-redoble de tambores-
Damas y caballeros (si es que hay alguno leyendo esto), le presento el epílogo de esta historia. Estoy muy emocionada!
Los que se quedaron con la duda de lo que sucedía al final del capítulo anterior podrán averiguarlo, gracias a Kaito-sama, y los que quieren saber lo que fue de ellos después también podrán saberlo, pues Miku se encargará de contarles =D
Así pues, disfruten el final definitivo de esta historia.
Disclaimer: Vocaloid no me pertenece, sino a Yamaha, Sega y Crypton.
(Miku POV)
Abrí los ojos cuando sentí el colchón hundirse junto a mí, con el peso de una persona. Apenas unos segundos después, sentí la calidez de un par de labios recorriendo mi cuello, depositando suaves besos en mi piel erizada. Seguidamente, un par de fuertes brazos se enroscaron alrededor de mi figura, envolviéndome con firmeza y sujetándome contra el amplio pecho masculino.
-Miku… - susurraba su voz, ese sonido que se había vuelto tan familiar para mí, como una suave caricia en mi oído.
Ya me encontraba totalmente despierta, pero no quería moverme. Quería sumergirme en la misma ensoñación de antes, y disfrutar indeterminadamente de la sensación tan placentera que me provocaba estar en los brazos de ese hombre.
-Despierta, Miku. – me seguía susurrando, sacudiendo ligeramente mi hombro.
Dejé escapar un suspiro de resignación, y me di la vuelta para encarar a mi esposo. Sus brillantes ojos azules me miraban con ternura y un poco de diversión, con esa media sonrisa traviesa que atravesaba su rostro cuando algo interesante pasaba por su mente. Fui consciente de la luz de la mañana que iluminaba la habitación donde nos encontrábamos, del fresco olor de jabón que emanaba del cuerpo del hombre junto a mí, quien ya estaba completamente vestido, y de la repentina sensación de frío que me rodeaba. Confundida, bajé la vista hacia mi cuerpo, para descubrir que me encontraba completamente desnuda.
Los recuerdos de la noche anterior volvieron inmediatamente a mi cabeza, mientras que me apresuraba a cubrir mi cuerpo con la sábana en un acto reflejo de la vergüenza. Escuché la risa de mi esposo, quien hizo un rápido movimiento para volver a dejarme al descubierto bajo sus ojos, provocando que mi rostro enrojeciera más de lo que ya estaba. Frustrada, tapé mi pecho con mis brazos, en un inútil intento de sentirme más protegida de esa mirada intensa que analizaba cada centímetro de mi piel, como si quisiera guardar en la memoria hasta el más mínimo detalle para la eternidad.
-Aún después de tanto tiempo, ¿Todavía te da vergüenza? – me preguntó Kaito en tono burlón, posando una de sus manos sobre mi estómago y dejando correr la punta de sus dedos en círculos alrededor de mi ombligo.
-No estoy avergonzada. – repliqué, intentando ignorar el cosquilleo que sus dedos me provocaban.
Entonces, él tomó mi mano y me ayudó a incorporarme en la cama, para luego llevársela a sus labios y depositar un beso en el dorso, como era su manera favorita de recordarme todas las cosas que habían sucedido cinco años atrás. Sus ojos azules se quedaron mirando fijamente la esmeralda y la bella cinta dorada que adornaba uno de mis dedos, ese símbolo de la promesa que forjamos, y la sonrisa que se formó en su rostro me dio a entender que él también estaba recordando aquellos días.
(Kaito POV)
Mis labios descendieron sobre los de mi princesa con inusitada fiereza, reclamando poseer el sabor que tanto había esperado conocer. Mis brazos se enroscaron alrededor de su cintura por puro instinto, sujetando firmemente su abdomen contra el mío, mientras que los brazos de ella estaban inmóviles sobre mi pecho. Al principio, ella parecía una estatua de piedra, congelada por la inseguridad, llena de dudas. Yo no tenía duda alguna, y tampoco quería que ella las tuviera. Sin embargo, recordé que seguramente éste era el primer beso que ella recibía, así que disminuí el ritmo para darle tiempo de aprender y acoplarse.
Poco a poco, Miku comenzó a responder, vacilando un poco al envolver mi cuello con sus brazos, moviendo tentativamente sus labios de forma parecida a los míos, hasta que alcanzó un ritmo más o menos parejo al que yo llevaba. Me encargué de sujetarla con más fuerza, rozando mi pelvis con la suya, haciendo que el tormento en mi cuerpo se hiciera más intenso. Cada una de mis células me gritaba que la hiciera mía de una vez, que arrancara su vestido a pedazos y tocara su piel, pero el lado racional de mi cerebro me instaba a ir con cuidado, a proteger a Miku de mí mismo.
Decidiendo obedecer mis instintos, deslicé uno de mis brazos hasta las rodillas de mi princesa para levantarla en brazos, sin siquiera tener que separar nuestros labios, y luego caminé cuidadosamente hacia el lugar donde recordaba que se ubicaba la cama, rodeando con cuidado la mesita donde estaba el estuche de violín recién abierto. La deposité con delicadeza sobre las sábanas, antes de colocarme sobre ella y cubrir su cuerpo con el mío. Podía sentirla temblar y sacudirse ligeramente debajo de mí, sin poder definir si lo hacía por la excitación o por temor. Asumí que probablemente sería por ambas razones.
Llegó un momento en que probar sus labios no fue suficiente, y quise tener aún más. Cuando nos separamos para tomar aire, pude ver que sus mejillas tenían el color de los tomates, y que sus ojos parecían nublados con el éxtasis, lo cual no hizo más que enorgullecerme de mí mismo por ser quien le provocara esas sensaciones. Dejó escapar un gemido ahogado, y comenzó a jadear al tiempo que su pecho subía y bajaba en busca de aire. Sus labios entreabiertos se convirtieron en una tentación demasiado grande, así que cuando consideré que ambos habíamos respirado lo suficiente, deslicé mi lengua dentro de la cavidad de su boca y comencé a explorar su interior. Ella soltó otro gemido, y poco a poco, luego de acostumbrarse a la sensación de invasión, le permitió a su lengua enroscarse alrededor de la mía, profundizando la intimidad y el ardor de nuestro beso.
Cuando nuestras lenguas comenzaron a danzar juntas, mis brazos decidieron que se habían mantenido quietos durante demasiado tiempo. Comencé a deslizar mis manos por sus costados, sintiendo sobre la fina tela de su vestido la curva de la cintura y las caderas, y luego subiendo hasta la curva de sus senos. Ella dejó escapar un gemido al sentir mi caricia en ese lugar, y comenzó a sacudirse en un intento de resistirse, pero yo no se lo permití y continué tocándola y acariciándola.
Decidido a seguir adelante, deslicé mis manos hacia la espalda de Miku, donde estaban todas las cintas y broches que mantenían en vestido en su lugar. Comencé a deshacerlas una por una, y por cada nudo que se deshacía, o cada botón que abandonaba su ojal, un escalofrío agitaba el cuerpo de mi princesa.
El pesado montón de tela que era su vestido se resbaló con increíble facilidad de sus hombros, y con toda la delicadeza de la que fui capaz, me encargué de terminar de retirarlo de sus brazos. La gran falda quedó colgando de su cintura, pero la visión del corsé y la ropa interior que aún cubría el pecho de ella era mucho más tentadora, así que me dediqué a deshacer pacientemente las cintas y lazos que mantenían esas prendas sujetas a su cuerpo con una fuerza que me hacía preguntarme cuán difícil era para ella respirar.
-Ka… Kaito… - ella intentaba decirme, con un vacilante murmullo que apenas llegaba a mis oídos, y que mi cerebro no registró inmediatamente.
Miré sus ojos, buscando una señal que me instara a continuar, pero el brillo de sus orbes esmeraldas se veía opacado por una bruma que ya no correspondía al placer, sino algo mucho más externo. Su mirada me confundía, parecía transmitir una fuerte determinación, pero al mismo tiempo estaba llena de vacilación. El tipo de mirada que tendría una niña pequeña al lanzarse por primera vez de una cuesta en trineo.
(Miku POV)
Los labios de Kaito sorpresivamente abandonaron mi mano, para estrellarse con fiereza contra los míos. Su cuerpo se alzó sobre el mío y me atrapó contra el colchón, quitándome el frío y la sensación de desnudez.
-Kaito… - comencé a jadear entre cada beso, tratando de mantener mi mente concentrada en lo que quería decir, cosa que era muy difícil.
-No me detengas ahora, amor… - me rogó él, con la desesperación impresa en sus orbes azules.
-No iba a hacerlo… - dije, mientras él abandonaba mis labios y se dirigía hacia la curva de mi cuello – Pero… ¿No ibas a despertarme por otra razón?
-¿Qué te hace pensar que no quería despertarte solamente para hacerte el amor? – me preguntó él, y yo no pude evitar soltar una pequeña risita.
-Es que ya estás todo vestido… - respondí, y ésta vez fue el turno de Kaito de reírse traviesamente.
-Eso se puede arreglar fácilmente. – respondió, con la voz ronca, antes de incorporarse brevemente para comenzar a desabrochar los botones de su camisa.
(Kaito POV)
El temor reflejado en los ojos de Miku me hizo cambiar de técnica. Tal vez explorar su cuerpo no era lo que ella quería en ese momento. Quizá, lo que ella necesitaba era conocerme a mí primero.
Me incorporé sobre mis rodillas, para que ella tuviera plena visión de lo que hacía. La camisa negra que aún yacía medio abierta sobre mi pecho fue lo primero de lo que me deshice, prácticamente reventado los pocos botones que quedaban. Deslicé la prenda de mis hombros hasta que mis brazos estuvieron fuera de las mangas, para luego arrojarla al suelo de la habitación. Pude notar que la mirada de Miku viajaba por todo lo ancho y largo de mi torso y mis brazos, como escaneando cada detalle, mientras que sus mejillas se teñían de un rojo aún más intenso. Sin embargo, para mi desesperación, sus ojos nunca perdieron el matiz de temor.
Apenas dándome cuenta de que aún estaba calzado, me quité los zapatos y los calcetines con una sacudida de los pies. Aún estaba pensando de qué manera podía hacer que ella despejara todas sus dudas. Volví a inclinarme sobre ella y a atrapar sus labios con los míos en un beso íntimo y profundo, pero mucho más relajado que el anterior. Tal vez de esa manera, ella sentiría más confianza. Pareció funcionar durante unos minutos, pues ella volvió a enroscar sus brazos alrededor de mi cuello y a responder el beso con sus propios labios.
Pero entonces, ella decidió que le correspondía ahora acariciar y tocar. Sus manos dejaron un débil y tembloroso rastro de calor sobre mi espalda, mis costados y mi pecho. Sus dedos vacilantes tocaban mi piel como si quemara, y la punta de sus uñas delineaba el contorno de los músculos de mi abdomen y mis pectorales. No podía negar que me parecía adorable la manera en que ella se esforzaba por ignorar su inseguridad y poner su grano de arena en nuestro acto de pasión, así como tampoco podía negar que, por más dubitativo que fuera, el roce entre sus dedos y mi piel me encendía y me torturaba cada vez más.
Poco a poco, las manos de Miku comenzaron a explorar cada vez más abajo, hasta llegar al borde de mis pantalones. Me quedé en blanco, sorprendido por la audacia que ella demostraba, contemplando la posibilidad de que finalmente ella se hubiese deshecho de su temor. Pero mis expectativas se vieron hechas pedazos cuando me percaté de que sus dedos temblorosos se aferraban al borde delantero, justo sobre el botón que mantenía mis pantalones en su sitio, paralizados, sin atreverse a seguir.
Dejando escapar un suspiro, me separé de Miku unos centímetros, para poder mirarla a los ojos, decidido a resolver su problema de dudas de una vez por todas. Sin embargo, cuando logré enfocar su rostro, no vi lo que esperaba. Sus ojos estaban cerrados con fuerza y su ceño fruncido, como si estuviera haciendo un gran esfuerzo. ¿Tan terrible era hacer el amor conmigo? ¿Por qué se veía tan sufrida, cuando había sido ella misma quien había aceptado?
(Miku POV)
Para acelerar un poco las cosas, me incorporé y ayudé a Kaito a quitarse su traje con cuidado. Si fuera por él, habría destrozado las costosas prendas reales en pedazos para poder volver a mí más rápido. Ese lado salvaje y apasionado suyo siempre me había fascinado, desde que lo conocí como el enmascarado misterioso. Era el contraste perfecto para el exterior frío y "noble" que le mostraba al resto de la corte y el reino. Cuando ambas personalidades se juntaban, emergían como la persona que había aprendido a amar, la persona que estaba a mi lado en los momentos buenos así como en los malos.
El día que mi padre murió por su avanzada edad y por la enfermedad que había contraído un año antes aún se repite en mi cabeza como una novela trágica. Recuerdo las lágrimas de mi madre derramándose como pequeñas gotas de lluvia salada sobre la tapa del ataúd cerrado donde el cuerpo de mi padre descansaba. Recuerdo el estupor y la impotencia que se apoderaron de mí en aquel momento, y aún me duele cuando vuelven a mí como fragmentos del pasado tanto dulce como amargo que Kaito y yo compartimos. Pero lo que más recuerdo, la sensación que todavía me parece percibir como si aún estuviera sucediendo, es el tacto cálido de las manos de Kaito sujetando las mías a lo largo de todo el día, dándome ánimos y manteniéndome fuerte mientras los sirvientes colocaban el ataúd en la tumba con ceremoniosa lentitud.
Afortunadamente, mi esposo no fue el único que estuvo conmigo ese día. Vinieron miles de personas de todo el reino, trayendo regalos, coronas de flores, y su más profunda pena por la muerte del Rey. Además, recibimos visitas de nuestros amigos del reino vecino: Rin y Len vinieron en compañía de su séquito para presentar sus lamentos. Aún en la actualidad, los gemelos Kagamine son personas en quienes confiamos mucho más que en muchos de nuestros consejeros en la corte. Ambos tienen muchos problemas en su reino, pues parecen reacios a casarse aunque la salud de sus padres se debilita, y sus súbditos quieren que un heredero sea concebido tan pronto como sea posible. Cuando les preguntamos sobre eso, ambos simplemente intercambiarían una mirada divertida, antes de tomarse de las manos y respondernos con una sonrisa:
-Es que simplemente, no nos hace falta nadie más en nuestras vidas por el momento.
El sonido de tela desgarrándose me sacó de mis recuerdos, y cuando volví a ser consciente de la comprometedora situación en que nos encontrábamos mi esposo y yo, fue que me di cuenta de que los pantalones de Kaito se habían roto a pesar de todos mis esfuerzos.
-Cariño, ¿Nunca puedes tener cuidado con la ropa? – le pregunté en un falso tono de reproche, escondiendo la risa que quería escapar de mi boca - ¿Qué dirán las mucamas cuando tienen que remendar pantalones y vestidos a cada momento?
-Miku, sabes que me importa un comino lo que digan las mucamas de nuestra vida privada. – me respondió él, guiñándome el ojo y sonriéndome nuevamente, antes de descartar los pantalones dañados y abalanzarse sobre mí, acariciando con furia y pasión todos los rincones de mi cuerpo.
(Kaito POV)
Tratando de animarla, dirigí una de mis manos hacia abajo, dispuesto a guiarla. Pero en ese momento, rocé sin querer uno de los bolsillos de mis pantalones, donde sentí un pequeño bulto. Recordé entonces el valioso objeto que estaba allí guardado, la joya que había adquirido en el pueblo unos días atrás, y que desde entonces siempre llevaba conmigo. Era el anillo, la esmeralda rodeada de oro, que estaba destinado a descansar en el dedo de mi hermosa princesa.
Una voz de alarma se disparó en mi cabeza, advirtiéndome que olvidara mi cuerpo y mis instintos por un momento y le prestara atención a mi cabeza. Las palabras que el príncipe Len había pronunciado esa misma mañana volvieron a mi mente, recordándome la resolución que había tomado por el bien de Miku y el mío.
Coloqué mi mano sobre las de Miku, quien pareció percibir el cambio que se había efectuado en mí, pues dejó de temblar. Ella abrió los ojos y me miró con una mezcla de confusión, curiosidad, y la misma sombra de miedo que tanto me había molestado.
-Ka… ¿Kaito? – dijo ella, con la voz ronca, alternando su mirada entre mi cara y nuestras manos en el borde de mis pantalones.
Dejé escapar un suspiro, antes de mirarla con toda la ternura y la comprensión de la que fui capaz en aquel momento.
-No estás lista para esto aún, ¿no es cierto? – dije, más como una afirmación que como una pregunta.
Ella me miró con incredulidad ante mis palabras, antes de desviar la mirada hacia un lado. El color de sus mejillas ya no era tan intenso como unos minutos atrás, como si el tremor en su interior se hubiese calmado, pero aún se podía notar su sonrojo. El ritmo de su respiración también pareció calmarse, pues dejó de jadear. Su rostro era una mezcla de sentimientos emergentes, entre los que no faltaba cierta decepción, pero no pude distinguir si estaba dirigida hacia mí o hacia ella misma.
-¿No te parezco lo suficientemente buena? – me preguntó, con la voz aún temblorosa, pero sonando un poco dolida.
Sus palabras me impactaron por lo increíblemente ridículas que sonaban. ¿Cómo podía ella pensar eso? ¡Si había pasado semanas enteras imaginando y contemplando el momento en que llegara esta noche, esta oportunidad de hacerla mía! ¡Si todo en ella me parecía tan perfecto y sensual, que mis fantasías no le hacían justicia! Sin embargo, entendí porqué ella había malinterpretado mis palabras, si después de todo, había interrumpido todo abruptamente.
-Tú me pareces tan buena, que me haces sentir que no te merezco. – le respondí, con seguridad, y sus ojos se iluminaron por una fracción de segundo antes de volver a oscurecerse con la sombra de la duda.
-Entonces, ¿Por qué nos detuviste? – preguntó ella perspicazmente, como si sospechara de una posible mentira.
Guardé silencio por unos segundos, meditando mi respuesta y escogiendo las palabras que iba a usar con cuidado. Decidí decantarme por la verdad, aunque sonara poco convincente. Este no era momento para excusas. Era el momento de que nuestra relación volviera a basarse en lo auténtico, sin más misterios ni secretos.
-Porque hacer el amor conmigo no es lo que tú quieres en este momento. – respondí, y sus ojos se abrieron desmesuradamente en una expresión de sorpresa.
-¿De qué estás hablando? – dijo ella, y por la proximidad de nuestros cuerpos me di cuenta de que su corazón se había acelerado.
-Escucha, Miku… - comencé, concentrándome en encontrar las palabras que me permitieran expresarme con claridad – Estoy consciente de que tienes otras expectativas, otros deseos. Me parece que, aunque también lo deseas, te estás obligando a ti misma a hacer esto. Ten por seguro que en este momento deseo hacerte mía un millón de veces, pero… Pero antes que nada, tu felicidad es más importante. Así que, si hacer el amor ahora no es lo que te hará feliz, entonces yo esperaré a que estés lista.
Sus ojos, esas dos esmeraldas que tanto me fascinan, brillaron con tanta intensidad ante mis palabras que me sentí sobrecogido. Una sonrisa se formó casi inmediatamente en sus labios, una de esas sonrisas verdaderas que estaban llenas de significado.
(Miku POV)
Mi pecho subía y bajaba una y otra vez, el latido de mi corazón era tan fuerte que me ensordecía, casi logrando impedirme escuchar el gemido gutural y masculino que escapó de la garganta de Kaito cuando él alcanzó su éxtasis, antes de desplomarse sobre mí entre jadeos. Soporté el peso de su cuerpo sobre el mío durante unos minutos sin problemas, acostumbrada como estaba a hacerlo con regularidad. Al cabo de un tiempo, cuando él recuperó sus energías, se hizo a un lado y se recostó junto a mí en la cama. Ahora ambos estábamos en las mismas condiciones, los dos desnudos y cubiertos con una capa de sudor. Yo también recuperé mis fuerzas luego de unos minutos, y pude darme media vuelta para mirar a mi esposo a los ojos.
-¿Se siente complacido ahora, Majestad? – dije, en tono de broma, ocultando una risita.
-Esta vez no logré hacer que te desmayaras, la verdad estoy un poco decepcionado de mí mismo. – respondió, guiñándome el ojo nuevamente, haciéndome recordar la vez a la que él se refería.
-No me refería a tu desempeño, amor, – le dije, confundiéndolo por un momento – hablaba de mí. Dos rondas en menos de doce horas, me siento orgullosa. Estoy cada día más resistente.
Él comenzó a reír, y a los pocos segundos me uní a él. El eco de nuestra risa resonó por toda la habitación, como una perfecta harmonía de felicidad, que era un reflejo de en lo que se habían transformado nuestras vidas.
(Kaito POV)
Sintiendo mi pecho inflarse por la emoción y los nervios, me separé de Miku y comencé a vestirme nuevamente, mientras ella volvía a colocarse la parte superior de su vestido. Cuando ambos estábamos decentes nuevamente, tomé su mano para ayudarla a sentarse en el borde de la cama.
-Espera, quédate ahí un momento. – le pedí cuando ella estuvo a punto de ponerse de pie, haciendo que ella me mirara con curiosidad, pero me obedeciera.
Inhalé y exhalé profundamente varias veces, ensayando mentalmente lo que estaba a punto de hacer, maldiciéndome mentalmente por no haberlo practicado antes. Sin embargo, cuando la mirada de Miku comenzaba a tonarse de curiosa a impaciente, decidí que sería mejor decirlo de la manera que se me ocurriera en el momento.
Hinqué una rodilla en el suelo alfombrado, como un caballero arrodillándose ante su reina. Saqué el anillo de mi bolsillo, y contemplé con deleite los ojos de Miku abrirse desmesuradamente e iluminarse como quien acaba de serle concedido un gran deseo.
-Miku, yo quiero que seas feliz. – Comencé mi pequeño discurso, sintiéndome nervioso y excitado por su mirada enternecida – Quiero que seamos felices juntos. Te amo más que a nadie ni nada.
Mi voz se diluyó como partículas de sonido en el aire cuando vi que sus orbes esmeraldas se humedecían con pequeñas lágrimas, pero la inquebrantable sonrisa en sus labios me hizo ganar seguridad y seguir adelante.
-Por eso, quiero pedirte que me des la oportunidad de hacerte feliz. – Continué - ¿Te casarías conmigo?
El latido desbocado de mi corazón casi me impidió escuchar la respuesta, susurrada ceremoniosamente como un secreto sagrado revelado a la humanidad. Sin embargo, no hubo nada que me impidiera escuchar el suspiro que se escapó de sus labios mientras me encargaba de deslizar la cinta dorada en su delicado dedo.
Fin del fic.
Esta historia está, oficialmente, completa.
Mi corazón está latiendo mucho justo ahora x3 estoy muy feliz, porque este fic significa mucho para mí... es el fic más largo que he hecho, es el más exitoso, el que me emocioné más escribiendo, y el primero que termino xD
Quiero agradecer a todas las personas que se han tomado el tiempo de enviarme un review a lo largo de esta historia =D y un agradecimiento especial a aquellos que han seguido mi historia desde el principio!
Y no dejen de enviarme reviews con este epílogo xD sus opiniones son muy importantes para mí, comentarios, críticas constructivas, tomatazos, regalos de navidad... =3
Finalmente, si les gusta mi forma de escribir, no dejen de pasarse por mi próximo fanfic largo que ya tengo planeado ^^ va a ser un LenxRin, MikuxKaito, GakupoxLuka; y se va a llamar The Eternal Madness of a Desperate Love, o La Locura Eterna de un Amor Desesperado (aún no sé si ponerle el título en inglés o en español xD), y el primer capítulo estará publicado pronto =)
Bueno, eso es todo amigos xD espero que les haya gustado!
Matta-ne!
PD: Feliz Navidad! =D y Feliz Año Nuevo!
