THE LOSERS CLUB
Capítulo 10
Había pasado una semana ya desde aquella tarde en la habitación de Ludwig y ahora el rubio comenzaba otra pesada semana, revolviendo los cereales con la leche viendo sin gran interés como estos se volvían una extraña pasta de colores.
No podía sacarse de la cabeza aquel repentino beso con Feliciano y lo peor de todo es que este no había hecho otra cosa más que evitarlo cuando estaban solos, rodearse de gente cada vez que Ludwig iba a hablar de ello o lo peor; no despegarse de Feliks cuando quería tocar el tema.
-West- llamó entonces Gilbert mientras veía a Ludwig darle vueltas a la cuchara dentro del tazón de cereal sin escucharlo.
-West- repitió el mayor y el otro seguía ensimismado en sus pensamientos.
-¡West West West West!- el peliplata repetía una y otra vez sin control hasta que por fin Ludwig reaccinó tapándole la boca bruscamente al ojirrojo que enfadado le lamió la palma de la mano haciendo que la quitara inmediatamente.
-¡Qué asco!- exclamó Ludwig limpiándose con una servilleta.
-Niños dejen de pelear y alístense para la escuela. Ludwig procura no estar tan distraído, parece que estás enamorado- comentó su abuelo levantando los platos viendo como el mencionado se atragantaba con su propia saliva y la cara se le ponía roja.
-West~ ¿Será acaso que ya te estás convirtiendo en un adulto? Todavía me acuerdo que estabas muy encerradito con Feli la vez que vinieron a comer- decía en tono burlón Gilbert que tomaba su mochila.
-¡No hicimos nada! ¡No estábamos haciendo nada! ¡Nada pasó!- decía atropelladamente el ojiazul al tiempo que su cara se ponía cada vez más roja levantándose de golpe de su silla y buscando también su mochila.
-Gilbert no molestes a tu hermano, ya sabemos que Ludwig sería incapaz de hacerle algo al nieto de Roma ¿Verdad Ludwig?- dijo el abuelo haciendo crujir el plato que tenía en la mano y los chicos pudieron ver como este se cuarteaba de manera un poco extraña.
El muchacho solo alcanzó a asentir con su cabeza varias veces, se colgó la mochila al hombro y fue el primero en salir sintiendo la mirada acusadora de su abuelo en su espalda hasta que llegó a la esquina de la calle donde pudo respirar tranquilo otra vez para volver a sumergirse en sus pensamientos con respecto a Feliciano. Así fue todo el camino, incluso ignoró a Alfred cuando se lo encontraron de ida a la escuela, no dijo palabra alguna en todo el rato solo hasta cuando llegaron al colegio en donde vio a su grupo usual de amigos, entre los que estaban por supuesto, Feliciano.
El rubio apenas atravesó la verja de la escuela sus ojos chocaron con los de Feliciano el cual de inmediato se escondió tras su hermano quien le recriminó esto sin entender porque últimamente su mellizo se comportaba de manera extraña.
-Buenos días- saludó Ludwig aparentemente dirigiéndose a todos pero sin dejar de ver al castaño que entre murmullos respondió el saludo.
-Lovino amigo ¿Tienes algo que hacer hoy como a eso de las doce de la tarde?- preguntó Gilbert de manera sospechosa acercándose al mencionado.
-Sí, tengo clases igual que tú idiota- respondió el italiano que sentía a su hermano temblar pegado a su espalda.
-Pues cancela porque necesito que estés libre a esa hora- le ordenó el albino pellizcándole una mejilla dejándole la piel roja.
-No puedo cancelar mis clases imbécil- recriminó el muchacho pero fue ignorado por Gilbert que ahora parecía estar saludando a alguien a lo lejos y esas personas no eran otras más que los mismísimos Francis y Antonio.
Gilbert había pasado toda la semana anterior y esta también, en compañía de aquellos dos, por alguna extraña razón que no le había dicho a nadie estos siempre lo estaban buscando e incluso terminaban comiendo juntos a la hora del almuerzo y al parecer aquel día no sería la excepción.
-Lo siento chicos, el deber de la popularidad me llama, los veo luego kesesesese- dijo acomodando su mochila en su espalda
-¿A cuántas vírgenes tuviste que sacrificar para que Francis y Antonio te hablen?- preguntó Alfred viendo al otro alejarse.
-No hagas chistes tan malos Jones, por eso Nat no te hace caso- respondió Gilbert caminando en reversa para luego seguir su camino normalmente hasta saludar a los otros dos en un extraño ritual de chocar las palmas y hacer movimientos raros con los dedos.
Los muchachos vieron a Gilbert alejarse platicando animadamente con el español y el francés, para sorpresa del resto del Losers club estos tres parecían embonar a la perfección.
-Feliks-san otra vez se pondrá de mal humor- se lamentó Kiku al recordar que todos los días en que Gilbert los había olvidado por irse con el Bad Friend Duo Feliks había tenido un humor pésimo, sobrepasando por mucho su actitud de diva caprichosa; ahora estaba insoportable y cualquier otro adjetivo que lo superara.
Y hablando del diablo…
-¡Hola hola perras! Osea vengan y saluden a esta fabulosa existencia- dijo el muchacho llegando quitándose sus enormes lentes obscuros metiéndolos en la bolsa que llevaba colgando en el brazo de manera afeminada y pasando por cada uno para saludarlos con su respectivo beso en la mejilla excepto Lovino el que le desvió la cara apenas se disponía saludarlo.
-Ok veo a todos mis amores pero… ¿Dónde está mi Gilbo?- preguntó con una sonrisa que pretendía parecer inocente sin recibir una respuesta inmediata
-Más vale que me digan que está en casa agonizando- dijo ahora cruzándose de brazos recorriendo a todos con la mirada y estos a la vez se vieron en entre ellos -¿Dónde… está… Gilbert?- preguntó empezando a fruncir el ceño imaginando la respuesta.
-Está con Francis y Antonio- respondió finalmente Ludwig a lo que Feliks instantáneamente soltó un chillido agudo mientras azotaba su pie contra el piso como si este tuviera la culpa.
-¡¿Otra vez!? Bueno, es que como que ese hombre se piensa que nosotros estamos pintados en la maldita pared ¿O qué?- reclamaba Feliks otra vez dando agresivos pisotones mientras hablaba.
-No te quejes cuando fuiste tú el primero en animarlo a hablarle a esos dos- le regañó Lovino que no era muy paciente cuando se trataba del rubio y su mal humor.
-Osea no Lovi, no me vengas a echar la culpa de eso y mejor nadie me hable ahora porque siento que se me va a reventar el hígado así súper feo- decía el ojiverde masajeándose la sien con una mano y la otra poniéndola frente a sus amigos dando a entender que no quería que se le acercaran.
-Como que estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para llegar así totalmente temprano y saludar a todos mis hombres pero no, a Gilbert Bielshmith le da por irse con esos dos tipos, ósea ¿Acaso cree que no me cuesta nada arreglarme el cabello en veinte minutos?- se quejaba Feliks dejando a sus amigos atrás y estos solo lo veían irse refunfuñando soltando reclamos al aire.
Todos soltaron un suspiro al sentir que la tempestad que Feliks enojado representaba se iba así que optaron por irse a sus respectivas clases antes de que al ojiverde se le ocurriera regresar para seguir reclamándoles y desquitar su mal humor con ellos.
-Vámonos Kiku… siento que aquí también el ambiente se va a poner un poco pesado- sugirió Alfred al oriental cuando se percató de que Ludwig no le quitaba los ojos a Feliciano, Feliciano desviaba la mirada a todos lados y Lovino veía a los dos anteriores con algo que no parecían buenas intenciones.
-S… si, tienes razón- accedió Kiku caminando también discretamente a un lado de Alfred dejando a los otros tres que se aclararon la garganta al mismo tiempo apenas se quedaron solos.
-Eh… Feliciano ¿Podemos hablar?...- empezó a decir Ludwig mirando rápidamente a Lovino que se cruzaba de brazos y enderezaba la espalda -…a solas…- agregó el ojiazul.
-Tendrás que esperar macho patatas, yo tengo asuntos que tratar con mi hermano primero- dijo entonces Lovino jalando del brazo al menor empezando a caminar.
Feliciano pareció sacar todo el aire que había estado reteniendo en los breves momentos en los que Ludwig se dirigió a él.
-Ve~ gracias por salvarme hermanito- dijo el chico que seguía siendo agarrado por el mayor.
-Pasó algo con ese tipo- dijo entonces Lovino con su eterno ceño fruncido, al escuchar esto su consanguíneo soltó otro "ve~" tembloroso.
-No… no pasó nada- dijo el menor en voz baja. Lovino se detuvo de pronto y empujó sin mucha fuerza a Feliciano contra una pared.
-No te estaba preguntando Venciano, lo estoy afirmando- se le quedó mirando con esos ojos de mafioso que sabía hacen temblar y escupir la verdad a su hermano; Feliciano acorralado contra la pared no se atrevía a decir nada.
-¿Y? ¿Qué pasó con el macho patatas? Si no me lo dices no va ser a él a quien voy a arrancarle los ojos, va ser a ti así que habla- le amenazó Lovino escuchando como su hermano soltaba otro chillido y pasaba sus ojos nerviosamente por todos lados retorciendo sus dedos pues sabía que si le decía algo a su mellizo este correría de verdad a sacarle los ojos a Ludwig o a hacerle quien sabe qué cosa.
-Llevas una semana actuando raro… más raro que de costumbre, tienes la cara roja todo el tiempo y yo sé bien que no es porque tienes "calor" como te la has pasado diciéndole a mamá. Sé que pasó algo con ese idiota porque estás así desde que fuimos a su casa, apenas si le hablas cuando todo este tiempo te la has pasado pegado a él como una lapa, él parece que se quiere acercar a ti pero tú le rehúyes como rata espantada, eres demasiado obvio Vene y para tu mala suerte te conozco mejor de lo que nadie en este mundo te va a conocer así que empieza a contarme o te voy a jalar el rulo hasta hacerte hablar- dijo Lovino acercando su mano a dicho rizo rebelde y apenas lo rozó cuando Feliciano confesó.
-¡Me gusta Ludwig!- gritó tomando su propio rizo entre sus manos para que su hermano no le hiciera nada, cerró los ojos con fuerza, entreabrió uno de ellos solo para verificar que su mellizo siguiera ahí y no hubiera ido ya a romperle los brazos al ojiazul, en cambio ahí seguía Lovino con un rictus de ira en su rostro, una vena palpitante en su cien, un tic nervioso en su ojo derecho y labio superior junto con el entrecejo tan fruncido que sus cejas podrían tocarse en cualquier momento.
-Me gusta Ludwig… y hace una semana se lo hice saber cuándo fuimos a su casa; ahora me da miedo hablar con él porqué ¿Qué tal si me odia? No sé qué hacer- decía Feliciano mientras Lovino parecía intentar recuperarse.
-¿Tienes una bolsa de papel?- preguntó solamente el mayor forzando su voz, su hermano rápidamente buscó en su mochila, se la ofreció y Lovino se la puso en la boca para intentar respirar mejor.
Feliciano veía como la bolsa se inflaba y se desinflaba rápidamente mientras que Lovino no la despegaba de su boca y nariz hasta pasados al menos cinco minutos.
-Vene eres un idiota, toda la vida lo has sido y lo serás hasta el día de tu muerte y el hecho de que te hayas fijado en… esa cosa… te hace todavía más idiota de lo que ya te pensaba- recriminó Lovino de nuevo usando la bolsa para respirar mientras que a Feliciano se le empañaban los ojos de lágrimas.
-Pero…- habló de nuevo Lovino –si ese macho patatas imbécil hijo de puta venido del mismísimo infierno al que prefiero ver pudriéndose mientras su vida es miserable, te odia solo por eso entonces él es más idiota que tú- antes de seguir el de ojos chocolate volvió a respirar con ayuda de su bolsa de papel.
-Ahora lo que tienes que hacer es ir con el muy bastardo, hablar las cosas como los hombres que se supone que son y si te dice que te odia me vienes a decir para arrancarle las bolas y dejarlo sin descendencia porque nadie rechaza a mi idiota hermanito- ordenó el mayor viendo como su mellizo asentía con la cabeza mientras se limpiaba las lágrimas que querían salir de sus ojos.
-Ve~ hermano ¿No te importa que me guste Ludwig?- preguntó tratando de que su voz sonara normal; el mayor soltó un gruñido antes de responder.
-Claro que me importa tonto; yo nunca voy a aceptar esa relación- dictaminó con frialdad notando como Feliciano parecía a punto de llorar otra vez –Aunque no recuerdo que ti te importe lo que yo piense- agregó pasando su mano por la cabeza del menor en una brusca caricia que le revolvió el cabello despeinándolo.
-Ya lárgate que yo necesito ir a la enfermería por un maldito calmante-
Feliciano soltó una serie de risitas al ver a su hermano irse de ahí dando largos y pesados pasos; el muchacho pensó que era una pena que no todos vieran ese lado amable de Lovino y lo tomaran solamente por un insensible agresivo.
Feliciano sacudió su cabeza, era hora de enfrentar sus actos y por primera vez en su vida dejar de actuar como un miedoso así que fue en busca de Ludwig. Sabía que estaría en la biblioteca pues tenían la primera clase libre ya que el profesor había sufrido un colapso nervioso la semana pasada. El castaño se apresuró y rápidamente llegó a la biblioteca evitando a Arthur quien tenía esa manía de siempre regañarlo apenas ponía un pie en su "territorio".
Finalmente encontró al rubio sentado al parecer intentando leer pues no podía concentrarse en su libro pues apenas empezaba a leer un párrafo se daba cuenta de que no le había puesto atención y empezaba de nuevo; ya llevaba así cerca de quince minutos sin poder cambiar de página.
El castaño se sonrió al ver a Ludwig soltando bufidos y frunciendo el ceño en un vano intento de retomar la concentración en su lectura mientras desde debajo de la mesa movía uno de sus pies con desesperación seguro enojado consigo mismo por no poder ni siquiera leer bien. Feliciano se acercó sigilosamente, procurando no ser descubierto por el rubio hasta que estuvo a su lado, se inclinó un poco para hablarle al oído y llamarlo por su nombre; cuando Ludwig volteó sintió las manos de Feliciano tomarle el rostro y besarlo otra vez.
Al diablo con hablar, los besos eran mejores.
El rubio dio un respingo en su silla al sentir de nuevo la boca del italiano apoderándose de la suya, como pudo se separó del muchacho para poder hablar.
-¿Qué haces?- preguntó alterado el rubio, y riendo Feliciano volvió a besarlo sin importarle que estuvieran en la biblioteca o sin importarle que Ludwig estuviera al borde de un ataque de nervios, solo quería besarlo y ya
-Espera ¿Por qué lo haces?- cuestionó de nuevo el ojiazul y apenas terminó de hablar Feliciano de nuevo lo besó sin darle tiempo a seguir recriminando.
-¿Por qué se besan las personas Ludwig?- esta vez fue Feliciano quien preguntó, hablando sin despegar sus labios de los del alemán que miró a los ojos almendrados de Feliciano que parecía dispuesto a seguir con sus muestras de cariño.
Porque se quieren… pensó el ojiazul viendo con ojos bien abiertos al muchacho sintiendo su cara arder y sus mejillas pintarse de un rojo intenso.
-Exacto- dijo Feliciano como si acabara de leerle la mente a Ludwig; lo tomó por las manos indicándole que se levantara y el rubio así lo hizo; por incontable vez lo besó sin soltarlo, esta vez fue correspondido. Seguramente Ludwig tampoco necesitaba hablar, como bien dicen por ahí: una acción vale más que mil palabras.
-Vámonos de aquí antes de que Arthur venga a atacaros con libros- dijo Feliciano jalándolo de las manos para salir de ahí.
Ludwig no sabía lo que eran ahora, si eran novios o amigos que "se querían mucho" la verdad no estaba seguro si era realmente importante ponerle una etiqueta a su relación; porqué así como había gente que salía y se besaba sin quererse, había gente que no se besaba ni se tocaban a pesar de quererse; el rubio en ese poco tiempo que había pasado en el mundo exterior se había dado cuenta de que nada era lo que parecía así que mientras él estuviera seguro de lo que sentía y Feliciano le demostraba a su vez lo que él sentía, los nombres que le podrían poner a su relación salían sobrando.
Los chicos salieron casi corriendo de la biblioteca riendo como si acabaran de hacer algún tipo de travesura, pasando a un lado de Francis sin reparar en su presencia y el galo solo los vio irse tomados de la mano cosa que lo hizo sonreír un poco, después de todo era un romántico.
Francis se pasó por las estanterías de libros buscando a cierta persona en especial, al único ermitaño que pasaba más tiempo en la biblioteca de la escuela que en sus clases o en su casa, el único que sacaba notas perfectas y aun así le daba tiempo de devorar libros y por el único que había tomado el riesgo de salir de su zona de confort.
-Arthur, aquí estás- dijo cuando encontró al mencionado, encogiéndose de hombros asustado cuando escuchó su nombre siendo pronunciado con aquel acento afrancesado.
-Otra vez tú… lárgate de aquí- dijo Arthur armándose con algún libro que sacó de la estantería contigua.
-Es la biblioteca de la escuela así que puedo estar aquí todo el tiempo que quiera- molestó Francis recargándose en el librero mientras que Arthur chasqueó molesto la lengua.
-Entonces mantente alejado de mí- le ordenó el ojiverde comenzando a alejarse de ahí pero empezó a ser seguido por el galo que iba unos pasos detrás.
El británico no se detenía, iba de un lado a otro, de una estantería a otra, de una mesa a otra y cada paso era fielmente seguido por Francis que parecía estar divirtiéndose con esa ridícula persecución.
-No importa a donde vayas mon amour no te voy a dejar ir- dijo cantarinamente Francis cuando Arthur por fin se detuvo irritado.
-¡¿Qué quieres de mí, maldita sea?!- gritó exasperado el de cejas tupidas y el galo se acercó a él rápidamente acorralándolo contra uno de los libreros.
-Que me aceptes, eso quiero- respondió poniendo ambas manos a cada lado del rubio para no dejarlo escapar.
-Púdrete- dijo Arthur queriendo empujar a Francis pero este se lo impidió tomándole la mano y clavando sus ojos azules en lo del inglés.
-Estoy hablando en serio Arthur- dijo en un tono más apagado, su acento francés fluía con sus palabras y no se escuchaba tan exagerado como de costumbre.
-Yo también estoy hablando en serio. Si estás buscando entretenerte entonces ve con alguien más para que haga de tu juguete y déjame en paz.- espetó Arthur queriendo soltarse y alejarse de ahí pero Francis se lo impidió jalándolo de nuevo y esta vez azotándolo contra el librero el cual tembló de manera peligrosa haciendo temblar los libros que amenazaron con caerse.
-¡Deja ya esa maldita actitud! Por primera vez te estoy hablando en serio- le recriminó Francis sorprendiendo un poco a Arthur que sintió un dolor en las partes en las que su espalda había chocado con las estanterías.
-¡¿Cuál maldita actitud?! Tú eres el que viene a joderme cuando yo nunca te he hecho nada; si, está bien que te haya dicho que tal vez te quiero pero eso no te da derecho a venir a molestar y pretender que quieres algo serio conmigo ¿Qué acaso no te remuerde ni tantito la consciencia jugar así con las personas?- preguntó ahora Arthur empujando con fiereza a Francis el cual le respondió el empujón y de nuevo los libros temblaron junto con el librero.
-Esto no es un juego Arthur, no estoy jugando… estoy aquí diciéndote… no, pidiéndote que me aceptes y que me des una oportunidad pero tú lo único que estás haciendo es comportarte como un imbécil huyendo de mi- dijo Francis intentando tranquilizarse.
El galo relajó su semblante y se acercó aún más a Arthur de nuevo acorralándolo contra el librero haciendo que este no pudiera retroceder, con sus ojos zafiro recorrió el rostro enojado de Arthur y luego le puso una mano en la mejilla acariciándola pasando a tocar ese cabello rebelde amarillo.
-Ya no escapes Arthur… no te escondas de mi- comenzó a decir Francis en un tono tenue, de nuevo su acento hacia parecer que las palabras estuvieran a punto de derretirse en su garganta a medida que acercaba su rostro al del británico y hacía que su larga y respingada nariz rozara con la puntita redonda de la de Arthur… sintiendo cerca de su piel la respiración desacompasada del británico que pareció entonces el doble de enfurecido y le dio otros dos fuertes empujones.
-¿¡Escapándome!? ¿¡Escondiéndome!? ¿No es de ti de quien estás hablando maldita cara de rana?- gritó Arthur sin dejar de empujar a Francis que fue a dar al librero de enfrente esta vez sí tiró algunos libros que fueron a caerle a alguien a otro lado pues se escuchó un quejido.
-¡Tú eres el maldito cobarde aquí! ¡Tú eres el que se esconde, te escondes en tu imagen, en tu ropa, en tu manera de hablar! ¡Tú eres el único aquí que se escapa, te escapas de las personas y lo peor de todo es que las usas, mueves tus malditos hilos desde tu escondite y haces que hagan lo que tú quieras, las enamoras y te importa una mierda lo que pase con ellas cuando te aburres!- Arthur gritaba sin ningún recato y sin dejar de darle de empujones a Francis por cada frase dicha.
-¡Si, si me escondo!- gritó ahora en respuesta Francis tomándole con fuerza los brazos para detenerle, acercándolo tanto como si con ello el ojiverde lo escuchara mejor –¡Pero tú no eres muy diferente de mí! Yo me escondo del amor tal vez, sin embargo tú eres peor porque tú te escondes de las personas aquí en la biblioteca, te escondes atrás de tus estudios, de tus libros de tus sarcasmos, te escondes atrás de esta personalidad arisca. Al menos yo me atrevo a acercarme a la gente tú ni siquiera eso y la prueba está aquí mismo, yo vine a decirte todo esto, estoy aquí viéndote a los ojos exponiéndome y terminé encontrarme con un cobarde- dijo Francis apretando sus brazos una última vez antes de soltarlo con violencia probando que diera un par de traspies y yéndose de ahí.
Arthur se quedó en su mismo lugar respirando de manera agitada sintiendo sus brazos palpitar por el fuerte agarre del francés.
-Déjame en paz maldita rana- dijo en voz baja agachándose hasta quedar en cuchillas abrazándose a si mismo dando la impresión de que estaba protegiéndose de algo.
-¿Otra vez ustedes? Si no terminan esta historia van a empezar a aburrirme y el ser inmortal ya es lo suficientemente aburrido- comentó entonces el único chico de toda la escuela que alardeaba el hecho de poseer vida eterna
Bladimir llevaba algunos libros en brazos y los volvía a poner en las estanterías de donde minutos antes se habían caído.
-¿Tú que haces aquí? ¿Eres el espíritu de la biblioteca o qué?- dijo Arthur viendo al chico que esa vez solo llevaba su ropa negra acostumbrada y un pequeño sombrero de copa ladeado en su cabeza.
-No quiero escuchar eso de ti- respondió el muchacho terminando de guardar los libros en su respectivo lugar, a veces alzándose de puntillas para alcanzar las estanterías más altas mientras que Arthur se levantaba tratando de retomar la compostura y actuar como el viejo amargado que a veces parecía.
-Así que ¿Vas a dejar de hacerte tonto y aceptar a Francis o seguirás pretendiendo que no te afecta nada de lo que te dice?- dijo Bladimir sacudiéndose las manos tras haber puesto todos los volúmenes en orden.
-Cállate, no hables como si esto fuera una cosa tan fácil- dijo Arthur haciendo a un lado a Bladimir para acomodar correctamente los libros.
-Pero lo es, solo es cuestión de decir "si". No sé porque los mortales hacen todo tan difícil, pensando todo el tiempo en lo que va a pasar en el futuro cuando no están ni seguros de lo que va a pasarles en los siguientes segundos; deberían solo dejarse llevar y que las cosas sucedan en lugar de estarse mortificando por algo de lo que ni siquiera están seguros- decía Bladimir de nuevo en ese tono que pretendía sonar sabio sin lograrlo.
Arthur estaba a punto de contestarle pero alguien más se le adelanto.
-Blad deja de meterte en los asuntos de otros, ya te he dicho que dar consejos sin que te los pidan es de mala educación y no, no te hacen ver como si hubieras vivido siglos de experiencia en la no-vida- dijo un muchacho de cabello negro y ojos verdes tomando de la muñeca a Bladimir para llevárselo de ahí.
-Lo siento, no volverá a pasar- se disculpó el mismo chico moreno jalando al supuesto vampiro que se quejaba haciendo berrinches infantiles.
Arthur solo vio a los chicos alejarse, el búlgaro no soltaba a Bladimir y este solo se dejaba arrastrar aun soltando discursos extraños. El británico terminó de acomodar los libros y tomó asiento en una de las mesas… ni siquiera tenía ganas de leer, por primera vez en toda su vida sus mejores amigos no podían ayudarlo por lo tanto optó por recargar sus brazos en la mesa y apoyar su cabeza en ellos para dormir, prefería estar en cualquier lugar de sus sueños que ahí en la escuela después de aquella discusión con Francis. Estúpido Francis… estúpidas palabras… estúpidos sentimientos… estúpida realidad.
El ojiverde cayó profundamente dormido sin importarle realmente que hubiera gente ahí que pudiera armar una anarquía en la biblioteca, cosas como poner las fichas bibliográficas en desorden y otro tipo de actos terroristas como esos; por lo tanto dejó que el tiempo pasara mientras él seguía sumergido en su somnolencia hasta que tres horas después el altavoz de la escuela lo despertó.
Una música ñoña era la que avisaba al alumnado que la dirección daría un mensaje así que todos suspendieron un momento sus labores para escuchar lo que el director tenía que decir.
-¿Está encendido? ¿Esto ya está encendido?- preguntaba una voz que definitivamente no era la del director, más bien parecía la de cualquier otro chico el cual se aclaraba la garganta.
-Lovino Vargas, Lovino Vargas preséntese en el auditorio de la escuela y el resto del alumnado también ¡Lovino Vargas si no se presenta será suspendido por una semana entera!- decía la voz que pretendía sonar adulta sin muchos resultados.
Lovino que estaba en la enfermería tratando de recuperarse aun de la impresión de aquella mañana se removió en la camilla en la que estaba recostado se pasó una mano por la cara viendo la bocina que estaba en una esquina superior de la pared. Podía jurar que aquella voz era la de Gilbert pero no podía creer que el albino fuera tan idiota como para tomar la cabina de la escuela y dar un anuncio estúpido como ese.
-Esta maldita gente me quiere destrozar los nervios- masculló levantándose de la camilla, estirándose y saliendo de ahí para ir al auditorio viendo como todos los alumnos parecían confundidos e incluso los profesores. Uno a uno iban entrando a la sala, tomaban sus lugares viendo que en el escenario no había nada, solamente la vieja pianola que usaban de vez en cuando en las presentaciones del coro a las que nadie le hacía caso.
-Lovi ¿Qué hiciste esta vez para que te llamen aquí? ¿Ósea ya has llegado a otro nivel y amenazas maestros con armas de fuego?- preguntó Feliks que llegaba junto con el resto del Losers club.
-Por supuesto que no, yo tampoco tengo idea de por qué me están llamando, más vale que sea por una buena razón- dijo el italiano buscando una butaca libre para sentarse junto con sus amigos mientras que Feliks se quedaba buscando con la mirada al miembro faltante hasta que lo encontró entrando al auditorio algo apresurado.
-Gilbo amor, respira ¿De dónde vienes?- preguntó viendo al muchacho intentando tomar aire mientras reía de manera traviesa.
-No me digas que… ¿Fuiste tú el que dio el anuncio?- preguntó señalando al albino quien le pasó el brazo por el cuello al rubio para acercarlo.
-Verás Feliks, hay veces en las que un hombre tiene que hacer cosas de hombre- contestó encogiéndose de hombros.
-Como que voy a tomar eso como un "si" aunque ¿Para qué llamaste a Lovino? El tipo está como que a punto de romper narices- comentó Feliks que seguía siendo medio abrazado por Gilbert así que le pasó una mano por la cintura y metió su mano en el bolsillo trasero del ojirrojo con toda naturalidad, igualmente este no dijo nada al respecto.
-Ya lo verás- se limitó a contestar Gilbert sonriéndole al rubio y el ojiverde le correspondió.
El auditorio de pronto se obscureció, la luz del reflector se centró en el escenario en donde apareció Antonio, risueño como galán de telenovela llevando un micrófono en la mano al que le dio unos golpecitos apenas llegó al centro del escenario en donde tuvo que entrecerrar un poco los ojos para acostumbrarse a la luz.
-Hola a todos, perdón por haberlos sacado de sus clases, perdón también a los profesores- dijo soltando unas risitas que provocaron unos cuantos gritos eufóricos por parte de las chicas que parecían querer arrojarse al escenario y arrancarle la ropa.
-Mis amigos y yo tomamos prestado el auditorio para dar un anuncio importante a cierta persona- siguió diciendo el muchacho saludando a Francis que estaba en una de las butacas de hasta atrás con una cara no muy feliz pero aun así respondió el saludo mientras que Gilbert se esforzó en que su saludo fuera notado por todos los presentes.
-Verán… es algo vergonzoso de admitir pero desde hace un tiempo he estado enamorado de "cierta persona"…- comenzó a decir el castaño y todos inmediatamente voltearon a ver a Emma que solo alcanzó a reír un poco nerviosa mientras que Lovino oculto entre la multitud se decía para sus adentros que esperaba que el español no estuviera hablando de él aunque sus miedos fueron confirmados cuando el castaño volteó a verlo y sonrió como un bobo.
Lovino articuló con su boca un "vete a la mierda" que hizo reír de manera forzada a Antonio quien decidió seguir con su discurso dicho enfrente de todo el alumnado.
-Yo he hecho de todo para que se fije en mi pero creo que no cree que de verdad estoy enamorado, a veces me hace sentir un poco estúpido por eso- contaba Antonio jalando el banquillo de la pianola para sentarse como si estuviera diciendo alguna especie de monologo mientras todos seguían sin quitarle los ojos de encima a Emma y algunas chicas incluso le daban golpecitos con el codo a la chica.
-¡Porque eres estúpido!- gritó entonces Lovino desde su lugar ganándose por ello varios abucheos por parte de la audiencia y le arrojaron pelotitas de papel y algunas otras cosas.
-Esta persona a pesar de que a veces me trata mal siempre tiene palabras de ánimo para mí cuando las necesito, me ha enseñado varias cosas y me ha dado el mejor consejo que alguien pudo haberme dado así que hoy voy a ponerlo en práctica: Voy a demostrar que no me importa lo que la gente diga y le mostraré lo que siento- dijo decidido.
La gente alrededor de Emma intentaban obligarla a levantarse de su butaca para que fuera al escenario pero la chica se resistía pues estaba consciente de que Antonio no estaba hablando de ella. Fue entonces que el español se levantó del banquillo, agarró el micrófono entre sus manos, tomó tanto aire como pudo y…
-¡LOVINO TE AMO!- gritó a todo pulmón.
Los presentes tuvieron que cubrirse los oídos por el zumbido insoportable que las bocinas produjeron después del tremendo grito que retumbó por todo el auditorio y tal vez hasta en los pasillos.
Después de que el zumbido paró y todos acallaron sus quejas, el lugar quedó en completo silencio, los ojos de la gente buscaban desesperados al tal Lovino y este estaba con los ojos abiertos como platos y la cara tan roja que casi le brillaba; el italiano se dejaba resbalar por la butaca hasta que cayó al suelo y estando ahí quiso escapar a gatas.
-¡Ahí está!- gritó algún maldoso señalando y evidenciando a Lovino que maldijo y se levantó para huir pero apenas iba llegando a la puerta Gilbert, que se había separado repentinamente de Feliks, se lo impidió.
El italiano estaba a punto de golpear a Gilbert para que lo dejara pasar sin embargo al alzar el puño otra mano lo detuvo jalándolo y forzándolo a voltearse; no era otro más que Antonio el cual había bajado del escenario para correr a su encuentro así que habiéndolo hecho voltear lo acercó a él para plantarle un beso en los labios que provoco gritos el doble de fuertes que el que Antonio había dado antes.
Se escuchaba el llanto desgarrador de algunas chicas, los bitores de otros y algunos insultos mientras Antonio tomaba por la cintura a Lovino el cual estaba petrificado, solo alcanzaba a sentir la boca del ojiverde y el brazo de este rodeándole la cintura con fuerza. Las voces de la gente le taladraban los oídos y podía sentir los ojos de todo mundo sobre él perforándolo… era insoportable… toda esa atención era insoportable.
Aun con Antonio besándolo pudo percibir las manos del castaño subiendo hasta sus orejas opacando todo el ruido.
-¿Recuerdas lo que me dijiste? No tienes por qué escucharlos- le dijo pegando su frente a la de Lovino hablándole en un tono de voz bajo para que solo él pudiera escucharle.
El italiano aun aterrado miró a todos lados viendo como la gente lo miraba sin recato y como hablaban de ellos apuntándolos con el dedo, luego vio a Antonio que parecía estar como si nada y tras intentar tranquilizarse pensó que si la gente iba a hablar, cuchichear, señalarlo, criticarlo y juzgarlo entonces les daría a los bastardos muy buenas razones para que al menos toda esa habladuría valiera la pena así que tomó por el cuello de la playera al español y también lo besó.
Era un beso salvaje que provocó por segunda vez gritos atronadores en todo el lugar. Antonio se sonrió en medio del beso y pasó sus manos a la nuca de Lovino para buscar una posición más cómoda sintiendo como el italiano estaba temblando de pies a cabeza y su cara parecía estar sufriendo aunque el sonrojo en sus mejillas desmentía esto último.
-No entiendo…- dijo Lovino habiéndose separado unos milímetros del castaño sin atreverse a mirarlo a los ojos. –No entiendo ¿Si a mí me importan un carajo las personas… porque yo habría de importarle a alguien?- preguntó ignorando al resto que eran regañados por los maestros los cuales intentaban tranquilizarlos.
-Será porque yo no soy cualquier persona- respondió Antonio acercándolo de nuevo para seguir besándose en medio de aquel ajetreo que había en el auditorio en donde al parecer Emma era la más emocionada al estar vitoreando y animando a la nueva pareja subida en las butacas junto con otras personas aunque por otro lado algunas chicas lloraban desconsoladas y el resto encontraban en ello un buen pretexto para el desorden.
-¿Tú planeaste esto?- preguntó Feliks viendo a Antonio y Lovino mientras Gilbert parecía regodearse orgulloso de su trabajo.
-Yo planeaba que le cantara una canción porque en Glee siempre funciona pero Toño dijo que le daba pena cantar así que terminamos haciendo esto kesesese. Soy un genio- comentó el albino mientras que Emma y Francis se acercaban a él.
-Bien hecho mon ami, parece que esto ha salido a pedir de boca- le felicitó el galo dándole un breve abrazo a Gilbert que sonrió más ampliamente por el gesto.
-¡Se ven tan lindos juntos!- dijo entonces con tono soñador Emma poniendo sus manos en su pecho y soltando un suspiro teatral. -También quiero enamorarme y vivir mi propia historia de amor- dijo la chica riendo delicadamente.
-Pues creo que aquí Gilbert está disponible- comentó Francis empujando ligeramente a Emma para pegarla a Gilbert que se apenó un poco por esto.
El brazo de la joven apenas rozó el del muchacho pues inmediatamente este fue jalando con tremenda fuerza por Feliks, después de todo el ojiverde era hombre y tenía la fuerza de uno.
Gilbert casi se va de lado cuando sintió el jalón y volteó a ver a Feliks que daba la impresión de estar enojado, también Francis y Emma se percataron de esto pues se miraron entre ellos un poco descolocados.
-¿Qué te pasa?- preguntó el ojirrojo confundido y el rubio pareció reaccionar de pronto.
-Na… nada, tenías una pelusa en tu ropa- se excusó Feliks riendo nervioso.
-¿Y por eso casi me arrancas el brazo?- preguntó Gilbert que se frotaba su brazo.
-Huy ósea no exageres mi amor, si apenas fue un jaloncito; se supone la nena aquí soy yo- dijo el rubio soltando un bufido al final malhumorado otra vez.
-Será mejor que nosotros nos vayamos antes de que se aparezca el director, tú deberías hacer lo mismo Gil- intervino entonces Francis dedicándole una sonrisa galante al albino saliendo de ahí acompañado de Emma junto con el resto de alumnado que tras haber sido domado por los profesores salían en "orden" de ahí.
Gilbert volvió a engancharse a Feliks haciendo caso omiso de su mal humor pasándole un brazo por la cintura apoyando su mano en el pantalón del rubio mientras que este hacía lo mismo pero metiendo de nuevo su mano en la bolsa de atrás del albino empezando a caminar fuera del auditorio en donde Antonio y Lovino seguían haciéndose un examen completo de bocas. Ambos iban en silencio, cosa demasiado rara para esos dos que cuando estaban juntos nunca paraban de hablar.
-¿Qué tienes?- preguntó entonces Gilbert sin soltarse del ojiverde mientras caminaban con pereza y con sus pasos coordinados.
-Yo nada, estoy como que súper bien como siempre- respondió Feliks en un tono no muy convincente.
-No es cierto, no estás emocionado por Antonio ni por Lovino, ni siquiera has dicho nada al respecto. Estás raro- comentó el ojirrojo mirando directamente a su amigo que se forzó a reír.
-Gilbo hasta pareciera que no me conoces, obvio estoy como que totalmente emocionado por mi Lovi y no sé a qué te refieres con raro, tal vez no te has dado cuenta pero mi estado natural ya es raro- respondió el chico sin soltar al peliblanco y metiendo su mano libre en su propio bolsillo.
-Pero hoy estás más raro… como raro diferente- intentó explicarse el albino llevándose una mano a la barbilla buscando las palabras exactas –Parece que estás tris…-
-¡Bielshmith!- gritó entonces una voz que hizo temblar al chico y soltó de inmediato a Feliks para voltear a ver al director que jalaba de una oreja a Antonio y a Francis arrastrándolos para que lo siguieran.
-Tú, a mi oficina ¡Ya mismo!- ordenó el profesor a lo que Gilbert dio un brinquito por el tono del maestro, el cual fue llevado a la fuerza hasta el baño de profesores, encerrado bajo llave y dejado ahí todo el rato que duró la confesión de Antonio; todo aquello perpetrado por los tres malos amigos.
-No se ponga así profesor- dijo Gilbert separándose de Feliks y yendo hasta el maestro tratando de ocultar las risas maldosas que contagiaron a Antonio y Francis haciéndolos reír entre dientes a ellos también.
El profesor soltó al rubio y al castaño dejando que caminaran detrás de él mientras los chicos hablaban y reían en voz baja, haciendo pantomimas detrás del maestro a modo de burla. Feliks vio a los tres chicos alejarse y se dio media vuelta.
-Eres tú el que está actuando raro- murmuró el ojiverde siguiendo con su camino mezclándose entre la gente que regresaba a sus aulas e ignorando a sus otros amigos pues iba demasiado concentrado en sus propias preocupaciones.
Kiku que pasó a un lado de él quiso hablarle pero el rubio lo pasó de largo sin percatarse de su presencia así que el asiático buscó a Feliciano pero este iba con Ludwig y corría hasta Lovino que caminaba como un zombie por lo tanto al intentar hablarle otra vez fue ignorado por el entusiasmado italiano. El japonés soltó un suspiro y esta vez buscó a Alfred que iba por todos lados también buscando a alguien así que no tuvo oportunidad de acercarse, fue entonces que alcanzó a divisar a Sadiq quien iba siendo escoltado por Heracles y Gupta, pensó en saludarlo, después de todo llevaba cerca de una semana evitándolo y no quería que el turco malinterpretara su distanciamiento, pero una vez más, como si todo mundo estuviera empeñado en ignorarlo ese día, Sadiq ni siquiera se dignó a mirarlo, pasó a su lado como si este no existiera.
En ese justo instante en el que el turco pasó a su lado rozándolo apenas y no recibió ni siquiera una mirada o un gesto que le hiciera ver que había notado su presencia, Kiku sintió que efectivamente dejaba de existir... volteó su cabeza solo para verificar que Sadiq tal vez lo estuviera viendo pero solo estaba la espalada del moreno alejándose de ahí y perdiéndose entre la gente.
¿Por qué una acción insignificante como la de caminar a un lado suyo sin notarlo… le hacía sentir… vacío?
Kiku prefirió seguir con su camino, ahora era él quien pasaba de largo a todas personas, de alguna manera le recordaba a sus viejos tiempos y al parecer los antiguos hábitos nunca desparecen por completo.
Y Kiku era tan bueno en ignorar a las personas que Feliciano ni siquiera notó cuando esté caminó a un lado de él, o sería que Feliciano estaba más interesado en molestar a su hermano preguntándole acerca de Antonio.
-Ve~ hermano ¿Por qué no me dijiste que también tienes alguien que te gusta?- decía el castaño pegándose al mayor que ahora parecía que el rojo de sus mejillas ya era su color natural.
-¡No me gusta nadie!- contradijo alterado Lovino queriéndose separarse de su consanguíneo mientras Ludwig que estaba cerca solo suspiraba un poco acostumbrado a las rencillas entre los hermanos.
-Romano mentiroso… te gusta Antonio- le dijo en un tonito maldoso su mellizo acercándose más a su hermano mientras este negaba efusivamente con la cabeza.
-¡No!- contradijo el mayor poniendo sus puños a cada lado de la cabeza de Feliciano enterrando sus nudillos en las sienes de Feliciano dándoles vuelta escuchando como este lloriqueaba.
-Si te gusta, si te gusta- chillaba y afirmaba el muchacho intentando quitarse las manos de Lovino empezando así otra de sus típicas peleas infantiles.
Feliciano fingiendo que se liberaba de Lovino puso su cara a un lado del de ojos marrones para poder hablarle al oído.
-Tú también tienes mala suerte hermanito, yo igual te conozco mejor de lo que nadie te va a conocer y sé que te gusta Antonio ve~- le dijo aun pretendiendo que forcejeaba con su hermano, este a su vez siguiéndole el juego le pasó un brazo por la cabeza para hablarle igualmente al oído mientras todos pensaban que peleaban.
-Si le dices a alguien te mato- le amenazó Lovino soltando por fin a su mellizo que se lajeó de él.
-¡Pero ya toda la escuela lo sabe!- dijo Feliciano enganchándose al brazo de Ludwig para irse de ahí antes de que Lovino corriera a matarlo.
-¿Cuándo será el día en que ustedes dos no terminen peleándose?- preguntó Ludwig masajeándose el puente de la nariz mientras que el italiano reía tontamente columpiando sus brazos animado.
-No nos estábamos peleando, estábamos hablando. Es solo que mi hermano es demasiado tímido para decir las cosas directamente- explicó Feliciano y Ludwig no le creyó nada, para él Lovino era todo menos una persona tímida que tenía cierta incapacidad para hablar abiertamente de sus sentimientos por una extrema vergüenza, para Ludwig Lovino solo era un loco agresivo que disfrutaba molestando a su hermano menor.
Sin darle más importancia a esto, los chicos siguieron entre el murmullo y el revuelo que había ocasionado la repentina confesión de Antonio, ahora todos parecían extrañamente interesados en Lovino y este solo se esforzaba por pasar desapercibido antes de tener que golpear unas cuantas caras ¿No podían solo ponerle más atención a Alfred? Estaba hablando muy tranquilamente con Natasha y nadie parecía notarlo, en otro tipo de situación esto ya hubiera provocado la envidia de los hombres y las chicas no pararían de hablar como locas por ver a la súper popular y a la vez odiada Natasha hablando con un perdedor con toda naturalidad como en ese mismo momento.
Alfred había logrado alcanzar a Natasha entre el tumulto de gente y para su sorpresa esta había aceptado hablar con él y no ignorarlo haciendo como que no existía como en otras ocasiones.
-Que sorpresa lo de Antonio ¿verdad?- dijo el ojiazul intentando forzar una conversación después de saludar a la chica que lo miraba inexpresiva.
-¿Por qué sorpresa?- preguntó Natasha con la misma cara estoica poniendo nervioso al rubio.
-Pues… porque es extraño que alguien tan popular se fije en alguien como Lovino, mejor dicho ya es raro que alguien se fije en Lovino- especificó el muchacho pensando en la pésima actitud del italiano mientras que Natasha tan solo tomaba un mechón de su largo cabello platinado y fingía estar muy interesada en sus puntas perfectas.
-No creo que sea tan raro que alguien popular esté interesado en otra persona que no lo sea tanto- comentó Natasha sin atreverse a ver a Alfred a la cara siguiendo concentrada en su cabello.
-¿A ti te gusta alguien que no sea popular?- preguntó con tristeza Alfred, su voz había bajado de tono y sus ojos parecían perder ese brillo de siempre.
-¡No!- dijo la chica alzando la voz nerviosa junto con su mirada al mismo tiempo que sus mejillas se pintaban de un ligero rosa pastel. –Ah… yo… solo decía lo que pensaba- agregó la chica volviendo de nuevo su atención a su cabello cepillándolo con sus dedos bajando la mirada.
La campana que daba anuncio a la hora del receso sonó y todos los alumnos parecieron perder la calma y alborotarse al escuchar el timbre así que ignorando de nuevo a todos los profesores corrieron a la cafetería como si su vida dependiera de ello.
-Justo a tiempo-dijo Alfred retomando su sonrisa y buscando algo entre sus cosas hasta sacar un recipiente que le extendió a Natasha.
-Mi madre preparó pastel de manzana, amo el pastel de manzana y quise traerte una rebanada. Tiene muchísimas calorías, creo que mamá adora la mantequilla y tal vez te sirva para subir de peso- decía el muchacho pensando que si le estuviera diciendo eso a cualquier otra chica esta ya le hubiera dado una bofetada y le hubiese dejado la mano marcada en la cara, pero Natasha no era cualquier otra chica así que cuando tomó el pastel no pudo evitar soltar unas risitas divertidas por los comentarios.
-¡Te hice reír!- señaló Alfred sonriente a lo que Natasha se cubrió la boca como si hubiera hecho algo malo.
-¡No es cierto!- negó ella con el rosa de sus mejillas haciéndose más intenso.
-Si es cierto, tengo que darte pastel de manzana más seguido entonces- bromeó el chico haciendo reír de nuevo a la chica que otra vez se tapó la boca avergonzada de sus propia risa.
-Disfruta el pastel y dime si te gustó, tengo que irme- dijo Alfred viendo a sus amigos dirigiéndose a la cafetería.
-Gracias… otra vez…- solo alcanzó a decir Natasha en voz baja a lo cual Alfred solo sonrió despidiéndose de ella encaminándose también a la cafetería.
El rubio iba caminando tarareando alguna canción de su gran repertorio friky, sentía que la vida le sonreía, que todo era bueno y el universo confabulaba para que su vida preparatoriana empezara a brillar y ser perfecta, así que llegó a la cafetería sintiéndose como un verdadero héroe, caminó con todo el estilo que pudo hasta su mesa y llegó con sus amigos que apenas estaban tomando asiento.
-Hey Lovino ¿Podrías contagiarme tantito de tu buena suerte para ligar gente popular? La necesito- le dijo al italiano restregándose contra él haciéndolo enojar.
-¡Déjame en paz imbécil!- espetó el chico haciendo reír a Alfred que se sentó a su lado.
-¿Y dónde está Gilbert? ¿Por fin cumplió su cometido y convirtió al dúo en un trio de malos amigos?- preguntó notando la ausencia del albino.
-Ósea Alfie mantén esa ñoña boca cerrada, a Gilbo lo están regañando en la oficina del director por ser un idiota pero nada más- contestó de mala gana Feliks que solo estaba sentado con los codos recargados en la mesa.
-Ve~ pero también se está llevando muy bien con Francis y Antonio, últimamente siempre están juntos todo el tiempo- comentó Feliciano a lo que el rubio lo miró un momento inexpresivo y luego se limitó a guardar silencio solo dibujando círculos con su dedo en la mesa mirando a la nada sin poner atención al resto de la conversación en donde seguían comentando acerca de Gilbert y sus nuevas amistades aunque también de Lovino y su nueva relación a lo cual el italiano se la pasaba negando el tener algo con Antonio.
Feliks solo salió de su ensimismamiento cuando alguien se puso a un lado de la mesa, el ojiverde giró sus ojos hacía la persona en cuestión, irguió su espalda al instante en que vió a Sadiq. Todo el Losers club de pronto se quedó callado y tenso, desviaron de inmediato los ojos del turco fingiendo que no lo veían, todos menos Kiku que se sorprendió de ver al moreno ahí.
-Hola- saludó el muchacho arrastrando la voz, empujó a Feliciano y a Ludwig haciéndolos a un lado para quedar a la derecha de Kiku.
-Muévanse idiotas- les ordenó haciendo que Feliciano casi cayera al piso al quedar al filo del asiento.
-¿Por qué tan callados? No se pongan así solo vine a hablar con el buen Honda- dijo Sadiq pasándole un brazo por el hombro a Kiku que sintió la fuerza del muchacho, y volteó a verlo extrañado por el hecho de que le llamara por su apellido y no por su nombre de pila como hacía usualmente.
-Oigan no me miren de esa manera ¿Acaso él nunca les dijo que somos buenos amigos?- dijo en un tono sarcástico que hizo temblar a Kiku aún bajo el abrazo de Sadiq que se sentía incómodo por la fuerza innecesario que este estaba poniendo al presionar sus hombros y su cuello.
El turco tenía una sonrisa sardónica en su rostro, no era amable ni agradable como otras que le había regalado… era una sonrisa que daba miedo… ese no parecía ser el Sadiq que Kiku conocía.
-Kiku no podría ser amigo de alguien como tú- contestó entonces Feliks con la voz temblorosa, viendo solo por segundos a Sadiq para después desviar la mirada otra vez. El asiático estuvo a punto de replicar pero el pelinegro se le adelantó soltando lo que parecía un gruñido mientras la sonrisa de antes se desvanecía.
-Si… en eso tienes razón, no hay manera de que sea mi amigo- dijo el turco ahora mirando con frialdad al asiático, arrebató la lata de refresco que Alfred tenía frente a él y la derramó justo sobre las hojas en las que Kiku minutos antes terminaba de dibujar su manga, derramó hasta la última gota de la bebida en los dibujos y el nipón no pudo hacer nada.
Sadiq dejó caer la lata sobre las empapadas hojas y acercó su boca al oído de Kiku que seguía pasmado.
-Hipócrita- le susurró al odio levantándose y volcando de paso la mesa tirando el manga mojado y todo lo que había ahí.
Los chicos se levantaron de inmediato antes de que toda la comida se les cayera encima escuchando a todos los presentes en la cafetería reír burlándose de ellos mientras que Kiku solo se agachaba para tomar de nuevo sus hojas, viendo como el trabajo de tantas noches en vela escurría en tinta y refresco, las viñetas a las que tanto empeño les puso, las líneas, paisajes, personajes, la historia en la que se quebró la cabeza, el regalo que iba a ser para la persona que justo acababa de destruirlo…
Feliciano intentaba ayudarle a recoger todo mientras Kiku se manchaba las manos de tinta y escuchaba las risotadas de todos al tiempo que un nudo se formaba en su garganta y no lo dejaba respirar, las manos le temblaban y su labio inferior también, el respirar de verdad se le dificultaba y soltaba resoplidos como una reacción a la rabia que sentía en ese momento.
¿Por qué? ¿Por qué Sadiq acababa de hacer eso? ¿Por qué llegó a pensar que era una buena persona? ¿Por qué pensó que las personas podían ser buenas? ¿Por qué la gente se reía de él? ¿Por qué la gente humillaba? ¿Por qué la gente tenía que ser… tan… maldita?
El asiático terminó de levantar su manga y tomó las páginas que Feliciano le había ayudado a levantar también.
-¡Sadiq!- rugió el japonés al levantarse omitiendo su típico honorifico al final del nombre, el mencionado volteó y antes de poder decir algo Kiku le arrojo con todas sus fuerzas el manga, Sadiq se cubrió con el brazo para que este no le diera en la cara.
Dando zancadas el moreno se puso frente a Sadiq y pegó su mano en el pecho del turco con tanta fuerza que lo hizo retroceder.
-Yo pensé… en serio pensé que te ibas a quitar esa maldita mascara, pero creo que después de todo este tu verdadero rostro- le dijo con una voz que sonaba áspera y forzada, le dio otro empujón y se alejó de él.
Sadiq notó que Kiku al empujarlo en la mano llevaba una página del manga medio mojada, el moreno la vió encontrando para su pesar el dibujo del protagonista de la historia. Abarcaba la hoja entera, se veía al malvado emperador sentado tranquilamente entre almohadones sonriendo relajadamente mirando a un punto de la nada recargando su barbilla en una mano y en la otra cargando el antifaz dejando ver un rostro apacible que sin duda recordaba al mismo rostro que Kiku había visto aquella noche en el parque sentado a su lado en los columpios.
En una esquina mojada se alcanzaba a ver una dedicatoria borrosa, las letras perdían forma pero se podía descifrar el nombre de Sadiq en ella. El turco con horror se dio cuenta de lo que acababa de hacer.
-¡Kiku!- quiso llamar al japonés pero entonces alguien se le interpuso.
-¡No te atrevas!- le gritó Feliciano con toda la potencia de su voz, tanto así que algunos pensaron haber escuchado a Lovino.
-No te atrevas a acercártele- le repitió tan encolerizado que algunos no supieron si sorprenderse por Kiku enfrentándose a Sadiq, por Sadiq llamando a Kiku o por Feliciano gritando sin temblar de miedo.
El italiano le dedicó una última mirada furiosa a Sadiq antes de correr tras Kiku mientras el resto de sus amigos hacían lo mismo encontrándose en el camino con Francis, Antonio y Gilbert quienes iban llegando.
-¿Qué pasó?- preguntó Gilbert cuando vio a todos salir corriendo junto con su mesa volcada y todo hecho un desastre.
-¿Por qué no le preguntas a tus nuevos amigos?- le espetó Feliks yendo con los demás, todos llamando a Kiku para que se detuviera mientras que ahora la cafetería se quedaba en un extraño y muy incómodo silencio hasta que alguien lo rompió, una voz monótona y adormilada.
-¿Lo ves Sadiq? Te dije que alguien como Kiku no podría ser tu amigo…- Heracles que estaba mal sentado en una de las mesas junto con Gupta, soltó un largo bostezo para seguir hablando con la misma voz aburrida. –Siempre terminas lastimando a la gente- remató mirando con indiferencia al turco.
Sadiq miró de nuevo la hoja con el dibujo, luego a Heracles y como si fuera un animal salvaje, corrió a embestir a Heracles tirándolo de su asiento y comenzando a golpearlo como si de verdad quisiera matar al griego, sin embargo este no se dejó y respondía los golpes. La sangre no tardó en salpicar por el piso, los gritos de pánico llenaron el lugar mientras que algunos animaban otros intentaban detenerlos.
Nadie podía despegar a Sadiq de Heracles, ni tampoco podían separar al ojiverde del otro muchacho, se golpeaban de manera tan violenta que los nudillos también empezaban a sangrarles y sus caras estaban rojas con manchones morados por todos los puñetazos. Solo pudieron separarlos entre seis personas y con ayuda de dos profesores que de inmediato los llevaron a la dirección mientras que Gupta tuvo que intervenir para que no llamaran a la policía.
Después de eso Sadiq y Heracles fueron suspendidos hasta nuevo aviso… Kiku no volvió a la escuela.
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¡Ódienme! Hasta en un fic de comedia no todo es miel sobre ojuelas, las cosas se ponen tensas entre mi pareja favorita y otros ya por fin son felices.
Espero que les haya gustado este capítulo, fue un poco más corto que los demás pero amé escribirlo porque amo a Lovi y a Toño y amo a Sadiq y a Kiku aunque los haga sufrir. Por otro lado miiiiiiiiiiiiiiiiiiiil millones de gracias, de verdad estoy que no me creo que tras tanta "polémica" por el pairing aún están leyendo esto y les está gustando, eso es lo más importante, en serio me esfuerzo mucho para que estas parejas les agraden y al menos les saquen un suspiro así que el saber que está dando resultado hace que me trepe en una nube de pura felicidad. Mil gracias por sus reviews hermosos que me hacen gritar como chiquilla tonta, gracias también a quiemes leen otros de mis fics y sobre todo muchísimas gracias por interrumpir sus domingos y darse el tiempo para leer esto. Gracias y hasta la siguiente semana jujujuju
