Tardío primer amor.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ya me gustaría, pero no es así, son de Tadatoshi Fujimaki sempai y de sus miles de seguidores bla bla bla...

Este fic contiene escenas subiditas de tono, para personas adultas o que hayan superado la pubertad con éxito... no me hago responsable de los traumas causados. Dicho queda.

Nunca pensó que se enamoraría después de cumplir los cuarenta ... y menos de él.

...por que no es su sobrino, es el amante al que desea en su cama, en su corazón y en su vida. Himuro sabe que a partir de este descubrimiento, su vida no ha hecho mas que empeorar. Ese chico es el hijo de su hermano... ¿En que está pensando? Mpreg.

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Tardío primer amor.

Capítulo diez: El momento justo para ser padres.

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Ocho meses.

Su barriga desafía la lógica humana.

Ya no recordaba como era su cuerpo antes de que esa enorme pelota ocupara su vientre y se llevara su buen humor a dar un viaje, a un país lejano y desconocido.

Acurrucado de costado aprieta los morritos en una mueca disgustada. No piensa salir de la cama en todo el día, en realidad no tiene intención de hacerlo en lo que queda de embarazo... o de siglo, lo que termine antes.

Himuro le contempla, últimamente lo hace mucho. Sabe que diga lo que diga será un motivo para los gritos, o el llanto, o las dos cosas al mismo tiempo.

Es consciente de que la juventud del muchacho no es mas que un motivo lógico para el miedo a lo desconocido y que cada nueva visita al médico solo hace que le tenga mas pánico al día "D".

Con pies de plomo camina, un solo paso cada vez, lo suficientemente silencioso como para acabar a su lado sin que el chico se de cuenta de su presencia hasta que es demasiado tarde.

– Vamos, tienes que darte una ducha y hay que andar un rato. – La mano en su hombro trata de ponerle boca arriba sin resultado alguno. –Por favor... sé bueno...

– No quiero. – Recupera su postura. –Estoy feo, y gordo, y feo... no quiero que nadie me vea.

Himuro sonríe, de lado.

Esta canción ya la ha oído, demasiadas veces para su gusto, aunque se ha resignado a que el chico haga esto cada dos días mas o menos. No le culpa, en cierto modo es lo mas natural, y casi, casi le resulta de lo mas gracioso.

Escala la cama, en pijama. El desayuno les espera en el salón, llenando la mesa al completo de todos los alimentos que se le han ocurrido, solo por si acaso.

Ya que por las buenas no está obteniendo respuesta decide hacerlo por las malas.

Toma sus tobillos con las manos y le re-coloca las piernas para que descansen sobre las suyas. Tai gira lentamente, quedando boca arriba en la cama, piernas abiertas sobre los muslos de su novio.

Morritos. Ceño fruncido. Negativa en sus ojos.

– A ver... – Hace una pausa a la negativa del chico; le ignora y sigue con su intención de mirarle por todas partes. –Estás gordito, pero no es culpa tuya, si no de esta preciosura que come todo lo que su mamá le ofrece. –Desea poner las manos sobre la redondez, pero Tai se lo impide todas las veces que lo intenta. –Y sabes que no eres feo, es que te encanta oírmelo decir...

– No es verdad. – Rojo como un tomate desvía la mirada.

– Bien, vamos a mirar. – desabrocha un botón, y aparta la tela a los lados. Desde esa postura puede ver la cinturilla del pantalón del pijama de cuadros que viste la mamá. – mmm..., no hay nada interesante aquí; otro mas. –Tai niega, pero le ignora a propósito. La visión de la línea alba le hace posar un dedo en ella y recorrer el camino hacia arriba hasta el siguiente botón. – Yo solo veo una criatura hermosa, nada feo.

– ¿De verdad? – Sigue avergonzado por tener la barriga a la vista, pero sabe que Himuro no le mentiría.

– Eres precioso, cada segundo del día. Y llevando a mi hijo mucho mas. – Se inclina para besarle, dejando al pequeño entre los dos. – Por eso quiero que conserves tu hermosura y tus fuerzas y te levantes de la cama. – Tai hace una mueca pero él sigue hablando. – Desayunas, una ducha, un paseo juntos y a medio día estamos en casa para recibir a la visita... pero si quieres quedarte en la cama le diré que no venga...

– ¿Quien viene? – Interesando cambia la cara a una un poco mas feliz.

– Una doctora. – Tai se ilumina de felicidad. – Viene a ver si la casa es adecuada para que des a luz aquí o por el contrario lo mejor es que vayamos al hospital. ¿Es lo que querías o ya has cambiado de idea?

– Te quiero, ¿Lo sabías? – De repente sus fuerzas están renovadas y su auto estima por las nubes.

Baja de un salto, pasando la pierna por encima de su novio y casi trotando hasta el baño.

Himuro simplemente se queda tumbado, escuchándole canturrear en el baño bajo la ducha.

De costado en la cama mira al otro lado del pasillo. El cuarto del bebé está listo y preparado desde hacía una semana, todo en su sitio, esperando a su pequeño inquilino con sumo amor.

Piensa, en lo mucho que ha cambiado su vida en apenas unos pocos meses.

Estaba solo y amargado, lejos de sus amigos y conocidos, ahogado en un tedio que dominaba cada segundo de su vida. Sin mas pretensión que la de amanecer y anochecer cada día en la misma cama.

Y llegó él.

Con su frescura, con su descaro, con esa claridad que hace de todo algo sencillo y lógico.

Ese chico no solo le había enseñado a ser mejor persona, a disfrutar de cada segundo de la vida con alegría, a ver el futuro lleno de felicidad.

Y estaba enamorado, mucho... a su edad y sonrojándose como un adolescente cachondo.

Por dios, ni cuando era adolescente se había sonrojado así... pero Tai, ¡Oh!, esa criatura hermosa no paraba de sorprenderle.

Desnudo y con el pelo goteante, no parece tener problemas con el tamaño de su barriga.

Tatsuya no puede mas que dibujar una inmensa sonrisa. Y mirarle, vestirse, dormir, comer, respirar... agradeciendo cada segundo a su lado como una oportunidad que rara vez te concede la vida una segunda vez.

…...

Noveno mes, a dos días de salir de cuentas.

– Papá... papá por favor. – Gimotea, tendido en la cama, sus manos en el borde del colchón. – Duele mucho...

Kagami asiente, lo entiende y muy bien. Pero no puede hacer mas que estar ahí y a pesar de ser su hijo, siente que no es su sitio. Aunque se guarda de no decirle al chico nada y mucho menos en su estado.

Tatsuya entra y sale a la calle. Mira a ambos lados, nervioso. Esperan por la matrona y el personal médico, aunque la mujer ya le ha dicho por teléfono que aún queda mucho, apenas si ha empezado y el proceso puede llevar horas, y mucho mas si es primerizo.

Aún así eso no quita que esté de los nervios, y que no pueda estar ni un segundo dentro de la casa escuchándole acusar el dolor y llamar a sus padres desesperado.

Entra y sale de la casa un par de veces mas antes de que Kuroko le "obligue" a sentarse con él en el sofá.

Pone una taza con té en sus dedos y le dedica una mirada de comprensión que quita los nervios a Tatsuya de inmediato.

Kuroko ha pasado por eso dos veces, sabe que esperar. Y conoce a su hijo lo suficiente como para estar así de tranquilo, suerte que su calma es totalmente contagiosa.

A media taza de té llega, por fin, la doctora.

Hay tantas personas ahí que la mujer tarda un momento en ubicar quien es cada uno y por que razón se encuentran ahí.

Entra en el cuarto con suma tranquilidad, y casi al instante se dirige al chico.

– papá... no te vayas, por favor... –agarra con ganas el brazo de su padre, dejando claro que no va dejar que salga de ahí por las buenas.

– Necesito que nos deje a solas, solo será un momento. – La mujer se impone dulcemente. Lleva años haciendo esto y comprende perfectamente al chico.

Kagami se suelta, besa su frente y obedece a la mujer con todo el dolor de su corazón.

Tatsuya está en el pasillo, atento a todo lo que ocurre. No parece molesto con la situación, aunque está claro que debería ser él quien le acompañase en el proceso, respeta la decisión de Tai de tener a su padre "secuestrado" todo el tiempo que pueda.

Kuroko sin embargo no parece tan conforme, aunque se guarda de no decir nada, si que lo demuestra con su actitud.

Los minutos en ese salón se suceden pesados, lentos como nunca.

Lo bueno es que las quejas han parecido detenerse, aunque lo peor está por llegar y todos ellos son conscientes de esa realidad.

La mujer por fin sale al encuentro de los mas adultos.

– Todo está bien, ya he dispuesto lo necesario para cuando comience la labor. – Sonríe tranquilizando la tensión de la espera. – Le he puesto un tranquilizante suave, está muy nervioso y hace que el dolor sea mas exagerado de lo que debería, pero todo está bien; quiere ver al papá de la criatura.

Himuro da un respingo, como si realmente no esperase estar a su lado hasta que el bebé hubiera nacido, por lo que se pone sumamente feliz con esa noticia.

Cuando entra al cuarto, lo primero que ve es la mesa que la matrona ha preparado con el instrumental médico y la ropita del niño a un lado.

Tai tiene la mirada perdida en algún punto entre ellos dos. La paz que emana de su cuerpo fruto de los analgésicos también se traduce en la postura en la cama; mas que tumbado parece parte de la cama.

– Lo siento. – Se disculpa, ya no sabe por qué, solo que tiene que hacerlo.

– No pasa nada, no te preocupes. – Sentado al borde de la cama acaricia su pelo, despacio.

– Ya no me duele. – Sonríe.

No sabe que es lo que le han dado, pero va a tener que pedir un par de dosis para su uso futuro. Ese chico tiene un genio difícil de tratar, heredado de su madre sin duda alguna.

– Me alegro mucho. – Disfruta de un pequeño beso y de la calma que llena el cuarto. –Debes descansar, necesitas toda tu energía. Duérmete, venga.

Asiente, cerrando los ojos.

Himuro suspira, mirándole. Espera que se duerma para levantarse y salir. Comprende que la próxima vez que esté despierto no será tan amable y no está muy seguro de soportar que sufra de esa manera.

…..

De nuevo el cuarto parece sumido en una extraña paz que nadie se explica.

Según va a cercándose la hora señalada, Tai parece relajarse y Himuro está mas que feliz con esa situación.

Kuroko a su lado, mira por la ventana, tranquilo. Mano en su hombro, apoyo incondicional.

Después de todo lo pasado, lo cierto es que Kuroko ha estado de su parte desde el inicio. Si no fuera posible podría jurar que casi le había empujado a los brazos de su hijo... pero claro, eso jamás lo admitiría en público.

– ¿Cómo estás? – Pregunta, feliz.

– Aterrado. – Mira a Tai, dormitando tranquilo en la cama. El agotamiento se nota en su cara, lleva todo el día en ese cuarto, salvo por las breves ocasiones en las que ha caminado un rato o sus innumerables visitas al baño, no ha salido de la casa.

Himuro dice medio en broma que Tai es como una flor, que necesita del sol para recargar su alegría, y el día de hoy casi confirma esa teoría.

Kuroko abre mas la cortina, lo suficiente como para que los rayos de sol lleguen a la cama y a su hijo.

– Tat... ugh... – Ahora si, parece que el tiempo de pensar ha terminado; hora de la acción.

– Estoy aquí, tranquilo. – Solo necesita un par de zancadas para ponerse a su lado, tomar su mano.

Kuroko sale a buscar a la doctora y ya se queda en el salón, junto a su esposo y su nenita, que juega ajena a todo con Alex.

– Bueno, hemos hablado de este momento. – Tai asiente, aunque sus sentidos están concentrados en el punzante dolor que le recorre hasta la última de sus células. – Aún estamos a tiempo de llenar la bañera. – Mirando entre sus piernas la mujer asiente. –Entre diez y veinte minutos. Tu pequeño está colocado y listo para salir.

– A-aquí... aquí, en la cama. – Busca a su novio con la mirada. El miedo llena sus ojos, aunque también hay una pizquita de nerviosismo, y por qué no decirlo, ilusión.

Ahora que lo tiene tan cerca parece mas ilusionado que en todos lo meses de espera.

– Vale, pues entonces tu bebé nacerá aquí. – La matrona acerca las cosas necesarias a su lado, se acomoda entre sus piernas, guantes puestos, comprobaciones hechas. – Solo tienes que empujar con todas tus ganas como aprendimos en las clases y todo saldrá bien.

– ¿Mi padre...? – Angustia en su mirada.

– Está fuera, esperando, ¿Quieres que le llame? – Está a punto de salir pero se detiene al notar como el chico le aprieta la muñeca con fuerza. Se ha dado cuenta de que acude a su padre cuando tiene miedo y eso le parece de lo mas tierno.

– No... quiero que te quedes. Me duele mucho no se ni lo que digo... lo siento. – las sílabas salen entrecortadas. El dolor a estas alturas es insoportable y la medicación que le habían dado ya se había consumido en su cuerpo.

– No pasa nada, lo entiendo. – Besa su frente, desplaza los mechones celestes a un lado, para posar sus labios en la sien, abarcando sus hombros con un brazo. – Solo haz lo que te diga la doctora y veremos a nuestro bebé dentro de nada.

– Eres un ñoño. – Gira la cara para besarle en los labios. – Y un blandito...y u...

Se tensa, con el cuerpo entero. La doctora murmura que es el momento y Tai niega con ganas. Siente que no va a poder,algo le dice que no es el momento.

– Todavía no... bien, muy bien. – El chico es demasiado joven para el proceso y necesita una ayudita extra. – Ayúdale a ponerse de rodillas, que se apoye contra ti. Haremos que la gravedad haga el trabajo, pero tienes que empujar cuando te diga, ¿De acuerdo?

Abrazado a Himuro se siente mucho mas tranquilo. Siente en sus rodillas las sábanas, y el aroma que desprende. Ya no hay nada mas en toda la habitación mas que su novio y su bebé a punto de nacer. Nada mas.

– Hueles muy bien. – suspira en su cuello, otra contracción le hace abrazarse con mas ganas a su cuello, separa las piernas un poco mas, empuja todo lo que puede.

Su cuerpo vibra en los brazos de su novio, que le sostiene con fuerza en vilo, a la espera.

La contracción termina y se deja caer sin mas en sus brazos.

– ¿Ya? –No se mueve ni un poco, ama estar entre sus brazos en ese momento. No sabe cuantas veces ha empujado ya, ni cuantas fuerzas le quedan para volver a hacerlo de nuevo.

– Aún no, pero ya casi está. – Se separa lo suficiente como para que le mire a los ojos. – Estoy viendo una matita de pelo negro... y gracias por decir que huelo bien...

– ¿Quieres verlo? Tengo un espejo por aquí. – Ya se habían olvidado de la mujer, los dos.

– Quiero que salga ya. – Tai se inclina un poco sin abandonar los brazos de su pareja y estira la mano para tocar la pequeña porción de la cabecita de su hijo que ya asoma tímidamente al mundo. – Ya viene... ya...

Otra vez, ahora si, una nueva y renovada contracción le asalta brutalmente.

El chico atenaza sus manos en un abrazo fuerte que mantiene a Himuro a su lado y contra él con todas sus ganas. Por un momento está a punto de gritar, pero su voz se consume en el esfuerzo de empujar con todas sus ganas. Se limita a susurrar un "venga, sal ya" en el oído de su novio.

No se escucha nada en cuanto se queda sin fuerzas ni aire. Nada.

Tatsuya sostiene el cuerpo del chico a peso muerto entre sus brazos. Sabe que no tiene energías para nada mas y está a punto de decirle a la mujer que hay que pensar en otra cosa, cuando es ella quien habla.

– Está bien, muévete un poquito para atrás. – Los dos obedecen sin cuestionarlo y es cuando por fin, lo ven. – Lo has hecho muy bien, pero aún queda un poquito y acabamos. Necesito que empujes una vez mas y se acabó.

– P-pero... el bebé ya está aquí... – No entiende muy bien que quiere que haga, aunque tampoco le importa.

Posa sus dedos en la cabezita poblada de pelo negro y le acaricia con cuidado. Es pequeñito, encogido y silencioso. Puede ver como respira, escucha sus primeros lamentos, aunque no llora con la boca abierta como hizo su hermana nada mas salir. Aún recuerda que la podía escuchar desde el pasillo.

– Un niño...es precioso Tai. – Himuro se las arregla para sentarle en mitad de la cama y sentarse él a su lado, con el pequeño aún entre las piernas de su mamá. – Ven aquí, deja que te limpie un poco.

La pareja está ensimismada con el pequeño recién nacido, momento que la doctora aprovecha para terminar su labor y recoger los desechos sin molestarles. Solo cuando les pide el bebé para cortar el cordón y limpiarlo es cuando vuelven a tenerla en cuenta.

Ya limpito y vestido, Himuro se ocupa del pequeño. Lo acoge entre sus brazos con ternura, Tai está agotado y se ha dormido. Hay que cambiar las sábanas y limpiarle a él, pero de eso va a ocuparse la doctora, así hace una última revisión para dejar todo listo hasta su próxima visita. Señala la puerta con la mano para que vaya a enseñarle el pequeño a su nueva y numerosa familia.

La puerta al salón se abre lentamente. Himuro usa su hombro para hacerlo y sale de costado.

Kagami salta, literalmente, del sofá para ir a su encuentro.

El papá le esquiva y va hasta el sofá, para ponerlo directamente en los brazos de Kuroko.

Una carita regordeta y llena, sonrosadas mejillas, abundante y negro cabello en su cabezita. Una manita cerrada en un prieto puño asoma por el límite de la mantita azúl que lo cubre.

– Que precioso, que bonito es. – Kuroko se emociona casi sin darse cuenta. – ¿Y Tai?

– El muchacho está bien, todo ha salido perfecto. – La doctora asoma para tranquilizar a la familia, y pidiendo un poco de ayuda con las sábanas. Alex se ofrece voluntaria, ya tendrá tiempo de babearle al bebé cuando todos se despisten un momento.

– Está bien, lo ha hecho muy bien... solo se ha dormido, está sin fuerzas para nada mas. – Aunque la mujer ha respondido, Himuro da su propia versión.

– A ver, trae aquí a mi nieto. – Casi como invocado por la voz de su abuelo, un par de ojos rojos se abren lentamente. – ¡Ja! mis poderosos genes siguen presentes en la siguiente generación. – Señala sus propios ojos, orgulloso.

– No pasa nada, el próximo que tengamos tendrá los ojos azules, como los míos. – Tatsuya le quita importancia, a él esos ojos siempre le han parecido preciosos, sobre todo los de su precioso novio. Ahora en su hijo son mucho mas que impresionantes.

– Tendrás suerte si dejo que embaraces de nuevo a mi hijo. – sus párpados convertidos en un par de ranuras desafiantes.

– Si te mantienes lejos de casa me costará un poco... solo tengo que dejar que encuentres nuestros condones y hagas lo tuyo. – golpe bajo. –Aunque no usamos de esas cosas...

– ¿No vas a olvidarlo nunca, verdad?. – Hace un puchero que le arranca una sonrisa a Kuroko.

El bebé llora, y les recuerda que está ahí, y que tiene hambre.

Y que ninguno de esos es su mamá.

– Voy a prepararle el biberón. – Tatsuya saca las cosas de la bolsa, por primera vez desde que las compró.

– Ve acostumbrándote... como se parezca a su madre, ese será tu trabajo a partir de ahora... hacer biberones, limpiar cacas... – Kagami se queja, medio divertido medio en serio.

– No le hagas ni caso. – Mirada asesina. – Por lo visto mi esposo adora dormir en el sofá, por que va a estar ahí otra semana si no cierra su enorme bocaza...

– Tienes razón, toda la razón. – Kagami le señala directamente, Himuro se limita a mirarles sin expresión alguna, por si acaso acaba él también castigado sin pretenderlo. – adoro nuestra cama, la amo. Venero e idolatro tu persona, amo hacer biberones y ¡oh! que placer supremo el quitar las caquitas a nuestra hija...

– Bien... eso me parecía. – Kuroko le mira fijamente. Kagami suda frío, aún no está fuera de peligro pero si ha pasado de largo lo peor. – Mi nieto sigue teniendo hambre, ¿viene ese biberón o tengo que hacerlo yo?

Desde la cocina Himuro niega. Lee las instrucciones de la leche en polvo y mide la cantidad justa. No tiene ni idea de como saldrá todo esto de ser padres, solo espera que al cabo de los años, pueda parecerse un poco a ese par de abuelitos gruñones que le esperan en el salón; y espera amar a Tai tanto o mas como ellos dos se aman.

…...

– No dejes que se meta el anillo en la boca. – Tai se queja, al ver a su pequeño tratar de agarrar con su manita el anillo que cuelga del cuello de su padre y llevarlo a la boca, como hace con todo desde que ha empezado a echar los dientes.

– No lo hago, tranquilo. – Se inclina un poco,besa su cabello, y el del bebé, pero se guarda mucho de levantarse deprisa para que no llegue a coger el anillo. Para su desgracia el pequeño se las arregla para tomarlo entre sus dos manitas y salirse con la suya.

Por suerte, Tai está pendiente de otras cosas, y no lo tiene en cuenta.

Sus padres acaban de iniciar una batalla campal, nivel épico. Va a tener un nuevo hermano, por fin, pero eso solo quiere decir que mamá se pondrá mucho mas gruñón que de costumbre; compadece a su padre por lo que decide ir y mediar entre los dos.

Himuro le observa, desde un discreto segundo plano.

Sigue siendo un niño, y él un viejo verde... pero han comenzado una familia, un largo camino que desea recorrer de su mano, de la de ese bebé que sostiene entre sus brazos... y de las manitas de los futuros bebés con los que desea hacer crecer su maravillosa familia.

Y el pasado, que se quede donde está.

No puede ser mas feliz... y la verdad, no envidia a nadie...

Fin.

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Bien, terminó . ( ooooooooohhhhhhhhh)

Siento un alivio y al tiempo una tristeza por terminar este proyecto. La verdad es que me ha servido para superar unas barreras literarias que nunca me había atrevido a escalar, lo que me ha hecho aprender algo nuevo y eso me gusta.

Esta historia de amor acaba aquí, o quien sabe, quizá mas adelante salga algo ( no prometo nada, pero ahí lo dejo)

Gracias a todas y a todos los que me habéis acompañado todo el camino cap a cap y mil besos a quienes además, habéis tenido el inmenso detalle de dejar un comentario. Me ayudan mucho a seguir aprendiendo y creciendo.

Gracias.

Besitos y mordiskitos

Shiga san