Nemesis Crow: serpiente marina

Thyia Anónimo: huevos de serpiente marina

Dios, el último capítulo es del año pasado…ugh…lo siento mucho. El problema de hacer fics es que luego no sabes cómo continuarlos. Por eso, si notáis que el estilo cambia…bueno, también habré cambiado yo. Hay cosas que pasan, otras que no pasan, en fin, la vida es así, no lo puedes tener todo planeado¿verdad?

(DIARIO: punto número 1: poner al día los fics y dejar de escribir una vez al año. XD)

"No intentes cambiar a Draco, no funcionará."

Harry parpadeó. ¿Por qué recordaba las palabras de Nott en ese momento? Hacía ya dos días…o no. Y Draco le había dicho que Nott era un estúpido. Harry también lo pensaba. Pero lo de cambiar a Draco… él no intentaba cambiarle. Bueno, sí. Quería que fuese como él, como Harry. Quería que fuese…mejor…mejor persona, más comprensivo, más…¿Gryffindor? Así que al final tal vez Nott tuviese razón. Después de todo¿quién era él, Harry Potter, para cambiar la personalidad de alguien? Porque, claro, algunas cosas que él pensaba que estaban mal, a lo mejor simplemente Draco las veía de otra forma y, entonces, entonces…¿no era eso actuar de forma egoísta? Y acaso¿no le gustaba Draco precisamente por lo que era? Tal vez, tal vez no. La verdad era que no sabía exactamente por qué le gustaba. ¿Y si Nott decía la verdad? Podría ser que, como estaban atados, su inconsciente hubiese tomado las riendas y haber decidido que la mejor forma de convivir con alguien a quien odiabas era hacer que te enamoraras de él y así te dejaban en paz.

Harry sacudió la cabeza. No, eso era una auténtica gilipollez. Pero parecía lógico. Al menos…en su caso.

Suspiró y su aliento formó nubecillas de vapor en el frío de la noche. Miró hacia arriba, hacia las estrellas que se colaban por el agujero del techo de ese castillo en ruinas que habían encontrado. La noche era preciosa. Y le tocaba a él estar de guardia, así que pensaba disfrutarla. Aunque después de los nervios con lo de los acertijos, la verdad era que necesitaba echar una siestecita… al final habían acertado los dos, sin necesidad de la ayuda del otro. Harry había visto ya bastantes salamandras como para saber que eran de fuego y recordaba haber oído hablar una noche a Draco sobre las serpientes marinas. Si, esa parte se la había proporcionado Neville y decía que las serpientes no ponían huevos. Cuando le dijeron las respuestas, la esfinge había rugido tanto que las paredes de la cueva se tambalearon y Draco estuvo a punto de echarle una maldición. Pero al final la criatura sonrió y dejó que Harry le arrancara un pelo de la melena. Enseguida tuvieron de nuevo la sensación de traslación a otro lugar y esta vez habían aparecido en una especie de montaña boscosa con un castillo medio destruido en la cima. Y como no parecía haber nada más que ellos a kilómetros, subieron a refugiarse. Una vez allí buscaron la criatura que se suponía les tocaría hacer frente, pero el lugar estaba desierto por completo. Estuvieron explorando todo el lugar, durante el resto del día, pero ni siquiera encontraron de qué alimentarse. Mucho menos criaturas. A no ser que contaran las arañas que vivían en las enormes telarañas del techo. Pero nada. Ni un solo ser vivo, ni un solo ruido (y esto sí que era extraño). Y ya por fin, cuando las estrellas se podían vislumbrar, comenzaron a ver lo que parecían murciélagos, volando alrededor del castillo, que por lo demás, seguía igual de tranquilo.

Harry miró a su alrededor de nuevo. Al principio el sitio le había dado miedo (hasta que vio los enormes agujeros en la pared, y, por alguna razón, se tranquilizó) pero Draco había dicho que se parecía a su casa cuando los elfos domésticos estaban indispuestos (eso quiere decir cuando recibían tantas palizas que no podían avanzar ni un paso) Por supuesto, Harry sabía que lo decía solo para infundirse valor. Le había apretado la mano al entrar y tenía la varita en ristre, preparado para todo. Hasta que no hubieron explorado todo el lugar, no bajó la guardia. Y ahora dormía plácidamente a su lado, aún agarrado a su mano. Harry sonrió y se acercó a él, acariciándole la mejilla. Cuando dormía era como más le gustaba. Y no sólo porque estuviese callado.

-¿Mh?- Draco abrió los ojos.

-Nada. Sigue durmiendo.

-¿Me has despertado por "nada"?

Harry suspiró.

-¿Quieres callarte y volverte a dormir?

Pero en vez de eso, Draco se enderezó y se sentó contra la pared.

-No puedo dormir.

-¿Pero qué dices? Si parecías un angelito hace un momento- dijo Harry soltando una risita. Draco levantó una ceja.

-Calla, Potter – dijo intentando parecer enfadado. Pero se notaba que también intentaba sonreír.- Lo que ocurre es que… hay demasiadas cosas en mi cabeza.

Harry asintió. Él también había estado dándole vueltas. ¿Qué iba a pasar con ellos dos?

Draco alzó la vista para ver las estrellas.

-Merlín…si alguien me hubiese dicho en primero que ahora estaría atado aquí contigo, en esta situación, me habría reído en su cara.

Harry no dijo nada. Se preguntaba qué sería exactamente esa "situación". ¿Qué pensaba de verdad Draco de él¿Qué sentía? Y, si alguna vez conseguían desatarse¿volverían al punto de partida?

-Supongo que si tu padre se enterara, te mataría.- dijo Harry por decir algo.

Draco le miró con los ojos abiertos.

-No.-dijo- Nos mataría a los dos. Literalmente, Potter.

Harry sonrió con pena. Draco parecía triste.

-Lucius no es un mal padre.- dijo de pronto.- Siempre me ha dado lo que quería. Desde que era pequeño, él ha cuidado de mí y me ha enseñado a comportarme como un Malfoy. Yo …- un rictus de lucha apareció en su cara, como si le costara decirlo- quiero a mi padre. Pero él solo consideraría eso como una debilidad. Quiere que sea fuerte, inteligente e insensible, como él. Pero yo sé la verdad. Todos los Malfoy somos desgraciados.- esto último lo dijo apenas susurrando. Harry arrugó el entrecejo y le cogió la mano.

-¿Por qué dices eso?

-Porque si queremos conservar el apellido, y eso conlleva a ser todo lo que un Malfoy debe ser, todo acaba siempre en matrimonios concertados, dinero, poder y… frío. Harry, en mi familia no hay afecto. Ya no. Puede que de pequeño, pero ahora…estar allí, con ellos es como estar en una enorme jaula con maniquíes que te ordenan cómo vestirte, qué hacer, cómo comportarte- Draco estaba empezando a dejar salir sus sentimientos- y sin embargo, yo los quiero. Es…ridículo.-sonrió con pesadumbre- Si supieran que su hijo se ha enamorado seguro que me desheredarían y cuando sepan que lo he hecho del Niño Que Vivió, entonces seguramente me matarán.

Hubo un silencio después de esas palabras. Al final Harry se tocó distraídamente la cicatriz y observó las estrellas.

-La primera vez que te ví me diste asco. – empezó Harry. Draco se giró furioso hacia él. Harry lo ignoró- Lo que vi fue un estúpido niño pijo con aires de superioridad, repelente, mimado, que me miraba como si fuera el rey del mundo. Te burlaste de Hagrid y de la casa Gryffindor, lo único que tenía yo en ese momento y encima después esperaras que te diera la mano y dejara a mis amigos.

Draco lo miró en silencio, pero estaba escuchándole. Harry sabía que lo hacía. Continuó.

-Después, durante todos estos años, has estado metiéndote con nosotros cada vez que podías y haciendo lo posible por dejar Gryffindor por los suelos. Claro que nosotros hemos intentado hacer lo mismo con Slytherin. Pero todas las veces que me has insultado o has intentado hechizarnos, lo has hecho tú mismo, eso sí, rodeado de guardaespaldas, pero aún así, eras tú quien lo hacía.- aquí Harry se volvió hacia Draco- Tu padre le dio un diario mortal a una niña de nueve años por el simple hecho de que no se atrevía a enfrentarse cara a cara con el señor Weasley. Se esconde bajo una máscara para torturar muggles y no es capaz de salir de una secta dirigida por un lunático desquiciado sin nariz. Sinceramente, Draco, creo que no os parecéis en nada. Bueno, puede ser que tengáis el instinto Malfoy de: Voy A Joder A La Gente Todo Lo Que Pueda, pero de ahí a que tú seas como él, te falta un buen trecho. No se, Draco. Los buenos modales no tienen que ir acompañados de saber esgrima siempre¿no? Puede haber diferencias…

Harry miró a Draco esperando ver su reacción. El rubio estaba sonriendo. Antes de que pudiera preguntarle por qué, notó una mano suave en su nuca y unos labios que se pegaban a los suyos. Se tensó por la sorpresa, pero después entreabrió un poco sus labios y se apretó más contra Malfoy. Notaba que su temperatura corporal estaba aumentando. Calor, bajo las frías estrellas que atravesaban el techo. Deseo, mientras sus manos rodeaban la cintura del rubio. Miedo a la prohibición, placer al retarla y en ese momento Harry pensó que si Draco le hacía algo, allí mismo, él se dejaría. El rubio pareció notarlo o simplemente por su cabeza no cabía una negativa, pues le desató la corbata al moreno de un tirón.

En ese momento oyeron un ruido de cristales rompiéndose.

Se separaron. Sus ojos se encontraron y la vergüenza de aquellos que nunca han llegado al final, pero que siempre lo han ansiado, se apoderó de sus mejillas. Harry se guardó la corbata en el bolsillo y se levantó, arrastrando a un Draco malhumorado tras él. ¿Por qué siempre pasaba algo?

Sin decir nada, ambos fueron, varita en alto, hacia donde provenía el ruido.

Llegaron a una sala vacía excepto por una pared que contenía el marco enorme de lo que debía haber sido un espejo. En el suelo había trozos de cristal.

-¿Los espejos se rompen solos?- preguntó Harry al aire. Draco ya estaba girando la cabeza y observando a su alrededor.

-No, Potter. Los espejos no tienen vida propia, pero las ruinas suelen tener mucha vida escondida.

Harry se giró junto con Malfoy. Se alejaron del espejo tan solo unos pasos, preparando en sus mentes los hechizos que encenderían las varitas para ver las auras.

Nada.

Silencio.

Estuvieron unos minutos así, hasta que Harry se giró de nuevo.

-Draco…

-Sshh…no hables.

-Pero es que…deberías ver esto.

-¿Q…?

Draco se giró hacia donde había estado el espejo roto. Ya no había cristales. Ni espejo. En su lugar había una especie de cómoda oscura con una cajita abierta. En su interior descansaba un mechón de cabello pulcramente recogido con hilo rojo.

Harry miró a Draco y al mechón. El rubio no dijo palabra alguna, pero lanzó el hechizo de detectar auras al mechón de cabello. El aura era roja, pero nada más.

-Si lo cogemos, podemos salir de aquí- Harry hizo además de cogerlo, Draco le detuvo.

-¿No te parece raro, Potter? La prueba resuelta, sin hacer nada.

-A lo mejor el bicho se ha muerto. Yo que sé, la cuestión es que está aquí¿no?

Harry quería irse de aquel lugar lo antes posible. No le gustaba ya y además sentía que algo no iba bien. Notaba que había alguien allí además de ellos y los fantasmas que él conocía se veían perfectamente, lo que quería decir que algo muy rápido y muy silencioso les estaba pidiendo amablemente que lo dejaran en paz.

-Vámonos.- dijo el moreno y cogió el mechón de pelo justo cuando Draco advirtió una sombra distinta a las demás. Pero ya era demasiado tarde. La sensación de traslación los envolvió. La oscuridad empezó a girar como una peonza desquiciada y de pronto estaban tirados en la hierba, de día. O al menos eso parecía.

A su alrededor solo había bosque¡pero qué bosque! Harry nunca había visto tantos árboles juntos. Y que fueran tan especiales. Se levantó con esfuerzo, ya que Draco parecía querer seguir sentado y fue hacia uno de los árboles. Su corteza brillaba y el árbol era de todos los colores que podía ser un árbol. Retiró la mano enseguida.

-Draco…esto…el árbol…

-Palpita. Ya. Están vivos.-dijo el rubio con un gruñido. Ya tenía la varita alzada.

-¿Qué ocurre? Si es un sitio precioso, mucho mejor que las ruinas. Y aquí hay luz.- aún así Harry sacó su varita.- ¿Draco?

-Hemos venido a parar al peor sitio de todos.- murmuró el rubio. Lanzó un hechizo de aura a su alrededor.

Harry creyó que el hechizo no había surtido efecto, los colores del lugar seguían siendo el mismo. Hasta que recordó lo que significaba el verde.

El castillo en ruinas del que acababan de trasladarse Harry y Draco, empezó a emborronarse. Poco a poco fue desapareciendo. Pero antes de eso, una sombra se acercó al lugar del traslado y tocó el aire como si buscara algo. Lo encontró y sonrió. Después se coló por la brecha del espacio y el tiempo y apareció en un lugar horroroso y lleno de luz, así que se escondió detrás de un árbol y espió desde allí a aquellos que se habían llevado parte de su ser.

- Severus.

Nadie contestó.

-Severus, si piensas ignorarme, al menos anda en la dirección correcta. Es por aquí.

Lupin suspiró y se dirigió al norte, según su brújula interna lobuna. Snape frunció el ceño y siguió al lobo, intentando aparentar que lo hacía porque él quería y no porque se hubiese perdido…que era exactamente lo que le había pasado.

Después de ver que, efectivamente, habían pasado los días de la prueba, que nadie había llegado al centro y que, mira por dónde, faltaban dos alumnos (¿quiénes serían?) MacGonagall decidió hacer una búsqueda por las distintas dimensiones que en ese momento estaban en el bosque. Dumbledore había escogido esos días justo para desaparecer, como siempre, justo cuando Severus le iba a preguntar amablemente por qué demonios no le habían comunicado (ni a él ni a nadie) que el espacio y el tiempo en los distintos lugares a los que se pasaba al entrar en el bosque, no era el mismo que en la vida real.

Gracias a (Severus nunca lo admitiría) los distintos profesores de Aritmancia y Astronomía ( y el maldito centauro de Artes Oscuras) habían conseguido dilucir lo que les habría ocurrido a los dos chicos que faltaban. En un principio, la prueba estaba hecha para pasar de uno en uno y había una posibilidad de uno entre un millón de que los alumnos se encontraran entre sí dentro del bosque, pero claro, habían olvidado el factor "lazo mágico" de Potter y Malfoy. Eran dos personas, por lo tanto el campo mágico que los teletransportaba de un lado a otro era más fuerte que el de los demás y "chupaba" más energía… que sacaba, por su parte, de los días y las horas de fuera. Con lo cual, los dos chicos podrían pasar una semana allí dentro, pero haber pasado un año fuera. Y como eso no estaba bien, según el Ministerio de Magia (no estaba bien que los alumnos perdieran clase) alguien debía ir a buscarlos y traerles de vuelta.

Severus había refunfuñado al principio. ¿Por qué no les dejaban a su aire? Seguramente Potter y Malfoy estarían retozando alegremente en algún lugar fantasioso rodeados de animalitos indefensos. No corrían ningún peligro. Animales, puafff.

Fue entonces cuando a los profesores se les ocurrió la maravillosa idea. Como había que traer a dos, pues entonces enviarían a dos. ¿Y qué mejores profesores que comprendieran la magia, las pociones, los hechizos y los animales que ellos? Hagrid se había ofrecido a ir, pero tampoco servía de mucho, así que decidieron que él y Lupin eran los más indicados. Severus había dicho que Minerva McGonagall entendía más de animales que él, pero la muy Gryffindor había contestado que sin duda alguna, Severus era el mejor profesor del colegio en lo referente a encontrar alumnos escondidos, pociones y otros artefactos y que además ya había tenido contacto con el lado oscuro, por lo tanto tenía que ir él. Lupin, según Severus, sólo lo acompañaba. La verdad era que él no sabía muy bien cómo efectuar el hechizo de auras tan bien como el lobo, que, en realidad no lo necesitaba.

Y allí estaban. Era un maldito paraje desolado, lleno de tierra y calor. Severus odiaba el calor, el sol y todo lo que no fuera negro. Odiaba la compañía de Lupin y su podrida manera de intentar ser condescendiente con él, odiaba estar allí buscando a Potter y Malfoy, pero por encima de todo, odiaba tener enfrente una esfinge de cinco metros sonriente y moviendo el rabito.

Jadeantes, sudorosos, terriblemente cansados y despeinados (para horror de Malfoy) se tumbaron sobre un terreno de tierra, ocultos por un tronco caído, en silencio.

-¿Tú los has visto?-jadeó Harry.

-No muy bien.

-Joder.

-Sí.

Se quedaron en silencio. De alguna manera sentían que llevaban más días de lo debido allí, aunque seguían en el mismo bosque en el que hacía una hora habían entrado. Un bosque precioso, un bosque lleno de árboles verdes, troncos marrones, suelos llenos de hojas de colorines…un jodido bosque de hadas. Justo lo que les faltaba.

-Potter.

-¿Qué?

Las hadas, o lo que fueran esa especie de bichos relucientes y chillones, que aparecían y desaparecían, les habían estado persiguiendo todo el rato, como un enjambre de avispas, hasta que se habían encontrado con otro grupo de seres como ellos (según le pareció a Harry) y se habían parado a pelear con ellos. El problema de las hadas es que se dejaban ver cuando querían. Lo que las hacía enemigos formidables e invisibles.

-¿Tú recuerdas lo que significaban los colores?

Harry intentó concentrarse. Había visto los colores, sí, pero no se acordaba de todos y eso significaba que no podía hacer nada con ellos.

Draco pareció leerle el pensamiento, porque tiró de su mano y empezó a escribir en el suelo. No se acordaba de todos.

AURAS TIPOS

Roja: fuerza Fuego- Rojo

Rosa: Agua- Azul

Azul: Aire -

Verde: maldad Metal- Gris

Amarillo: espiritual Madera-

Morada:

Tierra- Naranja

Luna-

Sol- amarillo

-No recuerdo para que servía el rosa, aunque tampoco he visto mucho por aquí.- murmuraba el rubio- ni el azul, ni el morado. Creo que algunos árboles eran morados…

Harry miró la lista y empezó a mover su dedo sobre la superficie de la tierra.

-La luna es plateada.-dijo muy seguro- el aire…es morado. La madera, obviamente debe ser marrón. El azul…- se acordó de Lupin y de Dumbledore, ambos rodeados de un azul eléctrico.- Pensamiento.

-Bien, eso significa que esos bichos no piensan mucho, pero que son tremendamente malignos. Y la mayoría eran rojos o morados…- leyó lo que había escrito Harry.- del fuego o del aire…

Harry se mordió el labio inferior. Fuego…sí. Tenía bastante calor. Allí, con él…

Draco prosiguió.

-Si encontráramos hadas del agua, tal vez…no sé. Tal vez también se nos echen encima.

Echarse encima. Sí, echarse encima de Draco…con agua…en una bañera…

Harry se llevó las manos a la cabeza. ¿Qué demonios estaba pensando en un momento como ese? Debía concentrarse. Concentrarse totalmente.

-Creo que deberíamos buscar un río o algo..- dijo el rubio pensativamente.

-Bésame.

-Y ya en el río supongo que las veremos, si es que se dejan ver y…¿qué has dicho?

-Que me beses.

-Potter, estás bajo un conjuro de hadas malignas.

-Me da igual. Bésame. Rápido. O explotaré.- Harry se abrazó a Draco, que ahogó un grito antes de caer boca arriba en el suelo, con Harry encima de él.

Severus daba golpecitos rítmicos con el pie, levantando polvo de arena roja. ¿Cuánto tiempo iban a estar así?

-Negro como las pesadillas que guarda, suave por fuera, afilado en su interior. Ten cuidado con lo que sueñas.

Lupin se rascó la oreja pensativo. Ya llevaban 99 adivinanzas. La maldita esfinge debía llevar siglos inventándoselas y para colmo solo eran sobre animales.

Al ver que el lobo no respondía, Severus se hartó y se acercó decidido al enorme ser.

-Tú. – dijo. La esfinge le miró sin decir nada. Lupin intentó retenerle, pero Severus se lo quitó de encima de un manotazo.- Las reglas hablan de una adivinanza, no de cien.

-No estabais invitados – respondió- 100 años. 100 adivinanzas. –se dirigió a Severus y le citó de nuevo la adivinanza de antes, pero Severus le hizo callar con la mano.

-Muy bien. Pero si acierto, tú haces lo que yo te diga.

La esfinge negó con la cabeza.

-Una adivinanza, un reto. Si aciertas, te dejo marchar, vivo, mortal. Negro como las pesadillas…

Severus soltó un bufido.

-¡Un Lethifod!

La esfinge parpadeó y antes de que pudiese decir algo, Severus empezó.

-¿Cómo se llama la calle donde vivo?

Lupin y la esfinge le miraron. Severus entrecerró los ojos. Era profesor de Pociones y llevaba toda la vida espantando a los alumnos. Él imponía sus reglas.

-Una adivinanza, un reto. Adivínalo o sé mi esclavo.

La esfinge gruñó. Podía negarse y comérselos, pero la verdad es que estaba harta de la soledad de ese paraje y podía ser divertido. ¿Cómo se llamaría la calle de ese mortal?¿Y qué sería una calle?

La criatura se sentó en el suelo y se rascó la cabeza con las patas, dispuesta a pensarse la respuesta.

Severus cogió a Lupin del brazo.

-Bien, vámonos.

-¿Qué? Severus, no podemos dejarla así, tiene que responder, son las re…

-Remus Lupin, las esfinges tardan siglos, literalmente, en pensarse las cosas. Le llevará cien años encontrar un sentido a la palabra calle y otros cien en inventar la primera respuesta. Además, solo sabe pensar en animales, así que empezará con nombres del tipo "elefante rosa carnívoro". Vámonos.

Y Lupin, un poco sorprendido por la audacia de Severus, le siguió.

-¿Cómo traspasamos la barrera sin algo que tenga el animal?- preguntó Lupin. Severus se paró en seco. Le miró.

-¿Quieres decir que no sabes cómo?

-Creí que tú lo sabías, Severus.

-¡No me tutees!

Lupin parpadeó.

-Perdón, profesor Snape.- contestó sin ninguna muestra de odio. Sabía contenerse y eso era algo de lo que estaba muy orgulloso. Aunque sabía perfectamente que era a causa de su incontrolada vida de lobo.

Snape se sentó en el suelo. Miró la esfinge, pronunció un "accio-pelo" y vio cómo unos mechones amarillentos volaban hacia él. Los dejó en el suelo sin tocarlos y miró a Lupin.

-Tres.-dijo Severus. Lupin asintió y empezó a contar. A la de tres, los dos tocaron los pelos. No pasó nada.

-Lo sabía.- murmuró Severus.

Estaban atrapados.