Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Capítulo 10

"Libre al fin"

Edward POV

Llegué a la oficina después del almuerzo y mi secretaria, Marta, una mujer de unos cincuenta años; eficaz como nadie, me informó que Benjamín me estaba esperando. Aguardaba con todo el corazón que tuviera las cosas solucionadas o al menos me dijera qué podía hacer.

Ya hacían tres días que habíamos hablado y que le diera los documentos y pedido que si había algo, lo hiciera y me sacara de este atolladero de una vez por todas.

— ¡Hey Ben! — Le saludé sentándome en mi escritorio a su frente — ¿tienes algo bueno para mí? — Anhelaba que así fuera. Anoche cené con papá y Eleazar y me sentía asqueado, pues Eleazar quería que me casara y me reclamó por hacer llorar a Tanya.

— Efectivamente amigo, puedes liberarte de Tanya— sonreí como el puto gato de Alicia en el país de las Maravillas— pero solo por renuncia a tus derechos de esta empresa

— ¿Qué? — Era la mejor noticia de mi puta vida.

— Eso, tienes el poder para desligarte de esta empresa y de tu compromiso por la dimisión y entrega del porcentaje de tus acciones. — Vaya no me esperaba esto, pero tampoco me sorprendía, lo más preciado para mi padre y Eleazar al parecer era esta empresa y yo que pensé que Charlie era el avaro

— ¿Entonces dónde firmo? — Me importaba poco. Tenía el dinero que mi abuelo Anthony dejó para mí, más lo que yo había hecho en estos años. No iba a morir de hambre— ¿Qué Ben? ¿Por qué me miras así?

— ¿De verdad no te importa salir de esta empresa?

— No, he sacrificado mucho por esta empresa no tengo ganas de seguir aquí si para eso debo estar con Tanya.

— Me alegra escuchar eso porque como sé que estás apurado, aquí está el documento de cese de renuncia listo.

— Gracias, Ben

— ¿Qué celebras Edward? — Interrogó mi padre, justo a quien quería ver— espero que sea algo de lo que hablamos anoche

— Pues padre, aquí mi abogado tiene algo que querrás ver— tomé el documento de las manos de Ben y se lo entregué, el chico salió y me dijo que nos viéramos después.

Carlisle, por su parte, se encontraba rojo

— ¿Qué opinas?

— Es una broma ¿cierto? — Su voz era hielo y su rostro rojo— ¿es una maldita broma de mal gusto Edward Anthony Cullen? — Es el momento de tomar mi vida. Pensé en Bella, ella se enfrentó a Charlie con veinte años; para mí debe ser más fácil, pues ya soy un hombre hecho y derecho y estoy pronto a cumplir veinticinco años, ya era hora de dejar de ser el niño de papá.

— No lo creo.

— Eres estúpido ¿verdad?

— No, solo estoy decidiendo por mí mismo.

— ¿Tú mismo? ¿Sabes Edward? ¡Jamás has decidido!

— ¿Qué?

— ¿Crees que Charlie y yo no sabíamos de tu enamoramiento por Bella? — Él se sentó tranquilo

— Pero…. — no podía creerle todo lo que dijo, él me utilizó.

— Es una lástima que ella se fuera, pues es cierto que tu madre la quiere, pero fue mejor. Era un estorbo en mis planes de que te casaras con Tanya. Charlie no supo controlar a una niña, sin embargo, yo sí pude demostrando que las mujeres no sirven para los negocios. Edward si renuncias, nadie te contratará, tu prestigio se acabará. Piénsalo bien ¿vale la pena una mujercita que baila en club a cambio de Tanya, una excelente administradora? ¿Una mujer con clase?

— Me voy, Carlisle no te conozco— él de verdad estaba mal, me hizo creer que Charlie nos iba a dejar en la quiebra cuando solo quería más poder. Nos utilizaron a Bella y a mí como peones en su juego, pero esto se acabó, ese papel me libró de todo. Lo mejor era que el que tenía Carlisle era una copia.

Ben ya debe estar en el juzgado validando el original, pensé cuando estaba en el ascensor y vi que Tanya venía con Victoria, su "amiga".

— Eddie ¿dónde vas?

— Me largo de esta guarida de alimañas— poder ver su rostro desfigurarse por la sorpresa primero y después por la ira fue un buen momento kodak— terminamos Tanya, que disfrutes casándote con otro imbécil— subí y antes que cerrará dije — tal vez quieras otra amiga también puesto que ésta se acuesta con tus prometidos— y las puertas se juntaron.

Sentí satisfacción aunque quizá me pasé al decirle que me había acostado con Victoria, pues fue hace seis meses mientras Tanya se encontraba con su mamá en Hawái, pero sentí bien liberarme de ellas dos. Ahora solo debía armarme de valor y recuperar a Bella aunque primero mi madre debía saber con quién estaba casada, espero por todo lo sagrado que ella sí sea buena en verdad y no una patrañosa como Carlisle.

-o-

Estacioné frente a la casa de mi madre y vi el jeep de Emmett y el porsche de Alice, qué bueno de ese modo sabrían todos de una vez, pensé.

Entré y se encontraban riendo de algo que decía Emmett

— Oh cielo, qué alegría— mi madre siempre sonriente— no me avisaste. ¿Qué te trae por aquí?

— Renuncié a la empresa y a casarme con Tanya.

— Whoa hermano era hora de dejar a Tanya, pero ¿la empresa? Edward tú amas tu trabajo.

— Sí Emmett, pero para romper con Tanya debía romper con la empresa...

Les conté todo lo que Carlisle me dijo y fui testigo de cómo el siempre sonriente rostro de mi madre primero pasaba asombrado, luego a la decepción y por último al llanto. Emmett estaba molesto y Alice lloraba

— Y yo no puedo seguir con eso, yo tengo derecho a escoger mamá.

Escuchamos un auto y ya sabía que debía ser Carlisle, por lo que me levanté

— Voy salir por la cocina, no puedo verlo— Alice me acompañó y pidió llevarla al trabajo de Bella, según necesitaba a Jasper; era lo que entendí por sus hipidos.

La llevé y me aseguró que le pediría a Bella que la llevara a casa y aunque me moría por ver a mi hermosa, no me sentía bien, pues debía pensar cómo decirle que fui un juguete de papá cuando ella fue valiente e hizo su vida sin sus padres.

-o-

Llegué a mi casa y me bañé, volví a acostarme sin cenar.

Gran diciembre tendríamos la familia Cullen Masen, era una pena por mamá ya que ella realmente ama a mi padre, pero en sus ojos había tanta decepción.

Observé la foto de Bella y no supe en qué momento me dormí.

Me despertó un sonido y levanté la vista hacia el despertador de la mesita de noche y vi con asombro que eran las diez a.m.

Vaya, sí qué dormí. El molesto sonido volvió y busqué mi teléfono, pero no era eso sino que el timbre.

Grité un ¡voy! Y me levanté, abrí sin ver y me sorprendí al ver quién era

— ¡Hola Edward!


Espero les guste y comenten!

Besos!