El mundo y los personajes de Digimon no me pertenecen. Esta historia nació para fines de entretenimiento y no busco lucrar con ella.
Personajes:
Taiyo Yagami. Hijo de Taichi y Ayane. Nueve años
Saori Ishida. Hija de Sora y Yamato. Nueve años.
Yoshiro Ishida. Hijo de Sora y Yamato. Cinco años.
Yuko Izumi.Hija de Koushiro y Tomoyo. Recién cumplidos nueve años.
Kevin Ryouta Washington. Hijo de Mimi y Michael. Nueve años.
Kazuma y Makoto Kido. Hijos de Jou Kido y Mariko Inoue. Once años.
Daiki Motomiya. Hijo de Daisuke y Mitsuko. Doce años.
Reiko Ichijouji. Hija de Miyako y Ken. Trece años.
Ozamu Ichijouji. Hija de Miyako y Ken. Diez años.
Yusei Ichijouji. Hijo de Miyako y Ken. Ocho meses.
Hoshi Hida. Hija de Iori y Ume. Once años.
Koichi y Tsubasa Takaishi. Hijos de Hikari y Takeru. Doce años.
Digimon Adventure:
Alfa y Omega
Parte II
El llamado de la Luz
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3 de Agosto de 2027
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Taichi miró la determinación plantada en los ojos chocolates que eran copia de los suyos.
¿Cuándo su pequeño había crecido tanto? Le parecía que había crecido repentinamente. Una mezcla agridulce de tristeza y orgullo se entremezcló furiosamente en su interior mientras analizaba las facciones de su vastago.
Taiyo estaba decidido. Absolutamente decidido.
Escuchó los sollozos contenidos de Hikari que, angustiada, miraba la pantalla de la computador, donde se había perdido la conexión al digimundo, de manera total.
¿Cuánto tiempo había transcurrido? Sólo minutos. Diez, como mucho.
Y el digimundo, solo mostraba silencio.
Y sus sobrinos dentro.
Koushiro miró a Tomoyo, que le pedía disculpas con la mirada, por haber llevado a Yuko. Él no podía culparla, para nada, puesto que ella sólo había llevado a los niños a la casa por causa de un accidente del hijo de Taichi. La pequeña pelirroja, los desafiaba, sin embargo, con una fuerza que no creían posible.
— Tenemos que ir al Digimundo — Determinó el niño de cabello alborotado — Me dijiste que podía ir.
— Taiyo… — Susurró su padre.
Era cierto, lo había dicho, pero tenía todas las intenciones de ir tras su hijo y ahora que sabía que no podía, la angustia se lo impedía. Sus palabras, realmente, se habían vuelto contra él.
— Papá — Fue lo único que el castaño pudo decir, con el mismo tono empleado de su padre. Una discusión por demás agotadora — Lo dijiste.
— Papito, yo también quiero ir — Afirmó Yuko, mientras miraba su digivice, con avidez. Koushiro lo apretó en su mano, poco dispuesto a darselo libremente.
La pantalla de la computadora volvió a emitir un sonido extraño.
Hikari vio, con infinito alivio a Tsubasa y Koichi, junto a los digimons dentro del monitor, intentando llamarles a todos la atención. El cuerpo se le relajó inmediatamente cuando los vio enteros, aunque la ropa la tenían llena de polvo. ¿Quién estaba detrás de ellos? ¿Acaso era…?
— ¡Mamá! ¡Papá! — Gritó Koichi al verlos.
Takeru sonrió, y puso su mano en el hombro de su esposa. No podía moverse a causa del alivio.
— ¿Están bien? — Los niños asintieron.
Una pelota rosada voladora estaba en el hombro de Tsubasa. Piximon se veía muy molesta.
— ¿Dónde están los demás niños elegidos, pi? ¡Tienen que acudir al llamado, pi! ¿Cómo venceremos a la oscuridad, pi? — Regañó y a Taichi le dio la sensación de que si no estuviesen comunicandose por computadoras, los hubiese golpeado a todos.
Y muy, muy fuerte.
Por extraño que parezca pensar en eso, se alegró de estar a salvo.
— ¡Nosotros somos niños elegidos! — Anunció Yuko, repentinamente. Sus ojos era determinados, firmes. — ¡Queremos ir a ayudar! — Taiyo afirmó con la cabeza, serio.
— Yuko… Por favor… — Tomoyo murmuró para si misma, cuando sintió que alguien tomaba suavemente su mano. Miró a los ojos de Koushiro, y percibió que él tenía algo diferente en la mirada. Comprendió al instante el cambio, una decisión naciente se había asomado en los ojos oscuros de los dos seres que amaba.
— Papi, mami — La niña pelirroja se volvió hacia ellos con una expresión del todo ilegible — Puedo hacerlo, confien en mi.
— El digimundo los necesita. Los niños elegidos, pi, mantienen al digimundo vivo. Son sus corazones puros los que mueven este mundo. — La expresión de Piximon varío desde la molestia hasta la tristeza — Ustedes mejor que nadie, pi, deberían saberlo.
— Papá — Taiyo interrumpió el denso silencio que había barrido con toda las quejas.
Piximon bien podría haber suplicado con esa expresión que se dibujaba en su rostro.
Suplicado por ayuda.
¿Acaso… ellos no podían ayudar?
Yamato presionó el digivice entre sus dedos, pensando en Gabumon. Se sentía impotente, sí, impotente en ese momento. No podía ayudar, no le estaba permitido ayudar. Y eso lo enfurecía. Debía poder hacerse algo. Sí, alguna manera…
Sus ojos buscaron los de Sora, que eran reflejo de los suyos. Vio la naciente decisión en su mirada rubí y tragó pesado, pues ambos acababan de dar un paso que quizás, los arrojaba al vacío.
— Llamaremos a Saori — Susurró la diseñadora, aunque no tenía el aspecto de estar de acuerdo — Ella decidirá que hacer. Hablaré con Kevin y Mimi…
Por supuesto, la mayoría sabía que era lo que la pequeña Ishida decidiría.
Ken, por su parte, sacó su telefono celular. Debería hablar con Miyako, Reiko y Ozamu. Daisuke hizo exactamente lo mismo. Esperaba que Daiki aun esté durmiendo, porque no quería tener que localizarlo en la ciudad ahora que su móvil se había roto. Jou miró hacia el frente, con ojos perdidos. Se sorprendió cuando sintió la mano de alguien posarse en su hombro.
Era Taichi.
Los ojos del antiguo líder se fijaron en los ojos del mayor de los elegidos.
— No es necesario que Kazuma se enfrente a esto si no puede. — El embajador soltó el aire que estaba guardando en su interior. — Si peligra su salud, debes mantenerlo a salvo. Es lo que yo haría.
— ¿Papá? — Susurró Taiyo. Estaba muy molesto. ¿Acaso su padre lo estaba ignorando?
Taichi lo miró y esbozó una sonrisa triste. Taiyo parpadeó y avanzó hacia él.
Había tomado la decisión más dificil. Sus ojos buscaron los de Taiyo, y abrió los brazos para atraparlo entre ellos. Ojala no debiera dejarlo ir — Mi sol, tienes que ir.
— Lo sé — Susurró el niño, mientras permitía que su padre lo arropase. En otra circunstancias, se habría quejado, habría protestado. Ese día, no.
— Tienes que ser un niño valiente, ¿si? Has honor a los Yagami, ¿de acuerdo?
— Sí. No te preocupes. Estaremos bien
Y otra vez, brillaba en esos ojos chocolate aquella luz parecida a la de su hermana. Aunque las sombras en el fondo de sus ojos parecieron oscurecerse al mismo tiempo.
Lo retuvo contra su pecho un minuto.
Tienes que estar bien o no lo soportaré, quiso decir el diplomatico, pero no lo logró. Dejó al niño en el suelo, mientras sus ojos pasaban a Koromon que lucía expectante.
Taiyo suspiró y sus ojos buscaron la mirada de Yuko.
— Quiero ir con Tai—kun.
Tomoyo y Koushiro se movieron al mismo tiempo.
Ella caminó hacia la niña pero el cientifico quedó entre medio, cerrando el paso a su esposa. Sus ojos negros se detuvieron en los de su hija, que eran reflejo de los suyos. Se arrodilló, para quedar a su altura.
— Yuko, tesoro, esto es peligroso.
— Papá. Lo sé — Masculló la pelliroja con la mirada firme — Pero, confía en mi. Taiyo, los demás y yo lograremos que todo sea como antes. Es algo que debemos hacer, papá, mamá. Necesito que esten conmigo, no en mi contra.
Nunca había pensado que alguien de apenas nueve años pudiese ser tan sabia.
— Tienes que cuidarte mucho, Yu — Susurró Tomoyo mientras se inclinaba hacia su hija con tristeza e inquietud — Por favor…
La niña la abrazó, con ternura — Sí, mamá. Lo prometo.
Piximon, desde la pantalla, parecía haber recobrado su energía. Al parecer, el digimon pensaba que habia ganado una batalla. Sin embargo, se veía agotada.
Koichi y Tsubasa se miraron, repentinamente ceñudos.
Sí, sabían que sus pequeños amiguitos, sus primos, sus hermanitos iban a involucrarse, pero no esperaban que fuese tan pronto.
— Debemos salir de aquí, ahora— Se exaltó Salamon, sobresaltando a los que estaban en el Mundo Real. Los mellizos Takaishi habían adquirido una seria expresión.
— Taiyo — Koichi se dirigió a su primo — Te esperaremos en el campo donde jugabamos futbol, ¿de acuerdo? Lleva a los demás allí, debemos irnos.
— Sí, Koichi
— Pero… ¿Qué sucede?
— No hay tiempo mamá, alguien viene. Creo que son esos digimons que atacaron la ciudad del inicio…
— Tsubasa, maldición — Renegó Koichi, mientras arrastraba a su hermano del brazo. La conexión comenzaba a distorcionarse, las imágenes en la computadora tenían interferencia.
¿Qué parte de urgente no te queda claro? Eso fue lo único que los adultos lograron escuchar. Hikari se derrumbó en los brazos de Takeru mientras el monitor de la computadora quedaba con el fondo de pantalla común que siempre poseía Koushiro.
No más comunicación con los niños que estaban dentro.
— Llamaré a Mimi — Susurró Sora mientras se incorporaba violentamente. Yamato asintió ligeramente, puesto que sabía que decisión era la correcta. Yoshiro estaría a salvo, aunque el corazón no le latiría con normalidad hasta que Saori estuviese en la casa.
No, pensó mirando a su hermano, hasta que todo lo demás no se hubiese solucionado. Sólo, cuando todos los niños estuviesen en casa, a salvo.
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Reiko se miró detenidamente en el reflejo de uno de los vidrios de las tiendas. Su imagen bien definida pese a que el cristal no era un espejo, le devolvió la mirada. Llevaba las gafas puestas debido a que había perdido los lentes de contacto que tanto le gustaba utilizar. No importaba. Las gafas le sentaban bien.
De hecho, casi todo le sentaba bien, siendo sincera.
Llevaba el cabello lacio, cayendole como cascada alrededor del pálido rostro, con uno de sus predilectos gorros a un lado, como siempre. Si los pañuelos en la cabeza caracterizaban a su madre, ella prefería los sombreros. No era una coleccionista, pero los prefería.
Ignoró su celular nuevamente. Llevaba sonando unos minutos. Era un mensaje de su madre.
Y su madre siempre era inoportuna al mandar mensajes.
Suspiró, nerviosa.
Su primera cita con Tensho.
Movió sus pies nerviosamente, sin caminar, pero haciendo notar su nerviosismo. No habían decidido nada extraordinario, o algo por el estilo. Poromon, de hecho, había asegurado que era un plan bastante aburrido. Pero Reiko no podía dejar de pensar que en verano vería a Tensho…
Volvió a suspirar.
Tensho Kido Motomiya tenía quince años.
Llevaba el cabello corto, de un color cobrizo oscuro, heredado de la rama materna pero qué, aún así, no era muy parecido al de su madre o su tío. Usaba anteojos, aunque sólo cuando leía, y sólo cuando leía también fruncía el ceño, pensativo. Reiko sabía cada una de las acciones qué Tensho hacia cuando estaba tenso o nervioso.
Sí no lo estaba, simplemente sonreía de lado, escondiendo sus manos en los bolsillos.
— Hola, Rei — Saludó, entonces, el protagonista de sus suspiros. Reiko Ichijouji se giró, con violencia, y sonrió encantada.
— Tensho — Por un segundo, ella pensó que él no iba a asistir. Oh, que equivocada estuvo.
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Saori frunció el ceño mientras sujetaba firmemente la mano de Yoshiro. Estaban caminando aceleradamente a la casa de los señores Izumi, y seguía sin comprender la prisa. La señora Mimi tenía su otra mano cautiva, así como aprisionaba los dedos de Kevin entre los suyos.
Había recibido una llamada de sus padres y ahora, de repente, tenían que arribar a la casa de los Izumi. Eso era señal de que algo había sucedido. los digimons los rodeaban sutilmente, conformando a su alrededor una especie de escudo.
Pero eso no le parecía importante.
Saori le dirigió una fugaz mirada a Kevin Washington. El niño de cabello castaño y ojos miel llevaba más de media mañana en silencio, algo que le inquietaba. Con ella, Kevin jamás se quedaba en silencio mucho tiempo.
Sora decía a Saori que tenía el don de lograr que la gente estuviese a gusto con ella, porque respetaba los silencios, cuando eran necesarios, o los llenaba, cuando eso era lo que buscaban.
Y aunque la pequeña rubia no lo entendía del todo, se alegraba de poder ayudar. Eso siempre había sido parte de lo que quería.
…
Lo explicaron todo con brevedad e impaciencia.
La tarea era simple. Salvar al digimundo. Más fácil decirlo que hacerlo.
Todos los niños se habían dormido con las narraciones de Takeru, pero, sin embargo, nunca habían presenciado una pelea cruel o algo por el estilo.
Ellos habían nacido en tiempo de paz.
No debió haberse sorprendido cuando vio a todos los adultos reunidos en la sala, pero si se asombró al ver que Yuko y Taiyo estaban allí. Había creido que sólo los adultos se reunirían…
Sus padres prisioneros de las manos del otro la miraban a ella fijamente, mientras atrapaban a Yoshiro con ellos, en ese abrazo. Quiso imitar a su hermano pequeño pero permaneció examinando los rostros de todos los demás.
Daisuke Motomiya y Taichi, su padrino, estaban serios. Era una postura que había visto muchas veces. Postura de líder, decía su padre, burlandose.
Jou Kido, el médico de cabecera de Yoshiro, estaba serio pero su rostro denotaba preocupación. Lo mismo sucedía con su tía Hikari, su tío Takeru, los señores Izumi y su madrina, Mimi. Todos ellos parecían inquietos, preocupados.
Ken Ichijouji apareció en la sala — Miyako viene en camino. Con Ozamu. Antes intentará comunicarse con Reiko…
— Daiki estaba durmiendo — El señor Motomiya seguía serio, pero una sonrisa apenas perceptible curvó sus labios — Pero vendrá enseguida.
— ¿Qué es lo que ha sucedido? — Quiso saber Mimi, mientras se ubicaba junto a Sora. La mayor de los vástados de los Ishida, ladeó la cabeza, para oír la respuesta de su madre.
No lo logró. Solo, susurros fueron los que flotaron en el aire. Los adultos parecían estar en su propio universo, preocupados, ansiosos. Planificaban, hablaban, discutían.
Los niños, pensó Saori, bien podríamos haber estado solos. Y eso, se dijo despues, era porque creían que no tenían poder de decisión.
— Saori — La voz de Yuko la hizo volverse hacia la pelirroja, que ahora estaba frente a ella. La rubia la miró, con atención — Iremos al Digimundo — Comentó. — Los digimons nos necesitan, y queríamos…
No le tomó ni un segundo decidir — Iremos.
A regañadientes, Yuko miró a Kevin. — ¿Qué es lo que harás tu?
Yuko no era alguien rencoroso, al contrario, por eso le sorprendió su actitud fría e inusual. Kevin le dirigió una mirada poco agradable.
Saori rodó los ojos. ¿Acaso no entendían que esa actitud no solucionaba nada?
Para su sorpresa, fue Taiyo Yagami quien dio un paso al frente en ese momento, en esa situación. Se acercó a ambos, a Yuko y Kevin, y Saori creyó ver una nueva firmeza en su mirada.
Pensó que se parecía a su padre, y mucho.
— Yu—chan — Susurró, y los ojos negros lo enfocaron — No es tiempo para esto. Tenemos que ir con los demás, Koichi y Tsubasa, los digimons, nos necesitan. Todos estamos juntos en esto. ¿Verdad, Saori?
La primogenita de los Ishida esbozó una sonrisa. Se sentía bien, para variar, contar con alguien que estuviese de acuerdo con ella. Asintió — Sí. Tenemos que hacer esto todos juntos, no es momento de pelear entre nosotros.
Pero Saori estaba equivocada en algunas cosas. Los adultos si les prestaban atención a ellos. En especial, los más cercanos a su posición.
Ese día era uno de elecciones y sorpresas.
Y, probablemente, ese día quedaría en la memoria de Sora como el día más rápido en el que un Yagami y un Ishida se pusieron de acuerdo.
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Daiki Motomiya comenzó a correr a toda la velocidad que le daban las piernas, con el pequeño Chibimon aferrandose a su hombro derecho, y Poromon al izquierdo. Había pasado antes por la casa Ichijouji, como su padre le había aconsejado, para hacer que la señora Miyako lo llevase a la casa de los Izumi, pero… De algún modo, había terminado yendo en busca de su mejor amiga.
¿Cuántas veces había sucedido eso?, preguntó para si mismo.
Tenía que alcanzar a Reiko —como su mejor amigo, tenía vagas ideas de donde podía encontrarse la jovencita— e interrumpir su cita con Tensho Kido.
Su padre y el señor Ichijouji le habían avisado que casi todos los niños estaban reunidos, excepto Kazuma y Hoshi, por razones evidentes. Se preocupaba por la salud del joven Kido, pero decidió que eso debía resolverlo a su regreso. Por el momento, y como Chibimon le recordaba constantemente, su preocupación principal era el digimundo.
— Aquí, Daiki, debes doblar aquí.
Poromon había trazado más o menos un posible camino que seguiría las acciones de Reiko. No es que el paseo fuese divertido, pero Daiki lamentaba que su amiga no utilizase la tecnología cuando la necesitaba.
No había contestado ninguna de sus llamadas.
Sorprendido, se detuvo repentinamente cuando escuchó el sonido del mar en las cercanías, de nuevo. No lograba comprender lo que sucedía. ¿Por qué estaba escuchando el mar?
¿Acaso era una señal?
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— Dime algo qué no sepa — Cuestionó la muchacha mientras saboreaba la última cucharada de su helado de chocolate.
Tensho suspiró, antes de fruncir los labios, pensativo. — Iban a llamarme Yamato Kido — Pausó, e hizo un mohín, como considerando aquello un horror — O eso dijo mi padre. Él luchó contra mamá.
Reiko pensó de inmediato en el señor Ishida, con el cabello rubio y los ojos azules. No, Tensho no tenía cara de Yamato… Aunque no estaba segura como era tener cara de Yamato. Consideró que el nombre de Tensho le gustaba más… No era su favorito, sin embargo.
— Y mi hermana se llama Umiko porque papá estaba en un crucero cuando mamá rompió bolsa.
Umiko Kido, la hermana de Tensho, iba al mismo curso qué Reiko. Era pequeña, o quizás a Reiko le diera era sensación. Umiko tenía un largo cabello color verde azulino, del mismo tono de su padre. Unos ojos grandes y café cobrizo en su rostro pálido y una sonrisa amable. No era muy sociable, aunque a Reiko le caía bien.
De hecho, Reiko se encargaba de defender a Umiko cuando alguien la enfrentaba, algo frecuente debido a la presencia de la insoportable de Yami Aino. Por eso, por Umiko, y sin proponerselo se había acercado a Tensho.
— No es tan malo. Mi madre quería ponerme Mimí. Mi padre trato de disuadirla y lo logró — Comentó. Luego pensó en su posible nombre — Mimi Ichijouji. — Se encogió de hombros — Koushiro, si era un niño.
— Entonces yo me llamaría como el señor Ishida... Y tú como la señora Tachikawa o el señor Izumi — Recitó Tensho, y sacudió la cabeza.
— Ozamu se llama así a causa de mi tío, qué falleció cuando mi papá era pequeño. Cuando mi hermano nació y mi papá lo cargo, fue el primer nombre qué pudo pensar. Ellos creyeron qué iba a ser una niña, y mi mamá estaba decidida a llamarla Mimí. Con Yusei pasó lo mismo, aunque O-chan fue quién eligió el nombre de el bebé.
— Umiko también fue quién escogió el nombre de Chihiro.
Reiko sonrió. Comenzaba a sabes más cosas de Tensho, de su familia, sus intereses. Ella no conocía a Chihiro más qué por nombre.
— Nuestras madres están locas — Susurró ella, con un escalofrío al pensar en una reunión familiar que llevaría a unir a los Ichijouji, los Inoue, los Kido, y los Motomiya en un solo salón.
La imagen de Daiki eclipsó brevemente todas las demás.
Se sintió confusa, ¿Por qué estaba pensando repentinamente en su amigo?
Ignorando el telefono, al que había puesto en silencio desde que recibió la llamada de su madre, Reiko siguió conversando animadamente con Tensho Kido.
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Por mucho que lo intentara, Daiki veía cada vez más imposible ser sincero respecto a sus sentimientos. Por una parte necesitaba qué Reiko lo supiese pero tampoco podía permitir qué ella lo supiese. ¿Y sí lo rechazaba? Las palabras prácticas de Tsubasa habían sido "Eso no es temerle al rechazo, es miedo al amor". Y sí, tenía miedo. Miedo de perder a su mejor amiga. A su confidente. A su Reiko. Y miedo del rechazo, del amor, del desamor... ¿No le había contado su padre historias de desamor?
Sí, y con la madre de Koichi y Tsubasa.
— Ahí están, Daiki — Murmuró Chibimon pero el muchacho ya los había visto. Y se detuvo en seco. No quería pensar en qué su primo y su mejor amiga. Su compañero de juegos en la infancia y la chica qué amaba, porque sí, amaba, estaban a escasos centímetros el uno del otro. A punto de...
— ¡Reiko! — De algún modo inesperado, Poromon voló como una bala hacia su compañera y se interpuso entre los rostro de ambos...
… ¿El resultado?
Tensho terminó besando a Poromon.
La primogénita de los Ichijouji enterró al digimon ave entre sus brazos, fulminandolo con la mirada mientras lo apartaba del rostro aturdido de Tensho.
— ¡Poromon! — La chica dejó estallar su temperamento durante unos minutos...
... Hasta qué vio a Daiki. Sus ojos azules con motas violetas se cruzaron con los castaños qué adoraba. La expresión de Daiki era de estupefaccion... Sorpresa. Reiko no pudo evitar qué toda la sangre de su cuerpo subiera a sus mejillas. ¿Desde cuando Daiki estaba allí? ¿La estaba espiando? Estaba demasiado nerviosa... Y halagada, para considerar otras opciones. Casi olvidó a Tensho, casi. Se volvió hacia él, sólo para encontrarse con qué él hijo de Jun miraba a su primo.
— Dai...
— Lamentamos interrumpir. Es importante. — Susurró Poromon, con dificultad, prisionero de sus brazos — Te hemos estado llamando Reiko...
El sonrojo aumentó - Estaba ocupada.
La mirada en el rostro de Daiki se volvió glacial. — Sí, lo veo.
El muchacho no había podido dejar de pensar en ese momento en sus últimas semanas, intentando decirle a Reiko qué la quería. Creyendo qué algo entre ellos podía cambiar... Pero... ¿Qué iba a cambiar? Ella estaba con su primo. Su primo. Ella había elegido a otro. Y el iba a aceptarlo. Como siempre. Eso era lo qué hacia.
Ella lo llamaba y él iba. Siempre terminaba cediendo ante ella. Siempre.
En cambio, Reiko no se permitió atenderlo ni una sola vez... Ni un mensaje.
Vio a su primo comprender qué la situación era importante y vio a Reiko caminar hacia él, con extrañeza.
— Bueno, te llamamos justamente para ahorrarnos esto — Susurró Poromon
— Dai... ¿Qué haces, aquí? — Dudó simplemente, ella, mientras examinaba él señablante de su amigo. Lo notaba raro. Juraría que no durmió en toda la noche —Estás pálido
Él ignoró sus preguntas, y sus afirmaciones. — He venido a buscarte. Tenemos qué ir al digimundo
— ¿Qué? ¿Por qué?
Él muchacho resopló. Se sentía enojado, repentinamente. Quería romper cosas. Era un sentimiento horrible
— Te explico en el camino. Es urgente, Reiko.
— ¿Sucedió algo malo?
— Te explico en el camino. Debemos ir al digimundo, ahora.
Pero sí había algo qué Reiko no soportara, eso eran las órdenes.
— Quiero sabes qué sucede, Motomiya.
— Hubieses atendido el celular. Vámonos, no tenemos tiempo. - La sujeto de la mano, fue un impulso. Ella lo miró con fijeza.
— No quiero. Y no me hables así...
— ¿Disculpa?
— No me hables así! Quiero qué me expliques. Dime, ¿qué sucedió?. Debió ser importante para qué hayas venido así qué... Habla — Reiko no vio que Poromon le había señales para que se callara y no molestase a Daiki.
Daiki, qué a diferencia de su padre, no perdía los estribos con facilidad, se sorprendió de ver qué estaba demasiado enfadado para controlar la voz. Quería gritar.
— Atacaron el digimundo. Nos necesitan. Somos los niños elegidos. — Repitió las palabras de su padre a regañadientes.
— ¿Quién?
— No lo sabemos. Debemos irnos, Ichijouji. Y sí vas a ser la misma de siempre, la egoísta, al menos dímelo ahora, porque yo sí quiero ayudar.
Reiko sintió sus palabras como una bofetada.
Sí, la había llamado irritante, molesta, temperamental, ingenua...
Nunca egoísta.
Y por eso le dolió. Le dolió qué existiera la posibilidad de qué el pensara eso.
Además, nunca mirándola de esa forma.
Todo el mundo se congeló cuando él se giró, y la dejó atrás. Otra cosa que no había hecho nunca.
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Taiyo miró a Saori, Yuko, Kevin y Ozamu. Al parecer, y despues de todo eran ellos quienes tendrían que hacerse cargo de la situación. La espera se había hecho insoportable. ¿Había sido una hora, dos? Los mayores no tenían noción respecto a la palabra urgente.
De Kazuma lo entendía. Y Hoshi quizás no tenía una computadora, pero Daiki y Reiko… Negó la cabeza, molesto.
— Creo que la conexión puede ser reestablecida con los Digivices — Murmuró Koushiro, devolviendole por quinta vez el aparato a Yuko. Tomoyo suspiró pero asintió y miró a su hija. Ella y su marido se habían dado de las manos.
— Hagamos una prueba, solo para asegurarnos — Propuso Daisuke
— Estoy de acuerdo — Dieron su aprobación Ken y Taichi, mirandose a la vez y sonriendo ante la coincidencia. Ellos no solían coincidir en tanto.
Taiyo levantó su brazo, y, para su sorpresa, cuatro brazos más se alzaron a la vez. Miró a sus nuevos compañeros. Los cinco habían actuado a la vez, lo que resultaba algo bastante gracioso, dada la situación.
Sonrieron.
— Puerta al digimundo, abrete — Pidieron los cinco niños presentes, y el monito reflejó una nueva ventana digital que no estaba allí antes.
Saori y Yuko se sonrieron — ¡Se abrió, se abrió la puerta!
Era un logro despues de haber visto a sus padres fallar una y otra vez. Los adultos suspiraron. Una nueva confirmación de que ese no era su tiempo de actuar.
Era tiempo de la nueva generación.
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Nadie supo exactamente cuando Daiki Motomiya y Reiko Ichijouji se presentaron en la casa de los Izumi. Ninguno de los presentes se explicó las expresiones de ambos niños. Nadie supo en realidad, interpretar la tensión que comenzó con su llegada.
Daiki dio un paso al frente.
— Hora de irnos. — Determinó. Los pequeños sonrieron, con un asentimiento leve. Reiko bajó los ojos, hacia Poromon. Ella seguía confusa. Y el hecho de que su mejor amigo parecía ignorarla hacia que todo fuese peor.
Los niños elegidos se agruparon frente a la pantalla, casi de inmediato. Ya no había tiempo que perder. La determinación se había plasmado en los juveniles rostros cuando se enfrentaron al monitor del ordenador.
— La puerta está abierta — Murmuró Koushiro, dando vía libre a los niños. Miró directamente a Yuko — Hija…
— No olvidaré las muestras, papá — Murmuró ella, sonriendole.
— Me portaré bien, mamá — Aseveró Kevin, colocando una de sus manos en el bolsillo de su abrigo. Mimi asintió compulsivamente, sintiendo un nudo en su garganta.
— Volveré para la cena — Indicó Taiyo a su padre, logrando que Taichi sonriera.
— Seré un hombre de verdad — Murmuró Daiki, mirando a Daisuke con atención. — No retrocederé ante nada…
Ozamu les sonrió a sus padres, que permanecían muy cerca de la pared. Ella con Yusei en brazos y con una mano de su padre en el hombro. Hikari miró fijamente a los niños.
— Suerte en este viaje — Comentó la antigua portadora de la luz…
— No tiene porque ser una despedida — Indicó Saori, a sus padres y Yoshiro, que recién comenzaba a comprender lo que sucedía. El pelirrojo miraba a su hermana mayor con atención.
— Reiko… — Para sorpresa de la aludida, era el señor Takaishi, quien le hablaba — ¿Te importaría decir los dialogos de tu madre? — Y esbozó aquella sonrisa tan… Takaishi. Reiko la reconocía de Koichi y Tsubasa… quienes los esperaban en el digimundo.
Asintió.
No estaba segura de nada, y mucho menos de acuerdo, pero Poromon tenía que defender su hogar y ella lo ayudaría. Levantó el digivice en alto, como todos los niños.
— Niños elegidos… ¡Vámonos! — Y con esas distintivas palabras, los siete niños abandonaron el mundo real, para sumergirse en el mundo de las aventuras y los desafíos.
Despues, de todo, eran los niños elegidos.
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La luz cegó a todos los presentes momentáneamente.
Cuando abrieron los ojos, los niños ya no estaban. Sora miró aterrada a Yamato cuando no encontró al pequeño Yoshiro detrás de ella, donde, sabía, había estado hasta entonces. Los ojos rubí demostraban su preocupación, su inquietud, su terror… Yamato comprendió, al instante, la mirada de su esposa. Paseó la mirada por la sala.
Taichi, Daisuke, Ken, Miyako, Hikari, Tomoyo, Takeru, Koushiro, Jou… Todos ellos miraban con inquietud algun lugar perdido, casi no parecían estar allí, presentes. El rubio miró con más detenimiento.
Los niños y los digimons se habían ido. todos ellos.
— Yoshiro… — Susurró, con la voz queda. Una parte de él sabía que eso iba a pasar. No podía explicarlo, pero lo sabía.
Todos los adultos miraron a la pantalla.
La puerta se había cerrado.
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Kazuma bebió un poco más de agua, antes de el vaso resvalase entre sus dedos y cayese al suelo, rompiendose en mil fragmentos de cristal azul. Por un instante, había visto ojos rojos reflejandose en el agua, ojos que lo habían atemorizado, pero que le resultaban vagamente familiares.
Y los ecos de su pesadilla se repitieron…
— Te estoy esperando, Kazuma. — Makoto le tendió la mano. El ofrecimiento seguía en pie. Y Kazuma sabía que siempre seguiría en pie — ¿Vienes, hermano?
Sí, sí quería ir.
Tal vez, si acudía al encuentro con su hermano… Tal vez, esa angustia que lo llenaba desaparecería, tal vez su cuerpo dejaría de sufrir. Tal vez, las cosas irían mejor.
Su madre se había quedado dormida en su cama, mientras que él atendía la llamada de Hoshi… ¿Qué le había dicho a Hoshi? No podía recordarlo. No estaba seguro de nada. ¿Y donde estaba su padre?
El agua danzó en el suelo, arremolinandose, formando pequeñas olas en el piso de ceramica. Él lo observó todo embelezado. Todo… Y una sonrisa muy parecida a la de Makoto cruzó sus facciones.
Kazuma no se había mirada al espejo, porque no había podido levantarse de la cama en toda la noche. Las pesadillas lo acechaban, el dolor lo entumecía, el mar lo llamaba. Ya era hora de asistir.
No podía rechazarlo más.
No, por más tiempo. Estaba agotado, de verdad. Resistirlo era agotador.
Con infinita sorpresa, vio que las sombras bajo sus pies… ¿Su propia sombra? Se movía por si sola, danzando al compas del agua… y él se hundía. Tal vez era un sueño, ¿Quién sabe?
Kazuma no lo sabía.
No le importaba.
Ya es hora, Kazuma. Ven a casa… El mar te está esperando.
Se dejó ir. Hacia tiempo ya sabía que el mar tenía planes para él.
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N/A: Nada relevante en este capítulo.
Bueno, un poco, pero muy poco. En el próximo nos sumergiremos de lleno en el Digimundo, lo prometo :D.
Estuve unas semanas en pausa, y no podía terminar este capítulo aunque lo intenté, pero aquí está, finalmente.
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Saludos ^^
