¡Hola chicos! Perdón por no haber actualizado en tanto tiempo… estoy en periodo de exámenes y estoy ocupada totalmente, estoy en mi límite. Hoy tuve un rato libre y quise actualizar para que no se sientan olvidados (recuerden… no olvidaré esta historia, la voy a terminar aunque me cueste años!). Así que les dejo un nuevo capítulo un poco más corto, pero con un par de explicaciones y nuevos misterios (como siempre c;) ¡Disfrutenlo!
Capítulo 10
—Necesitamos fijar un curso… Rei necesita volver a su hogar y aún tenemos mucho camino que recorrer. —La navegante suspiró cansada, apoyándose contra el mesón de la cocina. Su pie aún dolía, pero no tan intensamente como hace un par de días.
Las cosas habían mejorado notoriamente dentro del barco. El ánimo de la tripulación había dado un subidón y el orden se había recuperado pese a los esfuerzos de Robin ante la ausencia de Nami.
Sanji cocinaba escuchando atentamente a la navegante con una enamorada sonrisa. Robin solo asentía divertida ante los gestos del rubio y Brook sorbía su taza de café asintiendo a la colorina. La puerta se abrió de golpe y la silueta furiosa del Rey Pirata se asomó desde ella.
— ¡¿Qué rayos haces aquí, tonta?! —La apuntó enojado, esperando respuesta alguna.
—Si vuelves a decirme tonta, sabes lo que te espera…—Nami habló bruscamente frunciendo el ceño y cruzando los brazos.
— ¡Aún no me respondes! —Gritó nuevamente, sin quitar su expresión.
—Solo quería tomar un poco de aire, eso es todo. —Caminó hacia la salida de la cocina y pasó por un lado de su esposo, bajando las escaleras hasta la cubierta de césped. Los enojados pasos del pelinegro sonaban a sus espaldas, advirtiéndole que el susodicho la seguía.
—Chopper dijo que debías descansar. —Volvió a hablar un poco más suave, pero con el gesto enojado aún presente en su rostro.
—Lo sé, pero me aburro en la enfermería.
—No me importa. —Dijo bruscamente ganándose una molesta mirada de la colorina. —Tienes que volver a recostarte, tu pie aún no se recupera del todo.
—Vamos Luffy, solo será un momento. —Nami se detuvo a un lado del timón, observando el celeste y hermoso cielo despejado. Las esponjosas nubes y el cantar de los pájaros le daban una tranquilizante apariencia a pesar de la fría tormenta que Nami presentía para aquella noche.
—Debes volver.
—No puedo ayudar a Rei acostada en la enfermería.
Luffy cerró la boca sin dejar salir la nueva protesta. Observó detenidamente como el rostro de su esposa se suavizaba y su propio enojo se esfumó.
—Nami… —Comenzó con delicadeza, pero la navegante sabía perfectamente que iba a reclamarle sus actos.
—Ya estoy bien cariño, ya han pasado varios días.
—Lo sé, pero tu pie aún no sana del todo… —El pelinegro posó su brazo tras la espalda de la colorina y la acercó suavemente a su pecho, abrazándola con delicadeza. —Chopper dijo que tenías que permanecer en reposo.
—Y también dijo que moriría si me levantaba por un segundo. —Rio sarcástica, apoyándose contra su cálido pecho. —Ya sabes cómo exagera todo…
El pelinegro rio divertido al recordar al siempre histérico doctor, cada vez que lo ayudaba tras una dura batalla o las heridas provocadas por su propia estupidez.
—¿Ya pensaste donde ir ahora? Si no estás lista, no hay necesidad de-
—No, está bien. — Nami le sonrió tranquilizadora. Se alejó un par de pasos de su esposo y miró el alborotado Log Pose en su muñeca. —Estuve estudiando las corrientes del mar y las islas que están por aquí cerca, pero…
Dos de las tres agujas del objeto giraban incesantemente, de norte a sur y de este a oeste mientras que la tercera giraba con silenciosa tranquilidad. Nami sintió sus nervios a flor de piel al saber la respuesta de Luffy ante qué rumbo tomar. Se golpeó la frente al pensar en lo que les esperaba y el inevitable peligro que se acercaba, pero el silencio en el ambiente la alteró de inmediato. Levantó sus achocolatados ojos al capitán para solo encontrar su rostro igual de serio que ella.
— ¿Qué pasa? —Le preguntó curiosa.
— ¿Qué pasa de qué?
— ¿Por qué no has dicho nada?
— ¿Sobre qué? —Nami parpadeó perpleja. Miró el nuevamente el Log Pose y luego a Luffy.
—Pensé que estarías más emocionado de ver el Log… —El pelinegro parpadeó comprendiendo y le sonrió divertido.
—Claro que estoy emocionado.
— ¿Entonces? —Nami sintió la cálida mano de su capitán revolviendo su cabello cariñosamente mientras lo sentía reír a su lado.
—Esta vez paso… —La colorina abrió la boca sin creer sus palabras mientras Luffy rio nuevamente divertido ante su aturdida expresión. —Prefiero el camino aburrido por ahora…
— ¿De qué hablas? —Nami abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua. — ¡Pero si siempre elijes el camino más peligroso! ¡¿Qué me estás diciendo?! ¡Tú no eres Luffy!
— ¡Tranquila! —Luffy alejó un par de lágrimas de sus ojos aguantando la risa. Posó su mano bajo la barbilla de su esposa y alzó su rostro mirándola fijamente. Nami miró sus oscuros ojos observando los de ella en silencio un par de segundos y la divertida sonrisa del pelinegro fue reemplazada por un gesto tranquilo y pacífico, pocas veces visto. —Es solo que quiero evitar cualquier peligro… con todo lo que pasó, solo quiero que te recuperes bien.
— ¿Qué hay de la aventura?
—La aventura puede esperar. —Luffy sonrió nuevamente, mostrando su usual gesto infantil. —Pero tu salud no, así que por ahora iremos por la ruta Nami.
— ¿Ruta Nami?
—La ruta aburrida… —No alcanzó a terminar de explicar sin salir volando. Nami observó a su marido golpeado de brazos cruzados caminando hacia el timón luego de haberlo golpeado a puño libre.
Con molestia, observó sus manos en silencio. Su enojo desapareció cuando vio las heridas que cicatrizaban en su piel poco a poco. Algunos cortes había desaparecido y la mayoría de los moretones y raspaduras habían sido borrados de su piel. Solo un corte en su labio permanecía notoriamente además de su fractura en la el pie, el cual ya no le causaba más que molesta debido a los excelentes medicamentos de Chopper.
La risa de su pequeño la distrajo cuando lo vio correr a su lado siendo perseguido por Franky y Usopp, sosteniendo espadas de juguete en sus manos. Una sonrisa inevitable se asomó en sus labios al ver a Alphonse reír con diversión cuando fue atrapado por Franky. A un lado, Rei observaba riendo como todos se divertían, ocultando su leve inquietud. Observó a todos entre risas una vez más y recordó la seria conversación al día siguiente en que Nami había despertado.
—Rei… tu estuviste con Al, ¿No? ¿Puedes decirnos que sucedió? —Luffy la observaba seriamente.
La tripulación se había reunido en el acuario horas luego de que la Reina Pirata había despertado. Alphonse jugaba con unos pequeños barcos de juguete haciendo sonidos de cañonazos con su boca. Rei sentía el tenso ambiente en equilibrio con la pacífica vista de los diversos peces a su alrededor, sintiéndose bajo el agua.
—Estaba con Al en la habitación matrimonial… —Respondió intentando recordar. —Escuché unos susurros dentro de mi mente… y cuando volteé a mirar a Al, el ya no estaba…
— ¿Por qué bajaste del Sunny, Al? —Franky le habló alegre, intentando que el pequeño se incorporara a la conversación.
—Un hombre dijo que sabía dónde estaba mi papá… —Habló distraídamente chocando los barcos, haciendo ahora ruidos de explosión.
— ¿Un hombre? —Zoro se enderezó levemente de su asiento.
—Sí, pero no lo vi. —Alphonse alzó su inocente mirada de sus barquito a su tío espadachín. —Solo escuché su voz…
—¿Y te dijo que tu padre estaba en el bosque?
—Si… dijo que tenía que seguirlo, pero cuando bajé y caminé por el bosque un hombre me regaló un chocolate. —El pequeño parpadeó recordando. —Luego dormí porque tenía mucho sueño…
La mirada incomoda de todos se posó en el capitán, quien cubría su furiosa mirada bajo su sombrero de paja. Sin necesidad de decir palabra alguna, uno a uno, la tripulación se retiró del acuario dejando solo a Luffy y Alphonse. Rei dio un par de pasos fuera de la habitación y se sentó en el columpio, escuchando las lejanas voces de padre e hijo.
—No vuelvas a hacerlo otra vez. —Luffy hablaba fuertemente, sin llegar a regañar al pequeño. —No debes confiar en extraños Alphonse, mucho menos aceptar algo que un extraño te dé. Tu madre te lo ha repetido hasta el cansancio…
—Lo siento… —Rei sintió su pecho apretarse ante la tristeza que se escuchaba en su suave voz.
—Mírame Al. Somos piratas, y tal vez no lo parezca, pero soy el criminal más buscado en todo el mar.
—Pero tú no eres malo…
—Tal vez no… pero soy fuerte, y muchas personas me están buscando. —Rei escuchaba la tranquila voz de Luffy intentando darle explicaciones al pequeño niño.
— ¿Por qué?
—Es complicado de explicar, cuando seas mayor lo entenderás. —El pelinegro rio nervioso. —Solo tienes que entender que esa gente quiere hacerme daño, pero como es muy difícil atraparme, intentan dañar a las personas que quiero…
— ¿Por eso le hicieron eso a mami?
El incómodo silencio llenó la habitación. Rei se columpió un par de segundos esperando la respuesta de Luffy, la cual salió en una seria voz.
—Si. —Aclaró su voz y un tono más decidido atravesó la puerta. —Es por eso que tienes que prometerme que vas a permanecer a salvo y obedecerme en todo lo que diga.
— ¿Me harán daño?
— ¡Claro que no! Alphonse, te amo con todo el corazón al igual que a tu madre, por eso no dejaré que nada les pase. Los protegeré de todos los que intentes hacerles daño. —Rei sonrió dulcemente ante su paternal respuesta.
— ¿Y a ti te harán daño?
—¡Por supuesto que no! Soy el Rey Pirata campeón, el hombre más fuerte del océano. ¿Acaso crees que dejaré que me hagan algo?
—¡Shishishi! ¡Claro que no! —La pelinegra escuchó las tiernas risas de ambos compartirse. Apretó su agarre en la cuerda del columpio y la sensación de culpa y asco hacia su persona llenó su estómago, ¿Por qué le estaba haciendo esto a una familia tan hermosa como aquella tripulación?
—Ahora prométeme que estarás con tu madre en todo momento y no volverás a confiar en extraños. Prométeme que serás valientes y te mantendrás a salvo.
—Lo prometo. —La determinación en su voz hizo sentir peor a la pobre chica. Se puso de pie rápidamente e intentó alejarse, intentando ignorar las voces de padre e hijo.
Rei saltó cuando sintió la voz de Chopper a su lado, agachándose a su altura, comenzó a conversar alegremente ocultando su culpa y guardando sus sentimientos profundamente. Ellos no debía saber que ocurría.
Aún no es tu momento.
Aún no es tu momento.
Aún no es tu momento.
Los relámpagos llenaban de luz el grisáceo cielo mientras que la lluvia caía en finos hilos chocando de lleno contra la madera del Sunny. El calor era sofocante pese a las ráfagas de viento que corrían, dando un extraño clima tropical.
Nami levantó la vista como pudo entremedio de las gotas, observando el cielo oscuro. Las estrellas brillaban levemente tapadas por las nubes pero el resplandor seguía ahí. Observó su reloj de bolsillo, 3:30 A.M. Dio un largo suspiro y cerró los ojos con una leve sonrisa aún en dirección al cielo, disfrutando la sensación de las gotas contra su fría piel.
No sabía en qué momento había llegado a la cubierta. ¿Estaba soñando? Posiblemente, la sensación de paz dentro de su mente solo le permitía concentrarse en el momento. Se suponía que estaba herida, ¿No? Pero solo es un sueño, no hay dolor ni marcas, solo paz, su cuerpo ya no duele…
— ¡NAMI!
La colorina abrió los ojos con lentitud, sin necesidad de bajar su cabeza para saber quién era. Entrecerró los ojos a la fuerte lluvia y siguió en la misma posición, haciendo oídos sordos a la voz. Era un sueño, ¿No? ¿Por qué él estaba ahí?
— ¡¿Qué rayos haces aquí?! —Luffy gritó entremedio del ensordecedor sonido de los truenos. Los relámpagos daban un tenebroso aspecto, pero la colorina seguía ensimismada en sus pensamientos, casi como si estuviera en otra realidad. —¡NAMI!
Luffy entrecerró los ojos preocupados ante su extraña actitud. Corría un fuerte viento y el clima era tan frío como un balde con hielo. Observó a su esposa de pie junto al timón, mirando al cielo. A pesar del frío que corría, llevaba puesto su camisón de seda veraniego, dejando ver su esbelta figura empapada por la lluvia. En otro momento el pelinegro habría estado encantado ante la tentadora vista, pero en aquellos momentos solo le causaba preocupación.
—¡NAMI! — Gritó una vez más, acercándose a su lado. Tapó su rostro de la fuerte ráfaga de viento que se avecinó, amenazando con volar su sombrero, pero su vista permanecía igual de preocupada sobre Nami. ¿Qué rayos le ocurría? —¡NAMI!
La colorina abrió los ojos de golpe, respirando pesadamente despertando de su estupor. Miró a su alrededor desorientada, sintiendo el frio golpear su herido cuerpo. Miró su piel que hace segundos atrás se veía suave y rosa, ahora fría y pálida llena de cortes y raspaduras cicatrizando. El cabello mojado le hacía cosquillas en la espalda y el pie fracturado comenzó a darle fuertes punzadas de dolor debido al esfuerzo de mantenerse en pie y el fuerte frío.
— ¿Luffy? —Susurró con voz temblorosa, pestañeando confundida. Miró a su alrededor encontrando a su esposo, mirándola preocupado y extrañado. Observó donde estaba y la realización de que aquella no era su habitación, si no la cubierta del Sunny la golpeó con la misma intensidad que el dolor a su pie. — ¿Qué hago aquí?
—Nami… ¿Estás bien?
La colorina se abrazó a su misma al sentir un abrumador escalofrío. Luffy rápidamente se acercó a su lado y la envolvió en sus brazos, haciendo fricción con sus manos para darle un poco de calor. La navegante temblaba incontrolablemente aferrándose a su esposo, respirando agitada y limpiando su húmedo rostro. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Cómo llegó a la cubierta? ¿Por qué no estaba durmiendo en su habitación? ¿Cuándo se había cambiado de ropa?
El pelinegro sintió su propio cuerpo temblar de frio, y en medio de las fuertes gotas estiró su brazos en dirección al acuario. Abrió la puerta con rapidez y aferrándose al marco, se estiró aferrando fuertemente a Nami entre sus brazos. Una vez dentro, cerró la puerta tras de él y el sonido de la lluvia cesó, quedando ambos en silencio en la oscura habitación. Las agitadas respiraciones de ambos resonaban dentro, intentando recuperar el aire perdido ante la asfixiante lluvia.
— ¡¿Qué rayos te pasa?! ¡¿Acaso estás loca?! —El pelinegro exclamó totalmente confundido. Aferró los hombros de Nami y con una mano sacó su anaranjado cabello de su rostro, examinando su perplejo rostro.
—Yo… yo…
Dentro de la mente de Nami, no había explicación lógica alguna. Recordaba haber despertado ante la brisa fresca veraniega y la cálida lluvia tropical. La sensación de estar en paz y ser liviana la habían dominado. Sus sentidos se habían entumecido y no quería reaccionar. Recordaba sentir su cuerpo esbeltamente bello, sin cortes ni marcas.
Pero nada de eso era real.
Recordaba haberse ido a dormir al lado de su esposo. Recordaba haberse puesto un cálido pijama debido a la fuerte lluvia. Recordaba haber estado en su habitación. Entonces… ¿Por qué estaba ahí?
— ¿Nami? —Luffy volvió a preguntar, notando su mirada perdida. — ¿Estas bien?
—Yo… no lo sé… —Susurró, sintiendo los cálidos brazos de Luffy aferrarla en medio de la oscuridad. El sonido de las gotas golpeteando el piso llegaban a sus oídos y el lejanos sonido de la lluvia y los truenos la tenían hipnotizada. —No recuerdo que ocurrió…
— ¿Qué?
—No sé cómo llegué ahí Luffy… —Habló nuevamente un poco más fuerte, saliendo de su desorientación. —No sé cómo llegué a la cubierta…
Luffy buscó a tientas la luz del cuarto, prendió una lámpara y la tenue luz inundó sus rostros. Pasó su húmeda mano por el frío rostro de Nami y notó las ojeras bajo sus ojos. Tenía los labios azulados y la piel pálida por el frío. ¿Cuánto tiempo había estado bajo aquella tormentosa lluvia? Acarició su mejilla con suavidad y besó su mojada frente apartando el cabello naranja de su camino.
—Creo que debemos hablar con Chopper…
¿Teorías? ¿Comentarios? Espero que les haya gustado y los haya dejado con varias intrigas. ¡Hasta la próxima! Marigrin fuera.
