CAPÍTULO 10 Aun hay esperanza.
Habían pasado casi dos semanas desde que Serena había escuchado aquella mentira, desde ese día; salvo unas cuantas lágrimas derramadas por la noche, no se había permitido verse afectada. Sus amigas que ya la conocían supieron que estaba evadiendo lo que sentía. Ami por su parte, decidió dejarla en paz con el tema, no así Mina.
La rubia continuaba viendo a Seiya en las audiciones, puesto que los dos habían ido avanzando en los filtros. En más de una ocasión estuvo tentada a sacarle plática, pues siempre estaba solo, y no daba muestras de estar feliz saliendo con alguien.
Aino pensaba que tal vez todo había sido una confusión, un malentendido, y que gracias a que ninguno se hablaba la posible historia de amor iba a quedarse en una simple suposición, por lo que Mina con su característico entusiasmo decidió entrar en acción.
Era un día lluvioso de verano cuando los últimos jóvenes salían de las instalaciones de la Televisora Vía Láctea, llevaban consigo el pase a la gran final la cual sería televisada para anunciar a los nuevos talentos que impulsaría Producciones Galaxia, entre ellos estaban evidentemente Seiya y Mina.
El pelinegro tenía un vago recuerdo de haberla visto en algún lado, y siendo que sus ocurrencias le recordaban mucho a Serena, evitaba lo más que podía estar cerca de ella. Pero, ni siquiera la aparente apatía del 'idol' en potencia iba a detener a la decidida muchachita.
Saliendo del edificio, la lluvia comenzaba a arreciar y en un impulso Mina corrió hasta refugiarse debajo del paraguas de Seiya.
—Hola, ¿crees que puedas compartir un poco? —le dijo sin importarle el haberlo asustado y el estar prácticamente pegada a él.
—No, para nada —respondió el chico con resignación.
—¿Vas para tu casa?
—No, iba a casa de mi mejor amiga, pero ahora tendré que esperar a que se calme esta tormenta o me voy a mojar.
Había impreso intencionadamente en su voz una preocupación, como si fuese muy importante llegar a su destino.
—Pues, puedo llevarte, si no te molesta.
—Para nada, es muy cerca de aquí de hecho, en el Distrito 10 —respondió con prontitud, tomándolo del guante.
Seiya abrió de más lo ojos percatándose del recuerdo de la rubia en el balcón, y sus mejillas se enrojecieron al acordarse de ella con la boca abierta y la mirada clavada en su pecho.
—Es ella, la amiga de Serena.
Pensó por un momento en disculparse, y retirar el ofrecimiento de 'aventón', pero era demasiado tarde, la entusiasta rubia ni tarda ni perezosa, ya preguntaba en dónde estaba estacionado su coche.
Al subirse al bello auto con el capote arriba, Mina no pudo evitar esbozar una sonrisa, ella tenía que encargarse de volver a ponerlo en el camino de Serena a como diera lugar.
—Lindo auto.
—Gracias —respondió con cortesía prendiendo el motor.
Mina le dio algunas indicaciones sobre la dirección que el pelinegro conocía a la perfección.
—Y dime Seiya, ¿eres soltero? —soltó de pronto.
—¡¿Perdón?!
—Sí, que, si estás disponible, o ¿sales con alguien?
—Vaya, sí que es directa. —No, no salgo con nadie.
—Lo sabía —susurró mientras empuñaba la mano.
—¿Dijiste algo?
—Eh, no nada. Digo que es una lástima, eres muy guapo. Da vuelta aquí por favor.
Seiya planeaba dejarla en la entrada y arrancar a toda velocidad a donde fuese, tenía varios días evitando esa casa; yéndose temprano y regresando ya muy tarde, y el balcón, por supuesto permanecía cerrado.
Sin que el piloto lo notase, en un chispazo de maquinación, la rubia dejó su pase de la Televisora debajo del asiento.
—Es justo en esa casa. Muchas gracias Seiya, eres todo un caballero.
—Por nada, Mina ¿cierto?
—Ese es mi nombre.
La lluvia había cesado y ella, sin bajar del auto por completo, y con medio cuerpo de fuera comenzó a gritarle a Serena.
—¡Serena, ya llegué, ábreme, Sereeeeenaaaa!
El pelinegro intentó hacerla callar, pero Mina hizo caso omiso.
La rubia de odangos abrió la puerta, riendo ante el escándalo de su amiga. Como si una flecha le hubiese dado justo en medio de los ojos, la pobre sintió la mirada afligida de Seiya colándose por sus pupilas.
Él la observó por escasos dos segundos que le parecieron eternos, para volver a dirigir la mirada hacia el frente aparentando no haberla alcanzado a visualizar.
—Gracias Seiya, ¿te gustaría pasar?
—Eh, no, no, tengo algo de prisa.
—De acuerdo —le dijo al fin bajando.
En cuanto cerró la portezuela, el muchacho arrancó el auto.
—Mina, ¿qué… qué hacías con él?
Serena seguía sin salir de la impresión.
—Sacarle información, ¡qué más! No voy a permitir que mi mejor amiga deje pasar a semejante partido.
—Mina, no habrás dicho algo que…
—¡'Shú'! —la silenció cubriéndole la boca mientras la hacía entrar—. Nada de eso, ni siquiera se acordaba de mí, aunque sospecho que lo intuyó cuando le dije que me trajera aquí.
—Y bien ¿qué eso que ahora sabes?
—Que no sale con nadie —dijo muy triunfante.
—Mina, yo lo escuché, casi lo grita en el balcón. Y además que no viste cómo se comportó ahorita.
—Esto está muy raro, de hecho, llegué a pensar que no iba a pasar a la final, no es el mismo, anda cabizbajo. ¿Y si le pasa algo?
—¿Final? ¡Pasaste a la final!
—¡Sí, amiga, lo logré y él igual!
—¡Mina, qué felicidad!
Lo que Serena no sabía era que su amiga había dejado "olvidado" el valioso pase de entrada y que haría que ella lo recuperara.
—¡Vamos a brindar, anda!
—No puedo, esta tarde viene una chica a verme. Al fin me decidí a poner un anuncio buscando 'roommate'.
—En ese caso me quedó, no voy a permitir que vivas con una bruja.
—¡Mina!
CELOS DE SANGRE
Setsuna estaba dando los últimos vistazos de revisión a los gráficos que entregaría en conjunto con Ami. Se sentía muy agradecida de tenerla colaborando pues la chica era realmente proactiva, aun así, no podía dejar pasar por alto la punzada de celos que le envenenaba la mente cada que Darién pedía charlar a solas con ella, o bien cuando descubría las miradas indiscretas que la peli azul le prodigaba a su divino tormento.
Se preguntaba si acaso Darién sería tan tonto como para sucumbir a los encantos de una casi adolescente a todas luces inexperta, en lugar de buscar refugio en los brazos de una verdadera mujer como ella. En ocasiones llegaba a pensar lo mucho que le gustaría que alguno de los hermanos menores estuviese involucrado en algo de la empresa, su presencia seguro aminoraría la cantidad de urracas que revoloteaban alrededor de su jefe.
Sonrió al recordar la cara pálida de Zafiro Kouba, y su exquisita percha.
—¡Basta, Setsuna! ¡Es un niño, recuerda! Un niño que por cierto no estaría nada mal que conociera Mizuno.
Su reflexión la llevo a pensar la mejor forma de incorporar al chico sin que alguien sospechara algo.
Tomó su saco y su bolso de mano dejando colgada la bata sobre el perchero de su cubículo. Debía darse prisa si quería llegar a tiempo a su cita.
El camino le pareció tedioso y algo alejado de su trabajo, pero necesitaba reducir sus gastos si es que quería comenzar la especialidad. Sabía que el ritmo de Darién la obligaría tarde o temprano a seguir preparándose o llegaría alguien más. La delicada figura de Ami apareció nuevamente en su mente haciéndola refunfuñar.
Anduvo algunas cuadras por el vecindario hasta el momento desconocido, le parecía que el ambiente familiar que se respiraba al menos le daría seguridad. Dio vuelta sobre la calle número 3, encontrando casi al instante el número deseado. Familia Tsukino rezaba el letrerito de bienvenida de la entrada.
Tocó la campanilla que pendía de la reja que permanecía cerrada. Viendo como dos cabezas rubias se asomaban por la ventana.
—¡Ya llegó! —gritó Mina saltando del sofá hacia la ventana, siendo seguida por Serena.
—¡Parece súper modelo!
—No grites, te va a escuchar. ¡Ya nos vio! Mejor voy a abrirle.
A la morocha le pareció casi una broma ver en la entrada a semejantes jovencitas. Parecían unas gemelas traviesas a simple vista.
—Buenas tardes, ¿se encuentra la señorita Serena Tsukino? —dijo revisando el papel que llevaba consigo.
Pensó que tal vez las chicas fuesen sus hijas, sintiéndose un tanto engañada por el anuncio en donde buscaban compartir la casa entre dos personas.
—Soy yo —respondió con alegría la de coletas. Mientras salía a abrir el portón.
—¡¿Tú?! Oh, disculpa.
—No te preocupes, siempre me pasa que creen que soy más niña, cuando ya tengo 19 —mencionó con orgullo.
Setsuna no pudo más que sonreír, era en verdad simpática.
—En ese caso vas a creer que soy una anciana.
—¿Cuántos años tienes? —interrumpió la segunda rubia que esperaba en la entrada principal.
—Mina, no seas descortés.
—Tengo 28 —contestó sin reparo Setsuna.
Una vez dentro conversaron acerca de lo que Serena buscaba como compañera de casa. Le contó un poco sobre ella, la partida de sus padres y el inmenso amor que sentía por su hogar. A la morena le pareció que la pinta de la muchachita la hacía presa fácil de malas impresiones, siendo que era realmente centrada y sobre todo despedía una vibra muy agradable.
Cuando fue el turno de Setsuna de hablar sobre ella, las cosas comenzaron a complicarse para Serena.
Lo primero que escuchó de ella fue que trabajaba como asistente en los Laboratorios Kouba. Los ojos saltones de Mina enseguida la buscaron, pero la rubia continuó ecuánime ante las palabras que escuchaba.
—Ya veo, ¿tienes mucho trabajando con ellos?
—No propiamente. Estuve un tiempo en Kantō mientras el difunto Profesor Kouba trabajaba todo desde allá, pero al morir éste, varios fuimos despedidos, y cuando terminaron de construir los laboratorios en Tokio, gracias a su hijo pude regresar.
Serena advirtió el brillo en su mirada al mencionarlo.
—Si la dejo vivir aquí y se entera que su jefe es mi vecino seguro hará algo para tenerlo aquí todo el día.
—Muy bien Setsuna, pues déjanos por favor tu número y te llamaré en cuanto tome una decisión.
La peli verde no pudo evitar hacer un gesto de sorpresa ante el repentino corte de tajo de Serena, habría podido jurar que le daría las llaves en ese instante.
—Sí, claro, esperaré tu llamada.
Una vez que la acompañaron a la puerta Mina comenzó a interrogarla.
—¿Qué pasó? Se veía una buena chica, madura y responsable.
—No sé Mina, no me agrada que trabaje en donde Ami.
—Pero puede ayudarte con el tema de Seiya, y además…
—No Mina. Será mejor que te explique o no vas a entender mi postura. Verás, cuando conocí al mayor hubo algo en él que me alertó.
—No te entiendo.
—Yo tampoco, no sé, fue como un mal presentimiento. Me observaba raro y al tocar su mano para saludar…
—Serena, creo que estás exagerando, pero tú sabrás, va a estar difícil que encuentres a una mejor candidata que ella. Por cierto, me tengo que ir ya.
Al quedarse sola en casa, la rubia subió a su habitación recordando al momento la mirada zafiro de su vecino.
—Se veía triste…
Alguien tocando la puerta la hizo bajar nuevamente, seguramente era su amiga que como siempre había olvidado algo.
—¡Ya voy! —gritó escalera abajo.
Para su sorpresa un blanco rostro enmarcado por un abundante cabello negro azulado la recibió en la entrada.
—Zafiro.
—Ho-ola Serena, me preguntaba si tú… Bueno, si tú sabes de…
Sus manos parecían querer hundirse cada vez más profundo en las bolsas del pantalón.
—¿Si sé de…? —Serena lo observaba con ternura, ese chico le parecía realmente encantador.
—Si sabes de algún supermercado cercano —fue lo primero que se le ocurrió.
—¿Supermercado? Bueno, hay uno por la avenida principal me parece.
—Oh, muchas gracias.
El chico se sintió decepcionado ante su pésimo pretexto, y ahora cómo iba a hacer para mantener la charla.
—¿Podrías acompañarme? —le soltó con un rubor creciente en las mejillas.
Fue entonces que Serena lo comprendió.
—¡Le gusto! Ay no, Zafiro, yo…
—Lo siento pero no puedo.
—¿No?
De verdad que el chico no se esperaba ser bateado tan prontamente.
—Tengo algunas cosas que hacer, sino con todo gusto.
Intentó ser lo más amable que pudo en sus palabras, pero debía ser clara. Entendió que el muchacho estaba buscando excusas para hablarle y que lo mejor sería poner distancia si es que aún guardaba una esperanza con el hermano.
—Entiendo, disculpa por molestarte.
—No, no es molestia. Nos vemos luego.
Zafiro dio media vuelta fracasado, había desperdiciado su única oportunidad de la forma más tonta.
—Seguro Seiya fue directo y sin más la invitó a cenar.
Recordar la pelea con su hermano le producía pesar, desde ese día parecía que ambos se evitaban.
CELOS DE SANGRE
Faltaban escasas dos noches para la tan esperada final de Producciones Galaxia. Seiya había estado ensayando arduamente en un estudio improvisado que había logrado rentar para no tener que estar en casa. Hasta ese grado había llegado su deseo de evitar la confrontación con Zafiro o con ella.
Pero ese día no habían abierto y él aún no terminaba los últimos acordes de la canción que componía para ese gran momento.
Entró a su habitación deseando poder salir al balcón como antes, no sin antes asomarse entre los cortinajes para asegurarse que ella no estuviera. Las luces estaban apagadas y Seiya respiró aliviado al saber que podría utilizar su preciado rincón.
Serena regresaba apenas del centro comercial con las compras de la semana más el vestido que usaría para acompañar a Mina. Se había resistido un poco al principio, a sabiendas que él estaría ahí. Pero, al final entendió que su mejor amiga no se merecía que la dejase sola en algo tan importante.
Su celular sonó siendo Mina quien la estaba llamando.
—Bueno.
—Serena, gracias a Dios que te encuentro. Te estuve marcando como loca.
—No tengo llamadas tuyas.
—Bueno, no importa, necesito un gran favor. Olvidé el pase a la final en el auto de Seiya y sin él no voy a poder entrar a la televisora, ni yo ni nadie de mis invitados.
—Pero Mina…
—Por favor Serena, recupéralo. Por favor, yo no puedo ir.
—¿Y si te lo da ese día?
—¡Y cómo quieres que sepa que lo tiene! Por favor Serena, hazme ese gran favor.
Mina cruzaba los dedos del otro lado de la línea esperando que su plan diese resultado.
—Está bien —terminó resoplando su interlocutor.
—¡Gracias, amiga! Pero date prisa porque falta nada.
—Sí, está bien.
Colgó sintiendo nuevamente ese nerviosismo en su cuerpo.
Al llegar a casa, desde la esquina pudo escuchar levemente el sonido de una guitarra y su corazón le pareció paralizarse.
Caminó por la acera sin despegar la vista del balcón de Seiya que se alcanzaba a asomar. Y lo vio, su pecho comenzó a agitarse mientras sus manos sudaban al contacto con las bolsas que cargaba. Era ahora o nunca.
—Seiya —dijo tenuemente desde la calle.
El pelinegro dejó de tocar en cuanto escuchó su voz, se había prometido estar alerta por si había señales de ella para desaparecer en el acto, sin embargo, su concentración lo había traicionado.
—Serena.
Por inercia se puso de pie dejando a un lado la guitarra.
—Espera, enseguida bajo.
—No te molestes. Yo… sólo quería decirte que Mina olvidó su pase de la televisora en tu auto y lo necesita.
—¿En mi auto?
—Sí, te agradecería que lo buscaras y se lo llevaras, está preocupada.
—Déjame checar ahora mismo, y te lo doy.
—Dios, va a bajar.
Era como si una fuerza lo atrajera hacia ella sin remedio, sabía que de estar nuevamente cerca su corazón le jugaría en contra a su consciencia, pero en ese momento nada le importó.
Bajó sin prender las luces. Zafiro estaba encerrado en su recámara como de costumbre y Darién para variar no estaba.
Desde que abrió la puerta el dulce aroma de Serena le hizo flaquear las piernas. Instintivamente se acercó a ayudarle con sus compras.
—Dame esto, te molesta si las dejo un momento adentro.
—No, está bien.
Serena tuvo que refregarse las manos contra sus jeans para secarlas un poco.
—Ven, el porche está cerrado.
A un costado de la reja principal estaba la entrada del garaje. Estaba oscuro y Seiya entró en la penumbra hasta abrir la puerta del copiloto, ahí bajo el asiento estaba el preciado pase.
—Aquí está —dijo agitándolo en el aire.
—Gracias, se lo daré a Mina. Es tan despistada.
—Sí, algo.
Los dos sonrieron y Seiya no pudo evitar quedarse de fijo sosteniéndole la mirada.
—Bueno, te dejo, y disculpa por molestarte.
El pelinegro intentó acercar su mano al brazo de ella para detenerla pero su cuerpo no le respondió. Serena estaba por atravesar la calle hacia su banqueta cuando él la llamo.
—Espera…
La rubia volteó con expectación ante su llamado
—Tus cosas.
—Oh, es cierto.
Seiya salió de su casa cargando las bolsas de ella.
—Yo las llevo hasta tu casa, están pesadas.
No era verdad, pero deseaba tenerla cerca aunque fuese unos instantes más. Serena no opuso resistencia. Cruzaron juntos, la reja abierta lo hizo seguir hasta la puerta. La rubia dio nuevamente las gracias. Entró y dejó todo en el piso, Seiya aún aguardaba en la entrada.
—Buenas noches —dijo con rapidez dando la vuelta.
—Seiya…
—¿Sí?
—¿Hice algo que te molestara?
—Bombón… —No para nada, es que yo…
La mirada confundida de Serena y ese endemoniado aroma que lo hacían enloquecer le turbaron los pensamientos.
—Me pareció que habíamos congeniado muy bien y después desapareciste. Supongo que no te gusté.
—No, no digas eso —se acercó a ella aun contra su voluntad, y tomó su abatido rostro entre su mano.
Serena se estremeció con el contacto.
—Bombón, eres bellísima. Pero…
De nueva cuenta tuvo que apartarse.
La rubia no pudo contenerse, si la despreciaba al menos se llevaría un recuerdo.
Su cuerpo aminoró de nueva cuenta la cercanía, y sin pensarlo le echó los brazos encima, buscando sus labios que temió encontrar cerrados.
Seiya le rodeó la cintura correspondiendo en su totalidad al contacto y en un momento de intrepidez se dejó llevar para recibir la dulzura de la ansiada boca femenina.
Era suave, y sus labios carnosos compaginaban a la perfección con los suyos. Su aliento le pareció afrutado y su menudo cuerpo entre sus brazos, casi celestial. Pero la imagen de Zafiro formándose abruptamente en su cabeza fue como un navajazo de dolor que lo hizo despertar.
—Serena, no puedo, perdón.
Se apartó de ella con el sopor del beso todavía en los labios y huyó, dejando a la rubia estupefacta en el umbral de su casa.
—Seiya… —masculló con el llanto agolpándose en su garganta.
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Lo prometido es deuda, no fueron dos, fue uno más largo de lo normal.
Paso de volada a subirlo porque aun no termino la maleta D:
Muchas gracias por su apoyo, especialmente a mis queridas amigas Gabiusa y Elenmar, son las mejores.
Andreita Kou, es bueno saber que padeces del mismo mal en tus historias, la incertidumbre también me gusta. BTW, prometo pronto pasar a leerte.
Les mando un gran abrazo mi amados lectores, y prometo retomar el lunes con más entusiasmo. :)
