Advertencias:

*Todo lo dicho en capítulos anteriores.

*Giro/adelanto un poco brusco de la trama.

*Preparen su corazón.


El día que la magia nace

...

Bambi nació durante un ataque a Nueva York, por supuesto.

Ohdiosmío, siento que me muero —Tony se quejó.

— ¡Mierda santa, Stark! —Clint, quien se había quedado en la Torre por culpa de un brazo roto, hacía todo lo que podía por sostener a un Tony dolorido con el único brazo sano que tenía —. ¿Estás bien?

— No hagas preguntas estúpidas, birdbrain —soltó de repente un alarido —. ¡El bebé! ¡Es el bebé! ¡Está viniendo!

Clint hizo una mueca, comprendiendo por completo la preocupación reflejada en el rostro y la voz de Tony; Bambi estaba viniendo demasiado pronto, según los estudios de Bruce el nacimiento sería dentro de otras seis semanas, pero ahí estaban. Y lo peor era que sólo Clint estaba acompañando Tony en eso momentos mientras el resto del equipo se estaba haciendo cargo del ataque.

— ¡Viernes, contacta a Bruce! ¡Tiene que regresar! —pidió al AI mientras hacía a Tony sentarse en un sillón.

"Es lo que he estado haciendo desde que el Jefe entró en labor, Clint, pero las comunicaciones se perdieron. Me es imposible comunicarme con cualquier integrante del equipo. También me comuniqué con la doctora Cho y el cirujano que Bruce contrató, pero ninguno se encuentra en la ciudad".

— Esto no puede estar pasando —masculló el arquero.

Tony, por su parte, estaba en un pánico total. Esto no debía estar pasando, no tan pronto, no sin su Brucie para hacerse cargo de traer a salvo a Bambi al mundo y mucho menos sin Steve a su lado para presenciarlo. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo se supone que su Bambi nacería?

"He llamado a Pepper y está en camino, en este instante está abordando un avión".

Lo que no servía de nada porque la ayuda la necesitaban ya y no es como si ella tuviera conocimientos obstétricos.

— Esto no está bien —empezó a susurrar Tony, abrazando su estómago y cerrando los ojos con fuerza ante el dolor —. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Clint, Bambi… Bambi tiene que estar bien. Tiene… tiene que nacer a salvo…

— Está bien, Tony —Clint se arrodilló frente a él —. Todo va a estar bien, encontraremos la forma. Lo prometo.

— No… no puedes prometer… algo como eso, Barton —Tony se dobló por el dolor.

— Claro que puedo —dijo mientras en su mente repasaba los nombres de todas las personas a las que podían pedirles ayuda.

— Steve, quiero a Steve.

— Yo sé, Tony, lo sé —Clint ya estaba desesperado, gritándole nombre a Viernes, pero ninguno parecía ser de ayuda para el caso.

Fue entonces que Tony recordó a alguien que prometió ayuda a Bambi cuando la necesitara.

— Strange —musitó —. Stephen Strange.

— ¿El hombre que te secuestró?

— Pro-prometió que ayudaría a Bambi. Viernes, llámalo.

— No es necesario —dijo Strange, apareciendo por un portal.

— ¡Qué demonios! —Clint se puso en guardia por puro reflejo.

— Pude sentir una perturbación en la magia desde hace varios minutos —dijo Strange, respondiendo a la pregunta no pronunciada de Tony.

— ¿Y por qué apareciste hasta ahora? —Clint frunció el ceño.

— Empezó a gritar por ayuda hace unos instantes —respondió el hombre, analizando el estado de Tony con la mirada —. Creo que la criatura está resonando con los sentimientos de su portador, empezó a proyectar angustia.

— ¿Puedes hacer algo? —preguntó Clint.

— La obstetricia no es mi especialidad y es aún más delicado considerando que el señor Stark es un hombre y el bebé es magia pura.

— ¿Pero vas a ayudarnos? —Tony lo miró a los ojos.

Strange correspondió la mirada durante segundos que parecieron horas, pero tomó su decisión.

— ¿Qué tan avanzado está? —inquirió, acercándose e ignorando a Clint, quien se pegó a Tony de forma protectora.

— De seis a ocho minutos, la regularidad es relativamente aleatoria con tendencia general a la baja.

— ¿Entendiste eso? —Barton miró a Strange.

— Sí, eso significa que necesita el hospital.

— Sin hospital —Tony dejó escapar un suspiro tras el detenimiento de las contracciones.

— Tendrá que ser en las instalaciones de SHIELD —dijo Clint.

— No. Sabes que no confío…

— No tenemos mucha opción aquí, Tony. La sala que mandaste a construir no estará lista hasta dentro de otra semana y no quieres un hospital. SHIELD es lo que nos queda.

Tony cerró los ojos, sabiendo que Clint tenía razón y lo más importante ahora era que Bambi naciera sin daño alguno.

— Hay que manejar rápido —fue todo lo que dijo a modo de acuerdo.

— Conozco una manera más rápida —dijo Strange, creando un portal —. Si me permite, señor Stark —hizo una mueca mientras se agachaba para tomar a un pesado Tony en brazos —. Después de usted, agente Barton —solicitó.

— Sí, cierto —Clint asintió, entendiendo que era mejor ir primero para evitar ataques hostiles.

— Viernes, comunícate con Coulson, él…

"Entiendo Jefe, no se preocupe, yo me encargo".

— Aquí vamos —dijo Strange, cruzando el portal.

...

Tony estaba en llamas.

Sentía como si su cuerpo estuviera siendo desgarrado de dentro hacia fuera, como una llamarada ardiente que separaba sus entrañas y su piel, y que fundía sus huesos de una manera en que sólo podía pensar que iba a desmayarse del puro dolor.

Gimió, demasiado cansado como para gritar correctamente más.

Podía ver a Clint, armado con una pistola, cuidando la puerta del quirófano para evitar la entrada de cualquiera que representara una amenaza para Tony o el bebé. Tony estaba agradecido por eso pues era la única persona cerca en la que confiaba y que hacía todo lo posible por hacerlo sentir seguro, por más pequeño que fuera. Tony no confiaba para nada en SHIELD aun cuando Viernes corría por todo el lugar.

— Vamos a empezar —anunció Strange, ya debidamente equipado y mandando a un par de enfermeras reticentes —. Apliquen la anestesia.

— Gracias a Dios por las drogas —lloriqueó Tony.

— Comenzaremos enseguida, por favor, permanezca tranquilo —dijo el hechicero.

— Estoy muy tranquilo, soy la tranquilidad en persona —balbuceó Tony, tratando de convencerse a sí mismo de ello.

No estaba funcionando.

Él estaba jodidamente asustado. Bambi estaba naciendo antes de tiempo. Estaban en SHIELD. Iba a ser operado por un hombre que apenas conocía y quien, por cierto, lo había secuestrado una vez. En ese momento no tenía a nadie más que a Clint. Todo estaba fuera de control y lo único que quería era a Steve con él.

Lo único que era capaz de escuchar era el sonido de sus latidos, fuertes como una bomba, en sus oídos.

Bambi estaba por nacer y Steve debería estar ahí. No podía hacer esto sin él. Lo necesitaba.

...

El corazón de Steve vibraba violentamente.

El olor de la batalla y la sangre era como una pesada cortina en su camino, mareándolo en cada paso que daba por los pasillos de SHIELD.

Él no había podido creer lo que Coulson le informó justo cuando estaban dando por terminado el ataque en la ciudad.

Su bebé, su milagro, estaba llegando y, estaba seguro, Tony estaba luchando con uñas y dientes por traerlo al mundo.

Era demasiado pronto.

Podía escuchar los pasos de sus compañeros detrás de él, igualmente preocupados por la situación, tratando de hablarle mientras Coulson lideraba la marcha, evitando a los agentes que cuchicheaban alrededor.

Era una tortura sabiendo que Tony estaba sólo, pero Steve se mantuvo enfocado y rezando para que nada saliera mal. Por amor a su bebé y a Tony.

...

Tony estaba acostado con holgura, pálido y con los ojos cerrados; esa era la imagen que lo recibió en cuanto entró al quirófano. Steve ignoró deliberadamente a Strange y a Bruce, quien entró después de él y se estaba preparando para ayudar en lo que fuera necesario, en favor de caminar directamente al castaño.

— Tony —llamó, pasando una mano por el cabello húmedo de su amante.

El moreno entonces abrió los ojos, enfocándolos de inmediato en su rostro; Steve no dejaba de enamorarse cada vez que veía esos ojos oscuros iluminarse en su presencia.

Steve.

— Ya estoy aquí, Tony. Estoy aquí —dijo, sonriéndole y sin apartar su mano de su cabeza —. ¿Cómo te sientes?

— Igual que la muerte —le respondió.

— No digas eso —reprendió suavemente, pero en el fondo de su mente no dejaba de pensar en que era demasiado pronto —. Bruce está aquí también. Todo saldrá bien.

Tony sólo le pudo sonreír, llevando su mirada al mencionado. Bruce y Strange estaban hablando; su hermano de la ciencia entonces levantó la vista y le sonrió, dándole un gesto tranquilo.

Con ellos dos ahí Tony podía sentirse más tranquilo.

No pasó mucho tiempo después de eso.

Gritos agudos resonaron con fuerza y una brillante luz roja inundó todo el lugar.

— Es una niña —anunció la voz de Bruce.

Tony podía sentir a su corazón golpeando fuertemente en su pecho ante lo dicho. Bambi era una niña. Él tenía una hija. Una Elizabeth Sarah.

En vista de sus brazos inmóviles, Bruce la acercó a su rostro —. Natasha estará encantada —comentó el hombre con una sonrisa.

— Eres hermosa —susurró Tony con voz ronca, viendo atentamente el cabello oscuro y la piel blanca —. ¿Cómo puedes ser tan hermosa? Estás bañada en sangre y arrugada, pero eres lo más bello que he visto —su voz era trémula, tratando de averguar si lo que sentía era amor maternal o un terror profundo.

Todo era real y justo ahí, y temía tanto echarlo a perder de alguna forma.

Steve, por su parte, veía la escena con ojos húmedos y el corazón en la garganta. Él no se atrevía a decir nada. Todo era maravilloso. Sus ojos, inevitablemente, fueron a Tony. No podía pensar en algo más que no fuera él. Tony era increíble. Él no había necesitado el suero súper soldado o un equipo de científicos; él no había sido el objeto de experimento. Tony se hizo Iron Man a sí mismo con su mente brillante, con sus propias manos y, Dios, Steve nunca iba a quedarse sin cosas por las que admirarlo. Y ahora, ahora ni siquiera tenía nombre para lo que sentía por él. No era sólo amor, era algo más primordial, algo fundamental.

Y Tony acababa de darle una hija.

Una Elizabeth Sarah.

Vio a una enfermera acercarse para limpiar a la bebé y pronto Steve se encontró con un pequeño bulto, envuelto en mantas blancas, en los brazos. Bajó la mirada, y la vio. Su pecho se contrajo y sus manos se pusieron húmedas. Ella parpadeó y abrió los ojos; eran de un increíble color pardo, casi dorado, y lo estaban viendo directamente.

— Tú estás aquí —rio con asombro, parpadeando contra las lágrimas —. Finalmente estás aquí. Oh Dios, yo no iba a llorar. Mierda, oh, mierda.

— Lenguaje —susurró Tony con voz cansada.

Steve levantó la vista a él con una réplica cariñosa en la punta de la lengua, pero su sonrisa se borró en cuanto vio el estado pálido y débil de su amante —. ¿Tony?

De pronto los monitores empezaron a volverse locos.

— Justo lo que faltaba —gruñó Strange, pero su voz tenía un mátiz urgente.

— ¿Bruce? —intentó Steve.

— Maldita sea —bramó Bruce, preocupado, moviéndose rápidamente con Strange —. Steve, tienes que salir de aquí.

— ¿Qué? —lo vio sin entender —. ¿Qué está pasando?

— ¡Clint! ¡Sácalo de aquí!

El mencionado, que no había abandonado su lugar de guardián, se acercó al soldado, teniendo cuidado alrededor del bebé, y lo llevó fuera.

Los ojos cerrados de Tony fue lo último que Steve vio antes de que Clint cerrara la puerta. Steve se quedó en silencio, en shock, incrédulo por lo que acababa de suceder.

El equipo se había acercado, haciendo preguntas, pero él no podía apartar la imagen de Tony de su mente y los horribles sonidos de las maquinas. Si no hubiera tenido un bebé frejol en sus brazos habría luchado para quedarse con Tony. Pero él estaría bien, ¿cierto? Bruce no lo habría echado si no fuera para salvarlo y, en todo caso, no lo privaría de pasar sus últimos momentos con Tony… No, no podía pensar así.

Elizabeth Sarah se quejó.

Steve la miró

— Elizabeth Sarah Stark-Rogers —susurró, alejando por un momento el pensamiento de Tony, vagamente consciente del equipo, su familia, a su alrededor, a quienes Clint les estaba explicando lo sucedido, concentrándose sólo en el ser en sus brazos.

Era un nombre demasiado grande para una cosa tan pequeña, pensó mientras inspeccionaba los diez dedos de las manos y los pies —. Tu nombre es Elizabeth Sarah, tu otro papá y yo lo elegimos para ti, aunque estoy seguro que él seguirá llamándote Bambi —le dijo en voz baja —. Pero eso está bien porque eres perfecta. Y nuestra.

Entonces un grupo de enfermeras llegó corriendo, entrando con más maquinas al quirófano. Natasha y Coulson trataron de preguntar lo que estaba pasando, en vano. Steve cerró los ojos con fuerza, tratando de mantener la esperanza. Bruce no lo dejaría afuera mientras Tony moría. Y él no lo haría porque Tony estaría bien.

En sus brazos, su hija se movió.

Continúo hablándole —: Tú papá te ha estado esperando mucho tiempo, deseando conocerte. Ambos te esperábamos —Bambi parpadeó lentamente y el corazón de Steve se apretó —. Él va a estar bien, Tony quiere hacer muchas cosas contigo, enseñarte tanto. Y yo estaré ahí, por supuesto, y me aseguraré de que ninguno termine en problemas. Los tres vamos a ser felices. Lo prometo.

Cuando las puertas se abrieron y Bruce salió, tomó todo el control de Steve para no correr dentro. En cambio, se acercó, ignorando las miradas preocupadas de sus compañeros.

— ¿Cómo está?

Bruce miró a Bambi por un instante, antes de clavar sus ojos cansados en él.

— Lo siento, Steve.

Tras sus palabras, el mundo a su alrededor estalló en caos y Elizabeth Sarah lloró en sus brazos.


N/A: ¿Qué tal ese corazón? Yo lo advertí.

Una gran disculpa por el inmenso tiempo que los hice esperar por esto, y otra más por hacerles sufrir precisamente este capítulo. Yo sufro también, especialmente porque sé lo que se viene. Si no son felices conmigo ahora, no lo serán después, pero bueno, en la vida hay que pasar de todo.

Espero que no fuera demasiado brusco el salto inmediato al nacimiento de Bambi, pero con todo lo que quería meter en el inter nada más no quería funcionar la historia y los hubiera hecho esperar mucho más para lo que acaba de pasar.

Y... Bambi es una niña! (A Natasha le gusta esto).

Pd. Es posible que para el fin de semana tenga el siguiente capítulo. La musa regresó con fuerza para esta historia.

Pd2. Sería muy feliz si me platican lo que piensan, lo que sienten y lo que creen que pasará.

See ya!