Acto 10: Mata a la araña.

New York, sábado 12 de agosto del 2017.

6:00 de la mañana.
Los canales de noticias están emitiendo. Se informa sobre la presencia de Rhino y su batalla con Spider-Man. Están forzados a decir que ellos no tienen ningún video o foto, y que todos deberían leer el Daily Bugle para mayor información o poder ver las fotos tomadas por Peter Parker. J. Jonah Jameson es invitado una vez más, habla sobre cómo cada vez hay más destrozos, más crimen, que la aparición de Spider-Man no ha cambiado nada para bien, que es incluso peor, que es todo su culpa, que seguro son compañeros suyos y que usan la ciudad para su diversión. Dice que es una amenaza. La gente en general no le cree, en especial aquellos que fueron salvados por él, pero hay una pequeña duda en el fondo.
— ¿De dónde salió? —preguntó el Kingpin, y bostezó. Juega con su copa de vino.
—No lo sabemos —dijo la científica—. Los informantes están perdidos, no tienen nada. Quién quiere que lo haya hecho eso, es cuidadoso.
—Cómo tú.
—No insinué cosas como esas, por favor. Me duele que dude de mi lealtad.

A pesar de las palabras, su voz sonó imperturbable.
—Puedes retirarte, y más vale que consigas información —habló, serio y preocupado. Termina de beber su vino. — Esto no es competencia normal, hay alguien ahí, alguien que puede tumbar mi imperio. Eso no puede ser, esta ciudad no es lo suficientemente grande para dos Kingpins.

La científica abandona la habitación, mordiéndose los labios, está interesada en Rhino, en su traje, más que nada, lo encuentra perfecto para armar al ejército del Kingpin. Ya aprendió el procedimiento de Herman Schultz para crear sus guanteletes, hizo innecesaria su existencia dentro del ejército. Y ahora, el sólo pensar en cómo combinar aquella arma con el traje, junto con la energía de Electro, hace que se excite. En su laboratorio, ríe sin parar, llena de júbilo, encuentra fabuloso el futuro que ve para New York, y tal vez el mundo. Max Dillon piensa que está loca, pues cree que se está riendo de él, que está encerrado en una habitación especial que lo contiene, justo frente a ella.

Peter despertó tarde como se esperaba, fue a Oscorp para recuperar, pero no fue recibido. Intentó que le dejaran usar el domingo, pero Gwen dijo que estaría ocupada, el doctor Connors tampoco está disponible debido a los experimentos que trabaja con el doctor Miles Warren, y el doctor Octavius trabaja en Rikers. Puede volver el lunes normalmente, pero no puede evitar pensar en que una vez más, ha dañado su reputación. Pero debe olvidarse de ello, debe trabajar en mejorar sus redes, en fortalecerlas, si Rhino escapa, por más tonto que sea, no podrá volver usar a Oscorp para derrotarlo, más aún ahora que hay una recompensa por su cabeza puesta por Norman Osborn.

El lunes llega. Son siete con treinta minutos de la mañana, es hora de salir a trabajar. Gwen Stacy sale de casa, y en la parada donde siempre toma su taxi, es detenida por una mujer de cabellos negros y rasgados ojos verdes. Es alta y esbelta; su porte es perfecto. Lleva una botella de agua en sus manos, por la mitad.
— ¿Gwen? —preguntó la mujer, sonriente.
—Oh, Dios mío. ¡Smythy! —exclamó, eufórica, y corrió a abrazarla—. Cuanto tiempo. ¿Cuándo llegaste? —preguntó con ojos brillosos y voz alegre.
— ¿«Dios mío»? ¿Has abandonado nuestro lado? —preguntó, frunciendo el ceño, falsamente indignada, pues también se amagaba una sonrisa.
—Es un decir, tonta —replicó, divertida.
—Acabo de llegar —dijo jugando con los cabellos de Gwen—. Explorar el mundo, por más divertido que pueda ser, llega a ser cansado. Me alegra regresar a New York, sigue tan perfecta como siempre esta maldita ciudad. ¿No adoras el crimen que hay aquí? —habló sarcástica—. Pero sí, ha sido mucho tiempo, no nos veíamos desde esa «noche», la última de la universidad.
—No me la recuerdes —dijo sonrojada.
—Oh vamos, para eso es la universidad, para experimentar. Algunos dicen que también para aprender, pero yo no les creo —bromeó—. Al menos nunca probamos ninguna droga, ni siquiera marihuana. Aunque he pensado en probarla, no parece ser la gran cosa.
—Sabemos que puede afectar nuestro cerebro, como la cognición y la memoria. Que no sepamos todo no quiere decir que debamos usarla —dijo seria.
—Ah, siempre la voz de la razón —replicó con cariño.
—Espero que gente como la doctora Yasmin Hurd logré avances, muchos de mis estudiantes lo usan, intento decirles que es peligroso, pero como sabes, los adolescentes no escuchan. Me preocupan sus futuros.
—Cierto, eres profesora ahora. ¿Qué se siente ese lado?
—Pues, fue extraño al principio. Apenas había terminado, fue embarazoso enseñar a gente un año menor que yo, sentí que no me respetaban. Así que decidí ser amigable, conectar con ellos de una forma personal, pienso que es la mejor forma de enseñanza, seguro es mejor que inculcar miedo como algunos de nuestros profesores, pero qué se yo, soy una tonta. Sin embargo, creo que está funcionando.
—Y además tienes tu propio laboratorio, nada más y nada menos que en Oscorp, ¿eh? Felicitaciones, siempre adoré tu cerebro —dijo eso último con cierto tono sexual.
—Sí, pero no sé porque me lo dieron a mí, había mucho mejores candidatos.
—Oh, no has cambiado en nada —dijo con cierta nostalgia—. Odio tanto ese aspecto de ti, claro que eras la mejor candidata, maldita sea. Por supuesto, eso fue porque yo no estaba aquí, soy claramente superior —dijo con ojos cerrados, sonriendo—, pero aun así.
—Tú tampoco has cambiado nada. Adoro ese aspecto de ti, me gustaría tener tanta confianza como tú, ser tan inteligente y genial. Me alegra volverte a ver —afirmó, con ojos húmedos.

Smythy sonríe, se muerde los labios y la abraza en respuesta.
—Por cierto, ¿cómo está el profesor Warren? —preguntó al alejarse.
—Oh, ah, bien —dijo mirando al piso, rascándose el cuello con una uña.
—No me digas que intentó algo —habló preocupada tras verla tan incómoda. Gwen la mira sorprendida y con sus ojos le pregunta cómo lo supo—. Soy buena notando cosas, ¿lo olvidas? Por ello no has necesitado hablar ahora para que te entienda —dijo con cierta arrogancia—. Siempre supe que tenía demasiado interés en ti, no sólo por tu cerebro, obviamente. Te miraba diferente, te trataba diferente, te observaba cuando no le veías. Me sentí algo celosa, tú eres mía, después de todo.

Gwen ríe, sabe bien que lo dice en broma, pero no puede evitar sentirse cortejada por ella, piensa que debe ser por su confianza, realmente envidia eso de ella. Su sola presencia la hace sentirse más pequeña.
La sonrisa se le borra al tener que hablar de Warren.
—Intentó besarme, pero le detuve, por supuesto. Dijo que estaba teniendo problemas en casa y que sólo fue un error; bebió mucho aquel día. Se disculpó y decidí dejarlo atrás, actuar como que nada pasaba. Así estamos ahora, lo veré mucho en el trabajo, es el compañero del doctor Connors y ahora que me has dicho esto, será muy incómodo. Temo que lo intenté otra vez.
—Yo no dejaré que eso pase, querida —dijo sonriente, tocándole los hombros.
—Gracias —dijo sonrojada, y miró su reloj—. Oh, rayos. Voy a llegar tarde.
—Déjame acompañarte, podemos conversar en el camino.
Suben a un taxi y le pagan el doble para que suba la velocidad.
—Vaya, ¿cómo no lo vi antes? —dijo Gwen, sorprendida al ver un diamante tan grande.
—Así es, querida. Quentin y yo vamos a casarnos… algún día, aun no lo sé.
—Eso es genial, siempre supe que estaban destinados. ¿Pero qué hay de lo nuestro? —preguntó entre risas.
—Sigue en pie, linda. Dije que eras mía, no dije que fuera lo mismo para ti.
—Siempre eres tan dominante. No puedo evitar encogerme de hombros contigo —dijo riendo tras darse cuenta de que hizo justamente eso.

Se ponen al día con alguna que otra cosa, y finalmente llegan a Oscorp. Con suerte llegaron a tiempo. Gwen presenta a su amiga ante todos los estudiantes y el doctor Connors, luego salen por un instante para que pueda despedirla.
—Te atrae el doctor Connors y te agrada ese chico Peter, y él parece estar enamorado.
— ¿Qué diablos? ¿Ahora eres psíquica? —preguntó sin poder creerlo.
—Sabes que eso no es real. Es fácil lo que hago, princesa. Se nota en la forma en que me presentaste a Connors que te atrae, aunque asumo que es más por su inteligencia que otra cosa, siempre te han gustado buenos cerebros, eres como yo después de todo. Y la forma en que Peter te miró, lo delata. Realmente me sorprende que nadie más lo haya visto, no deben ser tan brillantes como dijiste.
—No seas mala, no todos tienen esa habilidad tuya.
—No soy mala, soy honesta —corrigió, sonriendo—. No puedo creer que siempre deba decírtelo. Ahora, llámame cuando salgas y salimos a pasear —pidió abrazándola. La besa en la mejilla y se despide.

Camina hasta la esquina de la calle, y una voz familiar la hace detenerse.
—Así que tienes vida y amigos, después de todo —habló Silver Sable, recostada sobre una pared con las manos en los bolsillos—. Dime, ¿cuál es la verdadera tú, la científica fría, o la, de hecho, agradable amiga? ¿Tu jefe lo sabe?
—Regresa a la base, Silveria. Tus manos aun necesitan curarse. No deberías salir a la calle en esta New York de hoy en día con las manos en ese estado —dijo mirándola con ojos asesinos—, sería una lástima que se te rompieran otra vez, y alguien más mate a Spider-Man antes que tú.

Silver Sable sonríe mientras la ve alejarse, no está acostumbrada a conocer personas como ella, está feliz de haber venido a New York. Haber sufrido la fractura en sus manos, por todo esto, lo vale.

A las once con algunos minutos de la mañana, en medio de un experimento, Peter recibe noticias en su celular, el cual debería haber estado apagado como lo pidió Gwen. Se disculpa diciendo que es algo importante y que debe estar ahí para tomar fotos, tal vez incluso obtener movimiento con una videocámara que por fin podrá comprar. Con visible molestia, Gwen le deja irse, pero no será sin repercusión. Peter abandona Oscorp corriendo, se pone su primer traje (ya arreglado), y se dirige al lugar donde está ocurriendo algo sorprendente: un dragón está aterrorizando la ciudad.

Está posado sobre el lado derecho de un edificio, en lo más alto, rugiendo y respirando fuego. La gente se vuelve loca, muchos huyen, otros, estupefactos, permanecen inmóviles. Spidy aterriza en el edificio de enfrente, el dragón dirige su atención a él, y dispara una bola de fuego. Spidy salta evadiéndola y se balancea, mientras se mueve por los aires, mira atrás el daño causado y siente emoción. Ha leído sobre dragones desde que era un niño, y parece que eran reales después de todo.
— ¡Bienvenido, héroe! —saludó un hombre, con voz melódica y estentórea. Habla como un tenor canta. Está de pie sobre la cabeza del dragón, vestido con una negra armadura vikinga, la cual posee detalles, runas y símbolos de un profundo color morado, el mismo color que sus guantes, sus botas y su imponente capa, con la cual procede a cubrirse. Lleva en sus manos un extraño y negro libro. Su rostro no es visible por la máscara de plata que lleva, máscara cuyo único detalle que posee es un tenebroso ojo negro que parece desnudar tus más profundos miedos.
—No sabía que había llegado hasta San Diego para la Comic-Con ¿Quién se supone que eres?
— ¡Mysterio, el devorador! —exclamó y truenos cayeron del cielo. El cielo se ha puesto negro, la araña siente el frio y capta el repugnante aroma de la sangre—. Ese es mi nombre, héroe. He despertado de un largo sueño, pues uno de mis familiares me avisó de la existencia de un digno rival. He venido a que me demuestres tu poder, y después, cuando te derrote, devoraré tu alma —afirmó, y su voz resonó en los oídos del arácnido, influyendo temor. Y un fuerte viento hizo bailar su rubio cabello.

«Esto no puede ser verdad —pensó, asustado—. La magia no existe, eso es un hecho. Como hombre de ciencia no puedo aceptar esto. Debe ser un truco.»

Los guantes y el libro brillan en una luz morada, Mysterio dispara esferas de energía que viajan a gran velocidad, Spidy las evade, pero las explosiones logran alcanzarlo y cae aturdido, pero al último momento es capaz de reponerse y escapa poniéndose a salvo. Pequeños demonios voladoras revolotean a su alrededor, disparan electricidad morada de sus bocas, causando un grave daño al asfalto. Spider-Man sube lo más que puede con un potente salto, dispara sus balas a Mysterio, pero este extiende una mano envuelta en brillo y las balas se deshacen en el aire.
—Tus ataques no son rivales para mi magia.
— ¡La magia no es real!
—Oh, sí que lo es. Que tu generación la haya olvidado no quita ese hecho. Te mostraré mi poder, así tú, hombre de poca fe, tendrás que admitir la realidad —afirmó extendiendo los brazos y se echó a reír.

Se destapa y muestra las runas, las cuales empiezan a brillar junto con el libro. Mysterio pronuncia palabras inentendibles para la araña, sin embargo, logra identificarlo como escandinavo antiguo, a pesar de realmente no entenderle en lo más mínimo. Da las gracias a la televisión por eso.

De pronto, todas las personas que se quedaron en los alrededores, empiezan a atacarse mientras se dicen cosas que confunden al trepa muros, cada uno de ellos incrimina al prójimo de ser un demonio, un asesino que viene a por ellos, o simplemente algo que parecen realmente odiar o temer. Se atacan entre ellos, con sus puños y con objetos cercanos. Spider-Man desciende e intenta calmarlos.

Está tan distraído hablándoles, que no se percata de que los demonios voladores le disparan electricidad al cuerpo. Todos los rayos, unidos, logran inmovilizarlo, y en ese momento, Mysterio desciende a gran velocidad empuñando una daga, su objetivo es su corazón, y ante el peligro inminente de muerte, la vida de la araña pasa por sus ojos. Al último instante, tras gritar por el esfuerzo y el dolor, Spidy logra lanzar un derechazo, causando que Mysterio se detenga, pues no quiere ser golpeado. El trepa muros se libera de la electricidad y dispara telarañas a uno de los demonios, y lo usa para golpear al resto.
— ¡He probado mejor electricidad! —exclamó, triunfante. Mysterio regresa a lo alto del edificio, flotando. — Tendrás que intentarlo mejor.
—Después de todo pareces ser alguien que me divertirá —habló sobre la cabeza del dragón.

Spidy lanza granadas a cada uno de las personas que ahora buscaba atacarlo a él, y de esta forma, envueltos en capullos, no serán un problema. Sube a lo alto con sus redes, pero con dificultad, pues Mysterio extiende sus manos y sus telarañas se van desvaneciendo. El dragón le dispara bolas de fuego, él se balancea de lado a lado evitándolas, se trepa al edificio, sube unos centímetros y se detiene, evitando de esa forma el aliento de fuego que pasa sobre su cabeza. De un salto llega a la azotea, la cola del dragón se acerca a él velozmente por su izquierda, pero es capaz de detenerla con ambas manos, y al hacerlo nota que no es tan grande como parecía, sigue siendo enorme ante sus ojos, pero lo que está agarrando no es más grueso que su cabeza. Rompe la supuesta cola y el holograma se desvanece; es acero.
—Sabía que se sentía raro. Bueno, tampoco es que haya tocado a un dragón antes, pero de todas formas. ¡No es real! ¡Lo sabía! ¡Magia tu trasero! —celebró entre saltos. De pronto se vuelve y se agacha al sentir peligro, pero no ve nada. Siente que algo viene hacia él, así que salta por instinto, pero sigue sin ver nada. Regresa su atención a Mysterio, le avienta la cola rota, y el acero lo traspasa, la imagen del mago se ve borrosa por un instante para finalmente regresar a verse como antes.

Spidy vuelve a saltar por instinto.
— ¿¡Cómo lo sabes!? —inquirió Mysterio, tras hacerse visible—. ¿Cómo sabes que te estaba atacando? No deberías haber sido capaz de verme, mis gases han atrofiado tu percepción, pero aun así supiste que estaba detrás de ti.
—Así que te puedes hacer invisible, bueno, no realmente. Ya que acabas de decir lo de tus gases, asumo que me necesitas confundido para no poder verte, además de que esa armadura no es normal, es mecánica, ¿no es así? Te ayuda a camuflarte, pero se necesitan los gases para que realmente no se te pueda ver.
—Sí. Ahora respóndeme.
—Bueno, tengo algo muy bonito llamado «sentido arácnido» —dijo tocándose la sien con un dedo—. Me avisa sobre el peligro inminente. Por ello soy invencible, amigo mío.

Una mujer en bata se recuesta en su silla, sonriendo. Empieza a reír, su cabello negro cae sobre sus ojos verdes. «Así que era eso —pensó. Y empezó a aplaudir.»
—Ya veo. Así que no tengo posibilidades.
— Lo que has hecho es excelente, Mysterio. El cielo, el frio, los truenos, el olor, todo se sintió muy real. Me recuerda a algo que sucedió con cierto cazador en cierto gimnasio. Podrías trabajar en Hollywood.
—No. Prefiero hacer un documental independiente llamado: «La muerte de Spider-Man.» Pero eso tendrá que esperar, tristemente —dijo decepcionado. Y una gran cantidad de gas es expulsado de su ser.

Spidy tose y no puede abrir sus ojos por varios segundos hasta que el gas se disipa. Ha quedado mareado y la nariz le arde. Mysterio ha desaparecido.
—Genial, otro tipo que hace eso —dijo fastidiado. Observa la mecánica que ha quedado, se maravilla por ella… se asusta por ella, pues la luz roja no deja lugar a dudas. Entra en pánico y usa una gran cantidad de telarañas para poner a salvo a la gente en capullos resistentes, pero él no fue tan suertudo. —Bueno, Kraven nunca hizo eso —dijo al borde del colapso.

No va a morir fácilmente, sin embargo, pero ha quedado con el mayor dolor que jamás haya sentido. Su traje está destrozado, ya no le quedan telarañas, y la policía ha llegado. Por suerte no hay cámaras que lo pueden grabar, las que habían fueron destruidas, y para mala suerte, la suya fue parte de ellas. Coge la poca tela que queda y la coloca sobre su cabeza, aun a sacrificio de su entrepierna. Abandona el lugar corriendo lo más rápido posible, saltando de techo en techo, dejando a la policía demasiado avergonzada como para dispararle. Se ve forzado a robar algo de ropa y a tirar los restos del nuevo traje. Se cambia en un callejón, camina unas calles, llega a una casa vieja y abandonada: un refugio para vagabundos. Ahí cae desplomado, sin un ápice de energía. Y duerme hasta la noche.

Al despertar, sus heridas ya no son tan graves, a menos en su rostro. Su cuerpo aún sigue lleno de quemaduras, sus costillas, que recién se estaban recuperando, fueron fracturadas nuevamente, todo su cuerpo está en dolor. Gatea su camino afuera del refugio, ante la mirada extrañada de los vagabundos. Apenas puede caminar de regreso a casa. Una vez ahí, soporta el interrogatorio de May fingiendo que no siente dolor. No le responde a las preguntas sobre las razones de las heridas y de donde estaba, y así sube a su habitación sin mirar atrás, dejándola con la deducción de que ha estado peleando, de que ya no es el muchacho que ha criado. No está equivocada, al menos no del todo. Peter toma una ducha y se echa a dormir, el hecho de que haya actuado de mala manera tanto con Gwen como con May, no superan a su cansancio y dolor.

Mientras él duerme, Gwen aún se mantiene despierta, leyendo un delgado libro sentada en su cama. Su puerta es tocada, la abre esperando ver a Peter con deseos de disculparse, pero es una mujer. Se abrazan y la invita a pasar.
—Pienso quedarme a dormir, ¿se puede? —preguntó Smythy, entrando a la casa, no dejando lugar para una respuesta negativa.
—Claro. Vamos a mi cuarto.

Smythy salta sobre la cama y se deja caer sobre ella. Se sienta y bebe de su botella de agua, vaciándola. Pero tiene más en su bolso.
—Entonces, ¿qué hay con el doctor Connors? —preguntó Smythy, con una mirada que prácticamente exige respuesta.
— ¿Qué hay con el doctor Connors? —preguntó confundida.
—Ya sabes, él te gusta, ¿no? —dijo divertida—. ¿Cuál es el plan?
—No hay plan —respondió Gwen, seria—. Está felizmente casado con una dulce y amable mujer. Tiene un hijo, a quien conozco bien, con quien he jugado.
—Aun espero una razón para la que no haya plan —replicó sonriente—. Todo lo que he oído son razones por las que sí debería haberlo.
— ¡No voy a destruir una matrimonio por un deseo egoísta! —exclamó, disgustada. Gwen está alterada, incómoda.
— ¿Qué hay de Peter? —preguntó Smythy, relajada, exigiendo respuesta con sus ojos una vez más, como si el disgusto de Gwen no hubiera sucedido.
— ¿Qué hay de Peter? —repitió, más disgustada, levantando la voz un poco—. Tiene quince años —afirmó, esta vez regresó a un tono bajo. Smythy arquea las cejas como si no entendiera el significado de lo dicho, como si no fuera importante. — ¿Acaso me estás diciendo que te parece bien hacer algo inmoral, porque tal vez podría valer la pena?
Smythy responde alzando los hombros, recostando su cabeza en uno de ellos, abriendo las manos y cerrando los ojos en un gesto de «tal vez».
—Pero esa es una forma horrible de pensar —expresó Gwen, preocupada, escandalizada—. Es por eso que los criminales hacen lo que hacen.
—Tienes razón, tienes razón —calmó, colocando sus manos en los hombros de ella y mirándola amistosamente—. Es una forma horrible de pensar, como siempre eres la voz de la razón —afirmó. Gwen se calma y pide que le convide algo de agua.

«Es una forma horrible de pensar, inmoral, criminal. Tal vez por eso me gusta tanto la idea», pensó Smythy.
—Pero sigamos con lo de Peter —habló tomando de regreso su botella—. ¿Qué puedes decirme de él?
—Es un chico brillante, bien intencionado, y amable. Tienes sus problemas, como cualquiera chico, claro. Últimamente ha estado actuando muy irresponsablemente, desaparece de la nada y no llama. Me dijo que es porque tiene trabajos para poder ayudar en casa, pero no fui capaz de encontrar ningún otro que no fuera tomarle fotos al hombre araña. No puede tomarle tanto tiempo esa actividad, ni la de tomar fotos en general. A pesar de eso, tiene un futuro brillante si logra enderezarse, es educado y como dije, brillante. Pero es un niño, no puede estar seguro de sus sentimientos. Si es verdad lo que siente, tendrá que esperar a que sea mayor de edad para que pueda darle una oportunidad.
— ¿Lo hace siempre que pasa algo importante? Lo de tomar fotos a Spider-Man.
—Sí, abandona Oscorp en medio de los experimentos o lo que sea, parece tener informantes que le avisan si algo está pasando, y luego va a tomar fotos.
—Ya veo. Creo que deberías perdonarle eso, tomar fotos a alguien tan escurridizo como el trepa muros, no es fácil, y de seguro está ganando buen dinero.
—Supongo. Oh, mira la hora —dijo dirigiendo su atención al reloj en su pared—. Tengo que levantarme temprano, durmamos.

Ambas se echan en la misma cama, Gwen es de moverse mucho al dormir, y Smythy lo sabe muy bien, después de todo fueron compañeras de cuarto, pero no piensa dormir en un mueble ni aunque la obliguen. Los ojos azules se cierran y la rubia se pierde en el mundo de los sueños. Smythy permanece despierta, mirando el techo, sonriendo, evitando perderse en una divertida risotada.

«Él único que ha sido capaz de tomar fotos de la araña —pensó, y soltó una risilla—. Desaparece sin decir nada, como si hubiera quedado inconsciente en algún lugar, como muchas veces debió haber quedado el trepa muros tras esas duras batallas, es obvio que no es invulnerable y se cansa como todos. Cuando nos saludamos en Oscorp, era evidente que Parker era más fuerte de lo que aparentaba, se veía en su rostro que se estaba conteniendo, aunque nadie más parece haberlo notado. Tiene sentido, es un niño, después de todo. No debe controlar bien esos poderes que tiene, le debe costar trabajo. Entonces, tenemos un problema, mi querido jefe lo quiere muerto, pero mi preciada amiga tiene la posibilidad de un fantástico futuro con él, sus cerebros parecen ser compatibles. ¿Qué hago? Claro, también está mi propio deseo de querer derrotarlo. Entonces, ¿qué es más fuerte, mi deseo por derrotar y disecar a tal precioso espécimen, mi lealtad, o mi amor por ella?»

No logra tomar una decisión, la cantidad de cosas que revolotean por su cabeza le dan migraña, la hace sentir incómoda el no poder saber algo, y eso, graciosamente, le permite dormir.

FIN DEL ACTO.