Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: P. Jordan.

Capítulo 10

¿Estamos listos? —preguntó Harry entrando en la sala de estar.

Se agachó, extendiendo los brazos en dirección a Albus, que corrió hacia ellos de inmediato, y lo alzó en voladas. A Hermione, en cambio, ni siquiera la miró. Había estado frío y distante con ella desde la noche en que habían hecho el amor.

Seguían compartiendo el mismo lecho, pero Harry dormía de espaldas a ella, y el espacio que dejaba entre ellos se le antojaba a Hermione tan insalvable como una cadena de montañas coronadas por nieves perpetuas.

—No hace falta que me lleves al hospital, Harry, y tampoco hace falta que venga Albus —le dijo Hermione—. Sólo es una revisión. Según el médico ya estoy totalmente recuperada.

—Creía que habías dicho que de paso también querías acercarte a echarle un vistazo a tu casa, a ver cómo está —contestó él.

—Sí —admitió Hermione—. La agencia inmobiliaria me ha dicho que ya ha encontrado a una persona interesada en alquilarla cuanto antes.

—Harías mejor en venderla —dijo Harry—. Te quitarías de problemas.

Hermione apartó la vista. ¿Cómo podría explicarle a él, que le sobraba el dinero, lo que sentía por aquella casita, después de haber trabajado tan duramente para poder comprarla? ¿Y cómo podría decirle que una parte de ella temía que, de algún modo, la historia se repitiera y se encontrara de nuevo sola? Por eso no quería vender la casa.

Cuando salieron fuera, Harry dejó a Albus el suelo. El niño corrió hacia el señor Figg, que estaba recortando los setos, y aprovechó ese momento para decirle a Hermione:

—Ayer hablé con mi abogado del tema de la adopción.

Hermione, sabiendo que de nada serviría insistir en que no hacía falta que lo adoptara porque ya era su hijo, no dijo nada.

—Por mucho que tú quieras convencerme y convencerte a ti misma de que Albus es mi hijo, la realidad es que no lo es, Hermione. A mis ojos y a los de la ley no soy el padre de Albus, Hermione, y quiero solucionar esa situación lo antes posible, tanto por ti, como por Albus.

Ella, demasiado dolida como para responder, se limitó a seguirlo hasta el coche en silencio.

—No hace falta que entréis conmigo —le dijo Hermione a Harry, mientras aparcaban frente al pequeño edificio donde tenía su consulta el médico.

Sin embargo, él no le hizo el más mínimo caso, y no sólo entraron con ella, sino que también se levantaron de sus asientos de la sala de espera y la siguieron cuando la enfermera le dijo que podía pasar.

—Bueno, debe comprender la preocupación de su esposo —le dijo el doctor—. Ese virus que pilló no era ninguna tontería

—Quizá debería hacerle un examen más completo, con alguna prueba del corazón y los pulmones —sugirió Harry.

—No digas tonterías —replicó Hermione enfadada—. Estoy bien.

— ¡Mamá vomito en el baño esta mañana después de desayunar!

En el silencio que siguió al inocente pero revelador comentario de Albus, los tres adultos se volvieron hacia él.

—Yo... creo que ha sido por el vino tinto que tomé anoche para cenar —explicó Hermione incómoda.

—Puede ser —asintió el médico—. Si todavía tiene el estómago delicado, pudo sentarle mal.

—Pero si apenas tocaste tu copa... —intervino Harry cuando salían de la consulta.

—Es que... ya cuando estaba tomándolo me pareció que no me estaba sentando bien —se apresuré a decir Hermione.

Y para su alivio Harry no volvió a mencionar el asunto. Cuando hubieron salido a la calle, Harry le propuso:

— Te parece que vayamos andando. Tu casa está aquí al lado y hace muy buen tiempo.

Hermione asintió, y echaron a caminar calle abajo. Hermione tenía tantas cosas en la cabeza, que en un momento dado, cuando Albus se solté de su mano y gritó el nombre de su amigo Frank, al que acababa de ver doblando la esquina con su madre en la acera contraria, no reaccionó todo lo rápidamente que lo hubiera hecho si hubiera ido más atenta.

Y es que, antes de que pudiera darse cuenta, Albus se había bajado de la acera y había empezado a atravesar la carretera. Sí vio en cambio la camioneta que avanzaba hacia él, y oyó su propia voz llena de terror, gritándole que se apartara mientras corría hacia él, aunque sabía que no llegaría a tiempo.

Harry había salido corriendo también, y, teniendo las piernas más largas, logró llegar hasta Albus y lo agarró protegiéndolo con su cuerpo mientras los dos caían al suelo.

Hermione oyó a Albus gritar al tiempo que el conductor de la camioneta daba un frenazo, y un olor a neumáticos quemados invadía el aire. La gente corrió a la carretera, rodeando a Harry y al niño, pero Hermione ya estaba arrodillada a su lado.

Harry yacía inmóvil sobre el asfalto, sangrando por un corte en la cabeza, y con una pierna doblada en un ángulo imposible. Junto a él sano y salvo, estaba Albus que, con los ojos muy abiertos por el susto, murmuró – ¿Papá?

Pronto aparecieron un par de agentes de policía, y se oyeron sirenas, alguien había llamado para que mandasen una ambulancia.

Cuando los paramédicos hubieron subido a Harry al vehículo, Hermione subió también. Apretó a Albus contra su cuerpo y se sentó a su lado. Estaba lívido, y Hermione sintió que el miedo hacía presa de ella mientras uno de los hombres comprobaba sus constantes vitales y le ponía un goteo intravenoso mientras a Harry se lo llevaban en una camilla.

En el pabellón de urgencias del hospital una enfermera tomó Albus de los brazos de la aturdida Hermione

—Quiero ir con él... —comenzó Hermione.

Pero la enfermera le puso una mano en el brazo y le dijo suavemente:

—Vamos, vamos, tenemos que prepararlo para que lo vea el médico, y no querrá usted ver cómo cortamos ese traje tan elegante que lleva, ¿verdad? Entre tanto le echaremos un vistazo a este jovencito para comprobar que no tiene heridas importantes, ¿le parece?

Hermione asintió, aún aturdida.

Milagrosamente Albus no tenía más que algunos moretones y arañazos no, milagrosamente no rectifico Hermione mentalmente. Era gracias a Harry, que había arriesgado su vida para salvarlo.

De pronto sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Harry tenía razón: para considerarse el padre de un niño, hacía falta algo más que haber aportado simplemente el espermatozoide para concebirlo, y él lo había demostrado ese día, le había demostrado lo mucho que quería a Albus.

Pasó una hora, y luego otra. Albus se había quedado dormido en sus brazos, y a Hermione le picaban los ojos por las lágrimas que estaba esforzándose por no derramar. Al cabo de lo que le pareció una eternidad, un médico entró en la sala de espera acompañado de una enfermera y se dirigió hacia ella. Con las piernas temblorosas, Hermione se puso de pie.

— ¿Cómo está mi marido? —inquirió.

—Tiene una pierna rota, algunos cortes y moretones—respondió el hombre—, y en un primer momento nos temimos que el golpe de la cabeza pudiera ser algo serio, pero afortunadamente no es nada, sólo un buen golpe. Siento que haya tenido que esperar tanto, pero como comprenderá teníamos que aseguramos.

Lágrimas de alivio rodaron por las mejillas de Hermione.

—Aún tenemos que tomar algunas muestras para hacerle unas pruebas adicionales, pero está consciente, y aunque le hemos asegurado que su hijo está bien insiste en que quiere verlo. Susie los acompañará —le dijo el médico a Hermione, haciendo un ademán hacia la enfermera que estaba a su lado.

Pero Hermione no se movió. Una idea, una esperanza, rondaba por su cabeza.

—Doctor... esas muestras que tienen que tomar...—comenzó vacilante—. ¿Podría... sería posible que...? Verá, Harry se niega a creer que Albus es su hijo, pero lo es. Si pudiera usted hacer una prueba de ADN...

El médico frunció el ceño.

—Eso sería un tanto irregular.

—Pero es que Harry quiere muchísimo a Albus...—insistió Hermione—. Ya ha visto cómo arriesgó su vida para salvarlo, si pudiera demostrarle que verdaderamente es su padre...

—Lo siento, pero no puedo hacer lo que me pide sin el consentimiento del paciente —respondió el médico, pero al ver su decepción añadió—. Sin embargo, en Internet hay algunas empresas que se dedican a hacer esa clase de pruebas.

—Pero, ¿cómo...?

—Sólo tendría que mandar una muestra del padre y otra del niño, como un mechón de cabello, por ejemplo.

—Gracias, doctor —dijo Hermione.

Despertó a Albus, y dejó que la enfermera la condujera por el pasillo hasta la habitación donde estaba Harry.

Al entrar y verlo rodeado de aparatos, de la garganta de Hermione escapó un gemido ahogado.

—Mire, señor Potter —le dijo la enfermera a Harry—. Le traemos a su hijo, como le habíamos prometido.

Cuando Harry giró la cabeza hacia ellos, Hermione tuvo que contenerse para no entregarle el niño a la enfermera y correr a abrazar a Harry. ¿Cómo podía parecer tan frágil un hombre tan fuerte?

Susurró su nombre con el corazón encogido, pero no era a ella a quien Harry estaba mirando. Toda su atención estaba concentrada en Albus

— ¡Papá! —exclamó el niño extendiendo los bracitos hacia él.

—Déjamelo —le dijo Harry a Hermione con voz ronca.

Vacilante, Hermione miró a la enfermera, que asintió con la cabeza. Hermione se acercó a la cama, pero en vez de entregarle al niño, se sentó en el borde con Albus en su regazo, temerosa de que el chiquillo, en su entusiasmo, pudiera sin querer hacer daño a su padre.

— ¿Está bien?, ¿no tiene nada? —le preguntó Harry, levantando una mano y acariciando la mejilla del niño.

—Está perfectamente... gracias a ti —contestó Hermione con voz temblorosa.

Sí, Albus estaba bien, y era a él, a su marido, al hombre al que amaba, a quien quería abrazar y proteger en ese momento, pero sabía que él no quería su afecto... no quería nada de ella, más que a su hijo.

—Con cuidado, Albus —le dijo al pequeño de un modo mecánico cuando se inclinó para darle un beso a su padre.

—No hace falta que sigas viniendo a visitarme dos veces al día, Hermione —le dijo Harry en un tono poco amable cuando la vio aparecer por la puerta de su habitación en el hospital.

Aunque herida por sus palabras, Hermione sonrió.

—El doctor Dumbledore me ha dicho que mañana te darán el alta.

Harry frunció el ceño.

—Albus está deseando que vuelvas —añadió ella, e inmediatamente el ceño fruncido desapareció—. Te ha echado mucho de menos.

Hermione prefirió omitir que, para animar a su hijo, había acabado llevándolo a casa del cartero para que eligiera un cachorrito. A pesar de lo reticente que se había mostrado a dejarle tener un perro, lo cierto era que Albus estaba siendo bastante responsable y lo estaba educando bien.

— ¿Lo llevaste al neurólogo para asegurarte de que no tuviera daños internos?

Cada vez que había ido a visitarlo, Harry le preguntaba si el niño estaba bien, y por mucho que ella le dijera que no tenía que preocuparse, estaba segura de que hasta que no volviese a casa y lo viese con sus propios ojos no lo creería.

—Sí, y estaba bien.

—Bueno, no estaba de más asegurarse —farfulló Harry—. Esta mañana he hablado con mi abogado por teléfono —añadió de repente— Me ha dicho que te has negado a firmar los papeles de la adopción.

Hermione se sirvió un vaso de agua de la jarra que Harry tenía junto a la cama, y tomó un sorbo, en un intento por contener las náuseas que le estaba provocando el olor a medicamentos.

—No me he negado, Harry; yo... —replicó poniendo una mano detrás de la espalda y cruzando los dedos—.Me parece un paso muy importante y... especial... y, bueno, no quiero que sea algo frío como firmar únicamente unos papeles así que pensé que podemos esperar a cuando vuelvas a casa y hacer una pequeña celebración.

—Entonces, ¿no es porque hayas cambiado de opinión? —inquirió Harry enarcando una ceja suspicaz.

Hermione se apresuró a negar con la cabeza.

Como le había dicho e médico, había encontrado en Internet varias empresas que hacían pruebas de ADN, y tras cortarle un mechón de cabello a Harry mientras dormía, lo había mandado a una junto con un mechón de Albus. Ella por supuesto no tenía ninguna duda de cuál sería el resultado, pero estaba nerviosa por como reaccionaria Harry, y se sentía un poco culpable por haberlo hecho a sus espaldas. Sin embargo, no había habido otro modo; Harry jamás habría accedido.


Harry observó a Hermione salir de la habitación pensativo. Durante esos días había tenido mucho tiempo para pensar... sobre el pasado, y también sobre el futuro.

Se había dado cuenta de que el dinero y el éxito no eran lo más importante en la vida, sino el tener a su lado a quienes quería y lo querían. Aquel momento terrible en que Albus se había lanzado a la carretera había creído que iba a perderlo, y el solo pensamiento lo había sumido durante esas décimas de segundo en una agonía indecible.

Albus no era hijo suyo, pero había llegado a quererlo como tal, y lo protegería y lo cuidaría siempre. Respecto a Hermione... independientemente del modo en que la hería a veces por culpa de su estúpido orgullo, era la chica a la que había amado, la mujer a la que aún amaba por encima de todo lo que había ocurrido y pudiera llegar a ocurrir.

Albus y Hermione... No podría soportar perderlos. No le importaba que hubiera habido otro hombre en la vida de Hermione. Aquello pertenecía al pasado, y era él y no ese hombre quien formaba parte de su presente. Sí, iba a esforzarse por vivir el presente, y porque Hermione pudiera llegar también a perdonarlo a él en un futuro.

—Así que, ya sabe, nada de jugar al fútbol en una temporada —le dijo el médico a Harry con buen humor—. Y dentro de veinte días tendrá que volver para la revisión. Pero ahora es un hombre libre —añadió entregándole el papel firmado con el alta—. Seguro que está deseando volver a casa con su esposa y su hijo.

—La verdad es que sí —respondió Harry—. Gracias por todo, doctor.

—No tiene por qué dármelas. Sólo hemos hecho nuestro trabajo. Aunque tuvo suerte de que sus heridas no hieran más graves. En fin, como nosotros mismos tenemos que reconocer a veces en nuestra profesión... ¡los milagros existen!

Harry esbozó una leve sonrisa. Quizá fuera verdad.

Cinco años atrás, sí alguien le hubiese dicho que llegaría el día en que no sólo aceptaría al hijo de otro hombre como si fuera suyo, sino también que lo querría como nunca hubiera imaginado que pudiera querer a alguien, aparte de Hermione, le habría dicho que estaba loco de remate.

En el instante en que aquella camioneta había estado a punto de atropellar a Albus y había creído que iba a perderlo, se había dado cuenta de hasta qué punto lo quería. Aunque biológicamente no fuera su hijo, para él sí lo era.

Sin embargo, ante la ley no lo era, y si por cualquier razón un día Hermione decidía llevárselo, él no podría hacer nada. ¿Cualquier razón? Él ya le había dado una razón con la manera en que la había tratado la noche que habían hecho el amor, se dijo despreciándose a sí mismo.

Para él no importaba que al final ella hubiese acabado entregándosele por voluntad propia y que la pasión que habían experimentado hubiese sido mutua. Nada excusaba su comportamiento, los celos que lo habían devorado. Se detestaba a sí mismo por lo que le había hecho, y estaba seguro de que, a pesar de que no lo demostraba, probablemente por lástima, Hermione también lo detestaba.

La puerta de la habitación se abrió, y tras ella apareció una sonriente enfermera acompañada de Hermione y Albus.

Cuando el chiquillo soltó la mano de su madre y corrió hacia Harry, que lo tomó en brazos, éste agachó la cabeza sobre la del niño para poder ocultar la emoción que lo embargaba.

—No quería esperarte en casa —le explicó Hermione a Harry, mientras él tomaba las muletas que iba a necesitar para andar.

Hermione fue inmediatamente a su lado, por si la necesitaba, pero Harry rechazó su ayuda dándole la espalda.

Palideciendo, Hermione observó cómo la enfermera iba en ayuda de Harry, ocupando el lugar que debería haberle correspondido a ella. Aunque Harry había vuelto a casarse con ella, era obvio que no la quería como esposa, se dijo Hermione desolada.

—Le he pedido a Arabella que ponga mis cosas en otra habitación.

Hermione se alegró de estar de espaldas a Harry para que no pudiera ver el dolor que le habían causado aquellas palabras. Sin embargo, no pudo evitar replicar:

— ¿Y qué pasa con Albus? Tú mismo dijiste que se extrañaría si...

—Le he dicho que es por la pierna, que necesito una cama para mí solo para estar más cómodo —contestó Harry con brusquedad.

A través de la ventana de la sala de estar Harry vio a Albus en el jardín intentando atrapar a su cachorro para poder enseñárselo.

—Veo que cambiaste de opinión —le dijo a Hermione en un tono sarcástico.

—Soy mujer —contestó Hermione encogiéndose de hombros—. Las mujeres cambiamos a menudo de opinión.

Sin embargo, había una razón por la que había decidido que ése era el mejor momento que Albus tuviera su cachorro.

—Te ayudaré a subir —se ofreció, yendo junto a Harry cuando él se dirigió a las escaleras.

Pero él se apartó en un gesto tan obvio de rechazo, que Hermione se quedó inmóvil, y le dio la espalda para que Harry no pudiera ver las lágrimas de humillación que le quemaban los ojos.