Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.
Capítulo 10
Bella ya no podía ser de confianza con todo el asunto de permanecer en su casa, por lo que cuando convocamos a una reunión de último momento de los Luxen el jueves por la noche, lo hicimos en nuestra casa sólo para asegurarnos de que Bella no se metiera en un nido de víboras o algo así.
Alice pasó el miércoles con ella, y continué con mi estatus de rarito esa noche, vigilando la casa de Bella. Al menos, esta vez lo hice desde mi pórtico.
La oscuridad ya nos rodeaba cuando los Denali y Anthony llegaron, y todo el mundo se reunió en la sala. Todas las luces del lado se encontraban apagadas, pero sabía que la madre de Bella se hallaba en casa. Tenía la esperanza de que eso significara que habría pocos o ningún problema en el que Bella pudiera meterse.
Hablar de Bella con los Denali era lo último que quería hacer.
Maldita sea. Lanzarme en repetidas ocasiones desde la montaña más alta sería más divertido, porque esto sería una mierda
Me puse de pie en el centro de la sala, con los brazos cruzados sobre el pecho, preparándome. Alice se encontraba sentada en el borde de un sillón reclinable, con las manos cruzadas sobre el regazo. Eathan se apoyaba en el brazo del reclinable, y la fuerte tensión de su expresión me dijo que sabía por qué se encontraba allí.
Irina se sentaba en el sofá junto a Alec. Su cabello rubio rozó sus hombros cuando echó la cabeza hacia un lado, suspirando ruidosamente.
Mis labios se torcieron en una sonrisa irónica. Ella no tenía problema en que la gente supiera cuándo se sentía aburrida o infeliz. Anthony se sentó en el brazo del sofá, la espalda rígida y los hombros rectos.
—Entonces, ¿qué sucede? —preguntó Alec, mirando el celular en su mano—. La última vez que se convocó para algo como esto, alguien murió.
Mis ojos se estrecharon. Por supuesto, él hablaba de Emmett. Nada agradable. Irina giró la cabeza hacia él, sus cejas rubias arqueándose.
—¿En serio?
Levantó un hombro.
—¿Y?
Eathan suspiró.
—Más tarde tenemos que trabajar en mejorar tu sensibilidad, hermano.
—Lo que sea —murmuró Alec, mirando de regreso a su teléfono.
Su dedo desplazándose en la pantalla. dio una pequeña sacudida de cabeza.
—¿Qué es lo que quieres discutir, Edward?
Él sabía de Bella y también sabía a dónde se dirigía esta conversación, pero convoqué a la reunión para empezar de nuevo. Tenía que darle crédito por eso.
—Hay una chica llamada Bella…
—Que es increíblemente impresionante —intervino Alice—. Y muy agradable, inteligente y…
—Se mudó al lado —la interrumpí, porque francamente nada de eso importaba. Los dedos de Alec se detuvieron sobre la pantalla y levantó la mirada, la boca abierta. Seguí—: No sé por qué el Departamento de Defensa lo permitió. Ayer tuve mi registro normal con Vaughn y Stefan. Les pregunté, y fue Eleazar quien respondió, dando alguna razón sin fundamento de que el gobierno no quería que la casa estuviera vacía por tanto tiempo. Lo que fue demasiado sospechoso.
La mirada de Irina se agudizó.
—¿Por qué no nos contaste antes sobre ella?
—En ese momento no le vi importancia. —Un músculo a lo largo de mi mandíbula empezó a marcarse, porque al mirar la cara de Irina, esta prácticamente resumía la cantidad de mierda asociada con esa afirmación—. Estamos hablando de eso ahora.
Miró a Alice.
—Y déjame adivinar. ¿Eres su nueva mejor amiga?
Alice encontró su mirada.
—¿Y qué si lo soy?
—Realmente no debería tener que explicar todos los problemas con eso —replicó Irina—. Y estoy segura de que Edward ha señalado cada uno de ellos.
Lo hice.
—Bella y yo somos amigas —respondió Alice, inclinándose hacia adelante en la silla. A su lado, Eathan se tensó—. Eso no va a cambiar, y no voy a sentarme aquí y dejar que me des problemas por ello. Eso es todo.
Irina me miró otra vez con sus ojos azules.
—¿Edward…?
—Ya la escuchaste. —Sonreí cuando las manos de Irina se cerraron en puños. Lucía más que furiosa—. He mantenido un ojo en Bella, conociéndola para saber a qué nos enfrentamos.
Alec se rió.
—Apuesto a que lo haces.
Respiré hondo y exhalé lentamente. No funcionó.
—¿Tienes algo que decir, amigo?
Levantó un hombro.
—Sólo pienso que "mantener un ojo en ella" es el código para otra cosa.
—Mantener un ojo en ella significa exactamente eso —explicó, enviándole a Alec una mirada de advertencia—. El hecho de que el Departamento de Defensa permitiera que humanos se mudaran al lado es sospechoso. Edward es inteligente al tratar de evaluar si ella o su madre son un peligro.
Alice frunció el ceño.
—¿Tratas de decir que de alguna manera pudieron ser puestas allí por el DOD?
—No sabemos —dijo con simpleza, y mientras que él tenía un buen punto, no creía que fuera el caso. Sino más como su paranoia general—. Cualquier cosa es posible, es todo lo que digo.
La frustración de mi hermana fue evidente en la línea obstinada de su mandíbula.
—Bella no es una especie de espía del gobierno.
—Bueno, si lo fuera, estaríamos jodidos, teniendo en cuenta que la marqué la semana pasada. —Dejé caer la bomba, y todo el mundo, excepto Alice, reaccionó como esperaba. Hubo maldiciones. Anthony casi tuvo la versión Luxen de un derrame cerebral. E Irina francamente se veía como una homicida.
Eathan se sentó en el brazo del sillón de Alice.
—¿Cómo ocurrió?
—Había un oso. Se le fue encima. —Omití el hecho de que fuimos a dar un paseo, ya que realmente no necesitaban saber eso—. Utilicé La Fuente para asustar al animal. Bella no me vio hacerlo. Pensó que fue un rayo. —Hice una pausa—. No tenía ninguna otra opción.
—Sí, la tenías. —Alec frunció el ceño cuando puso el celular en la mesa de café—. Pudiste dejar que el oso se la comiera. Problema resuelto.
Irina asintió en acuerdo.
Ni siquiera me molesté en responder.
—El punto es, que le dejé un rastro, y el DOD no tocó nuestra puerta ni nos encerró en jaulas. Ayer, Vaughn y Stefan actuaron como si nada hubiera cambiado, pero creo que todo el mundo debe saber lo que pasó.
—Debimos saber acerca de esta chica cuando se mudó —dijo Irina, su voz empequeñecida por el coraje.
Alice rodó los ojos.
—No era asunto de ustedes.
—Es de toda nuestra incumbencia —dijo Alec, corrigiéndola—. Los Ancianos no están de acuerdo con que vivamos fuera de la colonia. Después de lo que pasó con Emmett, tenemos que tener cuidado. En otras palabras, no ir por ahí marcando humanos, imbécil.
Poco a poco levanté una mano y le mostré el dedo medio.
Alec sonrió mientras se recostaba contra el sofá, sacudiendo la cabeza.
—Esto es simplemente increíble. Primero Emmett y…
—No termines esa frase, Alec. De verdad —le advertí, la barbilla baja—. No soy Emmett. No es lo mismo.
Cuando Alec abrió la boca, su hermano sabiamente intervino—: Cállate, Alec. De verdad no quiero terminar la noche recogiéndote del suelo.
Fue mi turno de sonreír.
Me miró de cerca.
—¿Eso es todo?
Negué con la cabeza mientras mantenía un ojo sobre Alec.
—No. Bella fue atacada por un Arum el martes por la noche.
—Maldita sea —murmuró Anthony, pasándose una mano por el pelo—. ¿E… Ella está bien?
La sorpresa me recorrió. No esperaba que a Anthony le importara.
—Sí. Está bien. —El recuerdo de su lucha para respirar a través de su garganta magullada salió a la superficie—. Estará bien. Maté al Arum, y ella no supo lo que era. Piensa que se trataba de un ladrón.
Irina se puso de pie de manera fluida y caminó hacia la ventana que daba al pórtico. No dijo nada, pero lucía inquieta y eso nunca era algo bueno.
—El rastro aún se encuentra en ella. Debería desaparecer en un par de días, pero tenemos que estar alerta por los otros Arum.
La conversación terminó en el patrullaje y cómo Anthony iba a notificar a la Ancianos que tuvimos la confirmación de un Arum en la vecindad. Teníamos que formar a algunos de los nuevos reclutas para ayudar con las patrullas dobles, que era el trabajo de Eathan, Alec y mío. Hurra por nosotros. No pasó mucho tiempo antes de que todo regresara de nuevo a Bella y lo que íbamos a hacer al respecto.
—Tengo todo bajo control —dije una vez más.
Alec se veía como si quisiera decir algo inteligente, pero una mirada de su hermano lo contuvo. Fue Alice quien dejó a nuestro grupo en un silencio instantáneo.
—¿Por qué no simplemente le decimos la verdad?—preguntó.
La miré fijamente, sin saber si había escuchado bien.
Anthony se levantó, dirigiéndose hacia Alice.
—No puedes hablar en serio.
—¿Por qué no? —Alice levantó las manos, su expresión sincera—. Es buena persona, e inteligente. No va a enloquecer o llamar a los medios de comunicación. Francamente, ¿quién le creería? Lo entenderá. Créanme.
—Alice —dijo Eathan en voz baja, de rodillas junto a ella—. No puedes decirle lo que somos.
La ira brilló en su rostro, profundizando la tonalidad de sus ojos.
—Te lo digo, Eathan, ella puede ser…
—Está bien, Alice. Digamos que se puede confiar en ella y que no le diga a nadie —le dije, encontrando la mirada de mi hermana—. Se lleva el secreto a la tumba, pero ese no es el único problema. Tú podrás confiar en ella. Pero eso no significa que todos en esta sala lo hagan.
—Es decir, yo —comentó Alec.
—¿Y qué crees que pasará si los Ancianos se enteran de que Bella sabe la verdad? —insistí, con la esperanza de razonar con Alice en un nivel diferente. Irina finalmente nos enfrentó de nuevo, su expresión en blanco mientras nos observaba—. ¿O qué crees que hará el gobierno? No la conocen. No tienen ninguna razón para confiar en ella. Desaparecerá. Hola. ¿Rosalie, alguien?
Alice jadeó, un recordatorio audible de que la novia de nuestro hermano "desapareció" el año pasado con él.
—No quieres ponerla en esa posición, ¿verdad? —le pregunté—. Porque a eso es a lo que también te arriesgas al decirle la verdad.
Por un momento, sostuvo mi mirada, pero luego la bajó. Sacudió la cabeza.
—No. No quiero correr ese riesgo.
Un poco de alivio me recorrió. Por lo menos no tenía que preocuparme porque le dijera a Bella la verdad.
Irina cruzó los brazos delgados sobre el pecho.
—No puedo creerlo.
Alice levantó la mirada.
—¿Qué?
—¿No tienes ningún problema en arriesgar nuestra seguridad, pero te preocupas por ella? ¿Cómo si nosotros no importáramos absolutamente nada?
—Eso no es lo que siento o he dicho —argumentó Alice, mirándonos—. Podemos cuidar de nosotros mismos. Y Bella no nos traicionaría. Eso es todo lo que trataba de decir.
No me involucré cuando siguieron discutiendo, porque Alice tenía que caer en cuenta. Necesitaba escuchar lo que decía Irina. No que realmente cambiara nada. Confiaba en que Alice no le diría la verdad a Bella, pero no en que se mantuviera alejada de ella.
Encaminé a los Denali mientras Anthony permanecía dentro, hablando con Alice. Probablemente sermoneándola, por lo que había una buena probabilidad de que estuviera aquí un rato. De pie en el pórtico, observé a Eathan y Alec cruzar el césped hacia su coche. Este último miraba la casa de Bella como si quisiera bombardearla.
Alec podría ser un problema.
—¿Edward?
Girando, me encontré a Irina de pie allí.
—Oye.
—Lamento haber sido tan perra con tu hermana.
Sonreí.
—No, no lo haces.
Levantó la mirada, y luego se echó a reír.
—Bueno. Tienes razón. No lo siento. Necesitaba escuchar. —Dos puertas del coche se cerraron. Los hermanos la esperaban—. Pero me sorprende. Nunca pensé que serías tú el que metiera la pata.
—Bueno, si fuera perfecto todo el tiempo, nadie más tendría una oportunidad.
Irina arqueó una ceja e hizo caso omiso de lo que dije.
—¿Cómo exactamente has mantenido un ojo sobre ella?
Campanas de advertencia comenzaron a sonar. Sabía a lo que quería llegar, pero, ¿qué demonios? Irina y yo rompimos hacía un tiempo.
Claro, nos enredábamos como lo hacen los ex de vez en cuando, pero ella estuvo de acuerdo e incluso estableció las reglas.
—No estoy seguro de lo que quieres decir con esa pregunta.
Su sonrisa era demasiado dulce, y fuerte como el cristal.
—Creo que sabes exactamente lo que quiero decir. —Hubo una pausa, y me la imaginé afilando sus colmillos con mis huesos—. No has venido en un par de semanas. Y apuesto a que si le pregunto a Alice cuándo se mudó esa chica, coincidirá con las fechas. ¿Qué tienes que decir al respecto?
Riendo entre dientes, aparté la vista, mi mirada fija en el coche.
—¿Qué tengo que decir al respecto? Bueno, si fuera realmente de tu incumbencia, que no es, tendría que decir que estás muy lejos de la razón en cuanto a por qué no he estado alrededor. Mis motivos no han cambiado. Lo sabes.
Pareció reflexionarlo.
—Sí, no nos ves a largo plazo, pero eso nunca fue un impedimento para que pasáramos el rato una que otra vez.
—Ella no tiene nada que ver con eso.
Irina se detuvo en la parte superior de las escaleras del pórtico, casi de espaldas. Ya no sonreía mientras me echaba un vistazo por encima del hombro. El desafío ardía en su mirada cobalto.
Un reto que no tenía intención de aceptar.
—Pruébalo —dijo.
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Me quedé mirando a los dos chicos Luxen que rara vez salían de la colonia. No eran mucho mayores que yo, pero se encontraban de pie frente a mí como dos nuevos reclutas a punto de entrar en la infantería de la marina.
—Estamos listos para comenzar el patrullaje —dijo uno, viendo a todas partes, menos mis ojos. Sí, tendría que trabajar duro con este chico para que estuviera listo.
A mi lado, Eathan se rió entre dientes mientras los miraba.
—Un Arum te comería vivo, escupiría y luego aspiraría como un batido.
El otro Luxen palideció, y creí que podría vomitar.
Suspiré.
Ayudar a preparar a estos dos tontos sobre cómo patrullar en busca de Arum y que no murieran en el proceso no era la forma en que quería pasar mi tarde.
Especialmente cuando Bella se encontraba con Alice, porque a pesar de que le pedí a esta última que se asegurara de que se quedaran en casa porque Bella era prácticamente un palillo resplandeciente, sabía que, en última instancia, mi hermana haría lo que quisiera.
Al igual que Bella.
Pero al asegurarme de que los miembros de la colonia fueran capaces de ayudar con el manejo de las patrullas dobles las mantendría vivas a ambas, por lo que tendría que lidiar con eso. Y la verdad era que no era tan malo si era honesto. Podía estar en mi verdadera forma, y maldita sea, era como quitarse la ropa en un día muy caluroso. No había nada como el viento acariciando tu esencia cuando alcanzabas velocidades que rompían la barrera del sonido. Superman no tendría oportunidad con un Luxen.
El sólo pensar en ello hacía que mi corazón bombeara.
—Esto es aburrido —murmuró Alec.
Sonreí.
También fue condenadamente divertido arrastrar a Eathan y Alec para que ayudaran. Ninguno quería estar allí. Eathan se mantuvo relativamente tranquilo mientras apresurábamos a los novatos alrededor de toda la maldita montaña, presionándolos para que corrieran más rápido. Alec se quejó todo el tiempo. Aunque no era una gran sorpresa.
El que parecía que iba a vomitar dio un paso adelante. Creía que su nombre era Mitchell. O quizás Mikey. Iría con Mitchell.
—Sé que no somos tan fuertes o más rápidos que cualquiera de ustedes, pero estamos preparados.
—Sí, listo para morir —respondió Alec, resoplando.
Le lancé una mirada de advertencia.
—Pero qué manera de motivar.
Me mostró el dedo medio.
—Lo que sea.
Dando un paso adelante, coloqué una mano sobre el hombro del tal Mitchell.
—No se trata sólo de ser rápido y fuerte. Se trata de enfocarse y prepararse para lo peor. Se trata de ser más inteligente que el enemigo y anticipar su próximo movimiento.
—Pero ser rápido y fuerte ayuda —intervino Alec, y pensé que tal vez debería haberlo dejado en casa—. Soy más fuerte que Edward.
—¿Qué? —Dejé caer mi mano y me di la vuelta, arqueando una ceja—. ¿Estás drogado?
—Drogado de la vida, hombre. —Me guiñó un ojo—. Y en serio soy más fuerte que tú.
Me reí.
—Si realmente lo crees, entonces estás drogado.
—Eh. —Alec le disparó una mirada a Eathan mientras se pavoneaba hacia mí. Lo vi tomar una piedra—. ¿Ves ese árbol de allá? —Señaló un viejo roble a varios metros de distancia—. Apuesto a que puedo atravesarlo justo en el medio con esta piedra.
—¿Y crees que yo no puedo ?
—Sé que no puedes. —Alec se volvió hacia Quizás-Mitchell y su amigo sin nombre—. ¿Qué piensan ustedes, chicos?
Parecían nerviosos, porque no quisieron contestar.
—Apuesto a que Alec puede hacerlo —dijo Eathan, metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros—. Y apuesto a que tú no.
Estaban dementes.
—Vas a hacer que te avergüence.
—Correré el riesgo. —Alec arrojó la roca y la atrapó—. ¿Es una apuesta entonces?
¿Porque diablos no? Asentí y agité una mano hacia el árbol a lo lejos.
—Por supuesto.
—Perfecto. —Alec dio varios pasos hacia atrás y miró el enorme roble. Un segundo después, pasó a su verdadera forma y dejó volar la piedra.
No la lanzó como lo haría un humano. Utilizando La Fuente, la convirtió en un maldito misil. Voló por el aire más rápido de lo que el ojo podría seguirla. La corteza se astilló cuando la roca hizo contacto y penetró profundo.
Quizás Mitchell dejó escapar una exclamación de asombro.
Alec sonrió mientras me enfrentaba.
—Supera eso.
Solté un bufido mientras cogía una piedra más pequeña que la palma de mi mano.
—Fácil. Y puedo hacerlo sin siquiera cambiar de forma.
—¿Sabes lo que me dijo Alice el otro día? —preguntó Eathan mientras daba un paso atrás—. Es realmente interesante.
Sin hacerle caso, levanté el brazo derecho. Los chicos de la colonia intercambiaron miradas. La Fuente onduló por mi brazo. Eathan continuó—: Me dijo que Bella se encontró con Jacob, el futbolista de la escuela, en la tienda y pensó que hacían una pareja linda. También piensa que le pedirá salir a Bella, y ya sabes lo que ocurre después de un día con el Romeo deportista… Alguien va a…
Lo miré bruscamente mientras lanzaba la roca. Sería mejor que Eathan no insinuara lo que, sabía a ciencia cierta, trataba de decir. Lo único que se vería lindo con Jacob era mi puño; por supuesto que Bella no.
La mueca en los labios de Eathan me dijo que mentía. Bella no se topó con ese idiota.
Mirando de regreso al árbol, maldije. Ese pequeño momento de distracción me costó caro y arruinó mi objetivo. La roca pasó más allá del árbol, fallando por un kilómetro. Maldita sea.
Eathan se rió mientras le daba un codazo a su hermano.
—¿Ven, chicos? El enfoque en realidad es igual de importante que la fuerza.
Levanté una mano y le mostré el dedo medio. Ambos se echaron a reír, y rodé los ojos mientras me inclinaba, recogiendo otra roca. Esta era del tamaño de mi mano. Me giré hacia ellos.
—Estoy seguro de que no voy a fallar esta vez, y mi objetivo no serán los árboles.
Mi amenaza los hizo reír más fuerte. Fruncí el ceño cuando me di la vuelta. Al menos los dos tontos de la colonia no se reían. Lucían asustados.
Un latido pasó y entonces me giré, arrojando la roca.
Eathan se lanzó hacia la izquierda, evitando un impacto directo.
—¿Qué demonios? —gritó, con los ojos entrecerrados—. Podrías haber arruinado este hermoso rostro.
Incliné la cabeza hacia atrás, riéndome.
—Creo que necesitas verte en el espejo si crees que eso es hermoso.
—Já —dijo Alec, sonriendo.
—Somos idénticos. —Eathan negó con la cabeza hacia su gemelo—. Está insultándonos a ambos, idiota.
Sonriendo, me limpié las manos en los pantalones, pero el buen humor se desvaneció rápidamente cuando la comprensión me llenó, atravesándome con la fuerza de una bala. La sola mención del nombre de Bella me distraía, desenfocándome. Esta vez fue simplemente una apuesta estúpida, pero, ¿qué si hubiera sido algo más serio, si hubiera habido un Arum en los alrededores?
Personas podrían morir.
Cerré los ojos y maldije en voz baja. Esta cosa con Bella… se volvía ridícula, y era inaceptable.
Totalmente inaceptable.
