Adrien y Marinette llegaron en el momento justo en el que el maestro Fu abría la puerta de su pequeño establecimiento, con las maletas a un lado suyo. Se detuvo a observarlos, ligeramente confundido.
-¿Qué pasó aquí? -Preguntó, recibiendo una sonrisa de ambos portadores.
La sonrisa de Adrien era amplia, la de Marinette apenas una mueca.
-Tuvimos un pequeño inconveniente - Se limitó a decir la chica, al tiempo que desenrroscaba el cascabel que el día anterior había adornado su cuello, mostrándole al hombre sus pendientes rotos.
El mayor no pudo evitar alzar las cejas impresionado, Wayzz había tenido razón, no era una buena idea salir de vacaciones en ese momento.
-Pasen, por favor.
Los adolescentes le contaron todo lo que había pasado en esos días, disfrutando de una taza de té mientras que Tikki jugaba con Wayyz y Plagg, por su parte, comía algo de queso en una esquina.
Los prodigios de la chica descansaban en la mesa de té, rodeados por la amena conversación que compartían el maestro Fu y Adrien que por fin se conocían. Una conversación en la que Marinette no había interferido demasiado.
-Creo que es momento de arreglar esto -Dijo el mayor después de un rato, provocando que los kwamis presentes dejaran sus actividades y se acercarán a la mesa.
Wayzz se posicionó a un lado de su portador mientras que Tikki y Plagg se mantuvieron levitando a escasos centímetros de los pendientes, bajo la mirada curiosa de los adolescentes.
Fu y Wayyz se pusieron a susurrar una serie de palabras que Adrien y Marinette no lograron escuchar; los kwamis de la buena y mala suerte empezaron a girar alrededor de los prodigios rotos, formando un círculo hasta que estos empezaron a flotar, momento en el que los kwamis empezaron a ascender, formando ahora una espiral con su movimiento.
Los pendientes brillaron en verde y rojo, para después caer sobre la mesa, arreglados.
Tikki se apresuró a tomarlos para entregárselos a la azabache, que los observó en la palma de su mano, pensando.
-¿Pasa algo? -Cuestionó el maestro Fu observando a Marinette, que no hacía ademán de ponérselos.
-Estaba pensando si... bueno, ¿no sería mejor que buscará a nuevos portadores?
La azabache cerró los ojos con fuerza mientras que todos a su alrededor se habían puesto tensos.
-¿Ya no quieres ser Ladybug? -Quiso saber el mayor, que no entendía de dónde venía ese comentario tan abrupto.
-¡No! No es eso...
-¿Qué es entonces? -Preguntó ahora Tikki, que no podía evitar sentirse dolida por las palabras de la chica, ya que, para la kwami Marinette era una amiga.
Por su parte Adrien se había quedado mudo, siendo observado por Plagg que imaginaba la línea de pensamientos que el rubio estaba teniendo. ¿Tanto le molestaba a la azabache que él fuera su compañero?
Pero la duda de Marinette no tenía que ver con nada de eso.
-Lo primero que Tikki me dijo fue que nadie debía saber mi identidad -Dijo observando a su maestro, recordando lo poco que había podido dormir la noche anterior pensando en todo eso -Y lo entiendo, es peligroso. ¿No? Porque el día de mañana esa información puede ser usada en nuestra contra, nuestros amigos, nuestras familias; todos estarían en peligro.
-¿Tú... -Se obligó a decir -Tu piensas que estás en peligro? ¿Qué te pondré en peligro?
Pero de nueva cuenta, ese no era el punto de Marinette.
-¡Lo que temo es ponerte en peligro! -Gritó, antes de que alguien más hiciera otra pregunta -Yo...
No supo cómo continuar.
-Tu eres la elegida Marinette, pero entiendo si no quieres aceptar tu destino -Cortó al momento el mayor al tiempo que se levantaba de la mesa -Sin embargo, creo que es algo que deben decidir los dos, después de todo son un equipo. Estaré en la trastienda, esperando su decisión.
El de playera hawaiiana hizo un movimiento de cabeza, pidiéndoles así a los kwamis de los portadores que lo acompañaran.
La mano de Tikki fue tomada por Plagg, que la hizo salir de la habitación mientras que Adrien posaba su mano en el hombro de la chica a su lado. Sin saber muy bien qué decir.
Manteniéndose en silencio por unos instantes, incómodos.
-Mari...
-Debes pensar que soy una cobarde -Lo interrumpió, tapando su rostro con sus manos.
Gesto que esterneció a Adrien, la chica a su lado era una persona maravillosa, pero que por alguna razón, no lograba verlo en algunas ocasiones.
-¿Recuerdas lo que te dije la primera vez que purificamos a un akuma? Ellos creen que tienen todo bajo su control. Pero no es cierto, porque de no ser por ti Chloé no habría salido bien librada del ataque de Corazón de piedra. Nos necesitan -Marinette separó sus dedos para observar a Adrien que le regalaba una sonrisa -Confía en mí, ¿de acuerdo?
-Pero Adrien -El chico negó con la cabeza.
-Sé que estamos haciendo algo peligroso, pero lo hacemos por un bien, Marinette. Pase lo que pase, voy a estar a tu lado -Y por primera vez en ese día, la azabache sonrió sinceramente. Limpiando sus lágrimas, antes de contestar.
-Yo... haré todo para merecer tu confianza.
Adrien levantó su puño frente a la chica, que no tardó en chocar sus nudillos contra los del chico.
-Tu chica es una melodramatica -Bufó Plagg que observaba junto a Tikki a sus portadores desde el filo de la puerta.
-Un poco, pero así la quiero.
Fin.
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