Capítulo dedicado a Mimi Afterhours (mi beta) y para aquellas personas que han luchado por tener un hijo.


DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La saga crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría. Está prohibida su adaptación parcial o total.

Capítulo beteado por Mimi Afterhours de Betas FFAD. www . facebook ,com /groups / betasffaddiction /


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Capítulo 8: Ronda la muerte.

Me quedé en Forks, pues Edward me dijo que su ausencia sería de dos días, por lo tanto, era totalmente ilógico que me desgastara viajando a San Francisco; además, yo quise quedarme unos días en mi ciudad natal, para que mis padres también vieran y disfrutaran cuando mi princesa se movía.

Revisando unos cajones de mi escritorio encontré un CD que tenía una versión acústica de Far away interpretada por Edward, me emocioné bastante por el recuerdo, no era una gran fanática de Nickelback, el intérprete original de la canción, pero aquella melodía evocó el día de mi matrimonio, cuando él paró un minuto la fiesta y sólo con una guitarra hizo que me emocionara hasta las lágrimas.

—Me voy a dormir Bella —dijo mi madre irrumpiendo en mi habitación.

—Está bien. —Dejé el estuche de los CD's encima del escritorio—. ¿No esperarás a papá?

—Tu padre se encuentra en un atasco vehicular en la salida de Seattle, unos camioneros están en huelga así que me llamó para que yo me fuera a dormir.

— ¿Qué hora es? —pregunté, porque realmente me encontraba perdida en la hora.

—Falta poco para media noche.

—Que descanses. —Fue lo último que le dije antes de seguir revisando cada uno de los títulos que había en el estuche. Saqué el viejo reproductor de CD's y después de que me preparé para dormir, me coloqué los audífonos y con una suave música de fondo me quedé dormida.

El teléfono sonaba lejano, no desperté a tiempo para contestar, por lo que al segundo llamado cumplí con el objetivo de levantar el auricular. Edward era el que llamaba para avisarme que estaba todo bien y que los trámites estaban en proceso.

—Te extraño y nuestra pequeña hija también te echa de menos. —Sonreí, no quise mencionar el nombre en que soñé, eso ameritaba una conversación cara a cara.

—Reservé para hoy mismo un boleto en el último vuelo, por lo que me tendrás esta madrugada contigo.

Me dieron ganas de comer helado, bajé lentamente por la escalera, me encaminé directo hacia el refrigerador y me serví una porción. No había nadie en casa, no tenía la menor idea de dónde estaban mis padres, no habían dejado ninguna nota.

Me comí el helado escuchando la música de los discos que no había alcanzado a oír la noche anterior. Sentí la puerta principal cerrarse y fui a ver quién era, mi madre venía con muchas verduras en un bolso.

—Mamá, ¿por qué no me despertaste para acompañarte?, después andas diciendo que te molesta el dolor de tus huesos. —Le dije seriamente.

—Y tú estás con un embarazo de riesgo. —Me cortó—. Andy te dijo que no debes esforzarte, que debías pasar la mayoría del tiempo en cama. —Pocas veces la había visto así, por lo general era Charlie el que ponía las reglas cuando era pequeña—. Así que no me dés sermones de mis huesos, porque mi nieta es más importante.

Le ayudé a cocinar pescado al horno con verduras, pues el refrigerador necesitaba que lo despejáramos un poco de tanto pescado que tenía, sabía que mi papá era de las personas que amaban andar con una caña de pescar al hombro los fines de semana.

Sonó el teléfono y mi mamá estaba preocupada de saltear las verduras así que yo fui a contestar.

—Aló, ¿Bella?, soy Jessica. —Ella habló suavemente—. ¿Podemos juntarnos a eso de las seis de la tarde en mi casa? ¿O prefieres que nos juntemos en el restaurant?

—Hola Jess, prefiero que nos juntemos en tu casa, así conversamos más tranquilas.

—Está bien, aquí te espero.

—Llevaré un pie de limón, tú preocúpate de tener un descafeinado para mí y será una buena tarde. —Ella rio y me dijo que no me impacientara, ella se acordaba de esos detalles.

Al almuerzo mi padre llegó a comer bastante apurado, un accidente de tráfico, que ocurrió a primeras horas de la mañana en el empalme de Forks con La Push y la 101, era la razón de fondo, estaban llamando a todos los policías que estaban libres, había sido bastante grave.

— ¿Cuáles fueron los vehículos que participaron? —preguntó mi madre.

—Un volvo plateado, como el de Edward, donde iban los turistas y se supone que el otro es un vehículo de gran tamaño. —Miré a mi papá de manera interrogante—. El otro vehículo se dio a la fuga —respondió a mi pregunta silenciosa.

Era algo que no me esperaba, recordé un poco de mi accidente, pero no me dejé llevar por el pánico pues, con el clima de la ciudad, desde pequeña me había tocado oír a mi padre hablar sobre los riesgos de conducir sin precaución en Forks.

—Esta tarde iré donde Jessica para tomarnos un café y compartir un rato. —Les conté a mis padres—. Así que van a tener que cenar ustedes dos solos.

—No te preocupes, ve con calma y con cuidado —dijo Charlie.

En la tarde organicé y leí varios manuscritos que había redactado antes de irme a estudiar literatura en San Francisco. Me acordé de la decisión que tomé respecto al proyecto de Tia, tendría que llamarla al día siguiente para comunicárselo.

La hora pasó rápido, así que me preparé para irme a la casa de Jessica, me coloqué un vestido sencillo, pero que era grueso de manera que repeliera un poco el viento que había. El maquillaje lo dejé de lado, solo apliqué un poco de crema en el rostro pues últimamente sentía mi piel más seca que de costumbre.

Al llegar a la casa de Jessica ella me recibió con afecto, tenía la mesa puesta y estaba la tetera humeante, el pie de limón lo traía en mis brazos y lo acomodé para repartirlo.

—Pensé que no ibas a venir en mucho tiempo, porque tu madre me comentó que tu embarazo era de cuidado. —Jessica inició la conversación.

—Es verdad lo que mi mamá te mencionó, mi embarazo es de cuidado. —Le contesté—. Pero no podía fallar otra vez. Se cumplió el tercer aniversario de la partida de Matt. —Respiré profundo y ella asintió comprendiendo de algún modo las razones por las que estaba de visita—. Los dos años anteriores no me sentí preparada para venir.

—Sé que ni el dolor ni la felicidad tienen dimensiones, pero también sé que te ves mejor, más feliz. —Asentí firmemente, porque lo que Jess decía era verdad.

—Basta de hablar de mí. —Acoté entre risas—. Cuéntame qué ha sido de tu vida, Jessica. —Saqué un trozo de pie de limón y me lo llevé a la boca.

—Estoy comprometida con un infante de marina, Ángelo Balotta. —Hizo una pausa y continuó—: él es descendiente de italianos, su padre llegó a México arrancando de la segunda guerra mundial y posteriormente se radicaron acá en Estados Unidos. —Me sorprendió, Jessica en la secundaria era de la idea de "odio a los hombres" y se lo recordé.

— ¿No que tu lema era "odio a los hombres"?

—Lo era, pero Ángelo literalmente me salvó. —Me contó cómo Ángelo no estaba de servicio y paseaba por la playa de Miami cuando vio que ella agitaba sus brazos pidiendo ayuda y no había salvavidas.

—Pero Jess. —La quedé mirando extraño—. Tú sabes nadar desde los ocho, ¿qué sucedió?

—Me enredé en una boya mal colocada, había marea baja y estaba en un mal lugar. —Miró el reloj del comedor como esperando algo pero continuó hablando—. La empresa que estaba a cargo no la retiró.

Nos reímos bastante de situaciones que recordamos de la secundaria, sobre todo cuando Jessica hizo que las guerras de comida del casino volvieran a desempolvarse de ese cajón donde tenía guardado todas esas memorias.

Le pregunté por qué no estaba ejerciendo su profesión, porque fue una duda que me asaltó desde que la vi en el supermercado.

—Estoy acá en Forks con mis padres para no estar tan sola y también estoy juntando recursos, porque cuando Ángelo vuelva del periodo de reclutamiento nos marcharemos a Italia de vacaciones, allí me quedaré a estudiar dos meses mientras él vuelve a hacer la última instrucción en barco antes de nuestro matrimonio. —Ella meditaba profundamente para que no se le olvidara nada—. Eh… Después de la luna de miel, Ángelo pretende que nos radiquemos en Miami y allí abriré un restaurant.

—Wow, me sorprendes amiga mía. —Era un gran plan.

Eran cerca de las nueve de la noche y decidí que era una hora prudente para marcharme. Pero antes de que lo hiciera Jess me entregó tres sobres decorados que contenían las invitaciones para su boda, una era para mis padres, la otra para la familia de mi hermano, la última era para Edward y para mí.

—Jess, intentaré hacer un esfuerzo. —Le dije indicando mi vientre—. Porque quizá en cuatro meses estaré muy pronta al parto, pero no dudes en que vendré si Andrew me deja.

—Lo sé, lo sé, pero al menos cumplí con entregarle a una gran amiga las invitaciones. —Me abrazó y antes de soltarme me hizo recordar un verso de una canción de Phill Collins—. I see your true colors. —La canción true colors fue parte de las que ella me dijo que escuchara antes de irme a San Francisco y realmente agradecí ese gesto.

Eran las nueve en punto, me había alejado una cuadra y media de a casa de mi amiga cuando siento unos disparos, me escondí atrás de un arbusto, miré hacia atrás y me percaté de que los disparos fueron hacia la casa de Jessica, aterrorizada de lo que pudo haber pasado con ella llamé a mi padre.

—Papá, iba camino a casa pero han disparado a la casa de Jessica. —Él me intentó calmar y yo en el intertanto respiraba hondo, para que no me diera un ataque de pánico.

—Bells, calma, iré a buscarte y mandaré a alguien de la comisaría a ver qué es lo que sucedió. —Sus instrucciones fueron claras e hicieron que mantuviese levemente la calma.

—Estoy detrás de un árbol, tres casas a la derecha de donde vivió el matrimonio Lavanchy. —Esa familia fue muy amiga de mi abuela.

Intenté conservar la calma, sabía que mi padre estaba en camino al igual que los colegas de Charlie, rogaba a Dios para que no hubiera ocurrido una tragedia y fue cuando estuve a punto de tranquilizarme cuando una idea horrorosa cruzó por mi cabeza, pensé en que las balas eran para mí y mi bebé. Volví al estado de conmoción.

Dejé para después aquella tortura, estaba esperando a mi padre y en eso me concentré.

Sentí unos pasos, y la voz de mi padre susurrando bajo mi nombre, me levanté despacio y después de un apretado abrazo él me llevó a casa.

Mi madre me abrazó apenas llegué, me contó que Edward ya había cogido un vuelo y que llegaría por la madrugada.

—Papá, ¿cómo está Jessica? —Le pregunté ansiosa—. Sé que tú lo sabes.

—Jessica está grave y la llevan a Seattle. —Me informó, aunque en su mirada noté que había algo más—. Eso es todo lo que sé.

Me invadía la preocupación, les entregué el sobre con la invitación a mis padres y Charlie tragó saliva profundamente.

—Jess me pidió que les entregara esta invitación, su boda será en cuatro meses. —Les informé y mi papá asintió.

Mi madre me trajo una infusión de hierbas para que me fuera relajando, el silencio reinaba por distintos motivos, la preocupación de mi mamá, la inquietud de Charlie y mis nervios por Jessica. Una llamada telefónica interrumpió aquel tenso silencio.

Mi padre descolgó el auricular.

—Con él. —Contestó y los nervios se apoderaron de su mirada—. Está bien, yo me haré cargo de aquello. —Se quedó en silencio y después continuó—. Yo tomaré las declaraciones, sé que Bella es mi hija, pero su estado de salud no permite que la sometan a las preguntas que por lo general se hacen en estas circunstancias. —Cerró los ojos intentando no ser duro—. Si estuvieras en mi posición entenderías por qué lo hago, tu hija no ha pasado por todo el dolor de Bella así que YO tomaré las declaraciones.

Después de unos segundos colgó el teléfono y el ambiente se volvió más denso, la mirada de mi padre de los nervios pasó a la furia y a la angustia, mi madre lo abrazó y ambos se sentaron en el sillón de dos cuerpos a reconfortarse en un abrazo.

—Bella, tienes que descansar —dijo mi madre, me acompañó a mi habitación y en un acto que me recordó la infancia, mi madre se recostó conmigo y me acarició el rostro hasta que me fui quedando dormida.

¡Mamá! Mi angelito gritaba desde el otro lado del claro—. ¡Mamá, corre!

Y por más que corría no alcanzaba ni siquiera la mitad del prado, ya me estaba agotando, mi hija en mi vientre pateaba de manera constante y el aire me faltaba al intentar respirar, la garganta quemaba y no entendía de qué tenía que escapar.

Edward tenía a Matt en sus brazos y todo era risas, ellos se reían de mí, yo los miraba y negaba, pero después de que ya me encontré repuesta caminé hacia donde ellos estaban.

Mamá ya está aquí. Le dije a Matt y él me sonrió.

Como una verdadera familia. Agregó Edward.

De la nada apareció un escenario diferente, estaba sola en la casa de Jessica, veía todos los muebles dados vuelta, vidrios rotos y regados por el suelo, casquillos de bala en la pared, olor a pólvora en el ambiente, el tapiz de los sillones con miles de vidrios diminutos que eran de la lámpara del techo del comedor y en la mesa estaba el cuerpo de Jessica ensangrentado, frío y rígido. Estaba muerta, Jess estaba muerta.

Comencé a gritar.

Mi madre entró rápidamente y me abrazó, la maldita pesadilla me tenía con el pulso por las nubes, respiré profundamente y mi hija se movió de manera brusca en mi vientre.

Mi madre sabía que había tenido una pesadilla, desde niña había sido así, cada vez que tenía una pesadilla los llantos y los gritos alertaban a mi familia. Charlie o Renée siempre me despertaban, calmaban mis nervios y esperaban a que me volviera a dormir para irse a dormir de nuevo.

— ¿Estás bien? —Mi madre me miraba preocupada y yo asentí—. Tu padre ya fue a buscar a Edward. —Me informó.

—Espero que eso sólo haya sido una pesadilla —murmuré—. No me gustaría que se hiciera realidad.

Mi madre me llevó a la cocina y me preparó unas tostadas y unos huevos fritos, comí lentamente mirando el reloj, ansiosa, pensando en Edward. Estaba horrorizada con la idea de los disparos y una lágrima cayó inconscientemente por mi rostro.

—Cálmate. —Me ordenó Renée—. No quiero ver que te tengan que internar en Seattle a ti también por todo lo que pasó, Bella. —Su voz sonaba muy preocupada—. Recuerda las instrucciones de Andy por favor.

Sonó el teléfono y me apresuré a contestar.

—Aló, ¿papá?

—No cariño, soy Edward, tu padre viene conduciendo. Estamos en el cruce de La Push así que pronto te daré un abrazo para que sepas cuanto te he extrañado. Te amo.

Una lágrima de emoción rodó por mi mejilla y terminó en mis labios, que se curvaron en una sonrisa.

—Aquí te esperaré.

—Bells, anda a acostarte, es muy tarde para que andes rondando por ahí. —Me dijo y para que no se preocupara, accedí.

—Me voy a la cama. —Le dije a mi madre.

Pasé al baño a lavarme los dientes y en unos minutos estaba de vuelta en el dormitorio, le hablaba a mi vientre, le expresaba todo el amor con que toda la familia la estaba esperando, como respuesta recibía ligeros movimientos que me llenaban de dicha.

Sentí unos suaves pasos en la escalera y la puerta de la habitación se abrió, Edward estaba por fin a mi lado. Se acercó, me tomó de la barbilla y me besó con ímpetu, me sentí tranquila, sabía que estando con él podría enfrentar muchas cosas, que sola no podría haber hecho.

— ¿Mi papá te dijo algo sobre Jessica? —pregunté, él se tensó y aunque contestó, tenía absolutamente claro que ahora todo el mundo iba a mantenerme un poco fuera de esto. Maldije internamente a mi presión sanguínea.

—Supongo que Charlie te dijo lo mismo que me dijo a mí, está grave y fue derivada a Seattle. —Suspiró—. Supongo que allí le irán a extraer la bala que recibió.

Lo miré a los ojos, y puse una mano en su mejilla, con los ojos aguados le supliqué que por favor no me escondiera cosas ni me mintiera, porque él sabía que Jessica era una persona importante para mí.

—Es difícil decirte las cosas sin dorar un poco la píldora primero Bella, me da miedo que ante una noticia cualquiera sufras un alza de presión sanguínea y pueda perderte. —Él también tenía la voz quebrada y de pronto fue como si se le hubieran venido unos cuantos años encima por esa mirada que me helaba los huesos, ese verde desvaído que hacían notar todo lo que se reservaba para que yo no sufriera.

En un gesto de amor, lo abracé.

—Está bien —susurré en su oído—. Lo siento… No quise ponerte en esa situación. —Me bajó el arrepentimiento profundo, él me abrazaba y besaba mi clavícula.

Fui consciente de que poco a poco los párpados me pesaban más, Edward ya dormía a mi lado, su brazo se aferraba firmemente a mi vientre, él subió un poco mi polera y mi hija se movía de manera suave bajo la mano de Edward.

—Te quiero… —murmuró Edward.

Íbamos en el volvo de Edward camino hacia el claro, no había nada en el camino, estaba extrañamente despejado, me recordó a algo, pero no sabía a qué.

Unos zapatitos blancos tejidos estaban colgando detrás del espejo retrovisor junto con una foto de la última ecografía.

¿Cuándo colocaste eso ahí, Edward?

Los compré en el último viaje que hice. Frunció el ceño. Creí que te lo había contado.

Me sonrió con los ojos brillantes y totalmente expresivos, algo estaba planeando en su mente.

Se me antojó algo dulce murmuré bajo, pero Edward me escuchó.

En la bolsa que hay atrás de tu asiento hay galletas.

Saqué un par de galletas y me las comí, alumbró el sol de una manera totalmente rara y mi mente insistía en que ya había estado ahí, mi corazón se aceleró al ver un camión a lo lejos, ahora recordé todo, pero ahora me había quedado muda y quieta. El camión se acercó y de pronto apareció el vehículo que sabía que chocaría con nosotros. En cuanto el otro vehículo golpeó al nuestro me di cuenta que el tipo que provocó la muerte de Matt no estaba al volante, quien manejaba era una mujer, una mujer que no odiaba, pero que cuando me la encontraba me incomodaba, me traía malos recuerdos…


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El próximo capítulo es un pov Edward, donde se explicará la razón de su viaje repentino a San Francisco y también la mafia de Alistair volverá...

Espero ansiosa sus comentarios, quejas y otros.

Un abrazo grande.