Acabaron todas mis clases, me quede sentada abrazando mis piernas en los escalones de mármol que daban al Gran comedor, no tenía ganas de entrar… Me quede así por varios minutos, mirando… nada en especial. Solo era consciente que mi mente divagaba. Hasta que alguien toco mi hombro, levante la mirada y la volví a bajar cuando me percate de quien era. Parecía que ese día estaba destinado a que todo me saliera mal, mi examen había sido un caos, no recordaba casi nada de los que venía, trate de copiar a alguien los últimos diez minutos pero no funciono.
−¿Lyra?...−pregunto con suavidad.−¿Qué ocurre?
−Nada… Estoy… ¿Bien?− Lo último me salió más como si fuera una pregunta que una afirmación. –Tengo que volver a la Sala común de Gryffindor… se me ha olvidado algo…
−Ly, sé que estas mintiendo, soy el único que puede notar cuando lo haces y cuando no. Vamos, tienes que comer algo, sé que no tocaste tu desayuno esta mañana.− Me forzó a pararme y me condujo de la mano como si fuera una niña chiquita hasta la mesa de Gryffindor aun que este día no contaba porqué todas las casa podían estar donde quisieran sentarse. Cedric se sentó junto a mí y sus padres yacían ya enfrente de nosotros, la familia Weasley ya se encontraba ahí, Fred me dio una mirada de compasión.
Cedric, puso comida en mi plato, sirvió sumo en mi vaso y me dio un beso en la coronilla. Mire mi plato y supe que no iba a entrar un bocado de eso por lo nervios que cargaba.
−Mamá, ¿te acuerdas de Lyra?− Preguntó Ginny a lado mío, deje de ver mi plato de comida para centrarme en Molly.
−Sí, la he visto hoy, hola de nuevo querida.− Me dio una sonrisa y me dio un fuerte abrazo. −¿Te encuentras bien? Te ves pálida hija.
−¡Oh! Emmm… Me encuentro bien… Es solo… qué… Mmm…
−Ella está bien mamá. –dijeron al unisonó los gemelos y Ginny, eso provoco que Molly, Bill y Cedric se les quedara viendo.
Me encogí de hombros. También tuve que saludas al mayor de los Weasley. Él se paro enfrente de mí me extendió su mano y la tome.
−Lyra.−comento en forma de saludo.
−Bill.− y me dio un apretón de manos, no soltó mi mano, se me quedo viendo directamente a los ojos, después de unos segundo me dejo ir y yo volví a mi asiento junto Diggory, quede más desconcertada de lo que ya me encontraba.
Una vez ya todos terminaron su comida fueron saliendo del Gran comedor, los padres de Cedric nos dejaron solos ya que ellos iban a pasear por las afueras de Hogwarts.
Cedric y yo nos sentamos cerca del gran lago, donde se encontraba el barco de Durmstrang. Prácticamente ese nuestro lugar donde quería estar sola, pensando o dibujando y Cedric a lado mío. Me recosté en su hombro, él me abrazo y nos quedamos así, por casi media hora, sin decir ni una palabra.
−Voy estar bien Lyra. Te lo prometo.− Dijo de repente, me dio un apretón en el brazo.
−Lo sé.− mis palabras no me convencían, tenía un nudo en la garganta, mi corazón me dolía porque presentía algo y por más que quisiera decirle que no participara, no lo haría.−¿Estas muy dispuesto a participar? ¿No es así?
−No pasará nada Ly. –Dijo él en tono suave. –Me verás sano y salvo cuando acabe la prueba, hasta nos desvelaremos cuando gane y cuando vayamos a casa te comprare un rico helado. –Me sonrió mi amigo de una manera que no lo había visto sonreír, era un expresión angelical que supe que no se me borraría de mi mente, una imagen sumamente bonita.
−¿Por qué nunca me dibujaste? –Pregunto.
−¿Qué quieres decir? –Dije aun sin comprender.
−Si… Tú nunca me dibujaste, siempre dibujabas objetos, casas, barcos.−Me guiño un ojo.−Ya sabes cuándo espiabas a los de Durmstrang.−Hasta dibujaste el castillo de Hogwarts. Pero nunca a mí.
−Dibujar o fotografiar algo es intentar capturarlo para siempre. No te puedo hacer eso, no le podría hacer eso a alguien. Te quiero tanto que nunca intentaría mantenerte de esa manera para siempre, porque eres libre de cambiar y de crecer, sino lo hiciera es como si murieras, porque ya no podrías cambiar…
Se me quedo mirando de repente, su mirada pasaba por toda mi cara, como si quisiera recordarme, hice lo mismo−…Gracias… −Dijo Cedric. –Te quiero mucho Lyra, siempre lo haré, no sabes cuanto agradezco que estés en mi vida.
Me abrazo de nuevo, después de un gran rato nos levantamos y volvimos al gran comedor. Unos a cenar y otros no tanto.
