Capítulo 10: Conversaciones nocturnas

No podía creerlo. Aún sentía las lágrimas correr por sus mejillas, aún después de tantos años transcurridos le quemaban. Pero, ¿por qué ahora?

Su pasado poco importaba ya. Los tormentos de su anterior vida no eran nada comparados con las adversidades que su frágil moral tenía que soportar cada día como bien advertía a simple vista el negro estigma en su pálido antebrazo izquierdo. Un castigo por siempre eterno. Ese era el precio.

La joven cogió entre sus brazos la almohada del cabecero de su cama. Intentó acallar su llanto en su suave relleno interior y limpiar sus lágrimas en su blancura impoluta. Pero era imposible; se sentía tan desdichada...

La gente siempre la había considerado una persona fuerte, de naturaleza amable, risueña y alegre, pero ella no era así, o tal vez lo fuera en un tiempo ahora ya muy remoto. Ni siquiera se acordaba. Se sentía como la mayor mentirosa que había existido nunca. Jamás dejaba que nadie la llegara a conocer del todo; había aprendido la lección. Pero ahora su corazón volvía abrirse, esta vez, contra su voluntad. Sabía que era peligroso, no obstante, una fuerza mayor la empujaba hacia ese abismo, la atraía como ninguna otra cosa hasta el momento.

No podía seguir negando esa fuerza. Remus Lupin era el centro de su negro universo, una débil y titilante estrella inalcanzable en el firmamento, tan frágil que la misma oscuridad podría engullirle, destruirle. No podía permitir que eso ocurriera; dolería demasiado.

Le amaba.

Y el amor duele, pero aún más cuando aquel a quien amas se ha convertido en tu más ferviente enemigo.

A pesar de ello su mente racional siempre lograba crear una barrera emocional que delimitaba su corazón. Nunca había sentido nada parecido por alguien. Ni siquiera por aquel a quien se había entregado en primer lugar. Sabía que Remus era distinto que él, que no era igual a los demás. Lo sabía al mirar sus ojos, al sentir sus caricias, su beso…

Volvió a hundir su cabeza contra la almohada.

Odiaba que aquel beso fuera a ser el último…

Al otro lado de la habitación, unos pasos lentos y acompasados se escucharon subir por la escalera. Ella no los oía, pues acababa de dar por finalizada la batalla por sus sentimientos.

Remus se detuvo.

Aquel lastimero sonido de nuevo. Ahora junto a su habitación.

Algo le desgarraba el corazón al sentirlo.

Entonces, unos pequeños golpes en la vieja madera repercutieron en la habitación. Tonks sobresaltada levantó la vista. La puerta se abrió lentamente con un chirrido…

-Tonks…- llamó su voz. El pequeño candil en la mesita de noche proyectaba una débil luminosidad sobre las paredes. A pesar de ello, sus dorados ojos la encontraron acurrucada en su cama, abrazada a la almohada-. Nymphadora…- insistió al no ver en ella reacción alguna.

La joven contempló su propio reflejo en el espejo que quedaba a un lado de la entrada. Hundió su cabeza.

-No me mires.

Remus percibió el sutil tono de súplica en su voz.

Él no debería estar allí. En ese momento estuvo tentado en abandonar los nuevos aposentos de la joven. En realidad no tenía ningún derecho en permanecer en aquel lugar. Ya se iba a marchar cuando algo le hizo detenerse.

Algo en ella era diferente. Su cabello era completamente distinto a cuantos había visto en su persona. Normalmente siempre presentaba esa tonalidad rosa, rosa chicle si estaba muy alegre o rojo intenso cuando, por razones que aún escapaban a su entendimiento, se ponía nerviosa. Últimamente siempre era rosa, pero algo desvaído, casi no se podía percibir, y algunos mechones eran de un color más oscuros que otros. Pero esa noche era como si todo el color hubiera desaparecido.

No recordaba haber visto nunca un negro tan intenso. Ni siquiera en aquellas noches frías de invierno sin astros luminosos en el cielo.

Fue entonces cuando Remus Lupin tomó conciencia de que Nymphadora Tonks era metamorfomaga. Un don extraordinario y a la vez extraño. En esos días de relativa soledad interna no había podido resistir la tentación de recopilar toda la información precedente sobre aquel aspecto de la magia.

Según había podido leer varios expertos en estos casos coincidían que la metamorfomagia, dada en individuos poco tiempo después del nacimiento, podía deberse a la herencia mágica transmitida por ambos progenitores. Es decir cuando una sangre especialmente mágica, o lo que generalmente se llama sangre limpia, se mezclaba con otra de categoría mágica más inferior o incluso podía darse el caso de que una de las partes fuera muggle. Una de las preguntas más polémicas sobre el caso era la hipótesis planteada por algunos sobre si los metamorfomagos por nacimiento tenían en realidad un aspecto propio. Ningún libro parecía ponerse de acuerdo sobre esta cuestión, pero acaso sin leer ninguna de sus opiniones Remus mantenía de manera imperiosa su propia afirmación.

A pesar de todas las horas de lectura, había una cosa que si lograba sacar en claro de toda esa marea ingente de papeles impresos y era que todos- de los pocos metamorfomagos que existen o existieron en el mundo-, se han sentido inseguros en mostrar su verdadero yo delante de otras personas. Por esa razón tienden a imitar los rasgos de otros magos o brujas que más se adecuen a sus gustos. No obstante, los rasgos prestados pueden desaparecer según los sentimientos del metamorfomago, dejando a la vista su verdadera identidad…

¿Era ese el caso de Tonks? ¿Acaso esos rasgos físicos que tanto cariño le suscitaban eran de otra persona? ¿Le había estado engañando y por eso no quería que la viera? ¿Quién era en realidad la persona que se ocultaba bajo la almohada...?

Ahora no lo sabía, pero… ¿En verdad eso importaba tanto?

A él lo que en realidad le importaba era la persona que se encontraba debajo de todo eso, la persona sensible, cariñosa, amable y confidente que Remus creía conocer.

Cerró la puerta con cuidado, aproximándose más hacia ella. La joven se asombró al escuchar esa clase de sonidos. Había esperado una reacción bien distinta de aquella. Un sentimiento de temor se apoderó de todas las células de su cuerpo al sentir la inclinación de su colchón. Él debía de haberse sentado a un lado de la cama. Le sentía aunque no le viera. Estaba muy cerca.

Remus fue presa de la indecisión, pero finalmente consiguió poner una mano sobre su hombro. Ahora si estaba muy cerca. El calor de su piel contrastaba con el frío de su hombro desnudo por la camiseta de tirantes que usaba para dormir. La acariciaba y, poco a poco, su cuerpo se fue desentumeciendo.

-Tonks- volvió a susurrar-. Mírame.

Ella negó enérgicamente apretando más aún la almohada contra su rostro. El licántropo suspiró. Al parecer no iba a resultar nada fácil.

Con su otra mano acarició el suave cabello de la joven. Tonks luchaba con todas sus fuerzas contra su voluntad. Su tierno cariño la abrumaba y, aunque quisiera, no podía negarle nada a él. Lo había sabido desde el principio.

Remus percibió que la tensión de sus músculos contra la mencionada almohada se relajaban. Ella estaba cediendo y él decidió entonces coger entre caricias su rostro. Aún seguía manteniendo aquella forma de corazón.

Dudó un instante. Él paró a tiempo. No quería que ella hiciera algo que no quería.

La idea de que Remus la viera tal y como era, la horrorizaba. Era como revelar una milésima parte de aquella oscura verdad. Como si un solo vistazo hiciera que descubriera toda la maldad que había en ella…

Él seguía expectante a su permiso. Entre interminables contradicción decidió seguir adelante. Una vez más se dijo que aquello era algo efímero y superficial en comparación con todo lo demás. Remus levantó poco a poco su barbilla. Ella se dejó hacer…

El licántropo quedó boquiabierto.

A punto estuvo de volver a hundirse en la seguridad que le proporcionaba la almohada. Pero él se lo impidió con un susurro colmado de emoción:

-… Eres preciosa.

Unos ojos de una tonalidad oscura, se iluminaron bajo la débil luz de la habitación. Todo seguía igual a cuanto Remus había conocido; su pequeña nariz, sus finos y delicados labios… Tan sólo un pequeño detalle revelaba su verdadera imagen: en el lado derecho tenía un diminuto lunar. Aquello hizo sonreír a Remus, sin duda le quedaba bien y le daba un toque de niña grande. No entendía porque lo había omitido en su habitual imagen. A pesar de la familiaridad de sus rasgos, el cabello completamente negro que le enmarcaba el rostro la hacía ver algo distinta… Inconscientemente le recordaba a alguien…

Tonks sonrió con modestia ante su halago. No creía que nadie la hubiera calificado nunca con ese adjetivo. De ahí que se sintiera algo insegura.

-No es cierto- susurró-. Me parezco demasiado a ella...

-¿A quién?- preguntó.

¿A quién podría parecerse para que su recuerdo se hiciera tan amargo al mirarse al espejo?

Tonks tragó saliva.

-… A mí tía…, a Bellatrix Lestrange- concretó.

Por fin cayó en la cuenta. Casi se había olvidado de que aquella malvada y mortífera mortífaga, que cumplía condena en Azkaban hasta la fecha, era una pariente tan cercana a ella. La hermana de su madre, sin ir más lejos. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo arraigado que tenía en sus genes el apellido Black. Aquella sangre por siempre relacionada con las artes oscuras. Sirius siempre había renegado de ella, su prima Andromeda también y, ahora, en sus muchos mimetismos Nymphadora.

Parecía imposible que aquel ser infernal y falto de sentimientos fuera su tía, también Narcissa emparejada con Lucius que aunque lo ocultara seguía siendo tan seguidor del Señor Oscuro como la primera. Su primo Draco no iba mal encaminado tampoco. Remus había sido su profesor, conocía bien sus mudas aspiraciones.

-Tú no eres como ella- dijo con rotundidad. La joven vio un atisbo del pasado en su mirada-. Bellatrix es fría y cruel. Los ojos de esa mujer dicen que no le importa absolutamente nada ni nadie- enfatizó con cierta exasperación. Después su semblante se volvió más amable-. Tus ojos dicen lo contrario...

Tonks quedó abrumada ante sus gentiles palabras.

Que no le encontrara parecido alguno con su cruel tía Bellatrix era el mayor halago que había recibido en toda su vida. Pero, ¿era ella tan distinta de aquella? Las dos compartían la misma sangre, el mismo destino… No así su fanatismo.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?- preguntó en un hilo de voz.

Él tragó saliva antes de responder.

-Porque conozco de primera mano su crueldad… Yo mismo fui blanco de ella en un par de ocasiones. Habría perdido el juicio si James y Sirius no hubieran venido a tiempo. Por eso lo sé. Aún recuerdo la locura en su ojos, el deleite que le causaba mi sufrimiento bajo su magia. No- caviló-. Tú no eres como ella- volvió a repetir.

La sorpresa de la joven se hizo evidente. A él también le habían torturado. No quería ni imaginarse la escena. Una réplica de sí misma, encolerizada y sin sentimientos, llevando a la locura o incluso a la muerte al licántropo que tanto amaba.

Un estremecimiento recorrió su sistema nervioso.

-Lo siento- le dijo. Ahora más que nunca se avergonzaba de sus lágrimas, de su debilidad y de aquella mirada compasiva…-. Significa tanto para mí que pienses de ese modo…- continuó-. Nunca antes alguien se había preocupado tanto por lo que me pasara o sintiera.

-No creo que eso sea así- consiguió decir después de unos segundos-. Existen muchas personas que te quieren y se preocupan por ti. Que sufren si estás mal.

-¿Y tú te incluirías entre esas personas?

La miró. Casi no podía ni respirar. Aún le costaba admitirlo.

-Sí…- susurró-. Sí, desde luego… Por eso también vine. Te oí llorar aquí sola y pensé que tal vez necesitaras hablar con alguien después de…- se le atragantaron las palabras- lo que nos has contado a Sirius y a mí.

'De modo que era por eso' pensó ella algo alterada. No sabía muy bien que actitud debía mostrar ante él respecto a ese tema en cuestión y parecía que él tampoco. Decidió adelantarse y cortar aquel temible silencio.

-… Ya ha pasado mucho tiempo desde aquello. Sé que es inútil seguir atormentándose- suspiró. Sus ojos la invitaron entonces a continuar-. Aún no puedo creer que haya perdido los nervios de esa manera. No era mi intención preocuparos. En realidad estoy bien. Ya está olvidado.

-Si lo hubieras olvidado, habrías intentado salir con alguien después de eso- afirmó con cautela.

-¿Y crees que no lo he intentado?- volvió a preguntar. Las lágrimas volvieron a querer desbordarse-. Claro que sí. Pero ninguno de ellos quiso esperarme… Se impacientaron y después se marcharon. Siempre es así.

-Los hombres podemos ser unos cretinos monotemáticos cuando nos lo proponemos.- Le rechinaron los dientes. Ninguno la merecía si no eran capaces de ver lo que había detrás su evidente belleza.

Tonks interrumpió sus cavilaciones.

-Tú no eres así- dijo.

Volvió a fijar su mirada en ella- Hasta ese momento perdida en la colcha-, esta vez de una manera un tanto impetuosa.

-¿Qué sabrás tú de mí?- inquirió.

La joven se asustó un poco al principio. Acababa de tocar su fibra más sensible, le decían sus dorados ojos. Pronto se recuperó. No por ello se amedrento.

-S-sólo sé que eres el licántropo más humano entre los humanos que he conocido- sonrió-. Cuando estoy contigo siento que nada puede lastimarme. Me siento segura como nunca.

-No sabes lo que dices.

-¿Por qué tienes siempre esa idea tan pesimista de ti?

-No es una idea, es un hecho. ¡Soy un monstruo! Lo sabes. Todo el mundo lo sabe...

-¡Pues todo el mundo se equivoca! ¡Y tú deberías tener el suficiente juicio para saberlo!

Le enfurecía que pensara así. Su pelo se volvió rojo de rabia.

-Eso es muy fácil de decir. Tú no tienes que transformarte en un lobo sediento de sangre una vez al mes, ni tienes que controlarte delante de las personas que quieres… Esta misma tarde no sabes lo cerca que has estado de acabar herida, ¡tal vez muerta! ¿Por qué crees que tuve que salir a toda prisa después de haberte besado? Hay algo en mi interior que no está bien, algo que despierta en determinadas circunstancia y es capaz de destruir mi humana personalidad. No sé explicarlo exactamente. Es parte de mi maldición. Por eso debo tomar chocolate. Me ayuda a calmarme cuando eso ocurre.

Tonks se relajó en apariencia. Su mente intentaba sopesar de la mejor manera sus palabras.

Según le acababa de contar su cercanía despertaba sus instintos licantropicos. Había leído acerca de ello en varios libros la semana pasada. Solía ocurrir cuando la razón humana se negaba a las sensaciones del lobo. Cuando lidiaban por un objetivo que solo una parte de ellos quería poseer. No era muy frecuente. Los hombres lobo siempre tendían a escuchar al animal que había en su interior, pero Tonks creía conocer lo suficientemente bien al licántropo de ojos color miel para saber que ésta no era su situación.

-¿Sigues pensando que no soy un monstruo?- continuó él interrumpiendo sus pensamientos. Había notado su abstracción y eso parecía representar un punto a su favor.

Tonks levantó su mirada, decidida y arrogante.

-Pues claro que no he cambiado mi opinión. Y lo seguiré pensando a pesar de tus diversas y disparatadas argumentaciones-. Remus se quedó perplejo-. Si fueras un monstruo- continuó-, no habrías intentado controlarte. Tan sólo habrías dejado que ese ser te hubiera dominado, pero no lo hiciste… Tú eres más fuerte que él. Ese lobo sólo existe en tu cabeza. No es real, lo que es real es esto…- La joven posó su mano sobre el lado izquierdo de su pecho-. ¿Lo ves? Aquí es dónde realmente estás.- Al instante sintió los latidos de su corazón. Un monstruo nunca podría tener un corazón tan grande cómo aquel.

Remus la miró agradecido. Nunca antes le habían dicho algo así, al menos no alguien como ella. Se le empañaron los ojos. Le gustaba tanto creer en sus palabras de esperanza. Le hacían sentir que tal vez había un futuro para él. ¿Pero qué futuro podía haber si Tonks no estaba en él?

Cogió sus mano entre las suyas. Sería tan sencillo decir lo que en ese momento sentía. No lo hizo. Temía enormemente su rechazo. Le destrozaría el corazón que ella, tan gentilmente, le había vuelto a mostrar.

-… Será mejor que me vaya- mintió ante la evidencia.

Mientras se aclaraba la garganta vio un asomo de temor en sus ojos. Intentó zafarse de su mano, pero ella la agarraba fuerte.

-No te vayas. No quiero estar sola.

Sabía que si él se marchaba volvería a derrumbarse. Su presencia le inspiraba confianza y protección, como bien le había confesado, y eso era lo único que necesitaba en esa enorme y oscura mansión.

Remus alzó una ceja incrédulo.

-Pero…-Buscó las palabras con el mayor tacto posible-. Sólo hay una cama.

La joven miró a su alrededor como si no hubiera deparado en ese pequeño detalle. Su expresión parecía revelar que ese era el caso. Después el rubor acudió a sus mejillas.

-B-bueno… Tú… ¿Crees que podrías dormir a mi lado sin…- tragó saliva- llegar a más?

-No lo sé. ¡Quiero decir! ¡No! creo que…- cada vez se aturrullaba más. Después suspiró, intentando tomar aire antes de acabar desmayado- ¿Esto es necesario, Tonks?- preguntó él mordiéndose el labio inferior.

La joven bajó la mirada avergonzada. Resultaba ridículo lo que le estaba pidiendo. Él no quería estar a su lado y por más que se lo rogara no iba a conseguir retenerlo. En cierto modo; era mejor así.

-No. En realidad no es necesario- dijo-. Ha sido una tontería. Perdóname.

Él sabía que mentía. Con cuidado apartó su mano, aún reacia a abandonarle. Después se levantó de la cama, y no hubo dado unos pasos hacia la puerta, cuando volvió a girarse con un nuevo suspiro.

-¿Qué lado prefieres?

Una sonrisa iluminó su rostro.

-Mmm, me da igual. ¿Qué lado prefieres tú?- preguntó ella de manera juguetona. La escena le recordaba a aquellos días de verano en los cuales sus padres la enviaban de acampada con sus amigas. Pero ahora la cosa no parecía pintar de la misma manera. Ella no tenía nueve años, ni iba a dormir precisamente con una amiga…

Remus dudó.

-Prefiero el lado de la ventana. Si no te importa.

'Así tendré una mayor posibilidad de salir vivo cuando las feromonas empiecen a flotar en el ambiente'

-Como quieras- contestó.

La joven abrió la cama y se metió dentro de las sábanas dejando un hueco libre para su nuevo inquilino. Remus avanzó hiperventilando hacia aquel lado de la cama. Después de un instante de indecisión se recostó sobre ella.

La risa ahogada de su compañera de habitación le hizo volver su cabeza hacia ella con gesto interrogante.

-¿Piensas dormir vestido y con los zapatos puestos?- le preguntó con el cabello de un resplandeciente color rosa chicle.

El licántropo se miró de arriba abajo. ¿Y por qué no?

-Tienes razón- cedió al cabo de unos segundos. Al menos había conseguido oír su encantadora risa.

Mientras se incorporaba y desabrochaba los cordones de sus zapatos, Tonks se fue hundiendo hacia la parte inferior de la cama al tiempo que se tapaba con la sábana, claro que dejando los ojos al descubierto, tampoco pretendía perderse el espectáculo.

Una sonrisa picarona escapó de sus labios cuando él se despojó de su camisa. Los músculos de su espalda parecían tan sugerentes como los abdominales de delante.

El licántropo se levantó.

No sabía si desprenderse también de sus pantalones. Cerrando los ojos con fuerza se fue desabrochando el cinturón.

'Piensa en cosas no eróticas, en cosas no eróticas, no eróticas…'

Tonks abrió los ojos de manera desmesurada. Para que iba a negarlo. Remus Lupin tenía un trasero que ya lo envidiaría cualquier otro veinteañero. Los boxers negro que llevaba sin duda le quedaban de Avada Kedabra…

Remus se giró a tiempo de ver a una metamorfomaga tapada hasta el cuello con una expresión indefinida en su rostro ligeramente sonrojado. Decidió introducirse cuanto antes entre las sabanas por lo que pudiera pasar.

La joven echaba humo. La atracción física y mental por aquel hombre era insostenible. Jamás pensó que le ocurriera. El apetito sexual no era algo que le quitara el sueño por las noches después de su traumática experiencia. Pero ahora, desde que conocía al callado licántropo, ésta parecía haber despertado de su largo letargo…

Ambos miraban el techo lleno de manchas uniformes de humedad en silencio: cada uno en el extremo más alejado del lecho con los ojos bien abiertos por el desvelo. Al cabo de unos minutos la voz de Tonks se hizo eco en la relativa oscuridad de la habitación:

-Remus…- le llamó en susurros.

-¿Qué?

-¿Estás dormido?

-Creo que no…- sonrió- ¿Qué te ocurre?

-No puedo dormir.

-Pues cierra los ojos y cuenta hipogrifos…

La joven cerró los ojos y frunció el ceño intentando concentrarse en su imaginación. Los hipogrifos se escapaban por todas partes, ¡siempre que conseguía que se metiera uno en el redil se marchaba volando al cabo de un rato!

-No funciona- alegó frustrada. Después de un rato giró su cuerpo hacia él-: Remus… - volvió a llamar con voz sosegada-. ¿Te has dormido ya?

-No- dijo abriendo un ojo-. ¿Qué quieres está vez?

Hubo una pausa.

-S-sólo pedirte un favor…

-¿Y qué favor es ese?- balbuceó.

La miró. Sus ojos resplandecían a la luz de las estrellas un poco inquietos.

-¿Te importaría si me abrazó a ti?- preguntó con relativa timidez-. Sólo si no te molesta, claro- concretó.

Remus se quedó sorprendido por su petición. Antes de herir sus sentimientos con su silencio, asintió con una cabezada acompañado de una tímida sonrisa. Aún no estaba muy seguro de su autocontrol…

La joven le devolvió el gesto mientras se acercaba. Remus alzó entonces su brazo izquierdo para que pudiera acomodarse en el hueco de su hombro. Después la abarcó con él estrechándola contra su cuerpo.

Ella cerró los ojos cuando sintió su cálido abrazo rodeándola. El licántropo reposo su cabeza contra la suya. Le encantaba ese olor a flores silvestres que desprendía su cabello. Le apartó unos cuantos mechones de su frente para luego posar un beso en ella, suave y lentamente.

-¿Estás mejor?- preguntó después.

-Sí, desde luego que sí.

Sonrió. No podía imaginarse en un lugar mejor que aquel. Intentó acomodarse de mejor manera sobre su pecho. Cuando la hubo encontrado, le abrazó con mayor intensidad; como a un gran oso de peluche.

-Vaya, ¡qué calentito estás!- exclamó.

Remus se sonrojó ligeramente.

-Bueno, los hombres lobo tenemos una temperatura corporal mayor a la de los humanos- se excusó-. ¿Te molesta?

-No…, es agradable- repuso ella con una nueva sonrisa.

Lo cierto es que le encantaba. Se preguntó como sería tenerle abrazado en las frías noches de invierno…, pero era inútil imaginarlo. Eso nunca ocurriría. De hecho, ni siquiera debería estar ocurriendo ahora, pero se obligó a no pensar en ello. Mañana habría tiempo para más quebraderos de cabeza.

Cerró los ojos sintiendo como el sueño la vencía al sentir la acompasada respiración del licántropo bajo su cuerpo. Pronto llegó a ese estado de duermevela previó al descanso. Sintiendo los círculos que el licántropo trazaba con la yema de sus dedos sobre su brazo, terminó por caer dormida en los dulces brazos de Morfeo, mejor dicho, de Remus.

A éste no le hizo falta comprobar que la joven acababa de sucumbir al sueño. Todo su organismo se lo indicaba. Dejó entonces de acariciar su piel para centrarse ahora en sus rosados cabellos de un color extremadamente vivo. Jugueteó con ellos entre sus dedos. Le encantaba su textura.

Tonks emitió una queja en sueños cuando él paró de acariciarle el cabello. El licántropo, divertido, volvió a prestarle sus atenciones. En seguida se volvió a tranquilizar.

Remus giró su cabeza hacia las estrellas. La noche anterior le hubiera resultado imposible creer que esa escena se estuviera produciendo en el interior del número 12 de Grimmauld Place. Había creído que Tonks jamás volvería a hablarle con la misma naturalidad de antes, que jamás volverían a reír juntos de nuevo, que jamás podría volver a mirarla a los ojos por temor a lo que pudieran reflejar y, ahora…, estaba allí; entre sus brazos, sobre su pecho. Podía sentir su cálido aliento en su piel, el latido de su corazón contra el suyo, los movimientos de su respiración…

La acunó con dulzura.

Las lágrimas le empañaron la visión de la débil luminosidad plateada de aquella noche.

¿Sería cierto lo que ella le decía? ¿Sería cierto que no era malvado? Quería creerlo. Deseaba creerlo más que nada en el mundo y en ese momento dudaba por la sinceridad que le habían inspirado sus palabras. Ella creía que no era un monstruo, que ese lobo que rugía en ocasiones en su interior era un efímero fantasma de su cabeza. Aún así le tenía miedo. Nada le causaba mayor temor que esa criatura pudiera despertar en ese mismo momento. Que la hiciera daño. Pero no era ese sentimiento el que experimentaba ahora...

Su corazón le decía lo contrario: Quería protegerla contra todo lo malvado de ese mundo, quería verla siempre feliz, quería verla tal y como era; como él sabía que era ella.

No.

Él nunca la haría daño.

Jamás.

Pasaron las horas y él parecía imperturbable al paso del tiempo. No quería que aquella noche acabara nunca a pesar de que él sabía que pronto ocurriría.

Sintiendo que por fin el sueño terminaba por vencer dentro de su somnoliento cuerpo, movió con cuidado su cabeza poniéndose a la vez a su misma altura. Frente contra frente. Necesitaba decírselo aunque ella no pudiera escucharle en ese momento. Sabía que era su última oportunidad…

-Te quiero, Nymphadora.

Después, volvió a separarse para contemplar mejor su rostro antes de que sus parpados comenzaran paulatinamente a descender.

Una sonrisa apareció en los labios de la joven, pero el licántropo se encontraba demasiado dormido como para percibir aquel sutil gesto...


N/A: ¡Hola a todos! ¿Qué? ¿Os ha gustado? Mil gracias a todos los que leen mi FF, en especial a los que me dejaron reviews: Galy, maring, camilooza lunks, Dorita Tonks, Nataa y NatuBlack.

Ya sé que resulta pesado, pero necesito decirlo. No sabéis la ilusión que me hace recibir vuestros comentarios. Muchas gracias

Un saludo:

Sisa Lupin