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CAPÍTULO 10:
"Confrontaciones"
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- ¡Oh, por favor! Avisen que van a estar haciendo esas cosas.
Una voz áspera y molesta retumbó, haciéndolos volver a la realidad.
Los esposos se separaron del beso pero Kurt permaneció en el regazo del moreno, los dos observando al adolescente frente a ellos – ¿Esa es la forma en la que saludas a tus padres? – inquirió con seriedad el castaño.
El chico hizo un gesto de fastidio – Buenos días… Es que realmente… Entrar a la cocina y verlos así es tan…
- ¿Tan qué? – preguntó Blaine con el ceño fruncido. El comportamiento del chico no era nuevo.
- Ya saben… vamos, ¿a qué hijo le gusta ver a sus padres besándose y así el uno sentado en las piernas del otro? Son cosas que deberían dejar para hacerlas en privado.
- No estamos haciendo nada incorrecto y no tenemos por qué escondernos. Honestamente, me estoy cansando de esa actitud – habló en un tono serio el ojiazul.
- No estoy diciendo nada malo papá Kurt – se dio la vuelta y rodó los ojos mientras abría el refrigerador para buscar el jugo – Me voy donde Paul mejor.
- Sabes que estás castigado.
- Papá Blaine, es fin de semana.
- El castigo no caduca ni entra en remisión por eso.
- ¡No es justo! – bufó – Todos mis amigos se reúnen los fines de semana y yo soy el único que tiene que estar encerrado en esta estúpida casa con ustedes.
- Cuida el tono en el que hablas y lo que dices, a menos que quieras que tu castigo aumente – La situación con el joven era simplemente desesperante. Habían tratado todas las técnicas, de hablar con él, de mantener una plática honesta y a corazón abierto, de darle espacio, pero nada parecía funcionar. Blaine se había cuestionado en varias ocasiones lo que sucedía, durante su adolescencia su padre lo hizo padecer un infierno, y ahora su hijo lo hacía vivir en agonía. A veces se preguntaba si era el nombre el que influía y se había equivocado al ponerle James.
Colette entró en ese momento, estaba totalmente emocionada – Ya hablé con mis amigas. Katty quiere que vaya a pasar el día a su casa, ¿puedo? Por favor.
- Seguro, cariño – el ojiazul se puso de pie – Yo te llevo.
- ¿Por qué ella sí y yo no?
- Porque ella no está castigada.
- Sí, claro. Según ustedes ella nunca hace nada malo, le dan todo y es perfecta siempre.
- James, basta.
- Papá Kurt, en el fondo sabes que esa no es la verdadera razón por la que la tratan así, lo que sucede es que a Colette la complacen en todo para que no se sienta mal.
- ¿De qué hablas? – preguntó el moreno, con visible enojo.
- De que le dan todas las preferencias porque es adoptada e intentan por todos los medios de que crea que es igual a nosotros.
- Colette es tan hija nuestra como lo son ustedes y no voy a permitir que te expreses en esa forma.
- Papá Blaine, – intervino la chica que observaba la escena frente a ella – no te preocupes. Sé que tú y papá Kurt me aman mucho. Tengo claro que soy adoptada, pero eso no cambia el que me sienta su hija, siempre me han tratado como tal y estoy muy feliz de tenerlos en mi vida, estoy totalmente agradecida de que me trajeran a su hogar, haciéndome parte de éste.
- Princesa – pronunció con una pequeña sonrisa mientras la miraba con amor.
- ¡Y todavía es mártir! – gruñó el adolescente.
- ¡Suficiente! – protestó el castaño con un tono firme – Vas a disculparte con tu hermana y luego subes a tu habitación para que empieces a limpiar todo el tiradero que tienes ahí.
Llevaré a Colette donde su amiga, y cuando regrese iré directamente a revisar tu dormitorio y ya debes tener todo recogido y limpio.
- ¿No me vas a dejar comer algo primero?
Tomó dos manzanas del frutero y se las entregó – Ahí ya tienes servido el jugo, ahora discúlpate con tu hermana y ve a tu habitación.
- Papá Kurt, no es necesario.
- Claro que lo es, cariño. Tu hermano tiene que aprender a tratar con amor y respeto a su familia, y entender que no puede sólo hablar sin pensar en lo que está diciendo porque puede lastimar los sentimientos de los demás.
- ¿Qué familia? Esta ya no es una familia, dejó de serlo hace tiempo. Ustedes discuten y pelean todo el tiempo, mis hermanos se fueron de la casa y pronto haré lo mismo porque es imposible vivir aquí a su lado y…
- ¡BASTA JAMES!
Todos voltearon a ver a un colérico Blaine que había estado observando la situación mientras trataba de contener el enojo que se acumulaba en su interior.
- Blaine, amor – el castaño trató de hacerlo calmar.
- No, Kurt. Estoy cansado de esto – bufaba y apretaba los puños con fuerza sin apartar la mirada de su hijo – Y tú, en este momento te disculpas con tu hermana y tu padre, subes a tu habitación y vas a dejar sobre la cama la computadora y todos los aparatos electrónicos que tienes.
- ¿Qué? ¡No! ¡No me los vas a quitar!
- No te estoy preguntando, James. Te lo dije muy claramente la última vez y te he dado varias oportunidades, pero tú insistes en lo mismo.
- ¡Dije que no!
- No me obligues a volver a gritar o ir a tu recámara y sacar todo a la fuerza.
El adolescente lo miró con rabia y luego dio una disculpa escueta a las personas afectadas para después retirarse hablando entre dientes.
- Lamento todo esto – pronunció Colette mirando al suelo.
- Cariño, no es tu culpa. Mírame a los ojos – dijo preocupado el de piel clara.
El moreno se acercó y la tomó dulcemente por la barbilla – Princesa, no tienes por qué disculparte. Vamos, míranos.
Ambos hombres permanecieron juntos frente a su hija, Blaine acariciándole la mejilla y Kurt tomando su mano suavemente.
Finalmente los miró con esos enormes orbes azules y un gesto totalmente indescifrable – ¿Se arrepienten de haberme adoptado?
- ¿Qué? ¡No! Eres una bendición en nuestras vidas – dijo apresuradamente el castaño.
- Nunca. Eres nuestra hermosa princesa, y te amamos profundamente.
- Los amo mucho. Son los mejores papás.
Los dos la abrazaron susurrando palabras de amor y ánimo a su niña, quien los envolvió en sus brazos sin decir más nada.
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En la oscuridad de la noche, un par de pies cruzaban sigilosos por el pasillo hasta entrar a la cocina y tomar un jugo junto a un paquete de galletas. Al atravesar de regreso, escuchó ruido en la sala. Avanzó para ver de qué se trataba y sintió la sangre helársele al darse cuenta de que la puerta estaba ligeramente abierta y vio una sombra del otro lado.
Guardó el jugo y las galletas en sus bolsillos y tomó un florero de los más pesados. No iba a permitir que nadie invadiera su casa, aunque tal vez no era una decisión muy inteligente porque quien estaba del otro lado podía estar armado. Aun así, pensó en tratar de sorprenderlo y siguió avanzando.
Movió ligeramente la cortina para tratar de divisar al sujeto pero lo que vio no era lo que esperaba. Blaine estaba sentado en uno de los escalones principales fumando y eso le trajo un recuerdo poco grato.
El moreno había empezado a fumar años atrás cuando tuvo un problema con su representante de esa época, quien había desaparecido llevándose más de la mitad de su fortuna y dejándolo en diferentes problemas, incluyendo contratos no cumplidos, de los cuales él no había tenido ningún conocimiento.
Cuando eso sucedió, la angustia, la desesperación y el stress encontraron cierta apacibilidad en el cigarro, y fácilmente se acababa varias cajetillas en un mismo día. Sin embargo, ante la petición de sus hijos de querer estar con él y extrañarlo mucho, porque se había alejado de ellos para no enfermarlos con el humo, decidió que no podía continuar así, y aunque le costó hacerlo porque sin duda alguna la nicotina es adictiva, lo dejó por sus pequeños, buscando el consuelo y refugio necesarios en su familia.
Ahora estaba ahí sentado fumando nuevamente, y James no pudo evitar tener una extraña sensación ante esa escena.
Salió de la casa y avanzó hacia su padre – ¿Desde cuándo retomaste ese vicio? – inquirió secamente, aunque la preocupación fue evidente en su voz.
- ¡Dios! ¡Me has asustado terriblemente! – colocó una mano en su pecho – ¿Qué haces despierto a esta hora?
- No contestaste mi pregunta – se sentó a su lado – Dejaste de fumar hace años, o al menos es lo que pensaba.
- ¡Oh, lo siento! – apagó de inmediato el cigarrillo y trató de eliminar el humo del ambiente con la mano – No deberías estar aquí, esto es dañino para ti.
- Lo es más para ti y lo estás haciendo.
- Lamento que vieras esto.
- ¿Desde cuándo?
- No lo sé, sólo empecé a hacerlo… Unos días, creo. ¿Qué haces levantado?
- Fui a buscar algo de comer, no podía dormir y tenía hambre.
- No quisiste cenar.
- Ustedes no me dejaron hacerlo y me mandaron a la cama con el estómago vacío.
- ¿Cómo te atreves a decir eso, James? Tu padre te dijo que te comportaras correctamente en la mesa o te retiraras, y te levantaste de forma altanera y te fuiste a tu habitación.
El chico miró a un costado y permaneció en silencio por un tiempo. Luego sacó lo que llevaba en los bolsillos y empezó a ingerirlo.
- Tu comida está guardada en el refrigerador. Eso no es alimento, son golosinas.
- No tengo ganas de comida, con esto está bien.
El silencio volvió a reinar y sólo era interrumpido por el sonido del paquete cada vez que una galleta era tomada de ahí.
Mientras el chico seguía saboreando sus alimentos, el moreno miraba hacia el horizonte, respirando pesadamente y pensando en qué había hecho mal, en qué momento su hijo empezó a apartarse de ellos y tomar esa actitud rebelde. Tal vez le sucedía algo y los necesitaba, pero no sabía cómo expresarlo, o tal vez era sólo una fase que pronto pasaría.
Tenerlo sentado a su lado y verlo así de tranquilo era como volver años atrás, donde las cosas eran fáciles y James era un niño alegre lleno de sueños e ilusiones. Pero ahora lucía tan distante y eso dolía.
No saber cómo acercarse a su hijo lo estaba matando por dentro. Disimuladamente secó una lágrima que empezaba a rodar por su mejilla y decidió volverlo a intentar.
- ¿Qué está pasando?
- ¿Con qué?
- Contigo. ¿Por qué actúas de esa forma con nosotros?
El chico siguió comiendo y no respondió, hasta que sintió la mirada de su padre insistente sobre él – ¿Qué?
- ¿En qué fallé? Necesito que me digas en qué estoy fallando contigo.
- En qué estamos fallando – corrigió una voz y los que estaban sentados voltearon al mismo tiempo para encontrarse con el castaño observándolos – No eres sólo tú Blaine, no te culpes por todo lo que sucede. Tal vez el que está fallando soy yo.
Se arrodilló detrás de su esposo y su hijo, tratando de unirse a la plática – Dinos qué ocurre.
El adolescente rodó los ojos y terminó de comer la última galleta del paquete – No eres tú, – lo miró fijamente – ni tampoco tú – miró al ojimiel – son los dos.
- ¿A qué te refieres? ¿Qué estamos haciendo mal?
- Ustedes son el problema – los miró enojado y se levantó.
Aquellas palabras golpearon el de cabello rizado con fuerza. Estaba seguro de entender lo que el chico había querido decir, y eso rompió su corazón en miles de pedazos.
- No lo entiendo, Blaine. ¿En qué nos estamos equivocando? ¿Por qué los dos somos el problema?
Los orbes azules estaban llenos de tristeza y desconcierto y el pelinegro no pudo decirle lo que estaba pensando, no quería causarle más sufrimiento a su esposo. Además, pronunciarlo lo hacía más doloroso todavía.
Sólo negó con la cabeza y lo abrazó con fuerza, sintiendo como éste se aferraba a él mientras trataba de controlar la respiración y no llorar.
Permanecieron un tiempo más en esa posición, hasta que resultó demasiado incómoda y decidieron entrar a la casa.
Una vez en la habitación, Kurt se seguía culpando – El problema soy yo. Él estaba conversando contigo hasta que aparecí y se volvió osco.
No sé qué hice, pero es evidente que está enojado conmigo.
- Lo escuchaste, tiene que ver con los dos – tomó un cigarrillo de forma autómata y lo encendió.
- ¿Estás fumando? ¿Desde cuándo estás fumando?
- Lo… lo lamento… voy al patio y…
- No – lo tomó del brazo – Detesto que fumes, pero no te quiero lejos.
El moreno contempló a su esposo y luego dio dos caladas más al cigarro y lo apagó – Te amo.
- También te amo – se acercó y lo abrazó.
- Huelo a humo.
- No me importa, por primera vez, realmente no me importa – se separó y lo tomó de la mano, dirigiéndolos a la cama, donde se acomodaron y colocó su cabeza en el hombro del ojimiel mientras éste le acariciaba la espalda
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Burt y Carole estaban de visita y escuchaban con atención lo que los esposos decían.
- ¡No, eso no es cierto! ¡Ustedes no están haciendo nada mal!
- Estoy de acuerdo con Burt, los dos han sido excelentes padres y han criado a sus hijos de la mejor forma posible. Los han amado, cuidado y protegido. Se han asegurado de cubrir todas sus necesidades y darles gusto y complacerlos, pero sin ser permisivos ni convertir a sus chicos en caprichosos.
Han sido firmes y estrictos cuando era necesario, pero sin dejar de ser cariñosos y darles la oportunidad de reflexionar sobre sus acciones, lo cual es muy importante, porque muchos padres regañan a sus hijos o los castigan pero no hacen hincapié de los motivos reales.
Es fácil decir estás castigado, no puedes hacer esto, tienes prohibido lo de aquí y la única razón que dan es el típico "porque soy tu padre o tu madre" o el "porque es mi casa y aquí se hace lo que yo digo".
Siempre han dialogado con ellos, les han hecho ver lo bueno y lo malo de las cosas que hacen, los resultados y consecuencias. Además, los han criado con valores y les han dado un gran ejemplo en todo momento.
- No tengo más nada que agregar, me quitaste las palabras de la boca, mujer – ella le sonrió – Así que lo único que tengo que acotar es que si James está comportándose mal, no es por culpa de ustedes. Hay una razón y deben hallarla.
- Sus palabras son maravillosas y las agradecemos tanto. Realmente necesitábamos escuchar algo así en este momento – mencionó el castaño con un dejo de tristeza – pero James no es el único problema. Devon sigue yendo a los casinos y Elizabeth anda con esas personas que no son nada buenas para ella.
- Con mucho pesar, porque son mis nietos y los amo, pero tengo que decir que tomaron un mal camino luego de dejar el hogar. Ustedes hicieron un gran trabajo con ellos, pero lamentablemente, cuando una persona emprende su vida como adulto, empieza a tomar sus propias decisiones, y ambos han tomado las equivocadas.
No le den más dinero a Devon. Entiendo que él viene buscando su ayuda y ustedes como padres se ven angustiados ante la situación. Pero están ayudándolo a solventar lo que está haciendo.
- Papá, no es así. Dejamos de hacerle préstamos, y una noche llegó desesperado con varios documentos que había firmado por una cantidad fuerte de dinero, y si no lo pagaba en determinada fecha lo iban a mandar a la cárcel.
- Bien, si es lo que busca, entonces que lo encuentre.
- ¿A qué te refieres?
- Simple, dejen que lo detengan.
- ¿Qué?
