GLOSARIO:
"Nunca soporte ser un alma invadida, hasta que vi frente a mí por quien yo moriría"*.- parte de la canción "flor de loto" de Héroes del silencio
COGULLA.- Túnica con capucha, hábito monástico.
SHURIKEN.- Conocidas vulgarmente como estrellas ninja.
NINJATO.- Espada del ninja por excelencia, más corta, recta y tosca que una katana, pero más práctica.
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-Me estoy enamorando – Se repitió, tal vez pensando encontrar un error en la pequeña oración, pero no, no había error lo que sentía por Shizuru sólo podía tener un nombre "amor" "no es como si fuese experta" pensó con una pizca de abatimiento y después se le formo una sonrisa, como si su corazón le floreciera con cada palpitar.
Estaba floreciendo verdaderamente, porque ahora Shizuru estaba en él.
Salió del agua y comenzó a secarse a manera concienzuda, un momento de desasosiego cruzó rápido su mente e inundo su corazón.
"¿Qué querrá decirme Shizuru?" ponderaba mientras se secaba las piernas.
"Debe estar enojada, no la culpo después de todo me excedí" Se secaba su cabello mientras su conocido sonrojo acudía a sus mejillas.
"Pero… pero ella comenzó" Recordaba qué había dado paso a su intenso momento y si la memoria no le fallaba había sido Shizuru quien la besó primero.
"Y se colocó entre mis piernas" Añadió y antes de que el calor se apoderara de su cuerpo, decidió que era momento de enfrentar las consecuencias, salió envuelta en su camisola blanca rogando a todos los dioses que recordaba que Shizuru no fuese tan severa.
Cuando llegó a su recamara, abrió recelosa la puerta quedando de inmediato con la boca abierta, allí sobre la cama con una de sus rodillas abrazadas yacía Shizuru, viendo por la ventana al oscuro cielo y soplando sobre la palma de la mano que estaba libre, una pequeña pluma blanca fulgente, bamboleaba azuzada por el aliento de la domadora hasta desintegrarse en el aire dejando sólo una brillantina plateada.
"Nunca soporte ser un alma invadida, hasta que vi frente a mí por quien yo moriría"*
Natsuki pensaba que su vida a partir de este momento cambiaría de manera radical, porque la mujer que le miraba con la más dulces de las sonrisas le enseñaría nuevos e intensos momentos, era una suerte tan grande que fuese su esposa ¿Qué hizo ella para ganar semejante privilegio?
Cerró la puerta tras de sí, observando la dulce sonrisa que se ensanchaba seguramente porque sus ojos no abandonaban su figura. "Debo de estar sonriendo como idiota" Pero ser una idiota o comportarse como tal no era importante, ahora lo más importante es que su esposa no parecía molesta en lo mínimo.
-Natsuki – Con un cuasi susurro pronunció su nombre mientras se mordía el labio inferior, un hábito que hacía que el corazón de Natsuki se detuviera, - Natsuki – Parecía que acariciaba el nombre y no que le estuviese llamando.
Con cuidado, la reina de las bestias acomodo su rodilla sobre el suave colchón e inmediatamente Shizuru tomo su mano, invitándole a que se acercará más; Natsuki pasó saliva y en consonancia se acomodó entre las piernas de su esposa, ésta sonrió abrazándole y colocando la quijada en su hombro. Ambas suspiraron contentas.
-Esto Natsuki… - Shizuru como pocas veces no tenía idea de por dónde empezar, no tenía una idea concreta de lo que le quería decir, cómo podía explicarle lo que sentía cuando ella misma no las entendía completamente.
Mientras acariciaba la cabellera negra aspiró su aroma.
-Mmmm~ Shizuru, lo que Mmm~ lo que pasó... – Suspiró ¿Qué le podía decir? Suspiró de nuevo y tomó la mano libre de Shizuru para entrelazar sus dedos.
-Natsuki~ - Le llamó pegadita a su oído provocándole escalofríos y que cerrara los ojos con cara de sufrimiento.
-Ara~ Natsuki pareces estar sufriendo mucho – Con una sonrisa coqueta Shizuru seguía jugando con cabellos negros – Debe ser realmente terrible estar cerca de mí. – Natsuki entonces se separó del abrazo dejando a una esposa con un puchero enorme.
-Shizuru jamás pienses eso – Estaban ambas de frente - Yo, no sé cuándo o cómo pasó, pero, estás aquí dentro. – Decía mientras señalaba su pecho del lado del corazón.
-Natsuki ~ - Parecía que a partir de esto momentos tenía una palabra favorita, o más bien un nombre favorito que no se cansaba de repetir. Está bestia era la persona más dulce y atenta que había conocido en su vida. – Natsuki nuca pensé estar viviendo esto, eres lo que ocupa mis pensamientos, por ti daría todo, te daría todo. – Decir esto provocó que ambas se sonrojaran.
Natsuki deposito un casto beso en los labios de Shizuru.
-Yo… lo de hace un momento… -
-Está bien yo me apresuré, fui muy rápido, no sé qué…-
-Natsuki – Shizuru le cortó su explicación - Yo lo quería, quiero que pase, pero me asusté un poco. Además quería asegurarme que de hacerlo fuese por las razones correctas, para que en la mañana no despertaras arrepentida.
Natsuki sonrió y bajo la cabeza un poco.
-Nunca – Le contestó aún con la mirada baja – Porque es por la razón correcta – La miró a los ojos – Es amor.
Shizuru sentía que se derretía, se sentía como en sus tiempos mozos de escuela, donde amigas le contaban de las mariposas y todo el rollo romántico, ese que tanto tiempo deseó vivir. ¡Qué hermoso cuando llega el momento! Se mordió de nuevo el labio inferior observando a su hermosa, tímida pero galante esposa.
-¡Oi! No hagas eso – Natsuki con la mano le tocaba el labio para que dejase de mordérselo, Shizuru le miró entre confusa y divertida por el arrebato y no se fijo que se acercaba poco a poco a su cara.
Un beso suave, tan suave que podría embriagar a quien lo probase "Natsuki besa tan bien… y sus besos son sólo para mí".
Aunque no quisiera dejar de besar a su esposa, justo ahora sentía que si no se detenía se volvería a descontrolar, al parecer tendría que trabajar en el autocontrol.
-Ya es un poco tarde – Comentó después de separarse pero sin dejarle de mirar los labios que ahora estaban de un intenso rojo; tan exquisitos. – Cof cof~ creo que deberíamos de acostarnos. – Shizuru asintió no muy gustosa y ambas se dispusieron a descansar acurrucadas en los brazos de su pareja.
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El día siguiente se lleno de mucho trabajo, Natsuki tomo de inmediato las indicaciones de su padre y aunque no lo comentaran ni entre ellas, ambas estaban preocupadas por la vida de sus progenitores.
En el gran salón donde los consejeros y los nobles encargados de los asuntos públicos se reunían a exponer sus casos, se escuchó un gran estruendo.
-Kataplum!
Un pequeño lacayo salió volando por el aire unos cuantos metros, después de abrir (con su espalda por el impacto) las grandes puertas del salón.
-No, no puede esperar. – Decía una muy enojada Tokiha Mai. Los nobles pasaron saliva, era la primera vez que la siempre carismática sacerdotisa tenía semejante cara de asesina serial.
Con mirada sugerente la de cabello zanahoria observó a ambas regentes, sosteniendo la mirada con Natsuki.
-Ara creo que necesitaremos un descanso ¿Qué les parece una hora? – Shizuru hablaba con los demás presentes en la sala; rápidos todos abandonaron el lugar sin dudar un segundo de la indicación de la domadora.
Natsuki suspiraba mientras se tallaba el temple y cuando todos hubieron salido y las puertas se cerraron, se levantó de su lugar encarando a Mai.
Ambas imponentes mujeres se miraron fijamente…
-¡AAAAhhhhh Mai! – Chilló exasperada - vamos ¿sigues molesta?-
-Molesta ¿molesta? Natsuki me enviaste drogada dro-ga-da.
-Fue necesario, créeme… pero ya no tienes de qué preocuparte.
Mai se acercó a centímetros a su amiga de infancia y susurró su pregunta.
-Entonces ¿Ya consumaron? – Su respuesta fue una sonrojada Natsuki que le ponía la mano y le susurraba al oído.
-Bueno, verás… - Antes de que se excusara, Mai inflo los cachetes y le agarro del cuello de su blusa.
-No, nada de excusas, ponte a trabajar – Le decía mientras la empujaba fuertemente hacía dónde se encontraba Shizuru quien alcanzo a sostenerla.
-Mou Shizuru – Shizuru le daba una sonrisa de disculpa cómo diciendo "Te lo buscaste" – Mai no esperarás que lo hagamos ahora… frente a ti.-
La sacerdotisa abrió la boca y la cerró, tomó aire – ¡No! Eso me causaría pesadillas. Pero entienden lo serio de esto ¿Lo entienden realmente?
-Mai san – Shizuru que hasta el momento no había intervenido, viendo la cara de perro regañado de Natsuki sintió que su corazón se detenía angustiosamente. – No debes de preocuparte, Natsuki y yo estamos explorando nuestra relación, precisamente ayer descubrimos nuestros mutuos sentimientos y no deseamos apresurar las cosas cuando tenemos toda una vida para compartir.
Mai suspiro cerrando sus ojos.
-Natsuki no te dijo – Era una afirmación y sintiendo su boca seca tomo un poco de vino dispuesto en una mesa cerca del gran ventanal; Shizuru le miraba confusa.
-Una de las reglas de las bestias – Dijo después de tomar vino – Es que un matrimonio puede ser anulado, por petición de un tercero, si no se ha consumado. – Natsuki que seguía refugiada en los brazos de su esposa levanto la cara.
-Pero quién querría hacer algo así, es decir ¿Quién se atrevería? además de ¡quién sabría que no hemos consumado!
-Ssshhhhh~ - Las otras dos mujeres en el lugar reprendían a Natsuki por su falta de tacto.
-Justo ahora no me sorprendería que medio palacio – Ironizaba Mai. – Miren no quiero ser aguafiestas y todo este asunto de "yo te amo, tú me amas" está bien, es lindo pero tienen que apurarse en develar sus sentimientos porque de llegar está información a alguna fracción detractora podría ser utilizada en su contra y con una guerra encima un juicio para anular su matrimonio es lo que menos que necesitamos.
Ambas regentes estuvieron entonces conscientes del riesgo que corrían, pero si eran lo suficientemente cuidadosas no tendrían problemas tomando en cuenta que ahora sus arrumacos y detalles eran evidente en público, nadie se atrevería a dudar de la veracidad de su matrimonio.
-Y yo puede ayudarles con eso – Con su lengüita de fuera Mai mostraba su artefacto para la bendiciones de desempeño sexual y mientras Shizuru lo miraba con interés Natsuki palidecía.
-Ni te atrevas Tokiha, de por si tengo dificultades para controlarme, con esas famosas bendiciones quién sabe que tan tosca me pondría. – Era imposible para ella visualizar un momento fuera de control donde pudiese lastimar a su esposa; Shizuru y Mai secretamente festejaban la abierta preocupación de la regente conocida por ser fría y áspera en el trato.
-El amor ~ - Musitaba Mai.
Del otro lado de la puerta donde las tres mujeres hablaban, un lacayo de la construcción tenía cara de asombro con una mano alzada como si fuese e tocar la puerta, retrajo su mano y con pasos pequeños y cautelosos se retiró del lugar con la sonrisa más grande que uno pudiera imaginar.
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El día transcurrió sin mayor incidente y Mai se negó a abandonar el palacio hasta que arreglaran el asunto pendiente, por lo que se le acomodó en una de las recamaras reales.
La capital se encontraba en gran movimiento, por un lado la pavimentación de caminos que tan necesario era, la reactivación de la construcción del canal, estaban los preparativos para recibir a la embajada de Zerzura, la feria que domadores y bestias sostendrían y ahora se sumaba la fortificación de las ciudades fronterizas así como un apoyo mayor a la milicia para la fabricación de armas y entrenamiento de nuevos guerreros.
Ambas regentes estaban exhaustas pero debían de continuar trabajando porque la situación de estado era delicada, lo primero que tenían a mano era el encuentro con la embajada de Zerzura, que para ser exactos tendría lugar al día siguiente ya que los preparativos para la milicia y la feria de domadores habían sido delegados.
Natsuki se levantaba adolorida de su sillón mientras suspiraba fatigada, observó la noche que se cernía sobre la ciudad y se preguntó cómo estaría Kenji, Shizuru le abrazo por los hombros comprendiendo y compartiendo en silencio la misma agonía.
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Entre un tenebroso y oscuro bosque guerreros caminaban sin hacer un solo ruido, un pequeño grupo máximo diez personas que estaban ataviadas con cogullas* azul marinas, caminaban sigilosos observando los alrededores, el que iba a la cabeza alzó el puño y todos quedaron inmóviles, en la oscuridad del lugar sólo el sonido de la respiración se escuchaba, hasta que un grillo acicalaba sus patas cantándoles en lo profundo del bosque; Cuando la figura a la cabeza estuvo satisfecho comenzó a darles indicaciones con el puño indicándoles dónde se separarían para seguir buscando.
Cinco grupos de dos se dirigieron a diferentes puntos; el que de seguro era el líder continuo el camino con otro guerrero detrás de él, un búho con sus plumas blancas frente a ellos ululó provocando que ambos guerreros quedarán inmóviles observándolo, el líder de los dos colocó su mano izquierda en su espalda dándole una señal al otro quien sacaba una shuriken* metálica lentamente, el brillo del metal delatando sus intenciones, el búho ululó otra vez y de entre los arboles cuatro pares de garras cortaban gargantas y manos.
El búho ya no se encontraba en el gran árbol como si de una visión se tratase, los cuerpos inertes fueron arrastrados hacia las sombras, ni un solo quejido los ahora residentes del tártaro, tuvieron tiempo de sacar.
Los otros cuatro grupos se internaban más y más en el bosque, algunos de los guerreros con su mano sobre la ninjato* que tenían sobre de la espalda.
Un olor irreconocible les hizo detener a dos de los restantes guerreros, cuando el que iba a la cabeza volteo su mirada a su compañero observó trémulo que se encontraba sólo en medio del bosque, pegó su espalda a un árbol cercano no pudiendo evitar que su corazón latiera más a prisa; en su mano su ninjato lista para defender o atacar, sus ojos de un lado al otro intentando captar cualquier indicio de movimiento.
-Prfff~ - De la boca su sangre salía descontrolada, el protector de su espalda le atravesaba con una fuerte rama desde la parte trasera de su cabeza hasta salir por la boca y dejándolo sin vida en segundos.
Los bravos guerreros se quedaban sin ánimos dentro del bosque, caminaban sin encontrar huellas o pistas de sus enemigos, estaban sumergidos en la espesura de ramas, lianas y monte, cegados por neblina y sofocados por insectos, llegando a una intersección de un claro del bosque donde los árboles parecían rodearlos, los seis guerreros restantes se encontraron cara con cara. Uno de ellos se deshizo de su capucha viciado por el entorno sacando su ninjato ¿Cómo era posible que se encontraran si habían tomados caminos en direcciones opuestas? Los árboles parecían susurrar a sus espaldas y podían jurar que el área donde se encontraban se angostaba al segundo. Frenéticos lanzaban su mirada a las copas de los gigantes de madera, sin poder ver su terminación, miraban sus derredores ahora sin los espacios por los que segundos atrás habían entrado.
Sólo podía significar una cosa, los domadores habían despertado.
-¡Debimos quemar el bosque! – gritó uno de ellos, iracundo de la torpe decisión de su general de espiar a las tropas en vez de echar fuego y obligarlas a salir de su refugio.
-grrrr~ - Bestias ahora los cercaban sólo visibles por el brillo de las pupilas ámbar que se regocijaban ante una presa fácil, parecía una docena de panteras gigantes que los intimidaban con su balanceo mientras acortaban la distancia, los seis guerreros se colocaron de espaldas buscando un poco de protección, pero no les sirvió de nada; sólo los aullidos de dolor se percibía en el ambiente hasta que no se escuchó nada más, ahogados por sus mismos borbotones de sangre.
Lo que el pequeño grupo de exploración desconocía era la razón de su general en su manera de actuar, ya que considerando la terrible fuerza de las bestias y su habilidad de transformación el quemar el bosque los obligaría a enfrentarlos a ellos como una estampida o con los ítalos que aun desembarcaban pero no contra las dos fracciones porque ellos mismo cerrarían el paso y mientras las flamas se extinguían era seguro que ya hubiesen adelantado la batalla y entonces habría muchas bajas.
El general en tierra de los grupos del mar, en realidad confiaba en su grupo de exploración para poder hacer un ataque certero a los domadores dormidos, el problema era que había tardado mucho en decidir su plan de acción y unos cuantos soldados domadores habían despertado del letargo pudiendo ayudar en medida a la milicia de las bestias. Parecía que aún con su prístina ventaja no sería capaz de lograr una masacre a como lo tenía planeado.
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El día terminó sin mayores incidentes en la capital, parecía que una de las nuevas batallas que tendría que liberar las nuevas regentes sería el ir a la cama.
-mmmm~ - Justo ahora, ambas se encontraban en una fiera sesión de besos, Shizuru estaba sentada a horcajadas sobre su esposa la cual apoyaba la espalda en el cabezal de la cama y se dejaba querer, desde que ambas confesaron su amor mutuo era difícil mantener las manos alejadas de la otra y durante el día era común verles darse un beso de piquito o sorprenderlas abrazadas, desafortunadamente Natsuki no estaba acostumbrada a la atención pública y siempre se contenía cuando notaba alguien más observándoles, así que llegando a la habitación Shizuru no se pudo contener más y se trepo sobre Natsuki.
~Mmmm~ - Natsuki suspiraba en contento, cada segundo que pasaba su esposa le hacía sentir más y más sumergida en sus caricias sobre todo ahora con su mano explorando su abdomen, en su mente regocijada estaba tratando de llevar un inventario de qué era lo que más le gustaba que le hiciera y hasta ahora y no por mucha diferencia iba ganando cuando le apretaba con fuerza el torso o la parte trasera del muslo, estas caricias las sentía como una súplica callada y eso la ponía loca.
Shizuru terminó el beso y tomando un segundo para observar el rostro sonrojado y acariciárselo con la mano delicadamente decidió que era hora de dormir, beso la punta de la nariz de Natsuki y se quitó de su cómoda posición para colocarse bajo las sábanas donde se puso de costado para ver algo que la dejó sin aliento.
Natsuki tenía el puchero más lindo del que jamás hubiese sido testigo.
-Vamos Natsuki, no es necesario el berrinche – Le tallaba el brazo tratando de confortarla pero esta no le contestaba, aún ligeramente dolida porque Shizuru había cortado tan buen momento. – Mmmm~ Natsuki gruñona es tan linda – Natsuki volteo la cara con un sonrojo evidente pero aún de brazos cruzados.
-¿De qué manera puedo hacer que se te pase el mar humor? – Con su cabeza apoyada en una mano y con dos dedos de la otra caminando sobre el muslo de Natsuki, Shizuru se la estaba pasando genial, adoraba ver todas los gestos que le podía provocar a Natsuki.
-No sé – Le contestó casi susurrando, contemplando la idea mientras observaba como esos dos traviesos dedos recorrían su pierna y le provocaban calosfríos – Tal vez… - Se mojaba los labios y miraba a su esposa directo – tal vez si… continuamos… cof cof~ con lo de hace un momento – Shizuru dejo ver una sonrisa muy de medio lado, una muy sexy en pensamientos de Natsuki – Ara~ Natsuki es una pervertida.
-¡Oi! Si tú empezaste… tú te sentaste encima mío – Natsuki se trataba de defender, Shizuru con los dedos que antes acariciaban a la bestia, ahora se los colocaba sobre sus labios para evitar que su risilla saliera a flote. Natsuki fumó unas maldiciones por lo bajo y, después le sonrió a su esposa siéndole imposible enojarse ante semejante muestra.
-Baka – Le decía mientras se acomodaba bajo las sábanas y le tomaba los brazos para que la abrazará por la cintura. – Baka – Repitió antes de sumergirse en sus sueños hipnotizada por la melodiosa risa de su esposa.
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-Vaya~ - Eres más útil de lo que pensaba, le decía Nagi a su compinche en la construcción, está información sin duda vale mucho dinero, el lacayo ante él, reía con su sombrero entre las manos con evidente hambre de oro en su vista.
Nagi camino de un lado a otro y después encarándolo movió las manos a los lados.
-Es una lástima que Tomoe chan no quiera recibir mis mensajes ¿Debemos esperar a qué nos localice? – Le preguntaba a su interlocutor quien a lo cual negó con la cabeza.
-Tal vez… - se llevó la mano a la barbilla sosteniéndosela, debamos buscar un mejor postor. Ambas figuras en la habitación compartieron una sonrisa.
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El día llegó demasiado rápido para aquellas que yacían en brazos de la otra, con un beso rápido se dispusieron a arreglarse para el día, hoy recibían a los representantes del país comercial por excelencia, Zerzura y necesitaban hacer una buena impresión para lograr convencerlos de unir esfuerzos.
Pasando el medio día, soldados de la guardia imperial hacían una hilera hasta las puertas del gran palacio donde a su entrada, las dos regentes junto con su corte esperaban a los visitantes.
Del gran carruaje iban descendiendo comerciantes y consejeros observaban a su alrededor tomando nota de todo, siendo esta la primera vez que pisaban tierras del reino de las bestias, por último y recibiendo una presurosa mano para ayudarle a descender la princesa de Zerzura apoyaba sus finas zapatillas en la recién empedrada entrada al castillo, con su cabello rubio ondeando al aire, la princesa se abrió camino hacia el palacio y estando de frente a las regentes no espero a que la presentara su asistente personal, quien le seguía presurosa con paso chicos.
-¡Bubuzuke! - Chirrió y los presentes tuvieron que contenerse de taparse los oídos. – En qué pocilga te han abandonado – Gritó de nuevo ignorando completamente a Natsuki y demás nobles todos ellos tuvieron que contener y apretar los puños al escuchar cómo se refería a su lugar de nacimiento.
-¡Suzushiro sama! – Su consejera le reprimía y se inclinaba hacia los demás presentes pidiendo disculpas.
-Ah Haruka Chan, tal vez no debiera expresarse así del lugar dónde mi esposa nació – dijo imprimiendo especial fuerza en la palabra esposa y con disgusto en la voz, que sólo sus allegados pudieron notar.
Haruka se tocó la nariz con su dedo pulgar.
-Claro, claro… Es sólo diferente de a lo que estoy acostumbrada. En fin pasemos que estoy cansada y un baño me vendría bien. –
-Suzushiro san – Fujino pronunció con extraño frío en su voz. Natsuki quien estaba apretando los dientes miró curiosa a su mujer.
-No te he presentado a mi esposa, reina de las bestias – Continuo con el mismo tono en su voz. Haruka sonrió y posó su vista en la más joven de las tres.
-Por supuesto, dónde están mis maneras – Al decir esto la pequeña mujer que unos segundos atrás le había reprendido, tomé su lugar a un lado de la princesa para presentarla adecuadamente y también a los comerciantes que viajaban con ellos, lo mismo procedió por parte de las bestias.
-Hemos esperado mucho tú visita – Comentaba una vez terminadas las presentaciones, la domadora. – Sus habitaciones están dispuestas, estoy segura que desean descansar, serviremos la cena a las ocho en punto. – Con esto todos ingresaban al castillo, las bestias notablemente irritadas y lanzando miradas sugestivas a su regente. Natsuki les devolvía la mirada tratando de apaciguarlos ¿Quién pensaría que en esta situación, quien mostrará más templanza fuese la bestia más temperamental del reino? Esta reunión de seguro le drenaría muchas fuerzas.
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continuará...
