19/02/2015

Nota de la autora: Vaya, ya vamos en el capítulo 10. ¿Quién lo diría? El tiempo pasa muy rápido. Respondiendo preguntas: mi día de actualizar es los viernes :3 y sí, Neji sí aparecerá en el fic. Sólo no he encontrado la manera de meterlo todavía. Paciencia.

¡Aparece Temari!

¡Por favor, dejen sus reviews y comentarios!

PD: Aquí vemos que nuestros shinobis comienzan a aprender de qué va la paternidad. Aún no saben correr, pero comienzan a gatear en eso de ser padres.

Hice un one-shot centrado en Sasuke y Sarada, por si les gusta ver a Papasuke en acción, está en mi perfil c:

Capítulo 10: Gateando

— ¿Creen que nuestros padres estén buscándonos?

Ante la pregunta de Himawari, los chicos clavaron la vista en el césped. Se preguntaban aquello todas las noches, sin llegar a una respuesta certera… y lo cierto era que los extrañaban, los extrañaban horrores.

Estaban acostumbrados a pasar tiempo lejos de sus padres de vez en cuando, cada que los mandaban a misiones fuera de la aldea que no era muy común, pero lo que estaba pasando en esta ocasión era algo mucho más macabro y ellos lo sabían.

Tenían esa incertidumbre de no saber si los extrañaban o no, de si querían que volvieran tanto como ellos querían volver, lo que los torturaba continuamente. Carajo, ni siquiera sabían si volverían a verlos.

Pero no podían decirle eso a una niña.

— ¿Bromeas? ¡Nos encontrarán en cualquier momento!—aseguró Boruto, con una sonrisa fingida.

— ¿Y qué pasa si no?—preguntó en un susurro de miedo—. ¿Ellos serán nuestros padres?—presionó, señalando un punto en específico.

Habían ido en un día de campo y sus padres estaban sentados sobre la mesa de picnic, alejados de su posición, a excepción de Sasuke, Hinata y Sai, quienes estaban de misión.

—Bueno, ya son nuestros padres, técnicamente —intervino Shikadai—. Sólo que nosotros no somos sus hijos —agregó en un tono más bajo.

Himawari abrió los ojos como platos antes de componer una expresión de tristeza. Todos le lanzaron una mirada fulminante a Shikadai, quien se encogió de hombros.

—Ellos no son nuestros padres… son algo… enclenques —rebatió Boruto, sin encontrar la palabra adecuada para describir lo fofas que encontraba a aquellas personas.

Era una ironía que lo dijeran ellos, pero todos los niños coincidieron con él. Después de todo, sus padres siempre se les habían antojado imponentes y aterradores cuando se lo proponían, por no mencionar estrictos, mientras que los ninjas que estaban a varios metros de ahí eran fáciles de burlar.

No se sabían sus mañas ni trampas; no podían reprenderlos ni regañarlos y, sobre todas las cosas, ellos no les tenían el miedo que les tenían a sus padres reales.

Porque eran blandos.

—Ne, Himawari, ¿por qué no vamos al lago?

Himawari borró su expresión de tristeza y alzó su rostro con rapidez ante la proposición de Sarada, apresurándose a correr hacia ella. Sarada se puso de pie, tomando la mano de la pequeña niña.

—Yo voy con ustedes.

Chocho las siguió, comenzando a alejarse. Los chicos al quedarse solos, sólo atinaron a intercambiar miradas antes de correr tras ellas.

Habían avanzado unos metros cuando Naruto apareció delante de ellos.

— ¿A dónde creen que van?

Para su sorpresa, los niños sólo lo miraron unos segundos con aburrimiento antes de esquivarlo y seguir con su recorrido.

— ¡Oigan! ¡Les estoy hablando!—se quejó, corriendo para volver a cortarles el paso.

—Al lago —respondió Boruto finalmente.

Naruto se quedó pensando. Los demás lo habían mandado como representante a decirles que no se alejaran… sin embargo el lago no estaba tan lejos de ahí, nada malo podría suceder si se alejaban unos cuantos metros, ¿o sí?

Cuando podías ver prácticamente el humo salir de la cabeza de Naruto de tanto pensar, se dio cuenta que los infantes, de nuevo, lo habían rodeado y seguido caminando.

— ¡Está bien! ¡Sólo nada de meterse al agua!—gritó y acto seguido se sacudió las manos antes de volver con sus amigos.

Pan comido.


—Himawari, no te acerques mucho a la orilla —pidió Boruto.

—Ya la tengo —tranquilizó Sarada, sin soltar a la niña de la mano.

Sarada se plantó en el borde del lago, colocando a Himawari a su lado; acto seguido tomó una pequeña piedra del piso y la lanzó con maestría, causando que rebotara varias veces en la superficie. Himawari quiso imitarla, sin embargo su roca se hundió apenas al tocar el agua y ella hizo un puchero que le sacó una risa a Sarada.

—Yo te enseñaré cómo se hace, de verdad —se jactó Boruto, colocándose al otro lado de su hermana.

Para diversión de Himawari, Sarada y Boruto iniciaron una competencia de quién podía hacer más rebotes en el agua antes de que se hundiera –la cual Sarada ganó sin problemas debido a su fuerza sobrehumana- y acto seguido ambos comenzaron a enseñarle a Himawari.

Shikadai observó la escena en silencio. Esos dos actuaban más como padres que sus padres de esa época. Suspiró. Pero, ¿qué se le iba a hacer?

— ¡Nii-chan, papá dijo que no nos metiéramos en el agua!—le recordó Himawari.

— ¡Y no lo haré!—respondió fastidiado.

Boruto comenzó a introducirse en el lago con pasos inseguros… pero, para sorpresa de Himawari, no se mojó. Su hermano estaba caminando por el agua, con los brazos extendidos para mantener el equilibrio, y ella creyó que no había persona más asombrosa que él.

Se notaba a leguas que Boruto estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para administrar la cantidad de chakra correcta para caminar sobre el agua, pero no dejaba de ser impresionante.

—Boruto —lo llamó Inojin con preocupación—, será mejor que salgas de ahí antes de que…

Ni siquiera había terminado la oración cuando Boruto soltó un gritillo y uno de sus pies fue absorbido por el lago. Se hubiera hundido de lleno, sin embargo el agua sólo lo cubrió al área de la rodilla cuando sintió que alguien lo detenía del cuello de su chaqueta.

—Usuratonkachi —lo insultó Sarada, quien había llegado hasta él en un parpadeo para evitar el desastre.

Boruto se sonrojó, revolviéndose hasta que logró volver a incorporarse.

— ¿Cómo mierda hacen eso?—preguntó Chocho, viéndolos con incredulidad.

Ambos niños les lanzaron una mirada confundida. Sarada, al haber sido entrenada también por su madre, tenía un control de chakra perfecto que requería para tener esa fuerza sobrehumana, por lo que el caminar sobre el agua no fue problema alguno. Se le dio de manera natural.

Boruto, por otra parte, era generalmente bueno con el control de chakra, sin embargo al contener una porción del chakra del Kyubi, heredado por su padre, solía tener problemas para caminar sobre el agua, y no lo había practicado a la perfección.

— ¿No se los han enseñado?—preguntó incrédulo Boruto e interpretó el silencio de los sus amigos—. ¿Ah qué esperan? ¡Yo les enseñaré, de verdad!

Acto seguido Sarada, debido a que Boruto era pésimo explicando, comenzó a explicarles el proceso de llevar el chakra a la planta de los pies. Los niños comenzaron a adentrarse en el lago, tambaleándose, pero a los minutos terminaron por pillar el truco.

Boruto tenía a Himawari en brazos, sabedor de que ella era todavía muy pequeña para aprender aquello.

—Esto es asombroso —dijo Inojin, bailoteando de un pie al otro sobre el agua con incredulidad.

Incluso Shikadai tenía una leve sonrisa en sus labios.

— ¡El último en llegar al otro lado es un insecto de Shino-sensei!

Y, seguido de aquella exclamación de Boruto, todos se echaron a correr como despavoridos en dirección al otro extremo del lago.

Eran niños, por lo que no vieron lo peligroso que era que simples principiantes en caminar sobre el agua ya estuvieran corriendo sobre un lago tan jodidamente profundo como ese… al menos no, hasta que el desastre llegó.

Boruto perdió el equilibrio, causando que se sumergiera hasta la cintura y su hermana saliera disparada. Chocho corrió más rápido para atrapar a Himawari, como si se tratara de un pase de futbol que debía interceptar, sin embargo el impacto causó que ella también se hundiera, e Inojin, que iba pasando a su lado, tomara a Himawari antes de que Chocho la arrastrara consigo. Sin embargo Inojin chocó contra Shikadai, y la niña voló por los aires de nuevo.

— ¡Himawari!—gritó Sarada, atrapándola en el aire y llevándola rápidamente a la orilla antes de regresar.

No sabía cómo carajo ella era la única que seguía de pie, los demás de sus amigos sumergidos hasta la cintura, intentando incorporarse. Estaba comenzando a preocuparse por no ver a Boruto cuando sintió que la jalaban del pie.

— ¡Ayúdame!—gritó Bolt, quien salió repentinamente del agua bajo ella.

— ¡Suéltame, dobe!—dijo mientras sacudía su pie, intentando quitarlo.

Sin embargo Boruto sólo se aferró a ella con más fuerza debido al pánico… y terminó hundiéndola también. Sarada ni siquiera logró tomar una última bocanada de aire antes de sumergirse dentro de la glacial agua del lago.

No habían pasado más de unos cuantos segundos cuando la jalaron de vuelta a la superficie. Vio con horror como su madre la tenía sujeta de la tela de la parte trasera de su cuello con una mano, como si se tratara de un cachorro, mientras la otra se posaba en sus caderas.

—Cinco minutos —dijo Sakura con molestia—. No puedo dejarte sola cinco minutos.

—Déjame —ordenó Sarada, revolviéndose.

A Sakura le apareció una vena en la frente cuando Sarada comenzó a patalear y tirar puñetazos a diestra y siniestra, pero se limitó a llevarla de esa manera hasta la orilla, dejándola con los demás.

— ¡Les dijimos que no entraran al agua! ¿Cómo es posible que…?

Los seis chicos, los cuales estaban empapados con excepción de Himawari, ignoraban olímpicamente los regaños de Ino. Y fue en ese momento que Sakura por fin comprendió que ellos no los obedecían porque, más allá de que sólo eran versiones jóvenes de sus padres, no los respetaban.

A Sarada ni siquiera le importó que la mirara con enojo, acción que haría a cualquier otra persona temblar. Lucía… tan despreocupada, justo como los demás niños, como si aquello sólo fuera una pérdida de su tiempo.

—Sí, sí —interrumpió Boruto, silenciando a Ino en el acto—. Tengo hambre, de verdad, me pregunto si quedara Dango.

Comenzó a caminar en dirección a la mesa de picnic, con sus amigos siguiéndolo mientras charlaban animadamente. Sólo atinaron a verlos con la boca entreabierta, ni siquiera Naruto tenía algo qué decir.

Oh, pero ya habían alcanzado el límite de Sakura.

Sakura se colocó delante de Sarada, cortándole el paso. Si bien sabía que todos eran maleducados, ella sólo podía ocuparse de su presunta hija.

—Cuando digo que no te alejes, no debes alejarte —espetó con enojo y sus brazos cruzados firmemente sobre su pecho.

—Hn.

Y, después de aquel gruñido muy estilo Uchiha, la niña siguió con su camino. Ese era el momento donde por lo general Sakura la dejaba marchar, no sabiendo cómo hacer que la escuchase, por lo que cuando esta vez la detuvo de nuevo, Sarada frunció levemente el entrecejo.

—Estás castigada —sentenció—. Ve por tus cosas, iremos a casa.

Todos contemplaban la escena con los ojos abiertos como platos, incluso los adultos. ¿Sakura acababa de castigar… a su futura hija?

Sarada tampoco parecía creerlo, ya que parpadeó varias veces con confusión. Es decir, sí, su madre real la castigaba a menudo, era muy estricta y sobreprotectora después de todo, pero nunca imaginó que esta Sakura haría algo parecido.

Sarada perdió su pose desinteresada, sacando las manos de sus bolsillos mientras sonreía torcidamente con altanería y alzaba la barbilla, adoptando aquella actitud de superioridad que sólo los Uchiha podían hacer, y Sakura lo notó al instante.

—No puedes castigarme —se jactó la niña.

Sakura entrecerró la mirada y se acercó más a ella.

— ¿Quieres apostar?—preguntó con voz amenazante.

Sarada no se acobardó en lo más mínimo, en todo caso aquello pareció aumentar su diversión, ya que las comisuras de sus labios se alzaron unos milímetros más.

—Déjame dejarte algo en claro… —caminó otro paso en dirección a Sarada y se agachó para verla directamente—, soy tu madre —sentenció y la niña borró su sonrisa—. No me importa lo que creas, yo no soy tu amiga, tu niñera, ni tu compañera de juegos. Así que, a partir de ahora, haremos las cosas a mi modo.

Sarada se vio sorprendida ante la seguridad con la que había hablado, pero se apresuró a arreglar su expresión y mostrarse indiferente.

Tenía que admitir, que la voz autoritaria de Sakura y su comportamiento en general comenzaban a llegar a sus nervios.

—No eres mi madre —soltó y, contrario a lo que esperó, Sakura ni siquiera se inmutó.

—Oh, pero aprenderé —aseguró sin cabida a duda—. Ahora, ve por tus cosas.

La niña pareció dudar, sin embargo, de un momento a otro, sus ojos centellaron con un brillo antes inexistente y reafirmó su posición sobre el piso. Sakura alzó una ceja, detectando al instante la postura desafiante que había adoptado Sarada.

—No puedes castigarme —repitió.

—Ya lo hice —respondió Sakura—. Sin libros; sin amigos; sin entrenamientos; sin salir de la casa en lo absoluto —Sarada abrió la boca, pero ella la calló con sólo una mirada—. Y si tienes pensado escapar te encontraría en un pestañeo y sólo te harías las cosas más difíciles.

Sarada tragó saliva nerviosamente y sus ojos se abrieron de par en par, como si no pudiera creer aquello por completo.

—Tomarás tus cosas y vendrás conmigo a casa —Sarada se quedó estática, por lo que Sakura agregó—. No lo volveré a repetir, Sarada Uchiha. Ahora.

Y, al escuchar su nombre completo y comprendiendo que aquello iba enserio, Sarada finalmente retrocedió. Sentía su rostro arder y no se dignó a ver a sus amigos cuando pasó junto a ellos, temerosa de que se burlarían, y fue en dirección a donde estaban sus pertenencias en silencio.

Sakura contuvo el impulso de abrazarla al verla tan cabizbaja a duras penas, obligándose a dejarla marchar y pensar en lo que hizo.

Al apenas girar en dirección a los demás niños, estos la miraron boquiabiertos y se apresuraron a alzar ambas manos a modo de sumisión, en lugar de huir como siempre, dejándole en claro que una mano dura era lo que necesitaban.

—Tú también estás castigado, Bolt —secundó Naruto, echándole una mirada severa nada propia de él—. Hoy dormirás en mi apartamento para asegurarme de que no te salgas con la tuya.

—Chocho, no habrá nada de frituras.

—Espera a que lleguemos a casa, Inojin, estás más que en problemas, jovencito.

Mientras la tanda de regaños por parte de los adultos continuaba, los niños fueron comprendiendo que, aparentemente, su tiempo de libertinaje en esa época se había terminado.

Aquellas personas de verdad comenzaban a actuar como padres e inspirarles… ¿respeto? O quizá miedo, lo único que sabían era que no se arriesgarían a contradecirlos por lo que sólo asintieron… a excepción de Shikadai, quien sonrió torcidamente.

Su padre no era dado a darle reprimendas o sermones ni siquiera en el futuro, a menos que la situación así lo ameritara, debido a que siempre había encontrado aquello… problemático. Era por esto que Shikamaru era el único que parecía no encontrar qué decir, y Shikadai supo que la estancia en esa época para él sería asombrosa.

Justo cuando Sarada había regresado y Shikadai colocó sus brazos detrás su cabeza para adquirir una pose de desinterés, una ráfaga de viento los azotó. Los adultos se apresuraron a adquirir una posición de ataque, poniéndose delante de su respectivo hijo para cubrirlos de aquella ventisca.

—Así que, ese es el bebé llorón que me pertenece, ¿ah?

Shikamaru y Shikadai jadearon, retrocediendo por mero reflejo al reconocer aquella voz. Sus idénticas expresiones de terror dignas de fotografía.

Delante de ellos, recargada contra su abanico para verlos con una sonrisa altiva, estaba una chica rubia que usaba un vestido largo color negro, abierto por los costados y con las mangas cortas. En su frente relucía la banda ninja de la aldea de la arena.

Sakura bajó lentamente su kunai y sintió las pequeñas manos de Sarada tomarla de la parte trasera de la blusa, asomándose para ver furtivamente la escena.

— ¿¡Te casaste con Temari!?—gritó Naruto con incredulidad.

Shikamaru no recordaba cómo hablar para responderle, y su hijo parecía estar en el mismo estado de shock, causando que la sonrisa de Temari se ensanchara.

Eso iba a ser problemático.