Entrenamiento
La verdad es que el entrenamiento no empezó con un comienzo propiamente dicho, primero Francia estuvo un rato esperando a que el color volviera a la cara de Al-Andalus, y hasta que este no dijo que si no se movía tendría que darle un abrazo (como solo el francés sabía hacerlo), Al-Andalus no empezó a espabilar. Después empezó el ensayo, aunque lo único que hacía Al-Andalus era pisar a Francia, y eso que apenas tenía que acercarse a él (aunque el baile era en parejas no se asemejaba para nado a un tango o algo por el estilo). Romano estaba seguro de que no todas esas agresiones eran sin querer.
Claro que el italiano disfrutaba con cada pisotón que el francés recibía. Como un niño pequeño con una bolsa de caramelos nueva, y por supuesto no se cortaba a la hora de reírse.
Al-Andalus era un verdadero caso a la hora de aprender: confundía izquierda y derecha sin parar; no daba con el orden de los pasos; tropezaba con facilidad y se caía; o simplemente acababa pisando a Francia de una manera imposible. Además de que le echaba muy pocas ganas.
El francés se estaba enfrentando a un verdadero dolor de cabeza intentando enseñar (o más bien "amaestrar") a su querido amigo en este arte. Pero parecía que no se iba a dar por vencido, seguramente porque su orgullo no se lo permitiría, pero de todas maneras Al-Andalus era su mejor amigo, y en el fondo debía estar convencido de que le estaba haciendo un gran favor.
Romano seguía riéndose cada vez que Al-Andalus tropezaba o se confundía de pie.
- A ver Al, como te lo voy a explicar: derecha-izquierda-derecha, oui?
- Sí, sí, ya lo entiendo.
- Al, la otra derecha...
- JAJAJAJAJAJAJAJA...
- ¡Romano! ¡Tú serás el siguiente, así que prepárate!
- Ya, claro...
- ¡Ay! Al, ten más cuidado y mira por donde pisas...
- Vale, vale...
Y así se iban pasando los días para Romano. El tiempo que tenía Al-Andalus de aprender a bailar eran dos semanas, algo que según Francia, iba a ser un verdadero reto. Así que los dos se esforzaban al máximo (o por lo menos Francia) en progresar todo lo posible todas las tardes, y allí estaba siempre Romano para burlarse del mínimo fallo que tuvieran. Por su parte, de tanto verles ensayar, ya se sabía la coreografía de memoria.
- Eeeeh, Romano, ¿Tú no vas ha bailar nada? -Le preguntó Al-Andalus una noche en la que llegaba agotado del "entrenamiento".
- ¿Qué dices? Yo hace ya tiempo que se bailar. -le respondió orgulloso.
- ¿Quéeeee?
- Y además no se me da nada mal. -Dijo regodeándose.- No como tú que acabas en el suelo con la mínima brisa.
Esa noche Al-Andalus se fue a dormir algo enfadado.
Pero, por fin, después de cinco días, todo cambió. Las pocas esperanzas que le quedaban a Francia de convertir a Al-Andalus en el mejor bailarín de todo el mundo (conocido), se vieron reavivadas: Por fin, Al-Andalus empezaba a pillarle el tranquillo.
Y es que después de cinco días parecía que el país había decidido esforzarse y empeñarse en aprender los pasos de una vez. Había dejado de confundir brazos por piernas y se movía con mucha más soltura, algo que a Francia le maravillaba y no dejaba de hablar de ello por aquí y por allá, a cada sirvienta que se encontraba, y pronto fue corriendo la voz. Además, el francés no paraba de decir que había sido gracias a sus clases magistrales, que hacían un experto del más tonto.
Al-Andalus parecía feliz de poder bailar así, es más, cualquiera habría dicho que le encantaba el baile, porque no paraba de andar por aquí y por allá sonriendo o intentando convencer a Romano (que ahora era perseguido por Al-Andalus en vez de al revés) de que practicara algún que otro paso con él. Por supuesto Romano se negaba.
Y, como por arte de magia, en la última semana antes del baile un montón de nobles aparecieron en la sala dónde Al-Andalus y Francia ensayaban, diciendo que querían mejorar sus pasos de baile o aprender algún que otro movimiento que no conocían. Francia, por supuesto, no se quejaba, parecía encantarle que tanta gente se centrara en él.
Pero no sólo los ensayos de baile se hacían más intensivos, los entrenamientos con la espada eran cada vez más fuertes y duraban mañanas enteras; y las reuniones que Al-Andalus tenía por las tardes entabladas día sí y día no con el baile podían llegar a hacerse eternas, y el pequeño país no siempre salía feliz de ellas.
Claro, que durante las largas esperas a que dichas reuniones acabaran, Romano ya no era el único que se aburría. Al pobre de Francia tampoco le dejaban entrar en la sala y se quedaba con él hasta que su compañero saliera.
Romano lo pasaba fatal en esos momentos, porque, como ya se sabía, el rubio francés le daba bastante miedo. Y no le quitaba la vista de encima.
Francia se divertía bastante asustando a Romano. Hacía de vez en cuando algún comentario salido de tono, total, ya había intentado escuchar pegando el oído en la puerta donde se celebraban las reuniones; había contado todas las piedras que componían las paredes (Y luego había comparado cifras con Romano, para saber si no se equivocaba. Acabaron los dos contándolas a la vez por que no coincidían, en una especie de carrera de quién acababa primero); se había incluso paseado por los pasillos esperando encontrar alguna sirvienta con la que hablar (algo que también había intentado Romano con anterioridad), pero parecía que en ese sitio eran los únicos seres vivos.
Y todo para que luego apareciera Al-Andalus, medio muerto de sueño, tan cansado que ni siquiera reaccionaba a los abrazos de Francia y otras veces tan enfadado que le pegaba un puñetazo en cuanto este se le echaba con los brazos abiertos.
Durante las mañanas era todo el tiempo entrenar con la espada, Al-Andalus practicaba de vez en cuando con Francia y otras veces con su entrenador personal, pero claro, cuando iba con uno el otro se enfadaba (especialmente Francia) e viceversa, así que al segundo día Romano se puso a entrenar con ellos, casi siempre con Francia.
Nunca había sido muy diestro con la espada (el había preferido la pistola desde sus tiempos con la mafia), además cuando esta arma estaba de moda Romano seguía siendo un "niño".
Estaba claro que Francia era formidable con ella, seguramente por la simple razón de que le sacaba unos cuántos siglos de práctica. Pero como buen profesor que era (y parecía que se le había subido el orgullo a la cabeza), Francia estaba decidido ha enseñarle hasta las estocadas más difíciles. Romano se asustaba bastante, porque a veces el francés se emocionaba con el entrenamiento y más de una vez había estado a punto de ser cortado por él.
- Oh, excusez moi Roma, solo te estaba probando. -Decía Francia, con un tono que sonaba a todo menos a disculpa.
- Serás... -Le respondía Romano, pero enseguida se callaba porque ver al francés coger las espada con confianza y con una amplia sonrisa pintada en la cara le atemorizaba.
- Vous disiez?
Y Romano no respondía y se lanzaba a darle una estocada que el francés esquivaba con una facilidad pasmosa.
Al cabo de un tiempo Romano aprendió básicamente todo lo que se puede aprender con un espada, pero lo que de verdad le gustaban eran las dagas y los puñales que al ser pequeños no podían usarse en una batalla de esgrima, pero que podían lanzarse al enemigo a cierta distancia. Y como no había pistolas, Romano ensayaba lanzando puñales de vez en cuando, a veces lanzaba alguno mortalmente cerca de Francia, en venganza de los sustos que este le dada.
A sí que decidieron (en secreto) que para pasar el rato durante las reuniones de Al-Andalus se pondrían a ensayar puntería contra los bancos que había en la entrada de esa habitación tan misteriosa. Para deleite de Romano: casi siempre ganaba.
Pero el entretenimiento no llegó ni a durar un día. Los dos se habían motivado tanto en sus competiciones (además de que Francia no tiraba la toalla ni reconocía el talento de Romano) que no se dieron ni cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo. Romano iba ganando por goleada a Francia que ya se estaba enfadando.
Así que se apostaron a ver quien acertaba en el marco de la puerta sin llegar a rozar la propia puerta.
Romano fue el primero, así que con mucho cuidado apuntó y lanzó con fuerza: Dio en el blanco, a unos escasos centímetros del portón de madera. Soltó un grito de emoción, seguro de que su contrincante no podría empatarle.
Francia se puso un poco nervioso, tenía que acertar o acabaría perdiendo el honor de su país, miró fijamente al marco mientras apuntaba con la daga al punto donde quería llegar. Cogió aire y lanzó su arma.
En ese momento es cuando se abrió la puerta.
Romano y Francia se quedaron helados del susto: la daga se había clavado a escasos milímetros de la oreja de Lesmes, qué se había quedado con los ojos como platos mirando el cuchillo que tenía al lado, pero esas expresión no le duró ni medio segundo, porque se giró en la dirección de los "agresores" con una expresión que habría asustado a la mismísima Bielorusia.
Por su parte, Romano y Francia se habían quedado con la boca más abierta que un niño en la montaña rusa, y no podían articular palabra. Así que el primero en hablar fue Al-Andalus, que se asomaba por debajo de Lesmes observando el espectáculo:
- Y por eso soy yo el primero que sale de las reuniones. -Dijo en tono sarcástico mientras arrancaba con fuerza la daga, que se había clavado bastante.
- ¿Q-quién ha sido? -Preguntó Lesmes, con un tono de voz que parecía recién llegado de ultratumba.
- ¡Ah sido él! -Sentenciaron los dos países a la vez, apuntándose entre ellos. Se miraron el uno al otro indecisos.
- Maldito francés hipócrita, ¡Di la verdad!
- Moi?, tu fuiste el que se puso a jugar con los cuchillos como si fueran almohadas. -Se defendió Francia con su típico tono dramático.
Al-Andalus no paraba de reírse mientras los dos empezaban a discutir entre ellos.
Al final consiguieron que les dejaran salir al patio interior de castillo durante las reuniones, gracias a Al-Andalus por supuesto, que consiguió convencer a Lesmes de que no les cortaran a los dos la cabeza. Pero desde entonces intentaron no toparse a menudo con el noble.
Nota de Autor: Espero que os haya gustado este cap! Eso sí, todo lo que leáis aquí de cuchillos y dagas no se hace en casa ok?, no quiero sentirme responsable de que os hiráis... xD
Aquí estuve buscando un poco de todo, no sabía que poner muy bien y me puse a buscar armas de la edad media. Resulta que había un arsenal entero para eso xD, se notaba que estaban en guerra constante XDD
Bueno, tengo una mala noticia. Ya no tengo más capítulos enteros, así que tardaré más en subir los caps. Me esforzaré en tenerlos a tiempo, pero ya no podrá ser un cap diario TT, a lo mejor una semana. Pero espero que no me lleve tanto, el próximo cap ya está casi terminado así que no tardaré demasiado en subirlo, pero lo que pase en el futuro no lo puedo predecir. Aunque, tranquilos que no me tiraré un año entero ni nada por el estilo xDD
Respuestas a reviews (Thank you everyone, all of you are as awesome as Prussia~):
Solanco di Angelo Reedfox Roma: Francia lo único que quiere es repartir amor, pero como toque un pelo a Romano (en especial el rulito), lo próximo que sabremos de él es que es colonia Española xDD
rin06rimichi: Yo también pienso que Romano es sólo de España y que España es sólo de Romano. Simplemente, si no los pones juntos, no es lo mismo xD.
También me aburre la historia de España (el personaje es genial, pero estudiarlo es aburrido u.u), lo que de verdad me gusta es la historia mundial. Hasta que no empecé Hetalia no sabía que Prusia existía! Lo malo es que aún no hemos dado la historia mundial a fondo T.T, seguro que ahí arrasaba en guerras mundiales xD.
