Y como es de esperarse, aquí viene la descarga de responsabilidad ;) Nada es mío, los personajes son de la maravillosa Stephanie Meyer y la historia es de la autora LyricalKris, yo solo traduzco.
Y no podía faltar el agradecimiento a mi compañera de batalla Erica Castelo. Gracias por acompañarme de nuevo en esta nueva traducción y por tus consejos para mejorarla xoxoxo
Capítulo 10
Cuando finalmente llegó, el pasillo estaba silencioso salvo por el resuello de Edward. Se detuvo con el borde de piedra del muro, doblado por la cintura mientras jadeaba. Miró alrededor, frenético. Tragó saliva e intentó controlar su respiración lo suficiente para poder escuchar. El latido frenético de su corazón golpeteaba en sus oídos. Todo estaba quieto.
Se acercó a la habitación de su esposa, tratando de tragarse su inquietud. El rey estaba divirtiéndose con juegos infantiles, metiéndose con la mente de Edward. Probablemente había visto a Edward correr e incluso ahora se estaba riendo a sus expensas. Todo el miedo de Edward era por nada. Su esposa estaría bien.
"Ella está bien," murmuró bajo su aliento. "Todo está bien."
Justo cuando llegó a la puerta de Bella, se abrió. Angela se detuvo abruptamente con un pequeño chillido. "Mi lord, estaba por ir a buscarlo."
Los ojos de Angela estaban rojos, notó Edward. Tomó a la muchacha por los brazos. "¿Qué pasa? ¿Qué sucedió?"
Ella agachó su cabeza, pero no antes de que Edward viera la pena en sus ojos. "Mi lady no me responde. No quiere salir."
Edward no esperó a preguntar a qué se refería Angela. La empujó para pasar a la habitación de Bella. "¿Bella?" Al no verla, continuó y se quedó inmóvil cuando la vio.
Bella estaba en la pequeña antecámara donde estaba colocada una bañera. Estaba de espaldas a él, su cabello largo suelto. Podría haber sido una vista hermosa salvo por el hecho que podía ver que estaba temblando. Sus manos rodeaban sus hombros mientras se estremecía, y con buena razón. El agua de baño tenía que haber estado helada desde la mañana.
"¿Bella?" Dijo otra vez, su voz ronca al avanzar. Ella no se movió, aunque él creyó verla encogerse. Tragándose una oleada de náuseas inducida por los nervios, dio vuelta lentamente hacia el frente de la bañera, dándole el tiempo suficiente para protestar. Cuando al fin estuvo frente a ella, dejó escapar un grito estrangulado.
Ella no se había bañado. Era obvio ya que su rostro aún estaba ensangrentado—una línea caía de su nariz y de un pequeño corte en su labio. Su mejilla derecha estaba amoratada, tan hinchada que había dejado su ojo parcialmente cerrado. Sus brazos estaban cruzados sobre su pecho, y él se preguntó cuántos cardenales no podía ver con la luz tenue.
Su mirada era vacía; sus ojos vidriosos al mirar directamente hacia el frente. No dio muestra de percatarse de su presencia. Edward tuvo que usar todo su control para mantener a raya un rugido de ira. Iba a golpear el muro de piedra con su puño o iba a vomitar violentamente por las náuseas.
Iba a matar a su sobrino. Iba a asesinar a un rey.
Sin embargo, primero tenía que cuidar de su esposa.
Edward tragó saliva varias veces, hasta que pudiera estar seguro que ninguna de las cosas que quería gritar se le escapara. Buscó con sus ojos hasta encontrar la bata de Bella tirada descuidadamente sobre la jofaina. Angela se quedó en la puerta. Debió haber fracasado en persuadir a Bella de salir de la bañera.
Cogiendo la bata, Edward se acercó. Inmóvil, salvo por los violentos escalofríos que sacudían su cuerpo, ella no se movió. "¿Bella?" Él no había sido capaz de suavizar del todo su voz, y la palabra se escuchó ronca por la emoción. "¿Puedes escucharme?" Se puso de cuclillas junto a la bañera y estiró su mano con cuidado para tocar su mejilla que no estaba lastimada.
Bella parpadeó, sus ojos enfocándose en él muy brevemente. "¿Edward?"
El corazón de él se hizo pedazos al escuchar el sonido—tan pequeño y perdido. Un doloroso nudo se formó en su garganta. "Ven, amor. Sal de ahí antes de que te congeles hasta morir."
Como siempre, podía confiar en que Bella sería obediente. Se puso de pie como un cervatillo. A él no le pasó desapercibido la forma en que hizo una mueca por el dolor cuando deslizó sus brazos en la bata. No podía estar seguro que tan lastimada estaba, aunque se sintió aliviado de encontrarla en una pieza. Además de su nariz y su labio, no había sangre.
"¿Debo enviar a Angela por Carlisle?" Edward preguntó luchando por mantener la compostura. Sabía muy bien que podía estar herida de formas que él no podría ver. No le hubiese sorprendido si el Gran Alquimista estuviera de pie al otro lado de la puerta. Su amigo no podría haber estado muy lejos tras de él.
Bella ciñó su bata firmemente a su alrededor, y mantuvo la vista baja al mismo tiempo que sacudía su cabeza—un ligero movimiento. "No, mi lord. Estoy bien." Su voz ahora era suave y pausada. Se apoyó en él cuando él sujetó su brazo, y salió de la bañera.
"Bien," dijo Edward, no discutiendo sobre el tema aunque la había visto hacer otra mueca de dolor. "Entonces, ven. Vamos a calentarte."
Bella se adelantó a él, su lenguaje corporal no invitaba a tocar. En su habitación, se volvió no hacia la cama sino hacia su escritorio en la esquina más lejana. Se sentó en su silla, sus brazos envolviéndola una vez más, y su cuerpo aun sacudiéndose por los escalofríos.
Angela se movía afanosamente junto a Edward y colocó una jofaina sobre el escritorio junto con unos cuantos pequeños paños limpios y vertió agua en la jofaina. "Voy a prepararle otro camisón, mi lady. Puedo calentárselo con solo unos minutos en el fuego."
Edward miró alrededor de la habitación. El camisón regular de Bella estaba hecho jirones junto a la cama revuelta. Apretó sus puños, lenguas de fuego subiendo por su garganta. En un instante, estaba listo para respirar fuego.
"No." La voz de Bella asustó a Edward y Angela. No miró a ninguno de los dos, pero habló claramente—casi de forma normal, salvo por el ligero tono monótono. "Eso es todo, Angela. Ve a dormir."
Angela miró de su señora a Edward, su expresión ansiosa, él le asintió a la muchacha. "Ve. Y si ves a Carlisle, dile que hablaré con él en la mañana."
"Sí, mi lord. Mi lady." Angela asintió con respeto y, con una última mirada hacia Bella, dejó que Edward cuidara de su esposa por su cuenta.
Él apenas si podía respirar por la horrible aprensión que sentía. La sensación inquietante saturó la habitación, y le erizó la piel. La actitud calmada de Bella se sentía terriblemente incongruente. No se movió ni siquiera después que Edward pusiera su capa alrededor de sus hombros para darle más calor.
Sin saber qué hacer o decir, acercó un banco y se sentó frente a ella. Sumergió uno de los paños en la jofaina y continuó lo que estaba haciendo Angela, con un dedo bajo su barbilla al empezar a limpiar la sangre.
Por un momento, solo se permitió evaluar sus heridas objetivamente. Su nariz no estaba rota.
"Lo siento, mi lord," susurró ella.
Edward detuvo su asistencia. "¿Lo sientes?" Dijo con una exhalación. "¿Por qué tendrías que disculparte?"
"Lo que él tomó era tuyo por derecho."
"Bella." Se echó hacia atrás deseando destruir algo—específicamente el rostro de Felix—y al mismo tiempo deseando caer de rodillas para suplicarle a ella su perdón. "Lo que él tomó, lo tomó de ti."
Para su sorpresa, ella se echó a reír. Era un sonido amargado y con enojo. "Lo que él tomó no era mío. Nunca fue mío." Se estremeció y ciñó la capa de él sobre sus hombros, sin mirarlo. "Pasé mi infancia siendo preparada para pertenecer a alguien que mis padres elegirían para mí. Vestí lo que era apropiado. Aprendí a ser una esposa buena y sumisa. Aprendí cómo hacer sentir orgulloso a mi futuro esposo, y qué lo avergonzaría. Todo eso para que el lord más ventajoso me encontrara satisfactoria.
"¿Esto?" Hizo un gesto alrededor de la habitación. "¿Crees que me sorprende? Lo he estado esperando durante dos años. Mis padres me entregaron a él, y desde el momento que lo hicieron, le he pertenecido. Mi cuerpo era suyo para que hiciera lo que quisiera. Me ha avergonzado, arrancando la ropa de mi cuerpo para el entretenimiento de sus súbditos. Me ha golpeado cuando le ha apetecido. Cuando me quiso junto a él a la mesa para poder ver mi rostro mientras decía cosas horribles, no tuve otra opción más que ir y sentarme junto a él, a comer, a pretender que creía que eran graciosas—las cosas que decía de mi familia.
"Y más allá de eso, soy un botín de una guerra en la que no tengo voz. Como todas las mujeres. Ese es nuestro papel en la guerra, ¿no es así? Tú mismo dijiste que no eras más que un niño cuando tu ciudad estuvo en sitio. Te encogiste de miedo con las mujeres, mi lord. Sabes lo que le pasa a las mujeres después que los traidores mueren. ¿Crees que no sé qué la única razón por la que no se me entregó a otros, por la que no me pasaron de un soldado mirándome con desprecio y un sicópata que le complacía un día cualquiera a otro, fue porque le pertenecía al rey? Fui suya hasta que me entregó a ti. Él y tu padre. Lo que yo quería, a quién yo quería nunca fue mi elección.
"De modo que no, lo que el rey Felix tomó, lo tomó de ti. Mi cuerpo nunca ha sido mío. Tú me diste ese obsequio, mi lord. Me diste el obsequio de mi elección, pero hay señores a los que debo servir por encima de ti. Pensé que nuestra unión, bendecida por los dioses, podía protegerme. Pero un rey, también gobierna por la voluntad de los dioses, y por eso lo que el rey desea, puede tomar. Él quería lastimarme, y al no hacer lo que se me ha enseñado, le di una nueva forma de hacerlo."
Inhaló bruscamente y se encogió, como si esperara que Edward la golpeara por su arrebato. Él se dio cuenta en ese momento que sus manos estaban cerradas en puños, su mandíbula tensa, sus cejas fruncidas. Debe haberse visto como un hombre a punto de actuar con violencia, pero no con ella.
Nunca con ella.
"Lo mataré," dijo con los dientes apretados. "Juro que lo mataré. Colocaré su cadáver a tus pies."
Los ojos de ella encontraron los suyos, y una vez más le sorprendió ver que ella se veía fiera. "No lo harás."
"Él es un demonio. Solo porque lo que te ha hecho, merece morir mil veces. Lo ejecutaré. De forma lenta y dolorosa."
"No." La palabra fue rotunda y firme. Ella le sostuvo la mirada y respiró para tranquilizarse. "Si le das una excusa para matarte, la tomará. Sabes que lo hará."
Edward estrelló su mano en el escritorio y se puso de pie, con la necesidad de gastar algo de la energía frenética dentro de él. "No me importa," rugió. "Que su guardia me haga pedazos; no tendrán éxito antes de que lo vea muerto."
Su golpeada y diminuta esposa lo fulminó con la mirada. Se puso de pie, y fue como si lo sobrepasara. "Tu ira va a conseguir que te maten."
"No me—"
"Te escuché la primera vez; que no te importa si el costo por terminar con el reinado de Felix es tu propia vida. ¿No crees que he estado igual de enojada? Vivo con esa ira. ¿Tienes idea de cuántas veces al día tramo su muerte? No puedes imaginar la violencia que hay en mi corazón. Mi sangre hierve dentro de mí. No puedo comprender cómo no lo ves justo bajo mi piel. ¿Crees que no sueño día y noche en ser yo la que lo mate? La historia me alabaría. La salvadora del reino. Dioses, si tan solo pudiera terminar con mi pesadilla.
"Pero en vez de eso, sobrevivo. Créeme, nada lo desconcierta más. Soy civil, sumisa y dulce. Dejo pasar mi ira, porque no le daré mi vida. No le doy mi vida, porque todavía hay quienes la valoran. Volveré a ver a mis hermanos. Voy a sobrevivir por ellos, y si tú no puedes sobrevivir por ti mismo, sobrevivirás por mí, esposo."
Él se le quedó mirando, con sus hombros subiendo y bajando. Estaba sin aliento por la ira y asombrado con su esposa. Él hizo crujir sus dientes. "¿Cómo?" No comprendía cómo podría esperar que estuviera en la misma habitación que Felix sin desgarrar su garganta.
Toda la bravata de Bella pareció dejarla con un suspiro. Se abrazó a sí misma, desviando la mirada de él. "Pones un expresión serena, y pretendes. Pretendes que no eres un prisionero. Que eres lo que naciste siendo—un lord con poder y prestigio como yo soy una lady que debe honrarse y respetarse. Pretendes que sus palabras no te duelen, y que sus puños no te lastiman." Ella se estremeció, dándole la espalda. "Te das cuenta cuando una mentira, renunciando a todos los que quieres será suficiente para alimentar su crueldad." Otro escalofrío, y esta vez su voz tiembla un poco. "Cuando el monstruo solo quedará saciado con tu orgullo y tu sangre, suplicas."
La última palabra fue un susurro. Bella dejó caer sus hombros, y agachó su cabeza. Su respiración se aceleró. El estómago de Edward se revolvió. Le viene un recuerdo sin invitación de un tiempo antes de que estuvieran casados, una de las muchas veces que el rey desquitó su coraje en la muchacha indefensa—Felix arrastrando a Bella de rodillas frente a su trono, gritando que debería derramar la sangre de ella justo en ese momento. Ella estaba de rodillas a sus pies, su cabeza gacha en súplica mientras le rogaba que no la lastimara otra vez. Él escuchó las palabras como si estuvieran haciendo eco en esta habitación.
Edward dio un paso hacia ella. "Bella…" Comenzó a decir, pero, ¿qué podía decir?
Él la escuchó tragar y luego un suave gimoteo. Ella sacudió su cabeza con un movimiento desconcertante. "No voy a llorar. No va a tener más de mis lágrimas. Lo juro." Pero incluso al pronunciar las palabras, su voz se quebró.
Edward extendió una mano y titubeó. No podía empeorar esto para ella; no lo haría. Ella tomó una respiración temblorosa. Él puso una mano sobre su hombro. Cuando no se movió, la envolvió con sus brazos suavemente. Ella tembló, su voz en un gemido. "No voy a llorar," susurró con voz rota.
Se dio la vuelta en sus brazos, enterró su rostro contra su pecho y empezó a llorar. Fue un sonido bajo y desgarrador—un suave gemido de dolor. Se derrumbó contra él, y permitió que ambos cayeran al suelo. Se aferró a él, y él la meció.
"Traté de resistirme a él," dijo entre jadeos, las palabras amortiguadas contra la piel del cuello de él. "Juro que lo intenté."
Edward cerró sus ojos con fuerza para luchar contra el dolor de su admisión. "Por supuesto que lo hiciste, dulzura. Lo sé."
Por supuesto que lo haría, sabiendo muy bien que Felix lo usaría como una excusa para golpearla. ¿Pero cómo podría estar molesto con ella? Él también se habría resistido.
"Quería ser fiel a ti."
"Bella." Besó su frente. "No hiciste nada malo."
No lo hizo, pero él sí.
Había una cosa de la que Edward estaba seguro. No podían quedarse aquí. Ella tenía razón. Los dos eran prisioneros de la corona—impotentes, sin importar cuales fueran sus títulos. Su escape, entonces, tenía que ser su prioridad.
Él había jurado proteger a su esposa. Había fracasado por completo en hacerlo. Ya no más.
Nunca le fallaría otra vez.
Como dije antes, yo no soy la autora, si por mí fuera Edward hubiera llegado a tiempo y habría matado a Felix, pero entonces la historia se habría acabado :P Así que, qué bueno que la autora es Kris jejejeje. Porque aunque este es un momento difícil, como dijo una lectora (que ella misma es autora de sus historias) y cito "algo probable en épocas de feudos, señorios y reinos". Era lo que sucedía en esas épocas, las mujeres, como dijo Bella, no eran dueñas de su cuerpo, no tenían elección. La pregunta es, ¿podrán ellos recuperarse de esto? Por la forma en que actuó Bella vemos que sí, no será fácil, pero sin duda ayudará a fortalecer más la relación entre ellos. Al menos lo que tiene que ver con la confianza. Y ahora Edward se ha resuelto a sacarlos de ahí, ¿podrá hacerlo? ¿Ustedes qué creen? Como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció el capítulo y espero que nos leamos pronto con el siguiente. Recuerden que sus reviews son muy importantes para nosotros, con ellos sabemos que vale la pena el tiempo invertido a esto ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Kimm, Merce, Adriu, Antonia, Gabriela Cullen, Cary, Nadiia16, ANATXP, PRISOL, angryc, patymdn, DrakiSwan, freedom2604, Raquel, alejandra1987, Say's, carol, crysty katy, Alexandra Nash, Maryluna, JessMel, Elizabeth Marie Cullen, Lady Grigori, bealnum, kaja0507, MontseZDiaz, Yoliki, lagie, Tecupi, Mary de cullen, rjnavajas, Liisbush, torrespera172, tulgarita, EriCastelo, Ali-Lu Kuran Hale, IsabellaPaz, Manligrez, csoriano, saraipineda44, Katie D. B, carolaap, Noir Lark, solecitopucheta, Liz Vidal, Vanina Iliana, Sofia, Sully YM, Amy Lee, piligm, Pam Malfoy Black, Mafer, Tata XOXO, y algunos anónimos. Saludos y espero nos leemos pronto, recuerden que ustedes marcan el ritmo de actualización.
