Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí, hoy les traigo el epílogo de esta linda historia. Quiero agradecer a todas las personas que me han acompañado hasta aquí. Disculpen si me demoré, pero ser adulto es difícil, ya que tenemos que cumplir con más responsabilidades. Gracias por la paciencia, espero que les guste el epílogo.

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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.

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Capítulo dedicado a todas las lindas personas que me dejaron un review en mi última actualización: ANABELITA N, Biskath, andreina. salomon, Bebitapreciosa y Roronoa Saki. Gracias por comentar, les mando un beso y un fuerte abrazo :D

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Mi mejor opción

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Epílogo

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Estuvo atenta a todo lo que le contaba su amiga, sin embargo, a medida que ésta continuaba, algo en su consciencia no la dejaba en paz.

Se sintió como ahogada.

Tenía que hablar.

La rubia notó la inquietud de su amiga, por lo que decidió detener su narración.

Sabía que algo le pasaba, sin embargo, no intuía que «ese algo» tenía que ver con ella.

Frunció ligeramente el ceño y agudizó la mirada.

—¿Se puede saber qué «mierda» te pasa, Tenten? —inquirió, la ojiverde, de forma poco amigable.

La castaña al oír esa pregunta, sonrió con cierto nerviosismo y dejó enseguida su taza de café sobre la mesa.

—Ay Tema, yo necesito confesarte algo —espetó, ésta, mordiéndose el labio inferior.

El semblante de la rubia de inmediato se endureció.

—¿Confesarme qué? —inquirió, ésta, secamente, sin quitarle los ojos de encima.

Aquella mirada aguamarina le causó terror, provocando enseguida que se le pusiera «la piel de gallina».

A Tenten se le trabaron las palabras.

Aquella reacción no pasó desapercibida para Temari. Supuso que su amiga estaba metida hasta el cuello en su reconciliación con el moreno.

—¿Tuviste que ver con la encerrona que me hizo Nara, cierto? —inquirió, ésta, en un tono inquisidor.

Estaba segura que su amiga le respondería afirmativamente.

La castaña al verse descubierta, esbozó una sonrisa nerviosa.

—Sí, yo lo ayudé —aseveró sin titubear. Sus orbes chocolates estaban pendientes del reaccionar de su amiga.

Temari relajó su semblante.

—¿Eso es lo que me quería confesar? —preguntó sin alterarse.

Tenten al oír la pregunta sólo asintió. Aún no comprendía porque su amiga todavía no se alteraba. ¿Tendría que ver Shikamaru con aquella reacción? Si es así comenzaría a prenderle velas al tipo por tal hazaña.

—¿Cuál fue tu papel en esta historia? —espetó nuevamente la rubia, sacando a la morena de sus cavilaciones.

—¿Mi papel?— inquirió, la castaña, al reaccionar.

—Sí, tu papel —afirmó, la ojiverde, mirándola fijamente.

Tenten suspiró.

—Fui su cómplice, pero lo hice por ti —le respondió excusándose al mismo tiempo con el fin de que su amiga la comprendiera —. Quería que aclararan sus diferencias pronto.

Temari dulcificó su semblante.

—¿Por eso le pasaste la llave?

Tenten al oír la pregunta, sonrió.

—Es que si no lo hacía, el pobre todavía estaría esperándote a que le abrieras la puerta —espetó, ésta, graciosamente, lo que hizo que Temari sonriera.

—Claro y tú «corazón de abuelita», se la cediste de inmediato —espetó, la ojiverde, con falso enfado.

La castaña volvió a sonreír.

—Iba tan decidido a hablar contigo que me fue imposible decirle que no.

—Casi me mató del susto —se quejó, la rubia.

La castaña la miró con cariño.

—Pero no moriste, Tema, y ahora estás muy feliz —acotó, ésta, de forma certera.

Su amiga tenía razón, no podía rebatirle sus palabras.

—Gracias, Tenten, gracias por intervenir —espetó, la ojiverde, con sinceridad—. Yo no sé en que hubiese terminado todo esto si tú no interfieres.

La morena esbozó una sutil sonrisa.

—Conociéndote, hubieses llamado a la policía —aseveró, ésta, con seguridad—. Era la forma más rápida de sacártelo de lo encima.

La rubia sonrió.

—Me conoces muy bien, se nota que eres mi amiga.

La castaña suspiró.

—Sabes Tema, pensé que una vez que te contara mi participación respeto a tu asunto con el Nara, te iba a enojar conmigo.

La ojiverde la miró con dulzura.

—Cómo molestarme contigo, Tenten, si todo lo hiciste con el fin de verme feliz —espetó, ésta, de forma comprensiva.

—Vaya amiga, por lo que veo ese hombre ya está influenciando en ti —acotó, la castaña, haciéndose la sorprendida.

—¿Por qué dices eso, Tenten? —inquirió, Temari, mirándola con detención.

—Estás actuando de forma muy dulce y comprensiva, y eso es algo muy extraño en ti —le respondió, la castaña, con franqueza—. Aunque debo reconocer que me gusta que muestres esa faceta. La Temari terca a veces me exaspera.

La rubia no pudo evitar sonreír.

—Creo que en parte tienes razón, supongo que estoy actuando así porque estoy feliz.

Tenten, la contempló con alegría. Su amiga era una gran mujer, se merecía lo mejor del mundo.

—Y Karura, ¿ya lo conoció? —preguntó, ésta, con interés.

—Sí, hoy se lo presente —le respondió, la rubia, en su tono habitual—, pero sólo le dije que era un amigo. Quiero que se familiarice más con él, antes de decirle quién es en verdad.

—Creo que es lo mejor, amiga —acotó, la castaña, con franqueza—, así no le costará digerir más adelante la noticia.

Se hizo un silencio entre ambas, el cual Temari rompió con rapidez.

—Cambiando de tema de Tenten, quiero que me aclares una duda —espetó, la ojiverde, con cierta curiosidad.

La morena la miró con detención.

—Dime, ¿qué dudas tienes?

La rubia sonrió para sí.

—¿Cómo fue que Shikamaru dio contigo?, porque supongo que fue él quien te buscó.

La castaña sonrió ampliamente al oír esa pregunta.

—Ayyy amiga, ese hombre recorrió todo el centro de Konoha para dar con mi paradero —espetó, ésta, con demasiado énfasis.

—¿En serio? —inquirió, la rubia, con cierta emoción.

—Sí, Tema —le respondió, la morena, con la misma emoción que su amiga—. Debió haber estado muy desesperado para hacer esa proeza, ya que tú siempre dices que es un vago. ¿Pero sabes qué? , me alegro que lo haya hecho, porque me dio la oportunidad de conocerlo y ver que sus intenciones contigo eran las mejores.

Temari sonrió enternecida.

—Ahora entiendo por qué me dijo que había hecho muchas cosas por mí.

Tenten se puso reír.

—Tuvo que prácticamente confiar en mí jajajaja…. no le quedó de otra —acotó, ésta, tratando de controlar su risa.

La rubia la miró divertida.

—Sabes, no me imagino a ustedes dos hablando «largo y tendido».

La castaña comenzó a aclarar su voz.

—Pues imagínatelo, incluso hasta ideamos una plan —espetó, ésta, de lo más normal, cosa que llamó la atención de la rubia.

—¿Un plan? —inquirió, Temari, con interés.

—Sí, un plan, mejor dicho, yo lo ideé —señaló, Tenten, con suficiencia—, pero él estuvo cien por ciento de acuerdo con la idea.

La rubia sonrió para sí.

—Supongo que era un plan para que él pudiera hablar conmigo.

—¡Exacto!, pero tú como siempre lo desbarataste —señaló, la castaña, a modo de queja.

—¡Hey!, pero yo no hice nada —le replicó, la rubia, de inmediato.

—¿Qué no? —inquirió, la morena, haciéndose la ofendida—. Te fuiste a Suna sin previo aviso, y luego que reestructuramos el plan, se te ocurrió ir a dejar la carta de renuncia un día antes de lo previsto —Tenten la miró con seriedad— ¿Sabes qué?, estoy pensando seriamente que eres pitonisa.

Temari se echó a reír.

—¿Adivina, yo?, estás loca, Tenten, sólo fueron simples coincidencias —se defendió, la ojiverde, entre risas.

La morena relajó su semblante.

—Espero que tengas razón, Tema, no quisiera enterarme que tengo una bruja de amiga.

—¿Bruja? —la rubia la miró divertida —adoro tu sinceridad, amiga.

Tenten la miró con cariño.

—Yo también adoro la tuya, Tema —acotó, ésta, con franqueza—, por eso eres mi mejor amiga.

—Gracias por aguantarme, Tenten.

—Y a ti por sopórtame —espetó con dulzor, la castaña—. Te quiero mucho, amiga.

—Yo también te quiero, Tenten, yo también.

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Era su tercer fin de semana compartiendo con ese par de mujeres, toda una experiencia para él, sin embargo, se sentía feliz. No podía clasificar a las dos féminas como problemáticas, porque la más pequeña, sin duda, era un amor. Era una niña muy dulce con espíritu servicial, que siempre estaba moviéndose de aquí para allá. En resumen, una niña activa y feliz. Todo lo contrario a él que llevaba la pereza en la sangre, pero a sabiendas que eso, algún día, debía cambiar.

Y ese día había llegado.

Él quiso que fuese así, y no estaba para nada arrepentido.

Compartir con ese par de mujeres le había cambiado de cierto modo la rutina. Ya no se levantaba tarde los fines de semanas y no estaba echado en la cama todo el santo día.

Aquel cambio no le costó hacerlo, quizás porque existía una rubia motivación que lo instaba a actuar.

—Shikamaru, yo creo que no debieses seguir empujando ese columpio —espetó, la ojiverde, mientras observaba a su hija feliz sobre éste.

El moreno giró su rostro hacia la rubia.

—¿Por qué dices eso mujer? —inquirió, éste, con cierto interés.

Ella volteó su rostro y fijó sus bellos ojos en los oscuros de él.

—Porque Karura nunca se va a aburrir —le respondió con convicción—. Es una niña con demasiada energía, todo lo contrario que tú.

Una sonrisa burlesca apareció en su bello rostro.

El pelinegro negó con la cabeza.

—No me subestimes, mujer —acotó cansinamente, desviando la mirada hacia el columpio. Lo empujó con suavidad—, aunque debo reconocer que ya se me están cansando los brazos.

La miró de reojo.

Temari sonrió de forma engreída.

—Ves que no estoy equivocada —aseveró con suficiencia —, lo mejor que puedes hacer es rendirte.

Él sonrió para sí.

Adoraba verla en esa faceta altiva.

—Tienes razón, mujer —afirmó, el moreno, con su típica parsimonia—. Le diré a Karura que mejor hagamos otra cosa.

Guardó sus manos en los bolsillos.

—Espero que tu propuesta no sea ir a dormir al apartamento —acotó, la rubia, en un tono socarrón.

Una sonrisa ladeada apareció en su rostro.

—Te gusta fastidiarme, mujer —le respondió, el moreno, con cierto desgano. Hizo una pausa y luego volteó su rostro para mirarla fijamente—. ¿Sabes qué?, creo que ya es hora que Karura sepa qué tipo de relación tenemos.

El semblante de Temari se tornó serio.

—¿No crees que es muy pronto? —inquirió, la ojiverde, con algo de duda.

—No, pienso que en estas tres semanas, ya hemos aprendido a familiarizarnos —le contestó, el pelinegro, con seguridad—, y lo más importante, mujer: no me ve como un desconocido.

La rubia sonrió.

—Tienes razón, Shikamaru, voy a buscar el mejor momento para decírselo —aseveró, ésta, con convicción.

—No te compliques, mujer, déjame hacerlo a mi manera.

—Pero… ¿cómo se lo dirás?

—Sólo observa, mujer, confía en mí.

El moreno volteó hacia el columpio y tomó las cadenas. Detuvo su balancear. La niña al percatarse de aquello, lo buscó con la mirada.

—¿Qué pasó? —preguntó, ésta, con curiosidad.

Shikamaru la miró con su mejor cara de vago.

—Me cansé, Karura —le respondió, el pelinegro, de forma cansina—, ¿te parece si mejor vamos a comer un helado?

—¡Yaaa!, ¡yo quero uno de chocolate! —exclamó, la pequeña, con entusiasmo, alzando de inmediato sus bracitos para que la sacaran del columpio.

Shikamaru miró de soslayo a Temari.

—Ves que pude convencerla al instante —comentó orgulloso. La rubia sonrió mientras negaba con el rostro.

El pelinegro volvió a dirigir su atención a la niña y la sacó del columpio.

La dejó en el suelo.

—Karura, ¿te puedo hacer una pregunta? —inquirió, éste, con interés.

La pequeña lo miró con una sonrisa, para luego asentir con su cabecita.

El moreno se agachó para quedar a su altura.

—Sabes, Karura, yo quiero mucho a tu mamá —espetó, éste, con suavidad, teniendo toda la atención de la niña—. Ella es una mujer muy importante para mí, por esa razón yo le pedí que nos presentara —hizo una pausa antes de proseguir. Le ordenó el flequillo con sus dedos—. Yo quería conocerte y a su vez quería que tú me conocieras, ¿sabes por qué? —la pequeña volvió a sonreír. Negó con su cabeza —, porque los dos tenemos algo en común. Tanto tú como yo queremos a Temari un montón, por ese motivo yo quería preguntarte algo.

—¿Algo? —lo miró, la pequeña, como no entendiendo nada.

Shikamaru sonrió.

—Karura, ¿tú le darías permiso a tu mamá para que sea mi novia?

La niña rió complicada.

—Es que yo no mamá, yo hija —lo miró divertida.

—Pero tú como hija igual le puedes dar permiso —insistió, Shikamaru, con falsa tristeza. Tenía que convencerla de algún modo—. Tú eres la única que vive con ella, sino ¿a quién le pido permiso?

La niña al escuchar su argumento, volvió a sonreír.

—Entonces, ¿le das permiso a tu mamá? —inquirió nuevamente, el moreno.

—Es que yo no soy mamá.

El pelinegro sonrió divertido. Definitivamente, Karura había resultado más problemática que Temari.

La rubia al ver que su hija estaba actuando como una testaruda, se acercó a ellos.

—Karura, ¿me darías permiso? —insistió ahora, ésta, captando enseguida la mirada de la pequeña.

La niña resopló con falsa resignación.

—Está ben, pero poltate ben —le respondió apuntándola con el dedo acusador.

—No te preocupes, hija, me portaré bien —le respondió, la ojiverde, agachándose para abrazarla—. Te prometo que siempre estaremos juntas.

Le besó la mejilla con dulzura para luego tomarla en brazos.

La pequeña sólo sonrió.

Shikamaru al ver que la rubia alzó a la niña en brazos, también se puso de pie. Estrechó a la rubia por la espalda.

Posó su mentón en su hombro.

—Karura, gracias por darle permiso a tu mamá —espetó, éste, con sinceridad—, te prometo que siempre voy a estar al lado de ustedes para cuidarlas, aunque sean un par de problemáticas.

—¡Vago exagerado! —le regañó, Temari.

Ambas problemáticas rieron.

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Años después…

POV Temari

(Narración en tiempo presente, pensamientos en tiempo pasado)

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Ya han pasado más de cuatro años que estamos juntos, y mirando los pros y los contras que tiene toda relación, puedo resumir que han sido los mejores años de mi vida.

Así lo siento en mi corazón.

Luego de solucionar aquel impasse que tuvimos hace ya casi cinco años, dimos inicio a una linda relación.

No estuvimos exentos de críticas ni rumores, pero fue algo que tuvimos que aprender a sobrellevar. Dar a conocer un divorcio y sobre la misma una nueva relación, siempre es motivo para especular. Sin embargo, no le dimos mucha importancia a las habladurías, ya nosotros estábamos conscientes que nada de lo que decían era verdad. Sólo nos importó contar con el apoyo y cariño de nuestros amigos y familia.

Después de diez meses de relación, decidimos ir a vivir juntos. Pese a que Shikamaru insistió que era mejor casarnos antes, terminé por convencerlo que era muy pronto. Su divorcio había salido recién hace cuatro meses, por lo que no creí prudente dar aún ese paso, aunque igual Shikamaru se salió con la suya, ya que terminamos cansándonos cuatro meses después y yo con dos meses de embarazo.

Despierto de mis cavilaciones y recuerdo que me debo apurar. Hoy es el bautizo del hijo mi amiga Tenten y no le puedo fallar.

Camino a paso lento hasta el tocador para terminar de maquillarme, y enseguida salgo de mi habitación para dirigirme al cuarto contiguo.

Abro la puerta.

—Karura, ¿dónde está tu papá?—inquiero con curiosidad al no verlo dentro el dormitorio.

—Fue a buscar su encendedor que lo tiene extraviado —responde, mi hija, de lo más normal mientras continúa peinado a su hermano—. Me pidió que terminara de arreglar a Dai.

Suspiro y niego con la cabeza.

—Ese hombre nunca va a cambiar.

—Me dijo que si no lo hacía ahora después tú no lo ibas a dejar —habla, Karura, en su defensa. Siempre aboga por él, ya que para ella es el papá ideal. Por eso dicen que padre es que cría, no el que engendra.

—¡Por supuesto que no!, ya estamos más que atrasados —le respondo en un tono ligeramente más alto mientras me acerco a ellos.

Extiendo la palma de mi mano.

Karura me pasa el cepillo y la goma para amarrar el cabello.

Me mira divertida.

—Pero la culpa no es de papá, es de ella —acota en un tono socarrón, para luego mirar sin disimulo mi panza.

Suspiro.

—Tienes razón, Karura, tu hermanita me impide hacer las cosas de forma rápida —le contesto mirando mi vientre de seis meses. Lo acaricio y sonrío para sí. Vuelvo alzar el rostro y enfoco la mirada en los ojos azules de mi hija. La recorro con la mirada—. Me gusta como te queda ese vestido, te ves muy linda.

Ella se sonroja un poco y me sonríe.

—Tú también te ves muy linda, mamá —me dice con cariño.

—¿Y yo? —interrumpe, mi pequeño, con ansiedad. Pasea sus ojos aguamarina por nuestros rostros.

Ambas sonreímos.

—Dai, tú también te ves muy lindo —le digo acariciándole la cabeza.

—Seguro que serás el niño más guapo de la fiesta —complementa mi hija, luego gira su rostro hacia mí—. ¿Por qué le gustara que le digan que es el lindo?

—Creo que en eso salió a Kankuro —asevero con seriedad y mi hija me mira con cierta extrañeza.

—Pero mi hermanito es lindo, mi tío no.

Su sinceridad me hace reír.

—Nunca digas eso delante de ese idiota, pensara que yo te induje a decirlo.

A Karura se le escapa una carcajada.

—Ven Dai —llamo a mi hijo y éste se acerca arrastrando los pies. Se detiene enfrente de mí.

Gira con parsimonia y me da la espalda.

Me inclino un poco para peinarlo y le hago su coleta. Giro su cuerpo para observarlo.

Sonrío, es idéntico a Shikamaru.

—Vamos niños, si no nunca saldremos de casa.

—¡Espera! —exclama, Karura, y corre hacia la mesa de noche. Abre el cajón y saca la colonia de Dai.

Se acerca velozmente a su hermano y le echa de ese líquido aromático.

—Ahora sí —susurra orgullosa y se devuelve rápidamente para guardar el envase.

Espero que Karura llegue a mi lado.

—Vamos —vuelvo a repetir, y los niños avanzan velozmente delante de mí.

Cierro la puerta y camino con lentitud hasta llegar al pasillo.

Mis hijos ya están abajo.

Suspiro.

Seguro que bajaron corriendo porque sabían que nos los estaba mirando —pienso para sí y niego con cabeza.

No le sigo dando vueltas al asunto y desciendo. No tengo tiempo para enojarme con ellos. Estoy atrasada.

Una vez abajo busco con la mirada a los niños.

No los veo, pero la puerta principal está abierta. Shikamaru ingresa por ésta.

Observo que está escribiendo en su teléfono móvil.

Aclaro mi garganta para llamar su atención.

Advierte mi presencia y alza el rostro.

Me sonríe de medio lado.

—¿Estás lista, mujer? —inquiere en su típico tono, avanzando pausadamente hasta mí.

—Sí —le contesto tocándome por inercia el vientre — ¿y los niños?

—Están arriba del auto —me responde con parsimonia—, junto con todas las cosas que tenemos que llevar.

Como siempre aparte de responder lo que le pregunto, se anticipa a lo que le voy a preguntar.

Veo que baja su mirada y retoma su escritura en el celular.

—¿Subiste todo? —le pregunto para asegurarme que realmente haya echado todo. No se nos podía quedar nada, ya que nosotros íbamos a ser los padrinos del niño.

Vuelve alzar su rostro.

—Sí, subí todo lo estaba sobre el sillón, incluso tu cartera.

—Entonces vámonos, ya estamos bastante atrasados —acoto comenzando avanzar con rapidez.

De una zancada me alcanza y me toma del brazo.

—Tranquila mujer, vamos bien —susurra con serenidad. Giro mi cuerpo hacia él—, hablé con Neji hace unos minutos y le dije que íbamos a llegar atrasados entre cinco y diez minutos, pero él se puso a reír y me dijo que no me preocupara, que suponía que nos iba a suceder eso, por eso siempre nos dijeron que la ceremonia era una hora antes. Era la única forma de asegurarse que llegaríamos a tiempo.

Suelta mi brazo.

—Por lo que veo tu amigo te conoce bastante bien —le digo de forma socarrona.

—Corrección mujer, «nos conoce bastante bien» —me rebate recalcando las últimas palabras —, ya que tu amiga se encargó de contarle el resto

Vuelve a guiar su mirada y sus dedos al móvil.

—Te recuerdo que fue tu idea presentarlos —le respondo con el fin de que recuerde como fue que le surgió esa idea.

Shikamaru sonríe de medio lado.

Vuelve a levantar el rostro y fija sus ojos oscuros en los míos.

—Lo sé, mujer, y gracias a eso ahora estamos a punto de tener un ahijado.

Dirige nuevamente la mirada a su móvil, sin embargo, antes que comience a escribir, lo interrumpo.

—¿Se puede saber qué tanto escribes? —inquiero con cierta molestia.

Frunzo levemente el entrecejo.

—Mujer, dame unos segundos para terminar —me responde cansinamente sin levantar la mirada. Retoma la escritura.

Lo miro con detención por unos cuantos segundos hasta que deja de escribir.

Apaga la pantalla del celular.

—Ya terminé —susurra y alza la mirada. Mis orbes aguamarina lo miran de un modo inquisidor. Él suspira y humedece sus labios —Después que le corté la llamada a Neji, me di cuenta que había recibido un correo… por curiosidad lo abrí.

Se queda en silencio mientras guarda el celular en el bolsillo de la chaqueta.

—¿Y quién era? —inquiero con cierto interés.

—Era Ino —me contesta con tranquilidad, sin embargo, puedo ver un deje de emoción en sus ojos—. Me decía que hace tiempo que quería escribirme, pero siempre que lo intentaba al final no lo hacía, sin embargo, hace un par de días se enteró que yo iba a volver a ser papá, por eso se animó a intentarlo nuevamente. Me escribió para felicitarme por la linda familia que había formado y para decirme que se alegraba mucho por mí, porque había podido cumplir mis sueños.

—¿Y cómo está ella? —no puedo evitar preguntar.

—Dice que está feliz —me responde en un tono ligeramente alegre—, que está trabajando hace dos años en una agencia de publicidad, y que gracias a ese trabajo pudo conocer a alguien que tiene los mismos ideales que ella. Su nombre es Sai.

—Veo que leer ese correo de cierto modo alegro tu día —le digo mirándolo con detención.

Una sonrisa aparece en sus labios.

—No lo puedo negar, hace tiempo que no sabía nada de ella —acota con sinceridad —. Me alegra mucho saber que está feliz y que tiene a alguien con quien compartir su vida.

La forma que se refiere a ella me enorgullece. Shikamaru siempre ha sido un hombre muy noble, sin embargo, no puedo evitar sentir una pizca de envidia en mi interior.

—Seguro que debe seguir siendo una mujer muy bella —espeto en un tono visiblemente más apagado. De alguna forma mis hormonas me traicionaron.

Él de inmediato nota mi cambio y guía sus manos sobre mi rostro.

Me mira con amor.

—Seguramente, pero no más bella que tú —acota con dulzura y yo me rindo ante sus palabras.

Acerca sus labios a mi boca y me besa con ternura por unos segundos.

Lentamente se separa sus labios de los míos.

—Lo siento, sé que son celos infundados pero es algo que no puedo evitar —le digo a modo disculpa y él me sonríe de medio lado.

—Lo sé, mujer, seguramente es producto del embarazo —acota de forma cariñosa, sin dejar de enmarcar mi rostro—. Aunque no puedo negar que me gusta verte celosa de vez en cuando.

—Vago idiota, te aprovechas sólo porque tengo las hormonas alteradas —le reclamo con falso enfado.

Shikamaru sonríe y quita las manos de mi rostro.

—No seas problemática, mujer —susurra de forma cansina y me abraza apegándose a mi panza.

Yo simplemente lo abrazo y apoyo mi cabeza en su hombro.

Me siento muy dichosa junto a él.

—Gracias mujer, gracias por ayudarme a cumplir mis sueños, gracias por la linda familia que me has dado.

—No tienes nada que agradecerme, Shikamaru. Teníamos un sueño en común y juntos lo hemos logrado.

—Te amo mujer problemática, ni te imaginas cuánto te amo.

Corto el abrazo y tomo su rostro entre mis manos.

Lo miro con cariño.

—Claro que lo sé, Shikamaru, por eso yo también te amo —junto mi frente con la suya y cierro mis ojos—, porque de una u otra manera siempre me lo has demostrado.

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FIN

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Gracias por leer y acompañarme hasta aquí, espero que les haya gustado.

ACLARACIÓN: Yo sé que más de alguno se preguntara por qué nunca dije el nombre del padre de Karura, pero no lo quise hacer porque creo que no era necesario. En un principio lo iba a mencionar, incluso lo hice en una de las versiones del capítulo nueve, pero al final nunca lo di a conocer ya que de alguna forma me iba a cambiar el final de la historia. Por eso preferí dejar su nombre en el anonimato, como un padre que simplemente no estuvo presente.

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Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor, yo los amo :D

Entre el lunes y el martes responderé los reviews pendientes, disculpen la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami…quién sabe cuándo jajajaja)

Nos estamos leyendo en mi próxima actualización.

Ahora me despido, que tengan una lindo domingo y un buen inicio de semana. Les mando muchos cariños. Besos a todos.