Odio a la hermosa chica nueva.

…..

SHAMAN KING NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SÍ. PROHIBIDO REPRODUCIR EN CUALQUIER OTRA PARTE SIN MI PERMISO.

…..

Capítulo diez.

Yoh caminaba nervioso por el pasillo, tratando de calmar su respiración.

Anoche habían tenido que llevar a Hao al hospital, y al regresar el menor se pasó la noche entera entre el sueño y la duerme vela, pensando en que abajo su hermano dormía drogado por las medicinas, en la rubia y los problemas que posiblemente tenía. Se levantó tarde y llegó después de la hora de inicio, y aunque traía el pelo apenas cepillado y la cara aún húmeda por lavársela apenas hace un rato, sólo iba pensando que Anna ya estaría dentro.

Llegaría y se sentaría a su lado, la seguiría a casa y hablarían un poco más. Sí, eso pasaría.

Abrió la puerta, y mientras se disculpaba con el profesor por la tardanza, miró hacia el lugar que compartía con Anna, encontrando nuevamente a Tamao ahí sentada.

Desesperado, la buscó por el resto del salón y la encontró sentada en la mesa de Manta, donde debería estar Tamao.

Avanzó hacia Manta mientras el profesor les daba la espalda, y le hizo una seña que el chico comprendió al instante: Yoh se moría de ganas por sentarse junto a la rubia.

Tamao, al ver el movimiento, respiró con fuerza tratando de controlar su ira, y sólo pudo ver a Manta cambiando de lugar sin molestarse siquiera, dejando que Yoh se sentara como si nada.

-Hola, Annita. –Le susurró con ternura.- Qué bueno que volviste.

-Ya no tenía lugar.- Le recriminó ligeramente.

-Tamao se ha comportado raro toda la semana.- Anna lo miró inquisitivamente.- Me ha querido acompañar a casa, se ha sentado ahí desde el Martes, me trae naranjas de regalo…- Yoh hizo una cara de desesperación.- ¡Hasta se ha sentado conmigo y mis amigos en las horas libres!

-Deberías sentir vergüenza.- Farfulló con molestia.- La traes muy mal.

-Yo no sé por qué. Yo no he hecho nada.

Yoh sacó sus cuadernos con una expresión de inocencia, haciendo resoplar a la chica entre molesta y divertida.

-¿Y-Yoh?- Tamao se acercó en un cambio de hora.- ¿Y t-tu hermano?

-Ah…- Intercambió una mirada con Anna, que lo miraba aburrida.- Se ha quedado en casa.

-¡P-pero es m-miércoles!- Su cara enrojeció ligeramente.

-Sólo no tuvo ganas de venir.- Yoh respondió rápido, ocultando las razones.- ¿Por qué quieres hablar con él?

-Eh…- Tamao terminó de enrojecer. "Porque me prometió que si hacia lo que él dijo tendría una cita contigo, pero con esta rubia aquí no se puede". No le diría eso, ¿verdad?- Necesit-aba hablar c-con él… ¿P-puedo ir-irme cont-tigo a casa?

-Eh… - Yoh se sintió sumamente incómodo, pues en realidad deseaba irse con Anna.- Yo…

-Yoh.- La rubia sacó un folder beige.- Aquí está lo del trabajo. Podríamos terminarlo hoy.

-¡Ah! ¡Sí, claro!- Yoh le recogió el folder ante la mirada impactada de Tamao.- ¿Lo terminamos en tu casa?

-Tu casa, mejor.- Anna lo miró divertida y burlona.- Sirve que Tamao también va y habla con tu hermano.

-Oh…- Yoh la miró confundido.- Sí, sí, claro.

-G-gracias.

Tamao se dio media vuelta y salió del salón, sin poderse aguantar la rabia. "Esa maldita, burlándose de mí… Pero no me va a ganar… Se va a arrepentir de hacerme esto, se va a arrepentir… Yoh es mío."

-¿Por qué hiciste eso?- Yoh miró a Tamao salir del salón.- ¡Ahora estará en mi casa!

-¿Estás interesado en ella?- Anna lo miraba con seriedad.

-¿Qué? ¡No!- "¡Estoy interesado en ti!" Sintió una punzada de inseguridad y miedo por su pensamiento y se mordió la lengua.

Anna lo miró extraño, malinterpretando el gesto.

-Sí, claro. Como sea.- Se giró perturbada por sus propios pensamientos.- Hoy acabamos ese trabajo.

-Sí…

Surgió un momento tenso entre los dos, que se rompió por la llegada del maestro. Entre clases notó que Horo no hablaba con Ren, y que el chino estaba muy entretenido con Manta.

-¿Qué diablos tienen?- Le preguntó al enano en un momento de distracción.

-Creo que Ren va a tener una cita con una chica.

Yoh miró a Horo, que estaba fingiendo no importarle, pero que se notaba a leguas una tristeza extraña, que lo arrastraba a tratar mal a Ren y que provocaba que el joven se sintiera confundido por su mal trato.

-¿Y con quién vas a salir?- Se animó a preguntar Yoh, haciendo que Horo pusiera atención en Ren.

-¿Salir?

-Dicen por ahí que hay una chica.- Manta señaló discretamente a una joven de cabello castaño.- Que la invitaste a salir.

-¿Yo?- Ren comenzó a reír.-¿Yo con Lucy..?

-Así que es Lucy…- Horo masculló entre dientes.

-Pues dicen…- Yoh deseaba disminuir la atención.- Aunque yo ni la había visto antes.

-Acaba de entrar, es un año menor.- Ren dejó de reírse.

-Seguro le caes bien.- Comentó Horo viendo a otra parte.

-¿Qué dices…?- Ren sintió una punzada dentro de su pecho.

-Que le caes bien, digo, para que no hayan pasado más de cuatro días y ya sepas quién es, de dónde viene, a dónde va, ¡y que hasta vayas a salir con ella!

Ren lo miró confundido al principio y luego su mirada se volvió cálida.

-¿Por eso habías estado tan antipático? ¿Por Lucy?

Manta e Yoh se hicieron unos centímetros hacia atrás, para que la distancia entre Ren y Horo disminuyera y dejaran de amargarles el día a todos.

-No, ni que me importara.- Horo miró al suelo tratando de fingir indiferencia.

-Lucy es mi prima.- Ren lo miraba fijamente, aunque había respondido para todos.- Se acaban de mudar y quería ser amable con ella, ya saben, para que se sintiera mejor.

Yoh sonrió satisfecho al ver la expresión tranquila de Horo.

-Así es como los amigos deben solucionar sus problemas.- Yoh le dijo contento a Manta cuando volvían al salón.

-Ay, Yoh… No me digas que no lo notaste…

-¿Notar el qué?

Manta lo miró incrédulo y sonrió para restarle importancia. Era increíble que Yoh, pasando todo su día con ellos no lo hubiera notado todavía.

Al salir, Yoh se reunió con las chicas para caminar hacia su casa. Anna caminaba frente a ellos con la mochila al hombro y Tamao le hacia conversación a Yoh, pero él casi ni le hacía caso. Miraba al frente, a su cabello rubio, que se balanceaba de izquierda a derecha conforme caminaba y recordó su olor. Vio su cuerpo, vestido con una falda negra y una sudadera gris bastante amplia; estremeciéndose sin querer al recordar su cuerpo delineado por el otro vestido. Sus ojos bajaron por sus caderas y se mordió los labios sin darse cuenta al ver sus largas y hermosas piernas.

"No Yoh. No la veas. No pienses en ella. Tienes un trato con tu hermano, uno que para él es muy importante"-Su corazón se encogió al pensar en su hermano enfermo.- "Las promesas se cumplen y los secretos se guardan. No la veas así. Sólo amigos. Amigos. Amigos."

-¿Yoh?- El aludido volteó a ver a Tamao como si lo hubieran pillado robando.- ¿Te gustaría salir conmigo el s-sábado?

"¿Y si… Y si le digo la verdad a Hao…?"

-¿Y-Yoh?

-Eh…- Anna ni siquiera volteó.- Pues…

-¿S-somos a-amigos, no?- Tamao le sonrió nerviosa, tratando de calmar su respiración y sus deseos de gritar y reír como ardilla azucarada.

-Aaah, amigos.- Yoh soltó una risita boba.- Sí, los amigos salen. Bueno, amiga, quizás después.

Anna resopló bajito.

-Igual podríamos salir con Manta, Anna, Horo, Hao, Ren, Pillika, tú y yo.- Yoh le sonrió de manera hermosa, tratando de disminuir su hostilidad al rechazarla.- Porque eso hacen los amigos, ¿no? Se reúnen con muchos amigos…

-También hay amigos que salen sólo dos.- Anna intervino.

-S-sí, eso es v-verdad.- Tamao se confundió por la entrada de Anna.

-Ah, sí, es verdad…- Yoh miró hacia otra parte.- Pero eso podría confundirse con una cita, Tami.- La chica no supo qué decir.- Entonces qué, ¿te animas a que salgamos todos?

Tamao forzó una sonrisa y dijo que sí con la cabeza.

Caminaron en silencio hasta que llegaron a casa, y al entrar se encontraron a su madre en el comedor.

-¡Hola, ma!-Yoh besó con ternura a Keiko, mientras tomaba a Anna por los hombros.- Mira, son mis amigas, ella es Anna.

Keiko se paró y la saludó, sonriendo amablemente.

-¿Vas en el salón de mis hijos?

-Sí, me siento a lado de Yoh.- Anna estrechó su mano con un gesto cálido, que nunca le había visto el chico.

-Uy, pues que suerte tiene mi bebé.- Yoh la miró avergonzado.- ¡Sentarse a lado de una chica tan bonita! Espero que sea siempre un caballero contigo.

Los dos muchachos rieron con nerviosismo, y Anna agradeció con increíble educación su comentario.

-¿Se duerme mucho?

-¿A veces?- Anna soltó una risita cálida, haciéndolo temblar.

-Eh… Mamá…- Trató de concentrarse.- Ella es Tamao, viene buscando a Hao.

-Puras chicas lindas traes a casa.- Keiko estrechó su mano igual de amable y luego miró a su hijo.- ¿A Hao?

-¿Está?- Preguntó Yoh como si quisiera decir "¿está presentable?"

Keiko le señaló las escaleras con la cabeza, e Yoh subió a verlo, dejando a las chicas con su madre.

-Chicas, por favor, tomen asiento. ¿Quieren algo de tomar?

-No, muchas gracias.- Anna se sentó frente a Keiko con gran educación, midiendo siempre sus movimientos para dar una buena imagen a la madre del chico. "¿Por qué te importa eso?" Susurró una vocecita dentro de su cabeza.

Tamao jugueteaba con el llavero de su mochila, y no se atrevía a mirar de frente a la hermosa mujer. (Ahora entendía por qué Yoh y Hao eran tan atractivos.) En su cabeza repetía una y otra vez: "¡Futura suegra, futura suegra, futura suegra!"

-¿Y ti también vas con mis hijos?- La joven estaba tan distraída que no escuchó la primera vez.- ¿Tamao?

-¡Futura suegra!

Tanto Anna como Keiko la miraron sorprendidas, y Tamao sólo atinó a disculparse y cubrirse los labios, roja de la vergüenza.

Yoh llegó al cuarto de Hao, tocó, y al no tener respuesta empujó con cuidado.

-¿Hao?

El cuarto estaba a oscuras, pues Hao había puesto cartones en la ventana, impidiendo el paso de la luz.

Yoh se acercó a él, que estaba acostado en su cama. Le tocó el hombro y su gemelo abrió los ojos.

-¿Cómo sigues?-Yoh le sonrió.- ¿Ya paso el efecto?

-¿Qué quieres?- Susurró con voz ronca por dormir mucho tiempo.- Le dije a mamá que no me molestara nadie.

-Tienes visitas.- Yoh se sentó a su lado, hundiendo el colchón de un lado.

-Eres muy molesto.

Yoh soltó una risa boba y le palmeó la espalda.

-Esto hacen los hermanos menores, molestar.

-Hace mucho que ya no eres mi hermano.

-Oye…- Yoh sintió dolor por sus palabras.- ¿Por qué dices eso?

-Porque es la verdad.

-Claro que no. No seas tonto. Tú y yo vamos a ser siempre hermanos. Siempre vas a poder contar conmigo para lo que sea.

-No cumples tus tratos.

-Hao, vaaamos…- El aludido se giró en la cama, dándole la espalda.- Lo hicimos hace muchos años.

-¿Y por eso ya no vale?

-No es eso. Las cosas cambian.- Permanecieron unos minutos en silencio. Hao no respondía nada e incluso había cerrado los ojos.- Creo que… Hao… Creo que Anna sí me gusta.

-¿Ya ves? Eres un mentiroso.

-No. No quería decirte porque primero… Ni siquiera yo sabía que me gustaba. Y luego porque tú habías dicho que te gustaba… Pero… ¿No podrías darme la oportunidad?

Hao no dijo nada. Sabía que Yoh sólo reflexionaba respecto a Anna, pero él pensaba en todas las cosas que antes habían sucedido. Una parte de él sabía que era normal que los dos crecieran, que tuvieran amigos (por separado), que dejaran de estar tanto tiempo juntos… Eso había dicho el pediatra, el psicólogo, el psiquiatra. Todos habían dicho lo mismo: bla bla bla, separados crecer. Pero le dolía, porque Yoh había logrado avanzar diferente, por su carácter suave y amable se había hecho de muchos amigos en muy poco tiempo, y él… Bueno, él sentía que no podía solo. Pero eso jamás se lo diría. Sería verse muy débil y eso no le gustaba para nada. La imagen de Hao jamás sería compatible con la debilidad. Si tan sólo… Si tan sólo… ¿Dónde encontrar la respuesta? Él mismo alejaba a su hermano cuando extrañaba su compañía, y alejar a la gente de Yoh ya no parecía la mejor opción.

-Es la primera chica que me gusta, tú lo sabes bien.- Su voz lo devolvió a la conversación.

-No sé nada de ti.

-Hao, por favor.- Se levantó de la cama molesto y lo obligó a mirarlo.- No sé qué diablos te pasa. Crecimos juntos y ahora me sales con esto.

-Tú me cambiaste por tus amigos.- Hao se sentó, sintiendo dolor y debilidad por todo el cuerpo.- Tú te fuiste. Tú me dejaste.

-¿Te dejé?- Yoh no entendía nada.- ¡Sigo aquí! ¡Tú fuiste el que se alejó de mí! ¿El hecho de tener amigos te molesta tanto? ¿En serio te molesta que yo sea feliz? Dices que yo soy el malo, pero sólo piensas en ti. Jamás te importé.- Se sentía estúpido con tanto enfado en su interior, pero siguió hablando.- Todas las cosas las has hecho sin importar el daño que podías hacerme.

-Cállate.- Hao lo miró triste y enfadado, recordando un accidente que él le había causado a su hermano.- Cállate.

-No te importo yo, ni mi vida, ni mis gustos. ¿Dónde está la promesa que tú me hiciste?

La voz de Yoh fue subiendo de tono conforme hablaba, mientras Hao lo miraba desde la cama, adormecido por la inyección que le habían puesto en el hospital.

-Estoy enfermo, Yoh. Estoy cansado.

-Sí, lo sé. Pero has estado enfermo toda la vida. Puedes estar bien, pero no quieres. Si tú no quieres estar bien, ¿quién puede obligarte? Si sirviera que yo me tomara esas pastillas lo haría, y lo sabes.- Hao miró hacia otro lado, incómodo, mientras Yoh trataba de calmar su enfado.- Anna vino a terminar nuestro trabajo en equipo. Arréglate un poco y baja, que tienes visitas.

Se dio media vuelta y salió, con el corazón palpitándole con fuerza. Era extraño que se enfrentara a él, y realmente no le gustaba hacerlo, pero sintió que en ese momento era necesario.

-¿Todo bien?- Keiko sonreía ligeramente incómoda, pues cuando Yoh alzó la voz, se escucharon fragmentos de la conversación en el piso de abajo.- ¿Necesitan algo?

-No, todo bien.- Musitó el chico esforzándose por sonreír.- Voy a hacer tarea con Anna. ¿Está bien si vamos a mi cuarto?

-Sí, pero te estoy checando, ¿eh?

-¡Mamá…!- Yoh volvió a enrojecer por su gesto bromista.

Anna lo siguió por la gran casa, subieron al segundo piso y se encontraron con Hao, que salía de su cuarto. Se quedaron unos segundos viéndose los tres, mientras el mayor continuaba pensando en lo dicho por Yoh.

-Hola, Hao.- Anna trató de romper la tensión.

-Hola.- El muchacho tragó saliva, sin saber qué hacer.

-Vamos a…- Yoh movió los dedos en dirección a la escalera.

-Sí, sí, nos vemos.- Hao trató de no ser grosero y se despidió de ellos con un movimiento de cabeza.

Yoh y Anna subieron otro piso, y al fondo del pasillo dieron con su cuarto.

-Aquí es.- Yoh le abrió la puerta.- Alejado del mundo.

-¿No comparten cuarto?

-Oh, no. Hao duerme en el segundo piso.

Entró tras ella, y abrió las ventanas y las cortinas para que entrara la luz del sol.

Su habitación era pequeña y algo desordenada. Tenía una cama individual, dos libreros repletos, un escritorio con muchos discos en la repisa superior, un ropero y una mesita de noche, donde había más libros apilados de cualquier forma.

Yoh recogió la ropa tirada y la puso en otra habitación, que más tarde sabría Anna que era su baño.

-¿Te dobla la ropa mamá?- Anna señaló su ropero perfectamente acomodado.

-Ay…- Yoh se apresuró a cerrarlo nervioso.- Sí…

Anna sonrió divertida, y sacó un cuaderno de su mochila.- Mira, además de lo que te di, hice estas notas.

Yoh tomó el cuaderno, le pasó la computadora y se pusieron a trabajar.

Mientras tanto, Hao bajó las escaleras molesto por la visita, sintiendo cómo le temblaban las piernas a cada paso que daba.

Encontró a Tamao en el comedor, sentada frente a su madre.

-¿Qué quieres?- Hao se sentó exhausto a lado de Keiko.

-Hao, esos no son modales para tratar a una chica.

-Perdón, mamá.- Hao se recargó aburrido en su mano y la miró.- Hola Tamao, qué gusto verte.- Su voz salía despacio, un poco torpe.- ¿Qué se te ofrece? ¿A qué debemos tu agradable visita?

Keiko se levantó de la mesa y salió de la habitación. Sabía por lo que estaba pasando su hijo, y entendía su actitud aletargada.

-No f-funciona.- Susurró la chica con tristeza.- N-no funciona.

-¿De qué hablas?

-Yoh n-no me vo-voltea a ver.

-¿Y a mí qué?

-M-me prometiste a-algo.

-Te dije que si eras tan incompetente no podría hacer nada.- Se sentía mal física y anímicamente, y ya no tenía ánimos de elaborar planes malvados contra su hermano.

-No soy una incompetente.- Tamao comenzaba a molestarse.

-¡Ja, ja, já!- Hao rio despacio.- Hasta se te quitó tu molesto tartamudeo, eres una cajita de pandora.

-¿Me ayudarás?

El muchacho se frotó la frente, pensando. Hace muchos años le había prometido no hacer nada que pudiera lastimarlo. Actuar para sus fines sería herirlo a propósito, ¿no? ¿Qué tan egoísta podía llegar a ser? Por otro lado, alejarlo de Anna no solucionaría todo; para eso tendría que hacer que sus amigos también se fueran, ¿no? Ya no tenía energía para esos juegos inservibles.

-Mira, Tamao. Por muy valiente que te hayas vuelto, mi hermano no te va a hacer caso.

-Tú me habías dicho que…

-Sí, yo sé. Pero no le interesas. ¡Esa es la verdad!

-Habían corrido rumores de que me invitaría a salir.

-Yo los hice, querida.

-¡Sólo necesito un poco de ayuda!- Sintió desesperación al oír sus palabras.

-No.

-¿Por qué no?

-Podría intentar.

-Yo no voy a interferir.

-¿¡Por qué no!?

-Tamao, no sé si lo has notado… Ya hay alguien que le gusta a Yoh.

-Con tu ayuda podríamos terminar con eso.

-No, ¡ya basta!- La cabeza comenzaba a dolerle.

-¿Por qué?- Tamao estaba fuera de sí.- ¿Por qué?...

-Porque quiero lo mejor para mi hermano, y tú estás demente.

Se levantó con torpeza de la mesa y la miró. Estaba roja por la ira, y cerraba los puños con fuerza.

-Voy a lograrlo.

-Déjalo Tamao. Enamórate de alguien que se enamore de ti.

-Creí que ganarías algo si salía conmigo.

-Sí, es verdad.- Hao se recargó en el respaldo de una silla, para mantenerse de pie.- Pero las cosas cambian.

-Cambiaron demasiado rápido.

-¡Así es la vida!- Hao alzó los hombros con impotencia.- Ya vete por favor, necesito descansar.

-Eres un imbécil. Te vas a arrepentir por esto.- Azotó la puerta al salir.

N/A: Para que no digan: diez páginas cuando usualmente son seis. ;)

¡Ya estamos en el capítulo diez, por fin! Dejen un bonito comentario si les gustó, se acepta todo. :D

¡Feliz año nuevo!

Sayen!