Pues es lo que parece. – Suspiró. – Audrey, escúchame. Ethan está enamorado de ti, ambas lo sabemos y…
- No está enamorado de mí. – La cortó, mirándola. – No sé por qué dices eso.
- Porque se le nota a leguas. – Insistió. – La cuestión es que creo que tú también sientes algo por él, por mucho que digas que solo es tu mejor amigo y que lo quieres como a un hermano, y tu reacción me lo ha confirmado.
- No estoy celosa y no siento nada por Ethan, Natalie. Somos solo amigos y ni se te ocurra mirarme con esa expresión tuya de "siempre tengo razón" porque te juro que te lanzaré un moco-murciélago o cualquier otra maldición que se me ocurra.
- ¿Alguna vez has escuchado eso de "ni come ni deja comer"? Pues justamente así te estás comportando tú ahora mismo. – Insistió, ignorando sus palabras y mirándola exactamente con esa cara. – Si no quieres nada con él, déjalo libre. Se merece a alguien que le quiera y no estar en el limbo.
- Natalie, deja de decir tonterías. Yo no quiero nada con él.
- Pues entonces alégrate porque ya va siendo hora de que él también ligue un poco y salga a divertirse, ¿no crees? No solo tú tienes derecho a ello.
- Es que no quiero que le hagan daño, ni que me quiten a mi amigo. – Murmuró, aunque no pudo evitar sentir una punzada en el estómago. Solo era eso, ¿verdad?
- No te lo van a robar, para él siempre estarás en los puestos más altos.
- Eso espero…
- Y, de todas formas, no puedes impedir que le dañen, no sabes lo que quiere esa chica, ni lo que querrán otras en el futuro.
- Supongo que tienes razón. – Se mordió el labio. Si fuera por ella, pararía el mundo con tal de no verle poner una mala cara.
- ¡Audrey, Natalie!
Ambas se giraron al escuchar aquello y vieron a Carina Malfoy corriendo directamente hacia ellas.
- Menos mal que estáis aquí. – Dijo cuando llegó hasta ellas, con una pequeña sonrisa. – El imbécil de Potter no ha sido de gran ayuda y temía no encontraros. Por suerte Jackson y Mosby son más majos.
- ¿Ha pasado algo? – Le preguntó Audrey.
- Necesito un favor.
- Claro, dime.
- No, tú no puedes ayudarme, vengo a pedírselo a Natalie.
- ¿A mí? – La chica frunció el ceño.
- Sí, es por Eve. – Suspiró. – Necesito que os reunáis conmigo todos los prefectos de Ravenclaw.
- ¿Por qué?
- Os lo contaré entonces.
- Carina, no sé si te das cuenta de que tú no eres prefecta y no tienes ningún tipo de autoridad sobre nosotros. – Negó con la cabeza. – Necesitaré un motivo.
- Vale digamos que Eve no lo está pasando bien por culpa de Chris desde que rompieron y necesita alejarse de él así que vamos a hacer unos cuantos cambios a sus espaldas.
- ¿Y por qué crees que vamos a hacer algo contra el Delegado?
- En primer lugar porque Eve es encantadora y dudo mucho que tengáis algo en su contra. – Respondió, enarcando una ceja. – Y en segundo porque me debes un favor desde cuarto.
- Es verdad… - Suspiró. – Carina, no dudo que tus intenciones sean nobles, pero no quiero acabar metida en un lío con el Delegado.
- Por favor, Natalie. – Le pidió. – Eve lo está pasando muy mal, ha pensado incluso en renunciar.
- ¿Qué dices? – Abrió mucho los ojos.
- No soporta más esta situación y nosotras tenemos que ayudarla como sea. – La pelirroja se mordió el labio. – Si lo haces, te deberé una muy gorda.
- ¿Y cómo se supone que voy a convencer a los demás? – Le preguntó, dubitativa. Entendía que quería ayudar a su amiga y, la verdad, ella también había notado la más que evidente tensión entre los dos chicos desde su ruptura. Quizás hacer algo no estuviera de más.
- No lo sé, pero confío en ti. Puedes decirle lo que yo te he dicho, aunque no me gustaría que se divulgara por ahí.
- Lo entiendo, no es algo muy agradable. – Asintió. – ¿Qué te han dicho los demás?
- Que harían todo lo que estuviera en sus manos para llevar a todos los prefectos a la reunión.
- Pues entonces te digo yo lo mismo, aunque no puedo prometerte nada.
- Mil gracias, Natalie, de verdad. – Carina sonrió ampliamente. – Espero que esto salga bien.
- Esperemos que sí.
- Pues nos vemos entonces mañana a las nueve en el aula de Encantamientos, ¿vale?
- Perfecto.
- Hasta luego, chicas.
Se despidió con un gesto y salió corriendo por el pasillo, dejando a las dos amigas solas otra vez.
- ¿Quieres que volvamos con los demás? – Sugirió Natalie entonces.
- No tengo ganas de ver a Ethan. – Audrey negó con la cabeza. – Seguro que quiere que le pida perdón o algo así.
- Es que deberías hacerlo.
- Quizás mañana o más tarde. – La morena suspiró. – Seguro que todavía están hablando de la estúpida esa.
- Y aquí vuelven los celos. – Masculló la castaña por lo bajo aunque, por suerte, la otra no la escuchó. – Déjalos tranquilos, Audrey.
- Lo sé, lo sé. Te prometo que este será el último comentario que haga sobre esa tal, ¿Anderson? Bueno, no sé, me da igual.
- ¿Quieres subir a la Torre?
- Creo que voy a salir fuera un momento, necesito despejarme. – La chica sonrió levemente. – Os veré en la cena, ¿vale?
- Vale.
Natalie le dedicó una última sonrisa y apretó su brazo con dulzura antes de marcharse para que Audrey pudiera poner en orden sus pensamientos. La chica entonces bajó hasta la segunda planta, abrió una ventana y, tras comprobar que no había ningún profesor o prefecto cerca, se sentó en el alfeizar, con las piernas hacia fuera. Siempre que necesitaba pensar hacía aquello, aunque había dejado de hacerlo en las ventanas de las plantas más altas desde que Ethan (que era el único que sabía aquello) había estado a punto de sufrir un infarto al verla. Cerró los ojos y dejó que la suave brisa acariciara su rostro. Ella tampoco estaba muy segura de por qué había actuado de aquella forma tan melodramática al enterarse de los planes de Ethan. Estaba claro que no quería que lo dañaran ni lo separaran de ella (los dos habían sido uña y carne desde su primer día en el castillo) y temía que otra chica hiciera eso, pero quizás… Negó con la cabeza. Natalie no podía tener razón. No en eso. Ella no podía sentir cosas por él, era imposible. Solo recelaba por miedo, pero no había nada de celos (y, si los había, estaban más que justificados, no tenían nada que ver con ningún sentimiento romántico). Suspiró y trató de dejar la mente en blanco. Tendría que pedirle perdón por el numerito y desearle suerte en su cita pero, se prometió, estaría muy alerta. No pensaba permitir que le hicieran daño jamás aunque, para evitarlo, tuviera que enfrentarse directamente con cualquier posible novia.
