Yu-Gi-Oh! no me pertenece, le pertenece a Kazuki Takahashi
Cerca de la zona más despoblada de Ciudad Domino, se veían a tres jóvenes caminar.
El más alto medía un metro ochenta. Su cabello era color negro, tez blanca. Ojos bicolores, uno verde y el otro ámbar.
Su atuendo consistía en un saco negro sobre una camisa blanca. El saco le salía una cola que llegaba hasta las rodillas. Un cinturón color rojo. Pantalones negros y botas hasta la pantorrilla
El segundo más alto, medía uno setenta y cinco, ojos color verde pero completamente únicos ya que parecían de gato o de demonio, tez blanca
Su cabello cubría sus orejas. Además, este era extremadamente largo, tanto que lo tenía atado en una coleta baja que le llegaba hasta la espalda baja. El color de su cabello era tricolor: las puntas de un color morado claro, teniendo brillos en color azul claro y lo demás era negro azulado
Vestía una camisa blanca hasta los codos, los puños tenían un estilo de meta al igual que donde se abotonaba la camisa.
Tenía tres cinturones, uno negro y dos blancos pero pequeños
Un pantalón negro y unos zapatos.
El más pequeño medía uno setenta, cabellos rojos y ojos color verde
Su vestimenta consistía en un saco color negro desabrochado, una corbata roja obscura y una camisa blanca. En el saco se apreciaban marcas en color rojo.
Sus pantalones eran negros y llevaba converse negros y en su muñeca se apreciaba una pulsera azul
Estaban cansados pero su determinación a encontrar lo que buscaban era mucho mayor de lo que su cansancio podía demostrar.
En la mano del mediano, se apreciaba una amatista cortada en círculo y rodeada por oro blanco junto a una cadena del tamaño del cuello de una persona
Constantemente este veía si la joya reaccionaba a alguna persona pero sus esperanzas cada vez estaban más que por los suelos
-¡Deja de mirar la joya!- escuchó que le decían y, al voltear, vio que fue el menor
-¡Si fuera tu hermano el que estuviera en peligro de muerte estarías igual que yo aunque lo niegues!- exclamó el tricolor
-No se peleen, es nuestro hermano aunque no lo aceptemos y estamos preocupados por él al saber que dentro tiene un poder que nadie puede imaginar
-Lo sé- dijo el tricolor
-Por eso me desagradas, eres muy afectivo a las personas que ni siquiera has conocido- replicó el menor
-Es mejor irnos a descansar- dijo el mayor
-¿Dónde?- preguntó el menor de mala manera
-Sabes que tenemos dinero así que podemos buscar un hotel para dormir- dijo el mayor tomando el cuello de la camisa del menor y se lo llevó con una sonrisa en el rostro
El intermedio lo miró con una sonrisa nerviosa y luego le siguió.
Yami y Yugi estaban en la azotea, admirando las estrellas y a la luna. El menor comenzaba a querer y entender la naturaleza que el mayor emanaba ya que podía sentir los brazos protectores de una madre, tal y como Yami le decía que sentía al estar en la naturaleza o ver la luna.
Lentamente, sintió unas alas que le daban calor, un calor que ya extrañaba sentir pero, al ver a Yami, recordó que este tenía el sello y, de su espalda, no salí ala alguna
-Descuida, así es como la madre naturaleza se manifiesta cuando recibe a un hijo más- escuchó y miró con sorpresa a Yami quien sonreía como hacía años no lo hacia
Era una sonrisa algo infantil pero inocente, tan inocente que cualquiera confiaría en él de tan solo verla porque detrás de la inocencia había fidelidad
Yami se acercó un poco más y depositó un beso en la mejilla del menor para volver su mirada a la luna, entrelazando su meñique con el de Yugi, prometiendo silenciosamente que se quedaría a su lado todo el tiempo que la vida se los permitiera.
En el otro extremo de la ciudad, un muchacho de cabellera larga y tricolor estaba sentado en la azotea de un hotel, sabía que sus hermanos no tenían la costumbre de observar la luna hasta que ésta desaparecía para dar nacimiento a un nuevo día
Tomó algo entre sus dedos.
Su collar
Suspiró pesadamente.
A su mente solo llegaban los recuerdos que se le habían dado, quería evitar que el pasada que les tocó existiera.
Sintió un cambio de temperatura y, al regresar la mirada, se encontró con un cobertor en sus hombros y, al regresar la mirada al otro lado, se encontró con el mayor de los tres con una sonrisa traviesa
-Recuerda que soy mi propia fuente de calor por lo que este cobertor es inútil en mi caso- dijo antes de sentarse.
El tricolor volvió su mirada a la luna, con el entrecejo fruncido
Durante un buen rato, ambos se quedaron en silencio, un silencio que era capaz de cortarse con el dilo de un cuchillo.
El tricolor estaba acostumbrado a ese tipo de silencios pero el mayor, todo lo contrario
-Por lo que veo en tus costumbres, nunca duermes ¿por qué?- escuchó al mayor decir y volteó a verlo para saber si sus oídos no mentían
Ignoraba cuantas veces había suspirado aquel día pero lo hizo de nuevo y luego contestó:
-La propia luz me regenera, las necesidades básicas de comer y dormir son inútiles en mí- explicó y cerró los ojos- Puedo tener hambre o mucho sueño pero al intentar hacerlas, se me espantan
El mayor lo miró con algo de sorpresa, sabía algunas cosas que caracterizaban a su hermano pero aquello lo dejó sin habla un momento
-No lo sabía
-Lo sé
Sin querer seguir hablando, se levantó y caminó hasta el otro extremo del edificio.
El mayor entendió y regresó a su habitación, era mejor conocer poco a poco a su hermano para que este confiara como el menor de los tres lo hacía
-¿Qué tal te fue?- preguntó el menor al sentir la presencia del mayor
-Al menos sé la razón por la que sólo pidió habitación para nosotros dos
-¿A si?- el menor esperó a que le explicara pero el mayor lo único que dijo fue que debían empezar a conocerle porque lo necesitaban aunque no lo admitieran
Chasqueó la lengua y se acomodó para dormir, soportaría un rato el calor que el otro emanaba constantemente
Mientras, el mediano volvió a tomar su propio collar, tenía miedo de no llegar a tiempo con su otro hermano.
Comenzó a rogar a la luna, su fiel compañera y confidente, para que evitara su temor y que cumpliera el único deseo que había tenido
Tomó entre sus manos el que pertenecería a su hermano, cuidándolo como si la vida misma fuera y que un movimiento en falso causara que todo se desvaneciera, al mirarlo detenidamente, este soltó un pequeño brillo y luego volvió a su color.
Yami y Yugi comenzaron a alistar sus cosas, el mayor ya llevaría el parche para guardar las vendas y que el abuelo las usara en una verdadera emergencia
Aunque querían dormir juntos, cada uno se fue a su cuarto para evitar que el mayor alborotara sus hormonas al recordar la actividad nocturna pasada.
Yugi entró a su habitación, cambiándose de ropa.
Se puso un pijama que consistía en un pantalón azul claro con una camiseta del mismo color manga corta.
Al ver la cama, trató de apartar al mismo tiempo la imagen de Yami atado y gimiendo para tratar de dormir otro rato.
Mientras, el mayor estaba terminando de cambiarse.
Unos shorts hasta la rodilla y una camisa, ambos de color blanco.
Se acomodó y, de tan solo tocar la almohada, se durmió profundamente
Yami caminaba por los pasillos de una casa, un rancho, donde nada le decoraba y solo veía oscuridad.
De la nada, empezó a escuchar un llanto
Un bebé, pensó.
Rápidamente, trató de ubicarlo para calmarle.
Caminó otro rato más, buscando y rogando por encontrar al bebé.
Llegó hasta una habitación donde solo estaba el hueco de la puerta, entró y se encontró con una cuna y el llanto era mucho más fuerte.
Al acercarse, se encontró con un bebé sin rostro o cabello, solo piel y era negra en su totalidad
Por el susto, retrocedió hasta darse cuenta de que estaba en la carretera.
Al observar bien aquella carretera, encontró a un hombre con un bebé en brazos, al lado de un automóvil del cual, se asomaba una mujer con otro bebé, idéntico al que el señor tenía.
Sin embargo, al intentar acercarse, esto simplemente se alejaba más de él, al punto de apenas divisar los cuerpos
-¡¿Hola?!- escuchó la voz del hombre distorsionada- ¿Alguien está ahí?
Yami no podía hablar, solamente podía ver como si fuera un fantasma en medio de todo eso
-¡Encontramos a un bebé!
Despertó sudando frío, volteó a ver el reloj de su celular que descansaba en el escritorio al lado de su cama
1:30 a. m.
Lo volvió a dejar y puso sus manos en la cara
Escuchó la puerta abrirse, quitó sus manos para ver a Yugi y este le abrazó, tomándole por sorpresa
-Recuerda que lo que tú sientas, yo lo voy a sentir- le dijo al mismo tiempo en que lo soltaba y miraba a los ojos
Yami iba a hablar pero se encontró con que ninguna palabra salía de sus labios
-No te preocupes, sé que no es miedo lo que tienes, sino sorpresa- le consoló
Depositó un suave beso en la frente, otro en la mejilla y uno más en los labios para que supiera que su lazo era mucho más fuerte en ese momento.
Salió de la habitación momentos después, dejando a un confundido Yami solo para que pensara en lo ocurrido durante su sueño
Al llegar a su habitación, Yugi se deslizó por la puerta cansado y asustado
-Ojalá no sea tan malo lo que pueda significar
Tiró su cabeza derrotado, un mundo de pensamientos se arremolinaba sobre su cabeza y sólo quería regresar el tiempo a los días de su niñez para evitar todo eso y reescribir la historia.
No se arrepentía de ser pareja de Yami, simplemente estaba algo cansado de lidiar con las pesadillas del mayor y éstas se habían hecho un poco más frecuentes desde que le habían atacado la primera vez aunque este no se acordara por los bloqueos que se imponía.
Un pequeño suspiró escapó de sus labios, no tenía sentido pensar en arreglar las cosas ya que éstas pasaban por alguna razón
Se levantó y volvió a su cama, esperando a que el sueño le venciera.
Mientras, Yami sólo tocaba su ojo sellado, extrañamente, este le causaba comezón pero no se atrevía a rascarse
La comezón pasó y salió por un vaso de agua.
Una vez que terminó, lavó y guardó el vaso para poder dormir un poco más
El reloj despertador sonó, levantando al dueño que ahí descansaba.
Unos ojos color avellana se abrieron al nuevo día. Suspiró cansando debido a que se había quedado hasta tarde por esperar a su gato y, al ver que no llegaba, decidió que dormiría lo restante
Al intentar levantarse, se encontró con unos brazos a su alrededor
Volteó y se encontró con dos zafiros que lo miraban fijamente
-Buenos días cachorro- dijo el CEO y le besó el hombro
-Hola gato- dijo el rubio- ¿A qué hora llegaste?
-Llegué como hace 15 minutos
Como toda la vida había sucedido, empezaron a discutir por las acciones del castaño debido a que este se sobreexplotaba con el trabajo y el CEO se defendía que gracias a ese trabajo podía tener comida y un techo donde vivir
Ambos terminaron con un mal sabor de boca pero el orgullo no les permitió disculparse en el momento.
Se bañaron, vistieron y desayunaron separados ya que no querían verse y, entre menos se vieran, sería mejor
Aunque el despertador sonaba, su dueño ya tenía rato despierto
Cansado y sin ánimos, Yami tomó la toalla para darse una ducha fría y así sacarse el sueño
Yugi se estaba vistiendo cuando el despertador sonó. Sonrió amablemente y lo apagó, agradeciéndole el hecho de que cumpliera con su trabajo.
Terminó de vestirse y se encaminó al cuarto del mayor para apagar su despertador
Entró y salió sin hacer ruido
Su nuevo rumbo era la cocina, haría el desayuno de ambos ya que tenían u poco más de tiempo del usual
El mayor salió con la toalla atada a la cadera, su cabello estaba ligeramente caído y su ojo estaba de un color azul.
Se dirigió al armario para sacar su uniforme.
Se quitó la toalla y la pasó a su cabeza para secar su cabello; tomó unos bóxer del cajón de la cómoda y empezó a vestirse
Un pantalón color azul era su uniforme.
Además de este, siempre había tenido la costumbre de tener dos cinturones: uno que sostenía el pantalón y el otro que pasaba diagonalmente por su cadera
Una camisa negra sin mangas y ajustada dentro del pantalón ya que no le gustaba que estuviera de fuera.
Un saco a juego con el pantalón, una correa en su cuello negro-azulado y muñequeras
Terminó de secar su cabello y bajó con el parche en mano, el olor de la comida le recordó el apetito que tenía
Yugi estaba sirviendo las bebidas cuando el mayor apareció en el comedor, sonrió y le obligó a sentarse
-Bueno, provecho- dijo antes de servirle a Yami
El desayuno consistía en huevos revueltos con salchicha y jugo de naranja para pasarlo
El mayor agradeció y comenzó a comer, degustando la comida ya que siempre había amado que Yugi cocinara, tenía un toque especial que no era descriptible
-Como te habíamos dicho, será un buen chef si quieres demostrar tus artes culinarias- dijo Yami con una sonrisa
-Gracias pero sabes que no me gusta destacar- le respondió- Me conformo con sólo ver felices a mis amigos, novio y familia
Ambos soltaron una risilla nerviosa debido a que se escuchaba raro que un hombre dijera novio en el sentido de estar unido sentimentalmente a este; además de que eran familia y pareja
Terminaron de desayunar, levantaron la mesa, lavaron los platos y los acomodaron.
Al mirar el reloj se dieron cuenta de lo temprano que era debido a que el reloj todavía marcaba las seis y su entrada era dentro de media hora
Yami salió del trance para ver que Yugi estaba todavía distraído por lo que le tomó de la cintura y lo besó.
La sorpresa le impidió corresponder el beso y, cuando quiso hacerlo, Yami se separó
-Tienen razón- dijo con una sonrisa en los labios, completamente cerca de los labios contrarios
-¿Qué cosa?- preguntó Yugi, hipnotizado por los labios del contrario
-Los besos robados son mejores que los correspondidos
Yami volvió a besar castamente a Yugi y luego subió por sus cosas y las de Yugi, estaba feliz y sus acciones lo demostraban
Al bajar, Yugi le entregó su parche y se lo puso, esperando que nadie le cuestionara sobre algo.
Caminaron tranquilamente a la escuela, aunque les quedaba un poco más lejos que de su antigua casa, era mejor porque Yami podía estar más tiempo con Yugi y enseñarle sobre la naturaleza
El hermano de en medio, esperaba el sol naciente para recuperar un poco más sus energías, aquella luna era en medida mucho más débil que las de su mundo.
Quedó despierto toda la noche debido a que la luna, las estrellas y las luces del alumbrado público le daban un poco de energía.
Sintió la presencia de alguien y, al voltear, se encontró con el menor de los tres.
-¿Qué quieres?- le preguntó secamente. Sabía que su hermano no era alguien fácil de tratar
-Solo quería ver si el frío viento no te congeló- dijo levantando las manos
-Gracias por tu preocupación- dijo sarcásticamente y bostezó
El bostezo fue tan grande que se sorprendió de que fuera capaz de hacer eso
-Estás cansado, es mejor que duermas un rato-
Él suspiró, sabía desde antes de que hablara que su otro hermano no le había dicho sobre su ventaja.
Comenzó a contarle la razón por la que no pidió habitación para los tres, solo perderían el poco dinero que tenían ya que no necesitaba dormir aunque su cuerpo le dijera lo contrario.
El menor solo bufó, era su forma de decir que era genial aquello aunque en ese momento, no lo sabía
-Me estiraré un poco- escuchó al menor decir
-No lo hagas, recuerda a qué vinimos y no podemos cometer una imprudencia- tomó la muñeca de este y lo jaló a sentarse de nuevo
Comenzaron a pelear pero, de alguna forma, esa pelea era completamente diferente a las que habían tenido anteriormente
Quizás es porque quiero conocerlo, se dijo a sí mismo el pelirrojo
¿Qué planean?, se preguntaba. Durante casi toda su vida lo habían ignorado, incluso lo habían negado como hermano
El mayor salió y los separó, estaba ligeramente sorprendido de que siguieran intactos ya que pensaba que los dos se golpearían a muerte.
El pelinegro se llevó al pelirrojo para guardar sus cosas al notar que su otro hermano lucía cansado por la falta de luz
Aunque odiaba admitirlo, sabía que el pelinegro tenía razón por lo que lo acompañó, llevándose el cobertor tirado
Los tricolores esperaban a su maestro de literatura, el grupo también lo hacía debido a que ese día dirían al ganador del concurso de poesía.
Casi todos esperaban ganar debido al esfuerzo y tiempo que les había tomado poder enfrentarse a la hoja en blanco
Kaiba, Joey, Yami y Yugi no estaban ansiosos pero su presencia se debía a lo estricto que era su profesor
-Buenos días- dijo el maestro al entrar
Era un hombre de un metro setenta, cabellos dorados que caían con gracia sobre su rostro
Vestía una camisa blanca con pantalón de vestir negro y zapatos negros
Sus ojos eran verdes como las hojas de los árboles pero en ellos se ocultaban muchos secretos que nadie se había atrevido a preguntar
Aunque su carácter era estricto, no hacía juego con su físico debido a que era bastante guapo y todos –alumnos y maestros- lo admitían
Respondieron al unísono cuando el maestro terminó el saludo.
Pasó la lista, llevándose la ligera sorpresa de que todos los alumnos estaban presentes pero lo disimuló bien
-Como ustedes saben, hoy les diré el ganador del concurso del semestre pasado- anunció al mismo tiempo en que buscaba entre sus papeles el indicado
Los alumnos comenzaron a prestar más atención, querían escucharse como ganadores ya que no querían ser uno más del montón para la escuela y buscarían la forma de destacarse en eso
-Buen trabajo, joven Yami- dijo sin mirar a los demás, sacando una hoja un poco mal tratada pero legible.
Los demás voltearon a ver al mencionado con cara fulminante, tenían envidia
-Su poema fue único ya que todos los demás solo hablaban de amor o soledad
Molestos, exigieron saber en qué era único y original
El menor de los tricolores le animó para que lo leyera, sabía lo bueno que podía ser Yami con un lápiz y papel vacíos y cuantas cosas podía incluir
Lanzó un prolongado suspiro, accedió a leerla siempre y cuando el profesor se lo permitiera
-Adelante- escuchó
Se levantó y tomó la hoja que el maestro había sacado con su poema escrito, la leería lo mejor que pudiera con el parche
Todos guardaron silencio, expectantes a que este comenzara para atacarlo sobre la originalidad de su poema
Aclaró la garganta y comenzó
Hoy lejos de ti me encuentro
y lejos de tu cariño me siento.
Esperando poder encontrarte
y juntos vivir una vida.
Ruego por poder estar a tu lado
y ser feliz.
Mientras tú de mí no sabes nada,
ni siquiera sabes que existo.
Aunque lejos te encuentras por ahora,
yo lucharé por ti
Nos separaron
cuando aún no nos habíamos mirado
pero aun así yo te amo.
Digo tu nombre en mi mente
y mi corazón se regocija de alegría.
Sólo espero poder encontrarte
y juntos cubrir el tiempo que perdimos, hermano
Todos sintieron un poquito de pena por el protagonista al saber que este tenía un hermano el cual solo le sabía el nombre pero que lo buscaba aunque se le fuera la vida en ello
Kaiba y Joey se sorprendieron de lo que Yami escribía, era extraño conocer a alguien a quien se le facilitara la escritura y que lo viera como si ver una película fuera, creían conocerlo pero en momentos como esos, dudaban si en verdad lo conocían
Yugi pasó una mano por su rostro, cerca de su ojo, le habían asaltado unas lágrimas al escuchar las palabras de su hermano. Era sensible en el hecho de que historias tristes las relacionaba con su vida y odiaba ser el tipo de personas que muestra los sentimientos
-¿De dónde sacaste la inspiración?- preguntó una joven rubia y ojos azules, sentada al lado de la puerta
-Esta me la ha dicho la luna- dijo- Otras salen de la nada o de ver cosas sin prestar atención
Todos lo miraron extrañado, era raro aunque la rareza era recompensada por el físico que tenía.
Yami alzó sus hombros ante el pensamiento de sus compañeros, regresó la hoja y se sentó.
La clase continúo con normalidad. Aunque sentían cierta envidia hacia Yami y más al escuchar como el profesor le dio un "alago", no quitaron su atención de las explicaciones del maestro, anotando los temas dictados, realizando pequeños ejercicios y entregando tareas
La clase pasó rápidamente a los ojos del pequeño tricolor ya que cuando volvió su atención a su alrededor, todos estaban saliendo a comprar cosas, hablar con sus amigos de otros salones u otras cosas que desconocía
Yami sacó la carpeta que contenía lo que llevaba escrito y sus dibujos
El profesor de literatura todavía estaba guardando sus cosas; sin embargo, vio lo que Yami movía y revoloteaba, por lo que su curiosidad le hizo investigar
-Señor Moto- llamó y, por reflejo, este cerró la carpeta instintivamente, importándole muy poco si se maltrataban o no las hojas
-¿Qué sucede?- preguntó nervioso.
Sin previo aviso, el profesor tomó la carpeta.
Yugi le tapó la boca a Yami cuando este quiso reclamarle por tomar algo que era de su propiedad, aunque este se sorprendió, intentó quitarse las manos de su boca
Al abrirla, lo primero que se encontró fue el desorden, por lo que acomodó las hojas.
Luego, hojeó los dibujos, encontrándose con varios bocetos que, en su mayoría, eran dragones
Cada hoja contenía diferentes personas realizando determinadas acciones y que logró conectar con una historia
-¿Estás en el taller de arte o algo relacionado con ello?- preguntó al ver que la calidad del dibujo era bastante realista
-No- dijo Yugi por el mayor al sentir su lengua tratando de hacer que lo soltara y tomar su tesoro- ¿Por qué la pregunta?
-Porque tu hermano tiene un gran talento para las artes
Yami dejó de lamer la mano de Yugi, este se sintió algo aliviado porque estaba a punto de soltar un gemido.
Una vez que procesaron lo dicho, miraron al profesor confundido y, este al sentir dichas miradas, se explicó
-Quiero decir que puede ser un gran artista o un gran escritor y, si se lo propone, también puede ser un gran bailarín aunque esa posibilidad es un por nula debido a su ojo
Yami rodó los ojos, agradecía el sello en ese momento debido a que odiaba bailar
El profesor devolvió la carpeta y Yami la tomó como si una persona fuera por lo desesperado que se veía
-Gracias por decirnos en que hobbies puede destacar mi hermano, profesor Tepes- dijo Yugi cuando este salía del salón
-No hay de que- escuchó
Sintió como Yami volvía a lamer sus manos, esta vez sin poder evitar soltar un gemidito de placer, soltando rápidamente a Yami
-Lo siento, te lo has buscado al no soltarme- dijo Yami con una cara de "yo no fui"
-Podías haber hecho otra cosa, sabes que tienes una lengua muy experta y eso provoca que mi cuerpo reaccione rápidamente- Yugi infló sus mejillas en un gesto infantil- Eres un malvado por eso
-Yo también te amo- dijo Yami con una sonrisa antes de atrapar los labios de Yugi
Un rubio entró al salón, al saber que los tricolores no estaban afuera, regresó primero para avisarles que el tiempo se había acabado pero no se imaginó que los encontraría en un tierno beso
Sonrió de lado, siempre había sospechado y le había agradado que confiaran en él al decirle sobre su relación pero jamás se imaginó lo bien que se veían como pareja a pesar de ser gemelos.
Se aclaró la garganta, provocando que ambos se tensaran al saberse descubiertos
-Creo que deberían hacerlo cuando le digan a los demás sobre su relación- escucharon y soltaron el aliento contenido
-Lo siento- dijeron ambos al unísono
-Ya van a regresar los demás- Joey entró y fue a su lugar
Yami suspiró derrotado, cuando el profesor había tomado la carpeta, agradecía haber dejado todos los dibujos de Atem y Heba en el cuarto de Yugi ya que había algunas que no eran para nada inocentes.
Guardó la carpeta y esperó a que los demás volvieran para la hora de química
Todo el día pasó casi de la misma forma, la diferencia fue la forma de trabajar de los maestros
Yami aprovechaba los cambios de clases y el receso para dibujar o escribir lo más que pudiera. Yugi se quedaba con él para hacerle compañía y prestó atención a lo que hacía
-No me había dado cuenta- escuchó decir al menor
-¿El qué?- respondió rápidamente a lo dicho
-Que eras zurdo para dibujar
Yami rio suavemente, él tampoco se había dado cuenta debido a que lo único que hacía era ver la imagen en su mente y no la imagen plasmada en el papel hasta que era terminada
-Yo tampoco me había dado cuenta- confesó
Ambos sonrieron. El mayor siguió dibujando, el menor siguió observándole.
Yami ya tenía la última imagen de lo que estaba escribiendo por lo que lo dejaría en boceto al ver que su hermano lo vigilaba, no arruinaría la sorpresa
Habían llegado al centro, ya sabían lo que harían y lo que arriesgaban.
Aunque les quedaba una semana, debían encontrarlo lo más pronto posible para evitar que este cayera en las redes del enemigo. Sabían que le encantaba seducir a los hombres con su cuerpo y luego los obligaban a complacerlos sexualmente hasta que mataban a la víctima por medio de tortura si estos no eran como pensaban
Se separaron, aunque solo uno de ellos llevaba lo que por derecho le pertenecía al último de los suyos, sus collares estaban conectados por medio de un hechizo por lo que sabrían la identidad de su hermano
Se pusieron de acuerdo:
El mayor se quedaría buscando en la ciudad, el menor en los alrededores y el mediano en las zonas naturales
Sus esfuerzos serían del doble de cualquiera que fuera, no sabían la apariencia o nombre de su hermano
Hermano
Sonaba algo absurdo para dos de ellos debido a que lo único que compartían con dicha persona era la sangre que corría por sus venas
Los tres soltaron un profundo suspiro, se sentían extraños de compartir un mismo espacio y un mismo propósito.
El mayor soltó una carcajada al pensar que si una semana antes le hubieran dicho que trabajaría con el menor, lo incineraría hasta reducirlo a cenizas.
Aunque los otros dos le miraron extrañados por romper el silencio con carcajadas, se despidieron y separaron para comenzar su búsqueda
Las horas pasaron, acabando el día de clases
Joey y Kaiba seguían enojados el uno con el otro, los tricolores solo sonrieron nerviosamente porque sabían en que terminaría aquello
Fueron a la casa tienda para pasar el rato en lo que el otro se bañaba, vestía y comía para salir al centro
-¿Listo?- preguntó el mayor al menor
-Solo me falta una cosa- respondió con una sonrisa
Yami se extrañó ante esa respuesta pero supo a lo que se refería al momento de sentir los labios de este sobre los suyos
-No podremos besarnos hasta regresar, así que quiero un último beso antes de salir
Yami sonrió de lado, tomó las caderas de este y lo pegó a su cuerpo para besarlo como él lo hacía: hasta quedarse sin aliento y ver al otro con un gran sonrojo
-Ahora sí, nos vamos- Yami tomó la mano de Yugi y ambos salieron con rumbo al metro
El camino fue acompañado de una animada plática por parte de ambos, aunque prácticamente jamás se separaban, Yugi le contaba a Yami sobre Kaburagi ya que lo habían abandonado y no lo volverían a ver, sentía un poco de lastima por lo que le había pasado.
El tren se detuvo, avisando que era su parada por lo cual bajaron para tomar el autobús que los dejaría a unas calles de su destino.
El mayor caminaba entre continentes de personas, todas iban y venían de establecimientos, casas y autos.
No entendía la necesidad de esas personas de ir de un lado a otro, sólo trataba de concentrarse en lo que su dije hiciera, debía mantener la calma ante todo lo que ocurriera pero eso no significaba que no hiciera algunas conquistas
Cada vez que se encontraba con una mujer más o menos de su edad, decía y hacía piropos y, por su físico, estas respondían gustosamente
Una joven de largos cabellos rojos y ojos verdes caminaba, era extremadamente hermosa ya que el pelinegro quedó casi prendado de ella al instante
Empezó a hablar con ella, de una manera en que jamás lo había sentido con las jóvenes de su lugar de origen.
Tanto se entretuvo que no sintió el momento en que su dije reaccionó, solo se dio cuenta cuando comenzó a sentir que algo se le enterraba en el pecho
Se disculpó con la joven que le dio su teléfono para comunicarse ya que, a simple vista, le había agradado
Miró por todas partes pero la cantidad de gente no ayudaba a decirle su ubicación exacta.
Se despidió finalmente de ella, diciéndole que la llamaría luego y comenzó a buscar al sentir su collar reaccionar con más fuerza pero este dejó de mandar el mensaje al chocar con alguien
Yugi estaba en el suelo y Yami le ayudó a levantarse, cuando miraron contra lo que el menor había chocado, se dieron cuenta de que fue una persona lo que causó la caída del menor, una persona casi del mismo alto que el CEO
-Lo siento- dijo Yugi y se inclinó levemente
-No te preocupes, fue mi culpa- dijo el más alto y se fue teniendo un dèjá vu en cuanto al par con el que se encontró
Los tricolores solo se miraron extrañados ya que siempre les tocaba la gente que intentaba golpear al menor por chocar con ellos. Se alzaron de hombros y continuaron con su plática, haciendo como que no se hubieran encontrado con aquella persona
Empezaron a buscar ropa, cada uno a espaldas del otro para que fuera sorpresa tanto para la gente como para ellos mismos
Era un tanto difícil encontrar de su talla debido a la altura y al peso, había varios trajes pero no lograban entrar debido a que eran mucho más grandes que ellos mismos.
Luego de cuatro horas de búsqueda en cada tienda diferente, lograron encontrar algo que se amoldara a su gusto y talla
Rieron por pensar el tiempo que tomaron, cualquiera que les preguntara sobre el tiempo que pasaban en buscar ropa y que se vieran bien en ella, les dirían metrosexuales
Tomaron el bus de regreso a la estación para poder regresar a su hogar, tenían muchas cosas que hacer y no desperdiciarían el tiempo a lo tonto
Bien, el poema me lo dio YugYami (hace reverencia) muchas gracias por el poema!
Sayonara~
