La puerta estaba abierta después de muchos años, cuando el viejo Bilbo vivía esa puerta estaba siempre abierta, "para que los amigos entren sin preocupaciones" decía él, y cuando murió, Frodo insistía en mantener la puerta abierta, pero luego se fue y esa puertita ridículamente redonda y verde se cerró por mucho tiempo, pero ahora estaba abierta de nuevo y yo, un amigo, entré.

- ¡Boromir!- exclamó Frodo, sonriendo – ven, todos están en el patio-

En una mesa cerca de la piscina estaban mis amigos, en traje de baño, sonriendo y charlando animadamente mientras bebían refrescos helados, me acerqué sonriendo y saludé.

- Pensábamos que no vendrías- dijo Arwen, el bañador azul le quedaba perfecto - ¿qué tal estás?-

- Ya sabes, lleno de trabajo, pero bueno…-

- No hablemos de trabajo hoy- propuso mi hermano – divirtámonos, ¿hace cuanto que no usábamos la alberca de bolsón cerrado?-

- Mucho tiempo- reconoció Pip.

- Me acuerdo que casi te ahogas una vez, Pippin- comentó Merry, sonriendo.

- Pff, calumnias, si nado perfectamente- se defendió Pippin - ¿pero seguro estás bien, Boromir?, traes unas ojeras…-

- Es que les digo que se me acumuló el trabajo y…-

Me quedé sin palabras al ver a Legolas, vestía un traje de baño color verde que le llegaba a medio muslo, el pecho descubierto, la piel y el cabello mojados, me sonrió al acercarse, sus primos venían tras él, dando brinquitos y llamándole.

- Hola- me saludó el rubio, sin quitar la sonrisa.

- Hey…- alcancé a decir – no esperaba verte aquí-

- Yo lo invité- se adelantó Arwen.

- Ya, pues, qué bien- mascullé, perdiéndome en el blanco pecho de Legolas –ehh…espero que ya hayas hecho tu ensayo…-

- No te preocupes, ya lo terminé- dijo Legolas, riendo.

- ¡Vamos a la alberca!- bufó Eldarion - ¡dijiste que saludabas y nos íbamos a jugar!-

- Anda, vamos a jugar- insistió Lila – quiero que me enseñes a nadar, Legolas-

- Ya dejen en paz a su primo- los reprendió Aragorn, aunque sin sonar severo- déjenlo descansar un rato-

- ¡Pero papá!- se quejó Eldarion.

- Yo te relevo, Legolas- dijo Aragorn, levantándose –siéntate un rato-

- Sí, gracias- respondió el rubio.

Al regresar a casa, y después de comenzar a buscar empleo, Frodo decidió que aquello no podía ser una bienvenida oficial sin fiesta en la piscina, al viejo Bilbo le encantaba dar fiestas todo el tiempo, así que pensó que era una manera de honrar su memoria y de empezar con el pie derecho una nueva etapa de su vida; así que, después de un par de semanas, nos llamó a todos para invitarnos a pasar la tarde en la alberca, por supuesto que a nos pareció una idea fantástica, y de hecho era una idea fantástica hasta hace dos noches que se me cruzaron los exámenes parciales, me vi tan atareado que no pude ni salir con Legolas, apenas viéndolo en la escuela, sin poder estar cerca de él y llamándolo apenas unos minutos en las noches, las cuales pasaba casi en vela revisando tantos exámenes.

Encontrarlo en casa de Frodo me sorprendió, y mucho más verlo en traje de baño, aún no me animaba a pasar de algunos besos y caricias con él, verlo así me resultaba demasiado tentador, traté de mirarlo lo menos posible y me senté junto a mi hermano, acepté el refresco que Eowyn me ofreció y traté de seguir la plática, aunque me resultaba difícil al tener a Legolas tan cerca vestido así, sumando el cansancio que me provocaba ganas de acostarme y dormir dos días seguidos.

- Boromir…- me llamó Pippin - ¡No te duermas!-

- Perdón, ¿qué?- respondí, tallándome los ojos.

- Que si trajiste bañador- me preguntó Frodo, riendo – ¿no prefieres ir a recostarte un rato?, puedes usar mi habitación-

- Sí, sí- respondí, bostezando.

- Te despierto cuando esté la comida, Théo fue a traerla- me dijo Frodo.

Casi arrastré los pies hasta la vieja habitación de Frodo, todo estaba limpio y en su lugar, me dejé caer en la cama, sintiendo la frescura de las sábanas relajarme, me quedé profundamente dormido y así habría continuado de no ser por la mano que acariciaba mi cabello, abrí los ojos para encontrarme con la sonrisa de Legolas.

- ¿Ya es hora de comer?- pregunté, bostezando.

- Aún no, pero quería verte- admitió el rubio, sin quitar la sonrisa – estos días no hemos tenido ni un momento a solas-

- Perdona, los exámenes no me dieron tiempo de nada-

- Lo sé, no te preocupes, mejor me voy ya, se supone que entré a buscar una cerveza-

-Quédate un poco más- pedí, tomando su mano – te he extrañado mucho-

- Sólo fueron dos días- respondió Legolas, besándome los labios –pero te propongo algo, si te parece bien-

- Dime-

- Déjame dormir en tu casa esta noche-

- ¿No habrá problema con tu padre?-

- No está en casa-

- ¿Y con tu prima?-

- Por Arwen no te preocupes, yo sabré como zafarme de ella-

- No sé, no estoy seguro-

- Sólo dime sí o no- insistió Legolas, besándome de nuevo – yo estoy listo-

- Sí- contesté, acariciando la mejilla blanca de Legolas.

- Bueno, entonces ya está- dijo Legolas, levantándose de la cama – más tarde nos vamos juntos-

Horas después alguien fue a llamarme para ir a comer, no recuerdo quién, tampoco recuerdo que comí ni lo que hablé, sólo podía pensar en Legolas y lo que pasaría después en mi casa, mis amigos comenzaron a marcharse y, como prometió, mi rubio se quedó conmigo.

- ¿Nos vamos?- preguntó sonriendo.

- Pásenla bien- dijo Frodo, con un tono medio burlón – duérmanse temprano

-Qué chistosito- comenté, frunciendo el ceño – nos vemos luego-

Cuando nos despedimos, Frodo y Théo tienen una sonrisita molesta en el rostro, me dan unas ganas de regresarme sólo para partirles los dientes, nada más para borrarles esa maldita sonrisa que me pone tan incómodo, pero claro que no lo hago, porque Legolas va conmigo y lo demás deja de importar.

No necesito decir nada, Legolas tampoco habla, vamos juntos hasta mi cuarto y lo desnudo sin prisa, él se deshace de mi ropa, nos observamos un rato, sin tocarnos, me entretengo en la blancura de su piel, quiero aprenderme cada detalle, al fin rompemos las distancias, toco su rostro, sus hombros, su cintura, beso sus labios.

- Te quiero- me dice él, abrazándome – te quiero-

- Yo también te quiero-

Hacemos el amor despacio, entre jadeos y besos, cuando al fin estoy dentro de él me quedo quieto, disfrutando su cuerpo, él me pide que continúe y lo hago, y Legolas se abraza a mí, susurrándome que me ama, que quiere estar conmigo y pidiéndome que no lo deje.

Cuando despierto, Legolas sigue abrazado a mí, le acaricio el cabello suavemente, en este momento no importa que mañana haya escuela, y que yo volveré a ser el profesor y él mi alumno, y que lo nuestro esté completamente mal.

Al despertar, Legolas sonríe y me abraza, nuestros cuerpos aún desnudos se encuentran, mi sexo despierta y Legolas se acerca aún más a mí.

- ¿Podemos…?- me pregunta, besándome el cuello – antes de desayunar-

Legolas se acomoda sobre mí, lo contemplo mientras guía mi miembro hacia su entrada y baja las caderas, es una visión deliciosa, lo es aún más cuando él comienza a moverse despacio, escucho los jadeos que se escapan de su boca, veo como sus mejillas comienzan a sonrojarse.

- ¿Me amas?- me pregunta, sin dejar de moverse – dime, por favor-

- Te amo, pequeño, mucho- alargué mi mano para acariciar su rostro.

Lo acerco hacia mí y lo beso, aprovecho entonces para colocarme sobre él, sus blancas piernas sobre mis hombros, me detengo a mirarlo un momento antes de continuar, Legolas comienza a gemir, sus dedos se enredan en mi cabello, aumento el ritmo y los gemidos aumentan, siento el orgasmo alcanzarme y trato de salir, pero Legolas me detiene mientras termina manchando mi vientre, yo hago lo mismo dentro de él, nos abrazamos un rato que me parece eterno, al fin me levanto y comienzo a buscar nuestra ropa.

- ¿Recuerdas dónde está el baño?- Legolas asiente – puedes tomar una ducha mientras preparo el desayuno, dejaré tu ropa aquí-

- Báñate conmigo- pide Legolas, levantándose de la cama – por favor-

- Pero el desayuno…-

- Lo preparamos entre los dos, ¿sí?-

Acepto, y dejo que Legolas me talle la espalda y el cabello, al salir del baño estoy tan relajado que me dan ganas de dormir un rato más, sin embargo desisto de la idea, me visto y bajo a la cocina con mi rubio, nos dedicamos a pelar manzanas y cortarlas, nos sentamos a desayunar en silencio, sólo puedo observarlo, es hermoso, joven y hermoso, aún no puedo creer mi suerte al tenerlo conmigo.

- ¿Te sientes mal?- pregunta Legolas, apartando su desayuno - ¿culpa?-

- ¿Qué?, no, no es eso, ¿por qué lo preguntas?-

- Cuando las personas tienen sexo, por alguna razón que no logro comprender, sienten culpa después-

- ¿Tú sientes culpa?-

- Para nada- responde él, sonriendo - ¿tú?-

- Tampoco, sólo estoy preocupado-

- ¿Por?-

- Por ti-

- ¿Por mí?-

- Sí, me da miedo hacerte daño-

- ¿Por qué me harías daño?-

- Eres menor que yo y…-

- Ah, ¿de nuevo con eso?-

- No puedo dejarlo de lado-

- Este es mi último semestre en la preparatoria- dijo Legolas, mordiendo un pedazo de manzana – después de eso ya no serás mi profesor y asunto arreglado, ¿no?-

- Esos 16 años de diferencia…-

- Mira, cuando tenga 18 no tendremos que preocuparnos de nada, ¿verdad?, aún faltan unos meses pero…-

- En un mes yo cumpliré 34, ¿entiendes a lo que quiero llegar?-

- Sí, pero entiéndeme tú a mí, espera esos meses, Boromir, al ser mayor de edad podremos mandar a la mierda a todo el mundo, no tendremos que escondernos más-

- No me gusta esconderme, es muy difícil para mí andar fingiendo que eres sólo otro alumno-

- ¿Lo ves?, sólo tenemos que hacer funcionar todo esto unos meses más, el semestre casi acaba…-

- Eso me recuerda que debo ordenar los exámenes e ir preparando el global- digo, suspirando.

- ¡No me cambies el tema!- gruñe Legolas, torciendo el gesto- prométeme que lo intentaremos, ¿sí?-

- Sí, lo intentaremos, pero si en algún momento cambias de idea, no te preocupes por nada y dímelo-

- No voy a cambiar de idea- me dice él, sonriendo de nuevo – y más vale que tu tampoco-

- No pienso hacerlo- le aseguro – para dejar de quererte me tendrán que arrancar el corazón-

- Qué cursi eres- dice Legolas, riéndose, aunque su sonrojo no se me escapa.

- Venga, termina de desayunar para lavar los platos y llevarte a casa-

- ¿Tan pronto?- se quejó, suspirando - ¿no me puedo quedar un poco más?-

- Prefiero que llegues temprano a casa, por si Arwen decide llamar o visitarte-

- Buen punto- cede, aunque de mala gana.

Nos dedicamos a limpiar la mesa y lavar los platos en silencio, Legolas subió a buscar el resto de sus cosas, salimos directo al auto cuando Hielo corre hacia nosotros, a pesar de que ha sido un buen tiempo, no tarda en reconocer a Legolas y comienza a mover la cola.

- Hey, cuánto has crecido- dice Legolas, acariciando a Hielo con cariño - ¿te tratan bien, amigo?-

- Admito que lo he arruinado un poco con tantos mimos- comenté, sonriendo – pero se porta bien-

- Ya sabía yo que ustedes se llevarían de maravilla- dijo Legolas, sonriendo – bueno, Hielo, nos vemos después, cuídate mucho, y cuida de Boromir-

Nos despedimos de mi mascota y subimos al auto, Legolas enciende la radio y se distrae con canciones que no soy capaz de reconocer, debe ser música nueva, de chicos como él, al llegar a su casa me detengo, un silencio se apodera de ambos, deslizo mi mano hasta tomar la pálida mano de Legolas, la acaricio despacio.

- Que quede claro que te amo- digo, mirando a Legolas a los ojos.

- Y yo a ti- responde él, acercándose para besarme – dime por favor que no tardaremos meses en volver a hacerlo-

- No creo- contesté, riendo – tan seguido como sea posible, ¿te parece?-

- Bueno, pero que sea posible muy seguido- dice él, sonriendo - ¿me llamarás?-

- Antes de dormir, lo prometo-

- Entonces hasta más tarde-

Me quedo hasta que Legolas entra a la casa, respiro hondo y por fin puedo arrancar el auto, al llegar a casa voy directo al patio y juego un rato con Hielo, cansado, decido ir a tomar un baño, dejé que el agua me relajara, el recuerdo del cuerpo tibio y cálido de Legolas me hizo estremecer, de repente me doy cuenta que el sol ya se ha ido, el día se me pasó tan rápido junto a mi rubio…

Salgo del baño y me pongo la pijama y busqué mi celular, marqué el número de Legolas, no necesité esperar mucho para que me contestara.

- ah, eres tú- dijo Legolas.

- ¿Esperabas otra llamada?- pregunté, curioso.

- Ehmm, no, no, perdón- se disculpó – me da gusto escucharte-

- Si no es un buen momento…-

-No, no es eso…bueno, mira, ¿te parece si platicamos mañana mejor?, estaba algo ocupado-

- Vale, mañana hablamos- cedí –te amo-

-Yo también te amo-