Hola
Siento la demora, aquí el capítulo.
Disfruten.
Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, todo es obra de Hajime Isayama.
Eren se dio la vuelta y comenzó a caminar por la ciudad sin rumbo fijo, aún con su mochila donde tenía el uniforme de su trabajo. Solo necesitaba procesar lo que estaba pasando.
–Te vi siguiéndonos desde hace tres calles –comentó el menor caminando junto a su ex profesor a su casa –. ¿Qué clase de acosador eres tú?
–Fuiste tú el que apareció de la nada en mi día –respondió Erwin divertido.
–No supe qué decirle a mi amigo, casi entro en pánico –Armin seguía bromeando, pero el semblante del mayor cambió a uno más serio.
–Oye, ese chico con el que ibas, ¿es el nuevo amigo el que me contaste?
–Sí, es él. Se llama Eren –dijo el chico sonriendo.
–Tengo la impresión de haberlo visto antes.
– ¿Verdad que si? A mí me pasó lo mismo, y también a mi amiga Mikasa, pero es imposible, Eren llegó de Italia no hace mucho. Supongo que simplemente es su aura lo que te hace pensar que ya lo has visto antes.
–Ya veo. Interesante – el más alto no creía que la explicación fuera tan simple, pero no quería insistir.
–Quiero que lo conozcas.
– ¿Crees que sea buena idea? –preguntó Erwin soltando una pequeña risa.
–Bueno, estudiaremos juntos, pero dudo mucho que te veamos en la universidad, es decir, ¿Cuál es la probabilidad de que por azares del destino le des clase a nuestro grupo?
– Es verdad –Erwin se metió las manos en los bolsillos y acompañó a su chico hasta casi llegar a su casa como había hecho siempre. Por ahora no podían decirle a nadie sobre su relación – ¿Cómo te fue hoy, lindura?
El rostro de Armin se volvió de un color rojo intenso y no supo qué responder, lo cual solo hacía que el mayor tuviera más ganas de tomarlo y besarlo.
…
¿Dónde mierda estoy?
Eren fue tan inteligente que solo se había ido caminando sin ver hacia donde iba, así que cuando volvió a prestarle atención a su entorno, ya no sabía cómo había llegado ahí.
No reconozco este lugar, ni siquiera sabía que existía… tal vez salí del país y no me di cuenta.
Conforme avanzaba, sus preocupaciones se apoderaban más de él y estaba empezando a pensar tonterías. Parecía ser un vecindario bastante desagradable –a juzgar por las prostitutas que se incrementan en las esquinas y a los hombres que recibían bolsas con pastillas de diferentes colores en los callejones–.
Tal vez debería correr gritando como nena, seguro así nadie querrá meterse conmigo.
El sol se estaba ocultando, no sabía cuántas horas había caminado pero los pies lo estaban matando y moría de hambre. Intentaba no mirar a nadie directamente y pasar como si fuera invisible, pero las personas –sobre todo hombres parados en la acera –empezaban a notarlo y eso lo ponía cada vez más nervioso.
–Oye niño –Eren escuchó a sus espaldas, pero siguió caminando.
Tranquilo, no te pongas nervioso. Huelen el miedo.
El chico siguió pensando en seguir caminando hasta llegar a alguna avenida y poder tomar un taxi, pero antes de cruzar otra calle más, tres personas dieron la vuelta en una esquina y lo encararon.
–Vaya vaya, miren a quien tenemos aquí –dijo el más alto con una voz tenebrosa sonriéndole a Eren –. Una pequeña bailarina.
–Se ve demasiado bien para ser un chico –dijo el de su derecha.
–Entonces hay que comprobarlo –habló el ultimo.
Los tres se abalanzaron sobre Eren y éste entró en pánico, pero sabía que tenía que defenderse. La buena noticia era que ya había practicado algunas de las artes marciales hasta ese entonces.
Eren soltó un puñetazo hacia el mentón del más cercano, el que era tan alto como un poste y éste retrocedió sorprendido por la fuerza del chico. Los otros dos se abalanzaron sobre Eren; le doblaban el tamaño y en ese momento se arrepintió de haber dejado de entrenar su cuerpo. No podría ganar.
Era su culpa; pensó que ya no habría nada malo que atacara a la humanidad y se concentró más en encajar en la sociedad que en protegerse a sí mismo. Ahora era una presa malditamente fácil, se había concentrado tanto en aparentar ser normal que él mismo se lo había creído y ahora su cuerpo estaba empezando a olvidar cómo dar un simple golpe. Maldijo para sus adentros.
Se escabulló por debajo de algunos brazos y comenzó a correr por las calles sucias con los tres tipos detrás de él.
¡Mierda! Son demasiado rápidos, me van a alcanzar.
MALDICION
Eren ya había entrado en pánico, pero no tenía una mejor idea que correr a pesar de la falta de aire. Pequeñas gotas comenzaban a resbalarse por su nuca.
Antes de llegar a otra esquina, sintió una fuerte mano que le tomó del hombro para que diera la vuelta. Eren apenas acababa de procesar lo que había pasado e intentó levantar la cabeza para ver a su rescatador cuando sintió que éste le tomaba la muñeca para retomar la carrera.
–Allá está –gritó alguien a sus espaldas y después escuchó fuertes pisadas.
El castaño solo pudo seguir a quien llevaba una sudadera gris con el gorro cubriéndole la cabeza y lo guiaba en la oscuridad, hasta que llegaron a un callejón con paredes de hormigón. No había salida.
Los tres hombres cubrían la única salida, y ahora todos respiraban aceleradamente, y aún estaba tan oscuro que no podía ver más allá de su nariz. Lo único que podía divisar en la penumbra era un anuncio de neón detrás de sus perseguidores, lo que les daba un aspecto aún más tétrico.
–Bien mocoso, me hiciste correr, ahora tendré que romper tu cara de marica –habló el más alto dando un paso hacia ellos. Eren se encogió de hombros.
El más alto se lanzó sobre ellos, y el salvador de Eren soltó su mano para cerrarla en un puño y finalmente estrellarse en la nariz de su oponente. Se escuchó un crujido, seguido de unas quejas de dolor. Creyó haber visto el reflejo de un metal, pero no estaba seguro.
Los cuerpos comenzaron a pelear y a moverse tan rápido que Eren no podía distinguir quién era el oponente. Se repetía que debería ayudar, después de todo, era a él a quien querían, pero estaba paralizado, en parte porque se sorprendía de que una persona pudiera seguirle el paso a tres y en parte porque trataba de usar la luz de fondo para ver el rostro de su salvador antes de hacer cualquier movimiento, pero solo pudo quedarse parado.
Vio cómo cuatro brazos se aferraban a un cuerpo y lo sostenían mientras que la otra persona jadeaba contra la pared, tratando de recuperarse de su último golpe en la mandíbula. Trató de agudizar la visión.
–Viejo, este no es el niño –dijo uno de los oponentes con el rostro cerca de la persona que tenía inmovilizada.
– ¿Entonces quien carajos es? –preguntó el más alto acercándose para quitarle el gorro y poder ver su rostro alumbrando su cara con su celular. Todo su enorme cuerpo se tensó en cuanto vio de quien se trataba –. Es…
– ¿Marco? –Eren se adelantó. No podía creer que de todas las personas del mundo, se toparía con Marco en ese tipo de lugar.
–Sí, es Marco –habló alguien por detrás de ellos, acercándose lentamente.
Por un segundo, Eren no pudo saber de quien se trataba, pero esa persona caminó hacia donde estaban. Eren vio a Jean con el ceño fruncido y los puños apretados. Se veía tan molesto que podría jurar que se veía más grande y que sus hombros se habían ensanchado.
Los dos chicos que sujetaban a Marco, lo soltaron e instintivamente retrocedieron con las palmas arriba, como tratando de probar que no estaban armados.
–Oye amigo, lo siento, no sabemos que era él –el más alto dio un paso temeroso, pero solo obtuvo un gancho al hígado como respuesta.
El sujeto enorme se dobló de dolor y cayó al suelo como princesa. Eren no recordaba lo fuerte que podía llegar a ser. Hubo un silencio sepulcral mientras los ojos del más alto ardían en llamas mirando los rostros de todos ahí.
–Marco –dijo al fin antes de suspirar –. Siempre me causas problemas, adelántate.
–Lo sé –respondió Marco divertido volviendo a tomar la muñeca de Eren para pasar junto a Jean tocando su hombro con una sonrisa.
Eren miró a Jean mientras pasaba a su lado y éste le devolvió la mirada. Se preguntaba tantas cosas, ¿Qué le había pasado al Jean de esa época?, ¿Qué circunstancias lo habían obligado a aprender a pelear así? ¿Tenía la misma fuerza del Jean que él había conocido?
Siguió a Marco por el callejón hasta que llego a la calle principal de nuevo. Llegaron a un lugar que estaba mejor iluminado y entonces Marco soltó su mano, aun sonriendo como si nada hubiera pasado. Eren no terminaba de entender, pero se limitó a seguir a Marco hasta un edificio de apartamentos algo sucio pero acogedor.
–Eres Eren, ¿cierto? Lo leí en tu gafete.
El más bajo asintió.
–Sabía que eras tú, no estaba convencido de que fueras el mismo chico del restaurante, pero tenía que intentarlo –rió –. Pero parece que acerté.
–Gracias por eso.
–Está bien, pero ¿Cómo fue que supiste mi nombre?
El cuerpo de Eren se tensó automáticamente. No supo qué debía responder, así que repasó una lista en su cabeza de 100 posibles respuestas, pero cuando se dio cuenta, ya había pasado demasiado tiempo, así que solo fingió que no había escuchado.
Subieron las escaleras hasta el tercer piso y Marco abrió la puerta del apartamento B y entró esperando a que Eren hiciera lo mismo.
El castaño entró incomodo caminando detrás de Marco hasta llegar a la sala, donde el más alto se desplomó sobre uno de los sillones desgastados. A lo lejos se escuchaban las sirenas de un auto de policía –o de una ambulancia, no estaba seguro –. El departamento olía a moho y casi todos los muebles estaban con algunos hilos de fuera. Marco suspiró.
–Eso fue intenso ¿no? –sonreía brillantemente.
–Si… ¿Por qué me ayudaste?
–Parecías necesitar ayuda, y después de lo que le dijiste a Jean en el restaurante decidí que seriamos amigos.
Hubo un momento de silencio, en el que Marco solo sonreía y a Eren se le cayó una gota de sudor al lado del rostro.
–Así… no es como se hacen los amigos.
– ¿Eh?
–No, nada –los ojos de Eren se posaron sobre el brazo de Marco, estaba sangrando. ¿Lo cortaron? ¿Cuándo? –. ¿Tienes un botiquín de primeros auxilios?
–No, pero tengo desinfectante y esas cosas, ¿Por qué?
Marco pensó que tal vez esos tipos habían lastimado a Eren antes de que él llegara, y se preocupó.
– ¿Puedes traerlos?
Eren no respondió su pregunta, pero eso no era importante; si el chico estaba herido, lo mejor era tratarlo lo más rápido posible. Marco asintió con la cabeza y se levantó del sillón en busca de a botella de desinfectante y una bolsa de algodón que casi no usaban.
Ambos se sentaron en el viejo sillón y Eren tomó el brazo del más alto, quien se sorprendió un poco al principio, pero después siguió con su sonrisa.
–Así que… ¿te van bien los problemas? –preguntó Marco para romper la tensión.
Tantas cosas se le vinieron a la mente al mismo tiempo a Eren que solo pudo sonreír de lado.
–Ni te lo imaginas.
Cuando el ojiesmerlda terminó de curar el brazo de su amigo, ambos escucharon la puerta cerrarse y le prestaron atención a Jean que se paraba pesadamente en el umbral de la puerta.
–Hola, te tardaste –saludo Marco, aparentemente sin poder leer el ambiente.
– ¿Qué carajos Marco? ¿Ahora vas a pelearte en los callejones?
–Estaba ayudando a Eren… digamos que nos metimos en un lio.
Marco sonreía hermosamente como si mentir le fuera tan natural, Eren solo pudo quedarse tenso esperando que Jean explotara. Lo que no sabía era que el cara de caballo, se calmaba automáticamente al ver esa linda sonrisa en el rostro de su novio.
Por mucho que le costaba ocultarlo, Jean amaba cuando Marco sonreía como si nada hubiera pasado. Suspiró y se dejó caer el sillón de una plaza.
–Te conozco, eres el chico amigo del rubio en el restaurante –dijo de repente mirando a Eren.
Recorrió su rostro una vez más con la mirada y recordó lo que había dicho en el restaurante. Su rostro se sonrojó por completo al recordarlo provocando una dulce risa en Marco.
–Oh por dios –el pecoso puso cara de haber descubierto todos los secretos del universo, provocando una gran curiosidad en los otros dos –. Tengo una idea, Eren, puedes venir el sábado a mi cumpleaños.
–Oh por favor, Marco –se quejó Jean, pero fue silenciado por su novio.
–Sí, puedes venir con nosotros, será muy divertido.
–Eh… yo no estoy seguro de que eso sea…
–Te daré mi número de teléfono, así te enviaré la dirección. Iremos a un club nocturno –Marco tocó la pantalla de su celular lleno de energía, y Eren no tuvo otra opción más que hacer lo mismo –. También puedes traer a tu amigo, el rubio.
– ¿Armin? No creo que esto sea lo suyo.
–Tonterías, la verdad es que antes de que llegaras, Jean siempre lo estaba molestando, esto sería una especia de disculpa –se veía algo avergonzado. Jean resopló –. Por favor dile que sería genial que nos acompañara.
–Marco… –Jean quería intervenir, pero era claro que el chico alto no lo dejaría.
–Será por la noche, yo amo ese lugar, se llama Amnesia, ¿has estado ahí?
–No, aún no tengo mucho tiempo en el país.
–Es verdad, tú no pareces japonés –de pronto Jean parecía interesado en la conversación – ¿De dónde eres?
–Italia.
–Dicen que los italianos son más intensos en la cama.
– ¡Marco!
Tanto Eren como Jean comenzaron a sonrojarse peligrosamente, solo que el de la cara de caballo lo hacía del enojo de imaginarse a su Marco intentando corroborar eso, aunque después supo que era una idea estúpida en cuanto éste comenzó a carcajear.
Eren miró su teléfono incómodo y desesperado por salir de ahí, y vio que ya era realmente tarde, así que comenzó a preocuparse por salir pronto de ese lugar con un plan bien elaborado, porque para empezar, no sabía ni siquiera donde estaba.
–Oh ya es muy tarde, tengo que volver a casa –dijo lo más casual que pudo forzando un bostezo a salir.
Marco miró el reloj sobre la pared y asintió.
–Es cierto –se puso de pie y Eren respiró tranquilo una vez más… por 17 segundos –Jean, trae el auto, llevaremos a Eren a casa.
–Está bien, no es necesario –dijo el castaño nervioso y maldiciendo todo a su alrededor, pero Marco tomó su mano para que se levantara del sillón.
–Vamos tonto, no sabes ni siquiera donde estás –sonrió. Jean no se movió ni un poco de su asiento.
¿Cómo da en el clavo tan fácil?
– ¿Jean? –preguntó Marco curioso al ver a su pareja estática.
El aludido lo miró por un segundo y decidió hacer lo que le pedía; cuando estuvieran solos podría decirle todo lo que estaba pensando, por ahora solo debía relajarse. Se puso de pie y tomó las llaves de su auto de segunda mano para salir del departamento sin decir una palabra. Marco le sonrió a Eren y fue detrás de Jean. Eren suspiró y salió tras ellos.
El auto era una basura comparado con el que usaba Levi y, bueno, comparado con todos los autos, olía a aceite por todos lados y el asiento trasero era la cosa con tan poca higiene que había visto en mucho tiempo, pero no se iba a quejar por nada del mundo.
Con mucho esfuerzo y con la ayuda de patéticas instrucciones de parte de Eren, al fin el auto pudo tomar el rumbo correcto hacia el edificio del más bajo.
–Vaya, este es un vecindario muy lindo –dijo Marco asombrado cuando el auto se estacionó justo frente al edificio.
Eren se encogió de hombros; por un momento se sintió avergonzado por haber hecho visible las diferencias materiales entre él y cualquier persona, incluso Jean veía fascinado la estructura del edificio y los autos nuevos estacionados fuera de las casas aledañas.
¿Debería pedirles que pasen a tomar algo? Tal vez no, verán el lugar por dentro, tal vez los haga sentirse incomodos, pero ¿no sería grosero no pedirles que pasen?
– ¿Enserio vives aquí? ¿Eres alguna clase de Bocchan? [1] –Jean giró la cabeza para ver a Eren directamente. La curiosidad lo invadía por todos lados.
–Eh… es una larga historia.
–Entonces debes contárnosla después –dijo Marco con una voz increíblemente cálida antes de bostezar –. Por ahora me muero de sueño.
–Claro –Eren sonrió de manera igual de cálida.
La verdad no había conocido muy bien a Marco la última vez, pero quizá esta vez podría conocerlo mejor, y de alguna forma tenía el presentimiento de que le gustaría lo que vería. Decidió no invitarlos, para que Marco pudiera ir a descansar. Estaba seguro de que vendrían más oportunidades de que ambos conocieran su departamento.
Eren dio las gracias por todo lo que habían hecho por él y salió del auto al igual que Marco. Antes de que se diera cuenta, el chico alto ya lo tenía sujeto en un abrazo fuerte.
–Espero que seamos amigos –sonrió antes de volver a entrar al auto.
Jean no esperó ni un minuto antes de arrancar su cafetera para volver a su hogar. El castaño se quedó sorprendido por toda la confianza que se había tomado Marco en tan poco tiempo.
Inhaló profundo la noche y entró al edificio. Fue directo al ascensor mirando al suelo repasando todo lo que le había pasado ese día. Pudo ver a otra persona en él, pero estaba demasiado sumergido en sus pensamientos como para prestar atención.
Solo dirigió la vista hacia los numerosos botones del ascensor para presionar el sexto piso, pero vio que el botón ya estaba iluminado, así que regresó la vista al suelo.
Piso 6… es extraño que alguien vaya allá, ahí solo vivimos yo y… Oh dios no.
Sabía que no sería buena idea, pero de alguna forma tenía que intentarlo. Se armó de valor y tragó saliva para volver su atención a la persona junto a él. Sus temores cobraron vida cuando se encontró con aquellos ojos de plata que lo volvían loco.
–L-Levi-san –hizo un patético esfuerzo por que su voz sonara normal.
El aludido solo le dedicó una corta mirada con el ceño fruncido. Se sentía asqueado como nunca. Había terminado bastante tarde la preparación del informe de su siguiente caso y cuando al fin pudo ir a casa, lo primero que había visto desde su auto antes de entrar al estacionamiento del edificio fue al moreno bajar de un auto con dos chicos antes de ser cínicamente abrazado por uno de ellos.
Ni siquiera quería rebajarse a dirigirle la palabra. Sabía que Eren era una maldita puta, pero ¿era necesario dejarlo en claro delante del edificio?
Su mirada se dirigió hacia la bolsa cruzada que tenía Eren a través de su pecho. Se veía algo mullida, seguramente traía ropa ahí, y con ropa se refería al estúpido baby doll usado. Hizo una mueca imaginando la enorme fuente de bacterias que traía el chico en su mochila.
Miró al frente ordenándole mentalmente al maldito ascensor que se diera prisa en llegar a su destino. Pasaron el tercer piso.
–Eh… Levi-san, ¿todo bien? –preguntó el mocoso con una asquerosa mirada de inocencia, como si no conociera la razón de su antipatía. Esa fue la gota que derramó el vaso.
No me jodas mocoso de mierda. Tienes que venir aquí a restregarme tus amantes en la cara como una ex novia puta
La ira se acumuló tanto en el azabache que terminó por explotar en cuanto el ascensor marcó el quinto piso. Levi miró a Eren con una peligrosa mezcla de ira y odio reprimidos.
–Sí, todo bien, creo que es genial que le presumas a todo mundo sobre tus asquerosos tríos como una prostituta.
A pesar de que Levi estaba enojado, se sintió extraño, casi mal hablarle de esa manera a Eren, pero ya no podía retirar lo dicho. Eren sintió como si alguien estuviera estrujando su corazón con cada segundo. Abrió los ojos como platos rebuscando en su mente algún recuerdo que le diera una pista de lo que estaba pasando, pero no encontró nada y, por la mirada de Levi, no era ningún tipo de broma. De verdad estaba ahí mirándolo con odio puro.
–Y-yo… no… sé de qué… –la voz de Eren se había reducido a un susurro.
–Ni se te ocurra decirme que no sabes de qué estoy hablando, zorra, y pensándolo bien, me harías un favor si finges estar muerto cuando me veas.
Esta vez, el azabache ni siquiera lo miró, solo se concentró en las puertas del ascensor mientras la luz que marcaba que habían llegado al sexto piso se encendía. Las puertas se abrieron y Levi salió disparado sin pensarlo dirigiéndose a la puerta de su departamento.
¿No fui muy rudo con él?
Antes de meter su llave en la puerta para abrirla, dudó y decidió mirar hacia el ascensor, solo por curiosidad. Eren seguía parado donde mismo mirando fijamente a Levi y en sus ojos estaba claro que algo se había roto dentro de él.
El azabache se sintió culpable por un segundo, sobre todo porque esa expresión llena de dolor en el rostro del chico le era espeluznantemente familiar, como si ya la hubiera visto un centenar de veces. Sintió una extraña presión en el pecho al tratar de recordar dónde había visto eso, pero no pudo encontrar respuesta.
Eren aún tenía sus enormes ojos clavados en Levi cuando las puertas del ascensor volvieron a cerrarse, poniendo una barrera entre ambos y así, cortando todo contacto visual.
Eren se miró a sí mismo en el reflejo de las puertas metálicas por un momento, mientras el pánico se apoderaba de él. Hacía ya muchos años que no se sentía tan mal como en ese momento; no sabía que había hecho mal, pero no importaba.
Levi me odia… Levi.
Una risa cargada de amargura cruzó por la garganta del joven y se recargó en la pared que estaba detrás de él, para deslizarse lentamente hasta quedar sentado en el suelo con las piernas extendidas y la mirada vacía.
Ya era tarde y todos en el edificio dormían, solo quedaba Eren que estaba encerrado en el ascensor observando su reflejo. Tenía el cabello desordenado y las gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas una tras otra aún con ese vacío en los ojos.
Mientras lloraba en silencio en aquel rincón, no perdía de vista sus ojos, aquellos ojos que a todo el mundo le gustaban, ahora se veían como si ya no tuviera esperanza, estaban hinchados, rojos y no dejaban de llorar. Por un momento, Eren observó a un chico en el suelo hecho un desastre, y no dejaba de pensar en lo mucho que lo odiaba. Pensó en hacerle daño, pero recordó que su propio reflejo no moriría tan fácil.
–Eren.
Escuchaba a lo lejos.
–Eren.
La voz se hacía más insistente.
–Eren.
Esta vez, la voz fue acompañada de una sacudida en su hombro, y se vio forzado a abrir los ojos. Se encontró con Reiner en cuclillas frente a él con una mirada de preocupación. Miró sus toscas facciones sin articular palabra.
–Eren, ¿Qué pasó? ¿Porque estás aquí? –la voz de Reiner hacía eco.
Eren intentó averiguar en dónde estaba, así que quiso levantar la cabeza de la pared donde estaba apoyado, pero apenas se movió, sintió un horrible dolor punzante en el cuello. Se quejó.
–Ven, te llevaré a tu departamento –dijo el más alto, ayudándolo a ponerse de pie.
El moreno sentía como si hubiera pasado su cuerpo por una máquina para moler carne toda la noche, apenas podía mantenerse en pie.
Reiner oprimió el botón correspondiente a su piso, aparentemente se encontraban en la planta baja hasta ese entonces, después, Reiner metió la mano en la mochila de Eren donde tenía su uniforme de trabajo y sacó sus llaves.
Al llegar al piso, Reiner tomó la delantera y abrió la puerta del chico. El cuello de Eren dolía tanto, que le fue imposible voltear la cabeza hacia la puerta de Levi, aunque tenía la intención.
Caminaba torpe y lentamente por el corredor hasta que al fin entró en su hogar. Se quejó como nunca cuando se dejó caer en el primer asiento que se cruzó por su campo de visión.
Escuchó la puerta cerrarse tras de sí y Reiner volvió a inclinarse para quedar a altura del chico y le tomó las manos.
–Oye, dime qué pasó anoche, ¿porque estabas durmiendo en el ascensor?
Eren se cuestionó. No podía explicarle la situación de "hace siglos me enamoré de alguien y ahora acaba de romperme el corazón", así que pensó en algo que fuera cedible para que alguien de su edad estuviera dormido en un rincón del asesor.
–Salí con unos amigos –dijo con la garganta destrozada –. Me puse muy ebrio.
–Eren, yo he hecho eso y si algo te puedo asegurar es que tú no estás ebrio, ni siquiera llegas a resaca.
Reiner era muy inteligente, pero Eren no estaba de humor para pensar en más mentiras. Se dejó caer por completo en su sillón y cerró los ojos. Planeaba decirle que estaba muerto por dormir en una posición incomoda, pero luego aspiró profundo y entroneró a Levi. Reconocería su aroma donde fuera, y ahora ese aroma estaba en su sillón.
Recordó la increíble noche que había pasado con él y que en ese mismo sillón, Levi lo había hecho suyo por primera vez en mucho tiempo. El pobre chico no pudo soportar más y comenzó a llorar de nuevo, pero esta vez a todo pulmón.
–Eren basta, son las 4 de la mañana, despertarás a todo el edificio –el rubio intentaba calmarlo cada vez más asustado.
No sabía si le había pasado algo malo a Eren, algo que justificara ese llanto y si sería mejor dejarlo desahogarse, pero en general, no sabía qué postura debía tomar. Al final optó por quedarse callado y dejar que el chico sacara todo lo que lo estaba lastimando. Se quedó a su lado acariciándole el cabello por horas hasta que dejó de temblar y su respiración se hizo más profunda.
Reiner miró al castaño dormido aún con gruesas lágrimas cubriéndole el rostro. Fue cuidadoso al limpiarlas y ahora volvía a ser el mismo Eren Jeager que conocía. Dormía tan plácidamente que parecía como si todos sus problemas –fueran los que fueran – se extinguieran.
Acarició su cabeza una última vez con suavidad y le sonrió al hermoso niño que dormía frente a él antes de plantar un pequeño beso en sus labios. Se alegró cuando Eren no despertó y suspiró.
Salió del departamento de Eren con las piernas entumidas y el cabello alborotado al tiempo en que bostezaba por la noche que había tenido.
Encaminándose al ascensor para volver a su cama –o a su puesto de trabajo, dependiendo de la hora que fuera en ese momento – se encontró con Levi saliendo de su departamento. Enormes círculos purpuras se podían ver debajo de sus ojos y no se veía como siempre, se veía como si no tuviera ánimos de vivir.
–Buenos días –fue lo único que el rubio pudo soltar amablemente sin tener el presentimiento que moriría.
Levi apenas levantó la vista cuando escuchó una molesta voz y se le quedó mirando al rubio por un minuto, minuto que carcomía a Reiner por dentro. Se preguntaba qué había hecho mal; o tal vez simplemente era que el azabache había tenido una mala noche.
¿Qué hace este payaso aquí? ¿Quién lo llamó? ¿Por qué carajos estaba saliendo del apartamento de Eren?
Una vena comenzaba a saltársele por la frente al más bajo.
Reiner decidió que si Levi había tenido una mala noche, lo mejor era dejarlo solo, de lo contrario, él sufriría las consecuencias. Hizo una reverencia con la cabeza en señal de despedida y se encaminó al ascensor sin darle la oportunidad de responder. Presionó el botón y esperó.
Si Levi ya iba saliendo hacia su trabajo, significaba que eran cerca de las 7 de la mañana, tal vez ocho, eso era genial, dado que podría dormir un poco más. Aún tenía su pijama puesta, que consistía en un short hasta la mitad del muslo algo ajustado, pero no demasiado y una camisa ligera de manga larga blanca. Todo en su aspecto gritaba que acababa de salir de la cama.
Y la verdad no era diferente. Por la noche, uno de los inquilinos había llamado insistentemente al teléfono del bedel hasta que tuvo que responder y le dijeron que había alguien atrapado en el ascensor; salió directo de su cama a corroborarlo y fue cuando encontró a Eren. Él también había tenido una noche algo extraña.
–Ah, cierto, Levi-san, ¿por casualidad usted no habrá visto a Eren anoche? –se volvió para preguntar, solo porque estaba preocupado.
– ¿Anoche? –Levi parecía totalmente desconectado del mundo que lo rodeaba.
–Si, al parecer algo pasó y tuve que hacerle compañía.
Levi no se movió y no respondió, solo se quedó perplejo sin poder creer lo que acababa de escuchar.
Eren… ¿Fue corriendo a los brazos de Reiner apenas se cerraron las puertas del ascensor? ¿Enserio se acostó con él? Es obvio que Reiner acaba de salir de la cama, pero ¿Por qué no en la habitación de Reiner? ¿Por qué a pocos pasos de mí? ¿El asqueroso mocoso quería restregarme que era ese tipo de persona? No, Eren no haría eso… ¿no lo haría?
–No sé.
Fue lo último que soltó antes de volver a entrar a su departamento, dejando al rubio confundido. Se preguntó porque volvía a su departamento si ya iba de camino al trabajo, pero las puertas del ascensor se abrieron de par en par y en ese momento, su prioridad era volver a su cama. Recordó el beso que le dio a Eren y sonrió algo avergonzado.
Apenas entró, lanzó su portafolio lejos llevando sus manos a su rostro con frustración. Esa noche, Levi no pudo ni siquiera cerrar los ojos, había estado dando vueltas en su cama pensando en lo que había dicho hasta que amaneció y se dio por vencido y optó por seguir su día como normalmente lo hacía.
–PEQUEÑO HIJO DE PUTA.
Tomó el jarrón que Petra le había traído de Brasil y lo lanzó con furia a la pared. La reliquia se redujo a añicos que salieron volando en todas direcciones.
–Perdí el sueño por ti, mocoso promiscuo –comenzó a balbucear mientras daba vueltas a su sala como león –. YA HABIA DECIDIO DISCULPARME POR LO QUE DIJE, GILIPOLLAS.
Esta vez, fue su lámpara de mesa quien corrió con la mala suerte de cruzarse en su camino, terminando en cientos de pedazos en el suelo. Ya casi amaneciendo, Levi podría jurar que había escuchado gritos, aunque no estaba muy seguro, ya que estaba ocupado sintiéndose una mierda, pero ahora que se lo planteaba mejor, estaba casi seguro que eran los gritos de Eren.
Se sintió asqueado al imaginar al mocoso gritando sin ropa bajo Reiner, y de pronto no pudo permanecer un minuto más ahí; era como si el chico hubiera echado a perder todo el piso. Su estómago se revolvió. Tomó de nuevo su portafolio y Salió de su hogar tratando de no tener nada en la cabeza que no fuera su oficina.
Su despertador sonó por todo el departamento desde su habitación. Había olvidado desactivar la alarma. Apretó los ojos esperando que ese molesto sonido no fuera más que un ridículo sueño, pero pasaron los minutos y el silencio no regresaba. Gruñó y se levantó en dirección a su habitación para apagar su nuevo despertador.
Su vista recorrió toda la habitación, cayendo en la primera caja que había recibido de Levi. Se sentía mal por todo lo que había pasado, sus músculos dolían como el infierno y tenía lágrimas secas en el pecho, el rostro y el cuello.
Como pudo se encaminó al baño para llenar la bañera con agua tibia para seguir sintiéndose mierda, pero bajo el agua.
Hace tiempo era una zorra, no lo voy a negar, pero eso fue hace más de 80 años, ¿Cómo es que él se enteró de eso? O solo estaba adivinando, si de verdad lo sabe, estaré en problemas. Pero eso no tiene sentido, ¿Por qué dijo todo eso?
Aún se estaba cuestionando hasta dónde sabia Levi cuando salió de la bañera enrollado en una toalla. Comenzó a vestirse y fue a la cocina dispuesto a preparar algo para perder el tiempo mientras llamaba a Armin.
– ¿Eren? ¿Dónde estás? ¿Estás bien? Nunca llegas tarde.
–Armin… no me siento muy bien, ¿podrías decirle al gerente que no podré ir hoy a trabajar?
–Eso no le va a gustar mucho, ¿todo bien?
–Sí, es solo que… no me siento bien por ahora.
–No estás siendo nada específico, eso quiere decir que estás mintiendo. No estás enfermo, ¿cierto?
Mierda Armin, reduce tus habilidades deductivas por cinco minutos.
–Bueno, no, pero eso no quiere decir que esté bien.
– ¿Sucedió algo?
Eren no respondió. No sabía cómo decirle algo que ni siquiera él entendía.
–Entiendo, no estás bien. ¿Me das tu dirección?
– ¿Para qué? –Eren estaba confundido.
–Por lo que puedo notar, necesitas un amigo. Iré a tu casa después del trabajo.
Armin pudo escuchar a Eren sonreír desde el otro lado de la línea, feliz por saber que podía contar con él sin siquiera tener que pedirlo. El castaño le dio la dirección y las indicaciones básicas mientras sacaba los ingredientes de su refrigerador.
– ¿Cuánta gente hay? ¿Estarán bien sin mí?
–Uh… no muchos, solo creo que las chicas que siempre vienen después de la escuela para verte estarán decepcionadas.
Ambos rieron.
–Ah, por cierto, ese hombre de traje con el que a veces hablas, está de nuevo aquí, y se ve molesto.
–Oh, qué mal por Mr. Psicólogo, me ayudó una vez cuando yo estaba mal.
–Sí, bueno, creo que… Ah sí, espere un momento –Armin parecía hablar con alguien más –. Eren, debo colgar, el gerente acaba de llegar. Le avisaré que no puedes venir hoy.
–Te lo encargo.
Dicho esto, ambos colgaron y Eren pudo concentrarse en hacer su desayuno vespertino.
Levi estaba en uno de los restaurantes de cinco estrellas que le pertenecían a Auruo mirando al infinito.
–Oh oh, mi chico no está intimidando a nadie con la mirada, eso es mala señal –escuchó la escandalosa voz de Hanji detrás de él –. Y además, me llamaste para salir a comer, eso es una doble mala señal.
La castaña se sentó frente a Levi con cautela, no tenía un buen presentimiento. Levi tenía un bolígrafo gravado en la mano y solo lo acercaba y alejaba de su boca con la mirada fija en el suelo. Síntoma de nerviosismo.
En ese momento, ambos agradecían que Brossard estuviera del otro lado del país para tratar negocios, así nadie más que sus empleados los interrumpirían. Levi decidió ignorar la curiosidad de Hanji y solo la miró.
–Vamos a embriagarnos.
– ¿Embriagarnos? ¿Por qué? o sucedió algo muy bueno, o sucedió algo muy malo.
– ¿Quieres o no, atolondrada?
–Hoy tengo un paciente, estaré ocupada todo lo que resta del día tratando que no muera.
–Entonces mañana, pero no preguntes la razón.
–Sabes que nunca me niego a estar intoxicada, pero si no me dices lo que pasó, voy a tener que acosarte con jodidas preguntas cuando no puedas caminar en línea recta.
Levi la fulminó con la mirada y suspiró. Sabía que Hanji podía ser aún más molesta si se lo proponía, y no tuvo otra opción más que contarle lo que había pasado en el ascensor.
Con cada palabra que el azabache soltaba, Hanji abría más los ojos estupefacta.
–Perdón, creo que me perdí. Tú crees que el chico se acuesta con todo el que se le cruza por en frente y por eso dijiste todo eso.
–Me alegra que seas buena repitiendo todo lo que acabo de decir.
– ¿Y él te lo dijo directamente?
–No fue necesario, apenas le di la espalda fue a buscar a alguien que lo montara.
–Pues… lo siento mucho levicito, pero él durmió contigo muy fácil, eso debió decirte algo.
–Lo sé, es mi culpa por obsesionarme con Eren cuando tenía todas las señales de una puta.
Hanji palideció.
– ¿Eren?
–Sí, ese es su nombre. Eren Jeager –respondió el más bajo bebiendo lo último que quedaba de su café.
–Ese no es un nombre muy común –la castaña tragó saliva. Levi notó de inmediato su nerviosismo.
Ahora que lo pienso, siempre que hablaba de él con Hanji nunca lo llamé por su nombre.
–No creo, no lo había escuchado nunca –comentó tratando de estar al pendiente de cada reacción de Hanji cualquier cosa que le dijera porque estaba tan nerviosa –. ¿Tú sí?
El inconveniente aquí, y ambos lo sabían, era que ella sabía mentir pulcramente, tanto que no sabías nunca de si lo que te estaba diciendo era verdad, y de no ser así, nunca te enterarías a menos que ella decidiera lo contrario.
–Sí, una vez, pero no puedo recordar dónde –dijo mirando su café sumida en sus pensamientos, como si quisiera recordar algo.
El azabache analizó su expresión, tratando de encontrar cualquier cosa que la delatara, pero al no encontrar nada fuera de su lugar, comenzó a pensar que tal vez ella de verdad no recordaba.
Tal vez lo escuchó por casualidad, alguno de sus pacientes o de alguna otra forma que no sería relevante en su vida.
El azabache decidió dejarlo pasar y continuaron comiendo normalmente, hablando de trabajo y sobre los planes que tendrían para el día siguiente.
Por supuesto, Levi se había equivocado. Hanji recordaba perfectamente dónde había escuchado ese nombre, pero ella sabía que no debía decirlo, no hasta hacer pruebas y confirmar sus teorías. Debía ir con cuidado, si Levi estaba tratando con la misma persona, entonces su vida corría peligro. Tendría que investigar como nunca antes.
Gracias por leer y dejar sus reviews.
En cuanto a lo de Armin y Erwin, decidí incluirlos como pareja, pero no con tanto protagonismo como sería una pareja secundaria, más bien esta sería una pareja ocasional (igual que JeanxMarco, pero esta tendrá aún menos protagonismo) por ahora, me voy a centrar más en Eren y Levi, que ya se vienen cosas fuertes :o
Nos leemos pronto night lights
[1] En Japón, los sirvientes, empleados y mayordomos llaman así a los jóvenes o niños de clase alta.
