Hijos del miedo by Jurie

Capitulo 10

Don't Wanna Know

Me había pasado toda la mañana mirando la bendita mochila y aún no encontraba las fuerzas para abrirla y revisar lo que había dentro.

Esa chica Temari ciertamente no la recordaba, pero al parecer ella a mi sí. Aún así le creía, sus palabras parecían llenas de dolor cuando me rogaba que me vaya y nunca vuelva. No podía hacerle caso, seguir huyendo solo empeoraría todo. La paranoia, las pesadillas, el miedo constante todo desaparecería si desaparecía el monstruo del cuento.

Hace años solo era una niña miedosa que se escondía detrás de una máscara de ira, pero ya no más. Esta vez solucionaría las cosas a mi manera cueste lo que cueste.

Estuve a punto de abrir la mochila cuando un golpe en mi puerta me distrajo.

—Esta abierto—

—¿Vas a contarme lo que realmente paso?— Sasuke Uchiha en todo su esplendor se recostaba en el marco de mi puerta esperando una contestación lógica.

No había tenido mas de un día para meditar lo ocurrido y ya tenía que dar respuestas que ni yo sabia.

—No se de que estas hablando—Le devolví una sonrisa lo más convincente que pude.

—¿Realmente piensas que ha colado aquella mentira tuya? Puedes mentirte a ti misma preciosa pero no a mi—

—Ya... era de esperarse—

—Entonces...— su expresión entre ansiosa y cabreada se me antojo sexy.

—Tal vez te cuente... pero no ahora—

—Maldición Sakura nos has dado un susto de muerte y ahora no quieres hablar, todos están preocupados por ti ¿sabes?—

—Lo se...— se me encogió el estómago de pena—realmente no puedo decirlo—

Lo escuché suspirar otra vez, la situación lo estaba exasperando.

—Lo arreglaré, lo prometo ¿vale? Encontrare la forma—

— Ni sueñes que vas a dejarme a un lado de toda esta mierda—

Suspire y me tomé el puente de la nariz para calmar mi dolor de cabeza. Si hubiese sabido el humor de infierno que se iba a traer habría pensado tres veces antes de decirle una mentira a Sasuke Uchiha.

—Sasuke, por enésima vez— le conteste con la voz mas tranquila que encontré mientras me acercaba y le acariciaba la mejilla — confío en ti más que en mi misma, pero debo hacer esto sola—

No estaba exagerando, desde el primer día que lo vi, a pesar de lo patán que era siempre supe que nuestra historia iría más allá. Lo que hacía él con un simple roce nunca lo había experimentado en la vida.

Su mirada se llenó de rencor fría como un tempano de hielo haciendo que se me suba el corazón a la garganta. Me tomo de las muñecas y me apartó de él como si quemara.

—Que te den Sakura no vale la pena preocuparse por una tía como tu—

—¿Una tía como yo? ¿Qué se supone que significa eso Uchiha?— le contesté con los brazos en jarra.

—No haces más que ocultar y mentir— se paso la mano por el pelo — Pensé que entre nosotros había algo especial ¿sabes? Tirarnos trastos y tontear estuvo bien pero tu no confías ni en tu sombra—

Mi corazón se heló como un cubito de hielo con sus declaraciones.

—Sasuke... yo te contare todo... solo necesito tiempo—

—No Sakura, ya has dicho suficiente—

Y con esto desapareció por el marco de la puerta dejándome desconsolada. El vacío en mi pecho se había convertido en un agujero negro que devoraba todo a su paso. Necesitaba a Sasuke más que respirar, su presencia se había transformado en una adicción para mi. Si hasta ahora todo había sido un juego de tira y afloje a ver quien cae primero en los brazos del otro, todo eso había tocado fondo.

Sin embargo no era el momento, no podía solo ir y soltarle todo. La única cosa peor que esto sería ponerlo en peligro, no ser capaz de verlo nunca más. No, no podía permitirlo.

Una nueva determinación inundó mi cuerpo. Nadie más saldría lastimado, esta vez sería diferente, protegería a los que amo.


Tenía un humor de perros y lo único que le apetecía era una buena sesión de box.

Me apresuré al gimnasio donde, después de vendar mis manos, me dediqué a golpear con todas mis fuerzas el condenado saco. Jodida Sakura y sus jodidas mentiras, jodido el maldito momento en el que vi algo en ella.

No importaba la cantidad de golpes que daba nada me llenaba nada hacía que mi pecho deje de doler. Había desarrollado una necesidad peligrosa por una mujer aún más peligrosa y ahora no sabía que hacer para remediarlo.

No supe cuanto tiempo pasó hasta que al fin me detuve. La oscuridad que se notaba del otro lado de la ventana me indicaba que el sol se había ido hacía ya un buen rato.

Apenas había tenido tiempo de cambiarme la camiseta cuando mi teléfono comenzó a sonar.

—Uchiha—

—Sasuke, ven a la comisaría ahora mismo—

—No me jodas Itachi te detuvieron por conducir ebrio otra vez— contesté sonriendo.

—Solo ven y que sea rápido—

La media sonrisa que había aparecido en mi cara se esfumó por completo. La voz de Itachi estaba ronca y seria como nunca antes lo había escuchado.

Tomé una chamarra y salí disparado de allí.


Por cada paso que daba me alejaba de la comodidad de mi hogar y me acercaba a la frialdad del barrio. Casas destruidas con el paso de los años, construcciones abandonadas, jardines sin cuidar y vallas alambradas por doquier, ese era el paraíso de los Bangers.

Hogar dulce hogar.

Caminé unas cuadras más hasta que al fin llegué al lugar que buscaba. Una cantina de mala muerte aislado del mundo, con un cartel de neón que decía Xenon. Ni las motos ni sus dueños aparcados afuera con cara de pocos amigos me intimidaron, era como un pez en el agua.

— ¿Quién es esa preciosidad? Ey nena ven a tomar una cerveza conmigo— Un gorila sudoroso se cruzo en mi camino.

—A un lado— murmuré entre dientes.

—Oye tío venga ya, solo déjala pasar— miré al segundo hombre. Un metro noventa de barba y músculos, estaba pálido como si hubiese visto un fantasma.

—Eh pero si yo solo estoy de buen rollo con ella a que sí, no tienes porque ser borde muñequita— se acercó más a mi tirándome su aliento a tabaco y alcohol en la cara —quizás unos cuantos besos te ablanden—

Antes de siquiera pensar en como lo iba a golpear una voz grave nos interrumpió.

—Espero que hayas presentado tus respetos, gamberro—

El gorila volteó con expresión de pánico —¿Q...q.. qué?—

—Ya me oíste— su cabello naranja brillaba con la luz de las farolas dándole un aspecto más macabro del que normalmente tenía.

—Lo siento mucho jefe— El pobre hombre solo atinó a alejarse como pudo entre pasos tambaleantes y disculpas.

Una sonrisa genuina salió de lo más profundo de mi alma. Corrí a sus brazos olvidando totalmente el incidente con el motociclista.

—Te extrañe tanto—

—Nosotros también te extrañamos, pasa Konan estará feliz de verte— me dijo cuando al fin lo solté.

En cuanto entramos el olor a cigarro y alcohol me hacían casi imposible respirar sin marearme.

Solo habíamos caminado unos metros cuando una voz femenina llamó mi atención.

—¿Todo en orden Pain?—

—Si, era solo un borracho molestando— contestó con voz monótona —tenemos visitas—

La peliazul alzó su mirada hasta encontrarse con la mía. Sus ojos se abrieron de par en par y se le desencajó la mandíbula.

—Ey— fue todo lo que pude decir con un poco de vergüenza.

—¡Oh por dios Tigress!— y dicho esto se me echó encima como una loca —¿Qué haces aquí sabes hace cuanto tiempo no sabemos nada de ti jodida cabrona podías haber llamado al menos?—

Mi mente se nubló un poco al escuchar mi antiguo sobrenombre. Los viejos tiempos no siempre me traían buenos recuerdos.

Una risa escandalosa salió de mi garganta —Lo siento he estado un poco ocupada últimamente—

—¡¿Ocupada?! ¡Lo sabía te lavaron la cabeza en esa puta cárcel!—

—No es eso Konan, de hecho es solo una secundaria normal... lo que me mantiene ocupada es otra cosa y de hecho es por eso que he venido—

—Explícate— de la nada su mirada se volvió totalmente seria. Era increíble lo rápido que Konan podía pasar de ser la mejor hermana mayor del mundo a ser una perra sin sentimientos solo para negocios.

—Han estado pasando ciertas... cosas, creo que mi padre escapó de prisión—

—Tienes que estar bromeando Saku— me dijo cubriéndose la boca con ambas manos.

Mire a Pain y el me devolvió la mirada con ojos muertos —Así que los rumores son ciertos—

—¿Tú lo sabías?—preguntó la peliazul.

—Él siempre lo sabe todo— contesté yo rodando los ojos.

—Pain como pudiste no decírmelo— lo increpó Konan con los ojos entrecerrados. Su complejo de hermana mayor sobre protectora estaba volviendo.

El aludido solo se limito a encogerse de hombros como si no fuese la gran cosa.

—Nagato necesito tu ayuda— sus ojos violeta perforaron los míos con una intensidad que casi me hizo tambalear. Usar el primer nombre de Pain era como intentar ser amigo del demonio, las faltas de respeto no son toleradas en la pandilla. Sin embargo yo tenía un cierto privilegio con él, Pain, Konan y yo nos conocimos de niños y ambos habían adoptado el hábito de tratarme como una hermana menor. Aún así solo usaba su primer nombre cuando realmente necesitaba algo importante.

—Habla Sakura—me contestó. Había pasado el tiempo pero Pain seguía tan intimidante como siempre.

Cogí un montón de aire—Ayúdame a encontrarlo—


—Itachi— me acerqué a él dando grandes zancadas.

Mi hermano estaba pálido como nunca, su cara denotaba terror. Parecía en shock, ni siquiera escuchó cuando lo llamé, solo reaccionó cuando toqué su hombro con mi mano.

No me dijo nada solo se volteó y me abrazó con todas sus fuerzas como si la vida se le fuese en ello.

—Itachi ¿qué pasó?—

—Alguien atacó a nuestros padres—